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La República Popular China y la guerra de Corea (Segunda parte)

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La República Popular China y la guerra de Corea (Segunda parte)


Meses  después de proclamada la República Popular,  y cuando aún persistían bolsones de resistencia del Kuomintang,  la  China de Mao Zedong  se involucró directamente en la Guerra de Corea.  Como ocurrió con el Partido Bolchevique  –que se vio  obligado  a combatir  entre 1918 y 1920 contra  los ejércitos imperialistas y blancos para defender la Revolución de Octubre- la República Popular  tuvo que  intervenir tempranamente  en la Guerra de Corea (1950/1953)  para enfrentar  la agresión  de los EEUU y las fuerzas militares de la ONU en la  frontera Norte  de la  China continental. Chiang Kai-shek, derrotado por Mao Zedong en la guerra civil, se sumó a la coalición imperialista  de las Naciones Unidas contra Corea del Norte con los ojos puestos en golpear a  la República Popular. 

La guerra  en la península implicó un costo  y movilización de recursos enormes  para  la Revolución China. Mao  envió entre dos y tres millones de voluntarios en defensa del gobierno norcoreano y de su presidente  Kim II sung, el líder comunista y secretario general del Partido del los Trabajadores. Las bajas chinas en los años de guerra fueron cuantiosas y se calculan en un  millón de víctimas, contabilizando  muertos y heridos en combate.  Mao Zedong y la dirección del Partido Comunista Chino (PCCh), tuvieron que postergar los planes de recuperación de Taiwán convertida en la punta de lanza del imperialismo norteamericano contra la República Popular China.

De la guerra civil a la coalición imperialista

El conflicto armado se desencadenó en 1950  cuando los ejércitos  de Kim  II Sung cruzaron el Paralelo 38 que oficiaba de límite entre los  recientemente constituidos estados de Corea del Norte y Corea del Sur, ambos en 1948. La República de Corea o Corea del Sur estaba gobernada por Syngman Rhee, bajo la tutela  directa de los EEUU. Era tal la sujeción a los yankis  que para muchos coreanos los sustantivos  japonés  y estadounidense eran sinónimos de ocupación  extranjera. Harry Truman  promovió a Syngman  Rhee quien había vivido  en el exilio  hasta llegar a  la presidencia de Corea del Sur.  El presidente de Corea del Sur aquilataba  un pasado de lider independentista que le costó años de prisión encarcelado por los japoneses. Nacionalista burgués, cristiano metodista  y acendrado anticomunista, Syngman Rhee perteneció a la generación del Movimiento  1 de Marzo que protagonizó  grandes protestas contra la ocupación  y anexión de Corea cuya brutalidad ya fue señalada , y que suponía erradicar por completo desde el idioma hasta las costumbres y tradiciones coreanas para “ japonizar” por completo la península.

El Movimiento del 1 de Marzo  de 1919  fue un movimiento de masas ferozmente reprimido por el Imperio del Japón. Participaron de las protestas unos dos millones de coreanos que respondieron al llamamiento independentista  lanzado por intelectuales  nacionalistas. En 1925 y ya exiliado en los Estados Unidos, Syngman Rhee se convirtió en presidente del gobierno provisional de Corea con sede en Shanghái.  Habiendo vivido  largamente  en EEUU,  Syngman tomó como modelo a  la democracia norteamericana y afianzó sus vínculos con Truman  cuando  los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial  contra Japón después de Pearl Harbour. Si bien en 1948  se  sancionó oficialmente   la partición de  Corea con gobiernos y fronteras propias, ni Syngman Rhee, ni su rival Kim II Sung, renunciaron  a gobernar  la península en sus  propios términos.Llo que llevó a la guerra civil que comenzó oficialmente el 25 de junio de 1950 y a la inmediata internacionalización del conflicto cuando intervino la ONU.

