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La guerra contra Irán y por el control del Estrecho de Ormuz

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25/7/2026

La guerra contra Irán y por el control del Estrecho de Ormuz

Suba del petróleo y gasto militar, inflación, caída de los bonos.


La guerra en Ucrania (2022) y la voladura de los gasoductos que abastecían a Alemania y a parte de Europa con gas de Rusia, fueron el primer impulso a la suba de la energía. Europa se vio obligada a importar GNL (Gas Natural Licuado), principalmente desde Estados Unidos, a precios mucho más elevados. El impacto fue una caída de la actividad económica y la desindustrialización en los sectores con uso intensivo de energía como insumo, especialmente en Alemania.

El ataque de Israel y Estados Unidos a Irán produjo un nuevo salto en el precio de la energía a nivel global. La escalada del conflicto, con el cierre del Estrecho de Ormuz, se sumó a los ataques a infraestructuras petroleras y gasíferas.

El ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, uno de los principales productores de petróleo, se extendió hacia otros países petroleros del Golfo Pérsico. El volumen de tránsito bloqueado equivale a una quinta parte (20%) del petróleo y gas del mundo: unos 15 millones de barriles diarios de crudo y más de 4 millones de barriles diarios de productos refinados.

Los acuerdos entre Estados Unidos e Irán no lograron cerrar el conflicto, que se reabrió por la disputa por el control del Estrecho. Esto produjo una nueva suba en los mercados de petróleo y proyecta una prolongación incierta del conflicto.

Las subas del petróleo y el gas impactaron directamente en los precios de los combustibles y el transporte, y desactualizaron las proyecciones de los bancos centrales sobre el crecimiento de la inflación global. Ante el impacto inflacionario, los bancos centrales de Europa y Japón subieron las tasas de interés. En Estados Unidos, el directorio de la FED (cumple el papel de Banco Central) se encuentra dividido: la mitad considera una posible suba de la tasa antes de fin de año, mientras la otra mitad la rechaza por temor a sus consecuencias.

A diferencia del pasado, Estados Unidos no puede atenuar la suba de precios recurriendo a sus reservas petroleras, básicamente porque ya se han reducido de manera significativa. Al inicio del conflicto en marzo, el Departamento de Energía dispuso liberar 172 millones de barriles de la reserva, lo que redujo su nivel hasta los 316,5 millones de barriles.

La reanudación del conflicto en el Golfo Pérsico lo encuentra desgastado, con las reservas en su nivel más bajo en dos décadas. Estados Unidos actuó como prestamista de última instancia para los mercados petroleros mundiales: la liberación de reservas estabilizó los precios, proporcionando un colchón para compensar la pérdida de suministro en Oriente Medio.

Desde que comenzó la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, a finales de febrero, hasta el 10 de julio, las reservas estadounidenses —incluidas las comerciales y las de reserva estratégica (SPR)— disminuyeron en 123,9 millones de barriles, hasta alcanzar los 730,8 millones de barriles al 3 de julio, el nivel más bajo desde 1984. La reanudación del conflicto no ha permitido reponerlas. (13/7/26)

A diferencia de las crisis financieras tradicionales (como la de 2008), donde los bancos centrales intentan estabilizar el sistema financiero, la política monetaria no puede producir más petróleo, ni más energía.

La continuidad del conflicto revela el fracaso de las negociaciones para llegar a una resolución diplomática o militar que estabilice la región. La reapertura del conflicto ya tuvo reflejo en los mercados, que actúan con pánico frente a lo que la guerra puede significar para la economía global.

Asia, ¿el motor del mundo?

Los temores parecen fundados si se tiene en cuenta que China, el mayor importador de petróleo del mundo, se ve especialmente afectada por esta situación. Durante la guerra en el Golfo Pérsico redujo sus compras en el mercado en más de un tercio para no presionar los precios, recurriendo a sus propias reservas estratégicas, estimadas en más de mil millones de barriles.

Esta estrategia le permitió ahorrar miles de millones sin presionar los precios del mercado, pero ese colchón también se está agotando, aunque con más margen que el estadounidense. Las importaciones de crudo de China cayeron de 11,51 millones de barriles diarios en febrero a 10,19 millones en marzo, y fueron menores aún en abril.

