EDM

El Líbano: un pueblo que lucha desgarrado por las opresiones imperialistas

imagen de la nota

El Líbano: un pueblo que lucha desgarrado por las opresiones imperialistas

Resistencias y contradicciones populares ante las intervenciones y agresiones del imperialismo en Oriente Medio.


Antes del Líbano

La historia de lo que hoy ocupa el territorio del Líbano, siempre ha tenido un valor destacado en lo que se denomina geopolítica. Su ubicación de enorme importancia, por ser un punto de encuentro entre Oriente y Occidente, desde la antigüedad ha conocido el desarrollo de grandes civilizaciones como los fenicios, con el esplendor de ciudades como Tiros y Biblos y ha sido siempre un espacio de disputa. El desarrollo comercial y de grandes urbes, convertía a estas tierras en un botín para diferentes imperios desde la Antigua Roma hasta el imperio Otomano, quienes se diputaron el mandato sobre el futuro Líbano con los imperialistas ingleses y franceses.

Bajo el Imperio Otomano

El Imperio Otomano, creó, en 1523, el Emirato del Líbano. Dichos territorios contarían con una semiautonomía, dirigidos por una elite local, siempre bajo la tutela de los otomanos. La elite originaria del Líbano se reservaba para sí la explotación de las tierras, la recaudación del impuesto y la propiedad de la tierra y a su vez el emir local, debía retribuir los impuestos al sultán otomano. La mayoría los emires que se sucedieron fueron de origen maronitas y drusos. Esta relación entre el imperio y la elite local no estuvo ausente de intentos de independencia del Emirato del Líbano del imperio, como fueron los  del príncipe Fakhreddine o, casi dos siglos después, el de Bashir Shihab II. Pero, finalmente, los sultanes lograron imponerse.

La lucha de clases no estuvo ausente en los orígenes del Líbano. En1841, un año después de la muerte de Bashir Shibab II, se produjo una revuelta contra el sistema de recaudación de impuestos del imperio otomano. A su vez estas revueltas distanciaron más a los drusos que en su mayoría poseían las tierras de los campesinos y agricultores maronitas, “comenzaron a realizar huelgas y ataques contra los responsables de la tierra durante ese periodo, en su mayoría drusos” (Zahreddine).  Los choques en el Líbano no solo esconderán desde un comienzo las diferencias confesionales y étnicas, sino que estarán enmarcadas en un componente de clase.

El impacto de la revuelta fue tal que dos años después, el Imperio Otomano decidió la división del territorio en una zona norte maronita y un sur druso, lo cual no resolvió el dilema, puesto que no se modificó la composición de la propiedad y mientras existían ciudades maronitas en el sur, las tierras del norte pertenecian a los drusos y maronitas que seguían siendo campesinos y agricultores en dichas tierras.

El dominio imperialista en la creación del Líbano

Tanto la primera como la segunda guerra mundial reorganizaron los territorios  de Asia y África. Las potencias imperialistas luchaban para expandir su influencia y por arrebatar las colonias a las potencias rivales. En ese marco, durante la primera guerra mundial, Francia y el Reino Unido establecieron un pacto secreto (acuerdo Sykes-Picot) para destruir la dominación otomana en el Medio Oriente y repartirse sus colonias. Para ganarse a los pueblos árabes en la lucha contra los “turcos” (que se habían alineado en la guerra con el eje de Alemania y Austria), los imperialismos “democráticos”, les prometieron la independencia. El Reino Unido estaba fuertemente interesado en el dominio de Palestina, incluyendo el Líbano, para salvaguardar el control del estratégico Canal de Suez, bajo su control.

Por supuesto que no cumplieron con sus promesas de independencia. Finalizada la guerra con la derrota de alemanes y otomanos, llevaron adelante una política de “balcanización” en Medio Oriente. Lograron en 1922 que se les entregara esos territorios con un “Mandato” votado por la Sociedad de las Naciones (una ONU de la época, dirigida por las potencias imperialistas). Se crearon nuevos Estados: Siria y Líbano, bajo mandato francés y Palestina y Transjordania (en esta última fue inmediatamente creado un emirato bajo el dominio de Abdalá I) para los ingleses.

Poco antes (1917), Gran Bretaña había firmado la Declaración Balfour, prometiendo la inmigración/colonización de Palestina por los sionistas. El imperialismo británico se preparaba para ocupar Palestina y usar a los judíos sionistas como grupo étnico de choque contra las aspiraciones independentistas palestino/árabes.

El “Mandato” se extendió durante el periodo de entreguerra. Iniciada la segunda guerra mundial (1939), la derrota a manos del hitlerismo de Francia en 1940 llevo a que el régimen de Vichy, colaboracionista con los nazis, se hiciera cargo del gobierno libanes. Hasta que una expedición del ejército británico (con algunos integrantes de la “Francia libre”) invadiera Líbano echando a los vichistas (1941). La representación (marginal) francesa quedo a cargo de la “administración” del Líbano. En 1943 se realizaron elecciones y gano una lista de sectores nacionalistas. El nuevo presidente y su parlamento intentaron tomar medidas de autonomía respecto a Francia (que continuaba bajo la bota nazi), razón por la cual la supervisión “mandataria” francesa lo destituyo y lo envió a él y a los miembros del parlamento a la cárcel. Esto provoco masivas manifestaciones (azuzadas por los británicos) que obligo a Francia a liberarlos el 23 de diciembre de 1943. Día que ha sido adoptado como el de la independencia del Líbano. Aun así, las últimas tropas francesas se retiraron a fines de 1946.

