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La cuestión irlandesa (Parte I)

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La cuestión irlandesa (Parte I)

República de los Trabajadores – “Estado Libre” de Irlanda - Levantamiento de Pascua y guerra civil


Este 2026 se conmemoran los ciento diez años transcurridos desde el Levantamiento de Pascua que llamó al pueblo de Irlanda a derrocar al dominio inglés y a conquistar la República. La proclama republicana redactada por el nacionalista Patrick Pearse -y corregida por el dirigente socialista James Connolly- convocó a las armas a irlandesas e irlandeses, para terminar con el poder británico en Irlanda.

Un reconocimiento a la lucha de las mujeres por sus derechos y por la emancipación de Irlanda

En 1876 militantes sufragistas fundaron la Asociación Dublinesa por el voto femenino. Ya entrado el Siglo XX, la Liga por la Emancipación Irlandesa de las Mujeres le imprimió al movimiento un perfil más combativo organizando piquetes, huelgas de hambre y encadenamientos al Castillo de Dublín, sede del poder inglés. A medida que crecía la radicalización política una fracción de las sufragistas se unió al movimiento republicano por el derrocamiento armado del poder colonial e imperialista británico. La figura más destacada fue Constance Markievicz, colaboradora de James Connolly, para quien el voto de la mujer no debía ser un favor burgués, sino una conquista por la acción “para que mujeres y hombres luchen juntos contra el sistema que nos oprime”.

Constance Markievicz integró el estado mayor del Levantamiento de Pascua. Condenada a muerte por una Corte Marcial, la pena capital le fue conmutada por prisión perpetua. Como sucedió con todos los prisioneros políticos sobrevivientes que fueron trasladados a los campos de internación en Inglaterra, la socialista Markievicz también fue amnistiada en un intento del gobierno inglés por desactivar la ola de agitación antibritánica. Hacia 1917, los revolucionarios irlandeses condenados a largos años de reclusión fueron saliendo en libertad y regresaron a Irlanda. El desenlace de la Primera Guerra Mundial, todavía incierto, llevó a Gran Bretaña a liberar a los presos políticos de 1916 para apagar la llama de la rebelión que crecía en Irlanda. Una vez liberada, Constance Markievicz se reincorporó de inmediato a la lucha revolucionaria y años más tarde sería una tenaz opositora al Tratado Anglo-Irlandés que condujo a la guerra civil.

Revolución y contrarrevolución en Irlanda

A lo largo de casi una semana los combatientes de la Hermandad Republicana Irlandesa (IRB) dirigida por Patrick Pearse y Thomas Clarke, junto a los milicianos del Ejército Ciudadano Irlandés (ICA), de James Connolly, se desplegaron en Dublín, ocupando los principales edificios públicos. La rebelión republicana enfrentó el asedio y los bombardeos del imperio más poderoso de su tiempo. El frente único militar entre la IRB, una organización pequeñoburguesa que actuaba al interior de los Voluntarios Irlandeses, y la corriente político-sindical socialista de Connolly, llamó a la rebelión armada para liberar al pueblo irlandés del dominio británico. El Levantamiento fue aplastado: el gobierno inglés reforzó sus efectivos en Irlanda con tropas enviadas desde el Reino Unido.

La derrota no obedeció solo a la indudable superioridad técnico-militar de los imperialistas británicos, la Rebelión de 1916 nunca adquirió una dimensión nacional y en los hechos se limitó a la Capital y a conatos revolucionarios en Galway, Cork y Wexford. La resistencia a los británicos fue heroica y tuvo un altísimo costo para los insurrectos. En los combates de abril murieron unos 400 combatientes, la mayoría milicianos del ICA, y en los días subsiguientes el ejército británico y sus colaboradores de la Real Policía Irlandesa detuvieron a unas 3.400 personas. Los Consejos de Guerra dictaron noventa sentencias de muerte de las cuales se cumplieron catorce en Dublín y una en Cork. Roger Casement, el decimosexto ejecutado fue ahorcado en Inglaterra acusado de alta traición por intentar desembarcar armas alemanas destinadas a los revolucionarios. El resto de las ejecuciones fueron frenadas por la indignación que despertaron los fusilamientos de los Mártires de Pascua.

