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A 165 años de la Guerra Civil Norteamericana

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A 165 años de la Guerra Civil Norteamericana

Otra epopeya revolucionaria.


Ochenta y cinco años después de la declaración de la independencia norteamericana respecto a Gran Bretaña estallaba una guerra civil entre los estados del norte y los del sur, cuya línea de separación se denominaba Mason Dixon. Hasta 1820 coexistió la esclavitud de los negros con la servidumbre de personas blancas, a quienes se denominaba esclavos escriturados, en general inmigrantes sometidos a deudas, cuyo pago originaba su liberación. Al norte de la línea de Mason- Dixon la esclavitud había sido abolida, pero al sur se había agravado a partir del año mencionado. El esclavismo es casi una realidad fundacional. A diferencia de la colonización española sobre Latinoamérica, las colonias británicas de Norteamérica no lograron disciplinar a las poblaciones originarias y para obtener mano de obra apelaron a la importación de esclavos. La situación se agravo con el aumento de los cultivos tropicales, como el algodón, arroz y caña de azúcar, que hacían imprescindibles grandes plantaciones. El más codiciado y vendido de estos vegetales era el algodón. Es que el contexto en el que esto ocurría era el gran desenvolvimiento de la industria textil en Inglaterra, a partir de fines del siglo XVIII. Justamente en 1820  la cosecha algodonera sumaba el valor de 160 millones de libras, cifra que se duplica cada diez años. En 1850 el valor de la cosecha va a valer 500 millones de la moneda británica y en 1860 aumentaba a 2300 millones de ese signo monetario. Los estados del sur dedicados a ese cultivo casi con exclusividad, para dedicarse a la importación de bienes industriales y alimentos, eran  Georgia, Tennessee, Alabama, Carolina del Sur, Misisipi y parte de Texas.

Las “razones” del Sur  esclavista

En 1850 había en los estados del sur estadounidense tres millones de esclavos. Los mismos constituían un capital muy valioso para los plantadores esclavistas. En 1850 cada esclavo de buen rendimiento laboral valía 2.000 dólares, debido a que esa fuerza de trabajo esclava permitía satisfacer la necesidad de comerciar grandes cantidades de algodón para la venta a la gran industria inglesa. En consecuencia estaba ausente cualquier mecanismo pacifico para emancipar a los esclavos negros. En este proceso productivo tuvo especial incidencia el invento de la desmotadora de Whitney que aumentaba en cincuenta veces el material limpio que separaba  las fibras de algodón de las semillas.

El desarrollo industrial del sur esclavista se veía trabado por parte de los plantadores que defendían el trabajo esclavo, e impedían el desenvolvimiento de la industria. En efecto, en 1860 el sur tenía  20.631 establecimientos fabriles que empleaban a  110.721 trabajadores, con un capital invertido de 95.957.185 dólares y una producción de 155.531.281 dólares por año. Era una industria doméstica casi artesanal. En Nueva Inglaterra (parte del norte no esclavista) los establecimientos industriales tenían una inversión  de 257.477.783 dólares  que producirán 468.599.287 dólares anuales. Esto revela la diferencia entre el desarrollo industrial del norte con respecto al sur esclavista. A pesar de eso  en la ciudad de Richmond (Virginia) en el transcurso de veinte años (1840-1860) aumentaba de 1.500.000 dólares  a 4.500.000 de la misma moneda respectivamente la producción industrial textil. Sin embargo la resistencia de los plantadores esclavistas obligó a restarles el apoyo del estado a su desarrollo y crecimiento. Lo mismo sucedía en Carolina del sur, donde  se cerraban fábricas textiles por la presión de los esclavistas, que temían que los esclavos de las plantaciones huyeran a trabajar en esas empresas. Por ese mismo temor los esclavos manumitidos o libertos del sur tenían prohibido vivir cerca de las comunidades rurales a los efectos de impedir alguna influencia sobre los esclavos.

Es que la economía sureña estaba basada  en la dependencia de Inglaterra en el mercado internacional (vendía  a ese país algodón para sus grandes industrias textiles de Manchester y Liverpool) y también del mercado interno, ya que era dependiente de la venta  de ese algodón  al este comercial y manufacturero.

A pesar de que los propietarios de esclavos constituían una mínima proporción sobre la población total de los estados sureños: 384.000 sobre  12.500.000 habitantes blancos, en las decisiones sobre ese régimen de explotación y su defensa política predominaba la posición de esa minoría, que era la que establecía,  incluso ideológicamente, la posición en ese aspecto y lo justificaba con el argumento de la superioridad racial del blanco.

