Felipe (UJS)
¿Cuál es la idea de este ciclo de charlas/debate, sobre El Capital? Romper con el discurso único que estamos viendo que atraviesa cada vez más nuestras carreras. Acá, en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE), tenemos un viraje que vemos marcado ya desde hace 10/15 años hacia enseñar únicamente a la corriente de pensamiento neoclásica en sus variables más ortodoxas. Eso ha terminado por destruir gran parte de la elaboración crítica que teníamos en la Facultad, una casa de estudios que vio nacer a una camada de militantes políticos y cuadros teóricos muy grande en las décadas de los 60 y los 70… Acá tenemos sentados en nuestra mesa dos ejemplos de ese proceso. Cuando en FCE se supieron agrupar estudiantes críticos en una elaboración teórica, en un intercambio de ideas, pero también, sobre todo, en una acción política, se logró consolidar un polo de oposición a la hegemonía del radicalismo (Nuevo Espacio) en esta Facultad. Ellos, el brazo estudiantil del rectorado, son los que allanan el camino y permiten que esas mismas autoridades de la UBA estén eliminando el pensamiento crítico de nuestras carreras. Hace años que, por ejemplo, Rolando no es parte de la currícula de la Facultad, siendo que tuvo por muchos años un curso de Desarrollo Económico.
Por otro lado estamos frente a un mundo capitalista que está yendo sistemáticamente a la crisis, que se da contra la pared y no consigue encontrar una salida para cerrar el ciclo abierto por la crisis del 2007. Tenemos una oportunidad. La oportunidad de empezar a reagrupar a los estudiantes críticos, de empezar a releer la “Crítica de la Economía Política” de Marx. Y creo que empezar por la articulación del capítulo 1 de “El Capital”, a través de una lectura de sus distintos acápites; empezar por la mercancía y la sustancia del valor, como preguntas fundamentales relacionadas con la obra de Marx, son un gran punto inicial para empezar con esta labor teórica, impulsar este reagrupamiento y, también, demostrar que, si bien en esta facultad estamos lejos de ser, como plantea nuestro actual presidente, un antro de adoctrinamiento marxista, el MxE puede articular en la FCE una discusión entre las distintas escuelas de pensamiento marxista. Eso es el espíritu que impulsa este ciclo de charlas, que va a tener tres encuentros, arrancando el día de hoy, seguirá la semana que viene y concluirá el otro viernes, con el “fetichismo de la mercancía”.
“El Capital” es una obra de la que se puede sacar muchísimo, no solamente para formarnos sino también para elaborar salidas políticas ante esta crisis sistémica.
Les pido, antes de arrancar, un gran aplauso para Rolando Astarita y Pablo Heller. Astarita, propietario de un blog muy reconocido de discusión de “economía crítica”, que ha tenido un largo recorrido como docente en esta facultad, y que hoy en día sigue su trayectoria de docencia en la Universidad de Quilmes. Por otro lado, Pablo Heller, un compañero del Partido Obrero, también docente universitario de la UBA y que desempeñó un trabajo de asistencia legal y contable a “empresas recuperadas” de la década del 2000, llevando la crítica a la economía política de Marx a la praxis, en lo que fue la lucha del movimiento de fábricas recuperadas, experiencia de la cual hay una obra literaria al respecto.
Rolando Astarita: Marx contra la Teoría Subjetiva del Valor
Primero, muchas gracias por la invitación. Me da mucho placer estar en esta facultad, venir a dar una charla. No me hubiera ido de la FCE si no me jubilaban por la edad.
Yo me voy a dedicar, básicamente, a la sección 1 y 2 del capítulo 1 de El Capital de Marx. Ustedes saben que el capítulo 1 es donde se expone con mayor amplitud la Teoría del Valor Trabajo de Marx. Me voy a centrar, sobre todo, en las dos primeras secciones, y voy a sesgar un poco la exposición hacia la crítica de la Teoría Subjetiva del Valor que determina que el valor está determinado por la utilidad.
He discutido mucho con los “austríacos”, la corriente que inicia Menger y siguen Böhm-Bawerk, von Mises, Hayek, Rothbard, etc. Porque tiene una particularidad esta corriente, que es que no nos jode con ecuaciones, derivadas y cosas por el estilo. La discusión sobre la Teoría del Valor es una discusión conceptual. No se arregla con dos derivadas. Digo esto porque en los neoclásicos está mucho más instalada la idea de presentar algo de la utilidad y enseguida pasar a hacer derivadas, o la integral de una función de utilidad, como si con esa matemática se comenzara a “hacer ciencia”. Dicho con crudeza, pienso que eso no sirve para nada. En el fondo, en microeconomía neoclásica, no se discuten las categorías más elementales de la ciencia económica. Los austríacos, en cambio, llevaron la discusión a un terreno absolutamente conceptual.
En esencia, lo que hay que discutir es una cuestión de categorías, de teoría. Incluso los problemas fundamentales de la teoría del valor están implicados en la relación más simple que presenta Marx: 20 metros de tela igual a una chaqueta. El debate sobre qué determina esa relación encierra todos los problemas de la teoría del valor. No es casual que los austríacos, en defensa de la Teoría Subjetiva del Valor, hayan atacado, particularmente, la sección 2 del capítulo 1 de El Capital. En torno a cómo se explica esa relación “tela – chaqueta” confrontan las dos únicas grandes teorías del valor.
Una de ellas es la Teoría del Valor Trabajo, en la cual se inscribe El Capital de Marx. La otra es la Teoría del Valor Utilidad de los austríacos y los neoclásicos. La primera remite al trabajo como fundante del valor, y la segunda remite a la utilidad como fundante del valor. Todo el problema de la Teoría del Valor gira en torno a la consistencia lógica y evidencia empírica de estas teorías.
En este punto se impone una aclaración: la teoría de Marx, del Valor Trabajo, se inscribe en la corriente que defiende al trabajo como fundante del valor. En particular, hay que destacar a David Ricardo, y su Principios de Economía Política y Tributación (primera edición en 1817). Ricardo fue el máximo exponente, dentro de la corriente burguesa, de la teoría del valor trabajo. Por esta razón Marx lo ha reivindicado. En Teorías de la plusvalía dice: “La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués, para la comprensión de su coherencia orgánica interna y sus temas y sus procesos útiles es la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Ricardo parte de ahí y obliga a la ciencia a salir de sus carriles, a explicar la medida en que las otras categorías, las relaciones de producción y de comercio, desarrolladas y discutidas por ellas, corresponden a esa base.”
Aquí hay una idea central, y es que la teoría del valor trabajo, como la teoría también de la utilidad, genera un sistema orgánico de categorías vinculadas. No son afirmaciones aisladas. Eso lo decía también Schumpeter, de la escuela austríaca. O sea, sobre diferentes teorías del valor se levantan edificios teóricos completamente distintos, en los cuales, como dice Marx en el pasaje citado, las categorías están vinculadas orgánicamente.
Por eso, si aceptamos, como punto de partida, que la teoría del valor trabajo explica la generación de valor y las relaciones básicas del intercambio, el resto del edificio teórico desarrollado por Marx adquiere una coherencia muy difícil de refutar. Por eso, el deseo de austríacos y neoclásicos de atacar el punto de partida de Marx, que son las secciones 1 y 2 del capítulo 1 de El Capital. La sección tercera, que van a ver ustedes en los próximos encuentros, fundamentalmente va a servir para distinguir entre la Teoría del Valor Trabajo de Ricardo y la de Marx. Ahora introduzco la siguiente reflexión: muchos estudiosos, incluso muchos marxistas, han sostenido que la teoría del valor de Ricardo y la de Marx son iguales. Maurice Dobb, un marxista inglés muy importante, sostenía esta idea. En su opinión, la teoría del valor de Ricardo y Marx se diferenciaban en detalles, ya que Marx hablaba de dialéctica, y en Ricardo la dialéctica no jugaba ningún rol, pero eso no era importante. La diferencia entre Marx y Ricardo, siempre según Dobb, recién aparecía en la teoría de la explotación, de la plusvalía.
En mi opinión, esto no es así. Marx distingue intencionalmente su teoría del valor de la de Ricardo. O sea, el movimiento de Marx es doble. Por un lado, reivindica la Teoría del Valor Trabajo de Ricardo porque establece a la ciencia económica sobre una nueva base. Lo de Ricardo representó la aproximación científica a la comprensión de la sociedad capitalista. Pero por otro lado, Marx sostiene que la Teoría del Valor Trabajo de Ricardo tiene problemas importantes, que se traducirán incluso en su teoría monetaria y otras cuestiones, como su defensa de la ley de Say.
Abordemos ahora el capítulo 1 de El Capital. Trata básicamente estas dos cuestiones. Primero: ¿por qué el valor se funda en el trabajo? Segundo: ¿cuál es la diferencia entre la Teoría del Valor Trabajo de Marx y la de Ricardo?
El capítulo 1 se abre de una forma que va a ser repetida en otros capítulos de la obra. Por un lado, Marx habla del “contenido material de la riqueza”, constituido por los valores de uso. Por otro lado, distingue la forma social que adquiere esa riqueza en la sociedad mercantil. Esa forma social es la mercancía. Contenido y forma son distintos, pero están relacionados y de manera muy importante.
