Meses después de proclamada la República Popular, y cuando aún persistían bolsones de resistencia del Kuomintang, la China de Mao Zedong se involucró directamente en la Guerra de Corea. Como ocurrió con el Partido Bolchevique –que se vio obligado a combatir entre 1918 y 1920 contra los ejércitos imperialistas y blancos para defender la Revolución de Octubre- la República Popular tuvo que intervenir tempranamente en la Guerra de Corea (1950/1953) para enfrentar la agresión de los EEUU y las fuerzas militares de la ONU en la frontera Norte de la China continental. Chiang Kai-shek, derrotado por Mao Zedong en la guerra civil, se sumó a la coalición imperialista de las Naciones Unidas contra Corea del Norte con los ojos puestos en golpear a la República Popular.
La guerra en la península implicó un costo y movilización de recursos enormes para la Revolución China. Mao envió entre dos y tres millones de voluntarios en defensa del gobierno norcoreano y de su presidente Kim II sung, el líder comunista y secretario general del Partido del los Trabajadores. Las bajas chinas en los años de guerra fueron cuantiosas y se calculan en un millón de víctimas, contabilizando muertos y heridos en combate. Mao Zedong y la dirección del Partido Comunista Chino (PCCh), tuvieron que postergar los planes de recuperación de Taiwán convertida en la punta de lanza del imperialismo norteamericano contra la República Popular China.
De la guerra civil a la coalición imperialista
El conflicto armado se desencadenó en 1950 cuando los ejércitos de Kim II Sung cruzaron el Paralelo 38 que oficiaba de límite entre los recientemente constituidos estados de Corea del Norte y Corea del Sur, ambos en 1948. La República de Corea o Corea del Sur estaba gobernada por Syngman Rhee, bajo la tutela directa de los EEUU. Era tal la sujeción a los yankis que para muchos coreanos los sustantivos japonés y estadounidense eran sinónimos de ocupación extranjera. Harry Truman promovió a Syngman Rhee quien había vivido en el exilio hasta llegar a la presidencia de Corea del Sur. El presidente de Corea del Sur aquilataba un pasado de lider independentista que le costó años de prisión encarcelado por los japoneses. Nacionalista burgués, cristiano metodista y acendrado anticomunista, Syngman Rhee perteneció a la generación del Movimiento 1 de Marzo que protagonizó grandes protestas contra la ocupación y anexión de Corea cuya brutalidad ya fue señalada , y que suponía erradicar por completo desde el idioma hasta las costumbres y tradiciones coreanas para “ japonizar” por completo la península.
El Movimiento del 1 de Marzo de 1919 fue un movimiento de masas ferozmente reprimido por el Imperio del Japón. Participaron de las protestas unos dos millones de coreanos que respondieron al llamamiento independentista lanzado por intelectuales nacionalistas. En 1925 y ya exiliado en los Estados Unidos, Syngman Rhee se convirtió en presidente del gobierno provisional de Corea con sede en Shanghái. Habiendo vivido largamente en EEUU, Syngman tomó como modelo a la democracia norteamericana y afianzó sus vínculos con Truman cuando los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial contra Japón después de Pearl Harbour. Si bien en 1948 se sancionó oficialmente la partición de Corea con gobiernos y fronteras propias, ni Syngman Rhee, ni su rival Kim II Sung, renunciaron a gobernar la península en sus propios términos.Llo que llevó a la guerra civil que comenzó oficialmente el 25 de junio de 1950 y a la inmediata internacionalización del conflicto cuando intervino la ONU.
La perfidia imperialista presentó a la coalición de países de la ONU como una “fuerza de paz” contra la agresión del comunista Kim II Sung. En un artículo anterior pusimos de relieve el clima de agitación social y de rechazo al gobierno de Corea del Sur, por su sujeción a los intereses norteamericanos. Antes de que las tropas de la República Democrática Popular cruzaran el Paralelo 38, Syngham Rhee había hecho pública su intención de organizar una expedición militar para “recuperar” Pyongyang, capital de la Corea comunista. Syngman descontaba que si iba a la guerra tendría el apoyo de los EEUU ante el recalentamiento de la Guerra Fría y el cambio de escenario provocado por la victoria de Mao Zedong en 1949.