Un año después de la declaración de la independencia norteamericana fue sancionada la Constitución, que al establecer el carácter federativo de la nación, facultó a cada  uno de los estados a definir la existencia del régimen esclavista, garantizando a los estados esclavistas la recuperación de los esclavos fugitivos en todo el territorio norteamericano.

El monocultivo del algodón, la caña de azúcar y el arroz, pero especialmente del primero, dio lugar a la rápida infertilidad de las tierras, porque en las plantaciones no se ejecutaba la rotación de los cultivos para evitarlo, aunque ya era una práctica conocida (Engels hace referencia a esta cuestión en el AntiDuhring). En consecuencia, los estados esclavistas necesitaban nuevas tierras para las plantaciones algodoneras. Una de las formas de obtenerlas fue la guerra colonial. En 1846, la Unión comenzó una guerra contra México, mediante la cual, al cabo de dos años de contienda, se apropió de Texas, aumentando el número de estados esclavistas. Esa misma política intentó tratando de comprar Cuba en 1854, e incluso (por iniciativa de William Walker, líder de la anexión colonial de Texas) intentaba apoderarse de Nicaragua entre 1856 y 1857. La guerra contra México, como se ha señalado tenia la finalidad de establecer la esclavitud en ese estado. Aunque la guerra entre Estados Unidos y México comenzó en 1846, la ocupación de facto por parte de Estados Unidos tuvo lugar en 1836 cuando Sam Houston, un sureño esclavista organizó una fuerza armada derrotando al General mexicano Santa Anna. Para esa guerra el gobierno norteamericano asignó 10 millones de dólares y envió un ejército de 10.000 hombres. Es que México, al declararse independiente de España había abolido la esclavitud, pero los esclavistas norteamericanos necesitaban restaurarla, apoderándose del territorio texano y otros. De esta forma se rompía el equilibrio establecido entre los estados antiesclavistas y los esclavistas (13 para cada lado). Efectivamente, en 1845, además de Texas, Florida era admitida como estado de la Unión. No obstante, entre 1846 y 1848 también fueron admitidos dos estados antiesclavistas que equilibraron la balanza incorporando a Iowa y Wisconsin. California, de la cual también se apropio Estados Unidos, luego de vencer a México en la guerra mencionada, tuvo sin embargo una disputa en lo referido a la conciliación con los estados del norte o su secesión, adoptándose la posición conciliadora hasta que la escisión tuvo lugar en 1861. 

Inglaterra, en 1807 había abolido la esclavitud en su territorio, dado que la revolución industrial hacia necesaria la fuerza de trabajo libre. Al mismo tiempo la escasa productividad del trabajo esclavo en las Islas Antillas británicas frente a competidores que poseían mano de obra libre también definió esa decisión en la que los “criterios morales y humanitarios” estuvieron ausentes. En ese contexto histórico y económico Estados Unidos e Inglaterra firmaban un pacto en 1807, que prohibía el trabajo esclavo. Esto no iba a impedir que el tráfico de esclavos entre las islas del Caribe de dominio británico, entre 1850 y 1860, se potenciara mediante la introducción de 70. 000 esclavos negros en territorio norteamericano. Estados Unidos por esa época se oponía al derecho de visita de la flota inglesa a sus barcos, un derecho que se practicaba para controlar que no hubiera tráfico de esclavos, pero que mediante el contrabando era continuamente burlado.     

La disputa entre el sur esclavista y el norte industrial duró por más de setenta años, hasta el estallido de la guerra civil. En su transcurso se enfrentaban el sur atrasado y agrario contra el norte mercantil, industrial, en el que estaban la mayoría de los bancos de la Unión. La cuestión del trabajo esclavo era una de las razones de la disputa, aunque también la discusión sobre la tarifa que los representantes del norte en el Congreso norteamericano querían imponer a las importaciones para proteger a sus industrias. Ambas cuestiones  fueron objeto de enfrentamientos en el parlamento. Los industriales norteños demandaban rutas para el intercambio comercial con el oeste que les brindaría alimentos. El sur rechazaba ese propósito. Hasta que el algodón se convirtió en una enorme fuente de beneficios para los esclavistas, había mermado la defensa de ese régimen en el sur. Entre 1782 y 1790 fueron liberados  diez mil esclavos negros en Virginia.

El progreso del norte se expresaba en sus fábricas, sus minas, su ferrocarril, que le daban una enorme pujanza económica contra el monocultivo atrasado del sur esclavista. Todos los productos industriales que se usaban en el sur provenían del norte: sábanas, manteles, vajilla, toallas, escobas, palas, hachas y multitud de productos. El hierro y el carbón venían del norte, los préstamos bancarios también. Y aunque el algodón significaba una fuente de recursos, las hilanderías norteamericanas estaban en el norte, el transporte del algodón se hacía en el ferrocarril del norte o en sus barcos, también fabricados en sus astilleros.

