Es evidente que de la mano del gobierno libertario se agudiza en el país una crisis social y económica de características catastróficas.
El gobierno de Milei, con su ofensiva capitalista, destruyó centenares de miles de puestos de trabajo, pulverizó los salarios y las jubilaciones, flexibilizó a fondo las condiciones laborales y llevó la salud y la educación públicas a una crisis sin precedente.
La contraparte de esta situación son las ganancias extraordinarias que amasan los especuladores financieros, los grandes monopolios multinacionales y lo más granado de la burguesía nacional.
La enorme especulación financiera y los aumentos tarifarios están creando en el país una alta inflación en dólares que, combinada con la apertura importadora, está llevando a la quiebra a gran parte de la industria.
Pero mientras los capitalistas en crisis se reconvierten en importadores, los obreros se reconvierten en trabajadores de aplicaciones, carentes de todo derecho laboral.
Junto con ello, el gobierno de Milei ha incrementado como nadie la sumisión de nuestro país a los dictados del imperialismo norteamericano.
Los rescates financieros de Trump, que el gobierno argentino utilizó en 2025 para chantajear al electorado y ganar las elecciones, no han sido gratis: se incrementó la deuda del país con el FMI, la entrega de nuestros recursos estratégicos y naturales, y Argentina se alineó en las aventuras guerreristas del presidente norteamericano.
Así, el gobierno de Milei, no solo se evidenció como un gobierno antiobrero, antipopular, represivo y criminalizador de los luchadores populares, sino también como un gobierno profundamente proimperialista y antinacional.
Un gobierno en descomposición
Como corolario de toda esta política nefasta, los libertarios, que venían a “luchar contra la casta”, se anotan para disputar el primer lugar en el podio de los gobiernos más corruptos de la historia argentina.
Desde la cripto-estafa, pasando por el “3% de Karina”, los vínculos de Espert con los narcos, llegando a los vuelos privados y el aumento sideral del patrimonial de Adorni, afloran por todas partes los casos y denuncias de corrupción.
Adorni, quien supo ser el ministro y vocero “más picante” del gobierno libertario, que festejaba los despidos en el Estado y se burlaba de los trabajadores, se ha transformado en un pichón mojado y un activo tóxico para el gobierno.
Asimismo —de la mano de los escándalos públicos, del derrumbe económico y la crisis social— se hace añicos el llamado “triángulo de hierro” y se multiplican los choques internos y los carpetazos cruzados.
Las llamadas “Fuerzas del cielo”, el ejército de haters libertarios que supieron autodenominarse como el “brazo armado” del gobierno, están perdiendo por goleada la batalla digital.
En ese marco, los ex funcionarios del PRO, que colaboraron en llevar a la presidencia a Milei y se integraron a su gobierno, empiezan a hacer las valijas.
Patricia Bullrich y el ex presidente Mauricio Macri se anotan para representar a los mismos sectores sociales que “se hicieron la América” con el Milei. Se perfilan para encarnar un mileísmo de “buenos modales”.
Milei no lo hizo solo
Pero el desastre económico y social en el que se hunde el país no hubiera sido posible si Milei no hubiera contado con sus cómplices, empezando por los gobernadores de todos los colores.
El peronismo, tomado en su conjunto, osciló entre el colaboracionismo y la impotencia. Sus gobernadores expusieron de un modo explícito una orientación que, con diferencias de grado, envuelve al conjunto de los dirigentes del PJ.
Los votos de sus senadores y diputados fueron decisivos para la aprobación de la “ley bases” — que dio lugar a los ajustes, despidos y privatizaciones en el Estado— y de la reforma laboral, que liquidó conquistas históricas del movimiento obrero.
La complicidad con el gobierno incluye, desde luego, a las burocracias sindicales peronistas de todos los pelajes.
Las grandes luchas que protagonizaron los trabajadores argentinos, contra la motosierra del gobierno y las patronales, se han topado también con una dirigencia sindical profunda y abiertamente colaboracionista
La colaboración llegó, incluso, al kirchnerismo. Porque aunque el camporismo no votó las leyes más reaccionarias del gobierno, Cristina Fernández de Kirchner se encargó de dejar en claro mediante sus cartas que ella también es defensora del ajuste fiscal contra la salud y la educación, de la “modernización laboral” y del ataque al derecho a huelga.
Los diputados cristinistas no votaron la modificación de la ley de glaciares, pero la provincia de Santa Cruz, bajo la dirección de la familia Kirchner, se transformó en una de las tres provincias con mayor penetración del capital minero de toda la Argentina.
El gobernador Kicillof, anotándose para ser un representante fiel de los capitalistas, ha sido incapaz siquiera de otorgarle una reunión a los obreros de FATE —que están librando una enorme gesta en defensa de sus puestos de trabajo— y le ha reducido la carga impositiva a la patria sojera, mientras mantiene en la indigencia a la docencia bonaerense.
