Llega, mira y el mensaje es recibido. La pared externa de su histórico hogar en la calle Castro Barros 1561 del barrio de Boedo muestra un mensaje cruel, preciso y particular. “Madre de terrorista”, dice la pintada. Significa muchas cosas. La primera ya la sabe: sus hijos están desaparecidos, según el lenguaje gubernamental. La segunda se deduce fácil: saben quién es ella, saben que está ahí. Saben.
¿Qué se puede hacer ante algo así? ¿Llorar? ¿Dejar de sentir? ¿Mentirse a uno mismo?
Catalina siguió. Algunos dicen que hasta se sacó una foto con la fachada. No sabemos qué sintió pero sabemos que siguió. A veces la lógica del luchador no tiene tiempo para vaivenes.
En una entrevista realizada casi 25 años después por el sitio Memoria Abierta en 2001, a Catalina le preguntan si tenía registro del libro Las Locas de Plaza de Mayo, de Jean Pierre Bousquet. Ella responde.
-Sí, yo era una de las locas.
Manual de historia
Catalina Silvia Raymundo de Guagnini nació el 4 de noviembre de 1914, tres meses después del inicio de la Primera Guerra Mundial y tres años antes, casi exactos, de la Revolución Rusa. Murió noventa años después de ver la luz, en julio del 2004. No entró su figura en el “siglo corto” de Eric Hobsbawm. Era docente de matemáticas, pero podría haber sido un manual de historia.
Los inicios de su militancia se dieron en sus pagos: fundó el primer centro de estudiantes de La Plata durante el primer gobierno de facto del siglo XX. “Me politizó la dictadura de Uriburu y, de ahí en más, todas las dictaduras militares. Ningún día posterior a 1930 hizo que vibrara políticamente”, admitió, y sus primeros pasos de lucha la encontraron en el movimiento de “defensa de la escuela laica, gratuita y obligatoria”.
Esa perspectiva la llevó a su profesión: se egresó con el mejor promedio en la Escuela Normal Popular, lo que le permitió acceder a un cargo de maestra. Luego fue vicerrectora y rectora de enseñanza de la Provincia de Buenos Aires. Llegó a desempeñarse como inspectora hasta que la echaron. Durante el peronismo ella misma se sentía una “garantía visitando escuelas”, dado que no se encontraba encolumnada con la fuerte presión del gobierno y de sus aliados clericales para intervenir en la educación. Con todas las diferencias del caso, llevaba una esfinge de Sarmiento en el guardapolvo. Posteriormente, entre otros episodios, jugó un papel de peso en los treinta y cinco días de huelga de 1958, en el marco de la “Laica o Libre”, por la equiparación del Estatuto Docente de la Provincia con el de Nación. Atea por convicción.
Pero su militancia no se limitó al campo educativo. Catalina fue parte de los comités de apoyo a los republicanos españoles, para apoyar desde Argentina a aquellos que luchaban contra Franco y también de las Juntas de la Victoria contra el nazismo, en donde “tejían ropa con lana” en un conventillo de San Telmo para mandar a Europa a las víctimas de la persecución y la represión. Se estima que las Juntas llegaron a reclutar 50.000 mujeres en todo el país y, según Guagnini, tenía locales en Flores, Barracas, Constitución, Devoto, Mataderos y Caballito. Siempre hablando de la Capital Federal.
Su padre era almacenero de profesión y conservador de alma: era “adherente consecuente” al Partido Autonomista Nacional (PAN). Su madre se abocó a las tareas domésticas y su hermano Basilio jugó un papel de importancia en su formación y crianza, sus visitas al teatro, su recorrido. Con su otro hermano, Juan, tenía diferencias más profundas: “Nosotros acordábamos con los trabajadores que hacían huelga, él siempre quería que vuelvan a trabajar”. Catalina se autodefinía “analfabeta” pero asistía, en su juventud, a charlas o cursos que dictaba el sociólogo Aníbal Ponce.
