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4 de julio: La revolución norteamericana

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4 de julio: La revolución norteamericana

250 años de la independencia de Estados Unidos de Norteamérica


El 4 de julio de 1776, las trece colonias norteamericanas del imperio inglés declararon su independencia. Fue el corolario de una prolongada lucha armada de los colonos contra el ejército británico. La misma fue el resultado del conflicto planteado entre los intereses del imperio británico y el de la naciente burguesía de las colonias, que como resultado del monopolio comercial que pretendía sostener Gran Bretaña en el norte de América impedía el desarrollo económico de la incipiente industria que comenzaba a crecer en las trece colonias, junto al comercio exterior del que necesitaban para obtener ingresos en la perspectiva de un mayor desenvolvimiento económico. Se trataba de un choque entre el chaleco de fuerza de las relaciones de producción que imponía la corona británica (bajo el reinado del rey Jorge III) y el desarrollo de las fuerzas productivas en las colonias. 

Antecedentes

Vencedora Gran Bretaña en la guerra de los siete años contra Francia, su rival histórica, al cabo de la misma, se convirtió en la potencia colonial, económica y naval hegemónica. Esto ocurría en 1763, luego de reconocer Francia su derrota firmando un tratado mediante el cual Gran Bretaña se apropiaba sus dominios americanos, desde Nueva Escocia hasta Florida y desde el mar hasta el Rio Misisipi. Esto tenía lugar en el marco de la revolución industrial en las islas británicas que cambió por completo la fisonomía de la economía inglesa que sustituyó la explotación agropecuaria por  la fabricación y comercio de productos industriales, sumada a la conquista de Australia y Nueva Zelanda.  

En forma simultánea las colonias norteamericanas tenían la característica de haber crecido poblacionalmente, contaban con una tercera parte de la población blanca cuyo origen no era inglés. Se trataba en gran parte de irlandeses y holandeses con posiciones antagónicas a los ingleses. Contaban, como se ha señalado con una población abundante, aproximada a los tres millones de habitantes.  

Las condiciones naturales en las que los colonos debieron desenvolverse se caracterizaron por la existencia de fecundos bosques ricos en diversas maderas, como el roble, el pino y otras especies en abundancia. Esto propició el desarrollo de la industria naviera. Al mismo tiempo, cabe destacar que la existencia de una gran riqueza pesquera en el océano Atlántico dio lugar al desarrollo de la industria pesquera. La existencia de astilleros permitió la construcción de barcos con fines pesqueros pero también con una finalidad comercial. Nueva York, por ejemplo fue uno de los principales puertos creado  con ese propósito. Puede agregarse que en esos mismos bosques había especies de animales cuyas pieles eran muy cotizadas, y también objeto de comercio tanto en las colonias como con propósitos exportables. La costa del norte se convirtió en el centro de las construcciones navales y subsidiarias como la fabricación de velas. Corría la mitad del siglo XVIII cuando Nueva Inglaterra botaba setenta buques de gran capacidad por año. Nueva York y Pennsylvania hacían  lo propio con cincuenta y en el sur ocurría lo mismo con cuarenta barcos. Los propietarios de Astilleros del río Támesis (Inglaterra) comenzaban a quejarse por la competencia que esto implicaba. A su turno, la caza de ballenas hizo surgir una industria con un derivado de ese mamífero acuático, como la estearina, materia prima para fabricar velas para alumbrar, una verdadera revolución  para la época, que desde el punto de vista productivo permitió la extensión del trabajo durante las noches.  

Acabamos de señalar la importancia de la industria pesquera, segunda en importancia en esa época, y desde luego el tabaco que estaba en primer lugar

Un detalle de importancia es que mientras duró la guerra de los siete años los negocios para los colonos atravesaron por una etapa de prosperidad. Los franceses, rivales del imperio británico compraban provisiones  a los productores y comerciantes de las colonias, pagando altos precios, del mismo modo que el ejército británico necesitaba alimentar a su tropa y satisfacer otras necesidades. Así los agricultores y plantadores norteamericanos, del mismo modo que los comerciantes obtenían considerables beneficios, y los buques mercantes también realizaban operaciones comerciales muy provechosas. Muchos de ellos amasaron importantes fortunas. No menor importancia tenía el contrabando para burlar las restricciones mercantilistas de la corona inglesa.

