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El Lobby Sionista: una historia a ambos lados del Atlántico

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El Lobby Sionista: una historia a ambos lados del Atlántico


“La limpieza étnica de palestina se convirtió en una condición para el establecimiento de un estado judío: Israel necesitaba obligar a la comunidad internacional a aceptarlo”

Ilan Pappé

Introducción 

El genocidio en Gaza ya llevaba dos años cuando en 2025 se publicó “El Lobby Sionista: una historia a ambos lados del Atlántico”, del historiador israelí Ilan Pappé. El libro resulta sumamente interesante, no solo porque va dando cuenta del despliegue del lobby sionista en Inglaterra y los E.E.U.U, moviéndose de un lugar al otro del Atlántico, sino también como se desplaza izquierda a derecha, de la comunidad judía a la cristiana, lo que demuestra que goza de un gran pragmatismo y flexibilidad para adaptarse al tiempo, en diversos espacios e ideologías. Eso sí: con pocos escrúpulos éticos y morales.

Ilan Pappé explora múltiples aristas en la historia del Lobby Sionista, de las cuales nos detendremos en algunas de ellas, a las que caracterizaremos como: “Sionismo cristiano ayer y hoy”, “Las armas del sionismo”, “El sionismo a la izquierda y derecha, pero siempre imperialista”, “Los engaños del sionismo”.

Por otra parte, el libro también explora temáticas que, como dijimos más arriba, no podremos desarrollar por cuestión de espacio. Pappé da cuenta que la resistencia palestina comenzó ya a principios del siglo XX, además de resaltar las diferencias entre el lobby palestino y el lobby sionista. En otro aspecto da cuenta de cómo se financia el lobby sionista, como recauda el dinero, como lo pone en circulación para desviarlo de un país al otro sin pagar impuestos y “evitar” sanciones, esquivando las leyes nacionales, como sucedió en el caso del AIPAC en los E.E.U.U. 

Pappé menciona y explora cada una de las instituciones, comités, consejos que están vinculadas al Lobby sionista, su tarea y su aporte a  ambos lados del Atlántico, que durante casi 200 años se ha encargado de influir en los políticos británicos y estadounidenses. El lobby sionista, va a influir en cada uno de los partidos políticos de esos países y también, presiona y persigue a quienes se oponen a los intereses y dictados del sionismo. El Lobby Sionista ha logrado sobre todo en la última mitad del siglo XX, funcionar como un aparato parapolítico a ambos lados del Atlántico, a tal punto que como abordaremos más adelante, un ex presidente de los EE. UU sentenciaría que nunca sintió tanta presión como el que sufrió de parte de este lobby.

En definitiva, Pappé plantea que el Lobby consciente de las injusticias que conlleva el proyecto sionista, su misión, está destinada a enmascarar dichas injusticias y para ello lleva más de 200 años ganando la confianza de los políticos de la burguesía imperialista. Incluso hoy, que Israel es un potencia militar regional en Medio Oriente, el historiador israelí sostiene que el lobby y el proyecto sionista ven una amenaza en lo que ellos denominan “deslegitimación internacional”, la cual sin duda cobro mayor relevancia a partir del genocidio que el estado de Israel está llevando adelante en este momento contra el pueblo palestino, tanto en Gaza como en Cisjordania. 

El sionismo cristiano ayer y hoy 

En los EE. UU como en otras partes del mundo, la mayoría de los sionistas no se encuentran en la comunidad judía como muchos podrían suponer. El sionismo cristiano y evangélico se calcula en 50 millones solo en los EE. UU y es que el sionismo cristiano, según documenta Pappé, en el imperio del norte tiene más de 200 años de desarrollo y su nacimiento es anterior al surgimiento en la comunidad judía. 

Este dato no es menor si tenemos en cuenta que Pappé da cuenta que el sionismo comenzó en los EE. UU  siendo un concepto cristiano. Para fines del siglo XIX, se propagó la llamada “teoría del retorno”, en paralelo con el surgimiento del sionismo europeo. Tanto para unos como para otros, sostiene el historiador israelí, no existe Palestina, sino que su nombre era reemplazado por “Tierra Santa”, es decir, que, en más de 2.000 años, Palestina para dichos cristianos, seguía siendo como en los tiempos de Cristo, imponiendo una negación del pueblo palestino. 

