En un artículo anterior nos referimos a las Guerras del Opio de mediados del Siglo XIX, a la Rebelión de masas Taiping (1851-1864) y al Levantamiento Boxer del año 1900 como episodios históricos trascendentes de la lucha de clases en China durante el llamado “Siglo de la Humillación Nacional”. La acumulación de derrotas militares, los levantamientos e insurrecciones campesinas, las hambrunas, la corrupción administrativa, el endeudamiento de China y las concesiones a los imperialismos -enclaves donde los chinos eran considerados extranjeros- agravaron el desprestigio de la nobleza Qing .
A principios del siglo XX la descomposición del gobierno imperial era imparable en medio de fracturas y golpes palaciegos en la Corte manchú. La modernización de China no podía llegar de la mano de los imperialismos ocupantes. Le cupo a la moderna civilización inglesa –la gran potencia industrial y capitalista de la época- ahogar a China con las millonarias reparaciones de guerra. Gran Bretaña esclavizó al pueblo chino con la introducción masiva del opio en las narco guerras. El Siglo de la Humillación fue también el de los oprobiosos y coloniales “Tratados Desiguales” y las imposiciones coloniales que desintegraron a China.
La contracara de la decrépita monarquía feudal de los Qing fue el surgimiento de un potente movimiento nacional. Antes del Levantamiento Boxer, La Sociedad por la Regeneración de China –a la que pertenecía Sun Yat- sen- organizó una rebelión en Cantón. Esta insurrección fracasó, sus principales dirigentes ejecutados y Sun Yat- sen se ve forzado a marchar al Japón. El doctor Sun Yat- sen, quién será primer presidente de la República China en 1912, pasó la mayor parte de los años preparatorios de la Revolución en el exilio desde donde se empeñó en el derrocamiento armado de la nobleza y la dinastía Qing.
La Revolución de 1911 y sus límites
El dominio imperialista dio lugar a un movimiento cultural y político que tuvo a su cabeza a miembros de la intelectualidad y la juventud china decididos a tomar las armas contra la dinastía de origen manchú que gobernaba China desde dos siglos atrás. De la confluencia de las organizaciones revolucionarias surgió la Liga de la Alianza fundada por Sun Yat– sen en 1905 con el propósito de instaurar una República y modernizar a China. Esta Liga, el Tongmenghui, fue el antecedente del Kuomintang. La Liga de la Alianza o Tongmenghui , que se constituyó como un movimiento armado , estaba integrada por jóvenes con una edad promedio entre los 17 y los 28 años. Una nueva generación asumió la Revolución como un camino ineludible.
En el movimiento anti-Qing revistaron grupos diversos , también aquellos que convergieron con la Liga Unida para expulsar a los manchúes a quienes consideraban invasores extranjeros, reivindicando la tradición histórica china de la dinastía Ming de la étnica mayoritaria Han. El propio Sun Yat -sen se refería a los manchúes como “tártaros bárbaros“. La hostilidad a la dinastía imperial Qing fue un elemento aglutinador de un movimiento nacionalista burgués muy heterogéneo con alas a derecha e izquierda. En rigor, la Revolución de 1911 fue el resultado de distintos alzamientos provinciales y locales no siempre encabezados por el Tongmenghui. La descomposición del régimen llegó al ejército imperial fracturándolo.
Desde 1908, unidades locales del Nuevo Ejército jugaron un papel cada vez más importante en los levantamientos locales y provinciales. La mayoría de estas rebeliones fueron derrotadas en sus objetivos inmediatos, pero pusieron en evidencia el agotamiento del régimen imperial y el fracaso de las tardías reformas políticas, militares y educativas que buscaban la sobrevivencia del régimen Qing, sin remover al viejo orden feudal. Como se señaló, sectores del Nuevo Ejército se sumaron a la Revolución Xinhai , algunos por convicción y otros por un cálculo oportunista. El propio excomandante de las fuerzas imperiales terminó negociando su pase a las filas republicanas sellando el fin de la dinastía manchú. Una característica de los levantamientos que jalonaron la Revolución fue la ruptura de las provincias rebeldes con el gobierno central Qing y la instalación de gobiernos militares locales que declararon la independencia de sus territorios. La ruptura de la centralización imperial, disparo una “feudalización” de varias provincias con los famosos “señores de la guerra”, al frente de ellas.
