En la inmediata pos-guerra fracasaron las negociaciones apoyadas por Truman y Stalin para conformar un “gobierno de coalición nacional” bajo la jefatura de Chiang Kai-shek. A partir de 1946 se reanudó la guerra civil en un cuadro de radicalización de la lucha de clases en el campo.
Rendido el Japón en 1945, el Kuomintang (KMT) fue reconocido como el “legitimo” gobierno de China, por los Aliados, incluida la URSS. En este contexto se dieron las tratativas –de las que participó el Partido Comunista Chino (PCCh) maoísta -para formar un gobierno de coalición con Chiang Kai-shek. Esto sería rechazado por el jefe del KMT, quien cuatro años después sería definitivamente derrotado por el PCCh en la guerra civil.
Chiang se fugó definitivamente en diciembre de 1949 junto a los funcionarios de su gobierno y una parte del Ejército a la Isla de Formosa (Taiwán). La Isla, protegida por los portaviones norteamericanos, fue un punto caliente durante la Guerra Fría, teniendo el KMT una banca en la ONU (República de China) hasta la firma de los acuerdos Nixon- Mao (1971/2) que reconocieron a la República Popular como la representación estatal y gubernamental de China.
Desde entonces hasta la fecha la “China de Taiwán” recibió créditos millonarios y moderno armamento de guerra por parte de los gobiernos norteamericanos, funcionando como una cabecera de playa del imperialismo en el Mar de la China.
La derrota de Japón y la segunda guerra civil china
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial todo parecía indicar que Chiang Kai-shek saldría fortalecido por el apoyo recibido por los Aliados europeos y la URSS. Las bajas chinas en la guerra con el Japón habían sido enormes alcanzando a casi 20 millones de muertos (algunas fuentes elevan esa cifra a mas de 30 millones). Chiang se presentaba en 1945 como el líder nacionalista que había expulsado a los japoneses. Una de las promesas hechas por los Aliados fue la devolución de Taiwán al gobierno chino del Kuomintang.
Stalin empujaba a Mao y a la dirección del PCCh a un gobierno de coalición con las “fuerzas democráticas”. La estrategia de la burocracia estalinista apuntaba a sacrificar la Revolución proletaria en China en nombre de un status quo con los imperialismos “democráticos”, mientras consolidaba posiciones en el este europeo con las llamadas “democracias populares” y la penetración del Ejército Rojo soviético como ariete. Cuando el colapso del Imperio japonés era inminente, Chiang Kai-shek impuso como condición que las fuerzas militares niponas rindiesen sus armas únicamente ante los ejércitos del Kuomintang, el partido nacionalista chino. Anticipando la continuidad de la guerra civil que estallaría en 1946, Chiang se propuso impedir que el PCCh se agenciara del armamento japonés como había sucedido en Manchuria después de que el Kwantung -ejército de élite japonés- fuese barrido por la URSS, sellando la derrota final del Japón del emperador Hirohito
Al término de la guerra antijaponesa, la mayor parte de China -entre el 70 y el 80% – y todas las grandes ciudades estaban bajo la autoridad del Kuomintang. Sus tropas cuadruplicaban a las del Ejército Rojo de Mao Zedong a razón de cuatro millones contra poco menos de un millón de efectivos comunistas. No obstante la influencia y organización en las zonas rurales liberadas por el PCCh había crecido notablemente hacia el fin de la guerra desde Manchuria en el norte hasta el sur del país, comprendiendo a una población de 95 millones de habitantes en diecinueve provincias. El Partido Comunista controlaba zonas enteras gobernando con los “representantes de otros partidos antijaponeses, así como con las personalidades no afiliadas a partido alguno” como constó en el Informe de Mao al VII Congreso del Partido Comunista en abril de 1945.
Como se ve la política de Mao –acorde a su estrategia de revolución democrática – apuntaba a un gobierno de coalición con el nacionalismo burgués chino a pesar de caracterizar al KMT como una camarilla representante de los intereses de los grandes terratenientes, grandes banqueros y grandes “compradores”. Sin rodeos calificó al KMT de ser una capa reaccionaria cuya política en la guerra nacional se había circunscripto a una “resistencia pasiva” contra los japoneses y por lo tanto débil, timorata y carente de iniciativa de combate.