La perfidia imperialista presentó  a la coalición de países  de la ONU  como una  “fuerza de paz”  contra la  agresión del comunista Kim II Sung. En un artículo anterior pusimos de relieve el clima de agitación social  y de rechazo al gobierno de Corea del Sur, por su sujeción a los intereses  norteamericanos.  Antes de que las tropas de la República Democrática  Popular cruzaran  el Paralelo 38, Syngham Rhee  había hecho pública  su intención de organizar una expedición militar para “recuperar”  Pyongyang, capital de la Corea comunista.  Syngman  descontaba que si iba a la guerra tendría el apoyo de los EEUU ante el recalentamiento de la Guerra Fría y el cambio de escenario provocado por la victoria de Mao Zedong en 1949.

La primera fase de la guerra fue un raid victorioso de las tropas norcoreanas que ocuparon  Seúl en pocas semanas arrinconando al desmoralizado ejército de Corea del Sur. El “blitzkrieg “ norcoreano tomó de sorpresa  al ejército de Corea del Sur  cuyas defensas se desmoronaron ante la penetración de los tanques T4 provistos por la  URSS. La  división de tanques rusos fue la punta  que abrió paso al  avance de las tropas norcoreanas. Ya  internacionalizada la guerra, los aviones rusos Mig  piloteados por aviadores norcoreanos  y  entrenados por oficiales soviéticos, le  disputaron los  cielos a los aviones norteamericanos e  ingleses. Posiblemente varios de estos cazas de combate  fueran piloteados directamente por aviadores rusos.  Stalin dotó a Kim II Sung  de armamento moderno y lo impulsó a cruzar el Paralelo 38 como parte del ajedrez político militar abierto con la Guerra Fría pero negó involucrarse abiertamente  en la guerra civil coreana y en la alianza de Corea del Norte  con la China de Mao Zedong.

La  Unión Soviética era uno de los cinco países titulares del Consejo de Seguridad de la ONU. Stalin “boicoteó”  la reunión convocada por el Consejo de Seguridad para votar la condena y posterior invasión de represalia a Corea del Norte.  Este accionar  de Stalin  le permitió  los otros cuatro miembros titulares  votar por unanimidad la formación del ejército multinacional de la ONU. El stalinismo practicaba un doble juego sin romper con las Naciones Unidas.

Las fases cambiantes de la Guerra

 La  Coalición militar contra Corea del Norte -integrada por  una quincena de países aliados de EEUU y constituida en un 60% por  marines norteamericanos-  quedó bajo el mando del  general estadounidense  Douglas McCarthur, que desembarcó en  1950 en  Incheon. Con las tropas de la  ONU en el terreno, Corea del Norte no pudo retener por mucho tiempo las posiciones conquistadas al inicio de la guerra. En retirada, el ejército norcoreano debió abandonar la capital de Corea del Sur así como el cerco  a Pusan adonde se habían refugiado Syngman  Rhee  y su gobierno. Roto el cerco y recuperado Seúl, Douglas MacArthur se dirigió al norte para tomar Pyongyang.  El Ejército Popular de Corea del Norte perdió la iniciativa y se vio obligado a retroceder desorganizadamente para ir a  defender  Pyongyang y  todo el norte  amenazado,  ahora,  por  los EEUU y sus aliados  ingleses , franceses, australianos, neozelandeses y  el Kuomintang  de Chiang Kai-shek . La desigualdad de fuerzas y recursos parecía  augurar una rápida derrota de Kim II Sung y así lo supusieron erróneamente Douglas MacArthur y Harry Truman

El curso de la Guerra  volvió  a girar con el cruce de cientos de miles de combatientes chinos que atravesaron  el Río Yalu y desbordaron en oleadas  a las tropas imperialistas. Este río caudaloso  es la  frontera natural entre China y Corea del Norte a lo largo de 800 km. Los voluntarios chinos  atravesaron  el Yalu helado  sin ser detectados por las tropas de MacArthur; se  trató de una   verdadera proeza y muestra de sacrificio teniendo en cuenta además que los  Voluntarios,  soldados del Ejército Popular de Liberación, carecían de apoyo aéreo. Consumada  la   intervención militar de la ONU y ante el peligro inminente de una derrota aplastante, Kim II Sung le había pedido  a Stalin que la URSS ingresara  en  la guerra.  Esto no ocurrió, Stalin rechazó hacerlo  cuando además sus intereses estaban puestos principalmente en Europa. Quien sí respondió  al llamado urgente de Kim II Sung  fuecomo se señaló- la China comunista. Mao Zedong tuvo   que insistir mucho para convencer a sus generales  que temían- no sin argumentos- que una derrota militar de la  joven República Popular hiciera colapsar  la reconstrucción de un país devastado por  años de guerra contra el Japón  y de  guerra civil contra el Kuomintang.  El líder de la República Popular  le habría dicho a sus jefes militares que no había otra alternativa que pelear si «querían evitar los ronquidos del Tío Sam al pie de la cama china», una metáfora  más que elocuente. 