Las medidas sancionadas por el parlamento ingles contra el desarrollo autónomo de las industrias de las colonias fueron abundantes. Se estableció  la prohibición  a los colonos de establecerse más allá de la línea de los montes Apalaches, lo cual obstaculizaba el crecimiento económico de los mismos. En 1773 comenzó el patrullaje de la Real Armada de las costas para hacer cumplir las leyes comerciales del monopolio inglés e impedir el contrabando, premiando a los oficiales británicos con un tercio de las mercancías secuestradas. De ese modo crecía la recaudación del erario británico, que durante la década de 1760 había acumulado dos mil libras anuales contra  un promedio de 30.000 libras  entre 1768 y 1774. La corona británica pretendía liberarse de todos los gastos administrativos cargándolos sobre las espaldas de los habitantes de las colonias. Esa era la finalidad de la llamada Ley del Azúcar, que imponía tasas sobre la melaza y el azúcar refinado e incluía otros sobre  el ron, los vinos, el café, la seda, el índigo y productos textiles no británicos. Los mismos debían abonarse en plata. Todos  los procesos por la violación de las leyes comerciales británicas se llevaban a delante bajo la jurisdicción del vicealmirantazgo británico. Se reforzó la política represiva para hacer cumplir esas leyes estableciendo allanamientos. Se prohibió el uso de moneda de curso legal para impedir que los colonos ejercieran libremente el comercio. En 1762 se designó un superintendente de Negocios Indianos, sustituyendo en esa función a quienes antes lo hacían, es decir: los gobernadores y legislaturas situadas en Norteamérica. La misma cumplía la función de garantizar el control permanente de la corona. Los productos exportados desde las colonias, aunque fuera a otros destinos fuera de Inglaterra, debían desembarcar previamente en las islas británicas para pagar derechos. Estos productos incluían la madera, cueros y pieles, hierro en barras y lingotes, potasa hidratada y purificada.  Semejantes medidas monopólicas aplicaba el imperio español sobre sus colonias latinoamericanas. El imperio británico al finalizar la guerra de los siete años estaba temeroso de que las tropas francesas licenciadas ocasionaran disturbios en las colonias, o al menos ese fue el argumento para tomar medidas como la instalación de fuertes al oeste y crear un ejército regular de diez mil hombres y equiparlos. Eso había que financiarlo. El parlamento británico resolvió que fueran los colonos quienes lo hicieran con leyes que ya hemos mencionado y con un control más estricto del contrabando a través del fortalecimiento del patrullaje de las costas por parte de la marina inglesa, cuya misión era expropiar todo navío que violara las leyes sobre el contrabando y el comercio, que para la corona debía estar reservado con exclusividad a la corona.

El parlamento británico no cesaba en su ofensiva contra el desarrollo industrial y comercial de las colonias. En ese sentido es que aprobó el Acta del Timbre, que gravaba testamentos, licencias de matrimonio, folletos, naipes, periódicos, etc. para pagar la deuda ocasionada por la guerra y sostener al ejército británico acantonado en las colonias. La sanción de esta norma en 1765 desató una resistencia imparable, fue el detonante, aunque la misma venia madurando hacía tiempo. Las clases más adineradas dieron comienzo saboteando el pago de esos impuestos tan onerosos, estimulando a otras clases sociales (artesanos y agricultores), siendo destacable la irrupción de la juventud de las colonias. Pronto la franja más plebeya de las colonias tomó  la iniciativa mediante la acción directa: palizas a distribuidores de timbres, incendio de almacenes, maltrato a los recaudadores. Surgieron organizaciones de lucha al calor de la resistencia popular en las colonias: Hijos de Neptuno (trabajadores marítimos), Los hijos de la Libertad y otras. Había lucha de barricadas.

En las diversas colonias, que antes tenían un vínculo particular con la corona de Jorge III, comenzaron a unirse en un reclamo común, aunque cada una tenía su particularidad. En Virginia los colonos lanzaron una proclama: “Los súbditos de su majestad en las colonias no están obligados a obedecer las leyes financieras que no hayan sido votadas por sus propias legislaturas”(una forma de organización de las colonias a pesar de  que formaban parte del imperio británico),  derecho consuetudinario vinculado al desarrollo económico que habían obtenido y que la corona pretendía abrogar. El discurso de uno de los destacados activistas de esa asamblea( de apellido Henry) fue muy agresivo contra la corona inglesa: “Tarquino y Cesar tuvieron su Bruto, Carlos I su Cromwell y Jorge III……”, siendo interrumpido con aclamaciones. La colonia de Massachusetts tomó la iniciativa de convocar a una asamblea en Nueva York para pedir justicia al monarca británico. Esta resistencia, fundamentalmente por el boicot al pago de impuestos por parte de los colonos iban dañando fuertemente las arcas del león británico .En 1765 el boicot ocasionó un desfasaje en el comercio de 600.000 libras, afectando a la gran banca británica y a la gran burguesía inglesa. El boicot, entonces tuvo su primer resultado: la abrogación de la ley de timbres en 1766. Pero no tardaron en volver a la carga en 1767 con nuevas leyes coercitivas: derechos sobre el vidrio, el plomo, los colorantes, el papel, el té. No vinieron solas. Fueron acompañadas  de un cuerpo de comisarios de aduanas. El imperio avivaba la llama de la rebelión echando más combustible. Y, en efecto, las medidas de la corona fueron un acicate a la rebelión. Hubo un nuevo boicot y enfrentamientos armados. Pero lo destacable fue la merma del saldo comercial para el imperio británico. En 1769 las importaciones inglesas sufrieron una pérdida de un millón de libras. El impacto que ocasionó  el boicot se tradujo en la derogación de todas las cargas impositivas por parte del parlamento inglés, menos el impuesto al té, lo que permitió  que las colonias siguieran importando productos británicos, menos el té.

La Compañía de las Indias Orientales sufría por el año 1773 una crisis financiera, debido a que el boicot de las colonias al ingreso de mercancías provenientes de la India como el té, sedas, especias, etc., la habían dañado en forma considerable, circunstancia que llevó  a Jorge III a otorgar una franquicia monopólica a esa poderosa empresa comercial que ejercía el monopolio. Lejos de mejorar la situación de la corona británica con las colonias, esta decisión agravó las tensiones .En Charleston el té fue desembarcado pero no se pudo vender. En Nueva York y Filadelfia no se pudieron bajar los cargamentos de los barcos.  