Finalizada la segunda guerra mundial, el retroceso de las viejas potencias imperialistas, desbastadas por la guerra y las luchas de los independentistas de los territorios coloniales, dio lugar al llamado proceso de “descolonización”: tanto África, como Asia, vieron nacer nuevos Estados. Los países producto de este proceso de “descolonización”, no respetaron la diversidad cultural, religiosa y étnica, de los diferentes pueblos. Fue, en gran medida, un “dibujo” de balcanización/división, realizado por los imperialistas, para mejor manejarlos.

En el caso del Líbano, la formación del nuevo estado contemplaba una mezcla de sus poblaciones cristiana maronita, musulmanes sunitas, drusos, musulmanes chiitas, que a su vez descansaba en un entramado de comunidades, que garantizaba el poder y el prestigio de una prominente burguesía. Esta diversidad de etnias convivió durante el Imperio Otomano, ya que el propio imperio fomentó el establecimiento de una especie de autonomía para cada etnia y comunidad, lo que le garantizaba el control del territorio. Esto se debía a que los otomanos nunca ejercieron un poder total centralizado sobre los territorios del Líbano, de manera que, bajo su tutela, como bajo el mandato francés, se consolidaron las autonomías de dichas comunidades, fortaleciendo   relaciones de liderazgo, creando un sistema clientelar-jerárquico entre familias “nobles” y el resto de dicha comunidad; y, en segundo lugar, promoviendo la división entre  diferentes etnias y comunidades.

Estas diferencias internas fueron fomentadas y fogueadas por el imperialismo, que, en un proceso de “descolonización” de la posguerra mundial, le sirvió como recurso para el establecimiento de un neocolonialismo. Así el imperialismo, dando pasos atrás y adelante, buscó nuevos mecanismos para poder sostener sus posesiones coloniales, a través de una dependencia económica-comercial, tecnológica y militar. En la búsqueda de estas nuevas formas de dominación, el imperialismo necesito de un aliado local, se formalizará una alianza con los cristianos maronitas, mientras que el llamado “mundo árabe” se recostará sobre los musulmanes, sosteniéndose más sobre los sunitas que en los chiitas.

El antecedente que oficiara de base para el llamado Pacto Nacional de 1943 se sostiene en un acuerdo intercomunitario, donde los cristianos renuncian a la “protección europea” y los musulmanes a la posibilidad de que Líbano sea parte de una Gran Siria. Un precedente al Pacto Nacional, fue la Constitución del Líbano, sancionada en 1932, que estableció el reparto de poder como una forma de equilibrio, siempre precario. Según dicha constitución mientras el presidente fuera cristiano maronita, el primer ministro debía corresponderles a los musulmanes sunita (en detrimento de los chiitas que con el correr del siglo conformarán una gran parte de la población libanesa). En cuanto al parlamento libanés, también será distribuido “un 30 % de cristianos maronitas, un 22% de musulmanes sunitas, un 18 de musulmanes chiitas, un 10%de cristianos ortodoxos  y un 6% de drusos” (Salim Hamadeh)

Los armados políticos además de acentuar el beneficio en los sectores étnicos-religiosos señalados, fortalecieron la estructura social heredada de la época otomana, beneficiando a los sectores de la burguesía, cristiana o musulmana: en principio a los grandes terratenientes ligados a las exportaciones agrícolas, la burguesía urbana ligada al comercio y sectores de la pequeña burguesía. Para finales de los ‘50 y principio de los ‘60, el Líbano recibiría aportes derivados del petróleo y de un perfil de “Paraíso fiscal” que la identificaban como la “Suiza de Medio Oriente”. Según Bustillo se optó “(…) por mantener un nivel de presión fiscal muy reducido y un Estado mínimo, lo que genero demandas de distribución por parte de las organizaciones obreras que fueron surgiendo en el país, evidenciando un importante conflicto de clases”. El crecimiento económico en el Líbano no estuvo ligado a una prosperidad de todos los sectores sociales “un 4% de la población acaparaba el 33% de la renta nacional” (Poder Arroyo Medina), sino a mantener el statu quo de la burguesía maronita y sunnita, que en el caso del primero tenía fuertes vínculos con el imperialismo francés y los EE. UU. La crisis económica y social desembocó en la “revolución árabe” de 1958, encabezada por Kamal Jumblatt (dirigente de origen druso) que rechazaba los intentos del presidente Chamoun de perpetuarse en el poder y sus políticas “antiárabe”. La revuelta tomo tal magnitud que Chamoun, debió solicitar el apoyo militar de los EE. UU, lo que dio paso a la primera intervención del imperialismo estadounidense en el territorio, con el fin de sofocar la revolución.