La idea es la siguiente: la riqueza en la sociedad son los valores de uso. El trigo es un valor de uso. El acero es un valor de uso. Son bienes útiles, satisfacen necesidades humanas. Marx precisa entonces que ese contenido físico-material existe bajo diferentes formas sociales. Por ejemplo, el trigo que es cultivado por el campesino y entregado al señor feudal, para consumo de este, no es una mercancía. Tiene características físicas que lo hacen un bien útil, pero su forma social no es la mercancía. En cambio, si ese trigo es producido por el trabajo del campesino sobre la tierra, y vendido en el mercado, mantiene su contenido material (riqueza, valor de uso) pero ahora además tiene la forma social de mercancía. Decimos que ser mercancía es una forma social porque deriva de relaciones que tienen los seres humanos entre sí. O sea, el trigo en sí mismo no es mercancía. Es mercancía cuando media una relación entre productores. El contenido físico, material, el trigo, adquiere una forma social, una cualidad social, que es relacional. Marx muchas veces apela a esta distinción entre contenido material y forma social. Por ejemplo, en el capítulo 5 del tomo 1, que trata del proceso de trabajo, explica que todo trabajo es gasto humano de energía, que el accionar del hombre sobre la naturaleza está mediado por la herramienta, etcétera. Todo esto es el contenido del trabajo, que existe en toda sociedad. Pero además, en la sociedad capitalista, el trabajo adquiere la forma de trabajo asalariado, explotado por el capital. De nuevo, distinguimos contenido físico, material, de las formas sociales que adquiere el trabajo.
Otro ejemplo lo tenemos cuando Marx analiza la circulación de las mercancías. En toda sociedad los productos deben circular entre las diferentes esferas de la sociedad. Esto hace al contenido material. Pero además, en la sociedad capitalista, esa circulación adquiere la forma social de la circulación de las mercancías.
En definitiva, estamos ante una distinción fundamental, el contenido objetivo, material, físico y la forma social. Un obrero, bajo relación capitalista, tiene una forma social distinta a un obrero que trabaja en una sociedad comunista. No varía el ser biológico, o varía relativamente poco, esto sería para profundizar, pero fundamentalmente lo que se modifica es la relación social bajo la cual se encuentra.
Ampliando un poco, es una concepción que deriva de Hegel. Se trata de cualidades que son relacionales. Soy docente –una cualidad objetiva– porque tengo una cierta relación con alumnos o con una facultad, etcétera. Algo así se aplica a la mercancía. Las propiedades sociales –ser mercancía, tener un valor, tener un precio– son relacionales pero, y esto es importante, no existen en el aire. Por el contrario, existen como propiedades objetivadas en la mercancía.
Apuntemos también que la noción del valor de uso como contenido material de la riqueza empalma en Marx con la idea de productividad, de fuerzas productivas, de generación de valores de uso. Todo eso es una línea de razonamiento que se repite en otros capítulos de El Capital. Por ejemplo, si aumenta la productividad ocurre que por unidad de tiempo se generan más valores de uso. Si aumenta la producción de valores de uso aumenta la riqueza material. Es un error que he visto en algunos marxistas el que consideren que la medida de la riqueza es el valor. Desde un enfoque marxista, eso no es cierto. El valor no es la medida de la riqueza. La riqueza se mide por la producción de valores de uso. Si aumenta la productividad el valor de la mercancía disminuye, al tiempo que puede aumentar la producción de valores de uso. Entonces ahí se presenta un problema para los que sostienen que la riqueza se mide por el valor. Es que si aumentó la productividad, efectivamente hay más valores de uso, pero es menor el valor generado por unidad de producto. Básicamente el error ahí está en haber confundido los valores de uso. Este es el inicio del capítulo 1 de El Capital, de la primera sección, y enseguida Marx pasa a constatar una característica de la sociedad mercantil que a todos les es casi inmediata: además del valor de uso, sabemos que las mercancías se intercambian en ciertas relaciones cuantitativas: 20 metros de tela valen una chaqueta para poner un ejemplo de Marx; o 5 caballos equivalen a una vaca, un ejemplo de Von Mises.
Es decir, las mercancías se intercambian según las más diversas relaciones cuantitativas. Es lo que nos aparece a primera vista. Pero aquí viene otra cuestión que de nuevo remite a Hegel. Este analiza el tema de las relaciones cuantitativas tomando el caso de los productos químicos. Observen que Marx en esta cuestión también cita el ejemplo de las combinaciones e intercambios en química. No es casual eso, ya que Marx está pensando en Hegel.
En este punto una precisión: Hegel, que trabajó la dialéctica, introduce formas de pensamiento muy importantes para entender el capítulo 1 de El Capital. No digo que hay que entender a todo Hegel, creo que eso es imposible, ni los especialistas en Hegel pienso que han podido. Sin embargo, sí sostengo que hay formas de pensamiento de Hegel que son muy importantes para entender la teoría del valor de Marx. Y una de ellas es esta idea de Hegel: cuando empezamos a ver relaciones repetidas, al menos dentro de ciertos promedios, empezamos a advertir que se establecen ciertos promedios o razones entre los elementos químicos que se combinan, o entre las mercancías que se intercambian.
Razón y promedio: Hegel los está usando casi como sinónimos. Cuando los intercambios se repiten, aparecen ciertas constancias. Entonces, si una proporción o relación cuantitativa se está repitiendo, ya no es aleatoria. Por el contrario, está obedeciendo a alguna ley interna. Doy un ejemplo que incluí en Valor, mercado mundial y globalización, para explicar esta cuestión. Supongamos una economía en la que una relación de cambio es 500 bicicletas de cierto tipo a cambio de un automóvil de cierta calidad. Pero no es una relación rígida. A veces son 510 bicicletas, a veces 495. Dentro de estos límites, o algunas variaciones, las cifras se repiten. Nos parece “normal”. Sin embargo, si vemos un intercambio de 10 bicicletas por el automóvil, decimos que es irrazonable. Está fuera de razón, o de proporción. No está gobernado por la ley interna, es anormal.
Por eso, cuando encontramos regularidades, empezamos a ver que existe un ordenador interno de las mismas. Y ese ordenador interno pasa a ser una ley que gobierna. Es distinto a la idea neoclásica de que el valor depende de factores psicológicos, de caprichos del momento, o de una habilidad para regatear y cosas por el estilo. Ahí no hay ley interna. Pero, al no haber ley, no hay ciencia, no hay posibilidad de sistematizar. Esto es fundamental. Porque aquí viene el paso clave que da Marx.
Marx dice que para que haya regularidad en los intercambios y cuando vemos que esas proporciones se están repitiendo deducimos que debe de haber algún factor común interno a la cosa, que regula el intercambio. Y ese factor común interno que gobierna esos intercambios no puede ser el valor de uso y la utilidad. Explico esto con un ejemplo. Supongamos que el productor A produce el bien X en 10 horas de trabajo. El productor B, a su vez, produce el bien Y en 5 horas de trabajo. Supongamos que X vale 100 pesos, igual a 2Y. Supongamos que los dos productores llegan al mercado, B con sus 2Y, A con 1X. Para A, las 2Y tienen mayor valor de uso que 1X. Para B, en cambio, 1X tiene más valor de uso que 2Y.
Intercambian pues 1X por 2Y. En este caso, los dos ganaron en valor de uso, en utilidad. Aunque pudieron ganar en utilidad de manera desigual. Sin embargo, en valor de cambio ninguno ganó. A tenía 1X = 100 pesos y luego del intercambio tiene 2Y = 100 pesos. O sea, la utilidad no afectó al valor de cambio. El valor de cambio, dice Marx, se mueve por un carril distinto al de la utilidad. En utilidad, ganaron los dos. Entonces no podemos mezclar utilidad con valor.
Esta es una idea fundamental que cuesta mucho hacerle entender a los defensores de la teoría de la utilidad. Y realizan críticas infundadas. Por ejemplo, afirman que Marx no le da importancia a la utilidad. Es falso, absolutamente falso. La utilidad es la condición necesaria, aunque no suficiente, para que haya valor. Si un bien no tiene utilidad, no tiene valor. Lo cual no significa que el valor de esa mercancía esté determinado por la utilidad. Son dos cosas distintas.
Una vez que sacamos la utilidad de los valores de uso, lo que nos queda es que todas las mercancías son producto de trabajo humano abstracto. Objetivado. Esta palabra objetivado nos queda aquí en el aire. Se va a entender mejor por la segunda reunión de qué significa objetivado. Pero la idea fundamental de Marx es que lo que tienen en común las mercancías es que todas son frutos del trabajo. Hablamos de mercancías que son reproducibles con trabajo humano, y por lo tanto pasibles de tener competencia por el lado de la oferta. Esto ya lo había aclarado Ricardo. No tiene sentido decir, por ejemplo, que el precio de una pintura de Van Gogh esté determinado por el tiempo de trabajo que le llevó producirla. Es una obra de arte irreproducible con trabajo humano. Resumiendo este punto, todas las mercancías, en tanto valores de uso, son todas distintas, pero en cuanto valores, en ciertas proporciones cuantitativas, son iguales.
Con esto se responde entonces a la crítica que han hecho los austríacos. ¿Qué dice, por ejemplo, Juan Ramón Rallo, en un trabajo que me envió? Sostiene que Marx no demuestra en esa reducción a una sustancia en común, que lo único que queda en común es trabajo humano. ¿Por qué dice que no puede ser el color de las mercancías? ¿Por qué no puede ser el peso? ¿Por qué no puede ser la densidad o cosas por el estilo?
La respuesta es que esas características físicas afectan al valor de uso, no al valor. Por lo cual no pueden ser tomadas como el elemento ordenador de las relaciones de cambio. El planteo de Rallo supone que el valor deriva de la relación entre el ser humano y el bien que le depara utilidad. Sin embargo, el valor es básicamente una relación social. Por eso aparece como valor de cambio en el intercambio. Una relación individual, personal no puede explicar una relación social. Es en la relación de intercambio en que se manifiesta el carácter social de la mercancía. Aparece como valor de cambio (proporción en que se cambia la mercancía por otras). Y cuando el valor de cambio se expresa en dinero, hablamos del precio de la mercancía.
