En el presente artículo, proponemos una posición respecto de la reciente propuesta de la Unión Europea de avanzar hacia una independencia tecnológica respecto de Estados Unidos y China. Primero, revisaremos brevemente la historia de la tecnología europea hasta el presente y, luego, analizaremos qué consecuencias tiene este proceso sobre la clase trabajadora internacional.
El derrotero tecnológico europeo
Existen, hace ya varios años, intentos de la burguesía europea de, en el plano informático, independizarse de Estados Unidos. Por ejemplo, el intento del municipio de Múnich de adoptar Linux en lugar de Windows, iniciativa que empezó en 2003, logró el objetivo en 2013, pero que en 2017, tras un importante lobby de Microsoft, se echó para atrás. El no tener que pagar licencias de Windows y Microsoft Office al gigante norteamericano le permitió a Múnich ahorrar aproximadamente 10 millones de euros entre 2003 y 2013, pero luego pagó muchísimo más dinero para re-adoptar las tecnologías norteamericanas.
GNU/Linux (o simplemente Linux), el SO (sistema operativo) de código abierto, fue definido como un cáncer en 2001 por Steve Ballmer el ex-CEO de Microsoft, por atentar contra la propiedad privada. Linux es indiscutiblemente el SO más usado en el mundo, solo que no en computadoras personales: domina en lo que a servidores refiere, es la base de Android y ChromeOS, es usado en universidades e institutos para investigar, es el sistema que hace funcionar las máquinas lanzadas al espacio, inclusive, el que hace posible tener electrodomésticos inteligentes, entre muchos otros usos. Pero no es popular solamente por ser gratuito y código abierto, sino que se destaca por ofrecer un rendimiento, estabilidad y robustez muy superiores a Windows y MacOS (al nivel de que no necesita antivirus). Su talón de Aquiles es la complejidad de uso: si bien es un sistema casi impropenso a sufrir errores, usar una computadora con Linux es más difícil que usar una con Windows y la cantidad de software disponible para este sistema es mucho menor (por ejemplo, toda la suite de Adobe no funciona), lo cual explica que en el mercado de las computadoras de escritorio abarque una porción ínfima.
Un aspecto importante a la hora de comprender este SO son las llamadas “distribuciones”. Al ser Linux de código abierto, de libre modificación y distribución, cada persona, empresa, Estado y organización tiene la capacidad de crear “su propia versión” del SO, sin ningún tipo de restricciones. Esto, es lo que llamamos distribuciones o “distros”. Luego de haber señalado las características generales de Linux, podemos volver al análisis de la situación europea.
El caso de Múnich puede ser considerado el más importante en el intento europeo de desligarse de Estados Unidos y aún así fue un fracaso. Existen otros casos de otros municipios que cambiaron a Linux, pero son pocos y no llevaron a un cambio general en el viejo continente. Pero el sistema operativo no es la única forma de dependencia: también es importante la ofimática. Lo que parece algo totalmente trivial significa para los Estados dinerales en licencias y suscripciones a Microsoft. Algunos de los países adoptaron Libre Office (una suite de ofimática gratuita y código abierto) para desligarse de Microsoft Office, pero nuevamente, representan a la minoría del continente.
La principal razón de la dependencia al Office de Microsoft es el cómodo trabajo en la nube, dada la poderosísima infraestructura con la que cuenta el gigante norteamericano. La segunda mejor alternativa a esto es Documentos de Google… también norteamericano. Europa ya cuenta con una alternativa que podría pensarse como casi propia: la infraestructura de nube de Nextcloud, una empresa alemana, compatibilizada con el trabajo online usando las dos suites de ofimática código abierto más populares del momento: Onlyoffice y Libre Office. En un sentido estricto, no existe una alternativa totalmente corporativa por parte de los europeos, sino que en su debilidad, deben sostenerse sobre el código abierto y, por esta razón, se inclinan a apoyarlo.
Entre las grandes apuestas europeas al código abierto se encuentra SUSE, otra empresa alemana, encargada de proveer su distribución de Linux para servidores empresariales. No tienen una infraestructura demasiado poderosa, convengamos, por lo cual en ese terreno predomina la norteamericana Red Hat, propiedad de IBM.
