El 25 de junio de 1950 comenzó oficialmente la Guerra de Corea. La Península fue el escenario de un cruento conflicto en el que murieron unos tres millones de personas. La guerra civil coreana derivó en el primer enfrentamiento bélico de magnitudes y alcance internacional después del fin de la Segunda Guerra Mundial.
En los campos de batalla se enfrentaron la República Democrática Popular de Corea -dirigida por el comunista Kim II Sung del Partido del Trabajo y apoyado por la República Popular China de Mao– y el gobierno títere pro- yanky de Corea del Sur, sostenido económica y militarmente por los EEUU y una coalición de potencias imperialistas y capitalistas, votada por las Naciones Unidas.
La ONU, otra cueva de bandidos
De esta coalición también formó parte el Kuomintang chino de Chiang Kai-shek que había instalado su gobierno en la Isla de Taiwán, bajo protección de los Estados Unidos, luego de haber sido derrotado y expulsado de China por los ejércitos rojos. Los EEUU tomaron la dirección de la coalición internacional, apurando la convocatoria al Consejo de Seguridad de la ONU. El ataque contra Corea del Norte tuvo para Truman y sus aliados un objetivo estratégico militar contra la URSS y China en el marco de la Guerra Fría. El presidente Truman responsabilizó a la Unión Soviética de instigar la “invasión” a Corea del Sur cuando las tropas norcoreanas cruzaron el Paralelo 38. La península coreana -con fronteras con China y Rusia – fue un punto caliente de la escalada de posguerra en el Pacífico asiático, por eso una de las mayores preocupaciones de los Estados Unidos fue estabilizar a Japón después de la derrota del Imperio de Hirohito en 1945.
La ONU se constituyó el 24 de octubre de 1945 sustituyendo a la Sociedad de las Naciones. En su Carta constitutiva anunciaron hipócritamente que el nuevo organismo internacional se proponía “preservar la paz y la seguridad mundial”. Lenin supo llamar a la Sociedad de las Naciones – antecesora de la ONU- una “cueva de bandidos” por su apoyo a los ejércitos blancos contrarrevolucionarios y a las potencias imperialistas que fracasaron en derribar a la República de los Soviets . Este apelativo le corresponderá por entero a la ONU como instrumento de agresión imperialista contra los campesinos y obreros coreanos en 1950. El nacimiento de las Naciones Unidas (ONU) obedeció a las nuevas relaciones de poder dominantes surgidas en la posguerra con el triunfo de los Aliados sobre los países nazi- fascistas del Eje.
Entre 1946 y 1947, el presidente norteamericano Harry Truman y el líder británico Winston Churchill dieron señales claras de que las prioridades del «mundo libre», terminada la Guerra , habían girado hacia una confrontación y disputa con la Unión Soviética que no excluía el uso de arsenal atómico. Fue Churchill quien acuñó la provocativa denominación de “Cortina de Hierro” para referirse a las llamadas “democracias populares” hegemonizadas militar y diplomáticamente por la Unión Soviética. El avance del Ejército Rojo y la expulsión de los nazis y sus gobiernos títeres había acelerado el colapso de los viejos regímenes burgueses en el este y centro europeo (muchos de los cuales habían colaborado con el fascismo) modificando el tablero geopolítico mundial.
Stalin subordinó las “democracias populares” a los intereses diplomáticos y militares de la burocracia contrarrevolucionaria rusa. No se ha estudiado lo suficiente, por ejemplo, la remisión de bienes, riquezas e infraestructura industrial de estos países a la URSS, ordenada por Stalin. El stalinismo se cobró con métodos de rapiña el esfuerzo de guerra. Esto marcó a los estados obreros burocratizados de posguerra, los que años más tarde serían parte del “Pacto de Varsovia” (1955) creado para oponerse a la formación de la OTAN (Tratado del Atlantico Norte, 1949) impulsada por el imperialismo yanqui para defenderse de la revolución social en Europa y de la URSS. El “Pacto de Varsovia” jugó un papel criminal en la represión de los levantamientos obreros (¡Checoslovaquia!) contra los gobiernos stalinistas usando al Ejército Rojo como fuerza de ocupación.
El papel contrarrevolucionario del stalinismo
En el Este, Stalin demoraba y graduaba el ingreso del Ejército Rojo a las zonas ocupadas por los nazis conforme a los intereses burocráticos de la camarilla y a las negociaciones y repartos de áreas de influencia acordados con las “democracias” imperialistas. Fue un proceso turbulento pero con una orientación estratégica: quebrar las insurrecciones proletarias.