Entre los colonos había una disputa en torno a la orientación que debía seguir la lucha contra el imperio británico vinculada a las clases sociales a las que pertenecían. Los capitalistas comerciales pretendían solo evitar las medidas del imperio que los afectaran, e intentaron siempre evitar choques. Los plantadores tenían deudas con los bancos londinenses, que les ocasionaban un enorme rechazo. Había quienes debido al sistema de monopolio comercial de Inglaterra vendían materias primas baratas a la metrópoli para comprarle caro, circunstancia que los impulsaba a un choque con ella. George Washington, uno de los líderes de la lucha independentista era un plantador y sus dichos pintan de cuerpo entero la crisis entre la clase de los plantadores con el imperio británico: “La verdad es que toda nuestra riqueza en cierto modo huye hacia Gran Bretaña”. La situación de los plantadores de Virginia, tal como la describía Washington los llevaba a un conflicto inexorable. No debe dejar de considerarse el papel de la juventud, en especial la estudiantil. En “Biografía del Tío Sam”, su autor, Rafael San Martin, pone énfasis en el papel de los estudiantes de la universidad de Yale, que organizaban manifestaciones lanzando huevos contra los profesores que defendían la sujeción a Inglaterra.

También se había organizado un movimiento denominado Hombres del Minuto, formado por campesinos con disposición a tomar las armas en cualquier momento. La insurgencia estaba directamente vinculada a los intereses de una joven y pujante burguesía existente en las colonias que luchaba por el control del mercado doméstico sumado a la influencia dominante de la filosofía liberal que expresaba esos intereses.         

La respuesta de la corona inglesa a los diversos boicots de los colonos, en especial el ocurrido en Boston con el té -en diciembre de 1773, colonos disfrazados de indígenas abordaron tres naves fondeadas en el puerto y arrojaron a las aguas paquetes con 46 toneladas de té, pertenecientes a la Compañía de las indias Orientales-, fue violenta en términos políticos. En el transcurso de 1774, según consigna Herbert Aptheker  en su “Historia de la revolución norteamericana”, la corona promulgó una serie de disposiciones conocidas por los colonos como Leyes Intolerables. Por ejemplo, se decretó que la ciudad de Boston permanecería cerrada al comercio ordinario hasta que pagara daños  a la compañía  y los derechos a los oficiales de la aduana. Por orden real Boston dejaba de ser la capital de Massachusetts, trasladándose a Salem. Los miembros de la cámara baja de la legislatura del estado ya no iban a ser elegidos por la cámara alta de la legislatura del estado mencionado, siendo reemplazados en esa función por el rey. El gobernador, una suerte de virrey a partir de esa determinación nombraría a todos los funcionarios que harían cumplir las leyes emanadas de la monarquía británica, incluidos los alguaciles o comisarios, una modificación sustancial, ya que hasta esa resolución eran electos por el pueblo.  Si un funcionario designado por la corona cometía un crimen grave, en interés de ella, era juzgado por las leyes y bajo jurisdicción inglesa. La multitud de tropas inglesas llegadas a las colonias  debían ser alojadas no solo en edificios desocupados, sino en casas habitadas. Se trataba de un avasallamiento a los colonos, que estos sentían como una afrenta e irrupción  en sus vidas inaguantable. También, y con propósitos muy dañinos para las colonias el parlamento ingles sancionó la llamada Ley de Quebec en 1774, que extendía las fronteras de Canadá hasta el rio Ohio abarcando los actuales estados de Michigan, Illinois, parte de Minnesota y Wisconsin, triplicando el territorio de Canadá. Lo que fue interpretado por los colonos como una medida para poner coto al crecimiento de las 13 colonias, y se agregaba un ataque a los  traficantes de pieles y especuladores de tierras norteamericanos. Además, destaca  Aptheker que  los colonos de Connecticut,, Virginia y Massachusetts  defendían su derecho a ese territorio. Asimismo establecía un régimen político autocrático en colonias que hasta ese momento tenían métodos de resolución de su vida económica, social y política, relativamente autónomas. 

Las medidas económicas contra las colonias por parte del imperio ingles debían inevitablemente culminar en  su correlato político, incluido el represivo por parte de la corona. Y así ocurrió. Pero también tuvo su respuesta por parte del pueblo de las colonias, que como ya estamos anticipando fue de movilización y lucha de un pueblo oprimido.

La lucha de clases al interior del movimiento independentista

Como venimos señalando, los colonos tenían hasta las medidas represivas de la corona inglesa, un cierto nivel de autonomía. Había elecciones, en las que solo votaban los hombres adultos. Hebert Aptheker da cuenta de las mismas. En las elecciones bajo el régimen legal de las colonias durante 1760 y 1761 en Filadelfia, Baltimore, Nueva York y Boston , gran parte de Connecticut  y Georgia los resultados electorales expresaban una inclinación clara al lado del partido patriota, cosa que se repitió en 1771, 1772, 1775 y  especialmente en 1776.

Pero hay que destacar el funcionamiento de los cabildos abiertos, verdaderas asambleas multitudinarias urbanas y rurales que congregaban a miles de personas, especialmente durante el choque que en la década del 60 y 70 del siglo XVIII se desarrollaba entre la corona y los colonos. Así  fueron las grandes asambleas contra las leyes de sellos, del té y la masacre de Boston en 1770 en la que el pueblo bostoniano salió a la calle arrojando palos, piedras y bolas de nieve a las tropas británicas, que abrieron fuego asesinando a cinco colonos. Un hecho emblemático fue el rumor falso  sobre el hecho de que las tropas del general británico Gage habían asesinado en Massachusetts a seis personas en 1774, rumor que fue respondido  por una movilización de 80.000 hombres hacia Boston , armados, de acuerdo al historiador Edward Channing.

