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 A 30 años de la pueblada que se transformó en Cutralcazo

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27/6/2026

 A 30 años de la pueblada que se transformó en Cutralcazo


Para quienes vivimos en las localidades de Cutral Có y Plaza Huincul, el mes de junio transmite el recuerdo de la experiencia más genuina e importante que vivieron las y los trabajadores de nuestras localidades en materia de lucha de clases. Hace 30 años se desarrolló lo que localmente conocemos como la Primera Pueblada.

El 20 de junio de 1996 se produjo el primer corte de la Ruta Nacional 22 en Plaza Huincul, a la altura de La Torre, que supo estar en el primer pozo petrolero de la provincia y que también coincide con el ingreso a la Comarca Petrolera. Esta experiencia significó un episodio cardinal en la posterior construcción de uno de los movimientos de masas más formidables de la historia de la clase obrera de nuestro país en los últimos 30 años: el movimiento piquetero.

Aunque los piquetes de la Primera Pueblada se sucedieron en un lapso corto de tiempo, echaron raíces que, incluso en la actualidad, son imposibles de arrancar. Como otros episodios de lucha proletaria, tuvo la virtud de postular a la clase obrera como una clase que puede luchar por el poder. La pueblada en sí misma tuvo una extensión de seis días, desde la noche del 20 hasta la noche del 26 de junio de 1996. Sin embargo, la situación previa, su desarrollo y su desenlace dotaron al movimiento obrero de potentes armas metodológicas y organizativas —con plena vigencia— para una clase trabajadora hambreada, desocupada y profundamente empobrecida producto del plan económico y de las privatizaciones de las empresas estatales que ejecutó el menemato, con la complicidad de los gobernadores de la época, la burocracia sindical entera y los partidos del régimen. Un espejo de la actualidad.

La previa

Entre 1994 y 1995, el incipiente movimiento piquetero neuquino daba sus primeros pasos en función de una desocupación directa que superaba con creces el 20 % en algunos pueblos del interior. Esta situación obedecía principalmente a la paralización de la obra pública, el desfalco de las finanzas del Estado y el vaciamiento del Banco de la Provincia de Neuquén (BPN), un esquema de quiebra abierto por la privatización de YPF.

En 1994, los obreros de la construcción de la finalizada represa de Piedra del Águila cortaron la ruta en Senillosa en reclamo de puestos de trabajo que, asamblea popular mediante, terminó arrastrando a la huelga general a la ciudad entera. En San Martín de los Andes surgía la Asamblea de Desocupados, compuesta inicialmente por trabajadores de la construcción. En la primera asamblea participaron 15 compañeros. Como la participación fue creciente, se formaron cuatro asambleas y se constituyó la Comisión de la Asamblea de Desocupados. Esta tenía como condición que el mandato de toda compañera o compañero electo como representante de la comisión fuera revocable, una expresión de organización muy superior a otras formas de democracia asamblearia actuales.

Este tipo de procesos tenía lugar en toda la provincia: el desarrollo de asambleas con sus respectivas comisiones y los métodos de acción directa habilitaban la lucha contra la desocupación y el empadronamiento de desocupados. Tanto la CGT como la CTA quedaron por fuera de cualquier iniciativa de lucha, lo cual obligó a la cúpula de las centrales a convocar a una movilización contra el gobierno del MPN, que tenía al fusilador Sobisch a cargo del Ejecutivo provincial. Para desarticular la marcha, Sobisch impulsó la votación del Plan Jefes de Familia Desocupados o Ley 2128, que consistía en un subsidio de 200 pesos a cambio de una contraprestación laboral.

Para que el Ejecutivo reglamentara la Ley 2128 se tuvieron que suceder una serie de ocupaciones de municipios, tanto en Neuquén Capital como en el interior de la provincia, hasta que el gobierno, bajo presión, accedió al primer pago. Acceder al «beneficio» de la ley era ampliamente proscriptivo, misógino y xenófobo. En primer lugar, solo reconocía a los jefes de familia desocupados y no a las madres solteras desocupadas. También se exigía una residencia en la provincia de dos años para los argentinos y de cinco para los extranjeros. La reivindicación central que defendían las asambleas y comisiones era: 500 pesos para todas y todos los desocupados mayores de 16 años sin discriminación alguna.

En función de esta reivindicación surgió la Coordinadora de Desocupados de Neuquén Capital. El 2 de octubre de 1995, la coordinadora convocó a una movilización de más de 1000 desocupadas y desocupados que reclamaban el segundo pago de la 2128, que Jorge Sobisch había incumplido. Se desató una represión en medio de las negociaciones que dejó como saldo la detención de Horacio Panario (MAS) y un reguero de pedidos de captura contra dirigentes de la coordinadora y del Frente de Izquierda, integrado en aquel momento por el PO y el MAS.

