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El movimiento estudiantil bajo la dictadura: genocidio, resistencia y organización

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A 50 años del golpe del 24 de marzo de 1976

El movimiento estudiantil bajo la dictadura: genocidio, resistencia y organización


Cuando el 24 de marzo se cumplan 50 años del golpe genocida cívico militar del 76, cientos de miles de personas inundaremos las plazas centrales del país con los 30 mil compañeros desaparecidos como bandera, contra la impunidad de ayer y hoy, contra el negacionismo libertario pro dictadura y contra la masacre social que Milei, el FMI y sus cómplices están perpetuando contra los trabajadores y la juventud. Como ocurre hace 50 años, las movilizaciones tendrán un fuerte contenido juvenil y estudiantil. En todo el país, en Universidades, Terciarios y Colegios Secundarios hay acciones de visibilización como pañuelazos, siluetazos, actos de la comunidad educativa, charlas, cines debate y festivales, que los estudiantes organizan con el objetivo de lograr una adhesión y movilización masiva. 

El movimiento estudiantil se esmera año tras año por movilizar el 24M porque se sabe protagonista de una jornada en la que se repudia el genocidio de la última dictadura que sufrieron trabajadores y estudiantes en nuestro país. Porque, precisamente, los jóvenes y estudiantes fueron, junto a los trabajadores organizados, las víctimas predilectas de los milicos y sus cómplices civiles. Las investigaciones de la CONADEP y organismos de derechos humanos son contundentes: el 70% de las víctimas del terrorismo de estado tenían entre 17 y 30 años. Del total de detenidos-desaparecidos, el 21% eran estudiantes, sobre todo universitarios, es decir mayores de edad. Pero los estudiantes secundarios desaparecidos se estiman en no menos de 200.Los estudiantes universitarios fueron un blanco de ataque sistemático del gobierno genocida y, previamente, de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) organizadas por el gobierno peronista cuyo “nacimiento” data del 21 de noviembre de 1973. Antes del 24 de marzo del 76, no menos de 417 estudiantes universitarios y terciarios caerían asesinados: el 32% pertenecía a la Universidad de Buenos Aires (UBA) y a la Universidad de La Plata (UNLP). Después del golpe militar las cifran aumentaron estrepitosamente: 2080 estudiantes asesinados-desaparecidos de las universidades nacionales, el 73% de la UBA y la UNLP. Si se suma el total de estudiantes de universidades nacionales, universidades privadas, terciarios, profesorados, secundarios (y los estudiantes que no se sabe de qué universidad eran) la cifra de muertos y desaparecidos asciende a 3445 casos que se lograron registrar.

La furibunda represión a manos de la Primera Junta Militar con Videla, Massera y Agosti,se empecino con el movimiento estudiantil porque caracterizaban que, principalmente en las universidades y en menor medida en los secundarios, se encontraba “el germen comunista”. Los estudiantes venían experimentando desde más de una década un fuerte proceso de radicalización política, toma de conciencia y organización, en partidos que cuestionaban el régimen capitalista y, en muchos casos, ponían como su objetivo el socialismo, es decir la revolución. La tarea de aniquilar al activismo estudiantil, al igual que al del movimiento obrero, no comenzó con el golpe del 76, sino años antes con la dictadura de Onganía (1966-1970).Y se profundizo con la creación de las AAA bajo el gobierno Peron-Peron y López Rega. 

La dictadura de Onganía y la radicalización del movimiento estudiantil

El golpe de Onganía logro algo que hasta ese momento parecía imposible: que el movimiento estudiantil abandone posiciones derechistas y comience a estrechar lazos con un sector del movimiento obrero. La dictadura de Onganía tuvo un programa fuertemente reaccionario y represivo hacia las universidades: el 29 de julio de 1966 dicto el decreto 16.912 con el cual intervino las universidades, elimino la autonomía universitaria junto con el cogobierno, y prohibió cualquier actividad política estudiantil, incluyendo el funcionamiento legal de los centros de estudiantes y federaciones universitarias. Frente a tamaño ataque contra las universidades, los estudiantes, docentes y no docentes, que venía a barrer los derechos políticos conquistados con la reforma del 18; estos se organizaron. El epicentro de esta pelea se dio en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, donde estudiantes y docentes decidieron ocupar la facultad en repudio a la intervención de Onganía. La respuesta de la dictadura fue una represión salvaje: detuvieron a 150 estudiantes y docentes, se realizaron simulacros de fusilamientos y la policía golpeo con bastones a los estudiantes y docentes que eran obligados a salir de la facultad rodeados por hileras de uniformados. Este suceso pasó a la historia como “La noche de los bastones largos”. De allí en adelante, el movimiento estudiantil fue estructurando a nivel nacional una poderosa oposición al régimen dictatorial.

Las reivindicaciones estudiantiles fueron ganando fuerza en todas las universidades del país. La dictadura de Onganía llevaba adelante un verdadero plan de guerra contra las universidades: quita de derechos políticos y autoritarismo, cesantías a docentes “díscolos”, el control riguroso y conservador de los planes de estudio, asimilación con la ideología reaccionaria de la iglesia. Todo eso tenía su correlato en el “achicamiento” del  sistema universitario argentino, cuyo punto de partida era el “limitacionismo” al ingreso, mediante exámenes de ingresos restrictivos para filtrar a los estudiantes, quita de becas, pérdida de conquistas importantes como los comedores universitarios gratuitos para estudiantes. Onganía apuntaba a una reestructuración completa del sistema universitario para retroceder en el tiempo y volver a una universidad elitista para ricachones conservadores. El punto número uno era tabicar y regimentar al activismo estudiantil mediante la represión directa y las sanciones.