Es preciso que nos detengamos un segundo, cuando hablamos del Líbano y sus diferentes crisis económica, políticas y sociales: en un análisis de Salim Hamadeh, se sostiene que muchas veces la lucha de clase en el Líbano se intentó ocultar  bajo el paraguas del “mosaico cultural”, que escondia una visión eurocentrista que daba a entender que en occidente las sociedades aparecen como una sociedad hegemónica culturalmente, mientras que Oriente es presentado como una heterogeneidad que sería la causa principal de las guerras. Según Salim Hamadeh, los cambios pos-independencia en la matriz económica del Líbano, impulsados por el imperialismo y los sectores de la oligarquía libanesa, “trajo como consecuencia el cambio de un modo de producción feudal a un modo de producción capitalista, que conllevo divisiones clasistas entre la pequeña elite rica que controlaban las empresas de negocios y entre las clases sociales pobres”.

La revolución de 1958 provocada  por la polarización entre el nacionalismo panárabe (facciones musulmanas y drusas) y la política prooccidental del entonces presidente cristiano maronita Camille Chamounderivo en la primera intervención militar estadounidense en Medio Oriente para contenerla. Preocupado luego del triunfo de la revolución en Irak, que Líbano se uniera a la República Arabe Unida que impulsaba el líder de Egipto, Abdel Nasser, el desembarco de marines yanquis en Beirut, logro reprimir el movimiento.

El sionismo, la guerra de los 6 días y la persecución a los palestinos sobre el Líbano

La creación del Estado de Israel en 1948, significo la Nakba (en árabe: la catástrofe), así llamada por la expulsión forzosa de 800 mil palestinos de sus viviendas y tierras. Cerca de 150 mil palestinos fueron empujados hacia el Líbano. Fue la primera de varias oleadas de palestinos expulsados de sus tierras por los sionistas. Cada guerra, cada avance sionista sobre territorios palestinos, significo nuevas oleadas de expulsiones.

En 1967, Israel realiza un ataque sorpresivo contra Egipto, Siria y Jordania: la llamada guerra de los 6 días. A una década de la fundación de Israel, pertrechado hasta los dientes por el imperialismo, da los primeros pasos de expansión para crear un “Gran Israel”. En 6 días consigue imponerse militarmente y se anexa la Cisjordania, expulsando nuevamente a centenares de miles de palestinos hacia Jordania, y Jerusalén Este, territorios gobernados por Jordania; la península de Sinai (Egipto) y los Altos del Golán (Siria).

El movimiento de lucha palestino, organizado en Al Fatah y la OLP, dirigidos por Yaser Arafat, se reorganiza en Jordania. Pero el rey jordano, Hussein, es cooptado por los sionistas y los yanquis y organiza en 1970 un golpe militar contra la OLP palestina, conocido como el “septiembre negro”, donde son asesinados más de 20 mil palestinos y otro tanto, entre ellos Arafat y la plana mayor de Al Fatah es expulsada… hacia el Líbano.

La Guerra de los 6 días, modificó las relaciones de fuerza en Medio Oriente, y también sobre el Líbano. A partir de la derrota de Nasser y del mundo árabe del ’67, la influencia egipcia disminuyo y se hizo más presente la participación de Siria en la vida política libanesa.

La llegada de la conducción de la OLP y el establecimiento de refugiados palestinos[1]fomentara la composición de nuevas alianzas. Por un lado, se unieron  sectores progresistas y de izquierdas con los sectores árabes y simpatizantes de la resistencia palestina, la cual contaba con la simpatía de gran parte de la población. Por otro lado, se fue conformando una alianza entre los sectores de derecha como la Falange maronita (fundada en 1936 e inspirada en la falange española) que reivindicaba sus antepasados en los pueblos fenicios, en detrimento del componente árabe. Este sector, sumado a otros grupos de la burguesía ligados al imperialismo, tenderá a conformar una alianza con el estado de Israel, y fijarán como objetivo principal expulsar a la resistencia palestina del Líbano. Para este sector, no es la naturaleza imperialista del estado sionista la causante de desplazamientos y masacres en la región, sino que acusaban a los palestinos y a su accionar de resistencia de provocar las incursiones de las  Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Dichas incursiones ocurrieron durante toda la década del 70 y se profundizaron aún más durante la Guerra Civil Libanesa (1975-1982).

Guerra Civil 1975-1982/ 1982-1989

1975/1982

Para mediados de la década del 70, en el Líbano se  crean las condiciones para un conflicto civil: fuertes alianzas con componentes cristianos maronitas o musulmanes sunitas y chiitas, un ejército que nunca pudo dar respuestas a las incursiones sionistas, así como nunca  logro el monopolio de la fuerza.

Durante los primeros años de la década del 70, se profundizaron los enfrentamientos entre el ejército del Líbano, en su mayoría cristianos y la resistencia palestina que va a ir adquiriendo cada vez mayor autonomía en su enfrentamiento con el ejército de ocupación sionista. En este contexto, las agresiones sionistas al Líbano fueron continuas en esos primeros años, en 1973 asesinan a tres dirigentes de Al Fatah, demostrando la incapacidad del ejercito libanes, cuyo descrédito iba en proporción a la simpatía que empezaba a generar la resistencia palestina, sobre todo en la población árabe golpeada por las derrotas que se venían sucediendo desde 1967. La agresión sionista no se detuvo y meses antes de que estallara la guerra civil, fines del 1974 y comienzos de 1975, Israel bombardeo los campos de Nabatiya y la región de Arkub.

