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OnlyFans: ¿fenómeno moderno o uberización de la pornografía y la prostitución?

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8/8/2026

OnlyFans: ¿fenómeno moderno o uberización de la pornografía y la prostitución?


En septiembre de 2025, los cuerpos torturados de Brenda del Castillo (20), Morena Verri (20) y Lara Gutiérrez (15) aparecieron en una casa de Florencio Varela. Las tres eran de La Matanza, dos de ellas se ganaban la vida ejerciendo la prostitución, y fueron asesinadas por una banda narco tras ser convocadas con una falsa oferta de trabajo sexual. El triple femicidio desnudó una realidad que atraviesa a miles de pibas pobres en los barrios copados por el narcotráfico: el circuito de la prostitución va de la mano del negocio de la droga y suele ser la única alternativa frente a un mercado laboral hiperprecarizado, donde además quedan expuestas a los abusos y agravios de todo orden. Ese punto de partida no es casual. 

La expansión de la industria del sexo – de la prostitución callejera al contenido ondemand de plataformas como OnlyFans – no puede explicarse sin la brutal degradación de las condiciones de vida de la clase trabajadora en esta etapa de descomposición capitalista, que golpea en particular a la juventud y profundiza la opresión sobre mujeres y diversidades (un proceso que merece un desarrollo propio). El capital encuentra en esa vulnerabilidad un negocio que crece en la marginalidad pero mueve ganancias millonarias, una alternativa de altísima rentabilidad frente al declive de ramas tradicionales de la industria. Y el Estado no es ajeno: entre el retiro de las políticas sociales, la connivencia de las fuerzas de seguridad con el avance narco en los barrios populares, y su propio rol como sostén de un aparato prostituyente, es parte de las condiciones que hacen posible este drama.

El boom de OnlyFans

En los tiempos que corren, hablar de prostitución o pornografía sin mencionar a OnlyFans, es ignorar un fenómeno enorme que lejos de estancarse, está en uno de sus picos de expansión. Sólo entre 2024 y 2026, la plataforma de “creación de contenido” creció un 25% en usuarios, alcanzando los 377 millones de usuarios, y más de 4 millones de creadores. Argentina no se queda atrás, se calcula que existen entre 4 y 6 millones de usuarios registrados (entre creadores y consumidores de contenido) y que en los últimos dos años hubo un crecimiento de las búsquedas para crear perfiles de OnlyFans. 

Dicho esto, OnlyFans es el ejemplo más conocido, y que atravesó más polémicas, si bien no es la única forma o plataforma de compra-venta de contenido. Hablamos de OnlyFans porque es la cristalización de un modelo que viene atravesando otras industrias: la uberización. 

Entonces, en clave socialista, ¿cuál es la posición que debemos tomar frente a una realidad objetiva? En este caso, que millones de mujeres, diversidades y hasta varones cis se registran en esta plataforma para generar ingresos extras a partir de la comercialización de contenidos de tipo sexual. Para arribar a esta conclusión debemos partir del análisis del crecimiento y la consolidación de OnlyFans como protagonista de la llamada “industria del sexo”. 

De la creación de contenido al protagonismo de la industria sexual 

OnlyFans surge en 2016 pensada como una plataforma para la creación de contenido premium, como Patreon, un espacio de intercambio entre los crecientes “influencers” y sus seguidores, mediado por un aporte económico. En 2018, una parte mayoritaria de la compañía es adquirida por Leonid Radvinsky, propietario del sitio web de sexo en vivo MyFreeCams, otra plataforma más antigua (activa desde 2004) basada en el broadcast de contenido nudista de “camgirls” a cambio de “propinas”. A partir de la compra, hay un vuelco en qué tipo de contenido es favorecido y buscado dentro de la plataforma. Con la pandemia y las restricciones de movilidad de las personas, entre el boom de la virtualización y la crisis de desempleo, OnlyFans explotó: en enero de 2021 “celebraron” haber llegado a 100 millones de usuarios. 

El empuje que recibe la plataforma tiene varias causas: el primero es que OnlyFans es promocionada como una forma “fácil” de generar dinero. En economías pauperizadas y cuando las mujeres pagan especialmente los platos rotos de la crisis – somos las primeras en ser despedidas y las primeras en ser contratadas en forma precarizada (la CEPA reporta que significamos el 62% de las personas con menores ingresos en el país) – la aparición del pluriempleo o del “rebusque” para parar la olla aumenta y las opciones que están a mano se reducen. ¿El resultado? Millones de mujeres son expuestas a lo que parece “una salida fácil”. 