La primera fase de la guerra fue un raid victorioso de las tropas norcoreanas que ocuparon Seúl en pocas semanas arrinconando al desmoralizado ejército de Corea del Sur. El “blitzkrieg “ norcoreano tomó de sorpresa al ejército de Corea del Sur cuyas defensas se desmoronaron ante la penetración de los tanques T4 provistos por la URSS. La división de tanques rusos fue la punta que abrió paso al avance de las tropas norcoreanas. Ya internacionalizada la guerra, los aviones rusos Mig piloteados por aviadores norcoreanos y entrenados por oficiales soviéticos, le disputaron los cielos a los aviones norteamericanos e ingleses. Posiblemente varios de estos cazas de combate fueran piloteados directamente por aviadores rusos. Stalin dotó a Kim II Sung de armamento moderno y lo impulsó a cruzar el Paralelo 38 como parte del ajedrez político militar abierto con la Guerra Fría pero negó involucrarse abiertamente en la guerra civil coreana y en la alianza de Corea del Norte con la China de Mao Zedong.
La Unión Soviética era uno de los cinco países titulares del Consejo de Seguridad de la ONU. Stalin “boicoteó” la reunión convocada por el Consejo de Seguridad para votar la condena y posterior invasión de represalia a Corea del Norte. Este accionar de Stalin le permitió los otros cuatro miembros titulares votar por unanimidad la formación del ejército multinacional de la ONU. El stalinismo practicaba un doble juego sin romper con las Naciones Unidas.
Las fases cambiantes de la Guerra
La Coalición militar contra Corea del Norte -integrada por una quincena de países aliados de EEUU y constituida en un 60% por marines norteamericanos- quedó bajo el mando del general estadounidense Douglas McCarthur, que desembarcó en 1950 en Incheon. Con las tropas de la ONU en el terreno, Corea del Norte no pudo retener por mucho tiempo las posiciones conquistadas al inicio de la guerra. En retirada, el ejército norcoreano debió abandonar la capital de Corea del Sur así como el cerco a Pusan adonde se habían refugiado Syngman Rhee y su gobierno. Roto el cerco y recuperado Seúl, Douglas MacArthur se dirigió al norte para tomar Pyongyang. El Ejército Popular de Corea del Norte perdió la iniciativa y se vio obligado a retroceder desorganizadamente para ir a defender Pyongyang y todo el norte amenazado, ahora, por los EEUU y sus aliados ingleses , franceses, australianos, neozelandeses y el Kuomintang de Chiang Kai-shek . La desigualdad de fuerzas y recursos parecía augurar una rápida derrota de Kim II Sung y así lo supusieron erróneamente Douglas MacArthur y Harry Truman
El curso de la Guerra volvió a girar con el cruce de cientos de miles de combatientes chinos que atravesaron el Río Yalu y desbordaron en oleadas a las tropas imperialistas. Este río caudaloso es la frontera natural entre China y Corea del Norte a lo largo de 800 km. Los voluntarios chinos atravesaron el Yalu helado sin ser detectados por las tropas de MacArthur; se trató de una verdadera proeza y muestra de sacrificio teniendo en cuenta además que los Voluntarios, soldados del Ejército Popular de Liberación, carecían de apoyo aéreo. Consumada la intervención militar de la ONU y ante el peligro inminente de una derrota aplastante, Kim II Sung le había pedido a Stalin que la URSS ingresara en la guerra. Esto no ocurrió, Stalin rechazó hacerlo cuando además sus intereses estaban puestos principalmente en Europa. Quien sí respondió al llamado urgente de Kim II Sung fuecomo se señaló- la China comunista. Mao Zedong tuvo que insistir mucho para convencer a sus generales que temían- no sin argumentos- que una derrota militar de la joven República Popular hiciera colapsar la reconstrucción de un país devastado por años de guerra contra el Japón y de guerra civil contra el Kuomintang. El líder de la República Popular le habría dicho a sus jefes militares que no había otra alternativa que pelear si «querían evitar los ronquidos del Tío Sam al pie de la cama china», una metáfora más que elocuente.