En el Congreso de abril , Mao se dirigió al PCCh alertándolo sobre los planes que el Kuomintang venía preparando “desde hace mucho tiempo para desatar una guerra civil en cuanto las fuerzas armadas de determinadas potencias aliadas hayan expulsado a los agresores de buena parte de la China continental”. El futuro presidente de la República Popular denunciaba al Kuomintang de Chiang Kai-shek por aplaudir las matanzas perpetradas por el ejército inglés y el gobierno reaccionario griego contra los comunistas en Grecia, después del retiro de los nazis en 1944. El balance del trágico ejemplo griego fue determinante para que Mao Zedong no entregara las armas y para que continuase la guerra civil enfrentando las presiones imperialistas y de la burocracia rusa.
El desarme de las milicias griegas se repitió en otro cuadro político, en Francia con la entrega del armamento de los maquis franceses a Charles De Gaulle (pactada por el PC francés) y en Italia desarmando a los partisanos, en su gran mayoría comunistas. La colaboración con los imperialismos “democráticos” hundió la revolución europea y salvó a la burguesía; pero Stalin no pudo liquidar la Revolución en China. Mao Zedong nunca entregó las armas y ese fue uno de sus grandes méritos políticos.
La debilidad política y económica de la burguesía nacional china -reconocida por el propio Mao Zedong -no modificó su estrategia de colaboración con los capitalistas chinos “patriotas”. Dirigiéndose al Congreso del PCCh, Mao afirmó que “en China ha nacido un nuevo factor, el proletariado chino (el que junto con su dirigente, el PCCh) ha asumido la dirección de las amplias capas del campesinado”. No obstante, el Partido Comunista Chino insistió hasta el inicio de la guerra civil en un gobierno de coalición nacional con Chiang Kai-shek basado en el programa de “Nueva Democracia”. La negativa de Chiang a compartir el poder con el PCCh disparó la segunda fase de la guerra civil contra el PCCh.
El 30 de junio de 1946 caducó sin ser renovada una tregua precaria que había sido firmada ese mismo mes en Manchuria. En julio, el PCCh anunció la formación del Ejército Popular de Liberación (EPL) en reemplazo del Octavo Ejército de Ruta comunista que se había constituido en tiempos del Frente Unido con el Kuomintang. Ese mismo mes estalló la guerra civil que se extendería hasta la completa derrota de Chiang Kai-shek a fines de 1949.
Mao y la “Nueva Democracia”
En abril de 1945, Mao Zedong hizo público un programa mínimo del PCCh para evitar la reanudación de la guerra civil. Este debía asentarse en un “estado de frente unido o de alianza democrática basado en la abrumadora mayoría del pueblo bajo la dirección de la clase obrera”. Triunfante en la guerra civil, Mao apelará en 1949 a otra variante de un gobierno de coalición bajo su presidencia, esta vez con los dirigentes de la Liga Democrática y del Comité Revolucionario del Kuomintang, una escisión del KMT, que pasó a colaborar con el PCCh. Tanto la Liga Democrática -donde revistaba una parte de la intelectualidad liberal que se había opuesto a ChiangKai-shek- como el Comité Revolucionario del Kuomintang -integrado por antiguos generales del KMT que habían combativo al Ejército Rojo- ocuparon inicialmente importantes puestos gubernamentales, incluida las vicepresidencias en el gobierno de la República Popular. Esta alianza se rompería entre 1953 y 1954.
El PCCh de Mao separaba la “etapa burguesa de la revolución” del programa futuro o máximo “para llevar a China hacia el socialismo y el comunismo”. El viejo planteo menchevique. El curso de la lucha de clases desmintió esta estrategia etapista. La Oposición Internacional trotskista combatió el estrangulamiento democrático –burgués de la Revolución China en defensa de la lucha por la dictadura del proletariado como instrumento de poder obrero para unificar a China y sacarla del atraso y dependencia semicolonial, fundiendo la realización de las tareas democráticas y nacionales con la expropiación de los capitalistas agrarios, de la industria y la banca (Revolución Permanente).