Algunos analistas, como Arroyo Medina, reconocen en la guerra civil libanesa, dos periodos. El primero se extiende de 1975 a 1982, en el cual la resistencia Palestina, según este análisis, es el motor que cataliza los enfrentamientos entre bandos: por un lado, la falange derechista y cristianos maronitas, aliado de Israel; y por otro, la resistencia palestina, los árabes y sectores de izquierda, como el Partido Comunista del Líbano. El segundo periodo de la guerra civil se extendió de 1982 a 1989, cuando se firmaron los Acuerdos de Taif, que pondrán fin formalmente a la guerra civil pero no evitarán nuevos enfrentamientos, atentados y asesinatos, como tampoco librará al Líbano de la destrucción de parte de su territorio a manos de Israel, lo cual se extiende, como veremos más adelante, hasta el día de hoy.

El 13 de abril de 1975, milicianos falangistas ametrallaron un autobús palestino en un barrio cristiano. Este acontecimiento precipito los enfrentamientos estallando así la guerra civil. Los enfrentamientos y las masacres se continuaron de uno y otro lado, como la intervención extranjera desde el sur (por tierra, mar y aire) de Israel, lo cual motivo un avance de Siria sobre el territorio del Líbano.

Los bloques milicianos quedaron conformados por El Frente Nacional (FN), integrado por la Fuerzas Armadas Libanesas, la Falange y otros grupos cristianos; y, por otro lado, el Movimiento Nacional Libanes (MLN) que lo integraran milicias musulmanas, nasseristas, partidarios de la izquierda y la OLP. Según Bustillo, la superioridad del MNL, prendieron las alarmas en Israel y Siria, puesto que, para el primero, un triunfo del Movimiento reforzaría el papel de la OLP en el plano local e internacional, cuestión que debía detener a todo precio. Y, para el segundo, significaba perder la tutela sobre la OLP y la influencia que Siria ejercía sobre el Líbano.

En un comienzo la balanza se inclinaba del lado de MLN, lo cual repercutió en la intervención directa de Israel y Siria, en el caso del primero no solo a través de la invasión del sur del Líbano, sino también en la conformación de una alianza con las milicias cristianas dirigidas por el coronel Haddad, quien conformo el llamado Ejército del Sur del Líbano (ESL), estos últimos recibieron recursos económicos y militares del estado sionista. En cuanto a Siria, Bustillo remarca que Asad veía con malos ojos el triunfo del MLN, puesto que la OLP tendría mayor autonomía y su influencia sobre el Líbano sería nula. Por lo tanto, perdería una oportunidad para presionar a Israel en su afán de recuperar los territorios del Altos del Golán, perdidos en la Guerra del ’67. En definitiva, y contra lo que el sentido común dicta, Siria no intervino en el Líbano en apoyo de los árabes de la OLP, ni de las comunidades musulmanas, sino por un interés “nacionalista” propio, contra una identidad socialista, tal y como se reclamaba el partido Baaz (Partido Árabe Socialista Baaz – Región del Líbano).

En 1982 se darán acontecimientos que marcan un giro en la guerra civil libanesa, alterando las relaciones de fuerza  con el surgimiento de nuevas milicias. Ese año, Israel lleva adelante lo que Menajem Beguin, primer ministro israelí, denominó Operación Paz de Galilea: con el pretexto de combatir a la OLP, en junio, invadió Líbano, llegando hasta la propia Beirut, la cual fue bombardeada y cercada durante casi tres meses. El 20 de agosto, desembarcarán en Beirut una fuerza militar norteamericana (la segunda invasión en una década) acompañada por fuerzas francesas e italianas, que permanecerán hasta febrero de 1984. Se resuelve la expulsión de la militancia palestina de Al Fatah, con Arafat a la cabeza, que es exiliada hacia Túnez. Otra parte es expulsada hacia Siria. Con la presencia militar de Israel, EE. UU., Francia e Italia y la expulsión de los militantes palestinos, será “elegido” (impuesto) por el “parlamento” el comandante de las milicias cristianas maronitas, Bashir Gemayel. Pero una semana antes de asumir muere en un atentado. En ese contexto, 48 horas después, se llevó adelante una de las mayores masacres de civiles realizada en el Líbano y Medio Oriente. Los aliados de los sionistas, las milicias falangistas, llevan adelante la masacre de Sabra y Shatila, dos campamentos de refugiados palestinos, donde se calcula que fueron asesinados, salvajemente, 3.500 civiles, en su mayoría niños y mujeres (los hombres habían sido expulsados) todo esto con la complicidad y beneplácito de las fuerzas de ocupación a manos de Ariel Sharon. Según un informe de Amnistía Internacional, “lanzaron bengalas para iluminar el área durante la noche, permitiendo que los asesinatos continuaran”. Las Asamblea General de la Naciones Unidad, califico el acto de genocidio, en su resolución 37/123 (véase Rebelion.org: https://rebelion.org/en-memoria-de-sabra-y-shatila-la-herida-abierta-para-palestinos-del-libano/). El repudio internacional llevo a que Sharon renuncie a su cargo de ministro de defensa. El Partido Obrero organizo aún bajo la dictadura argentina un importante acto público de repudio a la masacre de Sabra y Shatila.

El posicionamiento de Asad y Siria, tratara de justificar su invasión sobre el Líbano, estableciéndose como garante de los árabes.