A fines de la década del 30 se casó con Omar Guagnini, su compañero de vida, con quien formó familia y tuvo tres hijos: Luis, Diego y Miguel. Todos militantes: los primeros dos se desempeñaron en Montoneros mientras que el tercero llevó adelante su actividad en Política Obrera. Los tres fueron secuestrados por la última dictadura militar: solo Miguel logró salir y partir al exilio, primero en Brasil, y luego en Venezuela. Tuvo seis nietos. Uno de ellos, Nicolás Guagnini, artista plástico y escultor, brilló con una obra de 25 columnas de acero de 4 x 0,12 m. que forma la cara de su padre Luis. Se llama “30.000” y se encuentra exhibida en el Parque de la Memoria (CABA). Catalina también llegó a conocer a dos de sus bisnietos.
“En la dictadura dio un salto político muy importante, porque el secuestro de sus hijos hizo que ella fuera un motor de la constitución de la comisión de Familiares de Detenidos – Desaparecidos por Razones Políticas (de ahora en adelante Familiares)”, indica hoy Rafael Santos, dirigente del Partido Obrero (sucesor de Política Obrera) y compañero de militancia de Catalina, quien aclara que Guagnini se incorporó años antes a esta organización. Fue su hijo Miguel quien la acercó.
Catalina, entre otras cosas, impulsó el primer listado de periodistas desaparecidos empezando por su propio hijo Luis, reportero y escritor de medios como La Opinión, El Cronista Comercial y otras agencias extranjeras. Según el testimonio de la propia Guagnini, Luis fue elegido por Fidel Castro para tareas de información y espionaje en algún tramo de la revolución cubana. Esa nómina es reivindicada al día de hoy por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA), que en 2025 estableció que 223 fueron los periodistas secuestrados y desaparecidos por la Junta Militar. En un homenaje a ellos, Catalina definió los elementos que ella consideraba más importantes en la profesión: “Ser periodista implica asumir un compromiso con la verdad, con la época y con los destinatarios de la información. Para esto se requiere: inteligencia, para deslindar la complejidad de los sucesos; claridad, para que la información sea entendida y se vuelva útil al pueblo; solidaridad, para anteponer los intereses de la sociedad al mero beneficio personal; y valor, para llevar a cabo la exposición de la verdad”.
Catalina jugó un papel fundamental en la lucha contra la dictadura en Familiares, así como también en la lucha contra la impunidad en democracia. Participó de la organización de la Marcha de la Resistencia, en las denuncias de la CONADEP, en la pelea contra las leyes de impunidad del alfonsinismo. Su firma está estampada en la carta que los organismos de Derechos Humanos le mandaron al presidente de la UCR el 29 de noviembre de 1986 en el que sentenciaron: “Rechazamos el Punto Final”. Las otras firmantes fueron Isabel “Chicha” Mariani y Estela de Carlotto, por Abuelas; Susana Miguez (además de Guagnini) por Familiares; Hebe de Bonafini y Juana de Pargament, por Madres. Con el resto de los organismos siempre hubo debates y discusiones, pero nunca dejó de profesar la política del frente único.
“Te juego un almuerzo a que esto desaparece”, le dijo a un reconocido periodista, cuando un sector de la mal llamada opinión pública veneraba los oficios democráticos del gobierno de Alfonsín. “No creo en la verdad, ni en la justicia”, planteó alguna vez, mientras denunciaba al régimen que antes era “procesista” para luego vestirse de “democrático”, cuando siempre la misma clase social se enriquecía a costa de las mayorías populares. Aunque, al mismo tiempo, planteó: “Somos tan buenos nosotros, que nos conformamos con la verdad”.
Esa pelea implacable la llevó a ser vocera de luchas políticas del período. Primero que nada fue candidata a vicepresidenta en la lista que encabezó Gregorio Flores en las elecciones de 1983, por el Partido Obrero. Luego, ya como miembro del Comité Central del Partido Obrero, fue una de las encarceladas por el gobierno radical en 1989, con Alfonsín responsabilizando a la dirección del PO por los saqueos y la situación económica.
Los últimos años de vida mantuvo con una tenacidad que sólo fue cayendo por los dramas físicos de su edad. Rafael Santos la recuerda subiendo la larga escalera del local del Partido Obrero en Corrientes y Riobamba, y luego en el local central de Ayacucho 444, en donde trabajaba en la distribución y el cobro de la Prensa Obrera, instrumento orgánico de difusión y centralización de ideas del PO.