Frente a esta situación, La Federación Universitaria Argentina (FUA), dirigida por la juventud del Partido Comunista, impulso un plan de lucha nacional. Tuvo eco en los sectores provenientes del reformismo y la izquierda, pero fue rechazado, en un principio, por el peronismo. En este contexto de grandes movilizaciones universitarias contra el gobierno de facto, en Córdoba, el 12 de septiembre de 1966 cae asesinado por la policía el estudiante Santiago Pampillón. Quien además de estudiante de ingeniería era un joven obrero mecánico, operario en la planta de IKA-Renault, tenía 24 años.

El año 67 fue particularmente duro para el movimiento estudiantil opositor a la dictadura. Distintos reacomodamientos llevaron a la ruptura del PC. Quienes se fueron del PC se quedaron con la mayoría de los centros de estudiantes y la FUA. Más adelante darían vida al Frente de Agrupaciones de Estudiantes de Izquierda (FAUDI) que sería el brazo universitario del creado Partido Comunista Revolucionario (PCR).

El 68

El año 1968 fue clave: un punto de inflexión para el movimiento estudiantil argentino. “En los dos primeros meses del año, el estudiantado inició un restringido ciclo de movilización luchando contra los sistemas de ingresos y otras medidas limitativas en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), de Tucumán (UNT), de Rosario (UNL), Tecnológica Nacional Regional Buenos Aires (UTN), de Santa Fe (UNL), de Salta (UNT), UNC y UBA.” (Bonavena y Califa, El 68 argentino. Luchas estudiantiles en los albores de un ascenso de masas). La privatización de los comedores universitarios suscito gran malestar estudiantil, especialmente en las universidades del interior. Los problemas edilicios también generaban acciones de protestas. Un primer dato es que sectores obreros se solidarizaron con las acciones estudiantiles y viceversa como ocurriera en Tucumán y Salta, donde los estudiantes apoyaron a los trabajadores que enfrentaban una reforma en la industria azucarera.

En marzo, la dictadura de Onganía impulso los nuevos estatutos universitarios. El estatuto de la UBA que se aprobó en abril fue caso testigo: prohibía toda actividad que asuma forma de militancia, agitación, propaganda, proselitismo, o adoctrinamiento de carácter político. En el Cogobierno universitario permitía la participación de un estudiante con voz, pero sin voto. Establecía que los estudiantes que no aprobaran una materia por año perderían la condición de tales.

La FUA impulso un plan de lucha en Buenos Aires que incluyo permanentes choques con las fuerzas represivas del Estado, estudiantes detenidos, ocupación de las facultades por la policía, etc. La confrontación entre los estudiantes, la dictadura y las autoridades universitarias funcionales a Onganía, se extendió a lo largo de todo el país. El 30 de abril, la Federación Universitaria de La Plata convoca a una huelga de 24 horas con alto acatamiento. El 3 de junio el Centro de estudiantes de Filosofía y Letras de la UBA convoca a un paro. A la par que crecía la combatividad estudiantil se organizaban lazos con el movimiento obrero. En marzo de ese mismo año se había dividido la CGT. Por un lado, un sector combativo opositor a Ongania: la CGT de los Argentinos, liderada por el grafico Ongaro. Por el otro, la CGT de Vandor y Rucci quien mantenía una política participacionista con la dictadura. Las acciones solidarias de un sector de la burocracia sindical peronista con los centros y federaciones universitarias (mayoritariamente dirigidos por comunistas y reformistas del radicalismo) representa una novedad política impensada dos décadas atrás, donde el movimiento obrero organizado bajo las banderas del peronismo repudiaba a los estudiantes “pitucones” enrolados políticamente con el gorilismo que enfrentaban las luchas de los trabajadores.

En este cuadro fermenta la huelga nacional estudiantil convocada por la FUA para el 14 de junio. La misma fue un éxito rotundo: conto con la adhesión de los centros más importantes de la UBA y tuvo mucha fuerza en Córdoba, La Plata, Tucumán, Rosario y Salta. Las agrupaciones peronistas le dieron la espalda a la huelga estudiantil (la derecha peronista por estar directamente alineada a las autoridades universitarias; los sectores provenientes del ala izquierda por no romper con la derecha). La no participación del peronismo universitario en este enorme proceso de radicalización política pone de manifiesto que el peronismo actuó permanente de forma conservadora y boicoteo las medidas de lucha. Se demuestra entonces que es falsa la tesis que postula que la radicalización de los estudiantes universitarios viene de la mano de una supuesta “peronización” universitaria como respuesta a la dictadura de Onganía. Al revés, es la radicalización del movimiento estudiantil la que lleva a la juventud peronista a revisar sus prácticas en la militancia universitaria y, posteriormente, a “radicalizarse”, sobre todo a partir del Cordobazo de 1969, para intentar “peronizar” el movimiento de lucha que se va desarrollando vertiginosamente.