Peng Dehuai fue designado por Mao como comandante  del Ejército de Voluntarios Chinos. Los Voluntarios  peleaban en nombre de la solidaridad internacionalista y por la  defensa de la China revolucionaria. Por lo que estaba en juego en la Guerra Fría  y por la  movilización internacional de tropas que provocó,  la Guerra de Corea   amenazaba con desatar  una Tercera Guerra Mundial. La llamada “Guerra Olvidada”  (1950-1953)  empantanó  a EEUU en la península  de Corea  sometido por los chinos a una guerra de desgaste. Truman no  pudo voltear al gobierno comunista de Kim II Sung y con la asunción de Eisenhower como presidente, los Estados Unidos empezaron a explorar los términos de un armisticio para poner fin a una Guerra que no podían ganar.

Kim II Sung 

El llamado  socialismo Juché  era presentado por Kim II  Sung  como una variante de  socialismo con  características coreanas   basado en el autodesarrollo independiente. Pese a su identificación con Stalin al que conoció durante su exilio en la URSS,  Kim II Sung desconfiaba de  la dirigencia stalinista por haberse negado a combatir a la Coalición imperialista en el momento crítico del conflicto.  El fundador del Partido del Trabajo, Kim II Sung, llegó a la URSS en 1941 escapando de la campaña de aniquilamiento japonés  de las  guerrillas coreanas. En la Unión Soviética, Kim integró un Regimiento de Voluntarios  coreanos que peleó contra los nazis. Luego retornaría a Corea junto al Ejército Rojo sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. El “socialismo Juché” le fue útil a Kim II  Sung  para tomar distancia,  primero  de Stalin y luego de  Kruschev a partir de 1953.  A  principios de los 60, el gobierno de Corea del  Norte se distanciaría, también,  de la China maoísta y del conflicto sino-soviético. Esta suerte de “socialismo nacional” coreano degeneró en un régimen autocrático basado en la supresión de toda democracia obrera y  apoyado en el Ejército y el culto a la personalidad del “Máximo Dirigente”.  Kim II Sung  aseguró una sucesión dinástica  promoviendo a su hijo y luego a su nieto a la jefatura de estado.

El 25 de junio   unos cien mil soldados norcoreanos  cruzaron  el Paralelo 38   y en una ofensiva relámpago  ocuparon la mayor parte de Corea del Sur.  El Ejército Popular Coreano había crecido desde los primeros grupos guerrilleros hasta convertirse en una fuerza armada importante.  En 1948 Kim II Sung,  refundó el Ejército Popular de Corea (EPC) considerado el destacamento armado del Estado, del Partido del Trabajo y del Pueblo coreano.  Los orígenes  podían rastrearse en la  Guerrilla Popular Antijaponesa  de 1932. Kim II Sung, provenía  de una familia de patriotas coreanos que habían luchado contra  la anexión y ocupación japonesa.  El “Máximo Líder” -como se  lo llamaba en Corea del Norte-  había peleado  junto a las fuerzas del Ejército Rojo maoísta. En su  exilio en Manchuria  y siendo muy joven Kim adhirió al marxismo fundando los primeros grupos juveniles de reconstrucción del Partido Comunista Coreano.