La teoría del retorno predicada por los sionistas cristianos sostenía la necesidad de que todos los judíos deberían retornar a Palestina, requisito esencial para la segunda vuelta de Cristo, puesto que seguían reconociendo al pueblo judío, como el pueblo elegido por dios. A Pappé no se le escapa que esta teoría lleva en sus genes una alta dosis de  antisemitismo, puesto que una vez que el pueblo judío haya retornado a lo que denominaban “Tierra Santa” y la vuelta de Cristo se concretara, los judíos no tendrían más opción que convertirse al cristianismo, es decir, que en definitiva lo que perseguía dicha “teoría del retorno” era la conversión de los judíos -y por lo tanto su negación- al cristianismo.

Aunque el sionismo cristiano hizo punta en los EE.UU, en Londres, verdadero centro del imperialismo, también fueron los cristianos quienes dieron nacimiento al proyecto sionista.   Para mediados del Siglo XIX, Palestina comenzó a ser una tierra codiciada por los británicos quienes la veían junto con Siria, como un posible punto colonial de enlace de Occidente con Oriente, es decir que comenzó a tener una relevancia desde el punto de vista imperial. Pappé destaca que para 1838 se establece el consulado y como resultado de la presión realizada por Shaftesbury, de la Sociedad Bíblica Británica en el Extranjero, los evangélicos británicos “milenaristas” a diferencia de los partidarios de la “teoría del retorno” del norte de América “no se limitaban a esperar que la profecía se cumpliese, sino que creían que debían ser proactivo y provocar este escenario de fin del tiempo”. (Pág. 15) Así Pappé describe como las primeras expediciones de la Sociedad Bíblica era comenzar a averiguar si los judíos que vivían en Palestina estaban interesados en una Palestina judía. Para su decepción, a las pequeñas comunidades judías establecidas en Palestina no les interesaba, ni el cristianismo, ni el milenarismo. En 1839 uno de los miembros de la delegación de la Sociedad Bíblica, Alexander Keith, fue quien enunció la frase “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”. Es decir que la frase que tiempo más tarde se popularizara cuando el lobby presionara sobre las autoridades británicos para concretar la declaración Balfour, tiene su origen no en la comunidad judía, sino en el sionismo cristiano. 

El sionismo cristiano y tiempo más tarde cuando surja el sionismo dentro de la comunidad judía, tendrán en común el interés de establecer un estado judío en Palestina. Aunque, como señalamos más arriba, guarde una fuerte impronta antisemita, llevar a los judíos lejos de Occidente y esperar o provocar la profecía para que los judíos se conviertan a la cristiandad. 

Otro destacado impulsor del lobby sionista cristiano fue el magnate William Eugene Blackstone, quien en 1870 tuvo una “revelación” que se plasmó en su libro “Jesús está volviendo”. Según relata Pappé la preocupación de Blackstone estaba centrada en la situación de los judíos provenientes de Rusia. Y, otra vez como todo sionista, la salvación para los judíos rusos no estaba en su traslado a Occidente, sino en su radicación en Palestina. La innovación y aporte del Blackstone era que pensaba al judaísmo no como una religión sino como una nación y en su petición al Imperio Otomano, para que dejara ingresar a los judíos provenientes de Rusia y les permitiera instalarse en Palestina, fue uno de los primeros en denominar a esta como Israel. (Pág. 104,105, 106)

A lo largo de todo el libro Pappé no pierde de vista esa relación entre el sionismo cristiano y el sionismo judío, que tuvo un relanzamiento en los 60 y se profundizó más en la década 70 con la llegada al poder la derecha sionista. Para el autor del Lobby Sionista, tanto el Likud, como el primer ministro Menájem Beguín, fueron los que abrieron el camino a esta nueva alianza y poco le importo a la derecha sionista, el elemento antisemita oculto, pero presente, que guardaba el dogma milenarista. (Pág. 294)

En los 70  el impulso de esta alianza cristiano-judío sionistas se cristaliza en los predicadores evangélicos que vinieron de la mano de la película The Late Great Planet Earth, adaptación del mismo libro escrito por  Hal Lindsey.  Este libro fue adaptado por los sistemas educativos del sur de los E.E.U.U. Lindsey fue uno de los primeros telepredicadores que difundió el mensaje de que la creación del estado de Israel era el primer paso para la vuelta del mesías y que se encargó de difundir un mensaje de islamofobia, a tal punto que su programa fue cancelado por ese motivo, en la cadena TBN. (Pág. 293) 

Esta lógica de que el Islam representaba el mal y lo judeocristiano el bien, se terminó de concretar luego de los atentados del 11 de septiembre del 2001 contra las Torres neoyorquinas, como abordaremos en otro apartado, con nuevos libros, películas, programas de TV y hasta video juegos, destinados a difundir el mensaje del lobby. 