El año 68 tendrá un nuevo hito pasada la huelga de la FUA, teniendo protagonista a los estudiantes de la UNLP organizados en la FULP. A principios de julio, los estudiantes orientaron su actividad a repudiar la ley universitaria y el cierre de la facultad de Arquitectura. Las autoridades y el gobierno respondieron con represión, desalojo de los estudiantes y cierre de las facultades. La policía detuvo a más de 500 estudiantes. Las autoridades postergaron las clases hasta mediados de julio y suspendieron a los estudiantes que habían estado en la lucha, ilegalizaron a todos los centros de estudiantes. La FULP redoblo la apuesta y convoco a un paro estudiantil cuando se reanudaron las clases, la medida obtuvo altísimo acatamiento. El conflicto continuaba contra la suspensión de los estudiantes y de los centros. La FULP convoco a un nuevo paro para el 5 y 6 de agosto. Mientras tanto la FUA convoco a otra huelga general estudiantil para el 12 de septiembre, en un nuevo aniversario del asesinato del estudiante Santiago Pampillón. La FUA organizo para fin de año la convención nacional de centros, en la misma participaron 32 de 50 centros de estudiantes. Allí se votó la consigna “Universidad del pueblo liberado”.

1968 fue un año revolucionario. En el mundo tuvo a los estudiantes como protagonistas de enormes gestas populares. Fue el año del “mayo francés”, de la “primavera de Praga”, de las enormes movilizaciones en Estados Unidos contra la guerra en Vietnam, en América Latina se dieron las mayores movilizaciones históricas de la juventud en Brasil, Uruguay y México (donde se dio la masacre de Tlatelolco, del 2 de octubre, cuyo número de víctimas –centenares- se desconoce hasta hoy en su total magnitud), la “revolución cultural china”, etc. 

Este cuadro de movilización internacional del movimiento estudiantil penetro fuertemente en Argentina, que, además, tenía la enorme influencia revolucionaria del triunfo de la revolución cubana una década atrás. Pero el movimiento obrero y estudiantil argentino se integraría al concierto de rebeliones internacionales un año después, el 29 de mayo de 1969, en Córdoba: obreros y estudiantes protagonizarían una rebelión popular contra la dictadura de Onganía, hiriéndola de muerte, siendo sacada del poder un año después. El Cordobazo fue un punto de viraje para la reconfiguración de fuerza entre las clases en nuestro país. Puso de manifiesto la acumulación de fuerzas del movimiento obrero con la irrupción del clasismo sindical: obreros antiburocráticos y combativos que le disputaban a la burocracia sindical peronista la dirección de los sindicatos. Los estudiantes se lanzaron a las calles a apoyar a los obreros. El Cordobazo abrió “un ascenso obrero revolucionario” (caracterización de Política Obrera, antecedente del Partido Obrero) en el país que, con altas y bajas se mantuvo abierta y exploto con las coordinadoras fabriles sindicalesy la huelga general del año 1975 contra el gobierno peronista de Isabel y López Rega. La burguesía alentó el golpe que destituyo a Campora y permitió el ascenso de Juan Domingo Perón para intentar contener este ascenso de luchas que la represión no alcanzaba a frenar.  Perón represento la reacción: formación de bandas asesinas y fascistas de la triple A para exterminar al activismo obrero y estudiantil, copamiento de la derecha peronista en el gobierno, golpes destituyentes contra los gobernadores de origen camporista, la masacre de Ezeiza, insultos y ataques de Perón a la JP y Montoneros, etc. Tuvieron su expresión al interior de la educación universitaria y el movimiento estudiantil bajo la denominada “misión Ivanissevich”.

Perón y  “la misión Ivanissevich”: el Lópezreguismo en las universidades y secundarios

Al igual que Onganía, el gobierno de Peron se fijó en las universidades y la juventud un lugar prioritario para exterminar la “infiltración comunista”. La vuelta de Perón está precedida por un desarrollo a gran escala de posiciones combativas y revolucionarias en la vanguardia obrera y estudiantil: crecimiento vertiginoso dentro del movimiento estudiantil de expresiones de izquierda y foquistas del peronismo (Montoneros, FAR, etc.), del guevarista del PRT-ERP de Santucho con la JG (juventud guevarista), del maoísmo del PCR, el PC, en menor escala, las corrientes trotskistas como la TERS, juventud de Política Obrera (Partido Obrero en la actualidad) y la juventud del PST. Nuestra corriente, la TERS logra para el año 1972 avances en las elecciones de la UBA: en Económicas aumentó un 60% respecto del año anterior, pasando del tercer al segundo lugar; en Medicina, el incremento fue del 110%, logrando el ingreso a la Comisión Directiva; en Exactas, consiguió también un importante segundo puesto y en Filosofía y Letras el tercero. El balance indicaba que “ya no son los 50 votos del activismo ultraconciente, sino los de centenares y centenares de estudiantes por facultad” (Asiner, Pablo Rieznik y la TERS-UJS en el movimiento estudiantil de los años 60 y 70). A partir de este progreso, la TERS lograría el ingreso a la Junta Ejecutiva de la FUA por primera vez. El progreso de nuestra corriente se desarrollaba en franca delimitación con el peronismo de izquierda de la JUP-Montoneros, como así también con el stalinismo del PC y la estrategia foquista del PRT.

