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216 años de la Revolución de Mayo: Resultados y perspectivas de nuestra revolución burguesa clausurada

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30/5/2026

216 años de la Revolución de Mayo: Resultados y perspectivas de nuestra revolución burguesa clausurada


La Historiografía oficial y el carácter de Mayo

“La Revolución de Mayo forma parte del acta de nacimiento político de la clase social que se apoderó de las riquezas del país” (Prensa Obrera, 27/5/2010). Lo que debe llamar nuestra atención es el ocultamiento o la desvirtualización de esta fecha. La historiografía liberal, fundada por Bartolomé Mitre, desvirtuó los hechos de Mayo al borrar de su narración histórica el proceso de guerra social que se produjo antes y después de Mayo en diferentes regiones del antiguo virreinato. Para eso construye una figura de Mariano Moreno de “Bronce”, una especie de estadista académico parecido a lo que fue el clausurador de Rivadavia. Cuando Moreno fue el ala Jacobina del primer gobierno patrio. Mitre desconoce el “Plan de Operaciones” donde Moreno plantea la expropiación de las fortunas de los que se alzaran contra el nuevo gobierno, llama al control de la economía por parte del estado y a la revolución en la Banda Oriental. Artigas, quizás por no pertenecer al “linaje Porteño” directamente fue borrado de los hechos de Mayo y desterrado a ser un prócer “Uruguayo”, cuando esta nación fue producto de la disgregación que comenzó con Mayo y se consolidó décadas después de la revolución. Dorrego, fue presentado como un  “liberal extraviado” que terminó dirigiendo a los federales, pero ocultando su carácter de líder popular y su progresismo modernista. 

Halperin Donghi, en su trabajo “Revolución y Guerra”, sigue a Mitre en que la Revolución de Mayo fue una revolución puramente «política» y «administrativa», negándole su carácter de transformación social radical. Para ambos, no hay un papel protagónico de las masas populares, tampoco existía la posibilidad de un rumbo diferente de los acontecimientos. Mitre los llama «el pueblo de las familias», y Halperín los analiza como sectores que son «arrastrados» por la movilización militar de la élite. Es como si ambos coincidieron en que la Revolución no nace de una maduración de contradicciones sociales externas e internas, sino solo de un evento externo: la invasión napoleónica a España. Mitre nos dice que la libertad estaba en el “linaje” elite porteña, con independencia del “interior” y la caída de España fue la oportunidad. Halperín dice: El orden colonial se derrumbó y la élite tuvo que hacerse cargo. Pero olvidan que para que la oportunidad sea utilizada hace falta la herramienta, una organización con un programa que pueda llevarlo adelante. Existió un programa revolucionario que se corporizo en el “Plan de Operaciones” y existió una acción revolucionaria como la que llevo adelante la “Primera Junta” con la expedición auxiliadora que pasó por Córdoba y después se dirigió a Perú. La misma fusiló a Liniers, junto a otros contrarrevolucionarios, y declaró la libertad del “indio” en las puertas de Tiahuanaco. Posteriormente con el levantamiento en la Banda Oriental y el reparto de tierras. También se manifestó en el norte donde se derrotó la invasión realista del Alto Perú. Prosiguió con la formación del “Ejército de los Andes” y posteriormente con los federales populares de Buenos Aires.

Halperín le da a Mitre un “barniz científico”, mientras Mitre decía que el triunfo liberal era «glorioso», «Había que consolidar la paz […] a la vez que hacerla gloriosa y fecunda para el progreso de los pueblos» (Bartolomé Mitre. discurso de 1862 en la asunción a la presidencia). Halperín dice que era «inevitable» debido a las estructuras económicas. En el trabajo antes citado, en el capítulo dedicado a las transformaciones económicas nos dice: “»La Revolución no ha creado un nuevo orden económico; ha hecho algo más y algo menos: ha liberado las fuerzas que en el antiguo orden buscaban en vano una salida… El triunfo de la orientación exportadora era, en esas condiciones, la única salida objetivamente posible para una economía que había perdido su centro de gravedad.»  

El objetivo de estos dos historiadores, con 100 años de diferencia, sigue siendo el mismo: mantener a la Revolución de Mayo dentro de los límites de la burguesía comercial porteña. Halperín es un «mitrista sofisticado»: Mitre nos dio los próceres de mármol y Halperín nos dio las estructuras de hierro, pero ambos nos quitan la revolución social. La historia siempre se escribe desde el presente, Mitre buscaba justificar el triunfo de la dictadura porteña sobre la resistencia federal del “interior” y Halperin Donghi, siempre más complejo, escribía desde las décadas del 1960 y 70, su operación historiográfica apuntaba a legitimar cuestiones claves de un estado represivo acosado por las tendencias revolucionarios (Revolución Cubana y la era del Cordobazo). Una de esas premisas es que la política no puede cambiar la estructura económica. Oponiéndose a la posibilidad que tienen los hombres en su acción revolucionaria de cambiar la realidad. Esto se afirma en una posición “escéptica” donde termina afirmando que la revolución es, en última instancia, un caos que termina en orden conservador. «Para Halperín, la Revolución de Mayo es un ‘proceso sin sujeto’ o, mejor dicho, un proceso donde el único sujeto es la propia disolución del orden colonial. Al presentar el desenlace conservador como una fatalidad de las estructuras, Halperín realiza una operación de clausura política: nos dice que el programa de Moreno no fracasó por una derrota en la lucha de clases, sino porque era ‘objetivamente imposible’ frente al peso de la economía y la guerra.» (Rath, Roldan. La Revolución Clausurada. 2010. Pág. 14 introducción).

La historiografía oficial confeccionó una narración patriótica armoniosa o escéptica, que se asemeja a un cambio de mando sin derramamientos de sangre, ocultando el carácter de clase de la revolución. 

La razón más profunda de estas operaciones es que en torno a 1810 se desarrollaba en el mundo un proceso de crisis, guerras y revoluciones, “como el que se desarrolla en la actualidad”. La gran diferencia es que en esos años la burguesía reclamaba su derecho a gobernar la sociedad, en un proceso denominado de la “triple revolución” (La Industrial inglesa, La Independencia Norteamericana y la gran revolución francesa). En forma contradictoria y muy potente, la onda expansiva de estos acontecimientos llegó al Río de la Plata y a todas las colonias del decadente imperio español. Cuando la Burguesía logró “el control”, por ser una clase explotadora, lógicamente se transformó en conservadora buscando cerrar rápidamente el ciclo revolucionario (lo cual en nuestras pampas ocurre muy tempranamente por el carácter sumiso de nuestra patronal). Sobre todo al comprobar que los procesos revolucionarios que ella armaba para destronar a los monarcas traían aparejado otros problemas como  el levantamiento de sus propios oprimidos, que de inmediato levantaban sus propias reivindicaciones.