El desenlace de la Guerra

Harry Truman apostó a una rápida victoria de las tropas de la ONU alentado por la  decisión de Stalin de no involucrar directamente a la URSS en la Guerra de Corea. La  Guerra Civil coreana se  internacionalizó con la invasión de los EEUU y la ONU.  El conflicto tuvo un curso cambiante: Seúl cayó en tres oportunidades y Pyongyang fue ocupada durante  un tiempo  por las tropas de las Naciones Unidas. A la ofensiva inicial de Kim  II  Sung   le siguió la contraofensiva e invasión de soldados, aviones, portaaviones, helicópteros y tropas aeroterrestres de las Naciones Unidas. La voz de largada -que llevó a la invasión de la Coalición Imperialista de la ONU- la dio el presidente norteamericano Harry   Truman, cuando declaró que bajo ningún  alguno podía permitirse que Corea del Sur cayese en  “manos del  comunismo”.  Después del desembarco de Incheon  y con el ejército  norcoreano  en retirada los oficiales estadounidenses prometieron a sus tropas regresar victoriosos a sus hogares para la Navidad de 1950. 

Ese era el optimismo y la previsión norteamericana que no ocurrió. Los marines de los EEUU quedaron durante tres años  atados a una guerra de desgaste en el gélido invierno coreano. El “empate final” al que se refieren los historiadores,  y de ahí la referencia a la Guerra Olvidada,   tuvo para Estados Unidos, la principal potencia militar del planeta, un claro sabor a derrota. Las tropas estadounidenses tuvieron la mayor cantidad de bajas  de la Coalición  (casi 70.000 muertos),  solo superados en número de víctimas   por los surcoreanos.  Lo que Truman supuso que sería  un enfrentamiento corto y una victoria rápida se convirtió en un calvario para los soldados  de los EEUU.  A medida que la guerra se prolongaba Douglas MacArthur   comenzó  a presionar  a la ONU  para que se autorizara el  lanzamiento de bombas  nucleares sobre  Corea  del Norte y ciudades de China. La amenaza de una guerra nuclear puso al mundo en vilo desnudando la hipocresía del “Cuerpo  internacional de Paz”.

A lo largo de la  Guerra de Corea hubo  batallas claves que fueron marcando  el curso  cambiante  de la contienda.  En julio de 1950 la Fuerza de Tareas  Smith -que oficiaba como una fuerza de “ policía”  norteamericana en Corea del Sur- fue barrida por el ejército norcoreano  lo que llevó a Truman  a preparar el envío de fuerzas militares  e internacionales a gran escala. Durante los meses de agosto y setiembre el Ejército Popular de Corea del Norte  tomó el 90% del país reduciendo al gobierno de Corea del Sur  a una franja de apenas 200 km en torno a Pusan. La guerra parecía ganada por Kim II Sung  que esperaba dar la estocada final en la guerra civil con la  captura de Pusan.  Sin embargo el  15 de setiembre de 1950, unos 75.000 marines desembarcaron   detrás de las líneas norcoreanas rodeando a 125.000 soldados del Ejército Popular de Corea. Diez días después, Seúl fue ocupada por las tropas de las Naciones Unidas  en un giro de la guerra que colocó  a Kim II Sung  completamente a la defensiva y al gobierno de Corea del Norte al borde de la derrota. La siguiente fase transcurrió  entre octubre y noviembre de 1950 cuando Douglas MacArthur llegó al Río Yalú en la frontera norte  con China.

Los  Voluntarios chinos   que cruzaron de  noche el río congelado y penetraron en Corea para defender a la República Democrática Popular de Kim II Sung sorprendieron  a los estadounidenses y los obligan a retroceder 200 km hacia el sur.  Las batallas en las cercanías del Rio Yalu  y las victorias chinas  fueron estancando la Guerra  de Corea en el Paralelo 38 donde habían comenzado los enfrentamientos. Con la Guerra estancada, la última  gran batalla fue la de Kumsong en julio de 1953. Allí los chinos lanzaron una ofensiva  antes de la negociación en marcha para poner fin a la Guerra. Después de una lluvia de obuses chinos que duró  dos días se firmó el Armisticio, el 27 de  julio, con fronteras  muy similares a los que estaban vigentes en 1950. El Armisticio  fijó un alto al fuego pero jamás fue firmado un Tratado de Paz.