Marx entonces define al valor como la sustancia en común que tienen todas las mercancías, que es tiempo de trabajo. Más precisamente, es tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía. Con el agregado de que ese tiempo de trabajo tiene que aparecer objetivado en la mercancía. En la tercera sección del capítulo 1 se aclara qué es esto de “objetivado”.
Me interesa detenerme en “tiempo de trabajo socialmente necesario”. ¿Qué significa? Significa que para generar valor, el productor debe trabajar con la tecnología promedio imperante en la rama de la producción. Por ejemplo, si estoy haciendo botellitas de agua, tengo que emplear la tecnología promedio en la rama, y con un ritmo de trabajo paralelo al del resto de los productores. Si emplea más del tiempo de trabajo promedio, generará menos valor, por unidad de tiempo, que los demás productores. Lo inverso ocurre si emplea una tecnología superior a la que emplean los demás.
Naturalmente, puede haber oscilaciones, pero estas tienen que promediarse, de manera que si un productor emplea mucho más tiempo de trabajo que el necesario, ese “extra” no habrá generado valor. Lo explicamos con un ejemplo sencillo. Supongamos que hay 9 productores produciendo el bien X en 10 horas de trabajo. Ese, pues, es el tiempo de trabajo promedio socialmente necesario. Pero hay oscilaciones. Por caso, algunos emplean 10 horas y 10 minutos, otros emplean 9 horas y 50 minutos, etcétera. Estas diferencias se promedian y anulan. Pero supongamos ahora que se introduce un nuevo productor, que por la razón que sea (por ejemplo, trabaja muy lento, o emplea una tecnología atrasada) emplea 40 horas de trabajo. La pregunta es, ¿esas 40 horas entran en la formación del promedio social?
Marx no lo aclara en el primer capítulo, pero sí en el 11 (del tomo 1 de El Capital). La idea es que cuando la diferencia es tan grande ese tiempo de trabajo “extra” no participa en la determinación del tiempo de trabajo social. En ese caso ocurre lo que se llama salto de cantidad en calidad. Dentro de ciertas variaciones, el tiempo de trabajo socialmente necesario se valida. Pero cuando sale de proporción, se produce un cambio cualitativo. Es que las 40 horas de trabajo de nuestro ejemplo no generan 40 horas de valor, que pudiera apropiarse algún productor. Sencillamente ocurre que las 40 horas de trabajo individual solo cuentan como 10 horas de trabajo social. O sea, el productor 11° habrá trabajado 40 horas pero produjo valor por 10 horas de trabajo social. Hay 30 horas que se desperdician.
Estos problemas los he discutido con marxistas de otros países, también de Argentina, que sostienen que valor es siempre tiempo de trabajo; y que por lo tanto es suficiente con trabajar para generar valor. Según estos marxistas, el productor de nuestro ejemplo habría creado 40 horas de valor que, de alguna manera (no explican cómo) es apropiado por otros productores. He discutido este asunto, pero no llegamos a acuerdo. El tema tiene importancia para explicar, por ejemplo, cómo se insertan en el mercado mundial empresas con tecnologías atrasadas. O por qué empresas que aplican tecnologías avanzadas (en relación al resto de la rama) pueden generar más valor, por unidad de tiempo, que el promedio.
Estos son entonces los conceptos fundamentales contenidos en la primera sección del capítulo 1: mercancía, valor de uso; riqueza material; valor de cambio: proporción cuantitativa en que se intercambia una mercancía con otra; valor, tiempo de trabajo socialmente necesario. Quiero ahora destacar el movimiento que hicimos. De nuevo, tiene que ver con la dialéctica de Hegel. El recorrido fue que pasamos de la manera en que aparecen a primera vista el mercado y las mercancías –el valor de cambio– a algo más esencial, más profundo, el factor que gobierna esos intercambios, o sea, el valor, tiempo de trabajo socialmente necesario. Eso no aparecía en la superficie, está oculto. Nuestro análisis, el análisis de Marx, descubre entonces esa ley que gobierna las proporciones en que se intercambian las mercancías (o los precios, cuando tenemos el dinero). Fuimos de la apariencia a la esencia, al contenido. Y en la tercera sección del capítulo 1, que ustedes van a ver en el próximo encuentro, Marx hace el camino inverso. Trata de demostrar por qué ese contenido, valor, se expresa necesariamente a través del valor de cambio.
Obsérvese que, hasta cierto punto, con las dos primeras secciones, hemos llegado hasta donde llegó el análisis de Ricardo. Aunque Ricardo no aplicó la dialéctica, sí estableció el contenido del valor, tiempo de trabajo socialmente necesario. Pero lo que Ricardo, y la Economía Política nunca hicieron fue recorrer el camino inverso, que surge de la pregunta: ¿Por qué los trabajos humanos se tienen que comparar a través de cosas que valen? ¿Qué es esta manera tan rara? Estas preguntas remiten a algo que subraya Marx: el hecho de que los seres humanos siempre compararon sus trabajos. Esto debió ocurrir en todo tipo de sociedad: comparar los tiempos de trabajo, tiempos que funcionan como ordenadores sociales.
Lo que distingue a la sociedad mercantil es que los seres humanos comparan sus tiempos de trabajo a través de cosas que valen. Son productores independientes. Esto es, en principio trabajan de forma independiente. Sin embargo, no pueden abstraerse del carácter social de la división del trabajo. Esto es, los productores dependen unos de otros y, dado que son independientes, comparan sus trabajos, de hecho, a través del intercambio que realizan en el mercado.
Con este encuadre, comento la distinción que hace Marx, en la segunda sección del capítulo 1, entre trabajo concreto y trabajo abstracto. Es que así como la mercancía tiene dos características, ser valor de uso y valor, el trabajo tiene dos facetas. El trabajo, en tanto concreto, genera valor de uso. En tanto trabajo abstracto genera valor.
Hago una aclaración. Muchas veces se ha dicho que Marx fue el primero en distinguir entre trabajo abstracto y trabajo concreto. Es un error. El mismo Marx dice que antes que él hubo economistas que hicieron esa distinción. Stewart fue uno, y Adam Smith se acercó a la idea. No con la terminología de Marx, pero relativamente se acercaron a la concepción de trabajo abstracto y concreto. Lo que dice Marx es que él fue el primero en analizar críticamente las diferencias entre trabajo concreto y abstracto.
Una segunda aclaración que facilita entender la distinción entre trabajo abstracto y concreto. Se trata de que concreto, en Hegel, y así lo toma Marx, no es aquello “que se puede tocar o palpar”, como muchas veces se piensa, sino que es “reunión de lo múltiple”. Y abstracto es lo separado, lo que se ha aislado.
Se comprende entonces por qué el trabajo concreto se vincula con el valor de uso, y la riqueza material. Es que para fabricar los valores de uso se necesita cierta materia prima; determinadas habilidades, etcétera. El valor de uso por lo tanto surge de la reunión de estos distintos elementos. Por lo tanto, el trabajo concreto también tiene que ver con la productividad. Cuando esta aumenta, se modifica el trabajo concreto, y se generan más bienes de uso por trabajador y unidad de tiempo. Esto es concreto. Cuando hablamos de trabajo abstracto, estamos hablando de trabajo considerado como gasto humano de energía. Básicamente es eso: gasto humano de energía.
Para explicar esto con un ejemplo sencillo, cuando salen de la fábrica el tornero, el fresador, el que trabaja en el horno, etcétera, han realizado trabajos distintos, con distintas herramientas y aplicando distintas habilidades. Pero por otra parte hay algo que los iguala: todos han gastado energía. En consecuencia, pueden comparar sus trabajos en cuanto gasto humano de energía. Pero esa comparación no se puede realizar partiendo del trabajo concreto. Sí se puede realizar en tanto se considere el trabajo abstracto, el gasto de energía humana. En ese sentido, el trabajo abstracto es el fundante del valor. Fíjense que aquí hay una dialéctica muy interesante. Cuando aumenta la productividad, supongamos para hacer el bien X, se duplica la productividad y antes se empleaban 10 horas de trabajo y ahora se emplean 5 horas. El aumento de la productividad permite el abaratamiento del bien que estamos examinando. Pero desde el punto de vista de los valores de uso, aumenta su cantidad. Esto solucionaba un problema con el que se chocaba la Economía Política burguesa. Porque los economistas decían que si aumenta la productividad van a caer los valores de los bienes. Entonces, desde el punto de vista del valor, habrá pérdida. Sin embargo, a resultas del aumento de la productividad, hay más bienes. ¿Somos más ricos o más pobres? ¿A dónde está la riqueza? La respuesta sería: desde el punto de vista del valor, el valor generado por un obrero en 10 horas sigue siendo el mismo. Pero el valor de cada mercancía producida en esas 10 horas disminuye y aumenta la cantidad de valores de uso producidos. Esta dialéctica, entonces, de trabajo concreto y trabajo abstracto, se resuelve de esta manera.
Una última cuestión relacionada a esto y ya terminamos.
Hay un debate acerca de si el trabajo abstracto solamente existió en el capitalismo o existió en sociedades precapitalistas. Sobre esta cuestión Marx dice: en cierto sentido el trabajo abstracto existió en sociedades anteriores al capitalismo, pero en cierto sentido no. Es una respuesta dialéctica, opuesta a los razonamientos rígidos. Es que si consideramos el trabajo abstracto como gasto humano de energía, es cierto que en toda sociedad se gastó energía y, como ya indicamos, siempre los seres humanos compararon sus gastos de energía al trabajar.