En la historia de China, el fundador de la Liga de la Alianza y del Kuomintang (KMT) Sun Yat- sen es reivindicado como “Padre de la República” por su larga trayectoria de lucha y organización en el movimiento nacionalista chino. Sun participó directamente en una decena de los muchos levantamientos que pretendían derrocar a la monarquía Qing. La crisis del régimen imperial se aceleró a partir de 1908 cuando con pocos días de diferencia fallecieron el Emperador Guangxu y la Emperatriz viuda Cixi, quien controlaba la Corte manchú desde fines del siglo anterior. El príncipe Chun asumió la Regencia en nombre de Pu Yi, de apenas dos años de edad, quien sería el último emperador de la China milenaria. Desde el año 2200 a.C. hasta la caída de la dinastía manchú Qing gobernaron quince casas imperiales.
Sun Yat – sen, basó su lucha y prédica militante en los principios de Soberanía Nacional, República y “Socialismo”. La unificación de China y su independencia exigían –para Sun- el fin de los enclaves extranjeros que humillaban al pueblo y una política proteccionista de la economía nacional frente a la competencia de las potencias imperialistas. (En esto radicaba el “socialismo” que le adjudicaba el stalinismo para promover el ingreso de los comunistas chinos en el Kuomintang). Las libertades democráticas y políticas no eran para Sun Yat- sen un fin en sí mismo. En sus textos afirmaba que los europeos luchan por la libertad individual, y “nosotros luchamos por la libertad nacional y de hecho para lograr la libertad nacional no dudaríamos en sacrificar nuestra libertad personal”. Sun Yat – sen condicionó los tres principios estratégicos a los “tiempos” de la Revolución definiendo como primera fase la toma de las provincias en manos de los Qing por los rebeldes para instalar gobernadores militares afines a la República. En segundos y terceros tiempos se convocaría a elecciones para establecer un sistema republicano y constitucional.
Esto habilitó, en la práctica, la autonomía creciente de los comandantes militares de provincias, algunos de los cuales se convertirían más adelante en “señores de la guerra”, llegando incluso a gobernar Pekín. Sun Yat- sen careció de un ejército propio que le respondiera, en 1912 pese a la organización nacional del Kuomintang, el partido nacionalista chino tenía solo el control de una pequeña parte de la China “republicana” en el sur. La presidencia de Sun duró poco, en abril de 1912 asumió Yuan Shikai ajustando cuentas con el Kuomintang. En un escenario de crisis, los caudillos federales conocidos como los Señores de la Guerra fueron adueñándose del Norte guerreando entre sí y con intervalos de alianzas precarias y temporarias. Tres camarillas militares y regionales fueron las principales y más poderosas.
Las condiciones en que surgió la República en 1912, son materia de un debate histórico y político. Lejos de resolver la cuestión central de una China fragmentada por las “zonas de concesión extranjeras” -enclaves imperialistas- y como consecuencia de un poder cada vez más fuerte de las autoridades y fuerzas militares de las provincias que se transformaron en verdaderos estados interiores con gobierno, tropas, moneda y hasta diplomacia propia, la débil República se hundió ahondando una mayor división del país.
El líder del Kuomintang Sun Yat – sen aceptó que Yuan se hiciera cargo de la presidencia especulando con que el ex comandante de las fuerzas armadas imperiales se vería obligado a dejar Pekín para bajar a Nankín donde el KMT -calculaba- tendría mejores condiciones para controlarlo. Un cálculo fatal. La dimisión de Sun Yat- sen no afirmó la transición sino que fue el punto de partida de una gran ofensiva contra el Kuomintang. Rápidamente el nuevo presidente” republicano” fue desalojando a los elementos nacionalistas del gobierno y los expulsó de la Asamblea Nacional. El pretendido gobierno de coalición republicano dio paso a un régimen autoritario cuya fuerza radicaba en la centralidad del Ejército y en el ascendente de Yuan Shikai sobre la oficialidad.