El día de su muerte, los propios hicieron lo mismo que durante su vida: amarla. Pero hubo homenajes de propios y extraños. “Nacen líderes cada miles de años y ella era una líder. Era predominante en todo lo que hacía. Tenía carácter, capacidad de pensar, trabajar y ordenar y también tenía ideas nuevas”, dijo Mabel Gutiérrez, de Familiares, en la nota de Página 12. “Fue una mujer coherente con sus perspectivas socialistas de toda la vida. Tuvo mucho que ver con lo que ella pensaba que tenían que ser las mujeres. No era contestataria sino lúcida. Todos los organismos de derechos humanos tuvieron una cabeza que fue perfilándose como inspiradora. Ella fue, en parte, el alma de Familiares”, planteó Laura Conte, del CELS.
Catalina veraneaba mucho en la costa argentina, más precisamente en Miramar. Con esa metáfora como bandera, en 2018 Patricia Barone y Javier González presentaron una canción en su honor. Le pusieron, como no podría ser de otra forma, Cata.
La letra y la música decían lo siguiente: “Catalina tejía en un mar de futuro”.
Castro Barros
Un sobre cerrado. Lo había dejado Luis. “Yo lo tenía que abrir si lo secuestraban”, exclamó Catalina, que cuando vio el escrito encontró instrucciones y cosas que tenía que saber. No era tan raro: el propio Luis solía dejarle mensajes en la fiambrería. La esposa del encargado conocía a Catalina desde su época de instrucción docente.
Los tres hijos de Guagnini fueron secuestrados: Diego fue capturado el 30 de mayo de 1977 junto a su hijo Emilio en la zona de Nueva Pompeya (CABA). Su pareja, Isabel Valoy, militante de Montoneros como él, había desaparecido unos días antes. Los tres estuvieron en el centro clandestino “Club Atlético”, aunque Diego fue llevado luego al “Vesubio”. Emilio fue contactado con la familia Valoy, en Tucumán, un tiempo después. Luis, por su parte, fue llevado ilegalmente el 21 de diciembre de 1977, en Recoleta. También fue capturada su pareja Dora Salas, que logró quedar libre dos días después. Hasta julio de 1978, Luis estuvo en “Club Atlético” y luego en el centro clandestino “El Banco”. Tanto Luis como Diego conforman hoy día la lista de desaparecidos. Miguel, por su parte, fue secuestrado en mayo del mismo año junto a otro dirigente de Política Obrera, Pablo Rieznik. Luego salió en libertad (arrancar la libertad de Rieznik demandó una enorme campaña nacional e internacional). Se exilió en Brasil y luego en Venezuela, donde se quedó a vivir.
“Viejos rajen” llegó a decirles Miguel tanto a Catalina como Omar. Estuvieron un tiempo en Mar del Plata y en Brasil y, según cuenta Rafael Santos, también cambiaron de hogar a una casa del barrio de Flores durante la dictadura. Pero Catalina dedicó la mayoría del tiempo a la lucha contra la dictadura.
El secuestro de sus hijos la puso al frente de la organización de Familiares. Trabajaba de tres de la tarde hasta las diez de la noche todos los días y tenía reunión de comisión directiva los días lunes. Consideraba, igualmente, que no valía la pena solo la lucha individual, sino la pelea colectiva: “Era egoísta encargarse solo de los desaparecidos porque los hijos tuyos desaparecieron. Por eso me ocupé mucho de los presos”. Junto a otra compañera (“Angelita”) juntaban jabón y ropa para los presos políticos y hasta organizaban, como podían, viajes de familiares a Trelew.
Nora Cortiñas alguna vez le atribuyó públicamente a Catalina la siguiente frase: “Se llevaron a los malos hijos de los buenos comunistas”. Por supuesto que no es exacto atribuirles un concepto a un cúmulo de palabras fuera de contexto, pero es sumamente probable que esa declaración esté ligada a una lucha política que dio la propia Catalina. El Partido Comunista (PC) tenía posiciones de cercanía, o al menos complacientes con la dictadura, a partir de los lineamientos del stalinismo. A su vez, tenía presencia en el movimiento de Derechos Humanos a través de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Esas posiciones llevaban a la Liga a alejarse de los familiares de “malos hijos”. La historiadora Natalia Casola (2011), marcó que “es probable que la presencia abrumadora de familiares de desaparecidos vinculados a las organizaciones guerrilleras fuese un elemento de peso para que la Liga se mantuviese a distancia”.