Existen compañías tecnológicas europeas que, si bien no apuestan por el software libre, buscan ofrecer una alternativa “que respete la privacidad del usuario”, algo que los norteamericanos no cumplen para nada. Dentro de ese sector, destaca muchísimo la suiza Proton, que apunta a ser una especie de reemplazo de Google: te dan un email, almacenamiento en la nube, calendario, etc. Su principal diferenciación con el monopolio es el respeto a la privacidad, y que ofrecen un VPN. Sin embargo, Proton solamente se hizo un lugar en el sector más geek de la tecnología, muy lejos de disputar con Microsoft y Google. Quien se está haciendo un lugar notorio en la tecnología que defiende la privacidad es DuckDuckGo, el motor de búsqueda privado (que en el último año tuvo un crecimiento muy marcado), pero también es norteamericano.
Otro terreno de disputa es el de los navegadores, donde existe el predominio indiscutible de Google Chrome, seguido por Safari de Apple y Edge de Microsoft. Hay navegadores alternativos, algunos europeos, como Vivaldi (que no logra extenderse) y otros norteamericanos, como Brave (que sí está creciendo).
En cuanto a la carrera de la IA, nuevamente Europa se encuentra muy rezagada. El principal modelo europeo, Mistral, está muy por detrás en capacidad de razonamiento y popularidad frente a los modelos norteamericanos (Claude, GPT, Gemini) y chinos (DeepSeek), y la empresa está valorada en 6.500 millones de dólares, mientras que Anthropic y OpenAI, en aproximadamente un billón cada una.
Podemos concluir, entonces, que la burguesía tecnológica europea se encuentra siendo totalmente aplastada por Estados Unidos. Esto explica la orientación que comenzó a tomar la Unión Europea en 2022, cuando se plantea Euro-stack. Su gran planteo es la cuestión de una tecnología que vele por la soberanía europea y haga frente a los grandes monopolios estadounidenses.
Euro-stack
Trump amenazó con aumentar los aranceles a Europa si esta no tiraba para atrás el DMA (Reglamento de Mercados Digitales), un conjunto de leyes que limitan el poder monopólico de las empresas estadounidenses como Meta o Amazon. Es así como en 2022 aparece la iniciativa Euro-stack, que no es más que la apuesta europea por el control de la tecnología, planteando la necesidad de un ecosistema tecnológico europeo para hacerle frente a la dependencia tecnológica con China y Estados Unidos, evitando así que Europa se convierta en una “colonia digital” de ambos países.
En lo que a tecnología respecta, se le dice stack al conjunto de tecnologías que permiten la existencia de un sistema. En el caso del sistema integral buscado por Euro-stack, implicaría desde la manufactura europea de microchips hasta software europeo en computadoras y teléfonos, pasando por el control de servidores y telecomunicaciones. La promesa de inversión en infraestructura tecnológica europea escala a 300 mil millones de euros en 10 años.
Euro-office
Uno de los principales proyectos hasta ahora de Euro-stack es Euro-office, que busca reemplazar a Microsoft Office. Euro-office es un fork de Onlyoffice, una suite ofimática de código abierto. Onlyoffice, si bien distribuye un programa gratuito para usuarios particulares, tiene como principal fuente de ingresos los acuerdos con empresas para trabajo en la nube.
Antes de adentrarnos en este punto cabe definir qué quiere decir código abierto y fork. Se llama código abierto a aquel software cuyo código fuente se encuentra públicamente disponible para su lectura y, en algunos casos, a la colaboración de terceros. Cada proyecto código abierto tiene un tipo de licencia distinto, que puede permitir la copia, manipulación y distribución por parte de terceros del mismo, o bien, impedirlo totalmente. Cuando alguien copia el código de un proyecto y crea el propio en base a dicho código, se le conoce como fork.
Entre los principales impulsores de Euro-office se encuentra Nextcloud, que provee infraestructura en la nube. Actualmente, su infraestructura es compatible con Onlyoffice, con lo cual no pareciera tener mucho sentido que quieran crear otra suite ofimática más, para cumplir la misma tarea. El principal argumento esgrimido por los europeos es que Onlyoffice depende principalmente de Rusia, lugar de origen de la mayoría de los programadores que aportan al código del proyecto, y que, dado el marco geopolítico actual, no pueden usar software que dependa de este país, sobre todo si se piensa implementar a un nivel estatal.
Sin embargo, hay una gran contradicción de fondo en la convicción de soberanía respecto a Euro-office: el formato de los archivos. La intención de los europeos es que su suite ofimática emplee el formato de archivos de Microsoft Office (docx, pptx, etc.), lo cual plantea un problema de independencia, porque su software usaría un formato de archivo controlado totalmente por Microsoft.