Los imperialistas apelaron al terror y a la tierra arrasada. Descargaron el fuego de artillería sobre Dublín para forzar la rendición y bombardearon la ciudad con un buque cañonero instalado sobre el río Liffey. La destrucción de la capital irlandesa fue enorme. La zona céntrica y cercana a la Oficina General de Correos (GPO) donde James Connolly y Patrick Pearse habían establecido el comando de operaciones, quedó reducida a escombros. En la Oficina de Correos se concentraron los milicianos del Ejército Ciudadano Irlandés (ICA) ligados al Sindicato del Transporte y Generales (ITGWU). Al sindicato fundado por Jim Larkin, se sumó James Connolly a partir de 1910. Juntos formaron el Partido Laborista Socialista. Larkin fue detenido durante el lockout patronal de 1913. Con Larkin preso, su compañero James Connolly regresó de Belfast a Dublín para asumir la dirección de la ITGWU. En noviembre de 1913, James Connolly puso en marcha al Ejército Ciudadano Irlandés como milicia armada. El ICA se constituyó como cuerpo de autodefensa obrera para responder a las provocaciones patronales, quebrar a los esquiroles y proteger a los obreros y huelguistas de la violencia policial-militar.

El 29 de abril de 1916, el comandante de la IRB, Patrick Pearse, rindió las armas después de varios días de resistencia. James Connolly con el tobillo destrozado y gangrenado e incapaz de sostenerse por sí mismo fue detenido sin recibir atención médica. Trasladado a la prisión, lo ataron a un banco para que el pelotón inglés cumpliera con la orden de ejecución. Lo fusilaron en la prisión de Kilmainham Gaol y su cadáver fue tapado, al igual que el resto de sus compañeros, con cal. Los británicos no querían siquiera una tumba que sirviese como recordatorio de la represión y el horror.

Desde 1915 James Connolly militó por un levantamiento armado contra Gran Bretaña. Alertada, la dirección secreta de la Hermandad Republicana Irlandesa, optó por adelantar la fecha del Levantamiento para la Pascua de 1916. Pearse le propuso a Connolly la conformación de un estado mayor conjunto, asignándole la jefatura militar. En esto incidió la condición de exsoldado de James Connolly, pero principalmente el reconocimiento que había ganado como dirigente del Sindicato de Transporte y Generales, el más importante de Dublín. La IRB nacionalista, se había propuesto copar a los Voluntarios Irlandeses. La Hermandad Republicana estaba integrada principalmente por militantes nacionalistas católicos de la clase media e intelectuales gaélicos. El propio Pearse era un poeta formado en el renacimiento gaélico, un movimiento cultural de resistencia a la anglicanización de Irlanda. La historiografía oficial presentó al Levantamiento de 1916 como una rebelión católica y a James Connolly como uno de los patriotas de ese movimiento. No fue así: Connolly no era nacionalista burgués, ni católico, sino un dirigente proletario y socialista.

La visión interesada buscó disolver la filiación política socialista de quien fue el animador de la rebelión para quitarle peso al ICA, al que algunos llamaron el primer Ejército Rojo de Europa por su base obrera y sus definiciones a favor de una República Obrera. El socialista James Connolly estudió en profundidad las rebeliones de los Irlandeses Unidos, de fines del Siglo XVIII y principios del Siglo XIX, dirigidas por Wolfe Tone y Robert Emmet. Estos dirigentes revolucionarios lucharon por la unidad de los protestantes y católicos oprimidos por el Imperio Británico y los terratenientes ingleses y angloirlandeses. La organización se dirigió a aquellos a quienes llamaban los “hombres sin propiedad”. En su libro “El trabajo en la historia de Irlanda”, escrito en 1910, y a su vuelta de los Estados Unidos, Connolly desentrañó el comportamiento de las clases sociales explotadoras y explotadas en los momentos más significativos de la historia irlandesa, una interpretación marxista de la Cuestión Irlandesa, de lectura imprescindible.

