Aunque el peso objetivo de la deuda externa en la Argentina de 1975- 76 no implicaba todavía un serio problema económico, su “peso político subjetivo” en las condiciones de entonces fue, sin embargo, mucho más importante de lo que habitualmente se cree. Mediante el aprovechamiento de un apremiante cronograma de pagos de corto plazo configurado al calor del impacto de la crisis petrolera internacional fue que la acción del imperialismo vía FMI empalmó y estimuló la salida golpista que la gran burguesía nacional de entonces pergeñó luego de que las jornadas de junio y julio del ‘75 derrotaran el ajuste salvaje del rodrigazo.[1]
La huelga del 7 y 8 de julio del ‘75 provocó la renuncia de Celestino Rodrigo y de José López Rega y abrió un período de gran influencia de la burocracia cegetista en el gobierno de Isabel. Antonio Cafiero desde el ministerio de Economía y Carlos Ruckauf[2] desde el ministerio de Trabajo, serían los hombres del vandorismo ligados a Lorenzo Miguel en el gabinete. Estainfluencia, es fundamental señalarlo, objetivo del proyecto político del vandorismo desde su origen, se había alcanzado de un modo completamente distinto al que habían imaginado los burócratas: era resultado de la demolición en que había entrado el gobierno peronista de Isabel Perón y López Rega como consecuencia de la huelga general de julio, precedida por el período de agitación, huelgas y movilizaciones más importante de la historia de las luchas obreras argentinas, en las que jugaron un papel protagónico las coordinadoras interfabriles, y que abarcaron todo el mes de junio y toda la geografía del país. Los burócratas hubieran preferido llegar al gobierno como resultado del “juego político” normal, y no ser lanzados a él por la crisis del gobierno peronista, impuesta por la acción independiente de masas empeñadas en tomar en sus manos sus organizaciones sindicales y su destino.
En la primera reunión con la CGT, Isabel y Pedro Bonanni, el sucesor inmediato de Rodrigo, el tema deuda externa aparece por primera vez en el período como una preocupación importante, y lo hace de “ambos lados”. En el documento que la CGT entregó al gobierno, la central plantea el problema de los pagos de deuda de corto plazo, y promueve una solución en el marco del “bilateralismo”, es decir sin el FMI[3]. En cambio Bonanni propone la negociación de un stand by. Según La Nación, Bonanni buscaba justamente prevenir al país de soluciones como “…una cesación unilateral de pagos o de negociaciones bilaterales que no encuadran dentro de las prácticas habituales de las finanzas internacionales”.[4]
Por entonces, la deuda representaba el 18 % del PBI, proporción que en 1976 había caído a un 15%.[5] Pero las reservas internacionales eran de U$S 500 millones mientras los pagos a afrontar hasta fin de año sumaban U$S 2 mil millones.[6] En 1975 “…el contrabando de exportación habría llegado a U$S 2500 millones. Ese año, las exportaciones alcanzaron los 3000 millones. Por ejemplo, la cosecha de soja habría sido contrabandeada en un 80 %”.[7] La situación creada por la combinación entre estas maniobras y el aumento de los precios de los insumos industriales importados provocado por la crisis petrolera mundial, provocó un fuerte déficit de la balanza comercial[8], y un aumento del endeudamiento de corto plazo: “Los plazos de vencimiento promedio del stock de deuda del sector público, que habían aumentado entre 1972 y 1974, disminuyen en 1975 y 1976, reflejando el deterioro de la situación económica y financiera argentina que dificultó el acceso a los mercados de capitales externos, y los acontecimientos de los mercados financieros internacionales que se manifestaron en un acortamiento general de los plazos”[9]
El 11 de agosto, Bonanni fue reemplazado por Cafiero, quien a fin de mes viajó en una misión a Washington, acompañado por representantes de la CGT y la CGE, con la urgencia de conseguir fondos frescos para evitar la cesación de pagos. Sometido al veto sindical, el ministro no podía negociar un stand by, que implicaba el compromiso de reformas estructurales. Cafiero obtuvo U$S 250 millones de dólares en fondos frescos de asignación automática (por compensación de caída de los precios de las exportaciones), pero en cambio le fueron negadas las llamadas “facilidades petroleras”, que si exigían la presentación de un plan aunque de menor alcance que el exigido para un stand by. Según Di Tella el rechazo del FMI era producto de que el plan presentado “…no contemplaba ninguna reducción salarial drástica y mantenía como meta el pleno empleo, a la vez que sólo apuntaba a reducir el déficit a un 6%”[10].
Cafiero sí obtuvo la promesa de desembolsos progresivos por el resto del año, que sirvió para obtener a la vez préstamos de grupos económicos nacionales. Pero, a partir de octubre, “las crecientes dificultades políticas y el tibio apoyo del Fondo indujeron a retirarse a algunos de los grupos prestamistas”[11]. Es que esos préstamos habían sido la contraprestación del establishment que impuso, contra la resistencia de Lorenzo Miguel, el alejamiento de Isabel el 13 de septiembre, a pocos días del retorno de Cafiero desde Washington. La licencia de Isabel y su reemplazo por el presidente del Senado, Ítalo Luder, había alentado esperanzas en la gran burguesía acerca de una “normalización” de la situación económica y social. El “alivio” llegaría sin embargo a su fin a principios de octubre, cuando Isabel, con el apoyo de Lorenzo Miguel, puso fin a su licencia.[12]
A partir de entonces, la actitud de los organismos internacionales, en consonancia con la de la gran burguesía nacional, fue la de un abierto retiro de apoyo financiero con el objetivo de promover el desarrollo de la crisis política y la salida golpista. Ya al anunciarse el acompañamiento sindical al viaje de Cafiero a Washington en agosto, La Nación había señalado que el conocer la opinión de las Fuerzas Armadas “…concierne a la gestión que comienza a realizar el Dr. Cafiero en el exterior porque el conocimiento [de la opinión militar] interesa a los acreedores del país tanto o más que la integración de una comitiva en la cual acompañan al ministro de Economía nada menos que el secretario general de la Central Obrera y el Presidente de la CGI”[13]A principios de enero, Cafiero viajaba a Jamaica a la reunión de los 24, grupo de trabajo dentro del FMI, y luego a Venezuela, para gestionar la colocación de bonos externos. Sin embargo, suspendería el viaje: sabía que no obtendría ya apoyo y, además, en las condiciones políticas del momento, que su reemplazo era cuestión de tiempo.
El Plan Mondelli
Su sucesor, Emilio Mondelli, procuraría recuperar ese apoyo intentando aplicar un plan similar al que Rodrigo había intentado imponer poco menos de un año antes, aunque en este caso inevitablemente negociado con la burocracia sindical, y que pasaría a la historia como Plan Mondelli. Las direcciones sindicales, que no pretendían organizar ninguna resistencia seria al golpe que se estaba preparando, apostaron al éxito del plan al que veían como la única alternativa. Así, la CGT abandonaría la exigencia de “bilateralismo”: “La CGT no se opone a las negociaciones con el FMI, a menos que lesionen la dignidad nacional”, declararía Adalberto Wimer (de Luz y Fuerza y adjunto de la central obrera) luego de entrevistarse con el ministro y conocer su propuesta de pedir al FMI 3 nuevos créditos.[14]
El 21 de febrero llegó una misión del Fondo para monitorear la situación y resolver acerca de los créditos pedidos por el ministro. Mientras tanto, desde las usinas golpistas las Fuerzas Armadas hacían saber que la situación era “fluida”, es decir que “… si bien no consideraban cumplidas todas las instancias político- institucionales para salvar al régimen constitucional, también tienen el ánimo templado para asumir responsabilidades mayores en la República, responsabilidades no buscadas ni deseadas, pero que acaso sean ineludibles”[15]. Con tales datos políticos, la misión envió a Washington el 1° de marzo un Memorandum en que afirmaba que, si bien Mondelli estaba absolutamente alineado con la política promovida por el FMI, carecía sin embargo de respaldo político: “Los militares, mientras tanto, están permitiendo que la situación se continúe deteriorando, sin embargo, hay rumores diarios de que actuarán pronto”[16]señala el escrito.
En esas condiciones de extrema debilidad, el 5 de marzo Mondelli anunció su plan: aumento salarial del 12%, devaluación de entre un 80 % y un 30 % del peso (según el rubro correspondiente de un tipo de cambio desdoblado) y aumento de alrededor del 80% de los combustibles y tarifas de servicios públicos, flexibilización de la ley de inversiones extranjeras, privatización de empresas del estado, reducción del gasto público y del plantel de empleados estatales (800 mil en 3 años)[17]. En el diario La Opinión se señalaba irónicamente, ante el rumor desmentido por el ministro de que el plan había sido informado al FMI antes que al país que “…si lo hubiera redactado directamente el staff del FMI, no sería demasiado diferente”[18]. Sin embargo, el 11 de marzo el FMI anunciaba al gobierno que sólo autorizaría la utilización del último tramo de los fondos de compensación de exportaciones por U$S 127 millones, una cifra muy insuficiente, pero no las facilidades petroleras, que se discutirían con la nueva misión del Fondo prevista recién para mayo…
Las medidas de Mondelli agravaron además la debilidad del gobierno porque pusieron nuevamente en pie la amenaza de la rebelión obrera en el país entero, que amenazaba repetir las jornadas de un año antes. En respuesta al plan se produjeron paros en Deutz de Haedo, Crhysler de San Justo, General Motors en San Martin y Mercedes Benz de Gonzalez Catán. En la Fiat de Sauce Viejo, Santa Fe, el paro se acompaña de una declaración que señala que la política económica de Mondelli es la “…continuación del nefasto plan de Rodrigo”[19]. Se reúnen las regionales de la CGT de Morón, Córdoba, La Plata, Mendoza y Salta, reclamando paro y movilización de la CGT Nacional. Se producían “…actitudes sindicales de franca rebeldía, no sólo a través de paros, marchas y protestas, sino de documentos de encendido tono. Y el sector donde alcanzaron especial virulencia fue en el cordón industrial del Gran Buenos Aires, con una activa participación de metalúrgicos” dice La Razón[20].
Mondelli y la burocracia sindical negociaron entonces extender el aumento a un 20 %[21] en lugar de un 12%. Esto representaba un cambio ínfimo en el programa ministerial, pero demostraba que el gobierno debía continuar cediendo a la presión sindical, reflejo deformado de la rebelión obrera a la que la burocracia, infringiendo su función histórica, ya no podía contener. Esas concesiones no aquietaron en absoluto la protesta obrera. En la semana del 12 al 16 se suceden paros de seccionales de la UOM del Gran Buenos Aires (Morón, La Matanza, San Martín, Vicente López)), SMATA y UOM de Santa Fe y Córdoba, la CGT de La Plata. La Coordinadora de La Plata, Berisso y Ensenada llama a asambleas en los lugares de trabajo[22].
A partir del 16, los diarios ya no informan acerca de conflictos. Tal actitud podía responder a la creación del clima preparatorio del golpe y la agudización de los mecanismos de control de la prensa por censura o autocensura. Sin embargo, apenas dos días antes del golpe Clarín analizaba la situación de este modo: “La debilidad de la dirigencia gremial quedó evidenciada recientemente cuando dio su apoyo al llamado Plan Mondelli. En el Gran Buenos Aires y en los principales centros industriales del interior del país se efectuaron paros, manifestaciones y asambleas, convocadas, en gran parte, por comisiones de lucha al margen de los dirigentes de los sindicatos”[23].
Para el FMI, como representación de conjunto del interés del imperialismo“…el problema estaba centrado en la falta de estabilidad política del gobierno argentino, que inducía al Fondo a no comprometerse (…) El Fondo Monetario dejó en claro que hasta que no hubiese una definición en el país no se podía pensar en préstamos”[24] El 26 de marzo, dos días después del golpe militar, el Fondo autorizó un retiro adicional por U$S 110 millones en DEGs en compensaciones por fluctuación de exportaciones. A principios de abril, un consorcio de bancos comerciales otorgó un préstamo de U$S 300 millones y prorrogó vencimientos por otros U$S 350 millones.[25]
Conclusiones
En el conjunto de elementos que constituyeron los motivos del golpe de 1976, el problema del endeudamiento externo no es el más importante, pero si es prueba de la voluntad del establishment financiero internacional de acompañar la salida golpista promovida por la clase dominante argentina. La burguesía imperialista comprendía que, para aumentar su influencia en el país, debía estimular la reestructuración social y económica de la Argentina. Tal reestructuración era, por supuesto, una necesidad objetiva impuesta por el agotamiento definitivo del proceso de desarrollo capitalista nacional comandado por el peronismo y apoyado en el mercado interno, y estaban dadas las condiciones para que se hiciera en un sentido o en otro, es decir: en el sentido de una salida revolucionaria dirigida por la clase obrera o por la contrarrevolución.
Los organismos internacionales, como elemento fundamental del dominio imperialista, no podían más que pesar sobre esta disyuntiva en un sentido reaccionario. Efectivamente, sobre la base de lo que hemos expuesto en este trabajo podría pensarse que una política más “comprensiva” por parte del FMI, teniendo en cuenta que la deuda no representaba aun un problema de la envergadura que tendría en el futuro, hubiese aliviado las condiciones políticas en el país y prolongado la vigencia del régimen “constitucional”. Tal conclusión es errónea: los organismos internacionales impulsaron en interés del capital imperialista una salida política que promovió deliberadamente el endeudamiento y la apertura de la economía al gran capital extranjero.
Esto no podía hacerse buscando el consenso de los sindicatos, porque la burocracia de entonces, sobre todo a partir de las jornadas de junio y julio del’75 había perdido el control del movimiento obrero y se hallaba crecientemente superada por la tendencia a la rebelión de las bases organizadas por las corrientes sindicales combativas. Fue la imposibilidad de encauzar y contener tanto por parte de la burocracia sindical como del peronismo como movimiento político nacionalista burgués, las tendencias revolucionarias que fructificaron en el seno de nuestra clase trabajadora especialmente a partir del Cordobazo, y cuyo pico fueron las jornadas de junio y julio del ‘75, la que abrió la crisis política que condujo a la salida golpista. El imperialismo se plegó a esa salida y la estimuló: el veto del FMI a suministrar cualquier alivio financiero a una deuda pequeña pero apremiante en el corto plazo fue la expresión práctica de esa decisión política.
Finalmente hay que decir que las interpretaciones que, incluso desde la izquierda, consideran al problema de la deuda y de la injerencia decisiva del FMI en los asuntos del país como un producto de la dictadura del ‘76- ‘83, no se ajustan, como se ve, a los hechos. Disculpan al nacionalismo burgués peronista que, como hemos visto, pretendió resolver la urgencia de los vencimientos impagables del 75- 76, a su vez expresión financiera de la crisis del proyecto “capitalista nacional”, negociando un stand by. Así, se lo absuelve injustamente de su responsabilidad histórica en el proceso que condujo al desarrollo de la deuda y del control del FMI sobre la economía nacional, una absolución que contribuye a apreciar equivocadamente la naturaleza capituladora de, por ejemplo, sus continuadores kirchneristas, orgullosos “pagadores seriales” de la estafa que encadena a la Nación y al pueblo trabajador argentino.
[1] Ver Löbbe, Héctor: La guerrilla fabril, RyR, 2006 y Brunetto, Luis: ¡14250 o Paro Nacional!, Estación Finlandia, 2007.
[2] Ruckauf, por entonces, era dirigente del Sindicato del Seguro.
[3] “El movimiento obrero argentino ante la situación nacional”, en Dinamis, Boletín del Sindicato de Luz y Fuerza Capital, N° 242, julio de 1975.
[4] “Los empresarios y el documento de la CGT”, en La Nación: 23-7-75.
[5]Para 1975: Elaboración propia sobre datos de Di Tella, Guido: Perón- Perón, Sudamericana, 1983, para 1976 Sommer, Juan: “La deuda externa desde 1972”, Banco Central de la República Argentina, 1977. Di Tella fue el viceministro de Antonio Cafiero.
[6] La Nación, 5-8-75.
[7] Kandel, Pablo y Monteverde, Mario: Entorno y caída, Planeta Argentina, 1976, pág. 50
[8] Rapoport, Mario: Historia Económica, Política y Social de la Argentina, Ediciones Machi, 2000, pág 697
[9] Sommer, op. cit., pág 4.
[10] Di Tella, op. cit., pág. 223
[11] Idem
[12] “Los alcances del cambio de gabinete”, en La Nación: 12-8-75.
[13] La Nación: 31-8-75.
[14] La Nación, 13- 2-76.
[15] Mercado, año VII, Nº 337, pág. 3.
[16] Citado por Brenta, Noemí: El rol del FMI en el financiamiento externo de la Argentina y su influencia sobre la política económica entre 1956 y 2003, FCEN- UBA, Buenos Aires, 2008, T II, pág.124.
[17] La Nación, 7-3-76.
[18] La Opinión, 7-3-76.
[19] La Razón, 9-3-76
[20]Ídem, “Relevamiento del 12 al 16 de marzo”, 17-3-76.
[21] Brenta, en op. cit. pág. pág 124, señala que en el Memorándum del 1° de marzo la misión del FMI informaba que Mondelli pretendía “limitar los aumentos de salarios al 1ro. de marzo al 19%.”, una cifra muy similar a la que finalmente ofrecería luego de la “protesta” de la CGT. ¿Ofreció 12% sabiendo que tendría que ceder, para luego “conceder” el 20% finalmente..?
[22] Ídem.
[23]Clarín, 22-3-76
[24] Kandel y Monteverde, op. cit., 206.
[25]Brenta, op. cit., pág. 126