La historiografía oficial quiere ocultarle a las masas obreras de la actualidad como hizo la misma burguesía nacional ella para garantizar su poder, sobre todo frente a su propia declinación histórica, quieren impedir que los obreros saquemos conclusiones, “haber a ver si todavía no damos cuenta que las revolución de Mayo fue una revolución burguesa  para garantizar la independencia y construir una nación en los territorios que ocupaba el antiguo virreinato y que fue clausurada a partir de la derrota de los sectores más jacobinos que fueron acompañados por las masas populares de la época”. Nos quieren ocultar que las tareas inconclusas de esa revolución sólo podrán ser superadas en una nueva etapa revolucionaria donde los trabajadores garanticemos una verdadera independencia y una verdadera unión de los pueblos americanos bajo las banderas del Socialismo y la clase obrera.

La historiografía de la izquierda nacional, que juega el papel de pata izquierda del revisionismo, estuvo muy de moda en el bicentenario y Cristina Kirchner es una de sus principales divulgadoras. Por lo tanto se constituye en esta etapa como una suerte de relato oficial alternativo. En una demagogia izquierdista para la tribuna (mientras le pagaba toda la deuda al fondo y a los buitres y agrandaba sus arcas personales), Cristina reivindicó «el camino de Túpac Amaru, Moreno, Artigas, Belgrano, enalteció el patriotismo de Francisco Solano López y denunció la guerra del Paraguay como la guerra de la Triple Infamia y la Triple Traición, con la respuesta enardecida del diario La Nación; el diario que, en palabras de Homero Manzi, Mitre dejó como guardaespaldas» (Rath, revista EDM. La Otra Historia, 1-7-2012). Jorge Abelardo Ramos fue su «principal exponente». Ramos comenzó sus días políticos en la segunda generación del trotskismo argentino, ante el advenimiento del nacionalismo burgués, quiso acercar los planteamientos de Trotsky con los del peronismo. Disolvió a su corriente en el peronismo, apoyó a Frondizi, apoyó a la dictadura represora de se ilusiono con el golpe de Ongania, apoyo al gobierno de la Triple A y le pidió una “definición nacional” a la dictadura genocida de Videla. Terminó en el gobierno de Menem planteando que Aldo Rico y Seineldín (militares golpistas que reclamaban la impunidad de los asesinos del proceso, “carapintadas”), tenían planteamientos de “militares progresistas” como Perón. 

Una de las tesis de esta corriente, según los escritos de Galasso, es la afirmación de que el ala «liberal revolucionaria estaba históricamente condenada por la inexistencia de una burguesía nacional”. Esta tesis fatalista, como la de “Tulio Halperin” busca indultar a la burguesía porteña y su orientación termidoriana (restauradora del orden). Esta Burguesía que tomó el poder en Mayo, con el apoyo del gobierno inglés. Luego junto a las élites reaccionarias del “interior”, construyó un frente para clausurar la revolución que se expresó en la asamblea del año XIII y en el Congreso de Tucumán del XVI. Que existía la posibilidad de un rumbo alternativo lo demostró el programa de los revolucionarios antes mencionado (Moreno, Artigas, San Martín y Dorrego). O el Paraguay de Francia y López que, ante la inexistencia de una burguesía industrial, hizo actuar al estado”.

Nahuel Moreno de las primeras generaciones del trotskismo argentino, también tuvo una política de entrismo en el peronismo -como la de Abelardo Ramos- de 1957 a 1964, que terminó desastrosamente. Esta corriente siempre conservó una política adaptación al peronismo que siguen manifestando la mayoría de los “partidos” que se fueron separando del MAS a fines del 80 y principios de los 90, como el PTS y (MST, etc.). Uno de los planteamientos que Moreno levantó fue el de la necesidad de una “segunda Independencia”. La burguesía argentina es incapaz de llevar adelante un nuevo proceso independentista, hace un poco más de 200 años “clausuró el proceso de Mayo” para asegurar su dictadura sobre el “interior” oprimido y terminar con la guerra social. Hoy en la etapa del imperialismo, donde se pasó de la “disgregación a la una argentina semicolonial”, la burguesía es incapaz de tomar medidas verdaderas contra el la opresión imperialista. Así lo demostró las décadas del kirchnerismo, “esas ocasiones donde la historia intenta repetirse y se convierte en farsa”. La demagogia extrema y la banalización de conceptos verdaderos como los derechos sociales provocaron el descrédito de esta corriente que fue vencida en dos oportunidades por la derecha más rancia en las urnas. Solo los trabajadores pueden llevar adelante la doble tarea de enfrentar a la burguesía nacional y al imperialismo, levantando un programa que represente los intereses de las mayorías trabajadoras, sin ninguna concesión a la patronal que aplaude al ajustador Milei, que se adaptan al desguace nacional, despidiendo obreros y mantiene sus beneficios dedicándose a la importación. Solo los obreros que enfrentan esta perspectiva (FATE) con su lucha y al mismo tiempo se enfrentan con sus movilizaciones a la barbarie del imperialismo pueden ofrecer una perspectiva en el campo de la famosa “liberación nacional”.

La crisis del imperio español

A finales del siglo XV España, después del proceso de reconquista contra los moros, estaba en crisis. No existían tierras disponibles para su pesada nobleza. Siendo un país campesino necesitaba de metales preciosos para poder comprar los productos que se fabricaban en las manufacturas de Inglaterra, Holanda y Francia. Como este intercambio siempre le fue desfavorable necesitaba estos metales para cancelar sus deudas producto de su déficit creciente. La conquista de los Turcos Otomanos del cercano oriente, cerró el paso terrestre a oriente (medio y lejano) lo cual agravo su desesperación privando a Europa del comercio asiático. En este cuadro los peninsulares se arrojaron al mar. Primero los portugueses (con el Vasco Da Gama y Enrique el navegante) y luego el reino de Castilla y Aragón. Colón se encontró, en su intento de viaje a las Indias, con un nuevo continente con abundante cantidad de metales preciosos y una gran población de indígenas. La conquista fue brutal: la población nativa retrocedió en los primeros dos siglos hasta llegar a un 10% de su número original. Esta enorme riqueza le sirvió a España para colocarse como gran potencia durante el siglo XVI, después perdió su hegemonía ante la pujante economía pre industrial de Inglaterra y Francia. 

Karl Marx, en un célebre escrito histórico llamado “La España Revolucionaria” de 1854, proveniente de nueve artículos publicados en un periódico estadounidense llamado (“New York Daily Tribune”) caracteriza a las razones del atraso del imperio español destacando que la monarquía absoluta de este imperio no era como las que existieron en Francia o Inglaterra, no centralizaron el poder destruyendo las instituciones feudales y la nobleza media. Fue una monarquía absoluta “al estilo asiático”, una superestructura que no transformó las instituciones locales atrasadas. La Burguesía no desarrolló una industria, solo se dedicaron al comercio en ciudades empobrecidas, mientras la aristocracia retuvo sus privilegios. El oro americano no se quedó en España, sirvió para pagar el déficit comercial y terminó fogoneando el mercantilismo de las potencias productoras ya mencionadas. España permaneció atrasada en una estructura agraria y con relaciones laborales semi feudales. Esto fortaleció el aislamiento interno dentro de la península, las grandes carreteras fueron abandonadas y el comercio entre las ciudades se volvió escaso, como si se tratara de una pequeña “edad media” en medio de la modernidad.  