Golpear juntos, marchar separados

Como marxista, James Connolly desarrolló la tesis que lo distinguió del republicanismo burgués. Para Connolly “La causa de Irlanda es la causa del trabajo y la causa del trabajo es la causa de Irlanda», comprendiendo que la lucha por la liberación nacional era indisoluble de la emancipación de la clase obrera del yugo del capital. Este abordaje de la cuestión nacional desde una perspectiva de clase explicó su desconfianza en un nacionalismo “siempre dispuesto a traicionar al pueblo”. Para el revolucionario irlandés, el liderazgo de la clase obrera y la República de los Trabajadores eran condiciones necesarias para conquistar la independencia nacional.

En la Proclama de Pascua, sus redactores sentaron por escrito el acuerdo revolucionario entre la IRB y el ICA. La mención expresa a las dos organizaciones hablaba del frente único militar republicano pero, también, de un movimiento que no era políticamente homogéneo ni respondía a los mismos intereses de clase. La IRB, sigla de la Hermandad Republicana, no quería ir más allá de una república burguesa. Connolly, por el contrario, entendía la expulsión del imperialismo inglés, como una tarea de la República de los Trabajadores. La capitulación de los nacionalistas burgueses irlandeses estuvo presente antes, durante y después de 1916 y se expuso brutalmente con la firma del Tratado Anglo-Irlandés de 1922. De ese pacto salió el “Estado Libre” de Irlanda, sometido al Reino Unido y al juramento de lealtad al Rey. La burguesía nacional irlandesa entregó la causa republicana, aceptó la partición del país, con un enclave británico en el Norte, y empujó a Irlanda a la guerra civil. Michael Collins, mítico director de inteligencia del IRA, el Ejército Republicano Irlandés, bombardeó en Dublín a sus antiguos camaradas que habían ocupado el edificio de Justicia en 1923 para rechazar el Tratado entreguista. Collins apeló a los cañones facilitados por Inglaterra. En Prensa Obrera publicamos una cita que resume la estrategia revolucionaria de James Connolly. Advirtiendo la sinuosidad de la burguesía nacional irlandesa y de la pequeñaburguesía, escribió: “Si se remueve al ejército inglés y se alza la bandera verde en el Castillo de Dublín a menos que se establezca una República Socialista los esfuerzos habrán sido en vano». Connolly denunciaba que sin un gobierno de “los sin propiedad» Inglaterra seguiría reinando en suelo irlandés por medio de sus capitalistas, terratenientes, banqueros y su poderoso comercio exterior.

El contexto internacional y nacional en 1916

Mucho se ha discutido sobre el momento elegido por los revolucionarios de Pascua. Es importante detenerse en esta cuestión porque el movimiento republicano insurgente estaba aislado a principios de 1916. La propia rebelión tuvo un escaso apoyo popular y no pocas familias dublinesas aplaudieron el desfile de las tropas inglesas para restaurar el “orden”. Quienes así actuaron eran esposas y madres de soldados irlandeses que estaban luchando en la Europa continental contra los ejércitos del Káiser alemán. Pero, por sobre todo, esta apatía expresaba la desconfianza de una gran parte de la población que vivió el Levantamiento como un fenómeno ajeno. El lunes de Pascua de 1916, los tranvías circulaban normalmente y el propio Sindicato de Transportes y Generales desistió de convocar a la Huelga para darle una base de masas a la acción militar. Seguía habiendo una distancia y brecha entre la vanguardia del ICA y la dirigencia sindical combativa de la ITGWU con escasa formación política.