Sin embargo, ese predominio no se traducía políticamente en los gobiernos federales elegidos, todos los cuales (sus presidentes y congresistas) se adaptaban a las presiones sureñas, en función de mantener la Unión, muchas veces amenazada por los estados esclavistas.

Pero en 1860 fue elegido presidente Abraham Lincoln, que en gran medida expresaba los límites del cultivo y cosecha del algodón mediante el régimen esclavista frente al progreso y a los inventos de nuevas maquinarias en el norte industrial. La elección de Lincoln, del Partido Republicano, venia a sentenciar esa superioridad, ya en el poder del Estado, donde se tomaban las decisiones. Es que  en el transcurso de los 85 años anteriores de vida independiente de los Estados Unidos, sus presidentes representaban los intereses de los estados esclavistas, o bien conciliaban con ellos. Incluso el que precedió a Lincoln, del Partido Republicano (antiesclavista) y del norte, pero con una política afín al régimen esclavista (James Buchanan). Para defender sus intereses en forma progresiva pero ininterrumpida iban a romper con la Unión. En diciembre de  1860, Carolina del Sur rompería la Unión y, luego, otros seis más formarían los Estados Confederados de Norteamérica. Esto ocurrió a pesar de que Lincoln intento convencerlos de que “no interferiría  en la institución de la esclavitud en aquellos estados donde existiera.”  Fue  en  febrero de 1861 cundo los líderes esclavistas de siete estados, incluido Carolina del Sur, que había tomado la iniciativa tiempo antes, se reunían en  Montgomery (Alabama) y decidían crear ese nuevo estado decretando la secesión, con la designación  de Jefferson Davis, como presidente de los mismos. Esa decisión no tardó en manifestarse con las armas en la mano.  El 12 de abril de 1861, al amanecer, el Fuerte Sumter situado cerca de Charleston, en Carolina del Sur, fue atacado e incendiado, izándose la bandera confederada de los esclavistas. Estos habían tomado la iniciativa, y la tendrían por un periodo considerable.

Sin embargo no todo el sur se retiraría de inmediato. Los estados fronterizos con el norte tenían apenas rémoras del régimen esclavista en escasa proporción. Esos estados eran Delaware, Missouri, Kentucky y Maryland. Y los montañeses de Virginia apoyaron a la Unión, esto es, al norte.

Como ya hemos mencionado el norte era claramente superior -desde el punto de vista de su desarrollo industrial- que el sur. Al estallar la guerra, el 12 de abril de 1861: millones de obreros calificados y el control de casi toda la industria metalúrgica y textil y las municiones para la guerra, eran elaboradas en las fábricas norteñas. No obstante, la clase capitalista norteña estaba dividida cuando estalló la guerra civil entre los partidarios del régimen esclavista y sus adversarios. Quienes se enfrentaban al régimen esclavista eran aquellos cuyo interés era eliminar la competencia industrial inglesa que importaba bienes manufacturados al sur, en especial los textiles, pero también tenían una competencia con la oligarquía financiera del norte, con gran influencia en el sur. Vamos a ver que las posiciones esclavistas y antiesclavistas no constituían un dilema moral, lejos de eso asistíamos a una puja entre intereses basados en la tasa de beneficio. En efecto, el capital relacionado con el los intereses navieros, financieros y comerciales, estaba estrechamente vinculado a los plantadores esclavistas. Es que el monopolio del capital norteño sobre la navegación transatlántica, la centralización   financiera y comercial en Nueva York, las ganancias de los comisionistas, el negocio de los fletes, los negocios bancarios y de seguros hacían obtener enormes ganancias a quienes desenvolvían esos negocios en Nueva York, vinculados a la explotación esclavista del sur. Este antagonismo ponía en evidencia, que tal como enfatizaba Marx, es “el ser social el que determina la conciencia”. Bien que tanto en el norte, como en el sur, habían surgido asociaciones antiesclavistas, y habían tenido lugar rebeliones de esclavos y organizaciones que promovían y hacían efectiva la fuga de esclavos, estas tenían sus límites. Esta estrecha vinculación entre una fracción del capital norteño con el régimen esclavista determinó durante la primera fase de la guerra civil enormes pérdidas a la economía norteña. Es que el sur adeudaba 300 millones de dólares a la gran banca y al comercio de esa franja de la contienda. En el transcurso del primer año del conflicto bélico, quebraron 12.000 negocios del norte, 30 quiebras bancarias en Wisconsin, 89 en Illinois y 27 en Indiana. Transcurrido el primer año hubo una reversión, ya que la guerra también estimulo los negocios.