En el horizonte del stalinismo y la burocracia contrarrevolucionaria rusa no estaba la guerra civil, ni la toma del poder por el PCCh, sino un gobierno de coalición nacional con Chiang Kai-shek a la cabeza. El propio Mao Zedong había tomado para sí los Tres Principios Populares de Sun Yat-sen, el fundador del Kuomintang, un programa nacionalista burgués y policlasista. Así lo hizo saber ante el Congreso del PCCh de abril de 1945, postulando un programa mínimo basado en el aniquilamiento completo de los agresores japoneses, el rechazo a toda conciliación con el invasor, la abolición de la dictadura unipartidaria del Kuomintang y su sustitución por un gobierno de coalición democrática. No se planteaba romper con la burguesía. Deteniéndose en el gobierno de coalición, Mao Zedong lo presentaba como un gobierno provisional al que debería seguirle una Asamblea Nacional encargada de constituir un gobierno de coalición permanente de todas las clases y partidos comprometidos con una “nueva China”.
En el plano económico, el PCCh proponía una política de fiscalización del capital y de nacionalizaciones selectivas. El reparto de tierras y la marcha de la Revolución Agraria estaba condicionado al desarrollo de la guerra, pretendidamente para no “perder soportes” en la lucha contra el Japón. La radicalización en las áreas rurales y la confiscación de los terratenientes y campesinos ricos recién se dará a partir de 1947, un año después de iniciada la guerra civil. Hasta entonces la política agraria giraba sustancialmente en torno a la reducción de tasas de interés y del importe de rentas que debían pagar los campesinos propietarios de tierras. Los repartos de tierras se limitaban a afectar a los terratenientes que habían colaborado con los invasores japoneses.
Los años de la guerra civil
Reiniciada la guerra civil, la economía china estaba colapsada. El 90 % de la red ferroviaria -que habían utilizado los japoneses para desplazar sus tropas de norte a sur- estaba inutilizada. Shanghái, la ciudad más importante de China, tenía la mitad de la capacidad industrial destruida. La destrucción de los diques del Río Amarillo en 1938 –para frenar a las tropas japonesas- había dejado un desastre que requería una fuerte inversión estatal y compensación a los campesinos afectados. Esto último no ocurrirá, incrementando la hostilidad al Kuomintang de los campesinos que lo habían perdido todo con la inundación. El Kuomintang despreciaba profundamente al movimiento campesino y estaba fuertemente enlazado con los terratenientes en el sur de China.
Otro golpe fue el fracaso de las reformas económicas de Chiang Kai-shek que cambió la moneda por el yuan de oro y dispuso la creación de nuevos impuestos para financiar la guerra contra el PCCh. Esta carga tributaria creció en un 60% desde 1947 en paralelo con la declinante ayuda norteamericana. El gobierno nacionalista burgués del Kuomintang siguió emitiendo para costear los gastos de guerra provocando un brote inflacionario. Lejos de estabilizar la economía, las reformas empujaron la inflación por las nubes con la consiguiente caída del salario: entre enero de 1946 y agosto de 1948 los precios se multiplicaron sesenta y siete veces. Las medidas tomadas por el gobierno nacionalista para contrarrestar la crisis y la inflación -precios máximos y conversión forzosa de divisas extranjeras y metales preciosos- enajenaron el apoyo de sectores burgueses que negociaban con los comunistas de las zonas liberadas la protección y salvaguarda de sus bienes.