En buena medida quienes atacaron con ferocidad al Levantamiento lo hicieron reproduciendo el discurso del imperialismo que tildaba de traidores a los revolucionarios de abril de 1917. Llamaban traición a pelear contra Gran Bretaña cuando el Imperio Británico estaba en guerra con Alemania. Desde Belfast partieron miles de Voluntarios del Ulster estimulados por la propaganda unionista probritánica. John Redmond, del Partido Parlamentario Irlandés, promovió el reclutamiento militar de los Voluntarios Irlandeses, fuerza que se había constituido en 1913 para defender el Home Rule o autogobierno irlandés. La cuña metida por Redmond en este sector del movimiento nacionalista hizo eclosionar a los Voluntarios reflejando los límites de clase del nacionalismo irlandés. Redmond convocó a combatir por el Rey, entusiasmado con obtener el “autogobierno” como gratificación cuando concluyese la Guerra Mundial. Esta colaboración con Inglaterra y el violento ataque al Levantamiento de 1916 hundió al otrora poderoso Partido Parlamentario fundado por Charles Parnell. Ya dividido, el IPP fue barrido en las elecciones de 1918 en las que arrasó el Sinn Féin de Arthur Griffith.

El Levantamiento dividió aguas en Irlanda y en las filas socialistas. Lenin lo reivindicó contra toda la reacción imperialista y capitalista, sin dejar de delimitarse políticamente. Como Lenin, James Connolly denunció la traición de la Segunda Internacional y el apoyo de los partidos “socialistas” a sus respectivas burguesías imperialistas. En 1914, Connolly se preguntaba mordazmente qué había sido de las promesas hechas por la Socialdemocracia de enfrentar la carnicería entre naciones con la Huelga General y la unidad del proletariado mundial. Lejos de esto, la Segunda Internacional eclosionó y sus partidos nacionales se enfrentaron entre sí después de votar los presupuestos de guerra. La Socialdemocracia traicionó a la clase obrera enviándola a combatir como carne de cañón de la voracidad imperialista.

La IRB, heredera del viejo nacionalismo feniano de las décadas del 60, 70 y 80 del Siglo XIX vio, en la Primera Guerra Mundial, una oportunidad para golpear a una Inglaterra debilitada por la contienda bélica. Así también lo apreció James Connolly quien, por su parte, impulsaba tomar las armas para transformar la guerra imperialista en una guerra de liberación nacional en la dinámica de la revolución socialista. La analogía entre este llamamiento internacionalista y el de Lenin y Trotsky confirma la profundidad del pensamiento de Connolly quien formó parte del puñado de revolucionarios que denunció la traición de la Segunda Internacional en 1914.

El aislamiento que debilitó a la Rebelión de 1916 obedeció a factores de índole internacional y de la lucha de clases en Irlanda. Las organizaciones obreras -que habían emergido con fuerza en las dos ciudades con mayor desarrollo industrial- quedaron muy debilitadas con el lockout patronal de 1913. La clase obrera de 1916 no tenía la cohesión, ni la iniciativa, que supo tener tres años antes. Era un proletariado golpeado por la derrota. A partir de 1917 y de la liberación de los presos tuvo lugar un nuevo ascenso huelguístico y revolucionario que llevó a la guerra de independencia entre 1918 y 1921. Agreguemos sobre el lockout patronal de 1913, que este fue organizado por el magnate William Murphy dueño del diario “The Irish Independent”. Tras seis meses de cierre de empresas, las corporaciones capitalistas impusieron como condición que los obreros firmaran un compromiso de no afiliación al Sindicato del Transporte y Generales. Cientos de activistas pasaron a formar parte de las listas negras de las patronales. Durante seis meses se cortó el pago de salarios a veinte mil obreros. El burgués William Martin Murphy, organizador del lockout capitalista, era un enemigo mortal de Jim Larkin, de Connolly y del Sindicato de Transporte y Generales. Murphy sería el primero en pedir públicamente la sentencia de muerte para el comandante del Ejército Ciudadano Irlandés (ICA). Pese a la derrota y el aislamiento nacional e internacional, el Levantamiento incidió en el curso posterior de la lucha por la Independencia y en la rápida recomposición de la voluntad de lucha del proletariado irlandés.