En abril de 1776 Joseph Hawley, un dirigente revolucionario escribía   a Sam Adams, uno de los líderes independentistas, y más adelante presidente de Estados Unidos, quien se encontraba en Filadelfia en el congreso continental lo siguiente: “El pueblo se encuentra ahora a la vanguardia (respecto del congreso) y el único modo de evitar la discordia y la desunión es golpear mientras el hierro esté caliente. La sangre del pueblo arde demasiado para admitir demoras”.

Con todo, en el campo independentista había una lucha de intereses entre los trabajadores y la burguesía adinerada, parte de la cual, buscando el orden y la defensa de sus intereses se paso al bando tory (británico).  

La alarma cundió entre los funcionarios británicos en las colonias frente a los hechos que daban cuenta de la irrupción de franjas oprimidas de la población de las colonias.

La Junta Norteamericana  de Apoderados de Aduanas, con asiento en Boston  comentaba con alarma, en uno de sus primeros informes al Tesoro de Londres, acerca de las reuniones populares, acerca de sus manifiestos propósitos políticos en el transcurso del año 1768 : “En estas reuniones los artesanos más bajos  discuten puntos capitales de gobierno con la mayor libertad” .

Por esa época, el gobernador de Georgia de apellido Wright escribía a sus mandantes de Londres sobre la aparición  de órganos revolucionarios locales y nacionales: “En esta provincia  tenemos circunstancias más desgraciadas que en cualquier otra, porque en nuestros tribunales whig (los de inclinación política independentista) hay muy pocos hombres con habilidades, es decir, caballeros o propietarios.”

Hubo muchas más manifestaciones de esta naturaleza y con las mismas preocupaciones. La oficialidad del ejercito patriota estaba formada por grandes propietarios, la tropa eran los pequeños granjeros, artesanos, y obreros. Muchos de ellos inmigrantes irlandeses y escoceses. El trato entre la oficialidad y la tropa era como en todo ejercito burgués, de desprecio y lleno de arbitrariedades. En 1781, cuando aun subsistía la guerra entre Inglaterra y Estados Unidos, tuvo lugar un episodio entre la oficialidad formada por los grandes propietarios adinerados y la tropa de un batallón formado por soldados irlandeses y escoceses, por mal trato, mala alimentación y falta de pago a la tropa, mostrando lucha de  estos soldados rasos, que comprenden que deben luchar primero contra sus opresores internos para hacerlo contra los extranjeros, del cual da cuenta en su novela Los soberbios  y los libres, Howard Fast.  Una réplica novelada de episodios que ocurrieron en la Línea de Pennsylvania, durante la guerra de la independencia.  

Pero la imparable tendencia a romper con el imperio británico iba a estar acotada y contenida por la burguesía norteamericana, que le daría su naturaleza de clase a la revolución. Un ejemplo de cómo actuaria la burguesía norteamericana independentista es el gobernador Morris de Nueva York, quien  confiaba en  que sería posible derrotar a Gran Bretaña, pero  conservar  el gobierno “de los ricos, capaces y bien nacidos” Aunque no dejaba de mencionar sus temores: “El rebaño, simple como es, no puede ser engañado como hasta ahora. En una palabra, no hay modo de gobernarlo; y para cambiar de metáfora, las cabezas de las ovejas se están volviendo peligrosas para la clase distinguida, y el problema reside en cómo mantenerlas bajas”.

A pesar de que el predominio de la burguesía terminaría siendo decisivo en el carácter de la revolución, no dejó de haber expresiones de lucha con los métodos de la clase obrera, todavía débil en número , concentración y organización .En 1768 los trabajadores portuarios de Nueva York se negaron a  descargar las mercancías británicas. Los obreros de la construcción se negaban a construir fortificaciones inglesas en la misma ciudad. Los sastres realizaron una huelga en 1768 y los de la construcción en 1769 para obtener mejores condiciones laborales y salarios.

A pesar de que la incipiente clase obrera norteamericana, tal como hemos narrado, tuvo su intervención con sus métodos, la composición del congreso que se iba a reunir en Filadelfia  el 5 de septiembre de 1774 reflejaba una minoría obrera. Doce de las trece colonias enviaron delegados. No Georgia, por no haberlo podido elegir. Fueron 56 esos elegidos por sus respectivas asambleas. Más de la mitad eran abogados, dieciocho plantadores y comerciantes, tres empleados públicos, tres molineros, un carpintero y un agrimensor. La derecha del congreso tuvo un planteo de unidad entre la corona inglesa y las colonias, no había una idea de independencia. En  rigor, nadie tenía un planteo semejante. Antes bien, se realizó un pliego de demandas al rey, que al mismo tiempo que mostraba las ataduras a Gran Bretaña, expresaba su debilidad, en la medida en que chocaban sin remedio con la política imperial. El pliego era así: todos los derechos y privilegios (para los colonos) que poseían los ingleses, la abolición de las leyes intolerables, rechazo de los impuestos sin representación( los dictados por la corona y el parlamento inglés), y enfatizaba sobre el hecho de que los colonos tenían derecho a la vida, la libertad y la propiedad, y  que jamás habían  concedido a poder soberano alguno, la facultad de disponer de ellas “sin su consentimiento”. No era la declaración de la independencia, pero la pavimentaría. Aunque en sus declaraciones seguían denominándose “súbditos de su majestad” su programa llevaba a la ruptura, y aún más sus acciones. A partir del 1° de diciembre de 1774, los delegados convinieron en que debían cesar todas las importaciones provenientes de Gran Bretaña e Irlanda. Esto iba a incluir las importaciones de índigo, esclavos o té de la India Oriental (India) y ejercer el boicot a la mayor parte de los productos importantes de  que vinieran de las Indias occidentales británicas, y tampoco iban a exportar productos importantes  a esos lugares. La condición para hacerlo era la abrogación de las Leyes Intolerables.  