El papel de las centrales obreras e incluso de parte de la dirección de ATEN Capital (dirigida por una corriente que se hacía llamar “bolchevique”) tuvo un carácter abiertamente antiobrero. La CGT y la CTA denunciaron a los activistas de la Coordinadora y pedían que se actuara contra ellos «de forma inflexible». La dirección de ATEN Capital, bajo la conducción de los «bolcheviques», denunció los hechos de violencia responsabilizando a los desocupados y calificó el hecho como «aventurero, que provoca el rechazo de los trabajadores organizados». Meses más tarde, y como resultado de un Congreso de Desocupados de alcance provincial, la coordinadora exigió al gobierno que la 2128 también incluyera a las cargas sociales, aguinaldo, vacaciones pagas y el pase a planta permanente de los beneficiarios que, a través de la ley, realizaran una contraprestación al Estado.

La pueblada

No es de extrañar, entonces, que una de las características nodales del proceso abierto en junio de 1996 es que recogió estos antecedentes, y además estuvo acicateado por la interna y la crisis del MPN, sobre todo vinculada al proceso electoral que había dejado a Sobisch (MPN Blanco) como el derrotado y había vuelto a colocar a Felipe Sapag (MPN Amarillo) por quinta vez en la gobernación.

Sapag hizo dos anuncios lapidarios para los pueblos de Cutral Có y Plaza Huincul. En primer lugar, se derogaba el acuerdo con la planta de fertilizantes canadiense Agrium que, según lo acordado, emplearía a 1500 obreros de forma temporal durante el desarrollo de la obra y otorgaría 200 puestos de trabajo permanentes una vez terminada la planta. La provincia tenía el compromiso de una inversión inicial de 100 millones de dólares que no estaba dispuesta a cumplir, ya que Sapag denunciaba que Sobisch había dilapidado los fondos de la privatización de YPF, argumentando una inviabilidad financiera. Por otra parte, el Ejecutivo anunció la rebaja de la Ley 2128: ahora el subsidio pasaba de 200 a 150 pesos. Y rebajó a la mitad el ítem zona para el conjunto de estatales y docentes.

La combinación de estos factores provocó que, para el 20 de junio de 1996, se cortara la Ruta Nacional 22 por primera vez en Plaza Huincul y Cutral Có, apuntalada sobre un hartazgo popular que no encontraba perspectivas de progreso para las familias trabajadoras de la Comarca Petrolera luego de la privatización de YPF. Es que, después de 60 años de explotación hidrocarburífera, se quebraba por completo y sin perspectivas inmediatas de reactivación la matriz productiva de la región.

Inicialmente, el corte de ruta no estuvo planificado en sí mismo. Inscripta en la asamblea que se desarrollaba en el ingreso a Plaza Huincul, la primera cubierta quemada tuvo la intención de amortiguar el frío del invierno patagónico, y el corte de ruta se realizó para que el ruidoso tránsito de camiones no impidiera que se escuchara la intervención de los asambleístas. Lo que en primera instancia surgió como un factor necesario para la sesión asamblearia, luego se transformó en el método de lucha y la táctica de un sinnúmero de luchas obreras en los últimos 30 años.

Posteriormente se establecieron piquetes al oeste de la Ruta 22 en dirección a Zapala, y de la Ruta Provincial 17 en dirección a PicúnLeufú por un lado y en dirección a Añelo por el otro. También se cortaron todas las picadas de acceso a Cutral Có y Plaza Huincul. Cada piquete tenía su propia asamblea, que se reclamaba soberana.

En los días posteriores, los piqueteros planteaban la presencia del gobernador en el corte para establecer un canal de negociación. Sin embargo, Sapag enviaba la comunicación de que, con la ruta cortada, su presencia no estaba garantizada. Por temor a la ocupación de las intendencias —como ya había sucedido un año antes en algunas localidades de la provincia—, el gobierno dispuso que el grupo UESPO custodiara los edificios públicos.

Los cortes eran absolutamente populares. Según la revista regional La Madre del Borrego (LMB Nº 5): «el 100 % de los ciudadanos en ese momento estaban totalmente de acuerdo con la medida y de alguna manera la apoyaban». Luego agrega que, en el corte de ruta, «muchos piqueteros no tenían una opción mejor en sus viviendas: no tenían gas y en los piquetes algo de calor había; en muchas casas no había comida y en los piquetes siempre había algo; ignorados en su pesar y un protagonismo social adquirido; no tener nada para hacer y tener una responsabilidad; no tener posibilidades de decidir y tener. Todo un cambio repentino y que en cierta manera prolongaba o sostenía el corte, la pueblada» (LMB Nº 5).

Cutralcazo

El gobierno provincial y el nacional, al tanto de la masividad de los piquetes por la cobertura mediática y con una política contraria a los reclamos, trasladaron dos aviones Hércules con 300 efectivos de la Gendarmería Nacional para levantar los cortes por la vía represiva. Pero en el piquete  donde se organizaba la vida, la solidaridad era un sentir común. Sobran los testimonios que relatan la colaboración de vecinas y vecinos con víveres para las ollas populares, agua potable, tortas fritas, pan y abrigo.

