Hay una frase de Eduardo Galeano, autor entre otros libros de El fútbol a sol y a sombra, gran elixir de los amantes de la redonda y la literatura, que dice más o menos lo siguiente: «Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: Cerrado por fútbol. Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido. Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia. Ya empiezo a extrañar la insoportable letanía de las vuvuzelas, la emoción de los goles no aptos para cardíacos, la belleza de las mejores jugadas repetidas en cámara lenta. Y también la fiesta y el luto, porque a veces el fútbol es una alegría que duele”.
Ninguna copa del mundo ni competencia deportiva anula la realidad. Eso es innegable. Siguen los ataques de la guerra imperialista, los golpes de Milei al pueblo argentino, las diatribas planificadas por años de males por el Fondo Monetario Internacional y la lucha de clases en sí misma.
Pero el Mundial atrapa, enamora, enraíza, envuelve, ordena, quiere, ama, desordena, condena y muchas otras cosas que solo la pelota que se mueve en muchos partidos seguidos de las mejores selecciones del mundo puede explicar.
Pero detrás del show están las claves: el empacho por el fútbol total, lejos de estar ajeno, profundiza problemáticas capitalistas de todo tipo. En homenaje a uno de los momentos preferidos de mi vida de fanático, aquí van algunas de ellas.
Control
Uno podría categorizar a esta Copa del Mundo como el Mundial del FIFA Gate. Esto implica hacer una historización. Es un Mundial en el que Estados Unidos tiene mucho poder. De hecho, que se juegue en México y en Canadá es casi una pantalla. Setenta y ocho de los ciento cuatro partidos (el 75%) se llevarán en la tierra de Mickey Mouse. El control político del Mundial es de Estados Unidos y eso tiene que ver con que este país tomó por asalto el fútbol hace mucho tiempo.
¿Cómo se dio esto? En diciembre del 2010, la comitiva de la FIFA con Sepp Blatter (mandamás de la FIFA), Michelle Platini, (liderando la UEFA) y muchos otros dirigentes del fútbol mundial (entre los que se encontraba Julio Humberto Grondona) decidieron, por primera vez, votar al mismo tiempo dos sedes mundialistas, para los certámenes del 2018 y del 2022. Todo estaba preparado para que Estados Unidos se llevara alguna: Bill Clinton, representante del gobierno de Barack Obama, fue al Congreso para la conmemoración. Pero algo falló. Una traición con acusaciones de sobornos: Estados Unidos no tuvo lo que quería y vio como la Rusia de Putin y Qatar le quitaban sus sueños. Cuenta la leyenda que esa noche Clinton rompió el espejo del hotel revoleando un cenicero. Alguna vez el periodista Cherquis Bialo confesó que ese mismo día Grondona, titular de la AFA y vice de la FIFA, había advertido que los yanquis se vengarían. “Van a ir todos presos, aunque yo voy a estar muerto”. Si la anécdota del ex vocero de la AFA es real, “Don Julio” fue un verdadero visionario.
Eso lleva el tema a otra fecha, el 27 de mayo del 2015, día histórico en el que el FBI hizo una incursión y se llevó presos a varios dirigentes de la máxima entidad futbolera, como Eugenio Figueredo, Jack Warner, Jeffrey Webb, Rafael Esquivel, entre otros, siempre del fútbol sudamericano y centroamericano. Platini y Blatter no quedaron tras las rejas, pero sí muy condicionados: ambos tuvieron que dimitir de sus responsabilidades y jamás volverían a la élite del balompié mundial.
La legislación que amparaba a Estados Unidos a hacer lo que hizo se encuentra vinculada a la Ley RICO, que investiga organizaciones corruptas. Como una parte de las operaciones de lavado y sobornos que la FIFA encontró por investigaciones y por el “soplón” Chuck Blazer pasaba como tránsito por el país norteamericano, el FBI se autoproclamó con el derecho a intervenir. La fiscal Loretta Lynch, que hoy trabaja para un bufete de abogados que asesora a la FIFA, quedó para la historia. Según sus palabras, los servicios de espionaje e inteligencia yanquis hacían lo que hacían “por el bien del fútbol”.
Si bien los dirigentes y empresarios del negocio de la televisión imputados o murieron o lograron su libertad (al día de hoy algunos siguen negociándola y Blatter y Platini fueron absueltos), el golpe de timón modificó el fútbol mundial: los creadores del soccer pasaron a influir decididamente en los hilos del máximo deporte mundial.
Los números son significativos: Copa América 2016, 2024 y posiblemente la del 2028, Mundial de Clubes 2025, organización abrumadora y mayoritaria de la tertulia del 2026 y, de yapa, Juegos Olímpicos 2028 en Los Ángeles, además de un cambio geopolítico que colocó a USA en las primeras planas del fútbol mundial, con Lionel Messi y el Inter Miami a la cabeza.
Esto y ninguna otra cosa explican el servilismo de la FIFA y de Gianni Infantino a la política estadounidense, incluso antes que Trump: no dudó el dirigente en apartar a Rusia de todas las competencias y solidarizarse con Ucrania, una política diametralmente opuesta a la que toma en otras ocasiones. No se pronunció ni declarativamente por el guerrerismo de Trump y buscó que los referentes deportivos de Palestina e Israel “se dieran la mano” delante de las cámaras, algo que no fue aceptado por el primero.