Por esto, dice Marx, el trabajo abstracto tiene una existencia antediluviana. Aclaro que esto no está en el capítulo 1 de El Capital. Lo tomo de la Introducción a la “Crítica de la Economía Política”. Lo importante es que desde ese punto de vista el trabajo abstracto existió siempre. Sin embargo, solo en la sociedad productora de mercancías el trabajo abstracto adquiere una entidad propia. ¿Por qué? Pues porque cada vez el trabajo se hace más abstracto. Es decir, cada vez la gente no se realiza en sus trabajos. Se siente el trabajo como puro gasto humano de energía. Es trabajo indiferenciado. Un operario trabaja en una línea de montaje, del producto que sea, y realiza operaciones monótonas, repetitivas, agotadoras. Para él todo eso es trabajo humano abstracto, no realización del ser humano.
En ese sentido en Marx hay una crítica al trabajo abstracto. Se relaciona con su crítica a la alienación del trabajo, al hecho de que los seres humanos no se realizan en el trabajo. Como dicen algunos marxistas, y coincido con ellos, somos enemigos del trabajo abstracto. Queremos eliminar esa alienación del trabajo abstracto. Hoy un joven trabaja repartiendo mercancías con la bicicleta; después trabaja en un shopping vendiendo algo… y así sigue, cambiando de trabajos, en situación precaria, sin sentirse identificado con lo que hace. Todo lo siente como puro gasto humano de energía indiferenciada. Estamos muy lejos del que se realiza en su trabajo, de aquel que se reconoce en lo que hace. En ese sentido la crítica al trabajo abstracto, al hecho de que haya que hacer gasto humano de energía como tal para vivir es una crítica a la relación capitalista, al sistema del trabajo asalariado.
Pablo Heller: Trabajo abstracto y alienación
Primero les quiero hacer un breve comentario.
Cuando supe que podíamos compartir una mesa realmente lo tomé con profunda satisfacción. Con Rolo tenemos mucha historia en común y, si bien políticamente fuimos tomando algunos caminos diferenciados, sin embargo hay un punto de vista que yo siempre reconozco: que toda la labor que realizó Rolando sirve como una contribución también para el marxismo en la Argentina. Yo ese aspecto lo valoro mucho.
En estos temas que abordamos el día de hoy yo entiendo que hay bastante coincidencia. De manera que invito a los compañeros de la UJS-MXE a que nos llamen también cuando se llegue a la parte más controvertida. Ya hemos hecho muchas veces polémicas de todo tipo acerca del imperialismo o de la ley decreciente de la tasa de ganancia.
El primer aspecto es que estamos acostumbrados y nos resulta muy familiar hablar del proceso de trabajo. ¿En qué consiste el proceso de trabajo? Habría que simplificarlo, pero consiste en que un ser humano toma ciertas materias primas, las transforma y obtiene un producto final que es “útil”.
Este proceso de trabajo es común a cualquier régimen social. Desde las formaciones sociales más primitivas existe este proceso, cualquiera sea el modo de producción. ¿Qué es lo novedoso que introduce el modo de producción capitalista, que tiene como presupuesto una organización social mercantil, de mercado? Lo peculiar consiste en que esos productos del trabajo tienen como función ser comercializados, intercambiados. Por lo tanto, ahí en el nombre como tal, los productos del trabajo se transforman en mercancías.
El primer punto, por lo tanto, es que los productos del trabajo en la sociedad se transforman en mercancías. Este es un rasgo distintivo. Por eso Marx, cuando comienza esta sección, lo que señala es que estamos ante una producción que está abarrotada por las mercancías, como dato dominante. Ahora, si se trata de la producción de valores de uso, un obrero también va a una fábrica, toma materia prima y elabora un producto final. Eso no es lo que nos distingue de los modos de producción previos, sino que acá la peculiaridad es que los productos del trabajo tienen como función ser comercializados, intercambiados. Y si tienen que ser necesariamente comercializados esto es un rasgo que los separa de los regímenes anteriores. Gran parte de la historia humana, les diría el 99% de la historia humana, este fenómeno no se dio. El proceso de trabajo generaba valores de uso, pero no mercancías. Generaba productos útiles, pero no mercancías. Para que se produzca este fenómeno de las mercancías significa que tiene que existir como presupuesto diferentes productores privados que intercambian sus productos entre sí y por lo tanto una organización social específica distinta a las anteriores.
Anteriormente se producía, la gente hacía productos útiles, pero los productos no se intercambiaban y por lo tanto tampoco había necesidad de que se conviertan en valores. Cuando los productos se empiezan a intercambiar también hay que ver con qué relación se intercambian y entonces nace justamente el hecho de la peculiaridad del trabajo mercantil. Como conclusión de este primer punto, tenemos los conceptos de la mercancía y de valor.
Ahora, una aclaración: y es que en este punto del análisis voy a referirme al valor y al valor de cambio intercambiablemente, y como sinónimos de precio. Si bien Marx todavía no se mete, en la primera sección, en la diferenciación entre valores y precios, no es correcto usarlos intercambiablemente, pero es una simplificación que hago con fines pedagógicos para ayudar al público a introducirse en la obra y a relacionarlo con situaciones reales, dado que lo más común es que la gente hable de precio en el día a día.
Volviendo a lo que nos compete. La consecuencia de estas particularidades del proceso de trabajo bajo el capitalismo es que recién en una época específica del desenvolvimiento de la humanidad, los productos de trabajo adquieren esta peculiaridad y se transforman en mercancías, respondiendo al contexto específico de una organización social.
Por eso Marx, a diferencia de los otros clásicos, decía que uno de los defectos de los fundadores de la economía política previa es que tendían a tomar esas categorías económicas como categorías naturales, inamovibles y permanentes. Esto lo hacían sin cuestionarse que en realidad son categorías transitorias que responden a un momento histórico y que por lo tanto son consecuencias de una organización social específica. Y si esa organización social específica cambia estas categorías van a dejar de existir. Las categorías que analiza Marx no son categorías naturales, el valor no es lo mismo que equiparar cualidades naturales que tienen los productos, por ejemplo su peso, su anatomía, su volumen, que son cualidades materiales propias del objeto.
Estas cualidades, estemos en el feudalismo, en el capitalismo o en el socialismo, no se modifican. En cambio, el concepto de valor, eso que nosotros podemos anticipar cuando vemos un cartelito colgado en una vidriera y que dice “precio”, el precio como tal no es asimilable o producto de las cualidades materiales de la mercancía. El valor nace como un atributo social y como tal es una categoría de características históricas, no eternas. Por lo tanto las categorías que analiza Marx son categorías históricas, que corresponden a este contexto histórico, sacando conclusiones que aplican al modo de producción capitalista.
Segundo punto, si esto es válido, tenemos la siguiente relación. Toda mercancía es un producto del trabajo… Pero la relación no es inversa. No todo producto del trabajo es mercancía, no todo producto del trabajo tiene valor. Va a tener valor y asumir la forma mercantil solo en una organización social específica. La forma mercantil aparece durante un estadio relativamente moderno, casi próximo en la historia humana. En resumen, hablamos de una relación social.
Tercero, dicho esto tenemos que establecer un tema que tiene su importancia. Ya muy bien advirtió Rolo en sus artículos, los cuales siempre sigo atentamente, entre valores de uso, valores de cambio y valores. Yo coincido plenamente con ese análisis, pero a fines pedagógicos aquí utilizaré intercambiablemente valor y valor de cambio.
Entonces, esta dialéctica de valor de uso y valor de cambio, la tenemos que seguir muy de cerca, porque responde a muchos intentos de refutar a Marx. Como él dijo: “no nos jodan (a los marxistas) con que no le damos importancia al valor de uso”. Para los marxistas el valor de uso es presupuesto necesario para que las cosas se puedan intercambiar. Sin valor de uso no puede haber valor de cambio.
La peculiaridad del sistema actual consiste en que estamos, tomando a Hegel, ante una unidad contradictoria de valor de uso y valor de cambio. La mercancía como tal, es una síntesis y como todo matrimonio, uno se necesita al otro. A veces las cosas van bien, pero esto no es así siempre. Y entonces puede ser que productos útiles no lleguen al destinatario. Es decir, nadie niega la utilidad y que la gente lo necesitaría, por ejemplo del trigo, lo que sí, sin embargo no llegan porque no se pueden realizar como valores de cambio. La gente no tiene la posibilidad de pagarlo.
En este punto, sería gracioso considerar una situación hipotética. Imaginen cuál sería la reacción de un extraterrestre, un ser ajeno a nuestro desarrollo histórico y que no sabe nada de la tierra, que observa nuestra sociedad capitalista a la distancia. ¡Pensaría que estamos todos locos! Que nuestra sociedad escapa a cualquier lógica y es incomprensible.
¿Por qué digo esto? Porque se ve que, por un lado, la gente se queja por no poder comprar alimentos o pide limosna y, del otro lado, hay productores que no pueden vender sus mercancías y los alimentos terminan desechándose y echándose a perder. Es decir, aunque los alimentos son productos útiles para satisfacer una necesidad humana tan elemental como el hambre, la dialéctica de la unidad contradictoria entre valor de uso y valor de cambio se hace presente en las toneladas diarias que se desperdician de alimentos, al no poder realizarse como valores de cambio. Comprender esta contradicción es muy importante para comprender “El Capital” y, como señaló Astarita, responde al doble carácter del trabajo.