El stalinismo jugó un papel clave en la reconstrucción capitalista de la Europa en ruinas integrando a los Partidos Comunistas europeos a los gobiernos burgueses de posguerra. Para el capital se trataba de cerrar la crisis revolucionaria abierta con la derrota nazi- fascista. Los Frentes Nacionales con los “imperialismos democráticos” debían servir para ponerle fin a la inestabilidad y vacíos de poder en Europa y a los levantamientos anticoloniales y las convulsiones independentistas que sacudían a los imperios seniles de Gran Bretaña , Francia y otras potencias europeas, principalmente en el Sudeste asiático. La política de reconstrucción capitalista contó con la colaboración contrarrevolucionaria de los grandes partidos comunistas europeos. Los PC de Italia y Francia frenaron los procesos revolucionarios y ocuparon importantes puestos ministeriales en los gobiernos burgueses- imperialistas de posguerra. Este rescate en nombre de la “Democracia” y la “Unidad Nacional” antifascista fue determinante para evitar que la crisis revolucionaria de posguerra concluyese en una oleada revolucionaria triunfante en el Viejo Mundo y en un ascenso de las luchas nacionales en las colonias y semicolonias.
Traicionando una vez más a la revolución proletaria, el stalinismo que había disuelto la Tercera Internacional en 1943 como prenda de buena voluntad a los Aliados, ordenó el desarme de los milicianos, maquis y partisanos comunistas que habían combatido a la bota nazi. La voz de orden fue la reconstitución de los estados burgueses y sus ejércitos. Antes de la invasión alemana a la Unión Soviética (Operación Barbarroja), Iosif Stalin ya había liquidado la Revolución Española y estrangulado la Gran Huelga General francesa de 1936, usando los servicios del Frente Popular. Recordemos que al stalinismo también le cupo la destrucción física y política del proletariado alemán en 1933 -el más poderoso de Europa- dividiendo a los partidos obreros en la lucha contra el ascenso de Hitler (en el llamado “tercer periodo” ultraizquierdista). Este crimen se repetiría a otra escala con el ingreso victorioso del Ejército Rojo en Berlín en 1945 cuando ordenó entonces arrasar con los alemanes que se rendían a los soviéticos (promoviendo incluso la violación masiva de las mujeres alemanas capturadas), infringiendo golpes brutales a los trabajadores alemanes, esforzándose para impedir el estallido de la revolución.
Stalin – quien así procedió en Alemania en 1945- fue también el responsable de haberle entregado anteriormente, listas de militantes comunistas alemanes residentes en Francia, a la Gestapo. Con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial los Partidos Comunistas ingresaron a los gobiernos republicanos y monárquicos “aliados” para defender la colaboración con las burguesías imperialistas “democráticas”. Los Frentes Nacionales surgieron como variantes de los Frentes Populares. En Francia el PCF ocupó puestos ministeriales claves en el gobierno de Charles De Gaulle y su dirigente máximo, Maurice Thorez, ejerció como viceprimer ministro de Francia entre 1944 y 1947 integrando el gabinete gaulliista junto a los ministros comunistas de Guerra, Trabajo y Armamento. (Thorez pasó toda la Segunda Guerra Mundial refugiado en la URSS acompañando los virajes oportunistas y contrarrevolucionarios de Stalin). Por caso, hasta la invasión germana a la URSS de 1941, el Partido Comunista Francés ( PCF) buscó un acuerdo con el alto mando alemán nazi en la Francia ocupada y con el gobierno colaboracionista del Mariscal Petain. El PCF rechazó – hasta esa fecha la lucha armada y los actos de terrorismo y sabotaje contra el ejército alemán y así lo hizo saber su dirigencia a los ocupantes, provocando crisis y fraccionamientos en las propias filas del Partido Comunista, algunos de cuyos militantes se pasaron al Gaullismo.
El segundo de Thorez y agente de la GPU, Jacques Duclos, aseguraba que la Alemania de Hitler no era el enemigo principal. Esta canallada fue la continuación del “Pacto de no agresión” de 1939, entre los cancilleres Molotov y Ribbentrop. Cuando los tanques nazis entraron en París, la dirección del PCF tanteó -sin fundamento- la posibilidad de una legalización del Partido Comunista. En las paredes parisinas había pintadas donde se leía trágicamente “Thorez al Poder”. Thorez , sobre quien pesaba una condena a muerte por desertor, fue rehabilitado por Charles De Gaulle y juró su cargo en nombre del Trabajo en un explícito ataque a las huelgas obreras (el PCF se ofrecía para garantizar la paz social imperialista). Desde mediados de 1944 hasta 1946, el Partido Comunista Francés rechazó la independencia de Vietnam por la que luchaba el líder vietnamita Ho Chi Min reivindicando la Unión de toda Francia con sus colonias.