Ivanissevich asume el 14 de agosto de 1974 como ministro de Educación. Su gestión durara hasta el 11 de agosto de 1975. La “misión” de Ivanissevich fue “eliminar el desorden” y proceder a una depuración ideológica. En primer lugar, se encargó de sacar de las universidades y facultades a las autoridades que no respondan al peronismo de derecha u “ortodoxo”. Lo hizo de la mano de los atentados de la triple A. El caso más brutal es la bomba que las bandas de la triple A pusieron en la casa del rector de la UBA Raul Laguzzi (quien dirigió la UBA 2 meses con el apoyo de las organizaciones estudiantiles) que asesino a su pequeño hijo de 2 años. Este atentado llevo a la renuncia y posterior exilio de Laguzzi. Dentro del plano estudiantil, las bandas para estatales de patotas armadas estaban dentro de la universidad amedrentando, golpeando e incluso secuestrando y asesinando a los activistas estudiantiles. La militancia universitaria tenía que realizarse de manera casi clandestina producto de la represión ilegal del gobierno peronista. “En ese contexto es designado (rector de la UBA) Alberto Ottalagano, cuyo perfil político respondía al contenido del discurso inaugural de Ivanissevich en el día del maestro: No al ingreso irrestricto, no al gobierno tripartito, no a la prestación de servicios al pueblo por parte de los estudiantes de la Universidad, no a “la infiltración marxista”.” (Izaguirre Inés, La Universidad y el Estado terrorista…)

En el Colegio Nacional Buenos Aires (CNBA), la designación intervencionista de Laguzzi acelero la renuncia del rector Aragón quien era fuertemente apoyado por la militancia estudiantil del Nacional dado su forma democrática de ejercer el cargo y su defensa de los derechos y las libertades democráticas de los estudiantes organizados en el cuerpo de delegados que era la forma que adquirió en esos años el Centro de estudiantes (CENBA). Como Rector del CNBA, nombrado por Ivanissevich, asumió Garda (peronista de derecha). En una entrevista Garda dijo “La misión de los docentes es formar argentinos, ni bolches ni nazis

La “misión Ivanissevich” prohibió los centros de estudiantes. En la UBA y el Nacional Buenos Aires se intensificaron las protestas para que se reconozcan los centros y federaciones. En el CENBA se produjo una asamblea de 1500 estudiantes que fue desalojada cuando 50 hombres de civil bajaron armados de dos micros de la UBA y arremetieron contra los estudiantes. Entre la patota armada se encontraba el rector de la UBA, Ottalagano.

Pese a la prohibición los estudiantes se reunían clandestinamente desafiando a las patotas de la triple A, organizaban acciones de lucha, movilizaciones y concentraciones; impulsaban petitorios en defensa de los derechos estudiantiles contra el intervencionismo y el  limitacionismo de las autoridades Lópezreguistas. 

Bajo el mandato de Ottalagano que duro 100 días, se intensificaron los asesinatos de la triple A contra los estudiantes activistas en las universidades: 48 estudiantes asesinados, de los cuales 15 son de la UBA. Estudiantes secundarios del CENBA denunciaron el acoso de las patotas.

Como podemos apreciar el movimiento estudiantil en general se organizó y enfrento la represión del gobierno peronista antes y después de la muerte de Perón. Los centros de estudiantes, federaciones y cuerpos de delegados se mantuvieron activos. Los estudiantes lucharon tanto por sus demandas concretas: ingreso irrestricto, anulación de los cupos y exámenes de ingreso, derechos políticos dentro de los lugares de estudio, contra el intervencionismo, contra los planes de estudio reaccionarios, etc.; como así también apoyaron activamente las luchas de los trabajadores. Militantes estudiantiles de la izquierdaabandonaban su frente universitario para proletarizar su actividad militante ingresando a fábricas. Otros que se adherían organizaciones foquistas y emigraban de las universidades para pasar a una militancia clandestina.  Montoneros con su paso a la clandestinidad golpea la militancia universitaria de la JUP.