El nacionalismo irlandés y la Rebelión de 1916

La rebelión depositó gran parte de sus expectativas en los Voluntarios Irlandeses, una fuerza de 15.000 hombres que había nacido para defender el autogobierno y un Parlamento irlandés propio. Estos límites fueron también los de James Connolly quien no pudo construir un partido proletario de cuadros marxistas para disputar la dirección de la Revolución a los nacionalistas burgueses. Los partidos burgueses Liberal y Conservador de Inglaterra ejercieron la máxima presión sobre todas las vertientes del nacionalismo burgués irlandés para que apoyaran el esfuerzo de guerra de la metrópoli imperial. Combinando “zanahoria y garrote”, represión y promesas de concesiones futuras, Londres amenazó a Dublín con la conscripción general y el reclutamiento militar obligatorio. Esto aceleró el Levantamiento de Pascua.

Tanto el ICA como la IRB creían que la amenaza británica favorecería un alzamiento generalizado. La brutal represión y los fusilamientos –en particular el de Connolly malherido y atado a un banco- provocaron el efecto contrario al buscado por los imperialistas británicos. Pero en abril de 1916 la clase obrera estaba atomizada y su presencia se limitó a los cuatro centenares de militantes del ICA, la tercera parte del total de combatientes de Pascua. Las causas históricas, nacionales y sociales que llevaron a la Rebelión explican el giro de 180 grados en la situación política irlandesa sobre el fin de la Primera Guerra Mundial. Cincuenta mil soldados irlandeses murieron en las trincheras y miles en la batalla del Somme (julio a octubre de 1916). De la indiferencia y parálisis inicial, las masas irlandesas pasaron a un clima de agitación general que adelantó el ascenso revolucionario. Muerto Connolly, el nacionalismo dominó la escena política y el Partido Laborista Socialista entró en un proceso de descomposición y seguidismo al Sinn Féin.

El republicanismo irlandés nunca fue un movimiento homogéneo. Connolly representante de la tendencia proletaria sumó un párrafo fundamental a la Proclama de 1916 reflejando la influencia de los Irlandeses Unidos de 1798. Crítico implacable del divisionismo religioso, el revolucionario socialista plasmó su rechazo en la Proclama de 1916 donde escribió “la República garantiza la libertad civil y religiosa, iguales derechos e igualdad de oportunidades”. El Gobierno Provisional proclamó el derecho de la República al control sin trabas de la propiedad y los destinos irlandeses manifestando que “Hasta que nuestras armas hayan traído el momento oportuno para el establecimiento de un Gobierno Nacional permanente, representativo de todo el pueblo de Irlanda y elegido por el sufragio de todos sus hombres y mujeres, el Gobierno Provisional, aquí constituido, administrará los asuntos civiles y militares de la República en nombre del pueblo”. En los hechos, el Gobierno Provisional debía funcionar como una dictadura revolucionaria, hasta quebrar al poder inglés. Esta postura era radicalmente opuesta al Home Rule y a un parlamento irlandés marioneta de Londres. El programa, a su vez, no sobrepasaba el marco de la República democrática reflejando también la insuficiente maduración política y organizativa de la tendencia de Connolly. El ICA no era un partido de cuadros, ni un partido marxista en el sentido estricto del término.

Algunos autores, como Alan Woods, ponen el acento en la traición de dirigentes del Partido Laborista Socialista después del fusilamiento de Connolly, las muertes en combate y los golpes represivos sufridos por el ICA. Todo esto existió y no puede ser ignorado, pero tampoco se puede obviar que el movimiento revolucionario de 1916 giró en torno a la pequeñaburguesía radicalizada. La Rebelión de Pascua no se apoyó en las organizaciones obreras y eso explica el curso posterior incluida la disolución de la Hermandad Republicana en el Sinn Féin, un partido que le había dado la espalda al Levantamiento.