Lincoln, personaje central de la guerra: la variación de sus posiciones    

En el transcurso de la guerra, y aun antes de su inicio, Lincoln sostuvo un punto de vista conservador. Se rehusaba a proclamar la libertad de los esclavos sureños, porque tenía esperanzas en la reconciliación con los estados secesionistas, no quiso anular la ley de esclavos fugitivos para no enfrentarse a los pocos propietarios de esclavos que todavía se mantenían dentro de la Unión. Sostuvo su oposición al reclutamiento de esclavos negros para formar parte del ejército norteño. Sus palabras, dichas a un año del inicio de la guerra fueron elocuentes: “Si pudiera salvar a la Unión  sin libertar a ningún esclavo lo haría; si pudiera salvarla libertando a todos los esclavos lo haría; y si pudiera salvarla  libertando a algunos y dejando estar a otros, también lo haría. Lo que hago por la esclavitud y por la raza de color, lo hago porque creo que ayuda a salvar la Unión”.

En el campo norteño Lincoln no era su ala más radical. Lejos de eso, expresaba, al menos al principio, un ala conservadora.

Una de las expresiones más radicales y consecuentes, que las había, era Wendell  Phillips, un destacado luchador blanco por los derechos de los negros. Él caracterizaba esto de Lincoln y su gobierno en 1862: “No creo que nada de lo que podemos llamar gobierno tenga propósito alguno de desembarazarse de la esclavitud. Por el contrario, creo que el propósito actual del gobierno, hasta donde  tenga un propósito, es terminar la guerra y salvar la esclavitud. No está combatiendo con vigor y entusiasmo suficientes siquiera para lograr buenos términos  en caso de un tratado, para no hablar de victoria…” y continúa “La guerra puede solo terminarse aniquilando esa oligarquía que formó y gobierna el sur… Ningún estado social está realmente aniquilado, excepto cuando es reemplazado por otro…”. Esto que acabamos de citar va a ser un dato decisivo (aunque no el único) en el desarrollo de la guerra, al menos al principio.

Recién Lincoln decidió  declarar la emancipación de los esclavos sureños en 1863.

El curso de la guerra estuvo determinado en gran medida por las posiciones políticas del gobierno de Lincoln, que se tradujeron en la pasividad del ejército del norte, o su falta de iniciativa.

La guerra como tal, los intereses económicos y la dirección política de la misma

Hemos señalado la superioridad del desarrollo económico de los estados del norte con respecto al sur esclavista. Pero esto no determinó en forma automática que el ejército norteño tuviera predominio en el plano militar con respecto a las tropas sureñas. En primer lugar porque el ejercito sureño contaba con un cuerpo de oficiales superior al del norte, con el General Lee como su exponente más relevante. Debido a que la guerra se libraba en territorio sureño y a que el origen rural de las tropas del sur, hacía que la destreza en cabalgar caballos fuera superior en los del sur, en una guerra en la que la caballería cobraba una enorme importancia.

Pero el factor político para los traspiés del inicio fue de capital importancia. Hemos dado cuenta de algunas de esas vacilaciones. La incapacidad del norte consistía en la inexistencia de un propósito político de vencer al sur. La tropa carecía de un incentivo moral por esa razón. Es que los soldados trabajaban en pequeñas granjas o eran trabajadores sin recursos y veían que los grandes capitalistas se enriquecían  mediante la venta de alimentos y material bélico. A su turno, el gasto armamentista producía inflación  y reducía el poder adquisitivo de las familias de los soldados. La guerra enriqueció a familias como Du Pont, cuya fortuna crecía a partir de la explotación de su industria química, fundamental por los insumos que se compraban durante la guerra. Los oficiales designados provenían de las clases adineradas. La ausencia de la decisión de emancipar a los esclavos, provocaba tanto en los negros libres como en los esclavos un enorme desaliento ya que no veían que el ejercito norteño representara sus aspiraciones.

En una de las muchas cartas que Marx y Engels intercambiaron durante la guerra civil, aquél observaba ese defecto. Decía: “Paréceme que el meollo de la cuestión es que una guerra de este tipo debe ser llevada a cabo siguiendo lineamientos revolucionarios, mientras que los yanquis han tratado hasta ahora de hacerlo constitucionalmente”.

Una manifestación de la política conciliadora y conservadora de Lincoln tuvo relación con la decisión del excandidato republicano y, en ese momento, mayor del ejército norteño, John Fremont, que en septiembre de 1861, declaro la libertad de los esclavos del estado de Missouri. Circunstancia que se iba a repetir en mayo de 1862, con el general David Hunter, quien dio la orden de liberar a los esclavos de La Florida, Carolina del Sur y Georgia.

