Este 23 de junio se cumplieron 10 años del Brexit, del referéndum a través del cual el Reino Unido vota mayoritariamente (52 a 48%) abandonar la Unión Europea (UE). A partir de este hecho se abre un proceso de enorme inestabilidad en el régimen político del Reino Unido. Como botón de muestra de esta gran volatilidad política, Keir Starmer presenta su esperada renuncia como Primer Ministroun día antes de que se cumplan los 10 años.
Con la salida de Starmer, que se va a concretar el 17 de julio, el Reino Unido tendrá su séptimo primer ministro en una década.
El referéndum sobre el Brexit provoca la caída de David Cameron que fue primer ministro británico entre 2010 y 2016 por el Partido Conservador. Cameron convoca al referéndum por la presión dentro del propio Partido Conservador y por el crecimiento del UK Independence Party dirigido por Nigel Farage, que hoy es el líder de Reform UK y venía ganándole muchos votantes al Partido Conservador con una campaña antiinmigrantes y contra la integración a la UE.
En 2016 asume Theresa May quien presenta un plan para llevar adelante el Brexit pero dejando al Reino Unido dentro de la órbita económica de la UE. La línea más dura del Partido Conservador se planta contra su plan que finalmente es rechazado por el Parlamento en tres ocasiones y, en mayo de 2019, anuncia su dimisión.
Asume Boris Johnson, quién cerrara un acuerdo sobre el Brexit: Reino Unido se va de las instituciones de la UE; pone fin a la libre circulación de personas entre el Reino Unido y la UE; recupera el control nacional sobre la política migratoria y permite al Reino Unido negociar sus propios acuerdos comerciales con terceros países.
En el marco de este proceso de ruptura con la UE, viene la pandemia y Boris Johnson aparece envuelto en una serie de escándalos, entre ellos, las fiestas celebradas en Downing Street que infringían las normas del confinamiento por el coronavirus impuestas por su propio Gobierno (como las del presidente argentino Alberto Fernández en la quinta presidencial de Olivos).
Johnson es obligado a renunciar en 2022 y asume Liz Truss que solo dura seis semanas. Bajo su mes y medio de gobierno la libra esterlina cae a su nivel más bajo de la historia frente al dólar— y su partido la destituyó rápidamente. En 2024 entonces, Rishi Sunak asume en su lugar y convoca elecciones generales porque la crisis del Partido Conservador es tan grande que es insostenible mantener cualquier primer ministro de este partido en el gobierno.
En las elecciones generales el Partido Laborista aplasta al Partido Conservador.
Es entonces cuando asume Starmer como primer ministro. Starmer, en los años previos, preside el Partido Laborista reemplazando a Jemery Corbyn que abandona la presidencia del partido cuando en las elecciones de 2019 el Partido Laborista sufre la peor derrota electoral desde 1935. Desde que Starmer asume la presidencia, empieza a llevar adelante una “caza de brujas” contra los sectores más de izquierda de su partido, con suspensiones y expulsiones. En este proceso el propio Corbyn y, más recientemente, Sara Sultana, fueron expulsados del Partido Laborista. Esto abre un proceso muy interesante porque estos sectores van a empezar a hacerse eco de las luchas contra el ajuste y contra la colaboración directa del gobierno de Starmer con el genocidio sobre el pueblo palestino. Su ala más radicalizada, encabezada por Sultana va a forzar la conformación de Your Party.
El trasfondo de la inestabilidad política en Reino Unido
Para pensar la crisis actual en Reino Unido, nos tenemos que remontar a los efectos de la crisis financiera mundial de 2008. Esta tuvo efectos devastadores y de largo alcance en la economía de RU, que redundaron en una enorme precarización de las condiciones de vida del conjunto de la población de Reino Unido. La economía entra en recesión y el PBI cae alrededor del 6%, miles de empresas cerraron, se desplomó el consumo. Junto con esto, el gobierno inyecta miles de millones de libras para evitar el colapso del sistema financiero y lanza el rescate al Royal Bank of Scotland, el Lloyds Bank Group y Northern Rock. Esto genera una pauperización cada vez mayor en las condiciones de vida. Una política de austeridad que redujo el gasto público, congeló los salarios en el sector público, y entre otras cosas más, se recortaron ayudas sociales. Otro de los efectos es el crecimiento del desempleo que sube 3 puntos: del 5 al 8%.