Desatada la Operación Barbarroja -invasión del ejército alemán a la URSS- y ante el pánico que provocó el avance de las tropas nazis fronteras adentro de la URSS, Stalin y los PCs pasaron sin escalas a una política de colaboración con los imperialismos “democráticos” para combatir al fascismo. El salvataje del stalinismo (rodeado del prestigio ganado por el Ejército Rojo como principal triunfador sobre la barbarie hitlerista) al capital, se replicó en Italia con la incorporación del dirigente del Partido Comunista Italiano, Palmiro Togliatti, al gobierno democratacristiano de Gasperi y, antes aún, al de Badoglio, un alto exfuncionario de Mussolini. El PCI ocupó el Ministerio de Justicia, un puesto clave para disciplinar cualquier oposición obrera que cuestionara la unidad nacional capitalista. En Bélgica, el PC también se sumó al gobierno burgués en reconstrucción, mientras que en Grecia el propio Stalin presionó por la integración de los comunistas al gobierno monárquico, un proceso turbulento que llevó a la guerra civil y a la masacre de militantes del PC griego por parte de las tropas inglesas estacionadas en ese país.
Las Naciones Unidas (ONU) a cuyo Consejo de Seguridad se había sumado la URSS actuaron en los hechos como una suerte de frente popular mundial contra las revoluciones proletarias, constituido por los vencedores de la Segunda Guerra. Como adelantamos será la ONU el ariete de la Coalición imperialista montada por los EEUU contra Corea del Norte.
Corea antes de la Guerra de Agresión Imperialista
En agosto de 1945 la rendición del Japón puso fin a la Segunda Guerra Mundial. Antes había capitulado Alemania y caído Berlín a manos del Ejército Rojo de la Unión Soviética. Después del lanzamiento de las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagazaki por parte de EEUU, el tiro de gracia fue el ingreso de divisiones del Ejército Rojo al norte chino en Manchuria aplastando al estado títere pro-japonés de Manchukuo. El Ejército Rojo soviético se dirigió también a la península de Corea que había sido anexada por el Imperio del Japón en 1910 y que ya fungía como un protectorado desde 1905. La anexión de Corea fue brutal: el Imperio del Japón prohibió el uso del idioma coreano y obligó su reemplazo por el japonés para borrar la tradición y memoria de un pueblo con mil años de historia.
Esta aculturización del pueblo coreano -que fue acompañada de privilegios para los terratenientes que colaboraban con el invasor– generó masivas protestas nacionalistas contra los japoneses. La más importante fue el Movimiento del 1 de Marzo que movilizó a dos millones de coreanos. Los grandes propietarios de tierras en Corea estaban entrelazados históricamente con la aristocracia dominante (Yangsan), anexada Corea estos terratenientes y nobles pasaron a colaborar con el ejército de ocupación nipón que adaptó las viejas instituciones a su política de “japonización” forzada. La anexión de Corea en 1910 respondió tempranamente al proceso de expansión imperialista del Japón.
Los ocupantes nipones abrieron un “registro de tierras” para controlar el saqueo colonial que impactó especialmente sobre la pequeña propiedad campesina, una parte de la cual fue obligada a proletarizarse en las fábricas instaladas por el capital japonés. Comenzaba así la “modernización” de Corea de manos del imperialismo japonés. Trotsky llamó a estos procesos con el nombre de “desarrollo desigual y combinado” porque yuxtaponían la moderna técnica capitalista con la arcaica estructura terrateniente en el campo y un sistema de dominación colonial.
Colapsado Japón, la Unión Soviética avanzó sobre la parte norte de Corea y como replica los Estados Unidos lo hicieron sobre el sur bloqueando que la URSS ocupase toda la península. Intimado por Harry Truman, Iosif Stalin aceptó detener la marcha del Ejército Rojo en el Paralelo 38 en el marco de los acuerdos de posguerra. Este Paralelo sería la frontera que dividiría artificialmente a Corea. Años antes los Aliados habían acordado que -una vez desalojados los japoneses de Corea y finalizada la guerra- el país sería gobernado por un Comité Internacional por un largo período entre 10 y 30 años.
Desde principios del siglo XX los EEUU pusieron sus ojos sobre Corea disputándosela a rusos y japoneses. Ya en el siglo XIX una expedición pirata norteamericana, conocida como la “Expedición del Sherman”, intentó tomar Pyongyang. En esta batalla peleó el abuelo de Kim II Sung, el futuro líder del Partido del Trabajo de Corea del Norte. En Corea había sucedido algo similar a lo ocurrido en China con las potencias coloniales presionando para que los puertos y ciudades coreanas se abriesen al libre comercio. Antes que las tropas norteamericanas desembarcaran en el sur de Corea -a fines de 1945- el gobierno de Truman había ordenado que la transición inmediata estuviese a cargo de las instituciones japonesas todavía vigentes para evitar que la agitación social imperante diese lugar a una revolución. La Policía Coreana, formada por los ocupantes japoneses, continuó reprimiendo y encarcelando a activistas obreros y campesinos. EEUU se valió de ese aparato administrativo y judicial para reprimir huelgas y protestas campesinas (en febrero de 1948 el Partido Comunista de Corea del Sur había organizado una huelga general de tres días).