La huelga general y la revitalización de los centros de estudiantes

Esto se notaria de inmediato con la huelga general de junio/julio de 1975 que enfrento y derroto el “rodrigazo”. La irrupción nacional de los trabajadores, la constitución de las coordinadoras interfabriles y el golpe dado a la derecha con la expulsión de los ministros Rodrigo y López Rega, repercutió de inmediato dentro de las universidades. Rápidamente se puso en marcha un movimiento independiente de las autoridades para reflotar el funcionamiento autónomo de los centros de estudiantes. El movimiento estudiantil tomo la iniciativa y se lanzó a realizar elecciones de Centros, en todo el país, contra todos los esfuerzos de las autoridades universitarias y ministeriales para impedir la efectivización de las mismas (cerraron cursos, licenciaron facultades, persiguieron al activismo, etc.). Fueron detenidos compañeros, rotas urnas, reforzadas las vigilancias, pero eso lo único que logro es redoblar el espíritu de rebeldía de un amplio activismo. Por ejemplo, en Ciencias Económicas de la UBA fueron detenidos 3 estudiantes por realizar propaganda electoral: se pararon cursos y se realizó una concentración hasta que…. los compañeros fueron liberados. Algunas corrientes, que incluso “dirigían” centros de estudiantes basados en las elecciones de 1973, como el FAUDI (PCR) y el MNR (socialismo popular) directamente se opusieron al proceso electoral, planteando que representaba una “provocación” que justificaba los cierres. Eran defensores del gobierno derechista de Isabel Perón. El proceso electoral fue un éxito muy importante y sus resultados terminaron evidenciando una nueva correlación de fuerzas. Una novedad trascendente fue la constitución de un acuerdo político para constituir un frente entre la TERS (PO) y la Juventud Socialista (PST). Se trato de un acuerdo de principios que partía de reivindicar la reciente Huelga General y planteaba: “aprendamos de la experiencia de Chile y de la experiencia del FREJULI del 73: ni Frentes con sectores burgueses (Bidegaian, Alende, Sueldo, etc.), ni gabinete cívico militar” (Política Obrera N° 248, noviembre 1975). El Llamamiento conjunto planteaba “la necesidad de que el movimiento estudiantil recoja las experiencias que nos dejó la movilización de la clase obrera del 27 de junio, y la posterior Huelga General, que no es otra cosa que la de señalarnos el camino correcto para derrotar a nuestros enemigos” (ídem). Y se fijaba como perspectiva estratégica las banderas de la “independencia política del movimiento obrero” y la lucha por un gobierno de los trabajadores. La repercusión de este Frente Único entre la TERS y la JS tuvo importante repercusión política y trascendió los límites del movimiento estudiantil: replanteo la perspectiva de una unidad entre el PO y el PST sustentada en un balance político y un programa que permitiera la constitución de un fuerte partido cuartainternacionalista en la Argentina. Lo que lamentablemente no se dio porque la dirección morenista del PST rompió esta perspectiva por su subordinación a la defensa de la “institucionalización” (burguesa) y de estructuración de un frente de colaboración de clases con sectores de la burguesía opositora (bloque de los 9). Pero la presentación de las listas unitarias TERS-JS tuvieron un considerable progreso electoral, colocándose en varios casos como segunda o tercera fuerza, mientras retrocedía la JP (Montoneros) y las corrientes foquistas. El movimiento estudiantil estaba levantando cabeza sobre nuevas bases.

La dictadura genocida de Videla 1976 vino a liquidar esta evolución, buscando aniquilar por completo al movimiento estudiantil.

El plan de la dictadura: aniquilar al movimiento estudiantil, destruir la universidad pública

El golpe militar en la universidad y en la educación pública en general, tuvo dos objetivos primordiales. En primer lugar, aniquilar y desmantelar al movimiento estudiantil mediante la eliminación física de su vanguardia, destruir sus organizaciones, regimentar la vida estudiantil. Para eso, el gobierno comandado por el genocida Videla prohibió toda actividad política y/o gremial dentro de las casas de estudio, nuevamente ilegalizo los centros de estudiantes, las federaciones y las agrupaciones políticas. Las universidades funcionaron bajo la intervención directa de las fuerzas armadas, los estudiantes en muchos casos eran requisados al ingresar y al salir de las facultades. Al igual que el último gobierno peronista y las dictaduras militares previas, Videla y Cia. plantearon que en las universidades estaba la “infiltración comunista”. Lo mencionamos en este mismo artículo, pero vale la pena reiterarlo: del total registrado de detenidos-desaparecidos más del 20% son estudiantes mayoritariamente universitarios. En la UBA, entre estudiantes, docentes y no docentes suman no menos de 926 personas desaparecidas.

Otro objetivo de la dictadura tenía que ver con el programa económico de Martínez de Hoz, apalancado en los programas del capital financiero internacional cuyos lineamientos se escribían desde Estados Unidos. Estos se basaban en un achicamiento gigantesco de la matrícula universitaria y en el desmantelamiento de su engranaje público, es decir, gratuito. El esquema económico y social de la dictadura tenía como eje quebrar el sostenimiento público de las universidades y de la educación pública en general. No pudo llevar esta política hasta el final producto de la oposición social que generaba, además de las crisis y contradicciones económicas de la propia dictadura. 

(Ya bajo la democracia, el gobierno peronista de Menem intento avanzar con esta hoja de ruta, desfinanciando agudamente la universidad pública y federalizando el sostenimiento de la educación pública en los niveles inicial, primario, secundario y terciario mediante la nefasta ley de educación federal. Vale plantear en este punto que el intento de achicamiento universitario, de privatización de las universidades y copamiento empresarial del sistema educativo ha sido una constante de todos los gobiernos democráticos hasta la fecha. Siendo el actual gobierno de Milei, sin dudas, el que más a fondo pretende llevar esta orientación de destrucción universitaria y de la educación pública en general).

Volviendo a la dictadura que arranco el 24 de marzo de 1976 y finalizo el 10 de diciembre de 1983, se suele presentar que tanto el movimiento obrero, como el movimiento estudiantil, fueron dóciles frente a los milicos, que no enfrentaron a la dictadura. O bien se dice, que “la gente” se calló la boca o miro para otro lado, cuando se cometían los peores crimines contra el pueblo trabajador. MENTIRAS. Son versiones interesadas que intentan sacar del conocimiento las heroicas luchas que trabajadores y estudiantes dieron contra la dictadura, dentro de las fábricas, los lugares de estudioyconstituyendo movimientos de lucha verdaderamente impresionantes como lo fue desde los primeros casos de personas desaparecidas, el movimiento por los derechos humanos, alimentado por la solidaridad y movilización estudiantil (Marchas de la Resistencia, etc.). Quienes le dieron la espalda a los obreros y sectores populares y colaboraron con la dictadura, fueron los partidos políticos capitalistas.