Con sus reservas reducidas, China enfrenta un dilema: necesita reponer sus existencias, pero hacerlo en un contexto de conflicto reanudado y oferta restringida, implicaría comprar a precios elevados, lo que se traduciría en una presión alcista sobre sus precios internos y sus exportaciones.

El impacto inflacionario se trasladó a las finanzas globales, con devaluaciones, aumento de las tasas de interés y caída de los bonos de deuda. La suba de precios y la reducción de la oferta de petróleo tienen su mayor impacto en Asia.

El Banco Asiático de Desarrollo (BAD), entidad multinacional que reúne a 69 estados miembros, revisó a la baja sus previsiones de crecimiento económico para la región y prevé que la inflación alcance el 5,2% este año, frente al 3% del año anterior.

El presidente del BAD afirmó que la región enfrenta una “crisis cada vez más profunda”: “Estamos ante perturbaciones sistémicas y duraderas en las redes mundiales de energía y comercio, no solo ante una volatilidad temporal”. Y agregó que, aunque se reabra el Estrecho de Ormuz, “las consecuencias en las economías asiáticas seguirán sintiéndose en los próximos meses”. (23/5/26)

Los precios de las importaciones de Corea del Sur aumentaron un 16,1% en marzo respecto al año anterior, el mayor incremento mensual desde enero de 1998, mientras Japón gastó 35.000 millones de dólares en una semana para respaldar el yen, ya que el aumento de los costos de importación presiona a la baja la moneda.

Por su parte, el Banco de Indonesia está agotando sus reservas de divisas para sostener la rupia, que cayó a un mínimo histórico, en niveles similares a los de la crisis financiera asiática de hace 29 años, mientras las repercusiones de la guerra con Irán golpean los mercados globales. (8/5/26)

Vietnam, Filipinas, Indonesia, Camboya, Laos, Myanmar, Japón y Corea del Sur son países altamente dependientes de las importaciones de combustibles, con reservas de apenas unas semanas. Cierran oficinas, limitan los viajes recurriendo al trabajo remoto, imponen cupos en la venta de combustibles y suben los precios, entre otras medidas. La escasez persistente presiona los precios al alza y fuerzan más recortes del consumo, reduciendo la actividad económica. Las presiones devaluatorias se esparcen por todo el sudeste asiático.

India es el tercer mayor importador de energía del mundo e importa el 90% de su petróleo y gas. De sus importaciones, la mitad del crudo y dos tercios del gas natural procedían de los países del Golfo, cuyas exportaciones de energía se paralizaron por la guerra. Con un déficit creciente, las presiones a la devaluación de la rupia aumentaron, y su banco central volcó cantidades crecientes de dólares al mercado para atenuar la caída.

La rupia de India cayó un 6% frente al dólar desde principios de año, una de las monedas con peor desempeño de Asia, por el aumento de la factura de importaciones tras las interrupciones en el comercio de petróleo con Irán y por las salidas récord de capital extranjero. Las reservas de divisas de India disminuyeron en 40.000 millones de dólares desde el inicio de la guerra en Irán. (5/6/26)

Los estados europeos dan un giro histórico hacia el armamentismo

Desde la invasión rusa a Ucrania, la ofensiva sionista/imperialista contra los palestinos y el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, estas  guerras (y otros conflictos armados “regionales”) han servido de justificativo para un creciente gasto en “defensa”, con compras de armamento que desbordan los presupuestos e incrementan los déficits y el endeudamiento.

La combinación de la carrera armamentística global y las presiones energéticas derivadas del conflicto en Medio Oriente empujó a las potencias de Occidente (y a Japón) a romper décadas de ortodoxia fiscal. El gasto militar ya no se financia con excedentes, sino directamente con deuda a largo plazo y mayor déficit. En Europa sobresalen los cambios en el gasto en armamento de Alemania y Polonia.

Alemania protagoniza un giro hacia el gasto en armamento mediante la reducción de las prestaciones sociales y el aumento del endeudamiento. Friedrich Merz, tras ser elegido canciller el año pasado, tuvo como principal objetivo flexibilizar la cláusula constitucional que limita el endeudamiento para la compra de armas y municiones.