Pero la presión se ejerció de diversas formas. A fines de 1774 en Worcester, Massachusetts, todos los herreros se comprometieron públicamente a no realizar ningún trabajo o negocio de ninguna especie para cualquier persona o personas, conocidas comúnmente con el nombre de tories (personas acaudaladas económicamente partidarias de Gran Bretaña).

En noviembre de  1774, en una decisión, que confrontaba claramente con el gobernador británico de Massachusetts, los colonos que seguían las directivas del congreso continental y las asambleas populares, comenzaron a fabricar localmente armas,  designaron generales, se organizaron milicias,  reunieron pertrechos militares y en aldeas y villorrios surgieron cuerpos de voluntarios a quienes se dieron el nombre de Guardia Nacional. Los hombres que se enlistaban se ejercitaban en el arte militar al menos dos veces a la semana, elegían a sus propios oficiales y acataban sus órdenes. Las asambleas populares también  desarmaban a los tories para armar a los patriotas. Es decir: había un programa, había una organización popular que decidía una acción resuelta y había milicias armadas para emprender la lucha para arrancar ese programa. Se les informó a los tories de Worcester que serian desarmados, y se les exigió la entrega de las armas.

 En Maryland el gobernador inglés quiso desconocer las asambleas patriotas y sus resoluciones. Fue depuesto  por el congreso revolucionario y reemplazado por  éste en 1775. En Nueva York ocurría algo similar. Y las tropas del ejército ingles desertaban para plegarse a las milicias. Se iban sumando hechos, que concatenados, configuraban una situación revolucionaria.   

En todas las colonias se fueron realizando congresos provinciales desde 1775 hasta la declaración de la independencia formal, que pavimentaron e hicieron madurar esa resolución.

Los choques políticos y los progresos obtenidos por los llamados patriotas, también en términos de armamentos iban a desembocar en choques armados.

Los primeros de ellos con cierta magnitud y relevancia fueron los de Lexington y Concord el 19 de abril de 1775 (corolario de otros choques armados). En estos, las milicias formadas por los minute men (hombres dispuestos a combatir a la menor necesidad) derrotaron a las tropas inglesas, luego de haber sido advertidos de que habría un ataque por sorpresa por parte de gente infiltrada entre sus tropas, lo cual revela a su vez, que tenían un sistema de espionaje. La tropas británicas se replegaron a Boston. Un detalle importante es que  a partir de ese hecho esa ciudad fue sitiada, y en 17 de marzo de 1776 las tropas norteamericanas independentistas desalojaron a los británicos de la capital de Massachusetts.

Los acontecimientos mencionados habían sido el resultado del endurecimiento de la corona británica que no renunciaba a mantener a las colonias bajo su sometimiento, en función de la riqueza que esto implicaba y de los beneficios que obtenía en el cuadro de su crecimiento industrial.

Es que además de los hechos de Lexington y Concord el ejército  británico había incendiado Charleston,  la captura de embarcaciones  y la declaración de la ley marcial por parte del comandante ingles Gage contra los patriotas, colocaban un punto sin retorno. En respuesta a esta determinación británica la respuesta de los colonos fue elocuente; publicaron una resolución  el 6 de julio de 1775 llamada  “Declaración de las causas y de la necesidad de empuñar las armas” escrita por  Thomas Jefferson  y John Dickinson, integrantes del congreso. Manifestaba: “Se nos reduce a la alternativa de elegir entre una sumisión incondicional a la tiranía de ministros irritados o resistir por la fuerza. Esta última es nuestra elección…”

Y continuaba: Nuestra causa es justa. Nuestra unión perfecta. Nuestros recursos internos grandes, y si resulta necesario, sin duda obtendremos ayuda extranjera.”

Y esta afirmación es notable porque expresa como aun en 1775 subsistía  la ilusión en la posibilidad de un acuerdo con el imperio británico so0bre la base de la concesión por parte de este de las exigencias de los colonos: “ No pretendemos disolver la unión( en el imperio) que tanto y tan felizmente ha subsistido entre nosotros, y que sinceramente, deseamos ver restaurada. La necesidad no nos ha arrastrado todavía a una medida desesperada” . Esta última  oración expresaba que existía la posibilidad de separarse del imperio, y que los congresistas la contaban entre las posibles decisiones, si sus intereses no eran atendidos.

Pero los intereses de la corona, que no eran más que los de la clase capitalista inglesa en pleno y pujante desarrollo, la empujaron a una pronta respuesta, que llevaría a un choque inconciliable. El 23 de septiembre de 1775 la respuesta fue , en una Proclama para suspender la rebelión y la sedición: Los súbditos norteamericanos, mal dirigidos por hombres peligrosos y mal intencionados habían procedido a inaugurar y patrocinar la revolución”. Y ordenaba a todos los oficiales de su majestad “ que sofocaran  tal rebelión y que llevaran a los traidores ante la justicia” y llamaban a la delación instando a los súbditos a “que revelaran  e hicieran conocer las conspiraciones…”. A fin de que los criminales que afligían a su alteza “sufrieran el castigo que merecían”. El camino hacia la declaración de la independencia estaba allanado.