Otra cosa, entonces. Lo que dijo Astarita, y en lo que no voy a ahondar tanto, es que justamente el valor de uso responde al trabajo concreto porque hay trabajos específicos (del carpintero, del tejedor, etcétera) que son distintos al trabajo del otro, a simple vista no son equiparables. Esta situación obliga a buscar en dónde está la sustancia común que permite el intercambio cuantitativo entre valores de uso. Esa sustancia común, que equipara a todas las mercancías, es el trabajo abstracto, entendido como gasto indiferenciado de esfuerzo mental, de fuerza humana, nervio, etcétera.
Quería aclarar algo más sobre esto, sobre el trabajo abstracto. Cuando uno se “abstrae” no es que está loco, es necesario desechar la acepción burda que se hace del concepto de “abstracción”, siendo que es algo a lo que apelamos usualmente. Por ejemplo, cuando uno dice ¿qué es el ser humano? Porque somos muy distintos unos de otros. Algunos son más flacos, otros más altos. Entonces, ¿cómo podemos llegar a la categoría unificada de “Ser Humano”? ¿O a cualquier categoría siquiera? A través de la abstracción. Prescindimos de ciertas cosas que tienen diferente para llegar a algo que es común y nos permite de esa forma poder llegar a esa categoría; lo mismo hace Marx, cuando dice que los trabajos son diferentes, pero tienen ese componente en común: el trabajo abstracto.
Otro dato que es clave, y que es también otra crítica que realizaron en muchos casos los “marginalistas”, es que Marx distingue con claridad la peculiaridad del trabajo humano. Cuando habla de los productos del trabajo, habla del trabajo humano y lo distingue del trabajo animal. Entonces se ha criticado: ¿Por qué no tomamos como dato común de que hay otros “trabajos”, por ejemplo, el de una araña? Porque también se vale de ciertas cosas, las transforma. Marx dice lo siguiente. Una araña puede hacer una tela de una perfección superior a la de cualquier tejedor, pero aun así, el peor de los tejedores tiene una ventaja sobre la araña dado que visualiza y conceptualiza la tela primero en su mente. El trabajo humano es distintivo entonces respecto al trabajo de todas las especies anteriores.
Cuando Marx habla del trabajo humano, lo diferencia del animal planteando que este último siempre va a reproducir el mismo producto, y en cambio el ser humano tiene la capacidad de variar el producto y trasladarlo a las nuevas generaciones. Esto va permitiendo que haya una versatilidad y un progreso. La araña siempre va a terminar haciendo ese tejido tan maravilloso, así como una abeja aportará celdas hexagonales perfectas a su panal. Pueden llamar la atención, pero no poseen las mismas características que el trabajo humano. Entonces cuando equiparamos el contenido de trabajo abstracto entre mercancías, equiparamos trabajos humanos iguales.
Yendo al final quería señalarles dos cosas. Una es el problema de la riqueza, porque la riqueza se mide desde el punto de vista de los valores de uso y no a través del valor de cambio, como bien señaló Rolando. En un momento, el progreso técnico impone que se terminen haciendo más productos con menos tiempo necesario de trabajo, y si analizamos este cúmulo de riqueza producida desde el valor de cambio vamos a tener una discrepancia en ese sentido. Pero otra cosa también es importante: Marx no dice que el trabajo es la única fuente de la riqueza, y ahí viene la famosa frase de Marx que plantea “la tierra es la madre y el trabajo es el padre”.
Todas esas riquezas abarcan el conjunto de los productos y no se limita exclusivamente a los productos del trabajo humano y muestra que justamente la riqueza es un concepto que no puede terminar de reducirse al trabajo, sino que surge de una interacción necesaria entre el ser humano y la naturaleza a través del trabajo. Es de esa interacción dialéctica que surge la riqueza.
Y por último, introduzco brevemente un último elemento que también es un homenaje a nuestro compañero Pablo Rieznik, que es un orgullo para la tradición militante de la Facultad de Ciencias Económicas. Pablo fue uno de los líderes en la Facultad de Ciencias Económicas cuando finalmente se logró que la izquierda tuviera una representación muy importante en las federaciones universitarias nacionales. En la época de la lucha por el Cordobazo, integró la FUA, llevando a la izquierda a participar en los órganos de dirección de la máxima representación del movimiento universitario.
Yo compartí muchos años una cátedra en la UBA con él, y les recomiendo encarecidamente que lean su obra: “Las formas de trabajo y la historia”. Allí, Pablo desarrolla de forma clara y concisa la naturaleza del trabajo alienado bajo el capitalismo. Es decir, pone de relieve un elemento muy destacado por Marx en su obra. Este señala que la adopción de la forma mercantil por los productos del trabajo humano consiste en la expresión más extrema del proceso de alienación. En el capitalismo, la fuerza de trabajo se compra y se vende. Marx analiza, incluso antes de escribir El Capital, que paradójicamente el trabajo bajo el capitalismo pasa de ser una fuente de realización del ser humano a su negación. Las personas, en su mayoría, no disfrutan cuando están en el trabajo, sino cuando salen del mismo.
Paradójicamente, y lo vamos a analizar en las clases siguientes, el trabajo termina siendo una maldición para la mayoría de la población. Y es que salvo para una minoría, esta capacidad de interactuar con el medio y producir valores de uso termina siendo vendida al capitalista a cambio de un salario. La fuerza de trabajo que cada uno posee no termina siendo de su propiedad, sino que su explotación pasa a ser propiedad del capitalista, quien se apropia del producto del trabajo.
De este modo, podemos entender las características desdichadas que posee el proceso del trabajo, algo que se está profundizando con las reformas laborales que estamos atravesando. Es curioso, el ser humano se degrada como especie, porque en vez de poder disfrutar las características creativas del trabajo, este proceso termina siendo parte de una mutilación del ser. Vamos a ver si algunos de estos conceptos que ambos desarrollamos se retoman o disparan el debate, así podemos aprovechar esta ocasión para seguir profundizando en algunos de estos temas. Muchas gracias.
Felipe (UJS)
Muchas gracias Pablo. Ahora la idea es pasar a una ronda de preguntas. Preguntemos tanto cosas referidas a la presentación de los oradores, como relacionadas a la lectura de los distintos acápites del capítulo 1. Elementos que puedan rescatar de la lectura, cosas que no se hayan quedado claras. La idea es que el intercambio que tengamos acá pueda ayudarnos un poco más en el trabajo del texto.
Pregunta: Más que sobre la obra de Marx en sí, quiero preguntar respecto a una de las intervenciones más nuevas que están haciendo desde el CICAR, quienes son seguidores de Íñigo Carrera. La misma sitúa a Marx como alguien que creía en la Teoría Subjetiva del Valor, porque al dejarlo solamente con el carácter de valor de cambio de la mercancía y no ver la doble naturaleza del valor, opera una preponderancia del valor de cambio de la mercancía por sobre el valor de uso.
Astarita: Desvaríos subjetivistas y marxismo críptico
Eso no tiene sentido. Son desvaríos. Perdonen la crudeza, pero decir que Marx se alinea en la Teoría Subjetiva del Valor, es un disparate. La Teoría del Valor Trabajo es una teoría del valor objetiva. Por caso, el trigo tiene valor. Esta es una propiedad objetiva del trigo. Es el trigo el que tiene valor. Pero es una objetividad social. Es lo que dice Marx en la sección tercera del capítulo 1 de El Capital. Inicia esa sección diciendo que la objetividad del valor, a diferencia de lo que ocurre con las propiedades físicas (de cosas, personas, etcétera) “no hay por dónde agarrarla”. Con esto está diciendo que, si por ejemplo, quiero captar la objetividad del valor de una tela, no la encontraré desmenuzando la tela en busca de algún “coágulo de trabajo humano”.
Es una propiedad social, la de tener valor. Pero es la chaqueta la que tiene valor, no soy yo. Es una propiedad objetiva que surge de las relaciones sociales. Esto es muy importante para entender la sección tercera del capítulo 1. Allí Marx explica que el trabajo “en estado líquido”, el acto de trabajar, no tiene valor. Genera valor, pero no tiene valor. Es parecido a decir que la gravedad genera el peso, pero ella no tiene peso. El trabajo entonces crea el valor, pero no tiene valor. Solo se transforma en valor al objetivarse. Y para eso el producto tiene que ir al mercado y venderse. Entonces esto es muy importante, porque es un mundo en el cual perdemos el control, es objetivo a todos. Los seres humanos, en la sociedad productora de mercancías, crean valor con su trabajo, pero para que ese valor se objetive como propiedad de la mercancía, esta debe venderse. Al venderse el trabajo se objetiva como valor. Por eso la venta es, en palabras de Marx, “el salto mortal” de la mercancía. Y eso no lo controlan a voluntad los productores. En este sentido, es un mundo que los domina, objetivamente. Si fuera subjetivo lo podríamos gobernar con nuestra voluntad, pero eso no ocurre. Habría que cambiar las relaciones de producción, la propiedad privada de los medios de producción.
Esta cuestión me parece muy importante desde el punto de vista del método. Tiene que haber coherencia lógica y evidencia empírica de lo que se dice. Si empezamos a hablar en lenguaje raro y todo mezclado, porque es una estrategia que se emplea en algunos lados, no se entiende nada… Y se confunde todo el mundo.
