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Del avance de la precarización laboral en los 90′ a la uberización en la Argentina (Parte III)

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16/5/2026

Del avance de la precarización laboral en los 90′ a la uberización en la Argentina (Parte III)


Como último apartado del avance precarizador en Argentina tenemos que mencionar las formas de ocupación que abolen todo límite a la explotación. Como en lo fundamental todas las tendencias depredatorias sobre la fuerza de trabajo han sido expuestas de manera parcial, resta tratar de mensurar la importancia relativa de aquel sector que reúne a todas ellas de manera integrada.

Deslaboralización y trabajo en negro

El asalariado bajo fraude laboral rinde un valor excedente a un capital determinado, apareciendo esta relación como empleo en negro, monotributo, pasante, en apps, etc. sea que trabajen directamente para este o a través intermediarios como las agencias de trabajo, cooperativas, contratistas, apps, etc. En 1994 bajo el DNU 433 se crea la figura del trabajador autónomo y cuatro años después, el monotributo, que hacia 2013 cuenta con un 50% de inscriptos su categoría más baja[1]. Milei introduce a partir de la Ley Bases la figura de trabajador autónomo (con hasta tres “colaboradores”) que viabiliza a través del monotributo la no constitución legal de contratistas y abole todo derecho laboral para pequeños grupos de trabajo (cuadrillas). Algunas de estas mismas formas fraudulentas y otras –planes sociales con contraprestación- pueden corresponder a su vez a la relación más general de dependencia que se establezca entre un trabajador con el estado, patrones domésticos, clubes, cooperativas, entidades en general, etc.

El Indec refleja algunas de las formas de dependencia ocultas bajo la figura de cuentapropistas[2], lo cual lejos de cualquier tipo de casualidad devela la necesidad que tienen para el capital y su Estado este fraude. La propia estructura precarizadora del Indec como organismo y de numerosas dependencias estatales lo demuestra. En 2024 en una “carta abierta de los monotributistas del Indec” denunciaron que conformaban el 20% de la nómina de empleados y que, aquellos encargados de precisar la línea de pobreza, tenían un atraso de ingresos frente a una inflación acumulada del 85%[3].

Otro ejemplo lo analizábamos en el Ministerio de Trabajo, donde también se registra la “locación de servicios” a trabajadores monotributistas que carecen de “protección social, seguros, asignaciones familiares, jubilación, obra social” y sin cláusulas “en función de antigüedad, desempeño, capacitación, incremento salarial”.[4] Para 2007 en todas las áreas centralizadas de este ministerio se contabilizaban 968 de planta permanente de 3472 totales (28%). A lo largo la administración pública y todas sus dependencias encontramos las más variadas formas de hacer pasar el fraude laboral con las figuras que ya habíamos encuadrado en la quiebra de estabilidad laboral.

Un capítulo aparte merecen los trabajadores bajo planes sociales con contraprestación. Estos planes se abren y se dan de baja por períodos a plazo y son utilizados por los estados municipales que tercerizan -a través de su estructura punteril y cooperativas de organizaciones barriales- a cuadrillas (limpieza, comedores, cartoneros etc.) y operativos de distinta índole. La característica de los planes es su bajísimo costo, muy por debajo del valor de reproducción obrero, y que obliga a los trabajadores a suplir con changas. El mecanismo básico de ocultamiento de la dependencia del gobierno nacional, haciendo dadores de los planes a la caja previsional de ocupados y jubilados, es el convenio con el municipio, el cual intenta a su vez transferir toda responsabilidad jurídica por el trabajo a una cooperativa.

El capital se sirve directamente de esta ingeniería de precarización facilitada por la legislación anti obrera del Estado y la ausencia de controles. En la industria del software un estudio describe como trabajan sus obreros intelectuales. Por comenzar, se trata de un sector sin convenio y el capital cuida celosamente que no surja la organización de clase apelando a la “prohibición de la afiliación, realización de asambleas y hasta el hostigamiento”[5]. No hay por lo tanto negociación paritaria, pautas de aumentos y en general los trabajadores desisten de obtener mejoras cuando falla la negociación individual. A partir del congelamiento nominal que pulveriza el salario con la inflación (cambiando las condiciones reales de contratación), resulta un método de despido que el capitalista puede no asume cuando es el trabajador el que renuncia. Aquí la rotación es alta, lo mismo que la flexibilidad que diferencia los salarios individuales, la falta de derechos derivada de los contratos precarios, mostrando que los polos no se corresponden con los de un trabajador autónomo, sino con los de un dependiente que debe subordinarse a las condiciones de las empresas del sector o desistir.

Por otra parte, para estos obreros calificados as jornadas se prolongan más de ocho horas por el trabajo por proyectos. Las fechas límites de entrega llevan a que en momentos de cierre se intensifique el trabajo, reduciendo descansos. El trabajo mental continúa después de la jornada oficial afectando el descanso. Como lo describe un trabajador del Polo Informático de Tandil:

“Básicamente nosotros tratamos de resolver problemas continuamente, buscándole la vuelta a las cosas, resolviendo, combinando otras soluciones ya existentes para resolver problemas. Y eso significa que muchas veces vos te vas a tu casa y te queda el problema en la cabeza y te quedas pensando cómo lo hago, cómo lo hago. Y capaz que a las 10 de la noche, te estás pegando una ducha en tu casa y decís: “ya sé tengo que probar con esto”. Y al otro día vas. Es muy común eso, quedarse pensando en cómo resolverlo”.

Con la industria pesquera existe montado otro fraude como lo refleja otro trabajo[6]. Existen cooperativas tienen tercerizados a trabajadores para tareas de fileteado dirigidas por representantes de las empresas pesqueras. Estas cooperativas partieron del despido de muchos trabajadores que fueron reincorporados como “asociados”, que encubre una relación negrera de super explotación. La proporción indica que “de 7.923 trabajadores, de los cuales aproximadamente 6 mil realizan tareas de fileteado, 3.303 de esos trabajadores laboran bajo el sistema de las cooperativas (42%)”. Se aplican en las empresas de fileteado dos modalidades de flexibilidad y plusvalía absoluta como lo son el banco de horas y el salario a destajo. Otras tareas como cortar la cococha o pelar camarones se realizan en plantas clandestinas.

Como se ve las cooperativas son una patas del fraude laboral y están vinculadas fuertemente con monopolios y capitales de magnitud industriales, agroindustriales, y con los estados distritales que tercerizan una masa de trabajo low cost a través de estas entidades que suelen operar en tareas de predominancia manual y con poca centralización del capital. Los trabajadores de las cooperativas son “asociados” (aunque sin prerrogativas reales sobre la propiedad, y con salarios que se camuflan como excedentes distribuidos) y por eso están sujetos a un régimen de mega flexibilidad, bien que muchos otros también son monotributistas, trabajadores en negro o sujetos a un plan de asistencial. Lejos de surgir como expresión de la “compromiso cooperativo solidario”, la extracción social de la dirigencia estratégica de muchas de estas cooperativas son del entorno de los propietarios del capital o de la burocracia sindical o para estatal/punteril.

El caso de las apps también tiene un carácter similar al caso anterior, y no casualmente se las denomina un modelo de “economía colaborativa” como eufemismo de la super explotación “voluntaria”. Bajo este modelo se supone que existen muchos concurrentes que son reunidos por alguna mano benefactora trabajando bajo el sistema de asignación eficiente del algoritmo. Pero lo que ocurre en este caso es inverso a la cooperativa desde el punto de vista comercial. Mientras que con estas últimas actúan como un fragmento de un capital superior o monopolio, mediante el cual se terceriza la relación laboral, las apps en sí resultan ser el monopolio que directamente coloca a su disposición el trabajo low cost, contratando con monotributo o en negro. Lejos de ser intermediadoras de agentes terceros, las apps organizan un servicio determinado bajo sus propios criterios comerciales y productivos, sobre la base de la explotación capitalista de la fuerza de trabajo.

Para evaluar la estructura como las estadísticas oficiales reflejan la situación, veamos lo que cita la OIT del Censo de 2010, mostrando que

“la informalidad laboral para el total del país alcanzaría el 44%. Entre los trabajadores asalariados (73,5% del total de los ocupados), la informalidad, medida como ausencia de registro de contribuciones a la seguridad social, rondaría el 38%, mientras que entre los trabajadores independientes (patrones y cuentapropistas, quienes representan al 24,7% de los ocupados) se ubicaría en el 58%.”[7]

De modo elemental podemos ver que nueve años de la salida de la convertibilidad, en el momento de mayor grado de formalización general de la economía argentina, la base estructural de ocupados sin protección alcanza nueve de cada veinte ocupados. De esos nueve, tres son del área de los que las estadísticas oficiales muestran como fuera de relación de dependencia y seis dentro de ella[8], que están en negro. Entre el empleo formalizado, por tanto tenemos dos pertenecientes a los no dependientes (entre ellos los propios patrones), y nueve dependientes con “protección” (trabajadores en blanco que ya encuadramos dentro de la ofensiva precarizadora).

¿Qué pasó durante el resto del período? Desde 1990 a 2002 se observa que en general el alza vertiginosa de la desocupación abierta a través de la convertibilidad golpea fundamentalmente lo que autores denominan el sector formal de la economía por operar como capital[9] (declarado) o ser el Estado. Ella se contrapone a una economía informal –que podemos concebir como la suma de la economía de subsistencia con ciertas formas encubiertas de dependencia- cuya formación aparece como estructural en toda la época acompañando el crecimiento demográfico, con una sensibilidad reducida respecto de la desocupación abierta. [10]

Lo descripto hasta ahora no muestra todavía que pasó con la relación de dependencia en negro y el fraude laboral, presente con diferente proporción en ambos sectores, pero sí el hecho de que hacia la crisis de la convertibilidad infló su peso relativo hasta poco más de la mitad como sector de ocupación, cayendo posteriormente hacia 2010 y estabilizándose en 43%.

De 1990 a 1993 se observa la sustitución de empleo dependiente público por privado por efecto de las privatizaciones, los despidos estatales y el contrato promovido. Se observa la fuerte pujanza del trabajo dependiente (en negro). En todo este periodo crece el desempleo del 7% hasta 10%. De 1993 a 1996 se suavizan las tendencias anteriores, aunque ocurre un pequeño rebote inverso en la sustitución entre trabajo público y privado. Ese año la desocupación toca pico de 18%. De 1996 a 1998 la desocupación cae al 14% y crecen todas las categorías de ocupados, con relevancia del trabajo bajo dependencia y dentro de este, el trabajo en negro que se “infla” mucho más rápido. Desde este periodo en adelante todas las categorías evolucionan de forma similar con la ocupación. Desde 1998-99 a 2002 caen todas las categorías en el marco de una desocupación tocando pico del 21% (declarado), con mayor pronunciación la ocupación dependiente, y dentro de ella nuevamente se infla el trabajo en negro, demostrando estos sectores son más sensible al nivel de actividad que el sector no dependiente o bajo fraude laboral.

En adelante tenemos el proceso de recuperación con caída gradual de la desocupación abierta estabilizada en torno al 8% desde 2007. Una cantidad de autores buscan mostrar el aumento de la formalidad como demostración del “éxito” del modelo Kirchner-Lavagna. Al revisar las estadísticas de 2003-15 podemos observar tres ondas de ocupación sucesivas que ascienden, tocan pico, descienden un poco y se estabilizan en torno a un nivel, todas las cuales arrancan a ascender desde 2003. La onda más corta es la del trabajo en negro con pico en 2006. En 2003 el trabajo en negro representó un 85,3% de todo el empleo creado[11]. La onda media es la del trabajo en blanco privado con pico en 2011. La onda más larga es la del trabajo en blanco público hacia 2015-17. Por su parte, existe un sector de crecimiento consistente que son los sectores no dependientes, entre ellos aquellos encubiertos bajo distintas modalidades de fraude, y que da un salto a partir de 2015.

