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A 76 años del inicio de la Guerra de Corea (Primera Parte)

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A 76 años del inicio de la Guerra de Corea (Primera Parte)

De la Guerra Fría a la guerra de agresión imperialista.


El 25 de junio de 1950 comenzó oficialmente la Guerra de Corea. La Península fue el escenario de un cruento conflicto en el que murieron unos tres  millones de personas. La guerra civil coreana derivó  en  el primer enfrentamiento   bélico de magnitudes y  alcance  internacional después del  fin de la Segunda Guerra Mundial.

En los campos de batalla se enfrentaron  la República Democrática Popular de Corea  -dirigida por el comunista  Kim II Sung  del Partido del Trabajo y apoyado  por la República Popular  China de Mao– y el gobierno títere  pro- yanky de Corea del Sur, sostenido económica y militarmente por los EEUU y una coalición de potencias  imperialistas y capitalistas, votada por las Naciones Unidas.

La ONU, otra cueva de bandidos

De esta coalición también formó parte el Kuomintang  chino de Chiang Kai-shek  que había instalado su gobierno  en la Isla de Taiwán, bajo protección de los Estados Unidos, luego de haber sido derrotado y expulsado de China por los ejércitos rojos. Los  EEUU  tomaron la dirección  de la coalición internacional, apurando la convocatoria al  Consejo de Seguridad de la ONU. El ataque  contra Corea del Norte tuvo para  Truman y sus  aliados un objetivo estratégico militar  contra la URSS y China en el marco de la Guerra Fría.  El presidente Truman responsabilizó a la Unión Soviética de   instigar la “invasión” a Corea del Sur  cuando las tropas norcoreanas cruzaron el Paralelo 38.  La  península coreana -con fronteras con China y Rusia –  fue un  punto caliente de la  escalada  de posguerra en el Pacífico asiático, por eso una de las mayores  preocupaciones de los Estados Unidos fue estabilizar a Japón después de la derrota del Imperio de  Hirohito en 1945.

La ONU  se  constituyó el  24 de octubre de 1945 sustituyendo  a  la  Sociedad de las Naciones. En su Carta constitutiva  anunciaron   hipócritamente que el nuevo organismo internacional  se proponía  “preservar la paz y la seguridad mundial”.  Lenin supo llamar  a la Sociedad de las Naciones  – antecesora de la ONU-   una “cueva de bandidos” por su apoyo a los ejércitos blancos  contrarrevolucionarios y a las potencias imperialistas que fracasaron  en derribar a la República de los Soviets . Este apelativo le corresponderá  por entero a la ONU como  instrumento de agresión imperialista contra los campesinos y obreros coreanos en 1950. El nacimiento de las Naciones Unidas (ONU)  obedeció  a las nuevas relaciones de poder  dominantes  surgidas en la posguerra  con el  triunfo de los Aliados sobre los países nazi- fascistas  del Eje.  

Entre 1946 y 1947, el presidente norteamericano  Harry  Truman  y el líder británico Winston Churchill dieron  señales claras de que las prioridades  del «mundo libre», terminada la Guerra ,  habían girado hacia una  confrontación  y disputa con  la Unión Soviética que no excluía el uso de arsenal atómico. Fue Churchill quien  acuñó la provocativa denominación  de “Cortina de Hierro” para referirse a las llamadas “democracias populares”  hegemonizadas  militar y diplomáticamente  por la Unión Soviética. El avance del Ejército Rojo y la expulsión de los nazis y sus gobiernos  títeres había  acelerado el colapso de los viejos regímenes burgueses en el  este y centro europeo (muchos de los cuales habían colaborado con el fascismo)  modificando el tablero geopolítico  mundial.  