Resistencia y reorganización del movimiento estudiantil

El movimiento estudiantil trabajo por la reorganización de sus espacios de militancia y resistió a la dictadura. La reorganización de los centros era un trabajo sumamente riesgoso y tortuoso. Las reuniones se realizaban fuera de las universidades, en bares, clubes, parques, iglesias o en domicilios particulares, tomando todos los recaudos de clandestinidad en cada caso. Los militantes de la UJS intervenían clandestinamente en sus cursadas, hablando de forma individual con los estudiantes. Un artículo de Juliana Cabrera publicado en esta revista EDM da cuenta del rol de la UJS en la reorganización del centro de estudiantes de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA. En las facultades de Arquitectura, Medicina, Ciencias Exactas y Naturales, Farmacia y Bioquímica, los centros de estudiantes en manos del PC y de la Franja Morada buscaron mantener cierta actividad de los mismos. Ambas corrientes tenían una actitud “moderada”: el PC con su posición de defender el bando videliano dentro del ejercito (versus el otro bando caracterizado como fascista); los radicales directamente habían apoyado y promovido el golpe de Estado bajo la figura de su líder Balbín y aportado funcionarios (intendentes, embajadores) a la dictadura. De hecho, Franja Morada no había sido ilegalizada dentro de la Universidad. Los centros de estudiantes en el que participaban varias corrientes políticas buscaban, desde la clandestinidad, continuar un trabajo elemental de organización gremial para satisfacer reivindicaciones estudiantiles (turnos, horarios, etc.) como también propiciar espacios para que los estudiantes se encuentren sorteando la censura y la represión. Los centros (bajo otros nombres y siglas) organizaban peñas, eventos deportivos, picnics y actividades donde confraternizar. También petitorios reclamando determinadas demandas estudiantiles. Aunque estas actividades estaban prohibidas por la dictadura ya que no estaban permitidas cualquier acción que pudiera propiciar la organización gremial de los estudiantes. 

Los estudiantes, junto a los docentes perseguidos y cesanteados, organizaban pequeños grupos de estudio clandestinos, donde podían debatir y producir conocimiento sobre temas que la dictadura prohibía. Estos espacios eran conocidos por el activismo estudiantil como las “universidades de las catacumbas”. Según “La Fede” (juventud del PC) para el año 1977 funcionaban, en clandestinidad, 60 centros de estudiantes universitarios en Argentina, que contaban con la colaboración de docentes y sociedades de profesionales. En los Centros de estudiantes de las facultades donde no había habido elecciones en el año 1975, se constituyeron clandestinamente Comisiones por la reorganización de los Centros de Estudiantes, con el objetivo de lograr su funcionamiento y posteriormente su legalidad.

En el año 1977 comenzaron las reuniones para reorganizar la junta ejecutiva de la FUBA, con mayoría de Radicales y miembros del Partido Comunista. De la reorganización de la FUBA participo la juventud del PST, del PCR, el MNR y nuestra corriente la TERS-UJS. La UJS participo de esta experiencia pues sostenía el Frente Único de las organizaciones estudiantiles para enfrentar el genocidio de la dictadura y luchar por la legalidad de los centros y federaciones y que estas se lancen a la pelea contra el régimen dictatorial. La juventud del Partido Comunista tenía una línea política antagónica a la UJS. Para la juventud del PC, los centros y federaciones debían servir para que los estudiantes dialoguen con la dictadura militar. La UJS denunciaba esta línea como colaboracionista.

A veces, había coincidencias entre distintas agrupaciones estudiantiles en que los centros y federaciones organizaran reclamos estudiantiles. La FUA impulso una campaña, por lo general mediante petitorios, por mayor oferta horaria, aumento del presupuesto para educación, aumento de becas estudiantiles, aumento de sueldos para docentes y no docentes, comedores universitarios gratuitos, por el fin de los cupos al ingreso, pero no de los exámenes de ingreso. La FUA en el año 78 denuncio que había estudiantes desaparecidos, pero lo hizo bajo el prisma de la UCR de la teoría de “los dos demonios”. Denunciaban el “terrorismo de Estado” pero planteaban que la violencia “desmedida” de los militares era respuesta a la violencia de las organizaciones guerrilleras. Una verdadera hijaputez. Incluso dado por el hecho que para el 78 las organizaciones guerrilleras estaban prácticamente disueltas en su accionar y/o físicamente y la dictadura estaba bañando en sangre a los activistas obreros y militantes.