Los Trotskistas y la Guerra de Corea

En 1953 se consumó el estallido de la Cuarta Internacional fundada por León Trotsky. El asesinato de Trotsky, en agosto de 1940 , la debilidad de sus secciones nacionales perseguidas por los nazis y el stalinismo hasta el exterminio físico, la difamación sistemática por parte de la burocracia contrarrevolucionaria,  las  desorientaciones y crisis  políticas durante la Segunda  Guerra Mundial , el aislamiento y las presiones del stalinismo y la socialdemocracia  diezmaron al movimiento cuartista. Su secretario general, Michel Pablo, encabezó una corriente interna –el pablismo- liquidadora  que  pronosticaba  una “radicalización objetiva” de la burocracia stalinista ante la inminencia de una Tercera Guerra Mundial  polarizada entre los EEUU y sus aliados y la Unión Soviética.

Para el “Pablismo” la Guerra de Corea era la confirmación de que había que disolver las organizaciones trotskistas y hacer ”entrismo” en los Partidos Comunistas. En los países atrasados, semicoloniales y coloniales los trotskistas  deberían   ingresar en los  movimientos nacionalistas burgueses de masas como extrema izquierda de la “ Revolución Nacional”. La escisión de la Cuarta obedeció a   distintos factores que exceden el marco de este artículo pero sí importa destacar que la Guerra de Corea en 1953  apuró la  ruptura, llevó a un choque  abierto en el Secretariado Internacional donde  Michel Pablo tenía mayoría y escindió a la sección francesa, la más grande de la Cuarta Internacional. A esta escisión le seguirían otras, la norteamericana y la británica, hasta el estallido final de la Cuarta en un cuadro de crisis  y  adaptaciones  al “ socialismo real” (stalinismo), al maoísmo triunfante en 1949  y a los movimientos burgueses nacionales que chocaban con el imperialismo.

Trotsky había previsto enormes posibilidades para la Cuarta Internacional si ésta emergía de la Guerra Mundial  como una organización forjada en el combate programático y político por el partido mundial de la Revolución . El Programa de Transición estableció  las consignas de movilización e intervención política para superar la división entre el programa máximo y mínimo, entroncando las reivindicaciones  inmediatas con la lucha por la dictadura del proletariado. La Cuarta Internacional fue fundada en 1938  partiendo de una premisa central, la crisis de la humanidad se reduce, en última instancia, a la crisis y vacancia de una dirección revolucionaria.  Pese a la abnegación de los  cuadros y militantes trotskistas la dirección de la IV Internacional -sin la guía de Trotsky asesinado en México por un agente de la GPU– salió desarticulada de la Segunda  Guerra  Mundial). El estallido condujo a la escisión de sus secciones nacionales y a la desintegración de su  centro dirigente.

Con la llamada Guerra Fría, el ex trotskista Max Shachtman extendió el  antidefensismo a  la Guerra de Corea,  poniendo  un signo igual entre el imperialismo norteamericano y sus aliados de la ONU, y el gobierno  norcoreano  de  Kim II Sung  al que  consideraba un títere de la Unión Soviética apoyado por China. Desde 1940 y polemizando con Trotsky,  Shachtman negaba que la URSS  fuese un estado obrero degenerado y burocrático cuyo régimen social había que defender militarmente ante la invasión de los ejércitos de Hitler. Esta posición se extendió a la República Popular China y luego al gobierno norcoreano. La consigna de la corriente  de Shachtman, la ISL (Liga Socialista Independiente), era la de un tercer campo: “Ni con Washington, ni con Moscú, ni con Pyongyang”. Para Max Shachtman  la Guerra de Corea era un enfrentamiento entre países capitalistas y por lo tanto una guerra enteramente reaccionaria.