Este caos y desmoronamiento del gobierno de Chiang Kai-shek dio lugar a un gigantesco mercado negro y a una corrupción oficial generalizada. Las propiedades confiscadas a los colaboracionistas eran revendidas por los funcionarios del Kuomintang a precios superiores a sus ex dueños acumulando grandes riquezas especulativas. El propio Chiang se lamentaba que el Kuomintang estaba podrido hasta los huesos. Para medir el alcance de esta corruptela señalemos que tres hijos de uno de los principales funcionarios de Chiang Kai-shek (el jefe del estado mayor) dirigían negocios sucios vinculados al mercado del opio, la explotación de la principal red de burdeles y de casinos y apuestas.
La continuidad de la guerra civil fue reemprendida por Chiang Kai-shek, seguro como estaba de su victoria por el apoyo inicial de los EEUU. En 1946 lanzó un ataque masivo de más de un millón y medio de soldados del Kuomintang enviados al Norte en Manchuria donde más fuerte eran los comunistas. Muchas de estas tropas fueron movilizadas por aviones norteamericanos.
Con la ofensiva en el norte, Chiang Kai-shek se propuso aplastar al PCCh y al Ejército Popular de Liberación; pero Mao Zedong rehusó el combate abierto optando por las emboscadas guerrilleras frente a la disparidad numérica y de armamentos. El ejército del Kuomintang – reequipado por los EEUU- contaba con armas modernas, una pequeña fuerza aérea y una marina de guerra rudimentaria. El Ejército Popular de Liberación (EPL), por su parte, no tenía barcos, ni aviones, y tampoco contó en los tres años de guerra civil con el envío de soldados y equipos militares por parte de la URSS. El apoyo soviético a Mao se limitó a asesores enviados por Stalin.
Si bien en un comienzo, Truman y Marshall apoyaron con créditos y armas modernas a Chiang Kai-shek, el aporte fue reduciéndose a medida que la guerra civil se prolongaba y el colapso del Kuomintang era cada vez más evidente llegando el gobierno norteamericano a cortar sobre el final de la guerra civil un crédito que estaba comprometido. Al volcarse la guerra civil en favor del PCCh los EEUU condicionaron su apoyo a Chiang Kai-shek , presionándolo para que negociara con Mao una salida y un alto al fuego para no ser derrotado completamente por los comunistas. Chiang se negó e intentó distintas maniobras, incluida una propuesta que no prosperó para pactar una partición de China similar a la de Corea, con el Kuomintang gobernando en el sur del país.
Nada de esto le funcionó como así tampoco un intento desesperado y aventurero urdido por Chiang Kai-shek para bombardear Pekín el mismo día de la proclamación de la República Popular en octubre del 49.
Los hitos de la guerra civil
La guerra comenzó con la fallida y gran ofensiva del Kuomintang en Manchuria (julio 1946) y culminó con la rendición de Nankin donde residía el gobierno nacionalista. El 1 de octubre de 1949, Mao anunció la victoria comunista y proclamó la República Popular China en un acto de masas en Pekín. A lo largo de la guerra civil el Ejército Rojo creció en prestigio y fuerza reclutando masivamente soldados entre el campesinado. La sucesión de derrotas militares desde mediados de 1947 a noviembre de 1948 profundizó la descomposición del gobierno y del Ejército nacionalista que funcionaba como una Federación de jefes militares regionales en la que cada comandante privilegiada sus intereses. Esto se agravó con la renuncia de Chiang Kai-shek a la presidencia a principios de 1949, entronizando a Li Zongren , su vicepresidente, como presidente interino. Posiblemente Chiang Kai-shek buscase ganar tiempo con esta renuncia formal mientras seguía al frente del Kuomintang y ordenando acciones militares, algunas contradictorias y opuestas a las dispuestas por el presidente interino. La maniobra de Chiang desorientó a un Kuomintang en retroceso y dividió a los mandos.
Esta división, la crisis desatada por el primer ministro de Chiang, quien se negó a reconocer la presidencia de Li Zongren, la negativa de comandantes del Kuomingtan a pelear, junto a las deserciones en masa en el ejército blanco del KMT, fueron hiriendo de muerte al gobierno nacionalista. Cuando aún seguía la guerra y con Li Zongren como presidente interino, Chiang Kai-shek ordenó trasladar las reservas monetarias a Taiwán prefigurando su huida a la Isla de Formosa.