La Declaración de la independencia omitió deliberadamente la abolición de la esclavitud

Hemos visto de que forma el tránsito hacia la declaración de la independencia fue madurando, luego de los intentos infructuosos por hallar un acuerdo provechoso para las colonias en términos económicos y políticos. Thomas Jefferson fue el encargado de redactar el texto de dicha declaración. Contaba con solo 33 años. El texto original fue objeto luego de tachaduras importantes al redactarse la versión definitiva. En especial la relativa a la esclavitud y el tráfico de mercadería humana. Jefferson, al decir de Aptheker,  “vilipendiaba al rey por vetar los repetidos intentos coloniales de desterrar o restringir el tráfico de esclavos africanos, y no solo denunciaba este comercio sino el sistema de producción al cual servía”. Pero los delegados de Georgia y Carolina del sur, colonias esclavistas, y los de Massachusetts,  Rhode Island y Connecticut, que sacaban provecho del tráfico de esclavos,  instaron  a que el párrafo dedicado a su condena fue anulado. Esa condena fue sustituida por un texto diluido y cuyo sentido era completamente opuesto al que pretendía Jefferson: Se acusaba al rey  por haber estimulado las  insurrecciones domésticas entre nosotros” Este aspecto de la independencia norteamericana revelaba la renguera de loa que padecía en los referido al completamiento de una revolución democrática, que con la mantención  de la esclavitud contenía una herida fundamental. Y esto estaba vinculado a que el negocio capitalista de la producción de tabaco, arroz y caña de azúcar eran sumamente rentable en el mercado interno e internacional. Se ponía de relieve la incapacidad de la burguesía de completar una revolución democrática. Es que en las colonias había en esa época 600.000 esclavos, en una población de casi tres millones de habitantes.

La  constitución norteamericana se sancionó once años después de la declaración de la independencia, pero la influencia en su redacción por parte de la convención constituyente que a esos efectos se reunió, de los terratenientes y comerciantes, fue la misma que produjo la anulación  de los párrafos escritos por Jefferson en la declaración de la independencia en 1776.La sancionaron 55 delegados de los cuales, catorce eran especuladores de bienes raíces, quince propietarios de esclavos. Solo había un puñado de demócratas contrarios a la esclavitud. El texto de esa constitución no hace referencia a la palabra esclavo.El articulo 1, sección  2 de la misma dice: “…. La población de los distintos estados se basa en el número  de personas libres” y las tres quintas partes de las demás personas”.  Engels, en el Anti Duhring expresa sobre esta cuestión: “El carácter específicamente burgués de estos derechos humanos queda demostrado por el hecho de que la Constitución  norteamericana, la primera en reconocer los derechos del hombre, confirmó en el mismo aliento la esclavitud de las razas de color en  Norteamérica”. Richard O´Reilly en su obra “El Pueblo negro de Estados Unidos: Raíces históricas de su lucha actual” afirma sobre la cuestión: “Como la constitución de los Estados Unidos fue obra de una coalición de comerciantes, especuladores de tierras y latifundistas propietarios de esclavos, desde su mismo comienzo el gobierno de la nación defendió los privilegios de esos explotadores”. En este punto, Los congresistas  Jefferson y Madison, representantes de los pequeños agricultores y artesanos fueron derrotados. En su obra “La abolición de la esclavitud en Norteamérica”, Hebe Clementi, coincide con esa afirmación.

Un aspecto relacionado con los derechos de las mujeres y su igualdad con los hombres estaba completamente ausente también. Abigail Adams, esposa de uno de los próceres de la independencia, lo advirtió críticamente: “No puedo decir  que píense que os portáis muy generosamente  con las damas; porque en tanto  proclamáis  la paz y la buena voluntad entre los hombres, queriendo emancipar a todas las naciones, insistís en conservar un poder absoluto sobre vuestras esposas”. También, la esposa de Adams se pronunció contra la esclavitud.

La posición de los independentistas respecto a la esclavitud fue perniciosa y contraria a la lucha que los colonos estaban librando. El ejército no admitía soldados negros, por temor a que portando armas, estas fueran usadas para luchar por la emancipación de los esclavos (cabe aclarar, sin embargo, que unos cinco mil negros revistaron en el ejército norteamericano, (aunque sin armamento, realizando otras tareas). Las leyes de persecución a los esclavos que huían era aplicada con ferocidad por los estados en los que la esclavitud era un modo de producción destacado. Y en los otros estados, donde esto no ocurría, la ley no protegía a los esclavos que buscaban protección y libertad en ellos; eran devueltos al estado del cual habían escapado.

Este conjunto de disposiciones, sumadas a la voluntad de los esclavos de obtener la libertad, matando a sus amos, viviendo de  saqueos a granjas para poder sostenerse mientras huían, etc., pretendió ser usado por el imperio inglés en Norteamérica. Una proclama del 7 de noviembre de 1775 firmada por Lord Dunmore, gobernador real de Virginia, ofreció la libertad a todos los esclavos rebeldes que pudieran empuñar armas y llegaran a su ejército. La Junta de Seguridad de ese estado lanzó una contra proclama advirtiendo a los esclavos que era una trampa porque Inglaterra también tenía esclavos, pero nunca los liberó. Con todo, según refiere Aptheker, muchos huyeron y se presentaron al ejército inglés, pero encontraron sólo  enfermedades y la muerte. Según Thomas Jefferson solo en 1778 Virginia había perdido por esta razón 30.000 esclavos. También, en este contexto bélico, en Georgia, Carolina del Norte, Nueva York, Delaware, Nueva Jersey y Maryland habían huido 100.000 esclavos.  Los propietarios de esclavos, en definitiva, de esta forma debilitaban la lucha por la emancipación norteamericana.   