Peng Dehuai fue designado por Mao como comandante del Ejército de Voluntarios Chinos. Los Voluntarios peleaban en nombre de la solidaridad internacionalista y por la defensa de la China revolucionaria. Por lo que estaba en juego en la Guerra Fría y por la movilización internacional de tropas que provocó, la Guerra de Corea amenazaba con desatar una Tercera Guerra Mundial. La llamada “Guerra Olvidada” (1950-1953) empantanó a EEUU en la península de Corea sometido por los chinos a una guerra de desgaste. Truman no pudo voltear al gobierno comunista de Kim II Sung y con la asunción de Eisenhower como presidente, los Estados Unidos empezaron a explorar los términos de un armisticio para poner fin a una Guerra que no podían ganar.
Kim II Sung
El llamado socialismo Juché era presentado por Kim II Sung como una variante de socialismo con características coreanas basado en el autodesarrollo independiente. Pese a su identificación con Stalin al que conoció durante su exilio en la URSS, Kim II Sung desconfiaba de la dirigencia stalinista por haberse negado a combatir a la Coalición imperialista en el momento crítico del conflicto. El fundador del Partido del Trabajo, Kim II Sung, llegó a la URSS en 1941 escapando de la campaña de aniquilamiento japonés de las guerrillas coreanas. En la Unión Soviética, Kim integró un Regimiento de Voluntarios coreanos que peleó contra los nazis. Luego retornaría a Corea junto al Ejército Rojo sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. El “socialismo Juché” le fue útil a Kim II Sung para tomar distancia, primero de Stalin y luego de Kruschev a partir de 1953. A principios de los 60, el gobierno de Corea del Norte se distanciaría, también, de la China maoísta y del conflicto sino-soviético. Esta suerte de “socialismo nacional” coreano degeneró en un régimen autocrático basado en la supresión de toda democracia obrera y apoyado en el Ejército y el culto a la personalidad del “Máximo Dirigente”. Kim II Sung aseguró una sucesión dinástica promoviendo a su hijo y luego a su nieto a la jefatura de estado.
El 25 de junio unos cien mil soldados norcoreanos cruzaron el Paralelo 38 y en una ofensiva relámpago ocuparon la mayor parte de Corea del Sur. El Ejército Popular Coreano había crecido desde los primeros grupos guerrilleros hasta convertirse en una fuerza armada importante. En 1948 Kim II Sung, refundó el Ejército Popular de Corea (EPC) considerado el destacamento armado del Estado, del Partido del Trabajo y del Pueblo coreano. Los orígenes podían rastrearse en la Guerrilla Popular Antijaponesa de 1932. Kim II Sung, provenía de una familia de patriotas coreanos que habían luchado contra la anexión y ocupación japonesa. El “Máximo Líder” -como se lo llamaba en Corea del Norte- había peleado junto a las fuerzas del Ejército Rojo maoísta. En su exilio en Manchuria y siendo muy joven Kim adhirió al marxismo fundando los primeros grupos juveniles de reconstrucción del Partido Comunista Coreano.