Es cierto que el capítulo 1 de El Capital es el más difícil. Lo reconocía el mismo Marx. ¡Pero es absolutamente legible! La idea de que el valor es una propiedad objetiva de las cosas está en el corazón del sistema de Marx. Marx dice que como el valor es una propiedad social, tiene que objetivarse a través de la relación entre cosas. La mercancía por sí misma, no puede objetivarse como valor. Tiene que ir al mercado y compararse con otras y por el proceso de venta el trabajo se objetiva como valor. Es lo que no vio Ricardo. Ricardo pensaba que bastaba con trabajar para que hubiese valor. Por eso, nunca dio importancia a la forma del valor, y esta es una de las principales críticas que le hace Marx. Es que la forma del valor es esencial para que exista el contenido: el tiempo de trabajo objetivado.
Aquí planteo un concepto fundamental. Se trata de la relación entre forma y contenido. Hegel decía que entre el contenido y la forma hay una relación. Claramente, hay formas que no son importantes. Por ejemplo, un libro, si tiene tapas duras o tapas blandas, no tiene importancia, decimos que esa forma no es esencial. Sin embargo, si un libro está mal escrito decimos que esa forma afecta al contenido de lo que se quiere decir. O sea, la forma hace al contenido, es lo que hace que el contenido sea lo que es. Esta idea viene de Aristóteles y la toma Hegel.
Lo explico con un ejemplo del arte. Tomemos una estatua extraordinaria: La Piedad de Miguel Ángel. ¿Recuerdan La Piedad? El Cristo Caído. Tiene un contenido esa estatua: La Piedad. Es un contenido humano. Por supuesto hay gente que no conoce ese sentimiento, no tiene empatía (igual puede llegar a ser presidente). Como sea, la estatua de Miguel Ángel tiene ese contenido. Sin embargo, este solo existe a través de la forma. La forma entonces afecta al contenido, hace al contenido. Por eso Hegel dice que hay formas esenciales.
Volviendo a la teoría del valor, la forma del valor es una forma esencial para la existencia del valor. Cuando fuimos del valor de cambio al contenido, el valor, nos parecía que la forma no sirve para nada. Son las dos primeras secciones. Pero a poco de avanzar por ahí, nos damos cuenta de que hay que volver a la forma para aplicar la esencia. En este punto Marx muestra que la venta es esencial para que el trabajo se objetive como valor. Y es un proceso que no dominamos los seres humanos. De ahí viene el tema de la escuela y el fetichismo de la mercancía.
Agrego una cuestión de método. En mi blog publiqué hace ya años una nota que se titula “Crítica al marxismo críptico”. Básicamente ahí sostengo que un conocimiento debe ser, entre otras cosas, transmisible y entendible para nuestros pares. Es decir, yo puedo decir algo aquí y mis pares, ustedes, me entienden. Hace falta un mínimo de conocimiento, pero me entienden, nos entendemos. Con esa base, podemos tener intercambio de ideas y avanzar. Pero el punto de partida es que el discurso sea entendible. Si el discurso no es entendible, no se puede decir siquiera si es ciencia. Fue una conclusión a la que llegaron, por ejemplo, epistemólogos franceses después de analizar textos absolutamente crípticos de Lacan y algunos de sus sucesores.
Esto es muy importante. A mí me ha ocurrido que me han mandado para evaluar trabajos sobre temas en los que trabajo desde hace años –como teoría del valor– y tuve que decir que me excusaran, que no podía dar una opinión sencillamente porque no lograba entender lo que decía ese escrito. La exigencia de claridad expositiva es fundamental.
Felipe (UJS)
Yo me tomo el atrevimiento de hacer una pregunta elemental, que creo que me va a servir un poco de base. ¿Cuál es la importancia para lxs economistas del estudio de El Capital? Un libro de hace más de 150 años, que no tiene supuestos matemáticos, que no tiene derivadas, que no se puede convertir en una guía de ejercicios matemáticos. ¿Cuál es la importancia del debate que estamos teniendo acá? ¿Cuál es la importancia de estudiar El Capital y cómo se manifiesta en acción política?
Astarita: El Capital tiene hoy más vigencia que nunca
Pienso que El Capital tiene más vigencia ahora que en el siglo XIX. La mercancía entra en todos lados y prácticamente no hay lugar del planeta donde no hayan penetrado las relaciones capitalistas.
Pablo habló recién de la contradicción valor de uso-valor. Tiene razón al decir que esa contradicción se ve muy bien en las crisis. En el capítulo 1 de El Capital vemos el valor y el valor de uso como dos aspectos distintos que coexisten, digamos tranquilamente, en la mercancía. Pero la dialéctica del capital se va desarrollando y en determinado punto esa contradicción estalla en conflicto abierto: durante las crisis, en aras de mantener los valores, se destruyen valores de uso. Por caso, los productores de tomates los tiran, o los dejan pudrirse porque no pueden realizar los valores. En el mismo sentido, cuando la sobreproducción abarrota los mercados, las máquinas se detienen, los stocks de mercancías se deterioran, millones van al paro. En todos estos casos el valor destruye el valor de uso, la riqueza material. La relación social capitalista, el ansia de la valorización permanente, destruye la riqueza material. Lo vemos hoy con China inundando los mercados con sus productos, la presión bajista de los precios, la crisis de grandes industrias, como ocurre hoy con la industria europea del automóvil. Es la crisis de sobreproducción, mucho más extendida que lo que estudió Marx en el siglo XIX. Por eso no es casual que cuando vienen las crisis aumenten las ventas de El Capital.
Pablo Heller: Imposturas intelectuales. Compra y venta de fuerza de trabajo
A ver, sobre algunos de los aspectos que mencionaron. En primer lugar, hablando de esto del concepto “críptico”, hay un célebre físico que escribió un libro que se llama “Imposturas intelectuales”, Alan Sokal, que lo escribió en colaboración con Bricmont. Este Sokal es un físico muy reconocido, laureado con la versión satírica de los Nobel, los IG Nobel por su trabajo. De allí viene esta expresión de “Imposturas intelectuales”, que se relaciona con lo que dice Rolo de “críptico”.
El texto en cuestión señala que algunos autores se quieren pavonear en otras ramas y tratar de sacar conclusiones sobre, por ejemplo, la psicología, apelando a la física cuántica. En una clara crítica a Lacan, el popular psicoanalista, Sokal dijo: vamos a hacer una jugarreta. Voy a publicar una obra que sea una “impostura” (un sinsentido) desde el punto de vista físico y ver cómo es recibida por el público. Al exponer su impostura… ¡lo empezaron a aplaudir! Incluso algunos intelectuales empezaron a tomar el trabajo como un ejemplo. Al poco tiempo de realizada la travesura, Sokal confesó el engaño.
Esto desnuda todo esto que señala Rolo sobre lo “críptico”. Porque los intelectuales como tal hacen carrera académica, donde hay intereses, toda una adaptación al sistema y apuestas por tratar de dar un barniz particularmente complejo y orlado al desarrollo teórico de cada uno. Ojo, esto no quiere decir que no se pueda y deba hacer reduccionismo siempre. Tenemos un claro ejemplo de ello en los persistentes intentos de la economía burguesa de trasladar ciertas leyes de las ciencias naturales a la organización social.
El segundo punto que quería colocar es que me parece muy importante la reflexión que Rolo hace sobre el trabajo abstracto. La mercancía ya existía en anteriores modos de producción, no es un producto específico de la época capitalista. Marx mismo menciona esto así: la mercancía existía antes del capitalismo. Incluso Aristóteles trabajó mucho el tema, siendo una persona a la que todo le llamaba la atención. Precisamente sobre por qué los productos se pueden intercambiar y qué sustancia era la que tenían en común.
Pero lo que es importante es el alcance. Evidentemente el fenómeno existía, pero lo dominante es que aún no se producía en forma mayoritaria la mercancía. Sino que todavía lo que persiste, en formas más generales hasta el feudalismo, es la producción de valores de uso para satisfacer necesidades internas, no de valores de cambio para el intercambio. Por esto la mayor parte de la producción no tenía aún las características propias de una mercancía.
El fenómeno de la transformación de los productos de trabajo en mercancías nace y se generaliza bajo el capitalismo. Y parte de la revolución burguesa tiene como función justamente darle otro carácter. Como docente universitario una jugarreta que yo hacía muchas veces era leer un extracto del Manifiesto Comunista donde Marx menciona el “salto revolucionario que produjo el nacimiento del capitalismo”. Y al preguntar a los chicos sobre quién les parecía que había escrito esto, ellos siempre me decían que podía ser un burgués cualquiera. Este salto lo identifica hasta al propio Marx, elogiando la potencialidad del capitalismo.
Si yo simplemente produzco para el autoconsumo, ¿qué incentivo puedo tener para un aumento de la productividad? Si yo produzco para el mercado, para millones, eso incentiva también la renovación técnica. La transformación del proceso de trabajo, de la producción de valores de uso a valores, es un fenómeno revolucionario, e introduce nuevas formas de organización social, que le va a dar sustento justamente a todo lo que nosotros identificamos como “modernidad” en la etapa actual. Se pasa de solamente satisfacer las necesidades propias a intercambiar en el mercado de forma generalizada los distintos productos del trabajo humano.
Tercer punto: forma y contenido. Yo le doy una importancia también a esto porque, como hemos dicho, la mercancía es una unidad contradictoria de valores de uso y valores de cambio. Un matrimonio que a veces se complementa, se potencia pero… a veces se niega. Lo mismo pasa con la forma y el contenido. La dialéctica entre la forma y el contenido implica que no se puede separar una de otra. Jamás sucederá que digamos: “¡Che! Ahí está contenido, caminando, ¿y la forma? No, por otro lado”. No, esto no es así.