Yuan Shikai anuló la Constitución e ilegalizó al Kuomintang. Vale detenerse en Yuan porque el desenlace de la Revolución anti-Qing no condujo al fortalecimiento inmediato del Kuomintang , ni de Sun Yat – sen que había emergido como el líder popular más reconocido. Yuan Shikai no representaba al movimiento nacionalista chino por su vieja atadura al gobierno imperial: hasta la asunción del Príncipe Regente que lo obligó a renunciar a su cargo al frente de las tropas imperiales, Yuan había sido el hombre fuerte y comandante del Ejército reformado o Nuevo Ejército. Tres años después, el Alzamiento de Wuchan le dio la oportunidad para volver al primer plano de la política china cuando los Qing lo volvieron a convocar para sofocar el levantamiento que se inició en la provincia de Hubei y se extendió a otras provincias. Ilegalizado, el Kuomingtan pasó a la oposición e intentó sin éxito promover un levantamiento contra Yuan Shikai. Esta iniciativa de Sun Yat- sen no prosperó y el Kuomintang establecería la capital de su gobierno alternativo en Cantón hacia 1926. El gobierno nacionalista contó con el apoyo y reconocimiento de la URSS y el apoyo del naciente Partido Comunista Chino.
El mencionado Yuan Shikai gobernó hasta 1916, cuando intentó restaurar el régimen imperial convirtiéndose en emperador de una nueva dinastía. En 1913 una grave crisis financiera lo había llevado a contraer nuevos empréstitos que endeudaron a China en un escenario que recordaba a los últimos días del gobierno Qing. Yuan Shikai capituló frente a las presiones del Japón que le impuso las “21 condiciones”, obligando a China a que reconociera la supremacía japonesa cediendo derechos y territorios. Si bien las protestas de los funcionarios chinos lograron eliminar alguna de estas condiciones, aquellas que se mantuvieron representaron un golpe y atropello a la soberanía nacional. La capitulación de Yuan provocó manifestaciones en Beijing y otras ciudades.
Frente al descontento popular, Yuan Shikai disolvió el Parlamento y las asambleas regionales. A fines de 1915 comunicó que restaurarla el régimen imperial para “restablecer la armonía de la nación”. El 1 de enero de 1916 se proclamó Emperador y en marzo de ese año renunció abandonado por sus antiguos aliados y bajo la amenaza de una rebelión de oficiales del Ejército del Norte. Yuan murió tres meses después de estos hechos agravando la inestabilidad política y la decadencia del poder central. Sun Yat – sen y el Kuomintang fueron incapaces de explotar la crisis política y buena parte de China pasó a ser controlada por caudillos militares que hicieron de los ejércitos locales sus fuerzas militares privadas.
El origen del Kuomintang
La Liga de la Alianza fue el antecedente del Kuomintang, Sun Yat – sen la fundó en 1905 para unificar a las organizaciones revolucionarias. Sun se educó en Japón y como toda una generación de jóvenes y estudiantes revolucionarios, estuvo influenciado por la Restauración Meiji que “occidentalizó” al Japón y sentó las bases de su crecimiento y expansión. Para Sun Yat – sen la democracia, la modernización y la recuperación de la Nación eran incompatibles con la subsistencia de la Dinastía Qing.
El Tongmenghui o Liga Unida fue, desde sus orígenes, tan amplio como heterogéneo en su estrategia, abarcando a nacionalistas revolucionarios , chinos residentes en Japón y en la península Malaya, elementos pro- japoneses que aspiraban a manipular la revolución anti- Qing en función de los apetitos expansionistas de Japón, fracciones y sectores del ejército imperial que –en su desintegración- se pasaron al campo de la revolución, militantes anarquistas que practicaron el terrorismo revolucionario, representantes de la burguesía nacional y del comercio y, también, a fracciones obreras como la de los mineros y los ferrocarriles. La fusión de organizaciones en torno al Tongmenghui (Liga Unida) dio un mayor impulso a las acciones revolucionarias en la primera década del Siglo XX.
El pico de estas rebeliones transcurrió entre 1910 y 1911, y la más determinante de las acciones fue el levantamiento de Wuchan en octubre de ese año. Minimizando su contenido popular, algunos historiadores reducen esta rebelión contra el gobierno manchú a una disputa al interior de las fuerzas armadas. El alzamiento de Wuchang nació en apoyo a una protesta obrera y popular del Movimiento de Protección del Ferrocarril. Para reprimir las protestas, el gobierno Qing envió unidades del Ejército Imperial contra los manifestantes que rechazaban la incautación y entrega de empresas ferroviarias locales a potencias extranjeras. La Conferencia en Wuchang sumó a unidades locales del Nuevo Ejército en ruptura con la comandancia central votando el levantamiento para el 6 octubre de 1911. Esta fecha inicial se pospuso para organizar la insurrección en mejores condiciones.