El desenlace de la Guerra
Harry Truman apostó a una rápida victoria de las tropas de la ONU alentado por la decisión de Stalin de no involucrar directamente a la URSS en la Guerra de Corea. La Guerra Civil coreana se internacionalizó con la invasión de los EEUU y la ONU. El conflicto tuvo un curso cambiante: Seúl cayó en tres oportunidades y Pyongyang fue ocupada durante un tiempo por las tropas de las Naciones Unidas. A la ofensiva inicial de Kim II Sung le siguió la contraofensiva e invasión de soldados, aviones, portaaviones, helicópteros y tropas aeroterrestres de las Naciones Unidas. La voz de largada -que llevó a la invasión de la Coalición Imperialista de la ONU- la dio el presidente norteamericano Harry Truman, cuando declaró que bajo ningún alguno podía permitirse que Corea del Sur cayese en “manos del comunismo”. Después del desembarco de Incheon y con el ejército norcoreano en retirada los oficiales estadounidenses prometieron a sus tropas regresar victoriosos a sus hogares para la Navidad de 1950.
Ese era el optimismo y la previsión norteamericana que no ocurrió. Los marines de los EEUU quedaron durante tres años atados a una guerra de desgaste en el gélido invierno coreano. El “empate final” al que se refieren los historiadores, y de ahí la referencia a la Guerra Olvidada, tuvo para Estados Unidos, la principal potencia militar del planeta, un claro sabor a derrota. Las tropas estadounidenses tuvieron la mayor cantidad de bajas de la Coalición (casi 70.000 muertos), solo superados en número de víctimas por los surcoreanos. Lo que Truman supuso que sería un enfrentamiento corto y una victoria rápida se convirtió en un calvario para los soldados de los EEUU. A medida que la guerra se prolongaba Douglas MacArthur comenzó a presionar a la ONU para que se autorizara el lanzamiento de bombas nucleares sobre Corea del Norte y ciudades de China. La amenaza de una guerra nuclear puso al mundo en vilo desnudando la hipocresía del “Cuerpo internacional de Paz”.
A lo largo de la Guerra de Corea hubo batallas claves que fueron marcando el curso cambiante de la contienda. En julio de 1950 la Fuerza de Tareas Smith -que oficiaba como una fuerza de “ policía” norteamericana en Corea del Sur- fue barrida por el ejército norcoreano lo que llevó a Truman a preparar el envío de fuerzas militares e internacionales a gran escala. Durante los meses de agosto y setiembre el Ejército Popular de Corea del Norte tomó el 90% del país reduciendo al gobierno de Corea del Sur a una franja de apenas 200 km en torno a Pusan. La guerra parecía ganada por Kim II Sung que esperaba dar la estocada final en la guerra civil con la captura de Pusan. Sin embargo el 15 de setiembre de 1950, unos 75.000 marines desembarcaron detrás de las líneas norcoreanas rodeando a 125.000 soldados del Ejército Popular de Corea. Diez días después, Seúl fue ocupada por las tropas de las Naciones Unidas en un giro de la guerra que colocó a Kim II Sung completamente a la defensiva y al gobierno de Corea del Norte al borde de la derrota. La siguiente fase transcurrió entre octubre y noviembre de 1950 cuando Douglas MacArthur llegó al Río Yalú en la frontera norte con China.
Los Voluntarios chinos que cruzaron de noche el río congelado y penetraron en Corea para defender a la República Democrática Popular de Kim II Sung sorprendieron a los estadounidenses y los obligan a retroceder 200 km hacia el sur. Las batallas en las cercanías del Rio Yalu y las victorias chinas fueron estancando la Guerra de Corea en el Paralelo 38 donde habían comenzado los enfrentamientos. Con la Guerra estancada, la última gran batalla fue la de Kumsong en julio de 1953. Allí los chinos lanzaron una ofensiva antes de la negociación en marcha para poner fin a la Guerra. Después de una lluvia de obuses chinos que duró dos días se firmó el Armisticio, el 27 de julio, con fronteras muy similares a los que estaban vigentes en 1950. El Armisticio fijó un alto al fuego pero jamás fue firmado un Tratado de Paz.