El trabajo en negro (de todos los sectores) tiene tres momentos de crecimiento estructural. De 1991-93, de 1994-96 y de 2003-04. Los porcentajes fueron del 70%, 20% y 40% aproximadamente, siendo el primero más importante en el sector informal y el último más importante en el sector formal, sobre todo en las llamadas pymes subsidiarias de los monopolios. Además en 1991-93, 1997-98 y 2005-06 observamos que en el sector formal el trabajo en negro se infla 15-25% alcanzando picos en esos últimos años de cada intervalo y que se desinflan en plazos equivalentes. Desde el pozo de 2002 hasta 2006 vemos el trabajo en negro creció un 80%. Se trata por ende de la categoría más sensible de la economía argentina a las crisis y recuperaciones.

En el gráfico extraído de Beccaria y otros (2019) vemos reflejados los índices base 100 = 1995 de cada tipo de ocupación en el sector formal (capital declarado + Estado), el índice de ocupación en el sector informal y el porcentaje de desocupación abierta (derecha).

La disminución relativa del trabajo en negro que se observa comparando el plan Cavallo con el plan Lavagna, es a la vez su gran incremento en términos absolutos, lo que indica una transición neta bastante precisa por la cual primero muchos inactivos pasaron a la desocupación abierta y la subocupación demandante en 2002 (ampliando la PEA), de allí al trabajo en negro en 2003 y posteriormente a 2006 una parte de esta masa logra acceder a los convenios (flexibilizados). Dejemos en claro que el Estado dejó correr esta situación a través de la pantalla de las inspecciones del Ministerio de Trabajo, completamente marginales y sobre todo, sin prohibición de despido y mediando toda una legislación contra la estabilidad laboral. Desde el 2000 hasta la ley 26.941 de 2014 las multas por trabajo en negro quedaron congeladas habiendo mediado una devaluación del peso, ya en ese momento de 1/8 de su valor original. Las leyes de blanqueo viabilizan el trabajo en negro por cuanto se coloca en el capitalista la iniciativa de blanquear, y no en el Estado la de hacer cumplir la ley. La Ley Bases por su parte eliminó multas y otorga una quita del 70-90% de aportes por blanqueo.

Como hemos ya mencionado el trabajo en negro representa una base mínima estructural del 44% de la economía ocupada. Esta base es un 38%[12] sobre el total de dependientes declarados, y un 28% de esta última fracción sobre el total de ocupados. Esta base es también un 64% de cuentapropistas (aprox. 12,5% de ocupados[13]) en una situación de subsistencia, dejando otro 36% compuesto de modalidades fraudulentas de dependencia junto a profesionales independientes (aprox. 7,5% de ocupados).

La catástrofe de la desocupación en 2002, fue dando paso a la catástrofe del empleo en negro en 2003. Ese año las ramas con tasas más altas sobre dependientes declarados fueron: por encima del 30% servicios financieros e inmobiliarios; por encima del 40% industria manufacturera, transporte almacenaje y comunicaciones; por encima del 50% comercio, servicios sociales y salud, hoteles y restaurantes; por encima del 60% actividades primarias, y en el tope construcción (79,6%) y trabajo doméstico (95,4%). Estas ramas representaban a tres de cuatro personas bajo relación de dependencia declarada de la economía, de las cuales solo uno estaba en blanco y dos estaban en negro. Para 2012 las tasas más altas correspondían a: construcción (65%), hoteles y restaurantes (47,2%), trabajo doméstico (84,7%), y en el rango de 30% a 40% industria manufacturera, comercio, transporte, almacenaje y comunicaciones y servicios comunitarios y personales. En 2003, con mayor participación dentro de la masa de dependientes en negro: industria manufacturera (12,7%), comercio (16,3%), trabajo doméstico (19,7%) y servicios sociales y de salud (10,3%). En 2012: industria manufacturera (12,8%), comercio (15,4%), trabajo doméstico (22,8%) y, crece en relevancia la construcción (12,6%) que recordemos en 2006 alcanza un pico de 18% de obreros accidentados y enfermados por año.[14]

Por otra parte, existe una correlación directa entre el tamaño de planta (cooperación) y el trabajo en blanco. Hacia 2012, los establecimientos hasta cinco personas tenían 26,9% de trabajo en blanco, de seis a cuarenta un 71% y superiores a cuarenta un 91,2%. Tal como hemos visto, una parte de esto debe explicarse por el proceso de tercerización, por el cual el plusvalor del pequeño taller contratista o de cooperativa es apropiado por la gran industria y el monopolio. Las ramas que explican la mitad de la ocupación productiva en negro de micro establecimientos son la construcción, la industria manufacturera, y transporte, almacenaje y comunicaciones con tasas; en la primera nueve de cada diez trabajan en negro y siete de diez en las otras dos. De la otra mitad un 54% corresponde a los trabajadores en negro de los pequeños comercios, con casi seis de cada diez que están en los almacenes, kioscos, etc. y se destacan tasas altas de siete de cada diez en pequeños restaurantes, talleres de reparación, entre otras. El autor del informe de la OIT nos dice:

“Al cuarto trimestre de 2012, el salario horario promedio de los asalariados registrados es 63% mayor al salario horario promedio de los asalariados no registrados, mientras que el ingreso laboral horario de los cuentapropistas es 24% mayor al de los asalariados no registrados.”[15] 

Es decir, un ahorro que podría llegar entre 15% y 40% según el tipo de fraude a utilizar.

La emergencia de la explotación de plataformas digitales

El capital moviliza una masa gigante de valor trabajo, la organiza en torno a su necesidad, y a través de sus propios medios. Esto es, lleva a una fragmentación interdependiente de un obrero colectivo, una multiplicidad unificada. Fuimos mostrando cómo esta crítica se denota de forma evidente a la situación de las últimas décadas de la Argentina, que no expresan excepción, sino que es una expresión ultra avanzada de descomposición de un espacio capitalista con cierta base industrial. En ella una parte creciente de la fuerza de trabajo se divorcia de los medios de producción y los centros formadores de valor.

En el capitalismo actual la diferenciación interna de la clase obrera aparece como un fenómeno concomitante al monopolio, que organiza y agrupa la gran masa del trabajo productivo en torno a sí y su valorización. Estas diferenciaciones o fragmentaciones conforman nuevas dimensiones de estructuración que es necesario identificar. Por ejemplo, existe un sector cada vez más reducido en proporción que concentra el trabajo calificado, como el que realizan altos técnicos de la industria, científicos y diseñadores de máquinas y productos tecnológicos. En el otro polo de la diferenciación, sin embargo, se agrupa una masa creciente de trabajadores condenados al trabajo más descalificado tras haber sido expulsados uno a uno, hayan sido manuales o intelectuales y de diferentes estratos de calificación. Trabajadores intelectuales y de alta calificación están siendo desechados ahora mismo ante el avance de tecnologías de software y más aún con la IA, que procesan ciertos problemas y ejecutan tareas de forma más rápida. La super calificación excede con creces la capacidad de absorción del capital. ¿dónde quedó lo de la “asignación eficiente de los recursos”?

Por un lado, aquellos que accedieron a ciertas calificaciones no encuentran salida a sus capacidades y tampoco obtienen rentas como profesionales liberales (abogados, profesores, periodistas, etc.), dado que estas profesiones se han proletarizado enormemente a lo largo del siglo XX y deben vender su fuerza de trabajo por su valor. Por el otro, con aquellos que no accedieron nunca a calificaciones se diversifican sus funciones con la polivalencia, cumpliendo varias tareas diferentes por el mismo salario que antes, inclusive la tarea de supervisión que aparece dándole al obrero una responsabilidad y cargándolo de riesgos, abriendo un campo de negociación permanente sobre la remuneración.

A su vez, dentro de la fuerza de trabajo general, el grupo que es explotado de forma permanente por el capital se reduce relativamente, mientras que otro gran grupo rota frecuentemente entre diferentes ramas de producción, a veces trabajando en varias de ellas simultáneamente y generalmente trabajando en peores condiciones, por peor salario y acumulando menos experiencia. Este sector alterna el llamado pluriempleo con momentos de subocupación. Esto último afecta diferencialmente a las mujeres y jóvenes.

Los eslabones productivos dominados por los monopolios tienden a mayor grado de formalidad, permanencia de fuerza de trabajo y sobreocupación, mientras que toda su pequeña industria subsidiaria ubicada en otras fases tiende a formas de contratación precarias, fraudulentas, y que a medida que nos movemos hacia la zona de subsistencia económica arroja una parte de esta masa a la itinerancia entre subocupación y el pluriempleo. De conjunto la inestabilidad laboral avanza transformándose en condición general de la relación asalariada. Está forma de reproducción inestable hace que no sea suficiente tampoco hoy con el trabajo de cabeza de familia, sino que se vuelve a recurrir al resto de los miembros. Otro ejemplo de regresión, conforme al movimiento del capital en la etapa de crisis mundial.

Finalmente, si hay algo que ha sido completamente confirmado de la crítica premonitoria de Marx, que se halla también presente en todas las tendencias mencionadas, es el crecimiento de una superpoblación relativa, y dentro de ella, su parte estancada. Ella aparece como espejo de esa superpoblación latente pre capitalista, y de hecho al ver el movimiento migratorio urbano de china y el sudeste asiático en general, produciendo un acaparamiento progresivo de la ocupación manufacturera internacional, podríamos fácilmente caer en la idea de que la una produce la otra. Pero nuevamente, es la saturación de capital la que produce primariamente la voracidad del imperialismo por esta fuerza de bajísimo valor relativo, a la cual incorpora, mientras ya había dejado de de absorber otra parte. La superpoblación industrial es un factor adicional de ofensiva del capital contra las conquistas obreras. Conforma la base necesaria sin la cual no puede surgir la explotación bajo el sistema de apps que pasamos a analizar de inmediato.

¿Cómo funciona el sistema de apps?

La aparición de las plataformas no puede entenderse en su real dimensión sin haber partido de los elementos anteriores, puesto que lo que importa para determinar su cualidad esencial traspasa del aspecto técnico hacia la relación social.

En primer lugar, las plataformas son una tecnología posible a partir de la existencia de dispositivos móviles de conexión en red, extendidos progresivamente a todas las capas de la población urbana. Este nuevo alcance de la comunicación humana habilita un nuevo sistema de organización del trabajo a distancia, que resuelven la cuestión del flujo operativo a través de algoritmos programados. También hace por ello inmediatamente accesible a estos puestos de trabajo a la mayoría de los seres humanos del siglo XXI.

Son aplicada principalmente a actividades de mucho componente relativo de trabajo vivo, que dan un impulso a la cooperación del trabajo allí donde existen. Por medio de la cooperación la suma de un cierto número de trabajadores adicional hace más rendidora una misma cantidad de trabajo simple permitiendo aumentar la escala general. Compulsivamente muchos trabajos “cuentapropistas”, o fragmentados que existían antes de las apps, tiendan a centralizarse en una organización común. No solo las apps logran la reabsorción de esta fuerza de trabajo ubicada en la economía de subsistencia hacia la valorización del capital. Además reclutan en general desde los desocupados estructurales y cíclicos de todas los sectores y franjas de la clase obrera. Esta situación peculiar hacen de las apps un modelo de explotación con características híbridas: productivo de plusvalía a la vez que refugio de subsistencia o pluriempleo.

La productividad ampliada de los antiguos rubros ultra fragmentados permite una reducción de tiempos tal que permite extender la propia base de consumo y producción. A partir de esto se comprende como las plataformas necesitan concentrar el número mayor posible de trabajadores a disposición durante toda la jornada para cubrir rápidamente cada demanda, y manteniendo simultáneamente la fuerza de trabajo fluctuando en actividad y en reserva. La cooperación ampliada rinde un proporcional de valor mayor al crecimiento del capital variable.

Las empresas de plataformas llevan una guerra publicitaria feroz que no es casual. Esta publicidad amplía progresivamente el mercado, y fundamentalmente persigue el fin de obtener una concentración veloz. Es que la inversión en capital constante es realmente baja, y solo se aplica a la infraestructura requerida para el monitoreo de la app, siendo los trabajadores los que se incorporan ya con sus medios de producción comenzando por el dispositivo móvil con conectividad y siguiendo con vehículos y demás elementos. Un capital constante tan bajo, desplaza el foco de la inversión hacia publicidad de reclutamiento y de consumo. Este despilfarro produce que los primeros años de desembolso puedan ser de pérdidas financieras, a recuperar una vez consolidado el monopolio. Es el caso por ejemplo de Uber (global), que recién en 2024 después de operar catorce años presenta dos años consecutivos de ganancias[16]. Su rama de delivery Uber Eats todavía no presenta resultados positivos. DoorDash obtiene ganancias recién el séptimo año. Delivery Hero, adquisidora de PedidosYa, Glovo entre otras a lo largo del mundo, obtiene ganancias en 2025 tras 14 años de operación. Entre tanto se suceden salidas o fusiones de los capitales que no logran extender rápidamente la escala.

Esto nos da la pauta de que estamos no ante una mano benefactora de “coordinación” comercial de terceros en el mercado, sino ante una relación de explotación asalariada que valoriza el capital, sea este el responsable de la provisión y programación de la app, o bien sea este una agencia tercerizada de trabajo que sirve a una o varios otros grandes capitales, que son los que se valorizan.

No es casual que la introducción temprana de plataformas abarque actividades de trabajo a domicilio (trabajo doméstico, oficios), teletrabajo (profesionales a distancia), y en el espacio público (logística, relevamientos). Un elemento que aparece coincidiendo es que ninguno de estos trabajos se desarrolle en un establecimiento industrial o comercial constituido legalmente, lo cual denotaría de forma inmediata la dependencia.

Estas actividades se caracterizan por una baja de composición orgánica del capital, en las cuales como se indicó el medio principal de aumento de la productividad depende fundamentalmente de la cooperación y la escala. Una escala insuficiente de trabajadores disponibles hace que la producción se paralice, alcance cuellos de botella, etc. Por ello las apps más reconocidas utilizan el sistema de reclutamiento abierto y flexible, a veces señalado como crowd working, bien que muchas otras menores utilizan un sistema híbrido por el cual utilizan la figura de coordinador para organizar la provisión sistemática de la fuerza de trabajo, con mayor o menor margen de autonomía del trabajador de definir su jornada.

Es obvio que para que la cooperación funcione debe existir una pauta de trabajo común, esto es, organizada socialmente, y que esta última supone a su vez no solo ciertas condiciones prácticamente iguales de trabajo entre individuos de una misma app, sino subordinados técnicamente. Tal subordinación en la organización de trabajo por ende es una relación de dependencia, lo cual viene también supuesta dentro de la relación asalariada. De nada sirve invocar características especiales como la autonomía horaria, el pluriempleo, o el carácter “asociativo” constitutivo de toda división del trabajo social, elementos característicos de diferentes modalidades de trabajo explotado.

La dependencia se manifiesta particularmente en el carácter operativo del trabajo, en el sentido de abolir toda creatividad e individualidad en la determinación de la calidad o diferenciación del servicio. La operatividad no está dada a partir de una producción continua para cada trabajador, sino a través de un sistema de asignación semi aleatorio de órdenes de trabajo, vinculada con un sistema de pago totalmente a destajo. Esto constituyó un salto enorme en la flexibilidad respecto de los convenios con ítems de productividad de complemento al salario por tiempo. A través de este, el capital logra eliminar automáticamente y de forma absoluta todo pago de tiempos de descanso normales y de interrupciones eventuales. Prescinde también de implementar una supervisión, dado que este sistema conlleva en si la tendencia a aumentar al máximo los ritmos de trabajo medios.

Este pago a destajo es definido plenamente por la app, marcando un avance brutal sobre toda posibilidad de injerencia del interés del trabajador en la determinación del salario. Existe el caso de Glovo en España que para escapar a la regulación de la Ley Rider que exigía formalizar la relación de dependencia, introdujo un sistema de trabajo a subasta individual por el cual el salario pasa a ser disputado en competencia a la baja, con la empresa tomando aquella oferta de menor costo. Lo mismo aplicó DiDi en Argentina. Las pocas experiencias de salario por tiempo en apps, existen y existieron, sin generar ninguna clase de inconvenientes sobre el flujo productivo, pero tienden a ser desplazadas por la competencia capitalista. Un ejemplo paradigmático es la tanda de 400 despidos en PedidosYa en 2018, trabajadores de planta echados para poder competir con el sistema de Rappi completamente fraudulento.

El sistema de órdenes, involucra un sistema de incentivos y sanciones, que moldean flexiblemente los salarios individuales y mantienen al trabajador siempre cuidadoso de no ser despedido o suspendido súbitamente a través del bloqueo. A más relajado el sistema de crowd working, más estricto es el disciplinamiento a través de la flexibilidad. Por tomar el caso de las apps de delivery, las órdenes se asignan en base a los rendimientos individuales, y otros parámetros que no son abiertos pero que están relacionados con el cumplimiento de horas y la subordinación del trabajador a la app. Existen sistemas de rankeo que permiten delimitar a los trabajadores entre más rendidores y menos rendidores, resultando de aquí una redistribución de la masa del capital variable desde los segundos a los primeros. Esta redistribución también ocurre a partir de bonos, cobrables solo al llegar a ciertos objetivos de producción que implican la súper extensión de la jornada de trabajo, particulares para momentos de alta demanda. Aún cuando los trabajadores intentan llegar a estos bonos intensificando el ritmo de trabajo y extendiendo la jornada, existen eventualidades por las cuales no los alcanzan perdiendo todo el sacrificio para obtener el ingreso extra.

De modo que lejos de un reconocimiento a la hora extra o al esfuerzo, el sistema de apps exprime a fondo cada tiempo de trabajo con plusvalía absoluta, introduciendo un sistema de salario variable por orden (destajo) y dentro del destajo una variabilidad del pago de cada orden de acuerdo a criterios de rendimiento. Esta situación lleva a una ocupación en la cual predominan las jornadas largas, los ritmos de trabajo aumentados, y en general un sistema de disciplinamiento bastante delineado. La contraparte de esto son todas las vicisitudes y consecuencias de la explotación del trabajo en negro (o monotributo), como el trabajo bajo enfermedad, la propensión dramática a accidentes y muertes, sumado al desgaste no recuperado de los medios de producción y sus insumos necesarios. Esto llega al extremo de toda ausencia de responsabilidad de las empresas ante las múltiples situaciones de inseguridad que se observan en estos trabajos, donde la exposición principal al “cliente” pero también ante la descomposición social la afrontan los trabajadores y no la empresa, que no destina indemnización ni licencia de días caídos ante casos de robo y por eso para los trabajadores defender sus pequeños medios de producción equivale a defender su existencia. El asesinato del docente chofer de apps Cristian Pereyra en La Matanza por un usuario y policía refleja la brutalidad de esta exposición y del aspecto depredatorio de las nuevas tecnologías sobre el trabajo bajo el capitalismo.

La introducción del trabajo por apps conlleva toda una ofensiva ideológica que busca encubrir el núcleo elemental de la explotación capitalista: el alquiler de la fuerza de trabajo que comporta al mismo tiempo una enajenación de la gestión de su actividad y el producto de esa fuerza directamente al capital, perdiendo el trabajador la tan mentada independencia. La explotación del trabajo existe sea que se produzca un valor equivalente a la jornada legal o tan solo diez minutos. En cualquier caso el fenómeno es el mismo y por ende corresponden a este todas las determinaciones del trabajo asalariado en general.

Las plataformas gestionan el trabajo con una precisión prácticamente total, que hacen completamente descarado el argumento por el cual un trabajador de app supuestamente es independiente. El trabajador de app es tan libre como lo es cualquier parte del proletariado que puede definir venderle su fuerza de trabajo a una patronal determinada, con ello sacrificando su control sobre la gestión técnica del trabajo. No es aquí el trabajador el que tiene potestad para determinar las características del producto o mercancía que ofrece. Lo que hace el trabajador de app, su “producto”, está determinado por el software y su algoritmo, que personifica al capital y lo hace además en tiempo real. Con todo vigor aparece aquí la observación de Marx de que el trabajo alienado alza en frente de si al capital que lo domina y lo utiliza de mero instrumento ejecutor a medida que crece la potencia del trabajo social.

En el caso de las plataformas de trabajo, el algoritmo es un mecanismo para gestionar a la fuerza de trabajo. Asigna órdenes de trabajo en base a variables establecidas en la programación. Estos criterios son puestos por las patronales y en función de sus intereses, sin ser blanqueados a los trabajadores. No obstante se conoce que estas asignaciones están relacionadas al disciplinamiento permanente a cumplir con todos los requerimientos. El ranking es la medida del disciplinamiento a la cual se somete cada trabajador, y se determina en automático con la programación algorítmica. Este algoritmo también presenta fallas que paralizan el flujo operativo y representan un gasto de tiempo que asume íntegramente el trabajador.

Los monopolios de apps presentan la situación de forma opuesta: el trabajador sería el segundo o tercer beneficiario dentro de una relación comercial, en la cual la app cumpliría únicamente la función de unir la oferta y la demanda. Pero esto vale para cualquier patronal, que en cualquier proceso productivo supone la conexión de proveedores con clientes. Al demandar un servicio de plataforma, el cliente no contrata directamente al trabajador sino al servicio ofrecido por la empresa proveedora de la plataforma, y a ella le incumben todos los parámetros de diseño y gestión.

El capital aduce también que el trabajador puede “elegir” no aceptar una orden de trabajo, y que puede modificar a su elección el tiempo de la jornada. Pero esto no es así, ya que existe un sistema de premios y castigos por el cual aceptar o no, trabajar más o menos, trabajar en los horarios prime o no, afecta variablemente al salario bajo el tiempo de trabajo realizado. Esto hace que en los hechos los trabajadores acepten la práctica totalidad de órdenes, trabajen a jornada completa y extendida, y lo hagan en los horarios flexibles que necesita la patronal. Al aceptar una orden de trabajo, el trabajador debe ejecutarla de manera precisa y sujeta a todas las indicaciones, incluidos tiempos y que pueden no corresponderse con las condiciones reales, forzando al trabajador a superar su propio límite de rendimiento. La no aceptación de una orden de trabajo descansa, en la enorme generalidad de casos, en la aceptación de ella por parte de otro trabajador. A su vez, entraña para quien rechaza, una baja en las asignaciones de órdenes, del ranking, del salario variable e inclusive lo expone a la suspensión por bloqueo. Entramos aquí no en el reino del libre albedrío, sino en el terreno de la extendida explotación capitalista sin regulación o convenio para limitarla.

Un aspecto que no puede pasarse por alto es como la ausencia del reconocimiento legal del vínculo de dependencia no solo asemeja en muchos

De un modo general y como hemos visto a lo largo del artículo, el contenido concreto del sentido de libertad que corresponde a la relación asalariada lo devela la modalidad ultra flexible de las apps: la mayor autonomía formal individual, al desplegarse socialmente, se invierte en su contrario como mayor explotación y sujeción.

Las apps re introducen un gran tema del salario atado al rendimiento que las patronales argentinas vienen reclamando desde el Congreso de la productividad de Perón en 1953 hasta la última reforma laboral propuesta por Milei de “salario dinámico”.

Cuando Marx estudió al salario a destajo, explicó que opera como el capataz invisible que fuerza siempre a tensionar los ritmos de trabajo. El salario a destajo impone una lógica de competencia obrera, en tanto el capital continúa desembolsando el mismo monto de salario que si pagara por hora, pero los trabajadores luchan entre sí por la distribución de este monto. El salario a destajo, que en apariencia inmediata aparece como beneficiando a quien más trabaja, en realidad lo hace a costa del resto de los trabajadores al elevar la intensidad media del trabajo y la jornada (ambas plusvalía absoluta) sin que esto se corresponda con un aumento generalizado del desembolso total en concepto de salarios. Representa una ofensiva directa del capital hacia los trabajadores que este sistema a destajo este desregulado, sin considerar mínimos garantizados por tiempo de conexión que carga sobre el trabajador el costo de estar en reserva, y sin límites a la jornada y a los ritmos de trabajo. Finalmente, el destajo además suele reforzar un sentimiento de individualidad en el trabajo, que obstruye la formación de los lazos de clase.

Las patronales de apps refuerzan la individualización del salario con premios de productividad o bonos en momentos de alta demanda. Esta situación refuerza la tendencia a intensificar los ritmos de trabajo al límite, llevando al peligro a repartidores y choferes. Se trata de crímenes del capital contra la clase obrera, de los cuales son obviamente responsables los gobiernos que vienen amparando la desregulación de las apps.

Como se ve en toda la descripción de este apartado, detrás del fetiche técnico no vemos más que mecanismos clásicos de explotación revestidos, y que le dan un contenido reaccionario a la “modernización”. Lo realmente significativo es como ciertos monopolios lograron aprovechar la accesibilidad de usuarios de celular para comenzar a organizar el trabajo ultraflexible, convirtiéndose en punta de lanza de una reforma laboral de hecho para decenas de miles de personas.

A dónde va el movimiento de trabajadores de apps

En Argentina existe un debate abierto ya desde hace varios años sobre la situación de los trabajadores de apps. La cuestión de la ausencia completa de derechos laborales (fraude laboral) en un país con una larga historia de conquistas, merece toda una parte de la atención. Este fraude no solo se encubre con monotributo, sino que en algunos casos como Rappi o DiDi se realiza como trabajo en negro al descubierto, cual usuario que se descarga una app y comienza a cumplir órdenes de trabajo.

Es que aquí -en un sector que opera como refugio ante la desocupación estructural y de complemento de ingresos-, el proletariado no ha logrado aún constituirse como sujeto, y es esa la consideración central que debe hacerse a la hora de pensar el problema.

Entre los trabajadores no existe un posicionamiento homogéneo, sino que todos los debates se procesan en el marco de lo incipiente de la experiencia de este movimiento, al cual no se extrapola automáticamente la experiencia de clase. La burguesía toda, interviene interesadamente en este debate, buscando subordinar a su política a los trabajadores y aprovechando la declinación relativa del movimiento sindical. Esto ha llevado los gobiernos, tanto del peronismo como de la derecha y la ultraderecha a posar “en representación de los trabajadores”.

Del lado del peronismo, se avala el fraude laboral, a pesar de ciertas iniciativas en sentido contrario de carácter demagógico. Bajo el gobierno de Alberto Fernández, el Ministerio de Trabajo se declaró a sí mismo incapaz de mediar entre apps y trabajadores para reconocer el vínculo laboral ante diversos reclamos en esa vía y a pesar de haberlo declarado un sector “esencial” en pandemia. En la Provincia de Buenos Aires existe una campaña articulada entre Kicillof y la burocracia sindical (Plaini, CGT, etc.) para armar un registro de trabajadores de plataforma, que no apunta a establecer el vínculo laboral, si bien se vale de este punto para presionar a las empresas y arrancarles multas, que son igualmente irrisorias ($15 millones). Esto va de la mano con modificaciones que vienen haciendo las apps, ofreciendo seguros baratos a accidentes que pretenden dar imagen de responsabilidad con las necesidades pero no modifican nada esencial del régimen de mega explotación.

Del otro lado, la ultraderecha de Milei viene haciendo una defensa encendida del “trabajador autónomo”, empalmando con un amplio sector que rechaza la burocracia sindical y las regulaciones estatales. El ascenso electoral de Milei antes de asumir fue acompañado por una cantidad de trabajadores de plataformas, que no vieron en el peronismo ninguna clase de defensa de los derechos laborales, en un sector donde además el promedio de ingresos era superior a la mayoría de trabajos en negro y a un número de convenios colectivos. Por otra parte, en su proyecto de reforma laboral el gobierno excluyó explícitamente a los trabajadores de plataforma, dejándolos fuera de la ley laboral.

Por su parte la justicia ha fallado “individualmente” ante casos de bloqueos/despidos y accidentes, en la mayoría de casos reconociendo la existencia de una relación de dependencia. Sin embargo estos fallos derivan únicamente en indemnizaciones o a lo sumo desbloqueos, pero nunca a que las empresas cumplan el conjunto de la ley laboral. Un primer problema para ello es la ausencia de un convenio colectivo o la convocatoria a paritarias. Las empresas de apps rechazan recibir representaciones obreras para negociar, y continúan ejerciendo el fraude laboral con impunidad.

El hilo conductor de toda la política del Estado burgués y sus diferentes partidos e instituciones consiste en un aval al sistema de apps, que se extiende de manera creciente a nuevas áreas.

En tanto la base de la ocupación de las apps está ampliamente relacionada con el fenómeno de la superpoblación relativa que recurre a ella como actividad refugio, la subjetividad existente en el sector aparece presionada por un estado de subsistencia. En tiempos de crisis como en pandemia o en la actualidad con los cierres de fábrica, y la crisis de consumo, el flujo hacia las apps se amplió fuertemente. En la actualidad se calcula que 900 mil personas trabajan como choferes mientras que unas 200 mil serían repartidores, entre otros. Suma a ello el impacto de la crisis migratoria de Venezuela sobre el país, que otorga un flujo continuo en países receptores para el reclutamiento de las apps, dado que no encuentran condiciones de trabajo en blanco y recurren a ellas como modo de subsistencia. Hablar de libre elección en estas condiciones es una distorsión maliciosa.

La ampliación de la base de trabajadores de apps genera una sobreoferta agudizada por las crisis de consumo que suelen corresponderse con la destrucción de puestos de trabajo, momentos en que se tensan las necesidades y los choques de clase. La subjetividad actual de los trabajadores ya no es la misma que cuando Milei no estaba en el poder.

Un primer modo de la unidad obrera que comienza a surgir dentro del sector de reparto es la solidaridad de clase con ayudas y colectas ante eventualidades. Es una forma germinal de formas de solidaridad más avanzadas que se han visto en el desarrollo histórico del movimiento sindical. Por otra parte, ante la exposición permanente a bandas delictivas aparecen sistemas de aviso y autodefensa y piquetes.

Al afianzarse los grupos de trabajo que no rota, y sobrepasarse la escala necesaria, el sistema de crowd working comienza a visualizarse como un problema. Se percibe la dificultad de alcanzar un acuerdo colectivo cuando siempre las órdenes puede tomarla alguien más.

No obstante, lejos de ser imposible, se han demostrado viables y efectivos muchos de los paros junto con acciones de boicot que existen principalmente por aumento de ingresos, pero que también colocan otro tipo de demandas del trabajo diario, los errores del sistema y los bloqueos arbitrarios. No obstante una parte de los trabajadores que organiza estas acciones desconfía de la organización gremial, niega su condición de trabajador en relación de dependencia y rechaza toda regulación estatal en general. Rechaza de la instancia de negociación paritaria amparada por convenio y las leyes laborales, y plantea en cambio una mesa de discusión con acuerdos sin convenio.

Otro sector, reconocedor de la importancia de todo esto, en Argentina tienen incipientes formas de asociación pero en general ligadas al Estado y la burocracia sindical. No existen por demás otros reagrupamientos independientes con incidencia real en la actualidad, que están a la orden del día de ser levantados.

Ante todo esto, corresponderá ir progresando en una experiencia de organización y lucha que demuestre la importancia de enfrentar la explotación capitalista desde una óptica de clase y no de individuo. Está claro que la línea rectora de un planteo de clase no puede limitarse a luchar por aumentos, aunque esto constituye el punto de partida elemental de la situación inmediata. Para ello es preciso ofrecer un programa de defensa de los trabajadores –el Partido Obrero presentó dos proyectos muy completos en ese sentido, uno en el Congreso Nacional y otro en la Legislatura Bonaerense-, de lucha por un convenio colectivo, negociación paritaria, derecho a la organización sindical, defensa de la autonomía horaria y la elección de órdenes de trabajo pero con todos los derechos garantizados.

Conclusión provisoria

De conjunto, podemos evidenciar que el avance de la precarización laboral en Argentina arranca con un cambio estructural de la composición de las formas de ocupación, sigue con un ataque en regla contra los convenios y la legislación laboral y culmina con la introducción del sistema de apps cuyas características centrales son: a) reconversión del trabajo de subsistencia en trabajo productivo; b) centralización de la fuerza de trabajo por el monopolio; c) destajismo extremo y fraude laboral; d) gestión operativa del trabajo vivo a través del capital constante.

La premisa de la que partimos es que el capitalismo nos lleva a formas degradadas y fragmentarias de ocupación. Visto de otro modo, está degradación y fragmentación aparece como condición general de la ocupación y con el sistema de apps, de la venta de la fuerza de trabajo al capital, en tiempos en que la interdependencia global del trabajo es mayor que nunca. Es muy posible que una intervención audaz en estos sectores del proletariado moderno, en la medida en que las apps extiendan su área de influencia al resto de ramas, constituya un espacio fructífero de desarrollo de un sindicalismo clasista e independiente.

Hasta aquí solo hemos planteado las grandes líneas de desarrollo de las formas de ocupación y el avance de la precarización, dejando abierta la necesidad de encarar la lucha por una centralización clasista de todos los sectores del proletariado, para poner freno a la depredación laboral de las patronales, y tirar abajo la reforma laboral, objetivos que van unidos con la lucha para acabar con este régimen capitalista en decadencia.


Notas

[1]   Bertranou, F. y Casanova, L. (2013) Informalidad laboral en la Argentina. FORLAC-OIT.

[2] A modo de mención señalaremos que fuera de la relación general de subordinación técnica, existe todo el mundo –la mayoría sustancial de los “cuentapropistas” del Indec y una parte menor de los “asalariados”- que se reproduce bajo condiciones de subsistencia o de pequeña propiedad, entre estos ciertas cooperativas populares, micro emprendimientos, estudios profesionales, oficios, artes, creadores de contenido, etc. Son ámbitos de trabajo en los cuales la escala puede no ser determinante en la sostenibilidad de la ocupación, sea por motivos logísticos, de relaciones de confianza, o cualquier aspecto extra mercantil que hacen a los intercambios que allí se producen. La heterogeneidad de condiciones que encontramos en estos trabajadores particulares o pequeños núcleos podemos arrimar una caracterización general que se trata de un sector intermedio cuyas características proletarizantes y subsistenciales a medida que formalizan se van tornando pequeño burguesas y rentísticas. No obstante la independencia técnica, su base de sustento no es pre capitalista ni autodeterminada, en cambio su reproducción brota del ámbito de la circulación que el capital pone en movimiento.

[3] LID (12/3/24) “Estadísticas en riesgo: monotributistas del INDEC reclaman por salario y rechazan cualquier despido”

[4] Diana Menéndez, N (2010) La múltiple dimensión de la precariedad laboral: el caso de la administración pública argentina. Revista de Ciencias Sociales (Cr), vol. II-III, núm. 128-129, pp. 119-136 Universidad de Costa Rica San José, Costa Rica

[5] Adamini, M. (2020). Resistencias frente a la precarización laboral en el sector de software y servicios informáticos. Un abordaje a partir del caso de los trabajadores informáticos de Tandil. Estud. trab.  no.59 Buenos Aires jun.

[6] Mateo, J., Nieto, A. y Colombo, G. (2010) Precarización y fraude laboral en la industria pesquera marplatense. El caso de las „cooperativas‟ de fileteado de pescado.

[7] Bertranou, F. y Casanova, L. (2013) Informalidad laboral en la Argentina. FORLAC-OIT.

[8] El Indec los define como asalariados, definición para la cual ya hemos hecho salvedades.

[9]   Ver discusión en Beccaria, L. y otros (2021) Revisitando un viejo tema: informalidad y ciclo económico. Vol. 15 Núm. 22 (2021): Revista de Economía Política de Buenos Aires.

[10] En suma, hasta ahora hemos hallado una cuádruple categorización en base a la relación social del trabajo (asalariada o no asalariada), a la dependencia técnica (dependientes o no dependientes), a la formalidad del registro (en blanco o en negro) y a la relación social de la propiedad (capital, público o subsistencia). Esta categorización conceptual difiere de la que se desprende de la OIT (que no estima el capital fraudulento que integra el sector informal; que no se preocupa por distinguir la propiedad pública de la capitalista) y del Indec (que confunde salario con dependencia y donde ni siquiera su categoría de salario abarca a todos los dependientes escondidos entre cuentapropistas).

[11] Lozano, C. y Raffo, T. (2012), El empleo en el período 2003-2011. Un recorrido por la post-convertibilidad. Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.

[12] Bertranou, F. y Casanova, L. (2013) Informalidad laboral en la Argentina. FORLAC-OIT.

[13] Indicando una medida posible de la economía de subsistencia o superpoblación relativa (junto con desocupados, subocupados demandantes dependientes e inactivos disponibles)

[14] Ídem

[15] Ídem

[16] https://www.businessofapps.com/data/uber-statistics