En síntesis, el Lobby sionista cristiano guarda en sus ADN una formula antisemita y anti-Palestina e imperialista. 

Los engaños del Sionismo

Desde la utilización del concepto de “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”, hasta sostener que una crítica al sionismo equivale a tener una posición antisemita, el lobby  se ha valido de innumerables artimañas que buscaron, muchas veces con éxito, engañar, mentir y ocultar, su esencia antisemita y proimperialista. 

Desde principios del siglo XX, el sionismo británico mostraba cuál era su verdadero interés sobre la protección de los judíos en Oriente. Pappé relata cómo en 1905, Balfour quien años después dará lugar a la declaración que se conoce con su nombre, había votado la ley de Aliens Act, la cual limitaba el ingreso a Gran Bretaña de judíos provenientes de la Europa Oriental y víctimas de pogromos. A Pappé no se le escapa, que más allá de las posiciones antisemitas de Balfour, esta medida no guarda relación con su antisemitismo sino que por el contrario está relacionada con los acuerdos con el sionismo: “Herzl le dijo repetidamente a británicos y alemanes que la colonización sionista de Palestina deriva a los temidos inmigrantes Ostjuden de Europa occidental a Palestina” (Pág. 45). Esta política se repetirá una vez más, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el sionismo presione a ambos lados del Atlántico para que no reciban a la población judía que huía desesperada del Holocausto, y así obligarlos a marchar hacia Palestina. Es decir, que el sionismo que se presenta como garante de la comunidad judía, nunca pensó en su protección, sino en sus propios intereses, los cuales coinciden con los intereses de los  antisemitas que pretendían desplazar de Europa en particular,  y Occidente en general, la presencia judía.  

Si  en un comienzo fue Palestina  una “tierra sin pueblo”, una vez establecido el estado de ocupación, el engaño del sionismo pasó por presentar al Otro (o a los Otros), como eminente peligro para la propia existencia, no solo de Israel, sino del judaísmo, utilizando la tragedia del holocausto. Así tanto en 1967, como en el 2026, el sionismo utiliza el “peligro” como excusa para lanzar los mal llamados “ataques preventivos” y atacar a todo aquel que presente resistencia. Otras características de estos “ataques preventivos” es que se dan cuando se desarrollan “diálogos” entre palestinos, árabes o iraníes con los EE.UU. Los llamados “ataques preventivos” no están dirigidos a amenazas concretas, sino a romper cualquier tipo de acuerdo que vaya en contraste con el interés sionista. Nos recuerda Ian Pappe que antes de los ataques de 1967, el presidente egipcio Nasser venía encaminando negociaciones tanto con los británicos como con los norteamericanos (Pág. 165). Cada ataque preventivo de Israel sea en 1967, o al Líbano en 1982, conlleva no destruir la supuesta amenaza sino extender la ocupación israelí a nuevas tierras. Aunque el libro de Pappe no lo menciona, por una cuestión  temporal, este mismo engaño del “Otro como peligro” y de los “ataques preventivos” cumple el libreto sionista en la actual guerra que se desenvuelve entre los EE.UU, Israel e Irán. Lo que si menciona Pappe es que ya desde 2006, Israel viene sosteniendo que Irán está a punto de conseguir armas nucleares, para justificar nuevas agresiones.

En este aspecto, el rol del lobby no solo tiene como objetivo convencer a su aliado imperialista de la implicancia del “peligro” sino también en demonizar al “Otro”. En el primer aspecto de convencer al imperio del “peligro”, los resultados del lobby fueron diferentes. En 1982, no pudo convencer al gobierno derechista de Reagan de apoyar la incursión en el Líbano, por el contrario, nos recuerda Pappe, que el ex presidente de los EE. UU se distancio del sionismo.  Pappe sostiene, que cuando el primer propósito del lobby sionista no se cumple, es decir, implicar a los EE. UU o europeos en la Guerra, el lobby tiene un plan B: evitar todo tipo de sanciones. Así Israel que en numerosas ocasiones fue el país agresor e invasor nunca recibió sanciones de las potencias imperialistas, representadas en la ONU. El lobby fue muy efectivo en este aspecto, nos recuerda el historiador israelí.  