Según El Litoral, el promedio de los ingresos de las cuentas de OnlyFans se ubica por debajo de los 100 dólares. Muy lejano a la aspiracionalidad que prometen las famosas y los medios de comunicación, que prometen ganancias jugosas y vidas lujosas sin necesidad de romperse el lomo laburando. Aparece todo lo contrario: la competencia por qué contenido performa mejor, por ser las favoritas del algoritmo, por qué colaboraciones se pueden hacer para hacer crecer el perfil. Aparecen las agencias y gestores de perfiles, es decir, OnlyFans muestra su verdadera cara que no es “gestionar tus propios horarios” y ganate el mango sin un jefe que te esté diciendo qué hacer. El jefe es el algoritmo y la necesidad de levantar cabeza en una plataforma plagada. Como Uber, Pedidos Ya, etc. 

Uberización y la pelea por el reconocimiento del algoritmo

Entonces, en un contexto de enorme depuración de capital sobrante, de desinversión productiva, de flexibilización mundial de las condiciones de trabajo, millones de personas empiezan a ver estas plataformas como única entrada de ingresos posible. En el caso de OF, hasta funciona como ingresos extras para docentes, médicas, enfermeras, comerciantes. Y en este proceso, con un mercado casi colapsado, aumentan las tensiones competitivas por ganar la atención y los dólares de los que consumen pornografía, y las prácticas se superponen: proliferan los pedidos on-demand, las colaboraciones con otros creadores, las experiencias más cercanas (girlfriend/boyfriendexperience) y las líneas entre lo digital y lo físico se borran.

El cuerpo de las personas, especialmente de las mujeres, vuelve a exponerse a las relaciones sexuales mediadas por la monetización, por ende, por la subordinación y anulación del deseo sexual de quién debe satisfacer la demanda de quien paga por satisfacer el propio – es decir por las exigencias del cliente – y de las mismas plataformas. Es el caso del trend “competitive sex”, una carrera por quienes pueden tener relaciones sexuales con más hombres en menos tiempo, para alimentar el algoritmo. 

De acá sale la conocida Bonnie Blue (1057 hombres en 12 hs) o Annie Knight (583 hombres en 6 hs), experiencias deshumanizantes, extremas, y que ponen en riesgo la salud física y mental de quienes están expuestas. Estas prácticas parten aguas: hay quienes las denunciamos como formas de explotación extrema del cuerpo, y quienes las definen como “una forma de vivir libremente la sexualidad” o “hacer lo que quieran con sus cuerpos”. Son las mismas posiciones que defienden que toda forma de trabajo es una especie de prostitución, abstrayendo el contexto en el que se lleva adelante cada actividad. 

Bonnie Blue recientemente fue expulsada de OnlyFans por ir un paso más allá, planificando su propio “petting zoo”, un evento de 24 horas, donde los hombres pueden ir a, en sus propias palabras, usarla. “Durante 24 horas, soy toda tuya. Atada, amordazada, inclinada, suplicando: como me quieras, me puedes tener. Sin límites. Sin descansos. Solo yo, en una caja y lista para ser usada”, afirmaba en su web. Este fenómeno encendió distintos debates en redes sociales, algunos sobre su autora, criticándola por perpetuar la cultura de la violación. Otros, mirando atentamente a los miles de hombres que se inscribieron, emparentándolos incluso con los cientos de violadores que durante años abusaron de Gisèle Pelicot.

Un abordaje socialista y de clase sobre las “nuevas formas” de la industria sexual

Y es que, para un abordaje del problema integralmente, y críticamente, tenemos que mirar más allá de las decisiones individuales sino relevar las grandes tendencias generales que atraviesan a las y los trabajadores. Partimos de que el pico de crecimiento de la plataforma se da en un contexto de una crisis global de las condiciones de vida de los trabajadores en general y de las mujeres y diversidades en particular. También sabemos que la prostitución y las actividades que caen dentro de la “industria del sexo” fueron históricamente y mayoritariamente ocupados por mujeres condicionadas por sus condiciones materiales. 

Y tampoco podemos ignorar que la uberización de la prostitución es un gran drama social porque además se presenta como una forma no coercitiva y hasta libre del ejercicio de la sexualidad. Acerca “inocentemente” a cada vez más personas (especialmente mujeres jóvenes de escasos recursos) a un esquema en donde las presiones para ir de vender fotos “sugestivas” o incluso “contenido inocente” (como fotos de pies, axilas, manos) a la prostitución están más presentes que nunca, y las herramientas al alcance de la mano. Los viejos “papelitos” pegados en la calle hoy también son las publicidades pautadas en las mismas redes sociales. Productoras millonarias que reclutan, crean contenido, moderan, interactúan con quienes consumen, plataformas que extraen ganancias de la exposición de quienes ponen el cuerpo, contenidos de dudosa procedencia que, si son denunciados en OnlyFans, circulan por otras páginas, desde Deep Fakes (la creación con IA de imágenes y videos falsos) hasta “revengeporn” (desnudos o relaciones sexuales grabadas y distribuidas sin consentimiento).