La decadencia del imperio español se asentó para el siglo XVIII, esto fue acompañado con el agotamiento de la producción minera del cerro Potosí. Lo segundo provocó cambios, como que se trasladara el centro económico de las tierras del Virreinato del Río de la Plata, del Alto Perú a la zona de la Pampa Húmeda. Frente al agotamiento de la minería, se hace fuerte un nuevo gran negocio de exportación de productos agropecuarios como el Cuero y el Tasajo. Esto fue impulsado por la primera “revolución industrial” que evolucionó en Inglaterra y requería el cuero para utilizarlo como extensiones de las nuevas máquinas. Por otro lado, las plantaciones de esclavos -que se desarrollaban en diferentes regiones de América tropical- aumentaron la demanda de Tasajo (carne salada para esclavos preparada en saladeros). Frente al retroceso, los españoles intentaron tomar medidas para fortalecer el comercio entre las metrópolis españolas y las colonias a finales del siglo XVIII (Las Reformas Borbónicas). Esto favoreció al Río de la Plata aumentando considerablemente la exportación de productos agropecuarios. El desarrollo de esta producción fue creando una clase de estancieros que se apoderaron de las tierras más adecuadas. 

Las rebeliones indígenas y comuneras

Pero en el Alto Perú el aumento de impuestos y lógicamente el aumento de la explotación a la mano de obra semi esclava para tratar de seguir extrayendo minerales preciosos a bajo costo, sumado a siglos de “exterminio”, llevaron a la gran rebelión de Túpac Amaru y Tupac Katari. (Alto Perú). Fueron Caciques originarios que se levantaron contra los explotadores españoles tratando de mantener una alianza con los terratenientes criollos. Pero fueron traicionados por los mismos (que también eran explotadores) y terminaron siendo derrotados. Al mismo tiempo estalló una rebelión de criollos en Nueva Granada (Colombia), que también fue derrotada. Estas dos rebeliones tuvieron muchas cosas en común, como que las dos fueron un claro antecedente del proceso revolucionario que envuelve a casi toda América hispana durante 1806 a 1826. También tuvieron diferentes intereses de clases y por lo tanto diferentes programas. Tupac representaba a las masas indígenas-campesinas, los comuneros a los criollos propietarios. Tupac planteaba la independencia y el restablecimiento del imperio “Inca”. Los comuneros exigían sus reivindicaciones contra el monopolio español, pero reivindicaban al Rey. 

En estas dos rebeliones se pusieron de manifiesto los dos sectores mayoritarios que intervinieron en la lucha por la independencia y que muchas veces chocaron por sus intereses contradictorios. La rebelión del pueblo indígena impresiono a los hijos de estos nuevos terratenientes y comerciantes porteños, que estudiaban en la universidad de Chuquisaca. Los más revolucionarios de Mayo fueron apodados por los realistas de Montevideo como los “tupamaros”, y los más radicales de Mayo abrazaron este apodo. Es más, Castelli volvió al Alto Perú, donde había estudiado con Mariano Moreno y Monteagudo, y bajo las instrucciones del secretario “Jacobino” de la Primera Junta, intentó proseguir con las reformas revolucionarias que impulsó Tupac. Lo cual le valió la enemistad de la oligarquía de estas tierras.

La invasión inglesa, la reconquista y la defensa 

Napoleon Bonaparte tenía una política de bloqueo continental de los productos ingleses. Los mismos, al no poder comerciar con el viejo mundo continental, pero al mismo tiempo dueños de los mares después de la batalla de Trafalgar (1805) e impulsados por la primera revolución industrial, profundizaron su política de comercio con las colonias del nuevo mundo. Este comercio se impulsaba por el contrabando ya que los monopolistas españoles impedían todo comercio directo. “Correctamente, el Almirantazgo británico estaba al tanto de que en el virreinato existía una aguda lucha de intereses entre el gobierno y una parte de los comerciantes y terratenientes y que estos levantaban las banderas del libre comercio” (Revista EDM N° 38). Manuel Belgrano, que se constituyó como una de las voces más escuchadas de los hacendados y agricultores, reclamaba la libertad de comercio ya en 1793, pero planteando que los países no deben exportar materias primas. Beresford, oficial inglés que se encontraba en el sur de África con una flota compuesta de 1700 hombres, se enteró de que en el Río de la Plata se hallaba el tesoro recién llegado de Potosí, para ser embarcado hacia España. En un toque de audacia, que posteriormente Londres saludó, cruzó el atlántico rumbo a la “gran aldea del Plata”. 

La noche del 24 de julio de 1806, mientras el Virrey Sobremonte estaba en el teatro, fue informado del avistamiento de la tropa inglesa desplazándose por el estuario Rioplatense. Después de preparar una defensa que fue derrotada de inmediato al día siguiente, el Virrey se apoderó del tesoro y huyó de forma ignominiosa de Buenos Aires. Fue emboscado por los “casacas rojas”, a la altura de Luján y pudo proseguir a Córdoba, pero sin el tesoro que desde ese momento fue custodiado por los ingleses hasta su llegada a Londres. Un versito popular de la época refleja la percepción de las “masas” de los acontecimientos «Al primer cañonazo de los valientes, disparó Sobremonte con todos sus parientes».

La élite (comerciantes y estancieros) junto a la Iglesia porteña, al principio “coquetearon” con los ingleses. Para entender los motivos que provocaron la inmediata posterior brutal reacción, hay que percibir que se trató de un choque económico, cultural y hasta religioso. Beresford decretó el libre comercio “pero era falso”, los productos ingleses entraban sin trabas, pero los sectores exportadores sólo podían exportar a Inglaterra: esto dejaba afuera a los monopolistas y otros sectores. Los ingleses robaron el tesoro comportándose como piratas y exigieron el juramento de lealtad para su rey. Belgrano antes de retirarse a Montevideo disconforme, exclamó “queremos el viejo amo o ninguno”. 

Los sectores oprimidos no obtuvieron nada de la invasión, los ingleses no declararon el fin de la esclavitud porque no querían llevar adelante ninguna reforma que alentara la lucha de los oprimidos. Todavía estaban muy frescos los recuerdos de los “Jacobinos Negros” que se levantaron en Haiti en 1791. Los sectores populares no vieron con buenos ojos una invasión militar a la ciudad que consideraban también suya. La jerarquía clerical de la Iglesia Católica que tenía una importante relación con la corona, al principio coqueteo con los invasores, pero no tardó en acomodarse a los nuevos tiempos del Plata y comenzó una campaña de que los Ingleses eran “herejes impíos” por ser anglicanos. Los monopolistas españoles como Martin de Alzaga, junto a funcionarios de la Corona como Liniers y otros sectores burgueses criollos, como Pueyrredón y Saavedra; frente a las escasas tropas disponibles, se vieron forzados “a organizar en armas al pueblo de Buenos Aires” para recuperar la ciudad. 

Según el historiador Felipe Pigna, el frente rioplatense consiguió las armas por tres vías, “una combinación de saqueo, contrabando y astucia popular». Mientras Beresford se encontraba en el fuerte (actual Casa Rosada) en las calles de la gran aldea, bajo una aparente calma, se preparaba una verdadera insurrección. La bandera inglesa flameó 46 días en lo alto del fuerte porteño, hasta que el 4 de agosto de 1806, Liniers con apoyo de Montevideo pudo arribar a las costas del Oeste del Plata, (en la zona norte) sin ser molestado a causa de una sudestada que impedía la libre movilidad de la flota invasora. En su camino por San Isidro y Olivos, se fueron sumando miles de voluntarios como paisanos (gauchos, campesinos, orilleros y tenderos), que aportaron lo poco que tenían (caballos y suministros), a estas alturas, la expedición se había transformado en un verdadero ejército popular.

La lucha estalló el 10 y 11 de agosto. El ejército de la “reconquista” avanzó contra los cuarteles de Retiro, que era un lugar estratégico por ser el más alto de la ciudad y lugar donde se encontraba el límite norte. Al lado de los cuarteles se encontraba la Plaza de Toros, una especie de estadio circular ubicado en el actual monumento a San Martín,  los ingleses después de perder los cuarteles se atrincheraron allí. La furia de la tropa criolla, apoyados por las milicias que trepaban las gradas y llegaban a los ingleses, soportando el fuego de artillería para batirse cuerpo a cuerpo, los hizo retroceder nuevamente. Güemes, quien posteriormente se convirtió en el caudillo revolucionario salteño, protagonizó una hazaña militar aprovechando la baja del río, tomó con la caballería el barco más importante de la flota inglesa. Los ingleses, asediados en el fuerte, temiendo un inminente copamiento popular del mismo y la masacre de toda la tropa invasora, levantaron bandera blanca el 12 de agosto de 1806.

Cuando en Inglaterra se enteraron del éxito inicial de la invasión mandaron refuerzos (110 naves con 11.000 hombres) demostrando que era de su interés mantener la plaza como sea. En los meses entre la “Reconquista” y la “Defensa”, Buenos Aires sufrió una transformación importantísima. Pasó de ser una ciudad indefensa a una “República Militar”. En un hecho sin precedentes, producto de la apertura de la etapa revolucionaria, Sobremonte fue destituido (y después arrestado para ser juzgado en España) por el Cabildo del 14 de agosto de 1806, institución municipal donde participaban los burgueses criollos, y en su lugar fue nombrado Santiago de Liniers. El mismo ante la certeza de que los ingleses volvían, lanzó una proclama instando a los vecinos a armarse y formar cuerpos militares según su origen de clase. En septiembre de ese mismo año se formaron las milicias. El más numeroso fue el cuerpo de Patricios, este cuerpo tenía hombres de “buena familia” comenzando por su jefe, el terrateniente Cornelio Saavedra. Otros que participaron fueron el casi niño Juan Manuel de Rosas, con 13 años, como artillero; Bernardino Rivadavia como uno de los oficiales más paquetes en el regimiento de gallegos y el joven estudiante rebelde Manuel Dorrego. También existieron otras milicias como Arribeños integrado por voluntarios de las provincias o el cuerpo de “castas” integrado por esclavos, pardos y morenos. Los ingleses arribaron primero a Montevideo, ahí se enteraron del desastre de Beresford en Buenos Aires, pero decidieron continuar y el 2 de julio de 1807 llegaron a la costa oeste. 

Según el historiador Vicente Sierra, el desembarco se produjo en la zona sur, los Ingleses avanzaron, con dificultades por el barro, hasta los “Corrales de Miserere” (actual plaza Once) que estaban a las afueras de la ciudad en la zona oeste. Las tropas de Liniers salieron a su encuentro tratando de impedir la entrada de las tropas Inglesas a la ciudad, pero fueron dispersadas y se vivieron momentos de profunda incertidumbre. Liniers “desapareció” por unas horas, el Cabildo dominado por Alzaga siguió organizando la defensa junto a los vecinos tratando de seguir fortificando cada casa y cada esquina. Los ingleses, mientras tanto, recorrían las afueras de la ciudad (actual Barracas) realizando tropelías. Cuenta en sus memorias el hacendado Martin Rodrigues, quien posteriormente fue gobernador de Buenos Aires y era el dueño de estas tierras: “Acampados allí echaron a tierra tres hermosos corrales de ñandubay, entraron a las casas e hicieron pedazos cuantos muebles había. También echaron abajo la puerta de una capilla, tiraron los santos, hicieron pedazos el altar y sacaron los ornamentos y andaban burlescamente con ellos puestos. Esa noche le matamos a tres hombres”. También existen actas del Cabildo que contienen denuncias de los vecinos por esas horas, que acusaban a los soldados invasores de realizar saqueos a los orilleros, robando a enfermos y ejecutando a mujeres y niños. Invadieron otros conventos y violaron a las monjas. Según Vicente Sierra, “se paseaban por las afueras de la ciudad como lobos sedientos de sangre”.  

El 5 de julio la tropa invasora se dividió e intentó ingresar a la ciudad, Liniers ya había aparecido después de su corta ausencia. Los defensores de la ciudad nuevamente atacaron con odio a los invasores. Pero esta vez con más fuerza, todos los habitantes participaron del combate. Las milicias junto a la población atacaban “como látigo”, masas enfurecidas avanzan y retrocedían, realizando heroicos combates cuerpo a cuerpo.  Las mujeres y los niños tiraban cosas desde las terrazas como grasa hirviendo, piedras, muebles y otros proyectiles. Los esclavos peleaban con sus amos para defender las casas, la lucha fue encarnizada. Los ingleses cometieron un error importante al ingresar a la ciudad por las calles estrechas, dejaron la artillería pesada y pretendieron abrirse paso a bayoneta. Las milicias parapetadas en los techos, los aniquilaron con fuego a discreción sin que supieran de donde se les disparaba. También fueron atacados desde innumerables barricadas y trincheras. John Whitelocke, el general inglés de la segunda invasión, tuvo que rendirse por “segunda vez” y producto de lo duro de la derrota, se vieron obligados a retirarse también de Montevideo.

El segundo revés militar de los ingleses abrió un debate en Inglaterra sobre cómo actuar para conquistar definitivamente el Río de la Plata “mientras se preparaba una tercera invasión”. “Castlereagh, entonces secretario de estado, llegó a la conclusión que las razones de las dificultades eran más políticas que militares y consistían en que las autoridades británicas no declararon la independencia del Virreinato” (Rath, El carácter de la revolución de Mayo, EDM). Pero esta tercera invasión nunca sucedió. Napoleon Bonaparte invadió España a partir de los últimos meses de 1807, supuestamente para poder ocupar Portugal que seguía comerciando con Inglaterra, pero comenzó a tomar posiciones militares dentro del país Ibérico. Terminó tomando prisioneros a los monarcas (Carlos IV y su hijo Fernando VII). 

A pesar de que las instituciones del régimen llamaban a la resignación (el clero y la nobleza), el 2 de mayo de 1808 cuando intentaron retirar a la familia real de Madrid,  el pueblo se enfrentó a las tropas invasoras francesas (al grito de ¡no los llevéis!). Frente a la cobarde desaparición del estado (ejército acuartelado) las masas madrileñas tomaron el destino en sus manos y enfrentaron a los franceses en un combate desigual, fueron aniquiladas en los combates de Puertas del Sol. Pero la masacre no impidió la proliferación del conflicto, ese mismo mes de mayo también se alzaron Oviedo, Badajoz, Sevilla y Zaragoza. Contradictoriamente en España la revolución Burguesa surge contra los que venían, “supuestamente”, a modernizar la anacrónica península, pero ingresaron saqueando y asesinando. Frente a la caída del poder central y el “levantamiento popular”, se formaron juntas en todas las provincias españolas. Las mismas le pidieron ayuda a Inglaterra y la expedición que se formó para ir al Río de la Plata marchó hacia la península ibérica. 

El doble poder en Buenos Aires

Una vez que los ingleses se marcharon se acentuaron las diferencias entre el bando de la resistencia. En el Río de la Plata se vivía una situación de “doble poder”, El virrey Liniers, héroe de la “reconquista y la defensa”, sustentaba su poder bajo el dominio que habían impuesto las nuevas tropas populares llamadas milicias, que consumían gran parte del presupuesto gubernamental. Por otro lado se encontraba el viejo estado virreinal (todavía en pie) en franca decadencia pero defendido por los monopolistas como Alzaga. 

Como describe el historiador Pierre Broue, en su escrito “Trotsky y la Revolución Francesa”, el inicio de las revoluciones son procesos que se comportan como un espiral ascendente primero y luego descendente en su fase de agotamiento, caracterizados por la entrada masiva de sectores populares en la política (como en el copamiento de la Bastilla, la resistencia porteña a los piratas o la brutal irrupción de las masas madrileñas contra los franceses)  y acompañado de su radicalización política hacia la izquierda. Esta dinámica genera una situación inestable de «doble poder», definida por la coexistencia conflictiva de dos soberanías que debe resolverse mediante la fuerza. Este “doble poder” lleva a procesos de guerra civil donde la revolución define su futuro según el bando que se imponga. 

El 1 de enero de 1809, los “peninsulares monopolistas” intentaron llevar adelante un golpe de estado en Buenos Aires, con el apoyo de un sector del Cabildo, para destituir a Liniers y disolver las milicias. Fue denominado como el “Motín de Álzaga”, el nombre hace honor a su máximo animador. La oportunidad  que esperaban los conspiradores llegó con la noticia del arresto de Fernando VII por parte de los franceses, coronado Rey después de la abdicación de su padre, y sobre todo la proliferación de Juntas locales en la península ibérica en representación de un poder central disuelto. Según Marx -en los artículos antes mencionados- las juntas españolas y luego la Junta Grande tenían la gran contradicción de estar a favor de la libertad de España pero no de sus colonias, hasta los más liberales querían mantener el monopolio comercial de las mismas. 

Con la excusa de formar una junta en Buenos Aires, agruparon “familias importantes monopolistas” en las puertas del fuerte. Cuando Liniers timorato estaba por aceptar la renuncia, las milicias dirigidas por Cornelio Saavedra, disolvieron a la precaria concentración y obligaron a Liniers a permanecer en su puesto. El nuevo poder se había hecho presente en el momento indicado y fue saludado por los estancieros y comerciantes (que no estaban con el reducido grupo de monopolistas) y el pueblo organizado en las milicias. Los dirigentes del motín fueron arrestados y llevados al sur, el nuevo poder se hizo más fuerte. 

El 30 de junio de 1809 desembarcó Baltasar de Cisneros, “el zordo”, en Montevideo. El 11 de febrero había sido designado por la “Junta de Sevilla”, también conocida como la “Junta Suprema Central”, como virrey del Río de la Plata. Según Felipe Pigna sus instrucciones secretas eran reprimir cualquier foco de independentismo y llevar a los líderes de las milicias a España para ser juzgados.  Pero el “Zordo de Trafalgar”, batalla donde perdió parte de su audición, “había llegado a un territorio que ya no quería escucharlo”. De parte de los peninsulares y adeptos a la “junta Suprema”, existía una clara desconfianza contra Liniers, producto de su origen francés, en esos momentos donde lo que quedaba de España estaba siendo ocupada y masacrada por Napoleón. Liniers en un principio quiso resistir pero su carácter timorato (y su sometimiento a la corona española) lo hizo retroceder a Córdoba. Halperin Donghi define a la política de Cisneros como de “equilibrio precario”, pudo hacer retroceder a Liniers, pero ni se atrevió a intentar disolver las milicias base del poder que se impone, no sin reveses, en este proceso ascendente de Mayo. 

Mientras tanto el 25 de Mayo y el 16 de Julio de 1809, estallaron los levantamientos de Chuquisaca y La Paz. En Chuquisaca hubo una disputa entre la Real Audiencia y el Arzobispo, que derivó en un vacío de poder aprovechado por los criollos. Lo de La Paz fue mucho más allá, al formar una «Junta Tuitiva» que desplazó totalmente a los españoles. Cisneros aunque se mostraba conciliador en Buenos Aires, mandó tropas a reprimir, más de treinta patriotas fueron colgados, lo cual lleno de odio a los incipientes independentistas en todo el Virreynato. En la famosa “Jabonería de Vieytes” situada en el medio de la actual Avenida 9 de Julio y Venezuela, se comenzaron a reunir un grupo de revolucionarios que conspiraban contra “el zordo” Cisneros. Entre las figuras más destacadas que asistieron a estas reuniones secretas estaban Vieytes, Saavedra, Nicolás Rodríguez Peña, Belgrano  y el primo de Belgrano Juan José Castelli. El último fue considerado por muchos historiadores como el “orador de la revolución”. 

Cisneros uno de los problemas más importantes que tenía era la quiebra del estado, los ingleses se robaron el tesoro y las milicias estaban consumiendo gran parte de lo poco recaudado posteriormente. Producto de la invasión Napoleónica las relaciones comerciales con la metrópolis fueron cortadas. Inglaterra frente a la nueva realidad de España y el pedido de socorro de las juntas, había cambiado de bando y forjó una alianza con España invadida. Por todos estos motivos y sobre todo la presión constante de la burguesía porteña no monopolista, el último Virrey declaró el 6 de noviembre de 1809 libre comercio por dos años.

La revolución de Mayo

El 14 de mayo llegó al puerto de Buenos Aires la noticia de que la Junta Central de Sevilla había caído. En la “Jabonería de Vieytes” llegaron a la conclusión que Cisneros ya no tenía “poder real”. El 18 Cisneros lanza una proclama confirmando la caída de España, pero pidió calma y lealtad. De inmediato se armó un frente que exigía el Cabildo Abierto para nombrar nuevas autoridades.  El 20 de Mayo Cisneros se enteró de parte de Saavedra que las milicias estaban por “Cabildo Abierto”. El 22 de Mayo en debates encendidos en el Cabildo, el Obispo de Buenos Aires decía que “mientras exista un español entre nosotros tiene que gobernar” defendiendo al Virrey, mientras Castelli le contestaba si ya no existe un soberano, la soberanía se remite al pueblo. “Los de Europa han perdido su tierra, nosotros estamos luchando para defender la nuestra”. Ese Cabildo terminó en una victoria de los revolucionarios y se decidió que Sobremonte Cisneros tenía que dimitir. 

Por esas horas con maniobras burocráticas el régimen intentaba sobrevivir. “Después de elegir una junta con Cisneros de presidente, el 24 de Mayo una muchedumbre logró penetrar hasta la oficina del Virrey en el “Fuerte” para exigir la  renuncia inmediata y la convocatoria a un verdadero “Cabildo Abierto” donde se eligiera un “nuevo gobierno”. En esta ocasión incluso se llegó a ponerle un arma en la cabeza para obligarlo a firmar la renuncia. El Cabildo, en la mañana del 25 todavía con mayoría realista no quería aceptar la renuncia, pero la invasión de la Plaza Mayor por parte de las milicias mostraba que no tenían otra posibilidad. 

Belgrano, vestido de miliciano, recorría el Cabildo y visiblemente irritado amenazaba a los vecinos cisneristas “poniendo su mano en la empuñadura del sable y gritando -si no habéis aceptado la renuncia para las tres de la tarde, vendré yo mismo y lo echaré por la ventana”. Al mismo tiempo Pigna sostiene que mientras los señores del Cabildo discutían si aceptaban la renuncia el miliciano Antonio Beruti ingresó al recinto al grito de: «Señores, esto no es de esperar. El pueblo está armado y dispuesto a todo… si no se accede a lo que pedimos, no responderemos por la seguridad de nadie». Como se puede observar en esos días “tan tormentosos” existió una alta tensión, y sobre todo el traspaso del control estatal a los jefes de las milicias. Los del bando revolucionario presentaron al cabildo una “petición de los vecinos”, que desde luego “no estaban en condiciones de rechazar», que consistía en los nombres de una nueva junta de gobierno “provisional”. 

La “Primera Junta” se trataba de una combinación de los que poco tiempo después aparecen como bandos opuestos dentro de la revolución. A la cabeza: Cornelio Saavedra, jefe de las milicias, moderado y terrateniente del altiplano. El sector más “Jacobino” en ese momento estaba compuesto por los abogados Mariano Moreno, Castelli y Manuel Belgrano. Pero por el momento todos estaban de acuerdo con sacarse de encima al “sordo” y terminar de una vez por todas con el gobierno de los monopolistas españoles.

De inmediato esta “Primera Junta” formó una expedición para dirigirse hacia el norte y poder reprimir a todos los que sigan defendiendo el viejo orden virreinal. Santiago de Liniers se negó a reconocer al primer gobierno patrio y desde Córdoba estaba preparando la contrarrevolución con el Perú. La “Junta” sin dudarlo y por las instrucciones expresas de Moreno lo fusiló, a pesar de su papel en la Reconquista y la defensa contra los ingleses. “La Primera Junta no fue una agencia del gobierno inglés, pero sería absurdo desconocer las expectativas de los luchadores criollos en que éste jugara un papel activo o al menos neutral en la lucha por la independencia” (Cristian Rath. EDM. La otra historia). Pero Inglaterra ahora era aliada de España y se oponía a una declaración abierta de independencia. Por esto y para tratar de ganar tiempo frente al levantamiento de la contrarrevolución, se instauró la  “máscara de Fernando”. Que es la impostura de seguir jurando por Fernando VII cuando en realidad ya se trataba de un gobierno de criollos totalmente desligado de la corona. 

La revolución en Latinoamérica

En mayo de 1810, paralelamente a Buenos Aires,  comenzó el levantamiento de Bogotá. “En Venezuela, el Congreso del 7 de julio de 1811 declaró a sus territorios estados libres, soberanos e independientes buscando la inserción de la oligarquía «mantuana» en el mercado mundial. Es decir, fueron separatistas» (Rath. la otra historia). En ese mismo año comenzó el levantamiento de Hidalgo en México. “Fue continuado por Morelos y tuvo su expresión cimera en el congreso de Chilpancingo (1813) que abolió la esclavitud, eliminó los tributos sobre el indio, ordenó el reparto de los latifundios -fincas que tuvieran más de dos leguas- y declaró la independencia” (ídem del anterior). En Chile y Paraguay también triunfaron en una primera instancia movimientos independentistas. En el Alto Perú donde todavía quedaban frescas las memorias de la rebelión indígena fue donde los criollos (patrones explotadores) fueron más reaccionarios a las ideas de Mayo. Sobre todo después de que Castelli “encendiera los furores de la democracia”, ajusticiando a los masacradores en las rebeliones de Chuquisaca y La Paz y declarando la libertad del indio en las puertas de Tihuanaco.

No existió un movimiento homogéneo de las juntas americanas, tuvieron características relacionadas a sus realidades específicas, pero esto es diferente cuando se habla de los sectores pertenecientes al antiguo virreinato del Río de la Plata, sector al cual Moreno en el famoso Plan de operaciones daba la denominación de “nación” y San Martín consideraba como América del Sur. El proceso segregacionista sin embargo comenzó de inmediato, Rivadavia en el primer triunvirato le puso un impuesto al Paraguay tratándolo como una nación extranjera y los mismos optaron por un rumbo independiente. La Banda Oriental (Uruguay) fue entregada en reuniones secretas a los portugueses del Brasil (asamblea Congreso del año XVI). Todo para sofocar la revolución artiguista, la que Moreno llama en el “Plan de Operaciones”, pero que en la práctica aterrorizaba a los terratenientes de ambas márgenes del Plata, por el reparto de tierras que se llevó adelante en el lado oriental. Durante las siguientes décadas se fueron perdiendo definitivamente las provincias del Alto Perú y de la Banda Oriental. Y todo esto sin contar el abandono de Buenos Aires al ejército libertador de San Martín durante sus combates en Chile y Perú. Esta política antinacional de la Burguesía porteña llegó al punto de separar a Buenos Aires del resto del país de 1852 a 1861. 

La característica central de la propiedad en América latina era el latifundio, la revolución burguesa cambió el mando de las instituciones de españoles a criollos pero no tocó la estructura agraria. La democracia en los cabildos se relacionaba con la clase que llevó adelante esta revolución, French y Beruti, uno empleado público y otro cartero, no fueron parte del primer gobierno patrio del Plata y al Cabildo eran llamado los ciudadanos con una propiedad “demostrable”. De 40.000 habitantes que tenia Buenos Aires fueron convocados 500. Esta clase la burguesía comercial y los dueños de la tierra, estos sectores desde muy temprano intentaron clausurar el proceso abierto por mayo. 