“El Ministerio de] Defensa verá incrementado su presupuesto en un 27,9% respecto al año anterior”, con el objetivo de contar en el futuro con “el Ejército más fuerte de Europa”. Así, pasará de los 82.700 millones de euros de este año a 105.800 millones en 2027 y hasta los 179.900 millones de euros en 2030. (1/5/26) El plan “estratégico hacia 2030” proyecta emitir 838.000 millones de euros en nueva deuda entre 2027 y 2030.

El nuevo presupuesto incluye profundos recortes sanitarios. Con la reforma, que prevé un ahorro de unos 16.000 millones de euros, los asegurados enfrentarán, por ejemplo, copagos más elevados por los medicamentos en la farmacia. Además, se restringirá la cobertura gratuita para todos los miembros de una familia y se suprimirán algunas prestaciones de la seguridad social. Por ejemplo, hasta ahora los asegurados del seguro público obligatorio, a partir de los 35 años, tenían derecho a una revisión de detección precoz de cáncer de piel cada dos años; este derecho será eliminado.

“Casi uno de cada tres euros se gasta en tanques y drones”, tituló un medio alemán sobre el presupuesto presentado por la alianza liderada por el canciller Merz: “La República Federal de Alemania está movilizando una gran parte de sus recursos financieros para el rearme. Según el borrador, se invertirán 607.000 millones de euros en defensa durante los próximos cuatro años. Solo en 2030, el gasto militar ascendería a 183.000 millones de euros, aproximadamente el 30% del total del presupuesto (635.000 millones de euros)”. (4/7/26)

Este incremento en el gasto en armamento se da cuando los mayores gastos en energía ya habían producido una “profunda crisis estructural”, a la que se sumó ahora la crisis energética derivada del conflicto en Irán, que llevó recientemente al gobierno del canciller Friedrich Merz a rebajar a la mitad su pronóstico de crecimiento económico para este año. (29/4/26, El País)

“Este cambio radical en materia fiscal alterará permanentemente la forma en que se negocian los bonos alemanes”, dijo un economista para Europa de una gestora de activos financieros, y agregó que los mayores rendimientos “incrementarán significativamente los costos de financiación para todos los demás países soberanos de la zona euro”. Y así ocurrió: los bonos a 10 años de Alemania, que rendían -0,60% en 2022, pasaron al 2% cuando se anunciaron los cambios de Merz y ya se encuentran en el 3%, elevando el piso del endeudamiento para toda Europa. (4/3/26)

Polonia ya es el país de la OTAN que más gasta en defensa como porcentaje del PBI, y se prevé que su gasto en sistemas de armamento aumente aún más gracias a la enorme afluencia de fondos procedentes de la Unión Europea.

El 8 de mayo, el primer ministro polaco, Donald Tusk, firmó un acuerdo con funcionarios de la Unión Europea (UE) para recibir 43.700 millones de euros en préstamos destinados a defensa. Es el primer país en recibir préstamos en el marco del programa Acción de Seguridad para Europa (SAFE, por sus siglas en inglés), que busca reforzar el arsenal de armas de Europa y aumentar la capacidad del continente para fabricar sus propias armas.

Esta inyección de fondos para defensa se suma a los considerables incrementos presupuestarios registrados desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, que se desarrolla al este de Polonia. Polonia donó la mayor parte de sus sistemas de armas de la era soviética a Ucrania a partir de 2022 y desde entonces mantiene un ritmo frenético de compras.

El presupuesto de defensa de Polonia, que en 2022 —año en que Rusia invadió Ucrania— alcanzó los 15.100 millones de dólares (aproximadamente el 2,4% del PIB), se situará en 55.000 millones de dólares en 2026, según cifras de la OTAN y del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), lo que representa el 4,8% del PIB. (26/5/26)

La OTAN eleva el gasto en armamento al mayor nivel desde la Segunda Guerra Mundial: una muestra del incremento del belicismo imperialista

En 2025, el gasto militar total de los 32 miembros de la OTAN ascendió a 1,58 billones de dólares (1.581.000 millones), el 55% de todo el gasto militar del planeta, mientras sus miembros representan apenas el 11-12% de la población mundial: cerca de 1.000 millones de personas.

Una minoría de gobiernos de Europa y Estados Unidos impone sus políticas de dominación mediante la superioridad bélica, que ahora está siendo cuestionada por las innovaciones en drones, misiles e inteligencia artificial aplicadas en las guerras de Ucrania e Irán.