El 1° de enero de 1863 Lincoln firmó la proclamación de la liberación de los esclavos. No fue completa, aunque tuvo consecuencias positivas en el curso de la guerra. Sus límites estaban dados porque esa liberación se reducía  solo a los territorios bajo control confederado (esclavista), pero excluía a los estados esclavistas limítrofes con los estados del norte que se mantenían dentro de la Unión. Lo destacable y progresivo fue que 200.000 soldados y marineros negros se iban a incorporar al ejército unionista, fortaleciendo la lucha contra el sur esclavista y secesionista.

Sin embargo, entre 1861 y 1863, tuvieron lugar sucesivas crisis políticas y militares respecto al rumbo que tenía que adoptar la guerra y la liberación de los esclavos, que se manifestaban al interior del gabinete de Lincoln, estando ambas cuestiones íntimamente vinculadas. Las protagonizadas por El mayor Fremont y el general Hunter fueron parte de las mismas.

El 14 de agosto de 1862, la primera Comisión de Negros Libres se reunió con Lincoln en la Casa Blanca, en la que éste les comunicó el plan del Congreso norteamericano de destinar dinero a un plan de colonización de los esclavos liberados del norte de territorios fuera de Estados Unidos, con el argumento de que era difícil obtener la igualdad de inmediato a pesar de que ya no eran esclavos. Lincoln tenía la intención de obtener la paz conciliando con los blancos esclavistas. Y añadió que esta sería una vía para que los que aun eran esclavos pudieran emigrar, sin el costo de mayor derramamiento de sangre. Las variantes ofrecidas a la comisión mencionada consistían en enviarlos a Nueva Granada, pero allí había un conflicto político que iba a impedir esa colonización. Otras variantes eran Liberia (país formado a iniciativa de Estados Unidos para la emigración de personas de origen africano) y Haití, nación en la que tuvo lugar una revolución de los esclavos expulsando al ejército napoleónico en 1802.  La comisión de esclavos liberados rechazó esta propuesta.  Un dato significativo de las vacilaciones de Lincoln en referencia a la cuestión de la liberación de los esclavos y los derechos de los liberados es mencionado en la biografía  de Lincoln escrita por Carl Sandburg: tiempo después de la proclamación de la liberación de los esclavos por parte de Lincoln, este se entrevistó con un líder mulato, gran organizador y agitador antiesclavista, Frederick Douglas, quien le expresó importantes discrepancias, entre ellas la referida a la emigración de los esclavos con la finalidad de colonizar otros territorios. Douglas le señaló, sin ambages, su equivocación en esa materia: “La raza de color nunca será respetada en ningún lugar hasta  que no lo sea en Estados Unidos”. Cuando tenía lugar esa entrevista ya había sucedido la incorporación a las filas del ejército de 200.000 exesclavos. Pero Douglas le hizo saber su queja por la desigualdad existente, en especial por la paga recibida por los mismos, menor que la de las tropas blancas. La respuesta de Lincoln también reflejaba sus vacilaciones. Su argumento  consistió en que el ingreso de exesclavos en el ejército ya era un gran progreso, que incluso se había realizado pese a la resistencia de muchos. Que era un desafío a los prejuicios populares. Que su integración al ejército los debía motivar más que a los soldados blancos, y que en consecuencia debían integrar las filas del ejército bajo cualquier condición. Y que la menor paga era una condición necesaria para que se aceptara con menor resistencia su reclutamiento. Este dialogo era una verdadera representación de la ideología que predominaba en el ejército, pero además de la influencia que estos prejuicios tenían en Lincoln, como así también al interior de su gabinete de ministros y de franjas decisivas de la oficialidad del ejército.

Uno de los generales más importantes del ejercito de la Unión, Maclennan, comandante del ejército del Rio Potomac, a orillas de la ciudad de Washington, antes de la proclamación de la liberación actuaba con extrema lentitud, inmovilizando a sus tropas frente a las amenazas del ejercito confederado del General Lee, circunstancia que produjo una crisis política sobre la necesidad de desplazarlo y sustituirlo (cosa que ocurrió tiempo más tarde con los generales Grant y Sherman). Sin embargo, su lentitud estaba vinculada a las vacilaciones relativas a la liberación de los esclavos en los estados confederados. Cuando Mclennan  supo que en septiembre de 1862 se había considerado en el gabinete la posibilidad de proclamar la liberación de los esclavos escribió una carta a su esposa manifestándole su oposición y su disposición a renunciar a comandar el ejército del Potomac.