El proceso revolucionario después de Mayo

Mayo parió a una “nación” que pronto cayó en la guerra de la independencia contra los realistas americanos y en la guerra civil entre las Provincias Unidas. Lo que fomentó el enfrentamiento interno fue la política de libre comercio, sin restricciones, de Buenos Aires que devastaba lo que quedaba en pie de las industrias primitivas de subsistencia que se encontraban en el norte, cuyo y centro. Las mismas fueron parte de un próspero mercado con el Alto Perú, pero este comercio estaba resentido a partir del agotamiento del Cerro Potosi y de las rebeliones indígenas. Esta débil preindustria sobrevivió a partir de ser subsidiada por la corona. “Durante todo un período Marx y Engels consideraron que el capitalismo desarrollado de países como Inglaterra ejercía una influencia civilizadora sobre los países asentados en relaciones precapitalistas, para colocarlos violentamente en la senda del progreso histórico” (El carácter de la Revolución de Mayo). Entendiendo que la libertad comercial aceleraría la revolución social. Marx, sólo en ese sentido revolucionario se pronunciaba en ese período a favor del libre cambio. Pero al mismo tiempo Marx, en los artículos ya citados que componen “España Revolucionaria” al estudiar la Constitución de 1812, destaca “el desarrollo de una revolución burguesa desde el interior de una estructura social precapitalista, en oposición a una fuerza burguesa extranjera que se caracterizó el exportar la revolución burguesa hacia la periferia. Esta posibilidad se expresó en las Provincias Unidas, en los planteos de Moreno o Artigas y, en forma contradictoria, en el estatismo industrial de Paraguay”.

Primero, al calor de la revolución se enfrentaron los sectores más “Jacobinos” contra los “clausuradores”. En la “Primera Junta» comenzaron los enfrentamientos entre Moreno y Saavedra. Mariano Moreno fue desplazado por su orientación hacia el terror revolucionario, que sin duda hizo sobrevivir al primer gobierno frente a sus posibles adversarios, sino recordemos la experiencias de Chuquisaca y La Paz. Y anteriormente las rebeliones indígenas y de los comuneros, todos ejecutados por las autoridades virreinales. Pero Su caída y rápida muerte (en circunstancias dudosas), no impidió la expedición que Castelli lideró al Alto Perú tratando de seguir los pasos de “Tupac Amaru». 

En febrero de 1811, José Gervasio de Artigas desertó del bando realista, en abril estalló la revolución en el campo oriental. A Saavedra, los morenistas lo acusaban de querer “enfriar” la revolución introduciendo a los diputados del “interior” en la “Junta Grande” (segundo órgano de gobierno criollo) que eran afectos a la iglesia y al Rey. Un frente entre los radicales morenistas y los centralistas porteños, aprovechó la pérdida del Alto Perú ante los realistas, para echar del poder a Saavedra, que era un terrateniente del “interior”. 

El primer Triunvirato defraudó las expectativas de los morenistas ya que sustituyó el centralismo radical de Moreno por el administrativo burocrático de Rivadavia. Este tercer gobierno, a pesar de ser “poco afecto a declarar la independencia como afirmó” San Martín, fue el encargado de reprimir el segundo levantamiento contrarrevolucionario de Alzaga (el último intento de los monopolistas por retomar el control). Ejecutando a todos los cabecillas del mismo. A esta altura la revolución ya había “terminado físicamente” con los dos héroes más importantes de las “invasiones inglesas” (Liniers y Alzaga). Una nueva alianza entre los sectores más radicales morenistas y los recién llegados de Europa (San Martín y Alvear, fundadores de la logia de los Lautaro), produjo la revolución de 8 de octubre de 1812, la cual terminó con el “Primer Triunvirato” y dio lugar al segundo, que convocó a una Asamblea para declarar la independencia (la Asamblea del año XIII) y que por instancias de la diplomacia británica terminó haciendo lo contrario. 

No solo eso, a los diputados de la Banda Oriental no se les permitió participar para impedir un frente con los de San Martín en favor de una declaración de independencia inmediata. Esta asamblea nombró como director a Carlos María de Alvear, fue la continuación de los centralistas en el poder. Este organismo declaró a Artigas como traidor e inició una guerra civil. Pero el gobierno centralista porteño quedó aislado porque los caudillos federales revolucionarios dominaban la situación: en el norte Güemes, en el Cuyo, San Martín y en el litoral, Artigas. En 1815 Alvear tuvo que renunciar producto de la derrota frente al artiguismo y del levantamiento nacional por haber ofrecido a la nueva nación como colonia de la corona británica. Artigas desperdicio una gran oportunidad a partir de la nueva situación de doble poder que se generó tras la renuncia de Alvear, la entrada de los federales revolucionarios en Buenos Aires podría haber terminado con el poder de los centralistas, que se reagruparon en la asamblea del año XVI en el Congreso de Tucumán de 1816. 

Donde sí se declaró la independencia “6 años después de Mayo” y abiertamente las intenciones de terminar con la revolución (restaurar el orden y las leyes). La burguesía porteña y las elites tributarias del “interior” ya declaraba el fin de la revolución mientras San Martín cruzaba los Andes. En este congreso, en reuniones secretas se entregó la Banda Oriental a los portugueses del Brasil y a los sectores que protestaron frente a semejante acto de traición los deportaron como a Manuel Dorrego y el hermano de Moreno. 

Belgrano quien jugó un gran papel en Mayo y dos años después levantando la bandera independentista y en la defensa del norte, en 1815 se fue de viaje diplomático con Rivadavia y volvió muy cambiado. En Europa después de la caída de Napoleón triunfó la reacción que tomó cuerpo en la Santa Alianza. Esta nueva realidad lo afectó mucho y pasó los últimos años de su vida tratando de “restablecer el orden” en el Plata. Fusiló al federal artiguista Borges recrudeciendo la guerra civil e impidió la mediación de San Martín para lograr un acuerdo con Artigas que resistía en la Banda Oriental la invasión portuguesa. San Martín con los recursos del Cuyo logró vencer a los realistas que habían retomado Chile. Después de liberar el país trasandino avanzó hacia Perú, por mar con apoyo británico, y aplastó a los realistas en su plaza más fuerte. Debido a los fracasos anteriores, para no confrontar con la oligarquía derechista de la región, no avanzó en reformas con respecto a la propiedad de la tierra o la opresión de los originarios.

La clausura de la revolución

Recién en la crisis de 1820 se puede observar la declinación del proceso revolucionario del Plata, si bien la guerra de la independencia en el norte continuó hasta 1824. El santafesino López y el entrerriano Ramírez, vencieron a Buenos Aires y su poder centralista en febrero de 1820 en la primera batalla del Cañadón de Cepeda. El directorio y la asamblea que venían de Tucumán se disolvieron. El poder quedó a cargo de cada provincia, Buenos Aires siguió defendiendo su dictadura sobre los recursos nacionales: como el puerto y la aduana. López y Ramírez no tomaron la capital volviendo a cometer el mismo error que Artigas, en la crisis del 15-16. Al contrario realizaron un pacto (Pilar) “prebendista” de BsAs y abandonaron a su “propia suerte» a su líder Jose Gervasio de Artigas (Protector de los Pueblos Libres). Mientras San Martín también fue abandonado por BsAs en plena contienda independentista en Chile y Perú, demostrando las pocas perspectivas de esta Elite que solo le interesaba mantener su exportación y el libre comercio. Güemes fue traicionado por la elite salteña y asesinado por los realistas que quedaban en pie. Los federales del interior se transformaron en tributarios de la burguesía porteña y abandonaron la política revolucionaria que sostuvo el artiguismo.