En 2026, según las estimaciones oficiales de la OTAN, el gasto en armamento continuará en aumento y superará los 1,83 billones de dólares. Estados Unidos sigue liderando en términos absolutos, con un presupuesto proyectado de 1,03 billones de dólares (57% del total de la OTAN), aunque ya son cifras desactualizadas: Donald Trump pidió que para 2027 el gasto en “defensa” se incremente hasta 1,5 billones de dólares.

La guerra contra Irán es el resultado del fracaso de Donald Trump para imponer sus políticas mediante aranceles y sanciones.

El fracaso de los aranceles como método de dominación y sometimiento de las naciones (tampoco totalmente abandonado), quedó en evidencia cuando su anuncio, en abril de 2025, provocó el hundimiento de Wall Street y obligó a Trump a retroceder en su implementación.

Los aranceles pretendían bloquear las importaciones para dar impulso a la industria estadounidense. El objetivo de un renacimiento industrial no se materializó.

Los aranceles y la guerra dispararon los costos de los fabricantes de materias primas y del transporte marítimo, a lo que se suma el combustible por la suba del petróleo. “El panorama económico general tampoco ayuda. El crecimiento del producto interior bruto de Estados Unidos se situó en una tasa anualizada del 2,1% en el primer trimestre de este año, pero el Banco de la Reserva Federal de Atlanta prevé que haya caído al 1,3% en el segundo trimestre”, que finalizó el 30 de junio. (13/7/26, https://www.latimes.com/business/story/2026-07-13/while-trump-declares-that-u-s-is-enjoying-best-economy-ever-manufacturing-jobs )

La salida de Trump fue impulsar, junto a Israel, el ataque a Irán, en un intento de ampliar su dominación mediante la guerra. Esto derivó en la continuidad del conflicto y su expansión global, mediante la suba de la energía y el incremento de la inflación mundial, y en un mayor impulso al armamentismo de sus aliados de la OTAN, que alcanzó el mayor nivel desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La inflación creciente y los nuevos gastos en armamento generan un derrumbe de los bonos de deuda de los estados del “Primer Mundo”.

Los anuncios de mayor endeudamiento para gastos de defensa de los países imperialistas generaron una caída generalizada de los bonos de deuda, liderada por Estados Unidos, donde los rendimientos alcanzan los mayores niveles en 5 años: los intereses trepan entre 4,60% y 5,00%, lo que dispara las partidas presupuestarias de intereses de una deuda de 40 billones de dólares, exportando los elevados niveles de tasas de interés al resto del mundo. El rendimiento de los bonos estadounidenses es la base utilizada para calcular el “riesgo país” de cada nación.

En Europa, Alemania —que era el ejemplo de disciplina fiscal— rompió ese molde al anular las restricciones al endeudamiento para defensa (1% del PBI) y liberar la capacidad de tomar deuda para aumentar el gasto en armamento. Sus bonos han caído de forma sostenida y elevan los rendimientos por encima del 2,8%, cuando a inicios de año estaban en 2%.

Japón tiene una devaluación crónica del yen, a la que se suma un derrumbe de sus bonos de deuda, que elevaron los rendimientos a su mayor nivel en 20 años. En pocos años pasaron de terreno negativo (-0,2%) a 2,75%, poniendo en duda la capacidad de refinanciar su deuda. El Banco de Japón es el principal comprador de deuda y de acciones mediante una masiva emisión monetaria. En Japón, los bonos, las acciones y el yen caen al mismo tiempo, generando un mayor rechazo y venta de sus bonos.

Estamos en presencia de una tendencia al derrumbe de los bonos de deuda de las grandes economías imperialistas por los gastos en armamento, en momentos en que las tendencias belicistas se acentúan con las guerras en curso en Ucrania e Irán.

Las guerras que impulsa el imperialismo tienen como una de sus primeras víctimas a los propios Estados, quebrados por su alto endeudamiento, que trasladan ese costo a los trabajadores del planeta mediante mayor inflación y deterioro de sus condiciones de vida.

Los trabajadores de todo el mundo, en la lucha por sus reivindicaciones, deben poner fin al belicismo imperialista.