1982-1989

En 1983, el presidente del Líbano, Amine Gemayel -hermano del también presidente Bashir Gemayel, asesinado dos días antes de la masacre de Sabra y Shatila, e hijo del Pierre Gemayel, fundador de las falanges- firmó un tratado de Paz con Israel. A cambio, este último se retiraría de Beirut, pero no de los territorios del sur.

En el contexto de la ocupación sionista es que va a surgir Hezbolla (Partido de Dios), una milicia de origen chiita. Desde la independencia del Líbano, los chiitas no habían sido proclives a formar milicias, si bien antes de Hezbollah existía una milicia de origen chií llamada Amal. El surgimiento de Hezbollah se dio, en principio, como un elemento de resistencia a la ocupación sionista, pero también, al influjo de la revolución iraní de 1979.El régimen de los Ayatolas  aislado por la presión imperialista/sionista apoyó a la nueva milicia tanto en lo militar como financiero. Sobre el impacto del Hezbollah en la vida política del Líbano volveremos más adelante.

Formalmente, la guerra civil llegó a su fin con los Acuerdos de Taíf de 1989, controlados y dirigidos por los sirios. Por un lado, Siria mantenía sus tropas en el Líbano, por otro, la retirada de Israel y el debilitamiento de las milicias nacionalistas la favorecían. A esto se sumó el contexto internacional. El fin de la Guerra Fría provocó que EE. UU. dejara de ver a Siria como un promotor de la política soviética, posicionando al Asad en un lugar de privilegio para tutelar los acuerdos.

Hezbollah

El fin de la Guerra Civil en el Líbano, no significo el fin de la ocupación del país de los cedros. Por un lado, el fin de la Guerra Fría influyo en la visión que el imperialismo en general, y los EE. UU en particular, tenían sobre Siria, como un factor de influencia soviética. Por otro lado, el Estado sionista seguirá ocupando gran parte del sur del Líbano, donde se llevaron a cabo masacres como la del 18 de abril de 1996 en las cercanías de Qana, cuando «las FDI atacaron intencionadamente el complejo de la ONU»[2].

Otra de las consecuencias que dejó la Guerra Civil, fue que no solo vio el surgimiento de Hezbollah, milicia chiita, sino su fortalecimiento y expansión por el sur del Líbano, convirtiéndose en un actor político crucial en la política del país de los cedros de comienzo del siglo XXI.

El nuevo régimen surgido de la revolución de 1989 fue un gran revulsivo en la situación política del Medio Oriente: había sido derribado por una masiva y violenta revolución lo que era el puntal contrarrevolucionario del imperialismo en la región.

Si bien Hezbolla surge como una milicia, va desarrollando un trabajo social: construyendo escuelas, carreteras, programas para jóvenes, centros de salud, etc.  En lo económico, constituye empresas privadas y de seguridad, programas de créditos, etc. Y en cuanto a lo político, logra una cantidad importante de parlamentarios y hasta ministros en diferentes gobiernos, además de ser parte de la coalición 8 de marzo, que es uno de los bloques políticos que se sucedieron en los gobiernos de los libaneses en las dos décadas de principio de siglo (la otra coalición se denomina 14 de marzo).

Tanto la coalición 8 de marzo, como la 14 de marzo, nacieron a luz de la llamada “revolución de los Cedros”, en el 2005, que tuvo lugar luego del asesinato del primer ministro Rafik Hariri, produciéndose manifestaciones masivas que exigieron la expulsión del ejército sirio, lo que se concretó, luego de la permanencia de casi tres décadas, ese mismo año.

Luego de la guerra civil, mientras las diferentes milicias se desarmaron como parte del acuerdo, Hezbollah fue la única que permaneció armada; esto tuvo que ver con una tensa negociación que se llevó adelante entre Siria e Irán. La presencia del Hezbollahen el sur del Líbano fue aceptada en la medida en que se convertiría en un freno a los intentos de avances sionistas.

En cuanto a su carácter de milicia, durante los ‘90 Hezbollah adopto el método de la guerra de guerrillas para enfrentar al estado de Israel.  La milicia chiita no solo freno el avance del ejercito sionista, sino que logro su retirada apresurada en  el año 2000, y logro también la desarticulación total del Ejercito Libanes del Sur, aliado histórico de Israel. Un triunfo histórico. A partir de ese momento la influencia del movimiento creció aún más, puesto que se convirtió a los ojos de muchos libaneses, no solo chiitas, en el garante de la soberanía nacional, esto último  floreció aún más cuando en el 2006 logro resistir y expulsar una nueva invasión del estado sionista.

La influencia de Hezbollah, tomo un carácter regional, luego del 2010, cuando tiene lugar la revolucionaria ola de la “primavera árabe”, la cual comenzó en Túnez y se extendió por Egipto y hasta Siria. Si bien el movimiento Hezbollah en principio mostro una simpatía con el movimiento que se desarrollaba en los países árabes, dio un giro cuando el movimiento llego hasta Siria, aliado en los últimos años del “Partido de Dios”. En el 2013, y como parte de la guerra civil en Siria, las milicias del Hezbollah tuvieron una intervención directa en ayuda al régimen de Bashar al Asad[3].