Rafael Santos indica que esa pelea política logró separar a la comisión de Familiares de los partidos que, como el PC, no buscaban un desarrollo independiente de la lucha: “Catalina fue un motor de la constitución de la comisión de Familiares, que venían de la Liga, donde el PC tenía una política de convergencia cívico-militar y una posición de conciliacionismo. No enfrentaba abiertamente la dictadura y lentamente los familiares más conscientes se fueron abriendo y ella y otros compañeros formaron la comisión de familiares independientes”.
Esa postura se fue abriendo paso en la lucha, en frente único con otras organizaciones como Madres de Plaza de Mayo. En su libro La rebelión de las Madres, Ulises Gorini (2011) define a Guagnini como “una extraordinaria luchadora” y una de las dirigentas con mayor experiencia de lucha. Dice el periodista Pierre Bousquet, entrevistado para ese mismo libro: “Salvo unas pocas excepciones, como la Guagnini por ejemplo, eran sobre todo buenas amas de casa y madres de familia sin mayor formación política” (Gorini, 2011). En ese escrito, Hebe de Bonafini recordó que Catalina “siempre nos corría con su experiencia política” y la propia Guagnini destacó la evolución de las Madres en la lucha por la aparición de sus hijos: “En aquellos primeros tiempos ellas se reunían en la Plaza de Mayo como si fueran a una misa, era algo casi místico, hasta decían que allí se encontraban con sus hijos, no era para nada lo que es hoy ni en lo que se fue transformando con el tiempo: una manifestación política”.
Alguna vez Guagnini se indignó porque vio a unos compañeros de militancia hacer “una vaquita” para comprar un televisor que les permitiera observar el Mundial 78. Dijo que jamás tuvo expectativa en la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) de 1979 y resaltó la lucha en vivo contra la dictadura, como aquella vez que presentaron un petitorio en octubre de 1977 y lo hicieron público en el café Los Angelitos, por la zona de Congreso.
Hasta el día de su muerte Catalina vivió en Boedo, en la calle Castro Barros. Todos sus hijos también, hasta sus exilios y desapariciones. Catalina mantuvo en esa casa los zapatos que tenía cada uno cuando dio sus primeros pasos en la vida.
En enero del 2018, Dora Salas, pareja de Luis Guagnini, contó en el portal El Cohete a la Luna que durante cuarenta años tuvo una misma pesadilla. Estaba en el “Club Atlético” con el pelo blanco, lleno de canas, hablando con su amado Luis de 33 años, la edad de su captura. La situación refleja la frase real que le dijo Guagnini cuando supieron que ella saldría del centro clandestino de detención: “salí y contá lo que está pasando”. Ella, que dejó en claro que sigue contando, le respondía con una pregunta: “¿Por qué nunca volviste a casa?”.
Un minuto de demora
“Vote aparición con vida”. Lista 14. Catalina Raymundo de Guagnini al Parlamento. El afiche electoral sugiere un accionar: se lucha contra la ya finalizada dictadura en todos los terrenos. En una entrevista con la revista Fin de Siglo de Vicente Zito Lema, por las elecciones parlamentarias de 1987, plantó bandera en lo siguiente: “En nuestro país, lo mismo sucede en toda Sudamérica, las Fuerzas Armadas están al servicio del gran capital y del imperialismo. Esto fue perfectamente corroborado en Semana Santa. Durante el alzamiento militar, el gobierno de Reagan se apresuró a decirle a Alfonsín que estuviera tranquilo, pero por otra parte, se entrometió en el ámbito militar avisándole a los «cara pintada» que debían detener esa situación. Es decir, lo que se hace o se deja de hacer con las Fuerzas Armadas para los gobiernos que se dicen democráticos, tiene que ver con la decisión norteamericana en la preservación de sus intereses”.
Las luchas contra la impunidad siempre la tuvieron en el frente de batalla. En una entrevista con Prensa Obrera del año 1986 planteó, sobre la ley de Punto Final: “Es la decisión del gobierno de llevar los problemas de los desaparecidos y de todo lo que ha ocurrido durante la dictadura militar a un punto final: no tiene otra cosa que ofrecernos. EI “punto final” es la continuidad de una estrategia de amnistía e integración plena del aparato represivo de la dictadura en el régimen constitucional. Una estrategia de rescate de ese aparato represivo contra las aspiraciones democráticas de la ciudadanía que se expresaron en el masivo respaldo a la lucha de Madres y Familiares bajo la dictadura”.