Meses después, y cuando a instancias de EEUU se convocaron elecciones para que Corea del Sur eligiese presidente a Syngman Rhee, hubo un levantamiento guerrillero en la Isla de Jeju que fue sofocado con bombardeos navales y aéreos de la Marina norteamericana. La Masacre se estimó en unos 30 a 60 mil isleños asesinados que redujo la población de Jeju en un 20%. Syngham Rhee –promovido por los EEUU como presidente de Corea del Sur quedó asociado a estos crímenes.
Cuando el Ejército Rojo soviético ingresó a la península de Corea las fuerzas guerrilleras de Kim II Sung se habían organizado ya como Ejército Revolucionario de Corea con veteranos de la guerra contra el Japón y de la primera guerra civil china contra el Kuomintang. Sin embargo y pese a su prestigio personal y el de su familia -cuya estirpe provenía de patriotas y mártires coreanos que lucharon contra el invasor japonés- Kim II Sung no era todavía el líder indiscutido del comunismo coreano. SÍ ostentaba como mérito el haber logrado sobrevivir con su columna guerrillera a la cacería del ejército japonés. El ascenso de Kim II Sung estuvo ligado a su subordinación a Stalin y a las purgas que barrieron con viejos dirigentes del PC coreano.
Corea en los bordes de la Revolución Social.
Muchos autores comparan los años que fueron desde fines de 1945 hasta 1948 con la agitación revolucionaria reinante en Italia y Grecia al término de la Segunda Guerra Mundial. Otros hablan del “febrero coreano” equiparando el clima revolucionario que bullía en Corea con Rusia en 1917. Un dato relevante posterior a la derrota de Japón fue el surgimiento de Comités del Pueblo o Comités Populares que brotaron espontáneamente en toda la península de norte a sur recordando a los soviets rusos. Las tropas yankis se encontraron en 1945 con una situación de doble poder en varias regiones de Corea y fue esta precisamente una de las razones que llevaron a Truman a apurar la división de Corea en torno al límite artificial del Paralelo 38. El cruce del Paralelo 38 en 1950 estuvo lejos de ser una aventura. Kim II Sung evaluaba la unificación de la Península como el resultado de una guerra victoriosa que le diera un alcance nacional al clima de rebelión que había sacudido a Corea.
El comunismo coreano no estaba circunscripto al Norte y actuaba en todo el país siendo ferozmente reprimido en el Sur por el gobierno títere de Syngman Rhee. Los EEUU apalancaron la formación del Partido Demócrata de Corea de Syngman y la posterior convocatoria a una Asamblea Constituyente que sancionó la partición del país. Truman importó directamente a Syngman Rhee desde los EEUU donde había vivido la mayor parte de su vida adulta. Syngman llegó a Corea en el mismo avión militar en que viajaba el general estadounidense Douglas MacArthur. Los Comités Populares fueron prohibidos por la administración militar norteamericana que procedió a organizar la “salida democrática” con Syngham Rhee como mascarón de proa de la democracia.
Los EEUU actuaron de este modo para cortar la ola de ocupaciones de fábricas dirigidas por el Consejo Nacional del Trabajo de Corea. Esta organización obrera tuvo preponderancia de obreros comunistas aunque también los hubo socialdemócratas. En este escenario de agudización de la lucha de clases y extensión de los Comités Populares se produjeron brutales represiones anticomunistas. En 1950, Syngman Rhee armó la Liga Nacional Bodo que asesinó a miles de sospechosos de simpatizar con los comunistas, mientras el Ejército Surcoreano fusilada masivamente a los presos políticos sacados de las cárceles
Stalin se dio una política de regimentación de los Comités Populares que habían surgido en Corea del Norte. Esta “estatización” de los Comités Populares dio forma al gobierno de la República Democrática Popular de Corea , con capital en Pyongyang. El liderazgo y luego jefatura de Kim II Sung tuvo el respaldo de Stalin. El “Líder Supremo” de Corea del Norte contó con el reequipamiento de su fuerza armada y la provisión de tanques rusos que le permitieron poner en pie a un ejército de 100.000 efectivos con los que cruzó el Paralelo 38 para derrotar a Syngman Rhee, acendrado anticomunista y presidente de Corea del Sur.
El próximo capítulo abordará el curso cambiante de la Guerra de Corea hasta el Armisticio de 1953 y las polémicas dentro de la IV Internacional que llevaron a la división del movimiento cuartista.