Stalin subordinó  las “democracias populares” a los intereses diplomáticos y militares  de la  burocracia contrarrevolucionaria rusa.  No se ha estudiado lo suficiente, por ejemplo, la  remisión de  bienes, riquezas  e  infraestructura  industrial de estos países a la URSS,  ordenada por Stalin. El stalinismo  se cobró con métodos de rapiña  el   esfuerzo de guerra. Esto marcó a los estados obreros burocratizados de posguerra, los que años más tarde serían parte del “Pacto de Varsovia” (1955) creado para oponerse a la formación de la OTAN (Tratado del Atlantico Norte, 1949) impulsada por el imperialismo yanqui para defenderse de la revolución social en Europa y de la URSS. El “Pacto de Varsovia”  jugó un papel criminal en la represión de   los levantamientos  obreros (¡Checoslovaquia!) contra los gobiernos stalinistas usando al  Ejército Rojo como fuerza de ocupación.

El papel contrarrevolucionario del stalinismo

En el Este, Stalin demoraba  y graduaba el ingreso del Ejército Rojo  a las zonas ocupadas por los nazis conforme a  los intereses burocráticos de la camarilla  y  a las negociaciones y repartos de áreas de influencia  acordados  con  las “democracias”  imperialistas. Fue un proceso  turbulento pero con una orientación estratégica: quebrar las insurrecciones proletarias.  

El stalinismo jugó un papel clave en la reconstrucción capitalista de  la Europa en ruinas  integrando   a  los Partidos Comunistas europeos a los gobiernos burgueses de posguerra.  Para  el capital se trataba  de  cerrar la crisis revolucionaria abierta  con la derrota  nazi- fascista. Los Frentes Nacionales con los “imperialismos democráticos”  debían servir para  ponerle  fin   a la   inestabilidad  y vacíos de poder en Europa y a los  levantamientos anticoloniales  y  las convulsiones independentistas  que sacudían  a los imperios  seniles  de Gran Bretaña , Francia y otras potencias europeas, principalmente en el Sudeste asiático. La política de reconstrucción capitalista contó con la  colaboración contrarrevolucionaria  de los grandes partidos comunistas  europeos.  Los PC  de Italia y Francia frenaron los procesos revolucionarios y ocuparon importantes puestos ministeriales en los gobiernos burgueses- imperialistas de posguerra. Este rescate  en nombre de la “Democracia” y la “Unidad Nacional” antifascista  fue determinante para evitar que la  crisis revolucionaria  de posguerra  concluyese en una oleada revolucionaria triunfante en el Viejo Mundo y en un   ascenso de las luchas  nacionales en las colonias y semicolonias.  

Traicionando una vez más a la revolución proletaria, el stalinismo  que había disuelto la Tercera Internacional en 1943 como prenda de buena voluntad a los Aliados, ordenó el desarme de los milicianos, maquis y partisanos comunistas que habían combatido a la bota nazi. La voz de orden  fue la  reconstitución de los estados burgueses y sus ejércitos.  Antes de la invasión alemana a la Unión Soviética  (Operación Barbarroja), Iosif Stalin ya había liquidado la Revolución Española  y estrangulado la Gran Huelga General francesa de 1936, usando los servicios del Frente Popular.  Recordemos que al stalinismo también le cupo la destrucción física y política del proletariado alemán en 1933 -el más poderoso de Europa-  dividiendo a  los partidos obreros en la lucha contra el ascenso de Hitler (en el llamado “tercer periodo” ultraizquierdista). Este crimen se repetiría  a otra escala con el ingreso victorioso del Ejército Rojo en Berlín en 1945 cuando ordenó  entonces  arrasar con los alemanes que se rendían a los soviéticos (promoviendo incluso la violación masiva de las mujeres alemanas capturadas),   infringiendo golpes brutales a los trabajadores alemanes, esforzándose para impedir el estallido de la revolución.