Si bien Hezbollah se ha convertido en un factor clave a la hora de detener el avance del sionismo/imperialismo por el Líbano, guarda un carácter confesional chiita bajo el lema “El Islam como alternativa al capitalismo y al comunismo”. A pesar de dicho lema,

sigue sosteniéndose sobre la base de una estructura burguesa capitalista.[a]

Crisis económica y pandemia

Para 2020, la economía del Líbano está en quiebra total: en marzo entro en cesación de pago y se convertía en uno de los países más desiguales del mundo el 50% de la parte baja de la pirámide gana casi lo mismo que el 0,1 por ciento del estrato superior, mientras que el 10% superior se lleva a casa casi el 60% de los ingresos”[4].

La económica del Líbano no fue la excepción a la crisis mundial que se desató en el 2008. La economía del país de los cedros dependía en cierta manera del turismo, el capital financiero y remesas provenientes del extranjero, la crisis afecto los ingresos provenientes de esos sectores. Para hacer frente y mantener las importaciones del Líbano, debió recurrir al financiamiento externo, lo cual equivalía, según Hinrichsen, al 20 % del PBI. En ese contexto se aumentó la tasa de interés para atraer capitales extranjeros: el Banco Central del Líbano ofrecía a estos últimos una tasa mayor a la de los bancos privados. Así se fue generando un crecimiento del endeudamiento. Este esquema se volvió explosivo y finalmente exploto: “El dinero dejó de fluir en 2019. Muchos factores ayudan a explicar por qué: el reconocimiento de que el sistema era insostenible; la desaceleración económica; el secuestro saudí del primer ministro Hariri; y la geopolítica. El resultado fue que el sistema no pudo continuar porque no llegaban suficientes depósitos nuevos a los bancos”[5].

La crisis económica profundizo más la desigualdad social y económica, ya que mientras los impuestos a los sectores de la burguesía fueron insignificantes, la crisis se descargaba sobre los trabajadores.

La burguesía libanesa, cualquiera sea su confesión religiosa, se mostró incapaz de desenvolver un programa económico para generar un desarrollo productivo que desligara la dependencia del Líbano de las importaciones y de los intereses imperialistas, que hundían la economía del país.

Para noviembre del mismo año, la lucha de clase se profundizo en el Líbano, y comenzando una serie de levantamientos en diferentes ciudades. El aumento de la pobreza y la desigualdad desataron una ola de protestas. “En realidad, las protestas son la erupción de una furia acumulada durante muchos años e incluso décadas; una furia contra la clase de buitres mafiosos y oligarcas, la mayoría de ellos protagonistas clave de la guerra civil de 1975-90, que han arrasado el país mientras acumulan una riqueza asombrosa para ellos y un pequeño círculo de compinches”[6]Desde Beirut, hasta ciudades como Tiro y Nabatieh, de fuerte presencia chiita, fueron protagonistas de las protestas. En este punto, es importante señalar como hace Rowell, el papel reaccionario y conservador  jugado por Hezbolla, que salió en defensa del gobierno. En declaraciones, su líder, Hasan Nasrallah, señaló que en ningún momento se pretendía la caída del gobierno; al tiempo que enviaron “patotas” para hostigar a quienes protestaban.

La pandemia del COVID 19 se convirtió, por un lado, en un momento de alivio para el gobierno y la burguesía libanesa, ya que logro en cierta manera aliviar el flujo de luchas que se desarrollaron a fines del 2019. Pero, por otro lado, agravó la crisis económica, social y sanitaria del país de los cedros.

El imperialismo con la complicidad de la burguesía nacional libanesa, logro mantener el control y la dependencia del Líbano, no ya como en el siglo XX por el mecanismo de una invasión directa sino a través del endeudamiento: “los fondos de inversión extranjera representaron una proporción cada vez mayor de tenedores de créditos en dólares (eurobonos) con vencimiento este año” (…) “El fondo británico Ashmore, por ejemplo, posee él solo más del 25% de la serie de eurobonos con vencimiento en marzo, abril y junio. Había apostado por un reembolso”[7].

En el contexto de una economía en quiebra, una desigualdad social creciente y el impacto del COVID 19, el Líbano sufrió un nuevo golpe cuando el 4 de agosto de 2020 se produjo una de las mayores explosiones no nucleares que se registre. En un depósito en el Puerto de Beirut explotaron unas 2.750 toneladas métricas de nitrato de amonio, 215 víctimas, al menos 6.500 heridos, por lo menos dos casos conocidos de víctimas que todavía están en coma, más de 70.000 viviendas dañadas, más de 300.000 desplazados, pérdidas materiales estimadas en 8.000 millones de dólares, pérdidas incalculables en términos de vidas humanas preciosas”[8]. La explosión daba cuenta de las condiciones de precariedad de la seguridad con la que cuenta las instalaciones libanesas. Desde el gobierno tanto el presidente Aoun (ex general) y el primer ministro Saad Hariri, fueron incapaces de brindar auxilio a la población, pero sí profundizaron la represión. Más de 35 personas perdieron los ojos (un método represivo enseñado por las fuerzas sionistas) en la represión que se llevó adelante días después, ante el auge de las protestas que reclamaban el esclarecimiento del acontecimiento.  

Para fines del 2021, la economía también se encontraba a punto de un nuevo estallido “más de un año más tarde, el Estado ha fracasado en forma total y la economía ha colapsado completamente. Las reservas del Banco Central se agotaron luego de que la clase gobernante sacara su dinero del país en forma ilegal. El Parlamento legalizó el uso de 200 millones de dólares de las reservas –esto es, dinero de los ahorristas– para importar combustible y otros bienes”, produciéndose un nuevo mecanismo de expropiación de la burguesía libanesa contra el pueblo trabajador.