Los Trotskistas y la Guerra de Corea
En 1953 se consumó el estallido de la Cuarta Internacional fundada por León Trotsky. El asesinato de Trotsky, en agosto de 1940 , la debilidad de sus secciones nacionales perseguidas por los nazis y el stalinismo hasta el exterminio físico, la difamación sistemática por parte de la burocracia contrarrevolucionaria, las desorientaciones y crisis políticas durante la Segunda Guerra Mundial , el aislamiento y las presiones del stalinismo y la socialdemocracia diezmaron al movimiento cuartista. Su secretario general, Michel Pablo, encabezó una corriente interna –el pablismo- liquidadora que pronosticaba una “radicalización objetiva” de la burocracia stalinista ante la inminencia de una Tercera Guerra Mundial polarizada entre los EEUU y sus aliados y la Unión Soviética.
Para el “Pablismo” la Guerra de Corea era la confirmación de que había que disolver las organizaciones trotskistas y hacer ”entrismo” en los Partidos Comunistas. En los países atrasados, semicoloniales y coloniales los trotskistas deberían ingresar en los movimientos nacionalistas burgueses de masas como extrema izquierda de la “ Revolución Nacional”. La escisión de la Cuarta obedeció a distintos factores que exceden el marco de este artículo pero sí importa destacar que la Guerra de Corea en 1953 apuró la ruptura, llevó a un choque abierto en el Secretariado Internacional donde Michel Pablo tenía mayoría y escindió a la sección francesa, la más grande de la Cuarta Internacional. A esta escisión le seguirían otras, la norteamericana y la británica, hasta el estallido final de la Cuarta en un cuadro de crisis y adaptaciones al “ socialismo real” (stalinismo), al maoísmo triunfante en 1949 y a los movimientos burgueses nacionales que chocaban con el imperialismo.
Trotsky había previsto enormes posibilidades para la Cuarta Internacional si ésta emergía de la Guerra Mundial como una organización forjada en el combate programático y político por el partido mundial de la Revolución . El Programa de Transición estableció las consignas de movilización e intervención política para superar la división entre el programa máximo y mínimo, entroncando las reivindicaciones inmediatas con la lucha por la dictadura del proletariado. La Cuarta Internacional fue fundada en 1938 partiendo de una premisa central, la crisis de la humanidad se reduce, en última instancia, a la crisis y vacancia de una dirección revolucionaria. Pese a la abnegación de los cuadros y militantes trotskistas la dirección de la IV Internacional -sin la guía de Trotsky asesinado en México por un agente de la GPU– salió desarticulada de la Segunda Guerra Mundial). El estallido condujo a la escisión de sus secciones nacionales y a la desintegración de su centro dirigente.
Con la llamada Guerra Fría, el ex trotskista Max Shachtman extendió el antidefensismo a la Guerra de Corea, poniendo un signo igual entre el imperialismo norteamericano y sus aliados de la ONU, y el gobierno norcoreano de Kim II Sung al que consideraba un títere de la Unión Soviética apoyado por China. Desde 1940 y polemizando con Trotsky, Shachtman negaba que la URSS fuese un estado obrero degenerado y burocrático cuyo régimen social había que defender militarmente ante la invasión de los ejércitos de Hitler. Esta posición se extendió a la República Popular China y luego al gobierno norcoreano. La consigna de la corriente de Shachtman, la ISL (Liga Socialista Independiente), era la de un tercer campo: “Ni con Washington, ni con Moscú, ni con Pyongyang”. Para Max Shachtman la Guerra de Corea era un enfrentamiento entre países capitalistas y por lo tanto una guerra enteramente reaccionaria.