Finalmente el levantamiento se desencadenó a partir de un hecho fortuito al explotar accidentalmente un arsenal donde los revolucionarios estaban fabricando bombas. Sun Yat-sen no fue parte del levantamiento de Wuchan porque por esos días se encontraba viajando por los Estados Unidos para recaudar fondos y ampliar el apoyo a la Revolución Xinhai entre los chinos que vivían en el extranjero. Los revolucionarios de Wuchan decidieron no retrasar más las acciones cuando las autoridades ordenaron detener a los líderes del alzamiento. El 10 de octubre de 1911 comenzó el levantamiento y rápidamente cayó la ciudad a la par que se anunciaba la formación del Gobierno Militar de Hubei de la República de China. Después de la victoria de Wuchang se multiplicaron las protestas en todo el país.
Yuan Shikai fue –como se dijo- convocado por los Qing para liquidar la rebelión, pero optó por abrir una negociación con los rebeldes. Les ofreció no reprimir y forzar la abdicación del Emperador Qing siempre y cuando tuviese el apoyo necesario para llegar a la presidencia sustituyendo a Sun Yat– sen. El capital que explotaba Yuan era su ascendiente en el Ejército. Pese a sus reservas, Sun Yat- sen terminó dimitiendo en favor de Sun Yat – sen para “consolidar la transición republicana”. La Conferencia de Nankín, de la que participaron las provincias que habían roto con el gobierno imperial, proclamó la República. Para la Dinastía Qing y el gobierno imperial, la rebelión de Wuchang y el cambio de bando de Yuan Shikai fueron el principio del fin.
Los Señores de la Guerra
La crisis de la República inauguró el periodo conocido como la “Era de los señores de la guerra” , años de aguda desintegración de la unidad nacional china que continuó hasta la campaña militar de Chiang Kai- shek de 1926–1928. En las tres etapas de la Expedición del Norte, el Kuomintang ocupo primero Shanghái y luego Nankín, ciudad que pasaría a ser la sede del gobierno. El avance de las tropas del Kuomintang recuperó Pekín entrando en la Ciudad Prohibida. El desenlace llegó con la muerte del último señor de la guerra y la subordinación de su hijo al gobierno del Kuomintang. Como veremos en una próxima entrega, a medida que Chiang Kai – shek afianzaba su poder después de la muerte de Sun Yat – sen, fue escalando su ofensiva contra el PCCh.
Chiang ajustó cuentas al interior del Kuomintang desplazando a su ala “izquierdista” influida por los comunistas. La pretendida “bolchevización” del Kuomintang no fue más allá de las maniobras de cooptación, aparato y control al servicio de la diplomacia stalinista. A instancias de Borodin, enviado por Moscú, Sut Yat- sen aceptó en 1923 reestructurar al KMT como un partido centralista siguiendo el modelo del partido ruso. La “leninización” del Kuomintang fue el envoltorio de una mayor injerencia de la fracción stalinista. Y fortaleció el control despótico de Chiang Kai shek sobre el Kuomintang. En 1927, esta política se derrumbaría violentamente. La Academia Militar de Wuampoa, en Cantón, fue el trampolín político del que se sirvió Chiang Kai- shek – su comandante- para ascender a la jefatura del Kuomintang contando con armamentos, fondos de la URSS y la instrucción de oficiales soviéticos. Una vez alcanzada la jefatura del Kuomintang, Chiang Kai- shek se empeñó en desplazar al PCCh, alarmado por su crecimiento en los sindicatos y la influencia ganada en el ala izquierda del Kuomintang imponiendo -cuando todavía funcionaba el Frente Unido- que los comunistas que ingresaran al Kuomintang debían hacerlo individualmente previa renunciar a su afiliación al PCCh.
La exitosa Expedición del Norte contra los señores de la guerra consolidó el poder de Chiang Kai- shek y fue el ariete usado para la ruptura con el PCCh. En los hechos fue una combinación de batallas ganadas y negociaciones con los caudillos “federales”. Pese a los ataques de Chiang Kai- shek a los comunistas desde la muerte de Sun Yat- sen , Stalin y la Internacional stalinizada reafirmaron el sometimiento del PCCh a la disciplina del Kuomintang . Para Stalin las detenciones y muertes de comunistas eran incidentes menores frente a la necesidad de sostener una política oportunista a través de la colaboración del “bloque de las cuatro clases” (que analizaremos en una próxima nota).