Shachtman, quien había sido uno de los máximos  líderes del SWP norteamericano hasta su ruptura, rechazaba  apoyar al Ejército Popular Norcoreano. Su “ni ni” era una forma sinuosa de ponderar a la democracia de los EEUU como un régimen moral y éticamente superior al  autoritarismo de la burocracia stalinista. James Cannon, secretario del SWP de los EEUU, diría de Shachtman que éste  aprendió la letra pero no la música de Trotsky, repite  “independencia de clase” pero cuando suenan los cañones imperialistas se esconde. Cannon anticipó el rumbo que seguiría  Max Shachtman  cuando afirmó en 1950 que la ISL  “que no mueve un dedo contra Truman en la Guerra de Corea, mañana votará demócrata”,  el partido del presidente norteamericano Harry Truman. La deriva burguesa y proimperialista de Max Shachtman lo llevó tiempo después a disolver la ISL y en 1965 a apoyar a los EEUU  en la Guerra de Vietnam.

La agitación política del SWP de Cannon se centró en la consigna  “Hands off Corea” ( Manos afuera de Corea)  lo que le costó la persecución del demócrata  Truman, el espionaje del FBI  y la cárcel de los militantes  trotskistas que se negaron a ir a la guerra en defensa de  la “democracia” imperialista norteamericana. En su libro “En Defensa del Marxismo”, Trotsky ya había desarrollado el punto fuerte de su  posición revolucionaria: la  lucha por la  defensa de las  bases sociales y la propiedad nacionalizada  surgidas de  la  Revolución Rusa, era la condición necesaria para  luchar por la Revolución Política para expulsar al cáncer burocrático y  a Stalin, el   gran organizador de derrotas. Esta posición principista cabía por entero a la conducta que debían  tener los revolucionarios trotskistas  en la Guerra de Core :  militar por la derrota del campo imperialista y por el triunfo de Kim II Sung, en defensa de la propiedad nacionalizada y por la dictadura del proletariado y los soviets  sin el menor apoyo político a la dirección stalinista.  Cannon y el SWP denunciaron  al “ tercer campo” de Shachtman  y la ISL como el campo del imperialismo.

La  política liquidacionista seguida por  Michel Pablo detonó la crisis que se arrastraba en el Secretariado  Internacional de la Cuarta Internacional y que había tomado un nuevo impulso  con la Guerra de Corea en 1950.  Para Pablo la agresión norteamericana y de los países imperialistas y capitalistas que integraban  la Coalición de la ONU  era la confirmación de que no había tiempo para la construcción de partidos revolucionarios. El “entrismo pablista” no se limitó a una táctica y condujo al blanqueo y apoyo político a la burocracia stalinista. En China, el pablismo llegó a justificar la represión maoista a los trotskistas chinos. A finales de los 50 y en Argentina, la organización Palabra Obrera de  Nahuel  Moreno que presumía de haber combatido al pablismo en nombre del “trotskismo ortodoxo”  ingresó al Movimiento Nacional Justicialista bajo “la disciplina del General Perón”.  El entrismo morenista en el peronismo, hizo seguidismo al nacionalismo burgués durante largos años y terminó en un rotundo fracaso y pérdida de militantes. 

El revisionista  Michel Pablo hizo de la defensa de Corea del Norte  frente a la agresión imperialista una razón para liquidar a la  Cuarta Internacional como partido mundial de la Revolución. Cannon diría en 1953  que  Pablo había “capitalizado correctamente la Guerra de Corea para una posición marxista  pero usó esa posición para negar la necesidad de una Cuarta Internacional independiente”.  Sin embargo la  deriva no arrancó con la Guerra de Corea como sugería Cannon,  desde antes Pablo estaba a la  búsqueda de sustitutos a la construcción de partidos revolucionarios trotskistas. Pero luego se profundizo. A principios de la década del 60 la Cuarta Internacional  “se reunificaría” -sin Michel Pablo como dirigente- omitiendo un balance político y programático de la crisis que había llevado a su desintegración. La constitución oportunista  de un Secretariado Unificado  (SU)  volvió a juntar provisoriamente al SWP norteamericano y al morenismo argentino  que habían  conformado el Comité Internacional en 1954 contra Michel Pablo, con el “pablismo”  representado por  los dirigentes  Ernest  Mandel  y Pierre Frank que  habían  integrado el bloque pablista en el Secretariado Internacional. Cannon, quien ya no dirigía el SWP apoyó la “reunificación”.  El británico Gerry Healy, quien también  había integrado –al igual que Cannon- el Secretariado Internacional con Pablo, denunció al Congreso de Reunificación por pablista. Como también lo hizo Pierre Lambert quien constituyó la OCI en Francia. Desde sus orígenes Política Obrera -antecesora del Partido Obrero- denunció al pablismo como liquidador y al Secretariado Unificado como una componenda de aparato y sin principios  con los expablistas.