Artigas traicionado, derrotado en batalla y aislado políticamente, se autoexilió en el Paraguay para nunca volver a su tierra del Plata. Un frente entre los centralistas y los federales más aristocráticos (terratenientes) logró hacerse con el poder en Buenos Aires después de una prolongada crisis, bautizada por los historiadores liberales como la “Anarquía del año 20”. Dorrego y el “bajo pueblo” organizado en milicias que lo apoyaban fueron derrotados, en una masacre olvidada por esta misma historiografía (y también por la revisionista) donde el joven Juan Manuel de Rosas, quien dirigió la carnicería, fue premiado con el “título” reaccionario, que ostento toda su vida política, de “Restaurador del orden y de las leyes”. Estos sectores, se apoderaron del poder provincial de Buenos Aires. Pusieron a Rivadavia nuevamente como ministro y endeudaron a Buenos Aires, poniendo de garantía al país. Buenos Aires sin el peso de la guerra de la independencia, sin el peso ni de la guerra civil que se detuvo por unos años después del “Pacto de Pilar” y sin el peso de la construcción de un estado nacional, prosperó en un proceso que fue denominado por la historiografía liberal como la “Feliz experiencia”: Donde aumentaron las exportaciones, las importaciones y sobre todo la toma de tierras fértiles hacia el sur. Por lo tanto se profundizó la guerra contra el “indio” para despojarlo de los territorios donde “vagaba libremente” y contra el gaucho para proletarizar en la estancia o mandarlo como carne de cañón a los fortines de la frontera. Con Martin Rodríguez como gobernador, Rivadavia como ministro y Rosas como caudillo militar, comenzaron las famosas “campañas del desierto”. 

Pero una herida seguía abierta y no paraba de sangrar, la Banda Oriental estaba aún invadida por los portugueses, que en el ínterin se habían transformado (en una especie de independencia aristocrática) en el Imperio Esclavista del Brasil. Los federales “más pudientes” estaban contra los brasileros porque se llevaban el ganado de las tierras orientales y los usaban para sus propios saladeros en Rio Grande do Sul. Y aparte que no veían con buenos ojos el nuevo intento de Rivadavia de  reorganizar el poder central en la forma de presidencia, apalancado por el capital británico que fluía en forma de crédito. Por este motivo apoyaron una expedición de patriotas de la “Banda” llamada “Los treinta y tres Orientales” que terminó sublevando todo el territorio contra los brasileños imperiales. En Buenos Aires, las cenizas todavía encendidas de Mayo, volvieron a convertirse en brazas ardientes. Los “Orientales” se reunieron en el congreso de Florida y se volvieron a declarar parte de las Provincias Unidas (Argentina). Manuel Dorrego desde su banca, primero en la legislatura y luego en el congreso nacional, reclamaba la guerra contra el imperio invasor y el sufragio universal. La guerra contra los brasileños fue ganada en batallas épicas (ituzaingó y la defensa de Patagones), pero Rivadavia  y sus secuaces entregaron todo en la mesa de negociaciones. 

Aparte al mismo tiempo las Provincias Unidas del Río de la Plata entraron muy pronto en cesación de pagos, en el cuadro del fracaso de la primera ola de préstamos a los nuevos estados latinoamericanos de parte del capital inglés. “El más grande hombre civil en la tierra de los argentinos”, según Bartolomé Mitre, (Rivadavia) huyó de la presidencia después de dejar al país endeudado, en quiebra, de entregar a la Banda Oriental y nuevamente en guerra civil. Después de una nueva disolución del poder central, Manuel Dorrego se hizo cargo del desastre, se vio forzado por el ejército inglés a reconocer lo que antes ofreció Rivadavia, la independencia del Uruguay por 10 años. Cuando el ejército (de la guerra contra el Brasil) volvió a Buenos Aires, comandado por Lavalle (la espada sin cabeza, apodado por San Martín) y el “manco” Paz, realizaron un golpe de estado de los centralistas que quedaban en pie después del estrepitoso fracaso rivadaviano. Persiguieron a Dorrego por la campaña y lo fusilaron, mientras el “Restaurador” observaba “sin intervenir” los brutales acontecimientos desde la seguridad de sus campos. Posteriormente, cuando el “trabajo sucio” ya estaba hecho, Rosas y López derrotaron a Lavalle, que después de volver con la traidora compañía de los invasores franceses, fue derrotado y perdió la vida batiéndose en retirada por Jujuy. 

Rosas, se hizo cargo de la herencia política de Manuel Dorrego, cuando en la práctica no era lo mismo. Dorrego era un Federal Popular, que más allá de sus claras limitaciones por ser tributario de la clase terrateniente a la cual pertenecía (el hermano era el principal socio de Rosas), siempre estuvo a favor de otorgar reivindicaciones al pueblo como el sufragio universal y la defensa de la Patria de Mayo. Rosas surgió como uno de los clausuradores del Mayo para imponer el orden de los terratenientes. Fue uno de los artífices de la disgregación Rioplatense, nunca estuvo de acuerdo con la unificación, ni con una constitución que pusiera en discusión la dictadura porteña sobre los recursos nacionales. Fue acusado por sectores federales del interior de montar el asesinato de Quiroga “El tigre de los llanos” para eliminar competencia en el “interior” pro unificacion. Y después de defender la soberanía nacional contra las pretensiones desmesuradas de las potencias beligerantes (Inglaterra y Francia) en las enormes batallas de Obligado y Quebracho, volvió a entregar “todo” en la mesa de negociaciones admitiendo la independencia definitiva del Uruguay para sacarse de encima definitivamente el bloqueo anglo-francés del puerto de Buenos Aires.

La disgregación, y el sometimiento sin restricciones que impusieron los liberales después de la caída del “Restaurador” nos llevaron, en la nueva etapa del imperialismo décadas más tarde, a convertirnos en una semicolonia de los ingleses. Donde los ingleses a partir de la etapa agro exportadora controlaban los bancos, los transportes y otros resortes de la economía, donde solo la oligarquía terrateniente se reservó la propiedad de la tierra. La industrialización nunca fue una política de estado, llegó como producto de la crisis de la gran guerra y del 1929. Fue tardía. liviana y se desarrolló solo en algunas ciudades. Esta es la historia de En “Nuestra Patria vasalla”, como la definió correctamente Gregorio  Liborio Justo (Quebracho) definió correctamente que la Burguesía no festeja demasiado Mayo para no hacerse cargo de las tareas que dejó pendientes. Y que hoy más que nunca es absolutamente incapaz de llevar adelante. Por esto es importante que los trabajadores conozcamos la historia para tener en cuenta cuáles fueron las tareas “clausuradas” de nuestra independencia a medias. Esa Burguesía que clausuró Mayo, es la misma que el kirchnerismo vino a reconstruir después del Argentinazo y que ahora apoya a Milei para que haga retroceder las condiciones de vida de la masas y restablecer su tasa de ganancia, Es incapaz de sacar a la Argentina de la crisis en que ella misma la ha envuelto. Es hora de sacar conclusiones.