También el  debate en el gabinete del gobierno de Lincoln respecto al contenido de la proclamación de la liberación de los esclavos fue objeto de observaciones y discrepancias. El secretario de estado de Lincoln, Seward, logró que los estados limítrofes con los antiesclavistas no fueran incluidos en la proclamación de la liberación de los esclavos, concesión que se realizó para evitar que rompieran con la Unión y no se pasaran a los estados confederados. Hasta 1863 las fuerzas confederadas, esclavistas, con generales expertos en táctica y estrategia,  convencidos de la defensa de la esclavitud, y con una tropa adiestrada en la vida cotidiana en la destreza de la equitación y en el manejo de las carabinas, contra las vacilaciones del ejercito norteño y de su dirección política y una composición social proveniente de las ciudades, carente  de experiencia en el manejo de las armas, determinó que desde 1861 a 1863 la abrumadora cantidad de victorias favoreciera a los esclavistas.

La proclamación de la liberación de los esclavos, aun con las  limitaciones mencionadas, dio  un vuelco en materia militar. Todavía en 1862, según datos suministrados por el historiador Carl Sandburg, que parte de un relato de un dialogo entre Lincoln y el general Mclellan, mientras recorrían el campamento del ejército del Potomac, el general le confió que el ejército de la Unión contaba con 400.000 efectivos, mientras que el ejército confederado tenía 1,200.000 soldados.

Esto sufrió un vuelco decisivo con la proclamación de la emancipación de los esclavos, ya que se sancionó una ley de conscripción, y como ya se ha mencionado, la incorporación masiva de esclavos liberados. A partir de la declaración de la emancipación de los esclavos el reclutamiento legó a tres millones de efectivos.

Esta lucha política relativa a la proclamación de la emancipación de los esclavos, en la que el gobierno de Lincoln mostraba vacilaciones, también ocasionó derrotas legislativas en los estados limítrofes que se mantenían en la Unión, paro mantenían el régimen esclavista. El partido Demócrata (esclavista) ganó  las elecciones legislativas en Missouri y Kentucky, donde la acción de los copperheads (habitantes de la Unión partidarios de los secesionistas) actuaba sin límites. A partir de 1863, el gobierno comprendió que la defensa de la Unión incluía una acción decidida contra los esclavistas y tomó medidas propias de un estado de guerra (excepcional). Encarceló a un agitador esclavista de apellido Vallandiggham. A su turno, el general Burnside clausuró el diario Times de Chicago, defensor de la esclavitud (pero una vez más, Lincoln vaciló y revocó la orden, presionado por manifestaciones de miles de demócratas de esa ciudad) y se tomaron medidas despóticas contra los esclavistas de los estados norteños.

La financiación en materia bélica se iba a resolver mediante la emisión de un  bono emitido por la Unión, que iba a permitir solventar la provisión de pertrechos y el sostenimiento de las tropas. Este endeudamiento iba a enriquecer a los grandes banqueros y fabricantes de armas y provocaría el alza de precios. La inflación provocó, en otro orden de cosas manifestaciones obreras y reclamos salariales en ciudades industriales y promovió el inicio de la formación de organizaciones obreras. Con todo, los beneficiarios de la emisión de estos bonos fueron familias que aun en la actualidad poseen grandes fortunas, por ejemplo, los Rockefeller, Morgan, Mellon, Du Pont, etc. Las mismas familias que pagando una suma de dólares iban a impedir que sus hijos fueran enrolados en las filas del ejército.  

A partir  del vuelco político mencionado, y del destino de dinero al sostenimiento de la guerra, sumado al reclutamiento de esclavos libertos y una conscripción masiva, la influencia de la superioridad industrial iba a tener un peso decisivo en el desarrollo de la guerra. En ese sentido, el uso del ferrocarril para el traslado masivo de tropas a los escenarios de la guerra, el uso del telégrafo que permitía táctica y estratégicamente disponer de las fuerzas necesarias en los escenarios necesarios permitió al ejército de la Unión lograr decisivos progresos y victorias. Especialmente fue en materia de armamentos que esta ventaja pudo expresarse. Comenzaron a usarse proyectiles novedosos como la bala minié de base hueca, cañones estriados con un alcance de 500 metros, fusiles a repetición Spencer con siete cartuchos en la recamara, los cañones Parrot, con rotación del proyectil con un alcance inusual hasta ese momento, 3700 metros, la ametralladora Gatling que funcionaba a manivela manual; en el campo de la guerra naval empezaron a usarse los acorazados (en el ejercito norteño el USS Monitor fabricado en Estados Unidos, mientras el Sur importaba de Inglaterra el acorazado Virginia); debutaron los submarinos H. L. Hinley. Pero la utilización de esta fuerza bélica surgida de la superioridad industrial del norte fue el resultado de un viraje en la orientación política del gobierno de Lincoln, al que ya nos hemos referido.    