Shachtman, quien había sido uno de los máximos líderes del SWP norteamericano hasta su ruptura, rechazaba apoyar al Ejército Popular Norcoreano. Su “ni ni” era una forma sinuosa de ponderar a la democracia de los EEUU como un régimen moral y éticamente superior al autoritarismo de la burocracia stalinista. James Cannon, secretario del SWP de los EEUU, diría de Shachtman que éste aprendió la letra pero no la música de Trotsky, repite “independencia de clase” pero cuando suenan los cañones imperialistas se esconde. Cannon anticipó el rumbo que seguiría Max Shachtman cuando afirmó en 1950 que la ISL “que no mueve un dedo contra Truman en la Guerra de Corea, mañana votará demócrata”, el partido del presidente norteamericano Harry Truman. La deriva burguesa y proimperialista de Max Shachtman lo llevó tiempo después a disolver la ISL y en 1965 a apoyar a los EEUU en la Guerra de Vietnam.
La agitación política del SWP de Cannon se centró en la consigna “Hands off Corea” ( Manos afuera de Corea) lo que le costó la persecución del demócrata Truman, el espionaje del FBI y la cárcel de los militantes trotskistas que se negaron a ir a la guerra en defensa de la “democracia” imperialista norteamericana. En su libro “En Defensa del Marxismo”, Trotsky ya había desarrollado el punto fuerte de su posición revolucionaria: la lucha por la defensa de las bases sociales y la propiedad nacionalizada surgidas de la Revolución Rusa, era la condición necesaria para luchar por la Revolución Política para expulsar al cáncer burocrático y a Stalin, el gran organizador de derrotas. Esta posición principista cabía por entero a la conducta que debían tener los revolucionarios trotskistas en la Guerra de Core : militar por la derrota del campo imperialista y por el triunfo de Kim II Sung, en defensa de la propiedad nacionalizada y por la dictadura del proletariado y los soviets sin el menor apoyo político a la dirección stalinista. Cannon y el SWP denunciaron al “ tercer campo” de Shachtman y la ISL como el campo del imperialismo.
La política liquidacionista seguida por Michel Pablo detonó la crisis que se arrastraba en el Secretariado Internacional de la Cuarta Internacional y que había tomado un nuevo impulso con la Guerra de Corea en 1950. Para Pablo la agresión norteamericana y de los países imperialistas y capitalistas que integraban la Coalición de la ONU era la confirmación de que no había tiempo para la construcción de partidos revolucionarios. El “entrismo pablista” no se limitó a una táctica y condujo al blanqueo y apoyo político a la burocracia stalinista. En China, el pablismo llegó a justificar la represión maoista a los trotskistas chinos. A finales de los 50 y en Argentina, la organización Palabra Obrera de Nahuel Moreno que presumía de haber combatido al pablismo en nombre del “trotskismo ortodoxo” ingresó al Movimiento Nacional Justicialista bajo “la disciplina del General Perón”. El entrismo morenista en el peronismo, hizo seguidismo al nacionalismo burgués durante largos años y terminó en un rotundo fracaso y pérdida de militantes.
El revisionista Michel Pablo hizo de la defensa de Corea del Norte frente a la agresión imperialista una razón para liquidar a la Cuarta Internacional como partido mundial de la Revolución. Cannon diría en 1953 que Pablo había “capitalizado correctamente la Guerra de Corea para una posición marxista pero usó esa posición para negar la necesidad de una Cuarta Internacional independiente”. Sin embargo la deriva no arrancó con la Guerra de Corea como sugería Cannon, desde antes Pablo estaba a la búsqueda de sustitutos a la construcción de partidos revolucionarios trotskistas. Pero luego se profundizo. A principios de la década del 60 la Cuarta Internacional “se reunificaría” -sin Michel Pablo como dirigente- omitiendo un balance político y programático de la crisis que había llevado a su desintegración. La constitución oportunista de un Secretariado Unificado (SU) volvió a juntar provisoriamente al SWP norteamericano y al morenismo argentino que habían conformado el Comité Internacional en 1954 contra Michel Pablo, con el “pablismo” representado por los dirigentes Ernest Mandel y Pierre Frank que habían integrado el bloque pablista en el Secretariado Internacional. Cannon, quien ya no dirigía el SWP apoyó la “reunificación”. El británico Gerry Healy, quien también había integrado –al igual que Cannon- el Secretariado Internacional con Pablo, denunció al Congreso de Reunificación por pablista. Como también lo hizo Pierre Lambert quien constituyó la OCI en Francia. Desde sus orígenes Política Obrera -antecesora del Partido Obrero- denunció al pablismo como liquidador y al Secretariado Unificado como una componenda de aparato y sin principios con los expablistas.