La pornografía y la prostitución no pueden verse como dos fenómenos separados. En primer lugar, porque son el corazón de la misma industria del sexo, que toma distintas formas: fotos, videos, prostitución callejera, lugares de masajes, escorts, bares de striptease, departamentos privados, prostitución VIP, sugarbabies, etc. A todas las manifestaciones de esta industria, las une una utilización particular sobre el cuerpo de mujeres, feminidades – y en menor medida varones – para el rédito de unos pocos que no es similar a la de los trabajos remunerados, aún en las peores condiciones: para la realización de la mercancía encarnada en el cuerpo de las personas (especialmente las mujeres), hay un acceso a partes del cuerpo que en cualquier otro trabajo están restringidas (relacionadas al placer, el erotismo y la genitalidad), pero sobre todo, hay una reducción de la vida de las personas a que ellas mismas sean una mercancía, no lo que producen, no lo que emana de su trabajo. 

Esta relación de deshumanización es más sencilla de abordar cuando hablamos de situaciones como la prostitución forzosa, incluso más aún cuando la trata de personas está involucrada. Hay un avasallamiento más claro de la autonomía de la persona que es víctima de este circuito. Pero para hablar de las formas uberizadas de la pornografía y la prostitución online, también debemos prestar atención a los condicionamientos que significan que el vínculo sexual, la relación entre dos o más personas, se transforme en una relación transaccional, donde no hay una igualdad real entre pares. 

“La prostitución excluye cualquier sentido de placer o reciprocidad en las relaciones sexuales. Su finalidad es asegurar que la persona que “consume” prostitución lleve adelante sus propios deseos sexuales (también alienados), para lo cual la persona prostituida no debe anteponer ni su deseo personal ni su placer, ni decidir sobre qué tipo de actividad sexual se va a realizar o no”, expresa Luciana Alter en su texto “El negocio capitalista de la prostitución”. Hay un consumidor, y un consumido. Una industria millonaria capitalista que sostiene esta relación desigual para obtener un rédito económico. Y Estados que intervienen en favor de la continuación de este proceso de consumo.

No es nuestra intención negar la existencia de casos particulares donde “creadoras de contenido” amasan millones de dólares a través de estas plataformas (que se quedan con el 20% de todo lo acumulado). Pero, como socialistas, corresponde centrar nuestro análisis en los estragos que produce en las mayorías populares. En 2023, el Destape publicó una noticia sobre el desbaratamiento de una red de trata que actuaba desde OnlyFans entre Buenos Aires y Rosario, reclutando mujeres vulnerables bajo la promesa de ganar dólares cada 15 días. La fachada era “una agencia de modelos”. En 2022, una joven denunció que su novio la había secuestrado por casi dos años, obligándola a producir contenidos sexuales para comercializar en la plataforma. La famosa figura de extrema derecha Andrew Tate, que vendía cursos sobre cómo montar negocios en OnlyFans, en estos momentos está siendo extraditado para ser juzgado por crímenes relacionados con la evasión, violación y trata de personas. No son tristes excepciones, OnlyFans es un caldo de cultivo de estas expresiones donde las mujeres en contextos de precariedad y vulnerabilidad pagan las mayores consecuencias. 

Más libertad o más mercantilización

Entonces, ¿hay más libertad de la mano de las nuevas formas, más “modernas” de explotación de los cuerpos? O es la misma minoría poderosa que encuentra nuevas formas, a través del boom de las redes sociales y la economía de plataformas, de lucrar con la denigración del cuerpo de las mujeres, con un discurso que popularizan los liberfachos en Argentina y el resto del mundo: la libertad de explotar el cuerpo propio como queramos, encubriendo una relación desigual de opresión y explotación capitalista. Hay un operativo de expropiación de una consigna progresiva en el marco de la lucha de las mujeres por su autonomía corporal (por el aborto legal, el acceso a anticonceptivos y educación sexual para vivir de su sexualidad, el disfrute del propio cuerpo, por la autoexpresión elegida) en pos de la legitimación del negocio prostituyente. 

Las socialistas reconocemos que la prostitución es para millones de mujeres, diversidades, y en menor medida varones, la única forma de sostenerse económicamente frente al yugo del desempleo, los bajos salarios y la miseria. Alexandra Kollontai en su texto “La prostitución y cómo combatirla” señala que “la indigencia, el abandono, las condiciones insalubres en las viviendas, la soledad y los bajos salarios (…) llevan a la mujer a prostituirse”. Y luego que “luchar contra la prostitución significa sobre todo luchar contra estas condiciones”; hoy esa pelea es por trabajo genuino y el acceso a condiciones dignas de existencia para toda la clase trabajadora, y para ello, la necesaria organización del colectivo obrero, entre ocupados y desocupados, para superar al sistema de explotación capitalista. 

En la misma línea, Lenin, entrevistado por la revolucionaria alemana Clara Zetkin afirmó sobre la cuestión de la prostitución que “el socialismo debe erradicar las condiciones que la hacen necesaria: la miseria, el desempleo, la desesperación. Y también debemos luchar contra la demanda, es decir, contra esa mentalidad masculina que considera “normal” comprar el cuerpo de otra persona para su placer”. 

Mientras una parte del abolicionismo agita medidas punitivistas, como las penas a quienes consumen contenidos pornográficos o prostitución, y el regulacionismo promueve el reconocimiento estatal de la actividad sexual remunerada como una forma legal de trabajo, reconocemos en este consumo un enorme problema que debemos erradicar de la clase trabajadora, y una traba para el desarrollo de relaciones igualitarias entre las personas, que no puede ser eliminado con medidas en el plano meramente “formal”.

Vemos en la prostitución y la industria sexual una actividad inherente al sistema capitalista, que en este contexto de vuelco a las economías informales es el sostén del financiamiento de los grandes empresarios, y luchamos por una organización de mujeres que pelee por condiciones materiales para salir de su situación de explotación y reducción a la mercantilización de sus cuerpos.

¿Hay salida?

Alexandra Kollontai también escribe en su texto “La prostitución y cómo combatirla” que el Congreso de la Mujer Obrera y Campesina de Toda Rusia había proclamado que “una mujer de la república obrera soviética es una ciudadana libre con iguales derechos, y no puede ni debe ser objeto de compra y venta”, denominando la prostitución como una herencia del capitalismo y planteando su incompatibilidad con la sociedad socialista que los y las revolucionarias luchaban para poner en pie, como un obstáculo en la creación de lazos de solidaridad entre la clase obrera. En su argumentación, tira por tierra cualquier dilema moral sobre la sexualidad, incluso celebra la asociación sexual voluntaria entre las personas, pero señala cómo la prostitución era una traba para el desarrollo de relaciones igualitarias, y cómo afectaba al ingreso de las mujeres al mercado laboral. 

Nuestra situación es distinta: no gobiernan los trabajadores como en la Rusia post revolucionaria. El Estado sigue en manos de los capitalistas, y a través de distintos mecanismos, privilegia la reproducción de la desigualdad entre hombres y mujeres como una herramienta de división de la clase trabajadora. Por eso debemos ser grandes agitadoras para desnudar el carácter opresivo del Estado y sus instituciones que se valen de la prostitución como instrumento y negocio capitalista para sostener un ordenamiento social donde los roles indiquen quién consume y quién es consumido.

Cuando hablamos sobre prostitución, nos presentan un debate que pareciera tener solo dos salidas: la del regulacionismo que llega a disfrazar de empoderamiento un gran negociado que deja consecuencias físicas, psicológicas y simbólicas enormes entre las mayorías populares, y la del punitivismo formal de parte de un Estado que utiliza estas herramientas para fortalecer su presencia contra la clase obrera, que señala al varón consumidor como el principal problema (“sin clientes no hay trata”) pero obvia que es el sistema el que crea la demanda, porque se nutre del sistema prostituyente, de sus enormes ganancias, y de la reproducción de relaciones desiguales entre los géneros. 

Tanto parte del abolicionismo como el regulacionismo comparten una ilusión reformista: que de este Estado vendrá la solución al gran drama que significan las distintas formas de prostitución y producción pornográfica en nuestra sociedad. Nosotras denunciamos al Estado como el primer proxeneta: es quien protege el enorme sistema prostituyente legal y clandestino en todo el mundo, y quien educa en la discriminación, la misoginia, el odio y la cosificación. 

En conclusión, OnlyFans es un mecanismo más que han encontrado los capitalistas para someter a las grandes mayorías a nuevas formas de explotación sexual, apoyándose en las enormes necesidades que atraviesan las trabajadoras en todo el mundo. Finalmente, el capitalismo y sus Estados no pueden proponer más que descomposición y reducción a la servidumbre. La lucha por el avance de la conciencia de nuestro movimiento de mujeres y diversidades de poner en pie una alternativa propia que dé batalla por la igualdad entre todas las personas y la erradicación de las relaciones transaccionales entre ellas, es una tarea más que necesaria frente a la creciente tendencia de la integración de cada vez más jóvenes a las industrias sexuales. 

Los talleres de ESI en clave socialista que impulsará el Plenario de Trabajadoras, la agrupación 1969 y el Partido Obrero de cara al 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades deberán retomar estos debates como un aporte a la clarificación de nuestra intervención política como revolucionarias en esta etapa de descomposición social, contra todas las violencias. Por  la organización independiente de nuestra fuerza, que nuestro movimiento de un paso al frente para que gobiernen las mayorías y que nuestro horizonte sea un mundo sin oprimides ni opresores.