No fue menor la decisión concomitante de cambiar de mandos al ejército de la Unión. La destitución del general Mclennan, y su sustitución por los generales Grant y Sherman, fueron también parte de las posteriores sucesivas victorias sobre los ejércitos confederados esclavistas. En efecto, ya en 1862, Grant obtenía una gran victoria en Danielson y Henry que permitieron abrir los ríos Tennessee y Cumberland a la invasión de los ejércitos de la Unión. En 1863, triunfo en la batalla de Vicksburg, a través  de la cual  el norte controlaba el rio Misisipi, partiendo en dos a las fuerzas confederadas. También, durante 1863, triunfo en la batalla de Chattanooga que rompió la valla sureña, franqueándole el dominio de Georgia, las campañas de Overland y Petersburg, entre 1864 y 1865, en la que acorralaron al general Lee en Virginia, derrotándolo en batallas decisivas. En 1865, otra vez es derrotado Lee frente a las fuerzas de Grant, en la batalla de Appommatox. Sherman, que en muchas de esas batallas estuvo junto a Grant, dirigió también victorias decisivas como la captura de Atlanta, en 1864, que le permitió controlar una red ferroviaria fundamental, y políticamente aseguró la reelección de Lincoln. Una vez tomada Atlanta, partió de allí hacia el mar, destruyendo la infraestructura de los confederados; hizo rendir definitivamente al ejercito confederado en 1865 en la campaña de las Carolinas, donde en ambos estados (Carolina del Sur y Carolina del Norte) el ejercito esclavista fue diezmado. Pero la batalla emblemática en la que el ejército  comandado por Lee que representaba al sur esclavista contra el ejercito del Potomac dirigido por el mayor general Meade, fue librada en Gettysburg (en la que entre ambos bandos hubo 50.000 bajas): triunfó el ejército del norte, duró tres días, y la efectividad de la infantería, la caballería y la artillería de los unionistas derroto a los confederados del ejercito de Virginia del norte, significando un punto de inflexión en la guerra civil. En 1864 Lincoln iba a ser reelegido, teniendo un enorme peso en el resultado electoral los triunfos obtenidos en el campo de batalla. En 1865 iba a ser asesinado por un fanático esclavista. La Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional obrera) adhirió al luto: 25.000 obreros de Lyon (Francia)   abandonaron sus puestos de trabajo, multitudes se reunieron, en Manchester, Liverpool y Londres. Los estudiantes parisinos se movilizaron. La congoja por el asesinato de Lincoln expresaba el apoyo a la lucha antiesclavista.

Las clases sociales en Norteamérica y a nivel internacional durante la guerra de secesión norteamericana

La clase obrera norteamericana se inclinó a favor de la abolición de la esclavitud, considerando a los esclavos negros sus hermanos. Los obreros ingleses también defendían la lucha contra los secesionistas defensores de la esclavitud, a pesar de que coyunturalmente la guerra los privaba de la materia prima necesaria para la fabricación de hilado y telas de algodón en las hilanderías y tejedurías británicas, ocasionando la desocupación de miles de trabajadores. 

Al ser reelegido Lincoln la Asociación Internacional de trabajadores envió una carta felicitándolo por su triunfo electoral, destacando la lucha del pueblo norteamericano contra la esclavitud y el apoyo de la clase obrera internacional a esa lucha. La carta estaba firmada por los secretarios de cada sección nacional de la primera internacional, incluido Marx por Alemania.

La posición de las burguesías y sus gobiernos respecto a la guerra civil norteamericana, como era inevitable, se inclinaba a favor de los esclavistas. Lord Gladstone, primer ministro de Inglaterra y Bismarck en Alemania defendían la causa esclavista, bajo la máscara de la neutralidad.

En 1871 la clase obrera parisina imponía su propio gobierno, la Comuna de París derrotando por breve tiempo a sus explotadores.

Veintiún años más tarde la clase obrera norteamericana rendiría homenaje a la lucha antiesclavista. Los trabajadores de Chicago iban a protagonizar jornadas gloriosas por las ocho horas. Como resultado de ese combate proletario, fuertemente reprimido y donde fueron acusados y ejecutados los llamados “mártires de Chicago”, la Segunda Internacional Socialista declararía, más tarde, el primero de mayo como Día Internacional de lucha de los trabajadores.

El triunfo de la Unión en la guerra civil y la reacción posterior

La guerra civil había dejado en el campo de batalla 600.000 muertos, sumados ambos bandos de la contienda.