Stalin – quien así procedió en  Alemania en 1945-  fue  también el  responsable de haberle entregado anteriormente, listas de militantes comunistas alemanes  residentes en Francia, a  la Gestapo. Con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial los Partidos Comunistas ingresaron  a los gobiernos republicanos y monárquicos  “aliados” para defender la  colaboración con las burguesías imperialistas “democráticas”. Los Frentes Nacionales surgieron como variantes  de los Frentes Populares.  En  Francia el PCF ocupó puestos ministeriales claves en el gobierno de Charles De Gaulle y  su dirigente máximo,  Maurice Thorez,  ejerció como viceprimer ministro de Francia  entre 1944 y 1947   integrando el gabinete gaulliista  junto a los ministros  comunistas  de  Guerra, Trabajo y   Armamento. (Thorez pasó toda la Segunda  Guerra  Mundial refugiado en la  URSS  acompañando los virajes oportunistas y contrarrevolucionarios  de Stalin). Por caso,  hasta la invasión germana   a la URSS  de   1941,  el Partido Comunista Francés ( PCF)  buscó un acuerdo  con  el alto mando alemán  nazi en la Francia ocupada  y con  el gobierno colaboracionista del Mariscal  Petain.  El PCF rechazó – hasta esa fecha la  lucha armada y los actos de terrorismo y sabotaje  contra el ejército alemán y así lo hizo saber su dirigencia a los ocupantes, provocando crisis  y fraccionamientos en las propias filas del Partido Comunista, algunos de cuyos militantes se pasaron  al Gaullismo.

 El segundo de Thorez  y agente de la GPU, Jacques Duclos,  aseguraba que la Alemania de Hitler no era el enemigo principal. Esta  canallada fue  la continuación del “Pacto de no agresión” de 1939, entre los cancilleres Molotov y Ribbentrop.  Cuando los  tanques nazis  entraron en París,  la dirección del PCF  tanteó  -sin fundamento-  la posibilidad de una legalización del Partido Comunista. En las paredes parisinas había pintadas donde se leía trágicamente “Thorez al Poder”.  Thorez , sobre quien  pesaba una condena a muerte por desertor, fue  rehabilitado  por Charles De Gaulle y juró su  cargo  en nombre del  Trabajo en un  explícito ataque a las huelgas obreras (el  PCF se ofrecía  para garantizar la paz social imperialista).  Desde mediados de 1944 hasta  1946, el Partido Comunista Francés rechazó la independencia de Vietnam por la que luchaba el líder vietnamita Ho Chi Min reivindicando  la Unión de toda Francia con sus colonias.

Desatada la  Operación Barbarroja -invasión del ejército alemán a la URSS-  y ante el pánico que provocó el avance de las tropas nazis fronteras adentro de la URSS,  Stalin y los PCs pasaron sin escalas a una política de colaboración con los imperialismos “democráticos” para combatir  al fascismo. El salvataje del stalinismo  (rodeado del prestigio ganado por el Ejército Rojo como principal triunfador sobre la barbarie hitlerista) al capital, se replicó en Italia con la incorporación del dirigente del Partido Comunista  Italiano, Palmiro Togliatti, al gobierno democratacristiano de Gasperi y, antes  aún, al de Badoglio, un alto exfuncionario de  Mussolini. El PCI  ocupó  el Ministerio de Justicia, un  puesto clave para disciplinar cualquier oposición obrera que cuestionara la unidad nacional capitalista. En Bélgica, el PC  también se sumó al gobierno burgués en reconstrucción, mientras que en  Grecia  el propio Stalin presionó por la integración de los comunistas al gobierno monárquico, un  proceso turbulento que llevó a la guerra civil y a la masacre de militantes del PC griego por parte de las tropas inglesas estacionadas en ese país.

Las  Naciones Unidas (ONU) a cuyo Consejo de Seguridad se había  sumado la URSS actuaron en los hechos como   una  suerte de frente popular mundial contra las revoluciones proletarias,  constituido por los vencedores de la Segunda Guerra. Como adelantamos será la ONU el ariete de la Coalición imperialista montada por los EEUU contra Corea del Norte.

Corea antes de la Guerra de Agresión Imperialista

En agosto   de 1945 la rendición del Japón  puso  fin a la Segunda Guerra Mundial. Antes había capitulado Alemania y caído Berlín  a manos del Ejército Rojo de la Unión Soviética. Después del lanzamiento de las  dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagazaki por parte de EEUU,  el tiro de gracia fue el ingreso de divisiones del Ejército Rojo al norte chino en  Manchuria aplastando  al  estado títere pro-japonés  de Manchukuo. El Ejército Rojo  soviético se dirigió también a  la  península de Corea que había sido anexada  por el Imperio del Japón  en 1910 y que ya fungía como un  protectorado  desde 1905.  La anexión de Corea fue  brutal: el Imperio del Japón prohibió el uso del idioma  coreano y  obligó su reemplazo por el japonés para borrar la tradición y memoria  de un pueblo con mil años de historia.