La estrategia de la derrota
El agravamiento de la crisis política y económica de los últimos meses, que derivó en choques del gobierno con la burguesía nacional, por un lado, y en un crecimiento significativo del descontento popular con Milei, por el otro, reactivó políticamente a la oposición tradicional.
Distintos sectores del peronismo, para capitalizar el descontento creciente con el gobierno, han empezado a batir el parche de la necesidad de constituir un “frente anti Milei” que incluya desde la derecha peronista hasta el Frente de Izquierda.
No proponen, vale aclarar, un frente de lucha. Es decir, no proponen un frente de acción para salir a luchar por las reivindicaciones urgentes e impostergables de los trabajadores y para sacarnos de encima a la camarilla de delincuentes que habita la Casa Rosada. No, nos proponen un frente electoral para octubre de 2027.
Pero la vía de la inmovilización que pregona el peronismo habilita a que sigan progresando los ataques del gobierno y que, eventualmente, recupere oxígeno, se reponga e incluso logre ser reelecto.
No solo eso, el peronismo pretende ser la representación política de un sector de la clase capitalista nacional que, con el objetivo de ganar competitividad en un mercado mundial signado por los aranceles y la guerra comercial, brega por una devaluación monetaria.
Pero ese planteo económico —la devaluación del peso— no es más que una gigantesca transferencia de ingresos desde el trabajo al capital.
La propuesta del peronismo es una réplica de lo hecho por Lula en Brasil, que reagrupó desde la derecha que ejecutó el golpe contra Dilma Russef hasta la izquierda del PSOL. Omiten, claro, que el gobierno de Lula dejó indemne la reforma laboral de Temer y la reforma previsional de Bolsonaro.
El planteo del peronismo apunta, por sobre todo, a neutralizar al Frente de Izquierda como construcción política autónoma e independiente, quien, por su oposición consecuente al gobierno libertario, está ganando cada vez una mayor y destacada adhesión popular.
¿Pero no es claro que hacer lo que nos propone Grabois, es decir, hacer un frente con los Pichetto y los Moreno, que apoyaron el golpe yanqui contra Venezuela, sería para el Frente de Izquierda un suicidio político?
¿No es acaso el “frente anti-Milei” que nos propone el peronismo un refrito de la experiencia del Frente de Todos de Alberto, Cristina y Massa? ¿No fue acaso esa experiencia catastrófica lo que terminó por allanar el camino al ascenso de Milei al gobierno?
La estrategia del peronismo es, a las claras, una estrategia que paraliza la fuerza de los trabajadores y los subordina a los intereses capitalistas. Se trata de la estrategia de la derrota, que prepara una nueva frustración para el pueblo argentino.
Comités y Asamblea Nacional del FIT-U para luchar y construir una nueva alternativa
En oposición a los planteos de pasividad y espera que pregona el peronismo, desde el Partido Obrero y el Frente de Izquierda decimos que es necesario echar al gobierno de Milei, a través de una acción histórica independiente de los trabajadores, es decir, con una huelga general.
Es el camino que muestran los obreros y campesinos bolivianos, que están en una lucha a fondo contra el gobierno derechista y proimperialista de Rodrigo Paz.
A su vez, desde el Partido Obrero, planteamos que es necesario organizar la simpatía creciente por la izquierda impulsando comités de apoyo y una Asamblea Nacional del FIT-U.
Esos comités y esa Asamblea, tendrían la tarea de impulsar la lucha en cada lugar de trabajo, de estudio y en cada barrio, por las reivindicaciones urgentes de los trabajadores y la juventud y, en simultáneo, avanzar en una elaboración política y programática.
En el fragor de la lucha, los trabajadores y jóvenes, junto con la izquierda, estaremos construyendo una alternativa política de poder. Es que solo un gobierno de la izquierda y los trabajadores puede dar salida a la crisis nacional.
Ante la carestía generalizada, un gobierno de la izquierda y los trabajadores establecería un aumento general de salarios y jubilaciones, llevándolos al costo de la canasta familiar y actualizándolos automáticamente por inflación.
Ante los cierres de empresas y despidos masivos, promovería y apoyaría la ocupación de las fábricas por sus trabajadores, su expropiación sin pago ni indemnización y el reparto general de las horas de trabajo disponible sin reducción salarial. Establecería, además, un seguro universal al parado ante la desocupación masiva.
Ante el cuadro de desorganización económica generalizada, un gobierno de la izquierda y los trabajadores procedería a romper con el FMI, a cesar con el pago de la deuda, nacionalizar el sistema bancario, el comercio exterior y la industria energética, y establecer el control obrero general de la economía, para destinar el ahorro nacional a un plan de reactivación económica.
Un gobierno de la izquierda y los trabajadores, en oposición al guerrerismo imperialista que crece de la mano de la descomposición capitalista internacional, impulsaría la unidad de los trabajadores de todo el mundo y la lucha por la unidad socialista de América Latina.