Sobre esta base de esta crisis económica la ultra derecha y sectores del Partido Conservador empiezan a llevar adelante una campaña al estilo Trump de “make America great again” poniendo el eje enla historia de Reino Unido como potencia. Una campaña que coloca la idea de que la integración con la UE frenó al Reino Unido en avanzar económicamente como podría haberlo hecho. Fundamentalmente la campaña se centra en un cuestionamiento a que la integración a la UE permite el ingreso indiscriminado de inmigrantes. Evidentemente la ultraderecha está siendo efectiva en canalizar el descontento por la precaria situación económica en estos elementos y no solo en la crisis financiera mundial de 2008.
Ahora, las condiciones económicas en Reino Unido desde el Brexit han empeorado aún más que la situación que se venía arrastrando desde 2008. Acompañando todo un proceso de retrocesos y crisis económica en Europa pero que en Reino Unido registra números todavía peores.
La economía se ha estancado y el comercio se ha reducido. Gran Bretaña es más pobre de lo que podría haber sido. Su producto interior bruto es, como mínimo, un 4 % —aunque podría llegar a ser hasta un 8 %— inferior, según cálculos independientes, mientras que la inversión empresarial es más de un 10 % menor. Además, ha añadido nuevas dificultades a la vida de los británicos: nuevos controles fronterizos al viajar a países de la UE, normas de residencia más estrictas para vivir allí y menos oportunidades para que los estudiantes estudien en el extranjero. Incluso el simple hecho de utilizar un teléfono móvil en «itinerancia» suele costar más de lo que solía costar. (NYT 22/06/2026).
Desde 2016 la industria del Reino Unido ha caído en gran parte por la crisis energética -una de las principales consecuencias para Europa de la guerra con Ucrania- pero, también, por la competencia China. Esto es común a toda Europa: hay una desaceleración económica, pero en Reino Unido la desaceleración es mayor. La participación de Gran Bretaña en las exportaciones mundiales de bienes ha caído con especial rapidez, pasando del 2,6 % al 2,1 % en 2025. Esto supone un descenso del 17 % (en el mismo periodo, la participación de la UE solo disminuyó un 6 %). (The Economist)
El 48% de los bienes que se producen en Reino Unido van al continente y la carga de normas y trámites burocráticos post Brexit ha enlentecido sus exportaciones haciéndolas cada vez más difíciles, sobre todo para las pequeñas empresas, porque las empresas grandes cuentan con equipos especializados para preparar todo este tipo de trámites. Las más chicas no: muchas de ellas no pudieron hacerse cargo de los plazos de entrega y los costos de aduana. Esta situación provocó que un 20% de las empresas británicas más pequeñas exporten un 30% menos. Más de 16.000 empresas —el 14% de todas las empresas que exportaban al continente— dejaron de vender a la UE por completo.
Pero también ha habido otros costos políticos que se agudizan al calor del avance de la ultraderecha, uno de ellos la agudización de las contradicciones entre las naciones del propio Reino Unido. Porque, el resultado del referéndum fue más una manifestación del nacionalismo inglés que del británico: las mayorías en Escocia e Irlanda del Norte votaron a favor de permanecer en la Unión Europea.
Respecto de la inmigración, es interesante ver cómo se van desarrollando las contradicciones al calor de la crisis. En 2021, hubo una flexibilización a las restricciones hacia la inmigración por parte del mismo gobierno Conservador de Boris Johnson que efectivizó el Brexit. Esta flexibilización de restricciones provocó una oleada inmigratoria de sectores que vienen de India y Nigeria, entre otros países. La inmigración por fuera de Europa alcanzó para 2023 el millón de personas. Más de 460.000 estudiantes y sus dependientes llegaron ese año, cubriendo las deficiencias financieras de las universidades. Muchos de los 471.000 inmigrantes que llegaron con visados de trabajo lo hicieron para cubrir vacantes en el sector sanitario y de asistencia social, actividades que en la pandemia fueron fundamentales.
El gobierno de Starmer y el Partido Laborista contra la inmigración
Es importante recordar que Starmer es (seguirá siendo hasta el 17 de julio) un primer ministro laborista, no del partido conservador, ni de la ultraderecha. Esto es importante mencionarlo porque si bien las campañas contra la inmigración suelen relacionarse más frecuentemente con los grupos de ultraderecha que las impulsan, desde el gobierno el Partido Laborista también ejecuto una campaña antiinmigratoria, muy a tono con un proceso generalizado dentro de Europa.