Su participación en las campañas de vuelta a la “democracia”, fueron tenaces. Una nota de Prensa Obrera de febrero de 1987 titulada “La gira de Cata no tiene respiro”, indica que en diez días dio seis charlas, en tres provincias distintas.
Rafael Santos la recuerda como una persona que podía “hacer una evaluación rápida del cuadro de situación que existía y adaptarse a ello, manteniendo su objetivo y sus principios”. La disciplina era otra de sus poco disimuladas características. Una vez, en democracia, una compañera no llegó a la hora pautada a una reunión. Su bienvenida no fue amena:
-¿Sabés lo que significaba, en otra época, un minuto de demora? Tal vez la vida de un compañero.
Esa mujer
El silencio y la palabra, a veces, se llevan bien: todo el mundo calla mientras habla esa mujer. Pollera gris clásica y camisa blanca manga larga. El cuerpo se encuentra ligeramente torcido, algo que no dificulta que la boca suspire verdades y haga encontrase realidades cerca del micrófono. El teatro Margarita Xirgu, del barrio de San Telmo, la tiene arriba del escenario mientras abajo hay cabelleras menos canosas que la escuchan con atención.
El telón de fondo, en la bandeja de enfrente, dice “Por los reclamos de Madres y Familiares. Partido Obrero”. La señora de zapatos negros con tacos, mientras habla, levanta el dedo. Parece directora o inspectora de escuela. La fuerza del lomo tiene, por lo menos, seis décadas de lucha. Habrá dos más. Es 1983 y la candidata a vicepresidenta que lidera la fórmula del Partido Obrero junto a Gregorio Flores muestra una postura corporal que asegura que todo valió la pena.
Es una foto: no sabemos qué dice. Pero la sensación no cambia. Esa mujer habla porque vive. Vive porque ama. Ama porque sonríe. Sonríe porque lucha. Lucha porque hace luchar. Hace luchar porque habla.
¿Cómo se hace? Dos hijos y una nuera desaparecida. Seis golpes de Estado. Casi dos Guerras Mundiales. Crisis económicas de todo tipo y color. A esa mujer nunca se la veía llorar o lamentarse por su situación personal.
Alguna vez, volviendo de una asamblea de Familiares en Quilmes, Catalina Guagnini le contó a su amigo Eduardo Salas, actual dirigente del Partido Obrero, que tenía un truco. Cada vez que salía de la casa armaba un paquete o una cajita imaginaria en la que colocaba todos sus sentimientos, los dejaba allí y salía a luchar.
Cuando volvía, a la noche, los sentimientos todavía estaban ahí.
Bibliografia:
-Bousquet, Jean-Pierre. (1982). Las locas de la Plaza de Mayo.
https://condor-atlanta.org/wp-content/uploads/2024/02/19-Madres-Las-locas-de-la-plaza-de-Mayo.pdf
-Casola, Natalia. (2011). [Ponencia sobre Madres de Plaza de Mayo].
http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2011/10/mesa_1/casola_mesa_1.pdf
-Gorini, Ulises. (2017). La rebelión de las Madres: Historia de las Madres de Plaza de Mayo. Tomo I (1976-1983). Editorial de la Universidad Nacional de La Plata.
https://madres.org/wp-content/uploads/2020/03/La-rebeli%C3%B3n-de-las-Madres-Tomo1.pdf
-Memoria Abierta. (s. f.). Documento sobre Madres de Plaza de Mayo.
https://indice.memoriaabierta.org.ar/item/44318
-Prensa Obrera. (2019, octubre 2). Cata Guagnini: homenaje a una gran luchadora y militante revolucionaria.
https://prensaobrera.com/aniversarios/cata-guagnini-homenaje-a-una-gran-luchadora-y-milit-ante-revolucionaria
-Prensa Obrera. (2021, diciembre 23). [Archivo] “Punto Final, estrategia de rescate del aparato represivo”.
https://prensaobrera.com/libertades-democraticas/archivo-cata-guagnini-punto-final-estrategia-de-rescate-del-aparato-represivo
-Prensa Obrera. (s. f.). La gira de Cata no tiene respiro.
https://prensaobrera.com/partido/la-gira-de-cata-no-tiene-respiro