Conclusiones sobre la Guerra de Corea

La República Democrática Popular de Corea nacionalizó la propiedad al norte del Paralelo  38 y llevó adelante una reforma agraria que terminó con la base de poder de la clase terratenientes. El “socialismo Juché” que Kim II Sung  y sus  descendientes (hijo y nieto) presentaron como una superación del marxismo, configuró un régimen burocrático-militar asentado en el culto a la personalidad. La clase obrera no emergió en Corea del Norte  como una fuerza independiente y las obligaciones de la guerra reforzaron los rasgos burocráticos y autocráticos del gobierno  norcoreano. Los Comités Populares  que abrieron un proceso de ascenso de la clase obrera coreana  en 1947  fueron absorbidos por el stalinismo y como se señaló estatizados como órganos de gobierno de Corea del Norte a partir de 1948.

 El “empate bélico” salvo a Syngman Rhee e impidió la reunificación de Corea cristalizando la división que continúa hasta el presente. A la burocracia rusa  le cabe la responsabilidad de haber avalado la partición en 1948  y haber rehusado en 1950, la guerra contra  los EEUU y sus aliados, cuando las Naciones Unidas ocuparon  la Península. Sin la intervención de  la República Popular China todo Corea hubiese pasado a girar en torno al imperialismo norteamericano. A diferencia de lo que ocurrió con Chiang Kai-shek, Syngham Rhee sí pudo sostenerse en el gobierno de Corea del Sur. La resistencia conjunta de  coreanos y chinos  a la Coalición Imperialista  estimuló las luchas anticoloniales en Indochina. Un año después del Armisticio  en Corea,  el Vietminh dirigido por el líder comunista Ho Chi Minh, declaró la Independencia de Vietnam en el norte y expulsó a los franceses que fueron  derrotados en la batalla de Dien  Bien Phu.

Una derrota del régimen proyanky de Syngman  Rhee hubiese tenido consecuencias más allá de la propia Corea debilitando al imperialismo en  todo el Sudeste asiático.  El empate con sabor a derrota de los EEUU  y de la Coalición imperialista dejó una honda enseñanza a los pueblos sometidos y a los trabajadores del mundo, desmitificando la  supuesta  invulnerabilidad de los Estados Unidos. El propio  Truman -quien terminó desplazando a Douglas MacArthur de la jefatura de “las fuerzas de paz” de la ONU-  llegó a evaluar seriamente el bombardeo nuclear de Corea del Norte y China, si no lo hizo  fue por el rechazo  y temor de sus  aliados  a que un  ataque atómico pudiese radicalizar aún más la situación política en Indochina -donde Francia mantenía sus colonias- y en la propia Europa. 

El capital conoce la regla de oro: las guerras son grandes carnicerías pero, bajo ciertas condiciones, suelen ser también parteras de las Revoluciones.  Esto ocurrió en Rusia en 1917, en China en 1949 y volvería a ocurrir en Vietnam. La lucha por la victoria de Kim II Sung en la guerra civil y en la guerra contra la ONU y los EEUU, era el punto de partida de una posición revolucionaria. El abstencionismo (tercer campo) frente a  la invasión imperialista era funcional al imperialismo, principalmente  al norteamericano.  Michel Pablo, liquidador de la Cuarta Internacional,  hizo de la necesaria y justa defensa de Corea del Norte  otra vuelta de su disolución política en el stalinismo y ruptura con el trotskismo.