Las derrotas militares del Kuomintang desmoralizaron a las tropas nacionalistas cuyos jefes eran cada vez más recios a luchar y a movilizar sus ejércitos fuera de las “zonas seguras”. Muchos de estos comandantes regionales pactaron con los comunistas desde fines de 1948 y no pocos cambiaron de bando. Dos hechos grafican esta descomposición: a comienzos de 1947, Mao Zedong decidió evacuar la ciudad de Yenan (capital comunista) sin presentar batalla para evitar una confrontación decisiva. Chiang Kai-shek se apresuró en anunciar que con la caída de Yenan el fin de la guerra civil era inminente. Meses después, con el ejército intacto y como parte de una contraofensiva, el EPL recuperó la capital comunista. El Ejército Popular terminó ocupando gran parte de Manchuria y desde allí avanzó hacia las llanuras del centro y el sur. Según algunos historiadores, la evacuación exitosa fue posible gracias a la información recibida por Mao días antes del ataque por un ayudante de la comandancia que era militante secreto del PCCh.
Otro ejemplo tuvo que ver con la rendición de Pekín y la toma de la ciudad por los comunistas sin disparar un tiro a pesar de que el comandante a cargo tenía unos 300.000 hombres. Frente al avance de los regimientos del PCCh, el jefe de la guarnición del Kuomintang negoció directamente con los enviados de Mao entregando la plaza fuerte a los comunistas. Este jefe militar se pasó a las filas comunistas. Una de las deserciones más calamitosas para Chiang Kai-shek fue la de la armada fluvial del Kuomintang encargada de vigilar el Río Yangtsé. Los marinos se pasaron a las filas del EPL facilitando la ofensiva comunista sobre el sur. Situaciones como la descripta se dieron en todo el país y el PCCh se empeñó en la propaganda sobre las desmoralizadas tropas del Kuomintang incitándolas a abandonar las armas y a incorporarse al Ejército Rojo.
Cientos de miles de soldados del KMT se entregaron al Ejército Popular de Liberación mucho antes de consumarse la capitulación final. Si bien la guerra civil tuvo como escenario principal las áreas rurales y como actor al Ejército campesino de Mao que fue tomando las principales ciudades de China, acorde a su estrategia de guerra popular en el transcurso de la lucha contra el Kuomintang se reanimaron también los centros urbanos. En Shanghái estallaron numerosas huelgas obreras en demanda de aumentos de salarios frente a la carestía y la inflación. El gobierno de Chiang Kai-shek prohibió las huelgas agravando el descontento popular. En las ciudades se desarrollaron también movilizaciones juveniles y estudiantiles que denunciaban al líder del Kuomintang como un agente del imperialismo norteamericano. El clima anti- Chiang se reflejaba en los reclamos democráticos y contra la represión oficial y de los paramilitares del Kuomintang que tiroteaban manifestaciones y asesinaron opositores. La Liga Democrática (liberal) fue ilegalizada.
El derrumbe final
Desde fines de 1948, Chiang Kai-shek fue preparando su eventual fuga a Taiwán enviando las reservas de oro y divisas extranjeras a la Isla de Formosa. En 1949 marchó a Taiwán en más de una oportunidad preparándola para que fuese el punto de reagrupamiento y la base del Kuomintang en caso de una derrota en la China continental. Chiang renunció en enero de 1949 después de la derrota de sus tropas en Huaihai (Xuzhuo) que decidió el derrumbe del Kuomintang. En esa gran batalla el ejército nacionalista perdió medio millón de efectivos entre muertos, heridos y prisioneros de guerra tomados por el Ejército Popular de Liberación que aplastó al enemigo y se dirigió al Yangtsé. Por los miles de combatientes que se enfrentaron en Huaihai y por las consecuencias que provocó, esta batalla fue la más trascendente de la guerra civil. Tres meses después de esta victoria demoledora, el EPL tomó Shanghái y Nankín, la capital del Kuomintang.