Expansión sionista: genocidio en gaza y una nueva invasión al sur del Líbano

La expansión y agresión sionista nunca ceso desde la creación del Estado de Israel en 1948, el pueblo  libanes y el pueblo palestino pueden dar testimonio de ello. También, como pudimos apreciar más arriba, el pueblo libanés, como el pueblo palestino, dieron muestras sobradas de resistencia a la ocupación sinfonista.

El 7 de octubre del 2023, el movimiento de resistencia Hamas, realizo una acción sobre territorios ocupados por Israel, el cual dejó gran cantidad de muertos y una cantidad de secuestrados que serían parte de futuros intercambios por los miles de prisioneros palestinos en cárceles sionistas. Estas acciones se desarrollaron como respuesta a las constantes agresiones militares, e intentos de anexión.

Durante el año 2023, antes de que se produzca la acción de Hamas, un informe de Save The Children comunicaba que en Cisjordania se reportaban el asesinato de 38 niños a manos de las fuerzas sionistas, mientras que en Gaza se produjeron 6, llegando a un total de 44 niños. En cuanto a la anexión de territorios en Cisjordania, e incluso sobre Jerusalén Este, un informe de la Unión Europea y UNRWA (organización de las Naciones Unidas para los refugiados) señalaba la preocupación por los avances programados por el estado sionista, sobre dichos territorios palestinos, la planificación sobre nuevos asentamientos y el crecimiento en cuanto a infraestructura[9].

Si bien la violencia del sionismo nunca se detuvo desde 1948, luego de octubre de 2023,se transformó directamente en un genocidio, llegando a asesinar más de 100.000 palestinos. Según estimaciones de la ONU, el 70% son mujeres y niños. Para el momento en que se escriben estas líneas el estado sionista ya ocupa más del 50% de la Franja, una verdadera limpieza étnica.

Desde su nacimiento el proyecto sionista está vinculado a los intereses imperialistas. En el siglo XIX y mitad del XX estuvo apoyado en los británicos y franceses, durante la última etapa del siglo XX y comienzos del XXI se vincula a la política estadounidense, quien financia y apoya el genocidio.

En el presente año la agresión imperialista y sionistas amplio su alcance hacia Irán. Tanto Trump, como Netanyahu, calculaban que el régimen del Ayatola se desvanecería ante el ataque a la infraestructura petrolera y civil, la eliminación física de la cúpula del gobierno (el 28 de febrero de 2026 el ayatola Ali Jameneí fue asesinado, bombardeada su residencia). Sumado esto al descontento de la población que se verifico en manifestaciones masivas  en diferentes ciudades, a comienzos del 2026, que fueron sofocadas por una sangrienta represión.

Según  la propaganda de Trump, el régimen iraní estaba al caer y él le iba a dar un sangriento “empujoncito”. Pero, Irán no solo resistió la criminal ofensiva del imperialismo, sino que la contrarresto militarmente atacando las bases militares estadounidenses en diferentes países del Golfo Pérsico. Asimismo, rompió con el mito de la eficacia de la “cúpula de hierro” sionista, adjuntándole varios golpes.

Pero el golpe que más daño al imperialismo, estuvo centrado en el cierre del estrecho de Ormuz, por el cual se calcula que pasa más del 20% del petróleo que se consume a nivel mundial. El cierre del estrecho supone que los buques que circulen deberán pagar un peaje, lo cual influyo en el precio mundial del petróleo generando un proceso inflacionario que afecta los bolsillos de los consumidores estadounidenses. A casi 6 meses del inicio de la guerra, el gobierno de los EE. UU se encuentra en una encrucijada o profundiza la guerra contra Irán, lo cual aceleraría el proceso inflacionario, y el descontento interno o llega a un “acuerdo”. Irán se encuentra por lo menos hasta el momento de escribir este pasaje, en una posición de negociación fortalecida. Dentro de los pliegos para la firma de la Paz, no solo incluye reclamos propios, sino el cese de las hostilidades y la invasión del sionismo en el sur del Líbano. Pero ha ganado “solo” una batalla… la guerra imperialista no ha renunciado a sus objetivos.

Volviendo al Líbano, a medida que se iba desarrollando el genocidio en Gaza, Israel comenzó los ataques en el sur del Líbano con  la excusa de atacar Hezbollah, quien en octubre del 2023 realizo ataques sobre el norte del estado sionista, en solidaridad activa con la resistencia del pueblo de Gaza. Los ataques del sionismo, con la intención de golpear a Hezbollah, incluyeron desde  atentados terroristas (septiembre2024) con la explosión de bípers (dispositivos electrónicos) que provocaron la muerte a de 32 civiles y más de 3.000 heridos, hasta bombardeos a los suburbios de Beirut en el que se asesinó al líder histórico de la milicia chiita, Hassan Nasrallah. Los ataques contra el Líbano también incluyeron bombardeos y la invasión al territorio. Si bien estos ataques debilitaron la estructura de Hezbolla, no lograron desarticular las milicias chiitas.