Todo contenido tiene una forma determinada, y, en ciertos casos, la forma puede ayudar al desenvolvimiento del contenido o puede ser un factor que lo traba. Esa dialéctica continua es la que nosotros tenemos que ser capaces de poder entender. Ya teniendo claro cuál es esta dialéctica, hay que explicar también por qué el contenido se expresa por esta forma y no por otra. El dinero es la forma específica bajo la que se expresa el valor de las mercancías y la que permite su circulación bajo el capitalismo.
El otro aspecto, y con esto voy terminando, tiene que ver con el trabajo que no tiene valor. El trabajo como tal se va a materializar en cierto tipo de objetos pero ¿qué se compra y qué se vende? Lo que se compra y se vende no es trabajo, sino la fuerza de trabajo, que no es lo mismo, son dos cosas diferentes. Y allí es donde reside la clave del asunto, y es el hecho de que la fuerza de trabajo tiene la peculiaridad de poder crear más valor que el necesario para reproducirse a sí mismo. Aquí es donde va a estar todo el misterio de la plusvalía. El trabajo es la fuente.
Otro ejemplo para clarificar: ¿Ustedes vieron en algún momento a la temperatura como tal materializarse por sí sola? No. Lo que existe son los cuerpos calientes; existe la sustancia que se objetiva en diferentes productos. Como tal, es la sustancia que se materializa. Lo mismo pasa con el trabajo, que como punto de partida es sustancia, y recién después se cristaliza en diferentes tipos de productos.
Astarita: La fragilidad de la economía neoclásica. Entre el mercado walrasiano y la polémica de la función de producción.
El Capital es una obra muy potente y tiene mucha implicancia en lo que se estudia en las carreras de Economía. Hace poco leí un artículo del doctor Axel Kicillof, quien, con su habitual superficialidad, dijo que uno de los problemas graves que había en las facultades es que se enseñaba micro por un lado o macro por otro, sin explicar de dónde viene eso. Yo no lo traté porque pertenece a la tercera sección, pero en la tercera sección, como dijo Pablo, Marx explica la naturaleza y el concepto de dinero. Esencialmente, demuestra que el dinero es inherente al mercado y la mercancía. Una cuestión central para la crítica de la división entre Microeconomía y Macroeconomía.
La pregunta es: ¿por qué la división de micro y macro? ¿Por qué Micro es, básicamente, una economía de trueque (no hay dinero) y cuando se pasa a Macro el dinero ya está instalado, sin que haya sido deducido de alguna teoría del valor? La razón es sencilla. En Micro no se trata dinero porque no hay forma de derivarlo de la Teoría de la Utilidad Marginal. También, por este motivo, ocurre que en los manuales de Macro se responde a la cuestión de qué es dinero, enumerando formas dinerarias, sin explicar su naturaleza. Así, se dice que dinero son los billetes, las reservas en el Central, los depósitos a la vista, los depósitos a plazo, o sea, los conocidos Base, M1, M2, M3. Pero con esto no se explicó qué es dinero. Es como si pregunto: ¿qué es un equipo de fútbol? Y la respuesta es una enumeración (River, Boca, Independiente). Con lo que sigo en ayunas sobre qué es un equipo de fútbol.
Algo semejante ocurre cuando se enumeran los agregados monetarios. La enumeración no suplanta la falta de concepto. ¿Y por qué no hay concepto de dinero? Respuesta: porque de la teoría de la utilidad no puede derivar el dinero. El problema consiste en el hecho de que, según la Teoría Subjetiva del Valor, si un bien tiene utilidad, por lo tanto, tiene valor. Partimos de la utilidad del azúcar para deducir el valor del azúcar. Pero con el dinero no se puede razonar así, ya que la utilidad del dinero es tener valor. Por lo tanto, hay que presuponer una propiedad social -valor- para que el dinero tenga utilidad. Von Mises se dio cuenta de que aquí había un problema serio. Le dio una solución disparatada, en mi opinión, pero fue consciente del problema. Esta es la razón más profunda de por qué en Micro no se introduce el dinero. El resultado es esa división artificiosa entre Micro, con una sociedad de trueque que no existe en la realidad, y la Macro.
Precisemos un punto: una economía de trueque generalizado no puede existir si hay productores independientes. Hay una demostración lógica de esta imposibilidad. El caso lo ha planteado un economista keynesiano, hace ya años. Para verlo, supongamos una economía en la cual hay 4 productores, que producen los bienes 1, 2, 3 y 4, respectivamente, y las relaciones de intercambio son 1 a 1. De manera que el productor A produce el bien 1; B produce 2; C produce 3; D produce 4. Suponemos ahora que A quiere 2; B quiere 3; C quiere 4; D quiere 1. Dado que los mercados son descentralizados, A debe adquirir 3 para luego cambiarlo por 2; B debe adquirir 4 para cambiarlo por 3, y así de seguido.
Pues bien, realizado el primer intercambio, no se puede seguir. Por eso el mercado de trueque es un “mercado estalinista” absolutamente centralizado. O sea, el mercado que quiere explicar cómo funciona el equilibrio del capitalismo es un mercado del tipo “estalinista”. Incluso no se cierra ninguna operación hasta que estén en equilibrio el resto de los mercados. Peor aún, es una economía sin tiempo –supuesto que hace Walras cuando establece que los salarios se pagan según la productividad marginal– y en la cual es imposible introducir el dinero. Que le pongan matemáticas sobre eso no soluciona el problema.
Naturalmente, estas discusiones hacen también a los contenidos de las materias. Podemos introducir un debate sobre estas cuestiones. Sería parte de “la batalla cultural”, o la lucha en el terreno de la teoría. Los mismos alumnos reclaman que se abran al debate estas cuestiones y rechazan que se enseñe un único enfoque. Recuerdo una anécdota, hace muchos años en La Plata, me había invitado un chico del Centro de Estudiantes a dar una charla. Entre las cuestiones que traté estuvo la crítica a la teoría monetaria de los neoclásicos, y la crítica de los sraffianos a la función de producción, también neoclásica. Pasados unos días, me encontré con uno de los que había estado en la charla y me cuenta que un compañero, que también había asistido, en una clase de Micro –estaban viendo justamente la función de producción– preguntó “profesor, ¿me puede decir en qué mide el capital?” Pregunta famosa que había hecho Joan Robinson y había armado una gran polémica, porque los neoclásicos no tienen manera de medir el capital sin suponer las variables distributivas (salario y tasa de interés). Me dijeron que la respuesta del docente fue algo así como “esa pregunta la hacía yo cuando era joven” y no la contestó.
Pues bien, esas son justamente las preguntas que hay que hacer. Hay que prepararse, hay que estudiar, y creo que se puede llevar esta batalla. Tenemos que hacerla con argumentos entendibles por cualquier ser humano. Por lo menos para exigir que se planteen cátedras o cursos alternativos que la gente pueda elegir.
O sea, criticar el pensamiento único, reivindicar polémicas viejas que el mainstream académico ha barrido bajo la alfombra. Por ejemplo, la crítica a las funciones de producción neoclásica nunca la pudieron responder. Otro tema a poner en debate es la exaltación de las matemáticas. Se ha llegado a una cosa ridícula, no aceptan ningún escrito si no viene con profusas matemáticas. Como si con eso se pudiera suplir la falta de conceptos. Al respecto, un caso histórico: cuando Walras terminó su libro, lleno de ecuaciones, se lo llevó Poincaré, uno de los mejores matemáticos de su tiempo. Poincaré leyó entonces el libro e hizo una crítica muy sencilla. Dijo que si no se discuten los supuestos de la teoría económica (por ejemplo, que los salarios se pagan según la productividad marginal), las ecuaciones no demuestran nada. Tenía razón.
Termino diciendo que, como marxistas, es fundamental el estudio, que es la base del discurso crítico, del socialismo científico. De hecho, fue la última recomendación que dio Lenin en la Internacional Comunista. Dijo que el capitalismo les había dado un respiro, y era necesario aprovecharlo para profundizar en el estudio. Que si lo hacían serían invencibles. Parece exagerado, pero rescato su llamado al estudio. Hoy, ante la ofensiva reaccionaria en todos los planos de la cultura y la ciencia, el viejo consejo tiene actualidad.
Heller: Sobre el carácter de la obra de Marx
Me parece que es oportuno hacer un último comentario y recomendación. Les recomiendo que lean algo que a mí me provocó un gran impacto a los catorce años, que son las palabras de Engels en el momento del funeral de Marx. Él dijo: “Dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. […] Marx era, ante todo, un revolucionario”. Por eso, se refuerza el sentido que debemos reconocer en su famosa frase colocada en su polémica contra Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” Esto es fundamental.
Y realmente hay que unir, así como estamos hablando de la dialéctica y la teoría, con la práctica. Unirlas construyendo el instrumento político de transformación de la realidad, que solo puede ser un Partido Obrero. Y es que El Capital está dirigido a ese sujeto, la clase obrera, en un llamado a su organización.
Engels incluso sostiene que “La lucha era su elemento”, refiriéndose a su amigo y compañero de militancia. Y es por eso que fue odiado, perseguido. Marx no era un elemento que estaba encerrado en trabajo académico. Tenemos que unir con la práctica toda esta labor intelectual crítica que bien desarrolla Rolo, y que me parece brillante y necesaria para dotar de contenido nuestra acción política. No podemos dejar la batalla cultural, pero hay que unirla a una actividad de tipo militante. Por todo eso, saludo la actividad e iniciativa de la UJS encarnada en esta charla.