Un elemento que empujó al Levantamiento de 1916 fue la suspensión de la Ley de Autogobierno que quedó frenada con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Invocando razones de defensa nacional, Gran Bretaña paralizó el Home Rule resistido por los Unionistas y los Voluntarios del Ulster. Para desacreditar al Levantamiento de Pascua, el gobierno inglés, la mayoría de las fuerzas nacionalistas burguesas irlandesas y los socialistas que apoyaban a la Entente acusaron a los revolucionarios de ser agentes alemanes. Una calumnia infame. La inscripción en la bandera que colgaba en la sede del Sindicato del Transporte y Generales era inequívoca: “No servimos al Káiser, ni al Rey sino a Irlanda”. Como señalamos la respuesta popular a las muertes de la flor y nata de la juventud irlandesa en la Gran Guerra, llegaría en 1917.

El marxismo y la Cuestión Irlandesa

La solidaridad de Lenin con el Levantamiento de 1916 representó una continuidad histórica con la defensa que hicieron Marx y Engels de la autodeterminación nacional de Irlanda. Carlos Marx fue contundente en la condena a la dominación británica que se remontaba a la dinastía Tudor y denunció que las plantaciones transformaban a Irlanda en un distrito agrícola de Inglaterra cuya función era proveer maíz y carne barata a la industria inglesa. Las plantaciones vigentes desde el Siglo XVI eran un sistema de confiscación agraria y colonización forzada que le permitió a la Corona apoderarse de las tierras más fértiles de Irlanda para formar una clase terrateniente inglesa. Así surgieron los llamados propietarios ausentes que arrendaban los campos y vivían como rentistas en Inglaterra.

Sobre la relación dialéctica entre la revolución proletaria y la emancipación de Irlanda, Marx escribió que “antes creía que la independencia de Irlanda era secundaria, ahora creo que la clase obrera nunca será revolucionaria hasta que no se separe de Irlanda”. No se trató solo de una elaboración teórica y estratégica, sino de una línea de acción política y militante. Marx y Engels apoyaron a los fenianos que se levantaron contra el dominio colonial en el Siglo XIX. Sus críticas muy duras a los atentados individuales no les impidieron hacer campaña pública por la libertad de los presos políticos fenianos. Veían en los alzamientos de este movimiento un eslabón de la rebelión nacional de una clase media empobrecida y arrastrada a la miseria por los capitalistas y terratenientes británicos. Thomas Clarke dirigente del Levantamiento de 1916 y uno de los mártires de Pascua había sido un antiguo feniano que estuvo preso por trece años, la mayor parte de la condena en confinamiento solitario.

La estructura parasitaria de la propiedad agraria agravó las trágicas consecuencias de la Gran Hambruna de mediados del Siglo XIX. Un millón de irlandeses murieron de hambre y otro millón fue obligado a migrar, muchos de estos a los EEUU donde el movimiento feniano montó su propia organización. La crisis económica desatada por la “epidemia de la patata” provocó una catástrofe demográfica. Mientras el hambre y las enfermedades vaciaban las aldeas rurales el gobierno inglés continuó las exportaciones de alimentos para no afectar los negocios capitalistas. La lucha de clases en el campo irlandés fue conocida como “la guerra por la tierra”.

Lenin y el Alzamiento de Pascua

El apoyo brindado por Lenin a la rebelión irlandesa fue una excepción que levantó polvareda en la izquierda europea de la época e incluso entre la dirigencia del Partido Bolchevique. En Irlanda el propio Partido Laborista Socialista fundado por James Connolly y Jim Larkin tomó una calculada distancia con el Levantamiento de 1916 una vez que este fue sofocado y sus líderes ejecutados. Pesaba en esta decisión el temor a perder la legalidad electoral.