Infantino otorgó durante el sorteo el Premio FIFA de La Paz, en la que ya fue una profundísima tergiversación de la realidad o un anticipo del control.
168
La tapa del diario francés L´Equipe tiene en la tapa un “Welcome to USA” y un Trump que sostiene con una mano la Copa del Mundo y con la otra un muñeco de Infantino, al lado de un soldado. La ilustración la finaliza una foto del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, el mejor de África, al que se le fue negada la visa para la entrada al Mundial. “Verificación de antecedentes”, interrogatorios de 11 horas de duración total, Artan fue recibido en estos días como un héroe en su país.
Su caso es evidencia cruenta de la manipulación política y deportiva. Algo que no ocurrió solo en este caso: Aymen Hussein, jugador de la selección de Irak, fue detenido por siete horas en las oficinas de migraciones, antes de ingresar al país. Las delegaciones de Sudáfrica, Senegal, Uzbekistán, junto al jugador suizo Breel Embolo y sectores de la hinchada escocesa también tuvieron problemas de visado.
En esa misma línea, la selección de Irán, primera agredida bélica en ir a jugar una Copa del Mundo a un país agresor, sufre el mismo régimen. Por seguridad decidió concentrarse en Tijuana, a pesar de tener los dos partidos de grupos en tierras estadounidenses (Seattle y Los Ángeles). Mientras esta nota está siendo escrita, USA no garantiza la entrada de todo el cuerpo técnico y les permite viajar siempre el día del partido para estar en sus tierras lo menos posible. La FIFA, ente que en sus estatutos profesa la “neutralidad política”, le negó sorpresivamente las entradas de protocolo a la selección. Al presidente de la federación de fútbol Mehdi Taj y a otros 14 integrantes de la delegación directamente se les negaron las visas.
El plantel respondió políticamente: aterrizó en Tijuana con un pin en el saco con el número #168, en alusión a las víctimas, principalmente niños y niñas, que murieron en el ataque de Estados Unidos el último 28 de febrero contra una escuela en Minab.
La misma entidad “apolítica” le acaba de pedir a Haití que cambie una parte de su camiseta porque tenía una ilustración en referencia a la Batalla de Vertieres, clave en la independencia ante Francia.
La cuenta de Twitter Capitán Swing hizo un posteo con la frase “World Cup 2026” y una pelota encerrada en los alambres del muro migratorio de los Estados Unidos.
Para pocos
Una reciente investigación del periodista Florian Lefèvre en Le Monde Diplomatique revela el carácter exclusivo que hoy tiene la Copa Mundial de la FIFA, pensado para los espectadores de los espectros sociales más altos, marginalizando de los estadios y sus gradas a las mayorías populares. Dice el autor: “Basándose en capturas de pantalla enviadas por personas seleccionadas al azar durante la primera fase de venta, el sitio web The Athletic recopiló todas las tarifas. Para las categorías 1 y 2, que representan la gran mayoría de las localidades, los precios oscilan entre 260 y 805 dólares en la primera ronda, y luego suben hasta 6.370 dólares, cuando el salario medio en México es de unos 400 dólares. Habrá que desembolsar un mínimo de 2.790 dólares por persona para ver la final en la categoría 3, es decir, en la parte más alta del estadio de Nueva York, o incluso mucho más si se utiliza la plataforma oficial de intercambio y reventa (…) Las federaciones de los países clasificados disponen cada una del 8% de la capacidad de los estadios. Estas entradas destinadas a los hinchas garantizan el ambiente y, por lo tanto, valorizan el “producto” televisivo. Pero a los espectadores también se les imponen tarifas exorbitantes. Una red europea hizo el cálculo: ´Si un fanático quiere seguir a su equipo desde el primer partido hasta la final, le costará como mínimo 6.900 dólares, es decir, casi cinco veces más que en la Copa del Mundo de Qatar´. Algo imposible para una familia de clase trabajadora”.
El autor tituló su investigación así. “Un Mundial para pocos”.
Anti-FIFA
Este 10 de junio se llevó adelante, en la Ciudad de México, el Torneo Anti-Copa del Mundo y Anti-FIFA, en la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas “Samir Flores Soberanes”. El evento recogió el divertimento futbolero como una campaña de agitación, la necesidad de rechazar el Mundial organizado por la FIFA. En esa ciudad se realizará el encuentro inaugural, entre México y Sudáfrica, en el Estadio Azteca, el primero en la historia en recibir tres Mundiales.
Mientras esta nota está siendo terminada, el activismo vinculado a este sector se encuentra organizando una movilización el día del puntapié inicial. La idea es contraponer el lucro y la privatización lujosa de la copa del mundo en contraste con el deterioro de las condiciones de vida del pueblo.
Hay siete movilizaciones anunciadas para ese día. Según el sitio Histoporte, confluirán transportistas, madres buscadoras, organizaciones campesinas, pensionados de Pemex, colectivos sociales, trabajadores de la salud y los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Estos últimos, los docentes, se encuentran haciendo un acampe de cerca de 15 mil personas en el DF, cerca de la zona mundialista. Exigen aumento de salarios y la eliminación de un sistema de jubilaciones privadas. Hace unos días le dedicaron una bandera a la presidenta Claudia Sheinbaum: “Presidenta, si no hay solución, no rodará su balón”.