Sin embargo, en referencia a la participación de los negros en las filas de los colonos, combatiendo al imperio ingles hubo algunas excepciones. Para alistarse en el ejercito debían llenar engorrosos trámites burocráticos, pero la marina no adoptó una política de superioridad, habiéndose registrado muchos infantes de marina negros, desde grumetes a pilotos. Estas excepciones eran un rayo en cielo sereno ya que con el respaldo de Washington, el congreso continental aprobó una  resolución en 1775 contraria al reclutamiento de soldados negros libres o esclavos.

La cuestión militar, un factor político esencial

Que la guerra es la continuación de la política por otros medios se ha revelado como cierta en el transcurso de la historia humana, que es la historia de la lucha de clases. La guerra por la independencia norteamericana ha sido una constatación más de ambos conceptos.

Gran Bretaña era la nación más poderosa desde todo punto de vista habiendo pasado la mitad del siglo XVIII. Tenía el ejército regular más poderoso numéricamente y en materia de preparación bélica, apoyada en un desarrollo industrial insuperable en esa época. Las milicias revolucionarias de las trece colonias, que tenían la virtud de apoyarse en la convicción popular, tenían la desventaja de la ausencia de experiencia y de un armamento pobre. La armada inglesa venia de vencer a otras muy poderosas como la española, la holandesa y la francesa. El imperio inglés, al mismo tiempo, despreciaba las posibilidades de los alzados insurrectos de las colonias considerándolos inferiores.

Sin embargo, los choques bélicos entre el ejército  de “su majestad” y las milicias de las colonias fueron echando por tierra los prejuicios respecto a la ineptitud e inferioridad de estos. Los soldados británicos esperaban encontrar frente a ellos un amplio apoyo de la población, en la medida en que la caracterización de sus oficiales sobre los revolucionarios era que eran fanáticos incapaces, que actuaban aislados.

La experiencia fue demostrando lo contrario. En efecto, a fines de 1774, el general Gage, comandante del ejército ingles en las colonias informó a Lord Dartmouth que la solidaridad de la población con los combatientes de las colonias tenía una enorme solidez, debido a que ella misma integraba las milicias. Y esto era una confirmación de que la lucha armada era el método que usaba el pueblo de las colonias para alcanzar las reivindicaciones económicas y políticas, que por otros medios iban a ser imposibles de alcanzar.

Así como la guerrilla frente al ejército británico resultaba eficaz contra las tropas inglesas en los choques en tierra, método  al que no estaban acostumbrados los oficiales y soldados de la corona, la guerra marítima tuvo las mismas características. En 1775 el congreso de las colonias creó algo que podría resultar parecido a una armada, aunque no actuaba como una escuadra naval coordinada. Su propósito nunca fue enfrentar en forma abierta y frontal a la mejor armada del mundo de la época, la inglesa. Según Apthaker consigna, las naves de las colonias  hacían raids sorpresivos para conseguir provisiones. Estos buques junto a los corsarios (que obtenían parte del botín) prestaron un servicio a la revolución norteamericana introduciendo importante cuota de provisiones , mediante el comercio con las Indias occidentales, burlando el bloqueo británico, y destruyeron  miles de toneladas de mercancías inglesas. Tanto es así que durante los primeros veinte meses de lucha los corsarios dieron cuenta de 753 barcos mercantes ingleses.

También la flota francesa, rival de Gran Bretaña en la lucha por el dominio mundial jugó su rol  junto a las guerrillas patriotas, propinándoles derrotas considerables y centenares de bajas( sitio de Yorktown, en Gloucester,, en Nueva York y otros).

La guerra norteamericana abrió una crisis en Inglaterra e Irlanda

También existían franjas de las tropas y la oficialidad británica con una muy baja moral en el combate. Esto obedecía a que en las islas británicas existía una crisis alrededor de la lucha de los colonos contra el imperio. Según Aptheker gran número de oficiales británicos se negaron a participar de esa guerra. Uno de ellos, el almirante Augustus Keppel se negó de plano a comandar barcos que lucharan contra Norteamérica. Fue por eso sometido a una corte marcial que terminó absolviéndolo. A imitación de este almirante, Lord Effingham se negó a hacerlo también. Es decir que en torno a la guerra sostenida por el imperio ingles tenía lugar una crisis. En el fondo, lo que venía ocurriendo era que el ejército y la armada británicas sufrían derrotas y atravesaban por dificultades inesperadas, que llevaban a una guerra más prolongada que contradecían los pronósticos iníciales. Y eso, a la postre, ocasionaba pérdidas financieras de importantes proporciones.

En ese contexto crecía la simpatía popular en Gran Bretaña. Esta simpatía ya la venia pronosticando  en 1765 el conde de Malmesbury, quien afirmaba: “Vivimos en una época en que se maltrata con el mayor libertinaje a todas las personas prominentes que se hallan entre nosotros y proseguía: “Poseo la certeza de que el ejemplo norteamericano influirá con fuerza en nuestra masa”. En 1776 Lord North reconocía las dificultades de reclutamiento en la metrópoli para ir a combatir a Norteamérica. La prensa inglesa también reflejaba la crisis. El Leeds Intelligence de diciembre de 1773 informaba que en Yorkshire sucedia lo siguiente: “En varias ciudades del East Riding del condado, los clubes de campesinos se han agrupado bajo el nombre del Club de la libertad…la ley fundamental de la asociación expresa que se unirán en futuras elecciones para apoyar a los candidatos que realmente se comprometan  a promover parlamentos cortos y la abolición del diezmo”.