John Redmond, prosiguiendo su campaña probritánica, exigió la pena de muerte para los “agentes del Imperio Alemán” descalificando a los dirigentes republicanos. Eoin MacNeill, jefe de la fracción de los Voluntarios que había rechazado el alistamiento irlandés en la Primera Guerra Mundial, transmitió una contraorden veinticuatro horas antes del Levantamiento, llamando a no salir a la calle el lunes de Pascua. Lo hizo acusando a la Hermandad Republicana Irlandesa de haber tramado un golpe de mano a sus espaldas. Arthur Griffith, presidente del Sinn Féin, rechazó la Rebelión como había rechazado la lucha por la República “teorizando” sobre la doble corona para Inglaterra e Irlanda “inspirado» por el ejemplo del Imperio Austrohúngaro. Recién en 1918, Griffith reivindicó la lucha por la República con los ojos puestos en las elecciones al Parlamento. Más tarde sería uno de los firmantes del infame Tratado Anglo-Irlandés.

En Inglaterra el Partido Laborista estaba dividido. Su ala derecha se integró al gabinete de guerra del gobierno, impulsó el reclutamiento militar en Irlanda, votó los créditos de guerra y clamó contra los “agentes alemanes” como llamaron a los revolucionarios de abril de 1916. La otra fracción, el Partido Laborista Independiente, del “pacifista” Ramsey MacDonald, tampoco apoyó a los rebeldes irlandeses. La excepción fue el ILP escocés que escribió “Connolly no pelea por Alemania, pelea por la clase obrera irlandesa”. Recién después de los fusilamientos, el Partido Laborista Independiente inglés condenó las ejecuciones como un “crimen contra la democracia”. Los llamados de Ramsey MacDonald a «la paz» eran también una condena a la insurgencia armada contra el imperialismo.

Lenin polemizó ácidamente con los izquierdistas que minimizaron la Revolución de 1916. Para Lenin cualquiera que llamara putsch a una rebelión era un “reaccionario empedernido o un doctrinario totalmente incapaz de hacerse una idea de una revolución social como fenómeno”. Lenin se ubicó incondicionalmente en el campo de la libertad y la emancipación de Irlanda. En la época del imperialismo, las naciones se dividen entre opresoras y oprimidas: Irlanda era en 1916 una colonia del Imperio Británico. Haciendo un balance del Levantamiento de 1916, Lenin destacó que la desgracia de los irlandeses fue que se alzaran prematuramente, antes de que la revuelta europea del proletariado hubiese madurado. Nunca dudó sobre el apoyo que los marxistas deben brindarle a un país oprimido frente a una potencia opresora. La independencia nacional sigue siendo una tarea democrática inconclusa hasta el presente. La burguesía nacional irlandesa pactó la instalación de un enclave británico en el norte de Irlanda, un tema de enorme actualidad cuando se reactivan los movimientos por plebiscitos autonómicos en Irlanda del Norte, Escocia y Gales (ver en Prensa Obrera la nota “¿Disolución del Reino Unido?”).

Continuaremos en un próximo artículo con el trabajo teórico y militante de James Connolly. Sus libros son claves para entender lo que llevó al Levantamiento de Pascua, los años de guerra del IRA contra Inglaterra, la traición del “Estado Libre de Irlanda” y la guerra civil irlandesa de 1923.

Fuentes consultadas

La Cuestión Territorial Irlandesa (artículo en La República Obrera) James Connolly

Marx y Engels sobre Irlanda (artículo de Worker’s Liberty) Sean Matgamma

Los doce apóstoles (libro) Times Pat Coogan

Irlanda Republicanismo y Revolución (libro), Alan Woods

El marxismo y la cuestión agraria (revista Jacobin)

Las Guerras Irlandesas (documental)

El Escuadrón (libro) T. Rule Dwyer

The day Michael Collins was shot (libro) Meda Ryan

Los Fenianos (Conferencia) John Dorney

1916 no es un asunto terminado (artículo En Defensa del Marxismo) C. Rath

El trabajo en la historia de Irlanda (libro) James Connolly