En 1967 el AIPAC en particular y el lobby en general en los EE. UU, crearon la liga “anti difamatoria” (Pág. 252). Su misión nos recuerda Ilian Pappé era “tachar de antisemita ciertas acciones “antisraelíes”, una característica muy presente en la actualidad donde cualquier crítica a las acciones genocidas del estado sionista, son denunciadas como antisemitas. 

Sionismo de izquierda y derecha: siempre al servicio del  imperio

Según recopila el autor del Lobby Sionista, Herzl siempre tuvo intención de llegar con su discurso sionista a las elites europeas, pero contrariamente sus discursos comenzaron teniendo más éxito en la clase obrera, por ejemplo en Inglaterra. Recién luego de la muerte de Herzl, la élite europea comenzó a prestar atención al discurso sionista, sobre todo cuando comenzó a percibir que dicho discurso, servía a los propios intereses británicos en los territorios Palestinos, por entonces bajo dominio del Imperio Otomano. Pese a que el Herzl, tenía cierto impacto en la clase obrera, está mayoritariamente simpatizaba con las corrientes socialistas, las cuales para principios del siglo XX rechazaban las ideas sionistas. 

Pappé recuerda que Poale Zion (Trabajadores de Sion), surge de una ruptura con el BUND. Si bien el rechazo a las ideas sionistas, provenía de todas las vertientes socialistas, Poale Zion, logro incorporarse en 1917 a la socialdemocracia (Pág. 65 a 69), lo cual se  convierte en una nueva traición de estas corrientes a todas las que ya en dicho momento se encargaron de denunciar Lenin, Trotsky y Luxemburgo. Para entonces, sostiene Pappé, los únicos que rechazaban al sionismo era la III Internacional (Pág. 78). En este punto, una nueva traición, pero a futuro, vendrá de la mano del stalinismo, quien participó  y reconoció la creación del estado de Israel, borrando de un plumazo el carácter anti-sionista bolchevique. 

Por otra parte, el sionismo también logró incursionar en los sindicatos ligados al Partido Laborista. La incursión del sionismo en el laborismo, como en los sindicatos, comenzó a ser vista por la burguesía británica como un antídoto por izquierda  contra los bolcheviques “Churchill llamaba a los judíos no sionistas a unirse a este contra los bolcheviques” (Pág. 76).

Pero el sionismo nunca juega la ficha a un solo ganador. Así Weizman, sucesor de Herzl, y quien más se destacó en la concreción de la declaración Balfour, sostiene Pappé que veía con malos ojos la incursión del sionismo en la izquierda, pero entendía que debían trabajar juntos en la creación del estado de Israel (Pág. 75). Así las cosas, para Ilian Pappé “el sionismo se disfraza, para el partido laborista, de empresa socialista prospera en tierras árabes vacías; y para el Partido Conservador de parangón de la democracia constitucional, una solución limpia a la “cuestión judía” en Europa que encajaba perfectamente con los intereses imperiales británicos” (Pág. 79) 

El lobby sionista también repetía esta fórmula en los EE. UU, mientras tenía miembros que influenciaban en el ala conservadora, tenía desplegado otros miembros para influir en el sector más progresista. Nos recuerda Pappé que “Kenen trabajo principalmente con el partido demócrata. Fue Abba Hiller Silver quien comenzó a establecer con el Partido Republicano una alianza que crecería hasta convertirse en la base principal del lobby proisraelí en EE. UU actual”. (Pág. 153) 

El lobby sionista se concentró en influir en diferentes sectores políticos, logrando unificar el interés imperial con los sionistas. 