Euro-humo
Como ya vimos, en todos los terrenos tecnológicos los europeos pierden “por goleada” frente a los competidores norteamericanos, por lo cual cobra muchísimo sentido el tamaño del lobby empresarial europeo detrás del Euro-stack, con esto, empresas como SUSE y Mistral se garantizan el negocio hacia adentro del continente y, con ese robustecimiento, teóricamente hacia afuera también. Aprovechan la propaganda para diferenciarse por “soberanos”, “contra los monopolios norteamericanos” y “a favor del software libre”, pero los europeos están muy lejos de estar preocupados por las libertades digitales.
Desde hace algunos años la Unión Europea viene debatiendo el Chat Control. En 2022 se implementó el Chat Control 1.0, que permitía, mas no obligaba, a las empresas a desencriptar las conversaciones para escanearlas “en busca de casos de abuso infantil”. La misma excusa con la que Estados Unidos implementó la verificación de edad. Dicho proyecto venció en abril de este año, habiéndose rechazado su extensión. Ahora comienza a debatirse el Chat Control 2.0, que obliga a las empresas a revisar las conversaciones. Esta medida es, a un nivel técnico, catastrófica, puesto que el cifrado de extremo a extremo de las conversaciones entre los usuarios (que aplican WhatsApp y Signal, pero no Instagram ni Telegram) debería romperse para que la empresa pueda leer las conversaciones, abriendo paso a muchísimas brechas de seguridad muy graves.
Hay que mencionar que semejante medida no es defendida únicamente por la extrema derecha, sino que se encuentran a favor partidos como el PSOE y PP de España, además de, por supuesto, Vox, mientras que Sumar y Podemos se oponen. En cuanto a Alemania, los dos representantes de Die Linke se posicionaron en contra, los demócratas están repartidos, pero mayoritariamente a favor, y el AfD está casi totalmente en contra.
La protección de los menores es la típica excusa de la burguesía para incrementar la vigilancia tecnológica de masas. La verificación de edad implica una verificación de identidad que viola totalmente la privacidad de las personas: exige una foto de DNI, licencia de conducir o pasaporte, junto a un escaneo tridimensional del rostro de la persona, algo como lo que hacen acá en Argentina las billeteras digitales. La verificación norteamericana es, de todas formas, un extremo del ridículo: te la piden ya sea que quieras usar LinkedIn, Reddit, o inclusive, Roblox, un videojuego infantil.
Ya son varios los lugares a los que se extendió la “pandemia” de la verificación de edad, esto incluye a varios estados norteamericanos, el Reino Unido, Brasil, Australia y Singapur, que aprobaron leyes que fuerzan a todos los sistemas operativos a aplicar verificación de edad. Recordemos que Brasil está en este momento gobernado por el progresista Lula, que, lejos de oponerse a la vigilancia de masas, eligió seguir los pasos de Trump y aprobó la ley N°15.211/2025, el Estatuto Digital del Niño y del Adolescente, que establece dicha verificación de edad y él mismo definió como una de “las legislaciones más avanzadas del mundo para la protección de niños y adolescentes en el entorno digital”.
La verificación de edad abarca, por supuesto, a Linux, por lo que el sistema operativo que se ejecuta desde servidores hasta cafeteras debe verificar la edad del usuario. Es una legislación tan ridículamente fascista, que Californa y Colorado tuvieron que retroceder levemente en la cantidad de SOs que aplican porque hay casos donde es imposible que se cumpla esta ley. Entre todas las tecnologías que componen a Linux, la parte que debería encargarse de la verificación de edad ya está comenzando a hacerlo: systemd y xdg-desktop-portal ya incluyeron cambios en su código que si bien todavía no fuerzan, si permiten la verificación. Esto partió en dos a las distribuciones de Linux, quedando de un lado las más independientes que se oponen a la verificación de edad y, por el otro, las empresariales, que para mantener su modelo de negocio deben adaptarse a esta legislación.
La brecha generada tiene un enorme limbo en el medio todavía, con muchas distribuciones que todavía no tomaron posturas. Entre esas, se encuentra SUSE. Su competidor directo, Red Hat, no lo rechazó ni aceptó de pleno, sino que planteó una alternativa “menos intrusiva” (que no vamos a detallar acá por ser algo demasiado técnico, pero se puede leer en sus foros).