Esta aculturización del pueblo coreano -que fue acompañada de privilegios para los terratenientes que colaboraban  con el invasor– generó masivas protestas nacionalistas contra los japoneses. La más importante fue el Movimiento del 1 de Marzo que movilizó a dos  millones de coreanos. Los grandes propietarios de tierras en Corea  estaban entrelazados  históricamente con la aristocracia dominante (Yangsan), anexada Corea estos terratenientes y nobles pasaron a colaborar con el ejército de ocupación nipón que adaptó las viejas instituciones a su política de “japonización” forzada.  La anexión de Corea   en  1910 respondió tempranamente al  proceso de expansión imperialista del Japón.  

Los ocupantes nipones  abrieron un “registro de tierras”  para controlar el saqueo colonial que impactó especialmente sobre la pequeña propiedad campesina, una parte de la cual fue obligada a proletarizarse en las fábricas instaladas por el capital japonés.  Comenzaba así  la “modernización” de Corea de manos del imperialismo japonés.  Trotsky llamó a estos procesos con el nombre de “desarrollo desigual y combinado” porque yuxtaponían  la moderna técnica capitalista  con la arcaica estructura terrateniente en el campo  y un sistema de dominación colonial.

Colapsado  Japón, la Unión Soviética avanzó sobre la parte norte de Corea y como replica los Estados Unidos lo hicieron  sobre el sur bloqueando que la URSS  ocupase toda la península. Intimado por Harry Truman, Iosif  Stalin aceptó detener la marcha  del Ejército Rojo en el Paralelo 38  en el marco de los acuerdos de posguerra. Este Paralelo sería la frontera que dividiría artificialmente a Corea. Años antes los Aliados habían acordado que -una vez desalojados los japoneses de Corea y finalizada  la guerra- el país sería gobernado por un Comité Internacional por un largo período entre 10 y 30 años.

Desde  principios del siglo XX los EEUU pusieron  sus ojos sobre Corea  disputándosela  a  rusos y japoneses.  Ya  en el siglo XIX una expedición pirata norteamericana, conocida como la “Expedición del  Sherman”, intentó  tomar Pyongyang. En esta batalla peleó el  abuelo de Kim II Sung, el futuro  líder del Partido del Trabajo de Corea del Norte. En Corea había sucedido algo similar a lo ocurrido en China  con las potencias coloniales presionando para que los puertos y ciudades coreanas se abriesen al libre comercio. Antes que las tropas norteamericanas  desembarcaran  en el sur de Corea  -a fines de 1945- el gobierno  de Truman había ordenado que la transición inmediata  estuviese a cargo de las instituciones japonesas  todavía vigentes para evitar que la agitación social  imperante diese lugar a una revolución.  La Policía Coreana, formada  por los ocupantes japoneses,  continuó reprimiendo y encarcelando a activistas obreros y campesinos. EEUU  se valió de ese aparato  administrativo y judicial  para reprimir huelgas y protestas campesinas (en  febrero de 1948 el Partido  Comunista de Corea del Sur  había organizado  una huelga general de tres días).

 Meses después,  y cuando a instancias de EEUU se  convocaron elecciones para que Corea del Sur eligiese presidente a Syngman  Rhee, hubo un levantamiento guerrillero en la Isla de Jeju  que fue sofocado con bombardeos navales y aéreos de la Marina norteamericana. La Masacre se estimó en  unos 30 a  60 mil isleños  asesinados que redujo  la población de Jeju en un 20%. Syngham Rhee –promovido por los EEUU como presidente de Corea  del Sur quedó  asociado a estos crímenes.