En la actualidad, las fuerzas sionistas están llevando adelante bombardeos contantes en el sur del Líbano con el propósito de destruir la infraestructura civil, extendiendo el genocidio que realizo en Gaza sobre los territorios del país de los cedros. En menos de 6 meses se calcula que el estado sionista realizo 300 operaciones, las cuales tuvieron un saldo de más de 3.000 muertes y 1,3 millones de desplazados del sur del Líbano, esto pese al alto el fuego firmado en abril entre los EE. UU e Irán, con mediación de Pakistán. Para los sionistas el alto el fuego no incluía al Líbano, mientras que para Irán el alto el fuego debía ser regional y por tal motivo el Líbano era parte del acuerdo, esto último fue reafirmado por las autoridades pakistaníes. La resistencia de Hezbollah se mantiene y, por momentos, se refuerza.

Comentarios finales

Más allá de las diferencias culturales, étnicas y religiosas que conforman la población del Líbano, las diferentes guerras e intervenciones extranjeras que se produjeron a partir del siglo XX y en lo que va del siglo XXI, no es el único ni el principal factor de la historia trágica del país de los cedros.

Entendemos que las guerras fueron y son productos de las disputas imperialistas por dominar, ocupar y apropiarse del Líbano en particular, y el Medio Oriente en general. Estuvieron relacionadas, en el marco del interés que ligan a sectores de la burguesía libanesa con el imperialismo, es decir, que actuaron y actúan internamente como agentes de interés del imperialismo, resguardando su lugar de privilegio a costa del pueblo libanés.

En la guerra establecida por el sionismo contra Hezbollah y el pueblo del Líbano, buscamos derrotar al sionismo/imperialismo que es la reacción en toda la línea. Igual que apoyamos la lucha militar de los palestinos de Gaza y de los iraníes contra las agresiones imperialistas. Es necesario organizar la solidaridad activa internacional: Fuera sionistas/imperialistas del Líbano. No damos ningún apoyo político a la política de Hezbollah, pero hacemos causa común en la lucha que se está librando. Es necesario organizar una fuerza socialista revolucionaria independiente de las clases dominantes, en el Líbano y en todo el Medio Oriente para luchar contra el imperialismo y las burguesías reaccionarias e impulsar la unidad socialista de todo el Medio Oriente.


[1]El establecimiento de los palestinos en territorio del Líbano data de1948, año de la fundación del estado de Israel el cual se edifica a costa del desplazamiento y la matanza de la población palestina, se calcula que solo de Nazareth mas de 100.000 palestinos seestablecieron en los campos de refugiados del Líbano. Véase: https://rebelion.org/75-anos-sin-hogar-de-la-expulsion-de-palestina-a-la-persecucion-en-el-libano/

[2]Assi, Seraj“Israel extiende su guerra genocida al Líbano”, Jacobin.

[3]Salim Hamadeh, Sultan. (2018). “Introducción a Hezbolah. Origen y desarrollo”. En: Anuario 2018, Centro de estudios Internacionales para el desarrollo.

[4]Hinrichsen

[5]Hinrichsen

[6]Rowell

[7]Babin-Atallah

[8]Zoueini

Bibliografía consultada

  • Arroyo Medina, Poder. (2004) “Tiempo, historia y violencia social: el caso del Líbano”. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid, Facultad de geografía e historia.
  • Assi, Seraj. “Israel extiende su guerra genocida al Líbano”, Jacobin. Septiembre 2025
  • Blanco Navarro, José María (2015). “Hezbollah, El Partido de Dios”. Ieee.es.
  • Bustillo, Javier Lion. (2013). “Líbano y Siria; entre la disociación y el desbordamiento”. Universidad de Cádiz.
  • De Rose Sandra. “Guerra en el Líbano”. Centro Argentino de Estudios Internacionales, Programa Medio Oriente. En: https://opendata.uni-halle.de/bitstream/1981185920/108764/15/653886888.pdf
  • Salim Hamadeh, Sultan. (2018). “Introducción a Hezbolah. Origen y desarrollo”. En: Anuario 2018, Centro de estudios Internacionales para el desarrollo.
  • Salim Hamadeh, Sultan.” ¿Líbano; Crisis de las comunidades confesionales o crisis del sistema burgués?”. Universidad de La Habana. En: Marxismoyrevolucion.org
  • Salim Hamadeh, Sultan. “Las Elecciones del 2018 en el Líbano: ¿Cambio o status quo? ” Universidad de La Habana.
  • Zahreddine, Danny (2021) “Del pequeño al Gran Líbano: desafíos contemporáneos de la República libanesa en el contexto convulso del medio Oriente”. En: Paredes Rodríguez, Rubén (compilador) “A diez años de la Primavera Arabe; los desafíos de una región convulsa”. UNR.

Artículos:

Comité de solidaridad con la causa Arabe:

https://causaarabeblog.blogspot.com/2023/10/informe-sobre-los-asentamientos.html

Rebelion.org

BBC.com:

https://www.bbc.com/mundo/articles/ce84zkkpm32o

https://www.bbc.com/mundo/articles/c4g072dy3rdo

https://www.bbc.com/mundo/articles/cx20l70yrn2o

Sinpermiso.info:

https://www.sinpermiso.info/textos/oriente-proximo-tambores-de-guerra-en-libano

https://nuso.org/articulo/libano-de-explosion-en-explosion

Nueva Sociedad:

https://nuso.org/articulo/libano-israel-ataques

Jacobin:

[9]

[a]