Siempre tiene sentido mencionar dos cosas respecto a la verificación de edad. Primero, que las empresas que llevan adelante la verificación (siendo el ejemplo más importante Persona), mantienen lazos muy estrechos con Israel y Palantir. Segundo, lo ineficiente que es la verificación de edad para proteger a menores: tendrían que empezar por controlar las redes sociales como Instagram, un importantísimo creador de TCA en adolescentes y niñas, junto a la normalización de la mujer como objeto de deseo, a la IA que permite desnudar mujeres en fotos (y que conforma al uso mayoritario de Grok), a las redes sociales que aíslan a los adolescentes, fomentan la brecha de género y son una fábrica de varones incels en masa, que extienden ideas de extrema derecha, discursos de odio y misoginia, y la lista es muchísimo más extensa, desde la nomofobia, pasando por el tiempo excesivo de pantalla, hasta la producción en grandes cantidades de contenido basura que no alimenta para nada el cerebro de los niños y hasta destruye su lapso de atención. Ninguno de los Estados mencionados anteriormente han hecho nada para combatir profundamente todos los daños que genera la tecnología capitalista, sino que solamente les interesa cosechar datos personales de la población para vigilar, y encima, vender a data brokers o empresas como Palantir. En Argentina en particular, tenemos el reciente anuncio por parte del gobierno de Gemelo Digital, una tecnología que busca cruzar datos de prácticamente todo el país, en todos los ámbitos, para “predecir resultados y tomar mejores decisiones”, y que muy probablemente se haga de la mano de la empresa de Thiel.
La disputa burguesa por el control
Como es observable, el avance del software libre en Europa está plagado de “contradicciones”. Pero la explicación es muy sencilla: no se está buscando el crecimiento de las libertades digitales, sino que lo que en realidad sucede es la disputa de la burguesía europea por imponer su infraestructura tecnológica por sobre la norteamericana y china, algo que, haciendo cada nación por separado, no han estado ni cerca de lograr.
Euro-stack no es más que el aglutinamiento de la burguesía de la totalidad del viejo continente en una apuesta por el control de la tecnología. Apelan a cierto patriotismo al proclamarse como la alternativa europea soberana, pero están muy lejos de apostar por las libertades digitales, como bien apuntamos más arriba.
No tiene que haber ningún tipo de preferencia de los trabajadores entre la computación europea, norteamericana o china, ya que todas apuestan a la vigilancia de masas y a la venta de datos personales. El “viraje” hacia el software libre y la soberanía de la Unión Europea no es más que, por un lado, el embellecimiento de la cooperación entre los burgueses de dicho continente en su competencia con los extranjeros y, por el otro, la incapacidad de la industria tecnológica europea de producir software que no se sostenga sobre el software libre.
Hay que denunciar, además, que se llenan la boca hablando de soberanía y oposición a la dominación norteamericana, mientras financian y dan lugar a empresas del ilegítimo y genocida Estado de Israel.
Una salida realmente democrática de la tecnología no puede ser jamás de la mano de las empresas, sean de un país o de otro, puesto que van a volcar siempre la tecnología a sus intereses burgueses. La alternativa real es una tecnología por y para los trabajadores, software libre y gratuito, limpio de los aparatos de vigilancia estatales y empresariales.
Actualmente, existen apuestas reales por el software libre, jamás acompañados por Estados o grandes empresas, siempre nacen de comunidades o fundaciones, muchas veces escisiones de la industria tecnológica imperialista, gente cansada de la vigilancia y el corporativismo. Estas apuestas, que velan realmente por la privacidad del usuario, porque cada persona tenga el control sobre sus datos personales, son válidas únicamente si son código abierto, de lo contrario no hay una garantía real de que no nos vigilen, sino una mera confianza ciega.
Por supuesto, estas alternativas llevan a Linux en la cabeza, seguido por alternativas a las tecnologías de comunicación burguesas (WhatsApp, X, Telegram, etc.) como Signal, Mastodon y Matrix, también a la ofimática, siendo Libre Office el principal candidato (y el programa usado para redactar este mismo artículo), a la edición de imágenes y videos, GIMP y Kdenlive, entre muchísimos otros rubros. Salvo Linux, ninguno de ellos se ha logrado establecer por sobre las alternativas corporativistas, pues reina ante todo, la lógica capitalista.
Una de las primeras tareas de la revolución que expropie los medios de producción, además de nacionalizar la banca, es la apertura de todo el código y la popularización de estas tecnologías libres y código abierto. Luchemos por una salida socialista, que ponga la tecnología al servicio de las necesidades humanas y no del margen de ganancia.