La crisis se ponía de manifiesto también a partir de 1770 por medio de huelgas prolongadas  en Manchester  en septiembre y octubre de 1779. Salieron a la calle miles de hombres portando guadañas y fusiles defectuosos, que fue reprimida por el ejército inglés. Y estos acontecimientos se repetían sin solución de continuidad.

Un profesor de apellido Coupland sostuvo en relación a estos hechos : “…que el colapso  del sistema gubernamental de Jorge III  se debió a las desgracias y reveses de la guerra colonial es uno de los hechos históricos más ciertos.” En la misma sintonía el escritor Richard Price decía lo siguiente: “Serán los mismos británicos  quienes salgan más gananciosos con la Revolución” si obran con la prudencia suficiente en debida forma el control asumido sobre el despotismo de sus ministros y recoger la llama de la virtuosa libertad que ha salvado a sus hermanos norteamericanos.”

En Irlanda, nación sometida a Inglaterra también había una situación explosiva contra la corona, entre otras cosas porque normas que tenían una antigüedad de trescientos años disponían el sostenimiento del ejército opresor de 15.000 efectivos, a partir de impuestos cobrados a los irlandeses, lo cual ocasionó sucesivas revueltas y el incremento de la simpatía por la lucha de los colonos norteamericanos. Como vemos el contexto de la situación mundial favorecía la lucha de las colonias americanas por su emancipación. Esto obligó a Jorge III a acordar con Prusia el envío de mercenarios, los cuales provenían de la localidad de Hesse. A propósito de esta colaboración prusiana, cabe señalar que estas tropas actuaban con una crueldad inusitada. Sobre la acción de las tropas de Hesse el gran escritor estadounidense Howard Fast nos dejó una novela, “El soldado de Hesse”, en la que describe la acción de estos mercenarios.  

En el transcurso de la guerra, es cierto, las tropas independentistas sufrieron algunos desastres, como lo de Brooklyn y White Plains, peo también estuvo pavimentado de victorias. Las que definieron definitivamente la derrota de Inglaterra fueron las batallas de Saratoga y Yorktown. La primera tuvo lugar en 1777, en los bosques de Nueva York, un punto de inflexión  en la guerra, propinándole una derrota aplastante basada en francotiradores y guerrilleros. La de Yorktown tuvo lugar en 1781, y significó el golpe definitivo a las tropas inglesas, en un marco de desmoralización de las mismas, y el impacto que hemos mencionado en la misma metrópoli. El reconocimiento de su derrota y de la independencia norteamericana recién tuvo lugar el 13 de septiembre de 1783, siete años después de la declaración de la independencia. No  obstante, Inglaterra y las potencias que se habían aliado a los colonos, España y Francia comenzaron a negociar territorios, otorgándosele  Florida a España, contra la mantención del dominio ingles del Peñón de Gibraltar. Así España se iba a quedar por un tiempo con  las regiones al oeste del Misisipi  y al sur del paralelo 31.Francia obtenía en la negociación algunas islas de las Indias occidentales.

Gran Bretaña, a su turno, derrotada en la guerra, establecería lazos comerciales con su vencedora, habida cuenta de la enorme potencia productiva que desenvolvía su revolución industrial.

Conclusiones

La revolución norteamericana fue una revolución burguesa. Como tal, al emanciparse de las ataduras impuestas por el imperio inglés pudo desenvolver sus fuerzas productivas, al romper con el chaleco de fuerza imperial. Sin embargo, lejos de dar satisfacción a las reivindicaciones democráticas, como la abolición  de la esclavitud y el respeto a los derechos de los aborígenes norteamericanos, ambos fueron conculcados, en el caso de estos últimos, fueron desplazados de sus territorios y sometidos a una masacre. Esos derechos y reivindicaciones democráticas bajo el dominio del capital, no podían ser alcanzados. Estados Unidos, a su turno, se convirtió en una nación que basó su desarrollo en la sobre explotación  de su proletariado y del de otras naciones.. Tampoco pudo resolverse la cuestión de la segregación racial al término de la guerra de secesión en 1865, sosteniéndose hasta la actualidad la persecución a los negros y a los migrantes latinos. Esa nación que nacía en 1776 se ha convertido en la mayor potencia imperialista del planeta y hoy es protagonista de empresas bélicas que ponen en riesgo al género humano. Completar la acción de los patriotas de 1776 en todos sus términos implica que la clase obrera del norte se convierta en clase dirigente expropiando al capital imperialista junto al resto de la clase obrera del mundo. Para terminar con la explotación en el planeta y terminar con la opresión en todos los planos.  Aquella nación que surgía con enormes posibilidades en el contexto de un capitalismo ascendente, se ha convertido hace tiempo en un factor destructivo de las fuerzas productivas. La revolución ocurrida en 1776 fue un salto impresionante, pero tuvo los límites típicos de las revoluciones burguesas. Sus tareas democráticas no alcanzadas deberán ser obra del proletariado en Estados Unidos y el mundo, sobre la base de la implantación de un régimen socialista, sin explotadores ni explotados.

Bibliografía

Aptheker, Herbert, Historia de la Revolución Norteamericana

San Martin Rafael, Biografía del Tío Sam.

Bender Thomas, Historia de los Estados Unidos, una nación entre naciones.

Huberman Leo, Historia de los Estados Unidos. Nosotros, el pueblo.

Kirkland, Edward, Historia económica de los Estados Unidos.

O´Reilly, Richard, El pueblo negro de Estados Unidos: Raíces históricas de su lucha actual.

Clementi, Hebe.La abolición de la esclavitud en Norteamérica