Cuando  el Ejército  Rojo soviético  ingresó   a  la península de Corea  las fuerzas guerrilleras de Kim II  Sung se  habían  organizado ya como  Ejército  Revolucionario de Corea con veteranos de la guerra contra el Japón y de la  primera guerra civil  china contra el Kuomintang. Sin embargo y pese a su prestigio personal y el de su familia -cuya   estirpe provenía  de patriotas y mártires coreanos que lucharon contra el invasor japonés-  Kim II Sung  no era todavía  el líder indiscutido del comunismo coreano.  SÍ ostentaba como mérito el  haber logrado sobrevivir con su columna guerrillera a la cacería del ejército  japonés. El ascenso de Kim II Sung  estuvo ligado a su subordinación a Stalin y a las purgas  que barrieron con viejos dirigentes del PC coreano.

Corea en los bordes de la Revolución Social.

Muchos autores comparan los años que fueron  desde fines de 1945 hasta 1948  con la agitación revolucionaria reinante en Italia y Grecia al término de la Segunda Guerra Mundial. Otros hablan del “febrero coreano” equiparando  el clima revolucionario que bullía en Corea  con Rusia en 1917. Un dato relevante  posterior a la derrota de  Japón fue   el surgimiento  de Comités del Pueblo o Comités Populares que brotaron espontáneamente en toda la península de norte a sur recordando a  los soviets rusos.  Las tropas yankis se encontraron en 1945  con una situación de doble poder en varias regiones de Corea y fue esta precisamente  una de las razones que llevaron a Truman a  apurar la división de Corea  en torno  al  límite artificial del  Paralelo 38.  El cruce del Paralelo 38 en 1950 estuvo lejos de ser una aventura. Kim II Sung  evaluaba la unificación de la Península  como  el resultado de una  guerra  victoriosa que le diera un alcance nacional al clima de rebelión que había sacudido a Corea.

El comunismo  coreano  no estaba circunscripto al Norte y   actuaba en todo el país siendo  ferozmente reprimido  en el Sur por el gobierno títere de Syngman Rhee.  Los EEUU apalancaron la formación del Partido Demócrata  de Corea  de Syngman y la posterior convocatoria a  una Asamblea Constituyente que  sancionó la partición del país. Truman  importó directamente a Syngman  Rhee desde los EEUU donde había  vivido la mayor parte de su vida adulta. Syngman  llegó a Corea en el mismo avión militar en que viajaba el general estadounidense Douglas MacArthur. Los Comités Populares  fueron prohibidos por la administración militar norteamericana que procedió a  organizar la “salida democrática”  con Syngham Rhee  como mascarón de proa  de la democracia.  

 Los EEUU actuaron de este modo para cortar la ola de ocupaciones de fábricas dirigidas por  el Consejo Nacional del Trabajo de Corea. Esta organización obrera tuvo preponderancia de   obreros  comunistas aunque  también los hubo socialdemócratas. En este escenario de agudización de la lucha de clases y extensión de los Comités Populares  se produjeron brutales represiones anticomunistas.  En 1950, Syngman Rhee  armó la Liga Nacional  Bodo que asesinó a miles de sospechosos de simpatizar con los comunistas, mientras el Ejército Surcoreano fusilada masivamente a los presos políticos sacados de las cárceles

 Stalin se dio una política de regimentación de los Comités Populares que habían  surgido en Corea del Norte. Esta “estatización”  de los Comités Populares dio forma al gobierno de la República Democrática Popular de Corea , con capital en Pyongyang. El liderazgo y luego jefatura de Kim II  Sung tuvo el respaldo de Stalin. El “Líder Supremo” de Corea del Norte contó con el reequipamiento de su  fuerza armada  y la provisión de tanques rusos  que le permitieron poner en pie a  un ejército de 100.000 efectivos  con los que cruzó el Paralelo 38 para derrotar a  Syngman Rhee, acendrado anticomunista y presidente de Corea del Sur.

El próximo capítulo abordará  el curso cambiante  de la Guerra de  Corea  hasta el Armisticio  de 1953 y las polémicas dentro de la IV Internacional que llevaron a la división del movimiento cuartista.