Liquidados los blancos y fugado Chiang Kai-shek a Taiwán, Mao Zedong convocó a una Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino para definir la forma estatal y el gobierno de la “Nueva China”. Con mayoría absoluta del PCCh en el gobierno, pactó con ocho organizaciones y partidos un Frente Unido o gobierno de coalición al que sumaron la Liga Democrática, el Kuomintang revolucionario, el Partido Democrático Campesino y Obrero de China, el partido de los chinos de ultramar, y otros grupos como la Liga de Autogobierno Democrático de Taiwán. Esta coalición dejó de funcionar a partir de la Constitución de 1954 que estableció el carácter socialista del estado chino y la formación del Consejo de Estado. Mientras duró el gobierno del Frente Unido, Mao ejerció como presidente y responsable de la Comisión Militar. Zhou Enlai por su parte se desempeño como primer ministro y canciller. El colapso e implosión del Kuomintang no hubiera sido posible sin la lucha decidida del PCCh y la impresionante sublevación de las masas campesinas.
Un elemento fundamental fue, desde 1947, la profundización del proceso de de “reforma agraria”, a través de la acción directa, con la expropiación de los latifundistas y la entrega de las tierras a los campesinos. Hasta, ese momento esto solo se hacía con aquellos que habían colaborado abiertamente con el invasor japonés. Esto volcó a las masas de campesinos pobres al campo de la revolución y del Ejército Rojo, que cada vez contaba con más y más reclutas para luchar contra los blancos de Chiang Kai sek y alentaba la deserción en los ejércitos contrrevolucionarios. Repetía la experiencia de la Revolución Rusa. El triunfo de los ejércitos revolucionarios no se debe solo a una mejor estrategia y experiencia militar, sino en destacado lugar, a las medidas sociales que no solo promete el campo revolucionario, sino que ejecuta directamente a medida que avanza la lucha. Ya Trotsky, había señalado mucho antes, que “en la guerra civil, incomparablemente más que en una guerra común, la política domina a la estrategia”. Refiriéndose a la guerra civil norteamericana señalaba que los generales del Sur eran más competentes que los del Norte, pero es el programa de abolición de la esclavitud lo que aseguro el triunfo del Norte.
Con la proclamación de la República Popular, en octubre de 1949, se cerró un siglo de depredaciones y saqueos al pueblo chino, el llamado Siglo de la Humillación Nacional que se había iniciado a mediados del siglo XIX con las Guerras del Opio. En estos turbulentos cien años cayó la monarquía imperial manchú, hubo grandes rebeliones campesinas, huelgas e insurrecciones obreras, el republicanismo de Sun Yat-sen demostró su incapacidad y las limitaciones burguesas del Kuomintang, China resistió heroicamente la invasión japonesa y las masas terminarían ajustando cuentas con el partido del nacionalismo burgués chino llevando al Partido Comunista de Mao al poder.
Las consecuencias de la victoria del PCCh impactaron en la URSS y en el stalinismo que no quería una China Socialista. También sacudió al imperialismo norteamericano. En 1950 desembarcaron en Corea los marines de EEUU para luchar contra el Partido del Trabajo de Corea del Norte, del comunista Kim II Sung, cuyo ejército había cruzado el Paralelo 38 para unificar todo Corea. La intervención de las tropas norteamericanas amenazó tanto a Corea del Norte, como a China y todo el Sudeste asiático. La participación de los Voluntarios Chinos de Mao fue decisiva para impedir el avance de los EEUU. En mayo de 1954, el Viet Minh, de Ho Chi Min, derrotó a los franceses en la batalla de Dien Bien Phu, poniendo fin a la opresión colonial del Vietnam por la Francia “republicana”. El general vietnamita Vo Nguyen Giap sería el líder militar vencedor en Dien Bien Phu y años más tarde en la Guerra de Vietnam contra los EEUU.
La guerra contra el Japón y la guerra civil contra el Kuomintang fue partera de los gigantescos cambios sociales y políticos, ocurridos a mediados del siglo XX en la China semicolonial y atrasada.