Estamos, en nuestro mundo y tiempo actual, frente a acontecimientos convulsivos. Miren nada más lo que ocurrió en Bolivia. Yo no quiero hacerles la película de que el levantamiento de los trabajadores bolivianos necesariamente triunfará, pero sí señalar que el desafío hoy es si los trabajadores logran avanzar y preparar las condiciones para un cambio de rumbo político y sindical. Esto, en una Latinoamérica atravesada por una redoblada ofensiva estadounidense en el hemisferio, es un proceso muy importante, un desafío histórico que debemos asumir los trabajadores de todas las naciones de América Latina.
Para eso, nuestra tarea aquí demanda este doble proceso. Colaborar en un aspecto académico crítico, sí, pero también en un proceso de organización y lucha. Y retomo aquí lo que dice Engels en el entierro de Marx: “la lucha era su elemento”. Nos está diciendo que la lucha era su elemento, y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos.
Este es el verdadero Marx. Y tenemos que tenerlo siempre claro para poder encarar integralmente un trabajo serio sobre su obra. Por lo menos dejarlo asentado para poder tomar todos estos elementos en función de comprender el sentido de su obra.
Y es una tarea en la que está empeñada la agrupación que nos ha invitado y que organizó la actividad… ¡y qué desafío gigante que tienen! Porque, como dijo Felipe, hay un dilema que es cada vez más claro que nunca: “socialismo o barbarie”. Veamos si no la masacre en Gaza. Uno esperaría que luego de la tragedia del Holocausto, los horrores de Auschwitz y otros campos de exterminio fueran cosas del pasado… y sin embargo hoy en día estamos viendo un genocidio en forma televisiva y atravesamos un clima general de guerras y revoluciones.
Con esto termino. Cuando en plena Primera Guerra Mundial le pidieron a Lenin que haga una breve síntesis de la etapa que atravesaba el mundo, respondió: “es una época de guerras y revoluciones.” Esto es lo que estamos viviendo actualmente.
Tenemos que estar a la altura de las circunstancias y hacer todo lo que podamos en materia de elaboración teórica. Porque no hay que dejar ningún flanco abierto. Tomo lo de Rolo también como un desafío. Porque él no se quedó en un “hay que mejorar”, sino que fue el primero en salir al cruce de ya no sé cuántos disparates que se han dicho. Esto no borra las polémicas que podremos mantener, y que me gustaría poder discutir en futuras instancias similares a esta.
Felipe (UJS)
Me parece brillante el cierre de ambos. Resumen los elementos vitales que tenemos que rescatar. En este sentido, yo ya mencioné al principio de mi presentación qué hacemos en este lugar: hablé del problema del discurso único en la carrera.
Es que el problema que enfrentamos hoy en día los estudiantes de la FCE es que en estos años uno no puede buscar una respuesta a un problema económico sin incorporar una lógica matemática y una batería de supuestos abstractos e irreales. Además, se tiende a exigir que absolutamente todos los papers publicados en las revistas más prestigiosas citen trabajos de econometría… o que sus conclusiones, para considerarse como válidas, se respalden con modelos econométricos. Este es un problema que derrama desde la cúpula del debate económico global. Tenemos el ejemplo ya mencionado de que incluso cuando un cuadro teórico fundacional de la síntesis neoclásica, como puede serlo Paul Samuelson, ensayó una respuesta a la crítica sraffiana a la función de producción neoclásica, la misma toma forma de empirismo econométrico. Un debate conceptual, de categorías, que pone en jaque un pilar fundamental del paradigma actual de la economía burguesa es clausurado con argumentos que atienden solo a elementos superficiales de la economía y no a la sustancia del problema. De más está decir que uno es muy afortunado en esta facultad si se cruza en su cursada con una de las pocas cátedras que expone este importantísimo debate.
Sin irme mucho en debates técnicos, yo creo que este encuentro forma parte de un reagrupamiento impulsado desde el MxE. La charla se enmarca justamente como una crítica a toda esta avanzada sobre las críticas que brindan otras perspectivas de pensamiento económico como lo puede ser la obra de Marx. Que es una perspectiva totalmente válida, cada vez más, de hecho.
Y digo más válida porque, por ejemplo, yo actualmente estoy leyendo el capítulo 13 del tomo 1 de El Capital para la materia “Economía Marxista” (que hoy día tiene 3 inscriptos, y ya no 135). En este, donde se expone el desarrollo de la maquinaria y la industria, yo lo leo y no puedo pensar en otra cosa que no sea en todos los debates que giran hoy en día en torno a la Inteligencia Artificial. Es decir, lo escrito por Marx tiene hoy un reflejo mucho más claro y global en la realidad económica que incluso en el siglo XIX. Y lo brillante de la Crítica a la Economía Política de Marx es que se desarrolla sin partir de un solo supuesto matemático. Porque esto también lo quiero resaltar. No hay un supuesto matemático como base del análisis de Marx. Se parte de un despliegue lógico radicalmente distinto a lo que estamos acostumbrados en nuestra carrera.
No son derivadas, no se parte de supuestos matemáticos abstractos. Sino que se parte de la abstracción de categorías sociales elementales como, por ejemplo, de la mercancía. Y a partir de un despliegue de estas categorías se va desentrañando, se va desenmarañando ese nudo gordiano… que otros eligen cortar, pero al que Marx muy inteligentemente le encuentra una vuelta que ni el mismo Alejandro Magno nunca pudo, y elige tirar inteligentemente hasta desanudarlo. Y en ese sentido, termina arribando a las conclusiones de su obra.
No quiero entretenerlos más. Tenemos una gran tarea al frente nuestro. Acá en Económicas supo haber muchas cátedras críticas, así como también un nucleamiento de compañeros, docentes y estudiantes, que llevaron adelante una necesaria tarea de la elaboración crítica, que se expresó no solamente en elaboración o en la currícula, sino también en la política universitaria. Me refiero a un desafío abierto por la recuperación de los órganos de representación política de los estudiantes. Porque si acá existió la escuelita de crítica a la economía política tuvimos también como resultado de ese proceso un reagrupamiento estudiantil que, aun con las diferencias políticas que supimos mantener entre la UJS y dicha corriente, logró arrancar por única vez la presidencia del CECE al radicalismo. Me estoy refiriendo a la TNT, con quienes copresidimos la FUBA piquetera en el 2001.
Y esto lo remarco porque hoy en día estamos siendo conducidos a la derrota y a la entrega de nuestras facultades por parte de la conducción de la FUBA y los centros de estudiantes. Porque no solamente avanzan contra las materias y cátedras críticas para evitar que nosotros podamos criticar las cosas que están mal, sino que se avanza hoy en día contra el derecho mismo a la educación pública.
Tenemos un gobierno que hace más de 200 días no aplica la Ley de Financiamiento Universitario. ¿Qué hace la FUBA y la FUA? ¿Qué hacen los Centros de Estudiantes? Nada. ¿Qué hacen los gremios docentes? Por ahora son los que están combatiendo, pero sin el claustro estudiantil apoyándolos, sus medidas siguen siendo aún muy aisladas para revertir el cuadro. Entonces en este sentido nosotros tenemos una tarea importantísima. Primero la de reagruparnos junto a nuestros compañerxs en torno a debates críticos, rescatando la perspectiva del pensamiento económico marxista. Y en segundo lugar, vamos a la tarea de discutir políticamente la intervención que demanda de los estudiantes críticos la etapa: qué es la organización política y la agitación para la recuperación de las herramientas gremiales de los estudiantes.
Así que, en ese sentido, los invito a formar parte de lo que es el resto del ciclo de charlas. Justamente, se habló mucho de la metodología hegeliana, de la dialéctica, quedó volando la problemática del dinero. Esas cosas las vamos a abordar en la clase siguiente.
Porque, como bien dijo Rolo, nosotros pasamos toda la carrera sin saber lo que es el dinero hasta que de repente ¿Hay reservas? ¿Hay déficit? ¿Alguno sabe cómo emite el Banco Central siquiera? Les aseguro que muy pocos compañeros de la facultad realmente lo saben… ¡si ni siquiera se nos explica qué es el dinero hasta las últimas materias de la carrera! Los futuros economistas no sabemos lo que es el papel moneda que rige nuestras vidas.
La vigencia del análisis de Marx está clara. Ahora, queda en nosotros ver cómo podemos seguir ayudando a desenrollar ese nudo, a continuar la disputa teórica pero también la lucha política. Todas estas discusiones que aún no están cerradas. Pero por sobre todo, déjennos extender una invitación central de cara a la etapa que se abre.
Nosotros entendemos que venimos de un retroceso gigante en cuanto a la cooptación política de las corrientes que militan en la juventud, que tiene su correlato a nivel de los debates académicos, sí, pero que también deviene en una profunda desmoralización que se manifiesta en la expresión política que hoy en día gobierna la Argentina. Una expresión política que es bastante bruta, por no decir más.
Sin embargo, empieza a avizorarse un cambio de ánimo social, que permite anticipar el surgimiento de cierta inquietud, ganas o, si se quiere, voluntad de demandar discusiones en torno a El Capital y la vigencia de sus polémicas. Esto se manifiesta en un alza en la simpatía con el FIT en su conjunto y sus luchas, cristalizado en la aprobación de sus principales referentes.
Así que, en ese sentido, desde el MxE, no solamente queremos seguir dándole impulso a este ciclo de charlas académicas de El Capital, sino también abrir la discusión a los intelectuales y a los activistas críticos de nuestra casa de estudios. Invitarlos, también, a que se incorporen a la construcción de comités unitarios del Frente de Izquierda, en vista a construir una alternativa política de los trabajadores y una asamblea nacional del Frente de Izquierda. Esto es una iniciativa fundamental para actuar como un único bloque político y que superemos esta etapa de retroceso en nuestras condiciones de vida y de progresiva descomposición (y mercantilización) de nuestra educación universitaria.