Los piquetes se habían transformado en genuinos organismos de gobierno con métodos de acción directa, organización asamblearia y la determinación de enfrentarse cara a cara con los poderes del Estado burgués. Tal es así que, ante la avanzada de las tropas represivas, los piqueteros en lugar de huir se congregaron por miles en el piquete de La Torre. Se estima que unas 20.000 personas se movilizaron para enfrentarse a la Gendarmería.

Cuando el aparato represivo estatal logró sortear un retén a cinco kilómetros del acceso principal y llegar al piquete central, la marea humana era imponente. La jueza Margarita de Argüelles, a cargo del operativo, se declaró incompetente para continuar con la represión; entendió que se trataba del pueblo de Cutral Có y Plaza Huincul en su manifestación política y en su derecho a peticionar, y no de un asunto judiciable. En aquel momento, y al grito de «¡Cutral Có, Cutral Có!», la pueblada se transformó en un Cutralcazo. Es decir, se abría una situación revolucionaria, circunscripta.

La contradicción más íntima que puso al descubierto el Cutralcazo fue la relación irreconciliable entre las necesidades populares y el derecho de los explotados contra los intereses de la burguesía y el gran capital con el Estado bajo su dirección.

El contragolpe

Habiendo quedado neutralizados los poderes del Estado y su aparato represivo, Sapag se vio obligado a viajar de emergencia a la Comarca Petrolera para desactivar el conflicto. En un primer momento, el gobernador fue repudiado y apedreado en el piquete de La Torre, al cual se había acercado bajo una fuerte custodia policial y por demanda popular. A modo de reparación histórica, el gobierno firmó que las regalías del yacimiento gasífero El Mangrullo debían quedar para las ciudades de la comarca, lo cual significó una primera gran conquista obrera que perdura hasta la actualidad.

El problema fue que, con el arribo de Sapag, el movimiento comenzó a ser políticamente expropiado. El 26 de junio, el gobierno logró constituir una comisión compuesta por 17 piqueteros con quienes estableció una negociación secreta a espaldas del pueblo. Allí se firmó el acuerdo de los 12 puntos que logró desactivar los cortes y arrebatar el poder concentrado en las bases para devolverlo, nuevamente, al orden del régimen.

Aunque los piqueteros que no conformaban la comisión negociadora tenían —con justa razón— una profunda desconfianza de los 17 que la integraban, el movimiento de lucha ya no ejercía la misma presión sobre el Ejecutivo con los piquetes levantados. De los 12 puntos firmados, resaltaron la conexión de luz en 7.000 viviendas por parte de la Cooperativa Copelco y la entrega de 2.200 bonos gasíferos. Naturalmente, tras la firma, el gobierno desconoció inicialmente el acuerdo; el resto de los puntos se integraron a cuentagotas y algunos ni siquiera alcanzaron a impulsarse. Sapag comenzó a atender las demandas de algunos vecinos de primera mano y, con métodos punteriles y clientelares, desarmando todavía más el proceso del Cutralcazo.

Como en todo proceso de lucha y revolucionario, balances de esta naturaleza permiten arribar a las conclusiones más certeras para el futuro de la actividad proletaria. A pesar de contar con una dirección asamblearia genuina, con el método del corte y una actitud sumamente aguerrida, el movimiento careció al mismo tiempo de una dirección política revolucionaria. El gobierno, aunque mostró límites para desarticular el proceso por la fuerza, encontró la política precisa para desactivarlo. El problema de la dirección política de las masas es una tarea que la clase obrera todavía debe resolver, aunque luego de cada pelea cuenta con mejores elementos para extraer las lecciones necesarias.

El Cutralcazo todavía vive

Los ecos que dejó la experiencia de las puebladas todavía se escuchan. Luego de 1996 se produjo la segunda pueblada de 1997 (o segundo Cutralcazo); también el levantamiento de Tartagal-Mosconi en Salta, las puebladas de Jujuy, Cruz del Eje en Córdoba, y aparecieron las organizaciones de desocupados en Buenos Aires con el nacimiento de los movimientos sociales y piqueteros. Entre ellas destaca el Polo Obrero, hoy perseguido por el gobierno de Milei.

En ese momento histórico, la Argentina se hizo piquetera, y ese es el mayor legado que aportaron los pueblos de Cutral Có y Plaza Huincul a la historia de la lucha de clases de nuestro país.


Bibliografía:

Revista La Madre del Borrego. (Único año) El corte de ruta. El piquetero. La pueblada. Pág 10.

Prensa Obrera.

Oviedo L. (2004) 2° Edición. Una historia del movimiento piquetero.Ediciones Rumbos.

Reyes M., Moreno E. (2025) Narrativas urgentes. Vela al Viento, Ediciones Patagónicas.

Diario Rio Negro (22/06/1997). Compromiso asumido, compromiso cumplido. Pág. 15.