A partir del triunfo militar total de la Unión contra los Confederados el Congreso norteamericano sancionaba la Ley de la Reconstrucción intentando imponer las enmiendas 14 y 15  que concedía el derecho al voto a la población afrodescendiente. Se abrían paso importantes conquistas revolucionarias. Pero lo hacían en medio de un avance sin límites del desarrollo capitalista, la concentración de industrias y bancos en trusts, pools y cartels, que iban a dar lugar al desarrollo de Estados Unidos como potencia imperialista. Esta última circunstancia, plantearía una etapa de freno al triunfo revolucionario de la derrota de la oligarquía esclavista, un período thermidoriano. La gran burguesía del norte establecía un “acuerdo” con los latifundistas del sur y retrotraería gran parte de las conquistas democráticas obtenidas.  La clase capitalista yanki, lejos de defender los derechos del pueblo negro, promovería su fragmentación para imponer una legislación que atacaba a las organizaciones de trabajadores, la lucha por sus reivindicaciones y persiguiera el derecho de huelga.  

Es importante añadir que en 1869, Ulyses Grant, general triunfante del norte, gestionaba la anexión de la República Dominicana a Estados Unidos con el propósito de trasladar allí negros libres e impedir que estos fueran un factor social de rebelión. Se pretendía imitar el modelo de anexión  de Texas, e insistir en un planteo anterior que renunciaba a la lucha por la emancipación de los esclavos entes de la finalización de la guerra civil.

La imposición legislativa de las enmiendas mencionadas resultaba solo formal. Sobre esta tendencia, pronto se iba a organizar en el estado sureño de Tennessee el Ku-Klux-Klan. Esta organización terrorista blanca, financiada e integrada por ex propietarios de esclavos comenzó con la caza y asesinato de hombres y mujeres negros. El norte hizo la vista gorda porque su preocupación central eran sus negocios. En 1872, una ley de amnistía restituyó los derechos a los sureños sancionados por sus crímenes. Les dejaba el campo libre. Los exesclavos iban a ser la fuerza de trabajo “libre” de sus ex amos, se iban a convertir en peones rurales o sirvientes con bajos salarios, como así también  inquilinos en esas tierras, trabajando como aparceros a cambio de arrendamientos que hipotecaban sus ingresos a favor del viejo amo. La Corte Suprema norteamericana dictó fallos  que negaban el derecho del gobierno federal: no podía proteger a los negros de los actos de los individuos particulares, abriendo las puertas para el linchamiento y asesinato de personas afrodescendientes. Entonces, en Kentucky se linchaba a un hombre negro (1875) llamado Henry Crosby porque había asustado a una mujer blanca al preguntar en la puerta de su casa por su marido; en Luisiana un grupo de blancos ahorcó  a William Carr por que se creía que había matado la vaca de un blanco; en Savannah, estado de Georgia, una multitud asesinó a un hombre negro por un delito que no cometió, habiéndose producido un error en su identificación. Esto fue moneda corriente en el sur racista durante prácticamente todo el siglo XX, y la lucha por los derechos civiles del pueblo negro no ha concluido en el transcurso del actual. Lo reflejan los continuos asesinatos de personas negras por parte de la policía, junto a la persecución de los migrantes.

La lucha por la igualdad en el coloso imperialista en descomposición no fue de ninguna manera resuelta. La desigualdad entre negros y blancos es una rémora no resuelta de la guerra civil. Al terminar esta, como vimos, no cesó la desigualdad de los exesclavos debido a que la propiedad de la tierra se mantenía en poder de sus ex dueños. El triunfo del norte antiesclavista no expropió las tierras de los dueños de esclavos que pasaron a ser asalariados mal pagos, de vida miserable.

En el presente siglo, la clase obrera negra sigue percibiendo salarios inferiores a los de sus compañeros blancos. Aunque, como resultado de la acción del estado imperialista norteamericano, se han promovido negros a cargos electivos y designado funcionarios como Condoleeza Rice o Colin Powell, e incluso fue elegido un presidente como Barack Obama, y se ha desarrollado una clase capitalista negra, el pueblo oprimido negro continua siendo perseguido. Proporcionalmente, la mayoría de los presos sociales en las cárceles norteamericanas son negros y también la mayoría de los soldados caídos en las guerras imperialistas promovidas por el imperialismo yanqui. La fragmentación de la clase obrera norteamericana entre negros y blancos es una cuestión a superar, para que el proletariado norteamericano tome como bandera la lucha por sus demandas, incluidas las que constituyen reivindicaciones contra el racismo supremacista blanco y enfrenten al estado imperialista norteamericano, para imponer su propio gobierno, expropiando al gran capital y termine con el drama de las guerras imperialistas.

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