Conclusiones sobre la Guerra de Corea
La República Democrática Popular de Corea nacionalizó la propiedad al norte del Paralelo 38 y llevó adelante una reforma agraria que terminó con la base de poder de la clase terratenientes. El “socialismo Juché” que Kim II Sung y sus descendientes (hijo y nieto) presentaron como una superación del marxismo, configuró un régimen burocrático-militar asentado en el culto a la personalidad. La clase obrera no emergió en Corea del Norte como una fuerza independiente y las obligaciones de la guerra reforzaron los rasgos burocráticos y autocráticos del gobierno norcoreano. Los Comités Populares que abrieron un proceso de ascenso de la clase obrera coreana en 1947 fueron absorbidos por el stalinismo y como se señaló estatizados como órganos de gobierno de Corea del Norte a partir de 1948.
El “empate bélico” salvo a Syngman Rhee e impidió la reunificación de Corea cristalizando la división que continúa hasta el presente. A la burocracia rusa le cabe la responsabilidad de haber avalado la partición en 1948 y haber rehusado en 1950, la guerra contra los EEUU y sus aliados, cuando las Naciones Unidas ocuparon la Península. Sin la intervención de la República Popular China todo Corea hubiese pasado a girar en torno al imperialismo norteamericano. A diferencia de lo que ocurrió con Chiang Kai-shek, Syngham Rhee sí pudo sostenerse en el gobierno de Corea del Sur. La resistencia conjunta de coreanos y chinos a la Coalición Imperialista estimuló las luchas anticoloniales en Indochina. Un año después del Armisticio en Corea, el Vietminh dirigido por el líder comunista Ho Chi Minh, declaró la Independencia de Vietnam en el norte y expulsó a los franceses que fueron derrotados en la batalla de Dien Bien Phu.
Una derrota del régimen proyanky de Syngman Rhee hubiese tenido consecuencias más allá de la propia Corea debilitando al imperialismo en todo el Sudeste asiático. El empate con sabor a derrota de los EEUU y de la Coalición imperialista dejó una honda enseñanza a los pueblos sometidos y a los trabajadores del mundo, desmitificando la supuesta invulnerabilidad de los Estados Unidos. El propio Truman -quien terminó desplazando a Douglas MacArthur de la jefatura de “las fuerzas de paz” de la ONU- llegó a evaluar seriamente el bombardeo nuclear de Corea del Norte y China, si no lo hizo fue por el rechazo y temor de sus aliados a que un ataque atómico pudiese radicalizar aún más la situación política en Indochina -donde Francia mantenía sus colonias- y en la propia Europa.
El capital conoce la regla de oro: las guerras son grandes carnicerías pero, bajo ciertas condiciones, suelen ser también parteras de las Revoluciones. Esto ocurrió en Rusia en 1917, en China en 1949 y volvería a ocurrir en Vietnam. La lucha por la victoria de Kim II Sung en la guerra civil y en la guerra contra la ONU y los EEUU, era el punto de partida de una posición revolucionaria. El abstencionismo (tercer campo) frente a la invasión imperialista era funcional al imperialismo, principalmente al norteamericano. Michel Pablo, liquidador de la Cuarta Internacional, hizo de la necesaria y justa defensa de Corea del Norte otra vuelta de su disolución política en el stalinismo y ruptura con el trotskismo.