Además de la “caza de brujas” que Starmer llevó adelante dentro del Partido Laborista, encarnó también una política antiinmigratoria. Sus discursos sobre la inmigración se fueron asimilando cada vez más, a los de la ultraderecha. En mayo de 2025 pronunció un discurso en el que dijo que había que tener reglas claras para cuidar las fronteras porque sin ellas se corría el riesgo de transformarse en una isla de desconocidos. Esta expresión fue rápidamente repudiada por distintos sectores porque se asemeja a un discurso de un marcado tono racista que un político conservador, Enoch Powel, pronunció en 1968 en momentos donde se estaba produciendo una oleada inmigratoria desde algunos países que eran parte del Commonwealth, como India o Pakistán, hacia Reino Unido. Powel fue echado entonces del propio Partido Conservador por alentar la violencia hacia los inmigrantes en ese discurso que tituló “Ríos de Sangre”. Starmer tuvo que disculparse y alegó no haber leído con atención el discurso que había dado hacía unos minutos.
Recordemos que hace tan solo un mes, el norte de Irlanda fue sacudido por progromos organizados por sectores Loyalistas (así se llama a los leales incondicionales de la monarquía y el imperio) contra los inmigrantes. La cuestión inmigratoria es una de los elementos que hicieron que Reform UK, el partido de ultraderecha dirigido por Nigel Farage, pegara un salto muy grande, particularmente, después de las últimas elecciones. Las marchas contra los inmigrantes están siendo bastante grandes, aunque también estamos viendo cómo se desarrollan marchas en favor de los inmigrantes.
Además, Starmer sostuvo un apoyo incondicional a Israel apuntalando el genocidio del pueblo palestino. Sostuvo 320 licencias para exportar armas al Estado genocida de Israel, entre ellos aviones F-35, mantuvo el intercambio de inteligencia y reprimió brutalmente toda manifestación en favor del pueblo palestino dentro del Reino Unido. De hecho, hay militantes de Palestine Action que continúan en prisión porque el gobierno endureció las penas llegando hasta 8 años de prisión para los activistas.
Junto con estas políticas claramente derechistas, Starmer se destacó por llevar adelante políticas zigzagueantes relacionadas a prestaciones sociales, producto de importantes protestas en contra: endureció las normas de acceso a la ayuda para la calefacción en invierno destinadas a las personas mayores y luego las flexibilizó. Suspendió a los diputados laboristas que votaron a favor de eliminar el límite de dos hijos para el acceso a las prestaciones sociales y, posteriormente, suprimió dicho límite. Suavizó los planes sobre el impuesto de sucesiones ante las protestas y dio marcha atrás en los recortes a las prestaciones sociales tras la oposición de su propio partido. Este zigzagueo político lo que muestra es una fuerte resistencia social y un fuerte titubeo y falta de plan al respecto en la política de gobierno.
La crisis de Starmer se profundiza con la renuncia del ministro de Defensa, John Healey, y el de las Fuerzas Armadas, Al Carns. Además de su asignado embajador norteamericano, vinculado con los archivos del corrupto y pedófilo yanqui Jeffrey Epstein. Todos elementos que fueron un condimento extra que minó al primer ministro laborista.
Un nuevo ministro que no va a resolver la crisis de fondo
Starmer presenta su renuncia y quien asumirá el cargo de Primer Ministro va a ser Andy Burnham. En junio de 2026 quedó vacante el escaño de Makerfield y gana Burnham por el 55% de los votos, mientras que Rob Kenyon de Reform UK saca el 34% de los votos.
Burmham era el alcalde del Gran Manchester en el norte de Inglaterra y es el único lugar en el que el Partido Laborista no fue humillado en las últimas elecciones locales, de hecho, Burnham gana por mucho. En sus discursos, el futuro primer ministro, hace hincapié en la unidad entre los habitantes de Reino Unido. Es parte de lo que se conoce como el “softleft” (izquierda blanda) del Partido Laborista.
La semana pasada dio un discurso en ese sentido apuntando a la cohesión y colaboración entre todos los habitantes del Reino Unido, se monta sobre ciertos éxitos sobre las redes de transporte público en Manchester. Si bien viene evitando pronunciarse sobre el genocidio en Gaza, sabemos que es amigo de Israel, así lo hacen saber denuncias de distintos sectores pro palestina y fue miembro de “los amigos laboristas de Israel” desde 2015.
Andy Burnham tendrá que lidiar contra las profundas contradicciones por las que atraviesa el Reino Unido en un marco de crisis económica, canalizado hasta el momento por el ascenso de la ultra derecha pero también en el marco de grandes protestas en defensa de los inmigrantes y sobre todo, en defensa del pueblo Palestino. A la vez que tendrá que volver a relacionarse con la Unión Europea desde condiciones mucho más desfavorables. Todas tendencias que tienden a profundizarse y a generar choques cada vez más fuertes que no prometen ayudar a estabilizar a un régimen político en quiebra.