Las armas del lobby sionista 

El lobby sionista para concretar el éxito de sus proyectos recurre a una variedad de métodos, que fueron y van desde obras de teatro, películas, programas de tv, video juegos, programas turísticos, movilizaciones populares, cabildeo, espionaje y robo de secretos de estado, extorsión, amenaza y persecución, entre otras tantas. Como mencionamos anteriormente, una de las funciones del lobby sionista, era poder disminuir el impacto de las medidas opresivas que Israel llevaba adelante. Con ese objetivo nació el ya mencionado AIPAC, como respuesta fundada en 1953, luego de la masacre de  Qibya, encabezada por Ariel Sharon. A partir de su nacimiento el AIPAC, tuvo como centro de sus actividades el cabildeo, es decir, poder influir en las Cámaras de Representantes estadounidenses tanto, que en muchas ocasiones lograba a través del accionar legislativo torcer la voluntad del poder ejecutivo. 

El lobby también tuvo como política central las presiones sobre ministros, diputados, senadores y todos aquellos que se opusieron a sus pretensiones. Pappé enumera una serie de funcionarios contra los que el lobby desenvuelve una campaña en su contra hasta en algunos casos forzar sus renuncias. En otros frustró sus carreras, entre algunos mencioa a Fulbright (Pág. 242-243)  Andre Faulds (Pág. 195), Charles Percy de Illinois, Walter Huddleston,  el congresista Paul (Pete) McCloskey, Paul Findley (Pag 279).  La presión del lobby sionista es tan poderosa en los EE. UU que Harry Truman presidente de los EE. UU declaro: “creo que nunca tuve que soportar tanta presión y propaganda política dirigida hacia la Casa Blanca como en este caso. La persistencia de unos cuantos líderes sionistas extremistas- que actuaban por motivos políticos y plantean amenazas políticas- me inquietaba y molestaba” (Pág. 224)

Desde antes de la creación del estado de Israel hasta la actualidad el lobby apuntó a difundir una imagen de Israel como un prospero y heroico proyecto, primero a través de obras de teatro y luego en colaboración con Hollywood. En este último punto Pappé señala la película Left Behind (2014) protagonizada por Nicolás Cage: “el anticristo en esta ocasión lo componían las “comunidades globales” que representaban el odio a las fuerzas de Cristo”, era parte del proyecto del mismo nombre dirigida por sionistas cristianos, que pretendía difundir esa visión de que “Israel estaba de parte de Cristo” (Pág. 349). La película también fue acompañada por un video juego de gran éxito. 

El lobby sionista, se dio un trabajo arduo en el ámbito universitario, reuniendo una serie  historiadores, para que validaran desde la academia, su relato de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Por otra parte, establece una red de estudiantes universitarios organizados en base a las políticas sionistas. 

Otra herramienta, a la que ha recurrido el lobby sionista, es el turismo. Para ello desde antes de la creación del estado de Israel, hasta hoy, se han establecidos viajes turísticos a Palestina para -con visitas guiadas- mostrar los supuestos avances de la “tierra prometida”, armados con el fin de convencer a los visitantes de la visión que ellos esperan de Israel: ya sea la construcción de una nación moderna en un desierto o del futuro socialista en los kibutz, etc. de acuerdo al momento y las circunstancias.

Una herramienta más de la que se valió el lobby fue del robo de información “secreta” de los servicios secretos estadounidenses, el cual se uso para extorsionar a determinadas figuras políticas. “En 1984, el FBI investiga al AIPAC por espiar y robar propiedad gubernamental. Los documentos robados al Departamento de Estado fueron tomados principalmente para presionar a congresistas en las diversas cuestiones que interesaban al AIPAC y a Israel” (Pág. 285). Antecedentes como estos son los que alimentan, las conjeturas que vinculan los secretos de Jeffrey Epstein, a quien se vinculó en varias ocasiones al Mossad, con armas de extorsión que llegaron al propio Trump. 

Conclusión

El libro de Pappé no solo se vuelve imprescindible, desde el punto de vista histórico, ya que  está respaldado por una amplia documentación y archivo, sino que es crucial para entender y comprender  los conflictos actuales en Medio Oriente, desde el genocidio en Palestina hasta la agresión imperialista contra Irán. En este marco, nos brinda herramientas para apreciar cómo se genera el conflicto bélico, como se gestiona  mientras este se desarrolla y, por último, como oculta y disfraza los acontecimientos. En cada una de las etapas del conflicto, el lobby siempre tiene un rol que cumplir en beneficio del sionismo y del imperialismo.