Nuestra corriente, la UJS, jugó un papel importante en los centros de estudiantes donde tenía militancia como también en las federaciones estudiantiles para su reorganización. No solo participamos activamente de la lucha contra la dictadura en la UBA, sino también en la UNLP, particularmente en la reorganización del centro de estudiantes de Humanidades. Los jóvenes militantes del Partido Obrero llevaron a los lugares de estudio la lucha de los organismos de derechos humanos que denunciaban la desaparición de los compañeros y compañeras. Producto de la militancia de nuestra corriente sufrimos la desaparición de varios compañeros y el secuestro de nuestro dirigente Pablo Rieznik en el año 1977. Pablo era un reconocido dirigente de la UJS, había sido parte de la Junta Ejecutiva de la FUBA. El secuestro de Pablo duro una semana, pese a las torturas no delato a ni un compañero, ni puso en riesgo a su organización política. La lucha de la UJS y de Política Obrera que motivo una campaña internacional con una gran adhesión de los estudiantes franceses: “En la libertad de Pablo jugó un rol fundamental la campaña promovida en el exterior. A horas de haber se producido el secuestro, la dirección de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), el SNESA (Federación de Educación Nacional), nueve delegaciones estudiantiles de la región de París se movilizaron a la Embajada Argentina (…) En los días siguientes decenas y decenas de asambleas de curso de las universidades de París se pronunciaron por la libertad de Pablo, votando el envío de delegaciones a la Embajada o concurriendo directamente el curso entero (la delegación de Nanterre, por ejemplo, estaba compuesta por más de 150 personas).” (Asiner, diciembre 2015).

La lucha por las libertades democráticas, por la aparición con vida de los detenidos-desaparecidos, por la libertad de los presos políticos, apoyando las movilizaciones de Madres de Plaza de Mayo y Familiares de Detenidos-Desaparecidos, fue uno de los ejes de las comisiones de resistencia que se constituían en facultades y colegios. No solo con declaraciones, petitorios y agitación y propaganda, sino también con acciones prácticas de movilización. La UJS-TERS participo de la primera Marcha de la Resistencia organizada bajo el asedio policial/dictatorial por Madres y Familiares en 1981, mientras el conjunto de “demócratas” de los partidos “opositores” hacia mutis por el foro.

La represión sobre los estudiantes secundarios y su resistencia

Otro punto neurálgico de la represión de la dictadura fueron los colegios secundarios más politizados de la época. El caso emblemático es “La noche de los lápices”. Así se denominó a la noche del 16 de septiembre de 1976, cuando el Estado terrorista en un operativo compuesto por la policía bonaerense y el batallón 601 deservicios de inteligencia, secuestro y desapareció a 10 estudiantes secundarios de la capital bonaerense, La Plata. Seis de los 10 secuestrados permanecen desaparecidos hasta el día de hoy y las investigaciones que lograron reconstruir los hechos dan cuenta que antes de ser fusilados en los primeros días de 1977, fueron torturados y sometidos a los peores tormentos. 

La noche de los lápices no fue un caso aislado de secuestros, torturas y desapariciones a estudiantes menores de edad. Los milicos no dudaron en violar, torturar, asesinar y desaparecer a los militantes revolucionarios, tengan la edad que sea. De la misma forma, en otros colegios secundarios también hubo estudiantes desaparecidos. Por ejemplo, en el Nacional de San Isidro, son 17 los pibxs desaparecidos por la dictadura genocida. 

El Colegio Nacional Buenos Aires tiene una historia impresionante de lucha y militancia contra la dictadura militar y también una extensa lista de 108 alumnos y ex alumnos víctimas del terrorismo de Estado. Bajo la dictadura se desato un verdadero régimen de terror puertas adentro del colegio bajo la dirección del rector Maniglia, quien era un defensor de la dictadura y del genocidio. El cuerpo de delegados tuvo que disolverse para autopreservar la vida de los estudiantes militantes que participaban en él. 

Pese a este régimen del terror, donde las autoridades eran cómplices de los milicos genocidas, los estudiantes se organizaron clandestinamente. En noviembre de 1976 los alumnos de 5to año editaron una revista clandestina “La Voz de la Popu”. La misma se movía de mano en mano en una red clandestina. “La Popu” tenía un “problema” y es que era muy despolitizada, servía más bien como un acto de rebeldía y como medio donde los estudiantes se burlaban de autoridades y profesores. En 1978 entro en juego una nueva revista llamada “Aristócratas del Saber”. Esta revista era más politizada y el simple hecho de hacerla generaba un encuentro entre los estudiantes redactores de la misma. La revista tenía una sección llamada “No se banca más” allí se denunciaban las injusticias que los estudiantes vivían dentro de la escuela. En el año 1981, la revista, por primera vez, hablo de la importancia de armar un centro de estudiantes. 

La guerra de Malvinas acelero el proceso de reorganización estudiantil: las comisiones procentro que se habían ido formando fueron saliendo más a la luz pública con festivales, colectas, movilizaciones, reclamos. Aprovechaban el clima de movilización antiimperialista nacional para emerger. Fuertes núcleos estudiantiles participaron en la movilización del 30 de marzo del 82. Luego chocaban con los “bedeles” policializados en las facultades que intentaban reprimir los actos, pronunciamientos y reclamos votados en, cada vez más masivas, asambleas estudiantiles, liberando a compañeros detenidos, imponiendo una democracia de acción.

Los golpes sufridos por la dictadura, la gigantesca movilización obrera del 30 de marzo de 1982, la organización autónoma desarrollada durante la guerra de Malvinas, el incesante movimiento y la creciente y cada vez más multitudinaria movilización por los derechos humanos que denunciaba los detenidos desaparecidos en el país y los crímenes de Lesa Humanidad de la dictadura terminaron por acelerar la salida de los militares mediante una transición “democrática”. El 11 de octubre de 1982 volvió a nacer, “orgánicamente”, el centro de estudiantes del Nacional Buenos Aires (CENBA) sin el reconocimiento de las autoridades. Una multitudinaria asamblea aprobó la declaración de principios y el estatuto del Centro. El 24 de noviembre trescientos estudiantes se juntaron en la puerta del Nacional para que el Rector reconozca al centro. Los estudiantes pedían la anulación de los concursos docentes realizados bajo la dictadura y reclamaban que los docentes que habían tenido una actividad política en apoyo a los genocidas no puedan presentarse. Las autoridades no dieron el brazo a torcer. La lucha entonces se extendió en el año 1983, con nuevas asambleas multitudinarias del CENBA por su legalidad. Las autoridades del Proceso de reorganización Nacional (PRN) continuaron su guerra contra los estudiantes, aplicando sanciones al activismo, etc. Los estudiantes continuaron su lucha y fueron ganando volumen hasta el final de la dictadura genocida.

A modo de conclusión 

En este artículo hemos dejado de lado importantes batallas al interior del movimiento estudiantil. Tampoco hemos puntualizado en toda su extensión las divergencias dentro del activismo estudiantil, representadas en las tácticas y estrategias de las agrupaciones y partidos políticos que intervenían en él. Escribir sobre tantos temas se volvía inabarcable para un artículo cuyo objetivo fundamental es dar cuenta, por un lado, de la intensa actividad que el movimiento estudiantil mantuvo pese al terror genocida de la última dictadura cívico militar. Nos importa destacar este punto porque, pese al enorme retroceso que la dictadura le impuso al movimiento estudiantil (y la clase obrera) no pudo quebrar al activismo estudiantil. Pretendimos clarificar el grado de politización, radicalización y organización política que la juventud estudiantil había alcanzado a fines de la década del 60 y que se profundizo en posiciones e identidades revolucionarias cuyo punto de acumulación más alto fue la huelga general del 75. Hablamos de una juventud y un movimiento estudiantil que discutía y polemizaba sobre cuál era el programa, la táctica y la estrategia para luchar contra el gobierno capitalista antiobrero del peronismo y la dictadura. En nuestro caso con la estrategia de lucha por el gobierno de los trabajadores. El problema de no haber logrado constituir una masiva vanguardia que rompa con el Nacionalismo Burgués, el peronismo, y organice una intervención de los trabajadores y las masas para la lucha por el poder. Esa falencia, esa crisis de dirección revolucionaria, es la que aprovecho la clase capitalista nacional e internacional para imponer el golpe militar cuya herramienta principal para frenar el avance de las masas fue el genocidio contra trabajadores y estudiantes: son los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos, los bebes expropiados y privados de su identidad, la deuda externa y una democracia capitalista en la que los intereses de los capitalistas que dieron el golpe siguen siendo los que deciden los hilos del país. 

Lejos de cualquier fetichización queremos reivindicar, hoy más que nunca, la heroica lucha que dieron los estudiantes bajo la dictadura, su tenacidad para buscar formas de organización para no cederle al Estado genocida el control absoluto de los lugares de estudio. 

Si los estudiantes se organizaron aún bajo la dictadura, entonces es un deber para la generación de estudiantes actual, organizarse y colaborar para terminar con el gobierno ultraderechista y pro dictadura de Milei y Villarruel. 

Estudiar las lecciones de batalla del pasado reciente, ejercitar la memoria, extraer las mejores conclusiones es elemental e indispensable en tanto y en cuanto el objetivo sea volcar esa experiencia histórica acumulada por generaciones de luchadores, en función de una política cuyo objetivo sea la emancipación de los trabajadores y la juventud de los capitalistas.

30 mil compañeros detenidos desaparecidos ¡PRESENTES!

Bibliografía consultada:

Santiago Garaño y Werner Pertot, La otra juvenilia. Militancia y represión en el Colegio Nacional de Buenos Aires (1971-1986)

Pablo Buchbinder, Juan Sebastián Califa y Mariano Millán (comps), Apuntes sobre la formación del movimiento estudiantil argentino (1943-1973)

Guadalupe Andrea Seia, El movimiento estudiantil de la Universidad de Buenos Aires durante los dos primeros años de la dictadura (1976-1978)

Pablo Augusto Bonavena, ¿Centros de estudiantes o cuerpos de delegados? La génesis del “doble poder» estudiantil en BuenosAires durante la década del ´70

Mariano Millán y Juan Sebastián Califa, La represión a las universidades y al movimiento estudiantil argentino entre los golpes de Estado de 1966 y 1976

Bonavena y Califa, El ’68 argentino. Luchas estudiantiles en los albores de un ascenso de masas

Julián Asiner, Pablo Rieznik y la TERS-UJS en el movimiento estudiantil de los años 60 y 70

Inés Izaguirre, La Universidad y el Estado terrorista. La Misión Ivanissevich.

Millán Mariano y Seia Guadalupe, El movimiento estudiantil como sujeto de conflicto social en Argentina (1871-2019). Apuntes para una mirada de larga duración.

Juliana Cabrera, La lucha de la izquierda y el movimiento estudiantil contra la dictadura. El caso de la UJS en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA