1.La rebelión obrera y campesina de Bolivia
Enmarcamos esta resolución política en primer lugar en la irrupción de la clase obrera y el campesinado en Bolivia, que en tiempo récord se ha levantado en una insurrección contra el gobierno derechista de Rodrigo Paz, que asumió hace apenas 6 meses. Paz ha querido imitar la motosierra de Milei con un ataque generalizado, y la respuesta de las masas no se ha limitado a rechazar su paquetazo, y reclamar aumentos salariales. Plantean con toda claridad la renuncia inmediata de Paz y han arrancado la huelga general, con cortes de ruta y manifestaciones de masas que hacen retroceder a las fuerzas represivas. Han sacado la conclusión de que con el émulo de Milei no hay negociación posible y debe ser derrotado. Denuncian, al igual que Milei y su demagogia contra la casta política que Paz ha violado expresamente su mandato electoral, de un “reordenamiento gradual” y que no atacaría a las masas populares. En su lugar quitó impuestos de todo tipo a los ricos y atacó las condiciones de vida de trabajadores y campesinos (tarifazos, etc.). Las luchas obreras se han repuesto rápidamente a la traición de la burocracia sindical de la COB a una primera etapa de huelga contra el gasolinazo en enero. La debacle del MAS de Evo Morales no ha dado lugar a un desbande sino que ha sido superada por una explosión de combatividad, digna de las mejores tradiciones del proletariado boliviano, de la revolución de 1952, la Asamblea Popular de 1971, la guerra del agua del 2000 y la guerra del gas del 2003, que volteó al gobierno de Sánchez de Losada, y la huelga general contra el golpe de Jeanine Añez en 2019 que terminó obligando al golpismo a convocar elecciones. Denunciamos la represión de Paz, y al frente de gobiernos derechistas de la región, empezando por Milei, que lo respaldan con una fingida preocupación humanitaria y el envío de pertrechos represivos. Una lucha que se propone derrotar al gobierno necesita una asamblea nacional de representantes de todos los sindicatos en huelga y movimientos que están protagonizando la pelea, que concentre los pliegos de reclamos y las medidas de lucha que puedan seguir hasta la victoria, así como discutir una salida política propia de la clase obrera y los explotados frente a las maniobras o variantes que se empiezan a barajar desde alternativas de recambio dentro del régimen.
El XXX congreso del PO saluda la rebelión en curso y se compromete a militar por su éxito. Al mismo tiempo llamamos la atención de que esta rebelión, como otras que se han sucedido en Asia, África y América Latina en este periodo, muestra la enorme potencia de la clase obrera cuando entra en escena, y que los ataques contra las condiciones de vida que junto a la guerra imperialista son la política con la que la burguesía pretende dar una salida a la crisis engendran a su propio enemigo implacable. ¡Viva el levantamiento boliviano!
2. La situación mundial tiene como centro de gravedad la guerra imperialista
Los conflictos bélicos se extienden y multiplican en los diferentes continentes. Continúa la guerra de Ucrania, la guerra contra Irán y el Líbano y en Medio Oriente involucra a más naciones, la escalada bélica en América Latina, una tensión bélica cada vez más urticante en el Pacifico a lo que hay que agregar los choques militares en diferentes rincones de África, como Sudán del Sur, Somalia, en el Sahel o en Asia, con los enfrentamientos entre Pakistán y la India. El panorama mundial actual presenta el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial, con 61 registrados en 2025, cifra que viene en ascenso. No estamos en presencia de una sumatoria de conflictos regionales aislados, sino que son parte de una tendencia a una guerra mundial. Los actores principales del escenario internacional están envueltos en forma directa o indirecta en estos conflictos.
3. Crisis del orden imperialista y escalada yanqui
La guerra de Irán es la transición hacia un escenario de choques cada vez más abiertos entre potencias. La rivalidad creciente entre Estados Unidos y China, que ha conquistado un lugar de liderazgo en el escenario internacional y los choques cada vez más ríspidos entre EEUU y Europa organizan crecientemente la política mundial. La comitiva de Trump y los principales millonarios norteamericanos yendo infructuosamente a buscar un entendimiento con China para salir del enfrentamiento con Irán, y amortiguar la profundización de las tendencias inflacionarias y recesivas de la economía mundial que amenaza con agravar rápidamente la crisis capitalista internacional, es una postal de la impotencia del imperialismo yanqui.
Estamos frente a un desmoronamiento del orden imperialista que expresa la entrada del capitalismo mundial en una fase de agravamiento de todas sus contradicciones históricas. La tendencia a una guerra mundial es inseparable del desarrollo de la bancarrota capitalista. La economía mundial no logró superar las tendencias abiertas con la crisis de 2008, afectada por las tendencias a la caída de la tasa de beneficio y la sobreproducción y sobreacumulación de capitales. Lejos de sacar al capital del torbellino de la crisis, los Estados que salieron en su rescate han sido arrastrados por éste. La expansión de la deuda que se ha vuelto cada vez más prohibitiva e insostenible, la especulación financiera y las burbujas ligadas a las nuevas tecnologías, como la IA, aparecen como mecanismos precarios para sostener la acumulación capitalista y pavimentan el terreno a un nuevo colapso, incluso de dimensiones superiores al anterior.
La ofensiva en la que Trump está embarcado tiene sus raíces en este proceso. EEUU como principal potencia es el epicentro de esta crisis. La escalada bélica no es un patrimonio exclusivo del magnate republicano, sino que ya viene de la época de los demócratas. Se trata de un política de Estado, alentada y sostenida por la burguesía yanqui que procura revertir el declive norteamericano -que se expresa en su retroceso geopolítico (Afganistán, Irak), en la caída de la participación del PBI mundial, en la desvalorización del dólar como medio de pago y reserva a nivel internacional, la depreciación de los bonos del tesoro afectados por un endeudamiento privado y estatal explosivo- mediante una reconfiguración económica , política y militar del planeta , a su medida y de acuerdo a sus necesidades.
La crisis del orden imperialista integra la vulnerabilidad creciente de Europa y el ascenso de China (también crecientemente arrastrada a la crisis mundial) que ha conquistado un rol protagónico a partir de su crecimiento excepcional.
El hundimiento del orden surgido de la posguerra, sin embargo, no ha sido reemplazado por un orden sustituto. Los organismos internacionales están todos en crisis, desde la OTAN, las Naciones Unidas, pasando el FMI, la OMC y el Banco Mundial pero no han emergido nuevas instituciones en su reemplazo. El dólar está perdiendo poder, pero no hay ninguna moneda que cumpla su función en las transacciones internacionales. Ni China, con su desarrollo prodigioso y menos aún el bloque europeo, reúnen hoy en día las condiciones para suplantar el lugar de EEUU. Una nueva reconfiguración del orden mundial y de la hegemonía en su interior no será pacífica sino violenta y deberá pasar por choques y confrontaciones bélicas
4. China y los Brics
Los Brics, empezando por China que ejercen un liderazgo en este nucleamiento, no encarnan un bloque alternativo, como pretenden presentarlo quienes sostienen la tesis de un mundo multipolar. Se trata de un agrupamiento heterogéneo e incluso con intereses enfrentados, como ocurre con India que forma parte de la alianza militar de Asia comandada por EEUU rival y enfrentada con el gigante asiático o el hecho de que dentro de los Brics sean miembros tanto Irán como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
No estamos frente a un polo anti-imperialista ni de transformación social. Los países que lo conforman están integrados a los órganos multilaterales del imperialismo. Eso vale para Rusia y China, que son parte integrante del FMI, la OMC y las Naciones Unidas. El 30° Congreso del Partido Obrero ratifica la caracterización que hace el informe internacional que fue presentado a la discusión precongresual. China es un país donde rigen plenamente relaciones sociales capitalistas, donde ha concluido el proceso de restauración capitalista.
El Estado chino defiende y promueve esas relaciones de producción. El PCCH, como su dirección, aunque formalmente conserva el nombre, no es un agente deformado de la revolución proletaria sino de la contrarrevolución burguesa. China apunta no a subvertir el sistema de explotación capitalista vigente sino a conquistar un lugar privilegiado dentro del mismo y una tajada mayor en el reparto de la plusvalía mundial.
El capitalismo chino tiene rasgos sociales e históricos distintos a los de los países capitalistas tradicionales, con muchos aspectos híbridos propios de la transición de un Estado obrero burocratizado a un país capitalista. Existe una originalidad en el “fenómeno chino”, que es materia de controversias en el campo de la izquierda y también al interior del partido, al que le hemos dado estado público y en el que han surgido diversas caracterizaciones diferenciadas de China. Llamamos a profundizar este debate , a que se involucre en la militancia , la periferia y en general la vanguardia obrera a los fines de avanzar a una clarificación del tema.
Más allá de los debates, hay una coincidencia central en que China no es una fuerza progresiva, ni liberadora, de los pueblos sino una fuerza de opresión de su propio pueblo y de los demás pueblos que caen bajo su órbita de influencia. El destino de China será dirimido en el terreno de la lucha de clases nacional e internacional en el marco de la actual transición histórica. Es importante tener en cuenta el surgimiento de una poderosa clase obrera industrial de más de 200 millones de personas. Por el momento los obreros chinos han encarado luchas parciales reivindicativas, sin poner en pie un movimiento articulado ni una expresión política propia. El salto de conflictos aislados a un movimiento que desarrolle una personalidad propia frente al Estado chino y las patronales será un hecho que cambie la situación política mundial.
En lo que respecta al conflicto entre EEUU y China en torno a Taiwán, defendemos una postura independiente. Rechazamos la fraudulenta autonomía e independentismo pro imperialista, por un lado, y la anexión compulsiva de la isla por parte del régimen chino y le oponemos la unidad de trabajadores chinos y taiwaneses, en el marco de la unidad socialista de Asia. Denunciamos la escalada armamentista de EEUU en Taiwan y el Mar Meridional de China. Por el derecho de los pueblos a decidir su destino. Abajo los gobiernos responsables de la guerra y la penuria de los trabajadores. En caso que la disputa actual derive en un enfrentamiento militar, nuestra posición se desprenderá de un análisis de la situación concreta. Desechamos hacerlo por adelantado, abstrayéndonos del escenario específico de la lucha de clases que exista en esa circunstancia.
5. Un salto en la crisis capitalista
La guerra en curso constituye un salto en la crisis capitalista mundial. Es una consecuencia derivada del impasse capitalista y al mismo tiempo, es un factor de su agravamiento La envergadura de la crisis puede medirse en el hecho de que la crisis del petróleo de los 70 se originó en una merma de su suministro de apenas la mitad de la disminución actual. El cierre del estrecho de Ormuz no solo afecta la disponibilidad de petróleo y gas natural, sino que la producción de fertilizantes, de cobre, de helio y de otros insumos industriales esenciales.
Esto ya ha provocado un aumento de las naftas de los surtidores estadounidenses del 50% y empieza a incidir en algunos alimentos en las góndolas. La situación aún es más grave en Europa donde la energía se ha encarecido casi al doble. Los efectos en el transporte ya se están sintiendo, empezando por el transporte aéreo donde se han registrado 96.000 cancelaciones de las principales compañías de aviación. Las consecuencias en la agricultura ya empiezan a asomar con la brutal suba de los insumos químicos y fertilizantes. La energía es un componente clave a la hora del cálculo de los costos industriales. El turismo es uno de los primeros afectados con una merma de turistas, en primer lugar en los países de Medio Oriente.
Ya estamos entrando en un escenario de estanflación. Asistimos a un recrudecimiento inflacionario mientras se desacelera la actividad económica en un marco de trabas y barreras crecientes y una fractura de la economía mundial. El FMI ya ha corregido sus pronósticos de crecimiento a la baja. Pero una prolongación del conflicto, como lo advierten diferentes analistas, conduciría a un colapso, a una depresión global. De todos modos , incluso si se arribara a un acuerdo en el conflicto, una normalización recién se podría alcanzar después de varios meses, con lo cual sus efectos se sentirían por bastante tiempo.
El recrudecimiento de la inflación, a su turno, provoca un aumento de las tasas de interés, lo cual echa más leña al fuego a las tendencias recesivas. Esto está desarrollando un creciente conflicto en el seno de la clase imperialista yanqui: el reemplazo de Powell al frente de la FED por un hombre más ligado a Trump (Warsh) habla de posible reducción de la tasa, especialmente para los sectores de Inteligencia Artificial y para amortiguar el costo de la fabulosa deuda pública (y corporativa) yanqui.
El aumento de la energía, alimentos e insumos combinado con un aumento de las tasas de interés son una combinación devastadora sobre los países de la periferia, que deberán soportar un encarecimiento del costo de su deuda y de sus importaciones.
6. Por la derrota de la agresión sionista e imperialista contra Irán
La agresión sionista e imperialista contra Irán se ha constituido en un factor disruptivo para los propios agresores. El nuevo ataque de fines de febrero se topó con una resistencia inesperada. Los masivos bombardeos (que incluyeron universidades, escuelas, plantas industriales, centrales nucleares y plantas desalinizadoras) y la decapitación de la primera plana del régimen iraní) no alcanzaron para precipitar la caída del gobierno, o su capitulación. Al contrario, la Casa Blanca se vio arrastrada a un cese al fuego y a una mesa de negociaciones desde comienzos de abril, en la que no lograba imponer sus condiciones.
El conflicto se encuentra empantanado. Irán rechaza el desmantelamiento de su programa nuclear y de su arsenal misilístico y tampoco acepta ceder sus reservas de uranio enriquecido y reclama que el cese de fuego comprenda también al Líbano. El gobierno yanqui se encuentra en un atolladero que cada vez se vuelve más insostenible con el paso de las semanas. El dilema que enfrenta el magnate republicano oscila entre una retirada humillante sin haber logrado sus propósitos o una profundización de la guerra con un desenlace peligroso y absolutamente incierto. Una incursión terrestre podría convertirse en una trampa mortal, con miles de bajas, que se vuelva un bumerán para la Casa Blanca. El fracaso de ocupaciones militares previas como Afganistán o Irak y con anterioridad,Vietnam son una alerta frente a una ofensiva de tales dimensiones.
La resistencia a una nueva aventura militar proviene del propio Pentágono, lo cual ha provocado una gran crisis, con más de una decena de militares de alto rango separados de sus cargos. El bloqueo hecho por EEUU del Estrecho de Ormuz, no es inocuo, es una nueva sanción contra las finanzas de Irán, pero no ha servido para hacer recular a Irán Lejos de liberar la circulación por el estrecho, el doble cepo ha terminado por reforzar su paralización. Sostenemos el “derecho” de Irán a bloquear el Estrecho de Ormuz contra la agresión imperialista y rechazamos la agresión de Trump al bloquear ese mismo Estrecho.
La crisis de Trump dentro de sus propias fronteras constituye un límite fundamental para la escalada en curso. El rechazo a la guerra abarca al 70 por ciento de la población. Las promesas de campaña de Trump de una resurrección del país no se han cumplido. La economía anda a los tumbos mientras aumenta el descrédito del gobierno Esta situación, como advierten diversos líderes republicanos, amenaza con provocar una derrota electoral del trumpismo en las elecciones legislativas de medio término, lo cual ya viene anticipado por una caída muy marcada en las encuestas, así como los reveses que ha tendido en compulsas electorales adelantadas en varios distritos, incluidos estados que son baluartes republicanos y donde el líder republicano había ganado con holgura en las presidenciales. La banda de MAGA ha desatado una febril preparación de un intento de cambio de métodos electorales, que incluye el retrazado de múltiples distritos electorales, la limitación del voto por correo e incluso la amenaza de rodear con matones de ICE los centros de votación. Una pérdida de la mayoría en el Congreso de la magnitud que predicen las encuestas dejaría a Trump servido para un juicio político.
Más allá del carácter capitalista y opresivo del régimen persa, en la guerra entablada corresponde plantear la derrota de Estados Unidos e Israel y la victoria de Irán. La postura a adoptar frente al conflicto ha sido materia de controversias en el campo de la izquierda No somos neutrales. Una victoria de Irán, aún bajo la actual teocracia de los ayatolás, constituiría un golpe contra el imperialismo y el sionismo, socavaría su capacidad de intervención política y militar en otros rincones del mundo, como Venezuela, Colombia y Cuba y constituiría un fuerte estímulo a las luchas de todos los pueblos que sufren su dominación. Ya la feroz resistencia iraní ha puesto de relieve que EEUU e Israel no son una maquinaria imbatible. En cambio, una victoria de EEUU e Israel reforzaría la opresión y agresión imperialista
La teocracia iraní es un régimen reaccionario que viene llevando un ataque sistemático contra los trabajadores, la mujer y la juventud. Estallaron en Irán a finales de 2025 las movilizaciones populares más importantes desde el levantamiento de 2022. El aumento del 67% en la gasolina fue el detonante. La fuerte devaluación de la moneda y una inflación que ronda el 50% anual derrumbaron el poder adquisitivo de los sectores populares en los últimos diez años. Al igual que en otros levantamientos populares previos, el régimen iraní respondió con una represión implacable, que dejó 3 mil muertos, según cifras oficiales, números que organismos opositores elevan en varios miles.
El carácter reaccionario y repudiado del régimen no ha impedido que se realicen enormes movilizaciones populares desafiando a los bombardeos. Estas manifestaciones anti-imperialistas claramente no se limitaron a quienes son partidarios de los ayatolas. El llamado de Trump y Netanyahu a proseguir las manifestaciones para desestabilizar al gobierno en paralelo con los bombardeos fracasó. Un desenlace progresivo a la crisis de Irán jamás va a provenir de las manos del imperialismo La lucha contra la agresión actual no implica un aval al gobierno de los ayatolás Defendemos la independencia política de los trabajadores. El pueblo iraní por medio de su propio accionar independiente es el que deberá ajustar cuentas con el régimen y abrir paso a un rumbo genuino de liberación nacional y social del país. Reclamamos la libertad de los presos políticos y el cese de la represión a la izquierda, a la clase obrera y las minorías nacionales (kurdos). Llamamos a profundizar las medidas de defensa contra la agresión imperialista, (formación de milicias obreras y populares) y desenvolver la acción directa de los trabajaodres
7. La causa palestina
Una derrota de la agresión a Irán sería un estímulo también para la lucha palestina. El alto al fuego en Gaza ha sido violado sistemáticamente con más de 500 muertos que se suman a las pretensiones de Israel de anexar Cisjordania donde también se multiplica el tendal de víctimas palestinas. Israel ocupa con sus tropas un 63 % del territorio de Gaza, pero, aun así no ha logrado estabilizar la región.
El Consejo de Paz no funciona como administración real del territorio. No se ha puesto en pie la fuerza supranacional que debía asumir el control de Gaza .Entretanto distintos aspectos de la vida cotidiana, incluyendo el orden interno y la seguridad están en manos de sectores ligados a la resistencia palestina.
La reciente tentativa de lograr a través de elecciones municipales en Palestina manipuladas por el gobierno norteamericano una legitimación del nuevo orden impuesto con la invasión ha resultado un fiasco. Las elecciones han revelado una abstención pronunciada y aún en elecciones totalmente regimentadas, en repetidos casos, los candidatos más afines a la Autoridad Palestina que apoya el plan de paz yanqui ,sufrieron reveses electorales.
Las burguesías árabes no han apoyado al movimiento de resistencia palestino. Han colaborado con el sionismo y el imperialismo. El propio movimiento palestino se ha dividido entre sectores abiertamente colaboracionistas y aquellos que han enfrentado armas en mano el ataque sionista/imperialista. Denunciamos estas capitulaciones y llamamos a los pueblos de la región a levantarse contra sus podridos regímenes prosionistas y proimperialistas. Informes recientes destacan la simpatía en los pueblos árabes por la resistencia efectiva de Irán y crecientes cuestionamientos al colaboracionismo de las monarquías y a la continuidad de las bases militares yanquis en sus países, que los han arrastrado al presente conflicto. El fantasma de la “primavera árabe”, que no fue apoyado por el “eje de la resistencia” pro-iraní por su carácter de levantamientos de clase, de las masas explotadas, recorre la región.
El salvaje genocidio sionista/imperialista ha servido para desnudar las falsas políticas que adornaban al sionismo como un movimiento progresivo, amante de la paz, etc. contra la brutalidad y reacción/árabe palestina. Incluso dentro del pueblo judío que antes de la segunda guerra mundial adhería en su gran mayoría a organizaciones que se reclamaban socialista o comunistas y fueron volcadas luego del holocausto y la traición de las “democracias” capitalistas y el stalinismo, al nacionalismo reaccionario del sionismo. Saludamos la iniciativa de “Judies por Palestina” que en la Argentina ha jugado un papel importante en esta lucha por hacer crecer dentro de las masas judías y del mundo la necesidad de una conciencia y organización socialista.
En general, los movimientos nacionalistas burgueses que en décadas pasadas planteaban apoyar la lucha del pueblo palestino han hecho mutis por el foro, cuando no son cómplices directos del accionar sionista (Lula sigue vendiendo petróleo a Israel y comprando a sus industrias de armas; el kirchnerismo ha acompañado los ataques contra la resistencia Palestina; etc.).
El Líbano se ha convertido en otro frente de batalla, confirmando que estamos sumergidos en una guerra regional, que está envolviendo a todos los países de Medio Oriente. Ya antes de la agresión a finales de febrero, el sionismo venía bombardeando al Líbano y hostigando las posiciones de Hezbolá y asesinando a sus principales líderes. El salto ahora es la incursión terrestre y la intensificación del ataque en todos los planos. El régimen sionista ha establecido un alto el fuego por cuerda separada con el gobierno libanés pero éste viene siendo violado, como ya ha ocurrido en el pasado. Nethananyu ya adelantó que las tropas israelíes no se retirarían del Líbano sino que seguirían ocupando el territorio al sur del río Litani,
El genocidio en Gaza produjo una crisis política internacional y expuso el papel del Estado de Israel como enclave estratégico del imperialismo en Medio Oriente. El régimen sionista tiene sus propios apetitos y pretende avanzar en la construcción de un “gran Israel”. Sus proyectos han entrado en algunas oportunidades en colisión con los planes de la Casa Blanca.
Nethanayu tuvo que ceder con su pretensión de anexar Gaza de manera directa. Esto desmiente la tesis que sostienen que EEUU fue llevado por las narices a la guerra por el lobby sionista. Por supuesto esa presión existe, pero el jugador principal y director de orquesta es el imperialismo yanqui. Israel es un actor subordinado a Washington y oficia como punta de lanza de EEUU en Medio Oriente. Israel no podría sostenerse ni económica ni militarmente sin el apoyo de Washington, empezando por la “cúpula de hierro”, siguiendo por la inteligencia satelital y el reabastecimiento en el aire de la aviación israelí en sus operaciones. Aunque hay cortocircuitos, la ofensiva que Israel emprende prospera con el guiño previo de Washington en la medida que sean compatibles y funcional a los planes de la Casa Blanca.
8. América Latina, entre la rebelión boliviana y las amenazas yanquis en Cuba
En América Latina, la reacción popular no ha tenido el vigor de unos años atrás donde asistimos a una ola de rebeliones populares previas a la pandemia. De conjunto no hubo respuestas populares acorde con la magnitud de las ofensivas capitalistas que incluyen severos ataques a los derechos y condiciones de vida de las masas. La inacción frente a las agresiones a Venezuela y Cuba es la mayor expresión de este límite a la acción política de las masas. La rebelión en Bolivia, sin embargo, abre la posibilidad de una ruptura de esta tendencia, constituyendo un verdadero desafío a la doctrina Monroe de Trump y sus secuaces latinoamericanos, así como a la viabilidad de los gobiernos derechistas de la región. Las movilizaciones estudiantiles en Chile contra el derechista presidente Kast, recién asumido, son otra expresión de una tendencia de reanimamiento.
Las direcciones tradicionales sindicales y políticas del movimiento obrero tienen una responsabilidad fundamental en este desenlace jugando un rol clave de contención y estrangulamiento de la lucha popular tanto desde el gobierno como desde la oposición, dejando pasar reformas antiobreras promovidas por las patronales y sus gobiernos. Un balance político de América Latina arroja un juicio lapidario sobre el desempeño del nacionalismo burgués y de la centroizquierda. La acción política de la derecha pretende englobar a la izquierda y a todo el movimiento obrero y de masas en la debacle de estas corrientes, que ocupan gran parte de las direcciones de masas y frente a las cuales la mayoría de la izquierda tiene una política de seguidismo. El derrumbe de los nacionalismos es una oportunidad para la izquierda y a la vez una hipoteca a superar.
La capitulación del chavismo yendo a un rápido acuerdo con Trump y la debacle del MAS en Bolivia expresan esta descomposición. Los gobiernos progresistas de Lula, Sheinbaum y Petro se han adaptado a la ofensiva yanqui. Renunciaron a organizar una movilización continental cuando vino el ataque a a Venezuela y el secuestro de Maduro y vienen acatando el bloqueo de Trump sobre Cuba, recortando los envíos de petróleo y de ayuda humanitaria. Brasil le vende petróleo a Israel pero se lo niega a Cuba.
La ausencia de movilización ha servido para endurecer el bloqueo y llevar a la isla a una catástrofe humanitaria desesperante e insoportable y acelerar un cambio de régimen político bajo la tutela de Washington. Las conversaciones que la dirigencia cubana mantienen con la Casa Blanca son secretas, pero lo que está en discusión son los términos de una restauración capitalista. Las reformas económicas y políticas promovidas estos años por el castrismo apuntan en esa dirección aunque el plan restauracionista ensayado por el gobierno cubano (liberación de la divisa norteamericana, incentivos a la acumulación capitalista) que ha tenido como único eje de desarrollo el turismo internacional, sin avanzar en ninguna capacidad de industrialización ni autosuficiencia han terminado en un fracaso pero sus consecuencias son funestas para el pueblo, al abrir paso a un ajuste más severo, con más sacrificios y privaciones de los trabajadores, aumento de la desigualdad y una diferenciación social interna más marcada.
En las últimas semanas la presión del imperialismo yanqui sobre Cuba ha recrudecido en forma gigantesca, y no puede excluirse la posibilidad de un ataque militar inminente. EEUU ha instalado el portaaviones Nimitz cerca de las costas de la isla y ha abierto un proceso judicial contra Raúl Castro. Sin embargo una invasión a Cuba puede resultar en un grave problema para los yanquis. Las FAR son una estructura militar aceitada y con experiencia de combate fuera de sus fronteras, tanto en las tácticas de guerra de guerrillas como en el combate convencional. Además controlan la economía de la isla vía el conglomerado empresarial estatal GAESA, y la autoridad de Raúl Castro sobre el conjunto de la burocracia parece todavía absoluta tal como lo demuestra el papel del “cangrejo”, su nieto Raúl Rodríguez Castro, quien viene llevando adelante las negociaciones con el imperialismo sin ocupar ningún cargo en el Estado cubano.
En esas condiciones, es difícil que sea exitosa una operación militar como la que se llevó a cabo para secuestrar a Maduro, en la medida que esa operación exigió contar con la complicidad de una franja de las FFAA venezolanas, y de un acuerdo de recambio con Delcy Rodríguez y posiblemente incluso con el mismo Diosdado Cabello. Aunque es verdad que el descontento con el gobierno es enorme y ha dado lugar a continuas protestas, nada hace suponer que las franjas populares que se oponen al régimen cierren filas con un ataque imperialista. En cualquier caso, y en vista del fracaso de las negociaciones, está claro que la opción militar está a la mano.
El rechazo total y absoluto al bloqueo y la agresión yanqui no debe confundirse con una identificación política con el régimen. Una salida comandada por el imperialismo va convertir a Cuba en una Haití, castigada por el capitalismo mundial por ser la primera revolución de Latinoamérica y el Caribe, y encima liderada por negros, reproduciendo el status de explotación colonial norteamericano que tenía Cuba antes de la revolución. Una salida progresiva sólo puede provenir de la mano de una segunda revolución cuyo protagonista debe ser la población laboriosa de la isla enderezada a instaurar un gobierno de los trabajadores. En este marco, defendemos la libertad de organización tanto sindical como política de la clase obrera, denunciamos la represión que viene ejerciendo el Estado cubano contra las protestas populares y reclamamos la libertad de los presos que continúan en prisión con motivo de esas protestas. El mejor terreno para abrir el paso a la independencia de la clase obrera y su pelea por un gobierno propio es hoy la defensa militar de Cuba contra un desembarco imperialista.
Mientras los nacionales y populares han enterrado todo proyecto de “patria grande” y se adaptan a la ofensiva imperialista, acompañamos una gran campaña de agitación y movilización anti-imperialista con el planteo de la unidad socialista de América Latina.
9. Europa
Los integrantes de la Unión Europea (UE) y el Reino Unido se involucraron en la agresión imperialista y sionista contra Irán de un modo completamente pérfido. Trataron de evitar quedar pegados a la guerra incierta lanzada por Estados Unidos e Israel y llamaron a una desescalada. Pero, al mismo tiempo, condenaron a Irán, justificaron los ataques estadounidenses e israelíes y movieron fichas para defender sus propios intereses imperialistas en la zona.
Los gobiernos de Francia, de Alemania y España enviaron portaviones y navíos al Estrecho de Ormuz y las dos primeras ofrecieron su respaldo a las monarquías del Golfo. Eso vale también para Giorgia Meloni, la primera ministra italiana quien señaló ante el parlamento que la intervención de Estados Unidos e Israel es unilateral y está al margen del derecho internacional, pero su gobierno tampoco se ha privado de reforzar su presencia militar en la región y colaborar con los regímenes reaccionario aliados a Washington. El Reino Unido, a su turno, puso a disposición del gobierno norteamericano dos de sus bases militares en la región. A esto habría que sumar que los países europeos presentes en el Consejo de Seguridad de la ONU (Francia, Reino Unido, Dinamarca y Grecia) apoyaron una resolución impulsada por Bahréin que condena los ataques iraníes contra los países árabes de la región, sin referencia alguna a la agresión israelí y norteamericana contra Irán. La UE, además, ratificó su acuerdo de asociación con Israel, luego de que algunos Estados (España, Irlanda y Eslovenia) propusieran suspenderlo, debido al genocidio en Gaza. Alemania e Italia fueron los dos Estados que más insistieron en su sostenimiento. Berlín es el segundo proveedor de armas de Tel Aviv.
La UE ha dejado abierta las puertas de articular una fuerza multinacional para despejar el estrecho de Ormuz No obstante, evitó plegarse al bloqueo unilateral de Trump. Como parte de estas tensiones, se filtró un borrador del Pentágono en que Estados Unidos analiza represalias contra sus socios. Estamos en presencia de un nuevo frente de disputa entre ambas partes, que se suma a la cuestión de Groenlandia, la guerra de Ucrania y los aranceles. Los informes sobre los preparativos militares a principio de año para recibir un copamiento norteamericano de Groenlandia con explosivos y tropas francesas y alemanas muestran cuan lejos ha llegado la desconfianza mutua y las posibilidades de una ruptura, más allá de que ese asunto se haya saldado finalmente con un compromiso. Lejos de apaciguarse, las tensiones entre EEUU y Europa tienden a escalar, lo cual se compadece con la fragmentación y fractura mayor que estamos asistiendo del orden mundial y las tendencias a la desintegración de las antiguas alianzas como la OTAN.
10. El papel de China y Rusia en la guerra contra Irán
La conducta de China y Rusia respecto a su supuesto aliado iraní es sumamente esclarecedora a la hora de caracterizar a ambos regímenes. No ejercieron su poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, posibilitando –con su abstención- la aprobación de la moción de Bahréin que condena los ataques iraníes a sus países vecinos. Un hecho que estuvo precedido por las abstenciones de China y Rusia ante la votación del plan colonial de Trump para la Franja de Gaza.
China está actuando como un factor de estabilización en la región. Ejerció una presión sobre Irán para que los hutíes –durante los ataques a los palestinos en Gaza- detengan sus represalias contra Israel y el imperialismo en el Mar Rojo. Del mismo modo, Xi Jinping fue el que apadrinó una aproximación y reconciliación en su momento entre Irán y Arabia Saudita. China, tiene un fluido intercambio comercial con Israel. Detrás de la mediación de Paquistán y las negociaciones de Islamabad, está la mano de Pekín quien propicia un arreglo entre Irán y EEUU. Si bien a primera vista le convendría un desgaste de su rival en el marco de una disputa cada vez más despiadada, la elite dirigente china le preocupa el impacto negativo que la guerra puede está teniendo en la economía global y en su economía doméstica, debido a su dependencia de las importaciones desde Medio Oriente. Por encima de todo, ha priorizado sus intereses y negocios.
Rusia, a su turno, ha mantenido vínculos más estrechos con Irán –guiados por preocupaciones de seguridad geopolíticas- pero la nación persa no deja de ser una prenda de negociación para obtener concesiones y algunos puntos ventajosos en las tratativas en torno a la guerra de Ucrania. Putin habló de una paz que responda a los intereses “de todos los pueblos de la región”. Ocurre que Rusia, y lo mismo vale para China, tiene vínculos estrechos con las “petromonarquías” de la región y con Israel.
Resumiendo, China y Rusia defienden, cada cual, sus propios intereses en la región, y no constituyen, por tanto, un polo antiimperialista frente a la agresión imperialista-sionista en Medio Oriente. Irán ha aprovechado el aprovisionamiento ruso y chino eludiendo sanciones occidentales, pero también lo ha hecho Israel, frente a las crecientes condenas a sostener al enclave sionista en el mundo occidental. La crisis iraní revela tanto el acercamiento entre Rusia, China e Irán como las limitaciones concretas de ese eje. No existe una alianza militar integrada comparable a la OTAN ni una estrategia común coordinada.
Medio Oriente aparece como un punto de condensación de todas las contradicciones mundiales: la crisis del dominio norteamericano; la disputa entre Estados Unidos y China; la militarización global; la crisis energética; y el agravamiento de la crisis económica internacional. La guerra Irán-EEUU permite profundizar una caracterización más general del periodo histórico. El capitalismo mundial ya no logra estabilizar sus contradicciones mediante acuerdos duraderos entre potencias. Cada crisis regional tiende rápidamente a internacionalizarse e involucrar intereses globales El balance de la cumbre Trump- Xi Jinping que acaba de realizarse en Pekín muestra más compromisos precarios que acuerdos duraderos. No pone fin a la guerra cuyo desarrollo responde a objetivos estratégicos del imperialismo.
11. Movimiento de masas
La crisis mundial reabre tendencias a la lucha de clases a escala internacional, como señalamos en el informe internacional: “Por un lado, existe una tendencia creciente a escala mundial de sectores de las masas a radicalizarse, a emprender luchas de solidaridad internacional, a usar métodos de huelga y acción directa, como respuesta a la crisis, a las ofensivas contra las masas y a las propias guerras y en particular el genocidio contra el pueblo palestino. Por otro, estamos en un punto muy bajo de la organización consciente de la clase obrera por sus objetivos históricos estratégicos. La necesidad de darle una salida a la explotación capitalista se suele canalizar, en el mejor de los casos, en un reformismo posibilista dentro de los límites del régimen capitalista existente.(….). Mientras el capitalismo se hace más imposible de vivir, y nos lleva a nuevas catástrofes globales, es todavía una vanguardia muy minoritaria la que piensa en términos anticapitalistas, y menor aún la que se propone organizarse como fuerza política de la clase obrera para disputarle el poder a la clase capitalista dominante”.
El rechazo del genocidio palestino se ha transformado en un fermento de la movilización popular que ha dado lugar a manifestaciones multitudinarias, paros de solidaridad internacionales, medidas de boicot al envió de armas y de bloqueo a la colaboración económica con el estado de Israel. El movimiento de solidaridad ha incorporado a sectores creciente de la clase obrera En Italia, España y Francia ha tomado la forma de huelgas. En Italia se están preparando nuevas movilizaciones y paros en apoyo al pueblo palestino. El 12 de mayo pasado hubo protestas en decenas de ciudades. A esto se suma las marchas a Gaza desde Egipto y las flotillas globales Sumud con ayuda humanitaria para Gaza y que tienen como propósito romper el cerco que ha armado el imperialismo y el sionismo en la Franja. La segunda flotilla ha debido enfrentar el feroz hostigamiento del sionismo que consumó un verdadero acto de piratería, capturando a los barcos en aguas internacionales y deteniendo a sus tripulantes, con la complicidad del gobierno griego, en una primera intercepción, y luego de que se reagrupara esta en Turquía, con una segunda detención acercándose a Gaza. En las primeras detenciones se han ensañado con torturas y detenciones prolongadas con dirigentes generales de la flotilla como Thiago Avila y Saif Abukeshek. Nos enorgullece el rol en la flotilla de nuestros compañeros del PO, Pablo Giachello y Nicolás Cortez, así como las posibilidades de coordinación práctica y política que han significado con las organizaciones cercanas a nosotros, KA de Grecia y el SEP de Turquía..
La presión de los gobiernos europeos por el rearme, por su parte, se empieza a convertir en un revulsivo porque el armamentismo que ha pegado un salto a partir de la guerra de Ucrania es financiado a través de ajustes cada vez más severos. Con la guerra de Irán están provocando un descontento creciente en la población afectada por el aumento de los precios de energía y que se está extendiendo a otros productos de primera necesidad. A eso se suman los planes de reclutamiento obligatorio al servicio militar, lo cual ya ha provocado protestas en las filas de la juventud en Alemania. La perspectiva que asoma en Europa es una reactivación del movimiento huelguístico, que llegó a alcanzar una gran envergadura como la huelga francesa de 2023 contra la reforma jubilatoria y la ola de huelgas más importantes en Gran Bretaña de los últimos 50 años en 2024, así como huelgas generales en Italia, Grecia y Portugal en el último año.
Uno de los picos más altos de la movilización popular se constata en EEUU. Ocho millones de personas ganaron las calles en 300 localidades a finales de marzo bajo la consigna de No Kings (No reyes). Pero, además, un dato que merece la máxima atención es la enorme movilización popular que ha tenido lugar en Minnesota. La movilización planteó la posibilidad de transformarse en una huelga política con ocupaciones, paros parciales y bloqueos. Se discutió la necesidad de la huelga general contra la orientación de la burocracia sindical y los demócratas e incluso contra el amedrentamiento de estos. El gran movimiento de lucha centrado en Minnesota ha puesto a la orden del día la cuestión de la huelga general para derrotar a Trump y la ofensiva capitalista.
Esta tendencia se expresa incluso con más virulencia aún en las naciones de la periferia a través verdaderas explosiones sociales que han terminado, en muchos casos, tirando abajo los gobiernos de turno como Bangladesh, Nepal, Madagascar o desatando irrupciones violentas contra los ataques económicos y represiones que tuvieron lugar en Nigeria, Mozambique y también en Irán. Muchos de estos conflictos están motorizados por lo que ha pasado a ser reconocidos como generación Z. Bajo esta denominación se identifica a quienes nacieron entre mediados de los años noventa y comienzos de 2010. Es la primera generación completamente digitalizada; atravesada por redes sociales desde su infancia; sometida a crisis económicas recurrentes, y marcada por la precarización laboral estructural. Uno de los rasgos políticos que constata es su radicalización y desconfianza institucional En muchos casos las movilizaciones lograron enorme masividad sin estructuras políticas permanentes. Las redes en muchos casos han actuado como mecanismo de coordinación y un medio para convocatorias rápidas. La radicalización juvenil, de todos modos, tropieza con límites políticos, donde coexisten tendencias disímiles y contradictorias. La ausencia de organizaciones obreras revolucionarias con influencia sobre la juventud deja abierto el terreno para distintas salidas políticas, incluso reaccionarias. Esto abre un campo de maniobra para que prospere la manipulación política de las fuerzas políticas tradicionales y que las crisis desemboquen en recambios en el marco del régimen vigente.
12. Crisis y realineamientos políticos
El desarrollo vertiginoso de la crisis mundial capitalista viene minando el sistema de dominación política tradicional de la burguesía. El fracaso de las democracias imperialistas, pero también de la periferia, se origina en el agotamiento y descomposición del orden social vigente, que oficia como caldo de cultivo de realineamientos políticos. Asistimos a un auge de la derecha, incluido sus expresiones más extremas y hasta fascistas, pero también emergen giros a la izquierda.
Como contracara de Trump, tenemos el triunfo de un candidato que se autoproclama socialista, musulmán, hijo de inmigrantes y que se declara simpatizante de la causa palestina, Zhoran Mamdani, como alcalde de Nueva York, la principal ciudad de EEUU. Esto empalma con las tendencias radicalizadas que están aflorando en la población. Las encuestas indican que, aunque en forma vaga y genérica, una mayoría de la juventud en EEUU simpatiza con la causa del socialismo y del mismo modo, hay una fuerte corriente de repudio al genocidio sionista y solidaridad con el pueblo palestino en la masa del pueblo norteamericano y una reprobación de la escalada bélica en que está embarcado Trump a escala planetaria. Ese fenómeno, como ya señalamos, se constata en las calles, en movilizaciones contra el magnate que cada vez se vuelven más multitudinarias.
Un giro también tuvo lugar en Gran Bretaña. Contra el gobierno laborista de Starmer de austeridad y apoyo al genocidio sionista se han desarrollado movilizaciones de masas por Palestina. Ha habido también acciones callejeras antifascistas, que pelean la calle contra la derecha fascista que promueve una política anti-migrante e islamófobia. Políticamente, esa radicalización parecía que iba a ser canalizada por la constitución de Your Party (Tu Partido), una ruptura del laborismo encabezada por Jeremy Corbyn y Zhara Sultana. La decisión de fundar un nuevo partido despertó el entusiasmo de amplios sectores de los trabajadores y la juventud: cuando se abrió la inscripción al nuevo partido logró reunir 800.000 adhesiones en pocas semanas. Pero esta iniciativa se frustró rápidamente ante el copamiento burocrático que orquesta Corbyn, aliado a los sectores más conservadores que lo acompañan, como burócratas sindicales, varios diputados y clérigos musulmanes, excluyendo a los partidos de izquierda que se plegaron al llamado del nuevo partido en formación, lo que precipitó, a su turno, un enfrentamiento y fractura con Sultana. Las maniobras de Corbyn son funcionales a confinar a Your Party a la condición de un aparato electoral, divorciado de la lucha que vienen librando los trabajadores a favor de la causa palestina, de la lucha contra la ultraderecha, de las luchas gremiales y reivindicativas que se vienen abriendo paso en Gran Bretaña. Este escenario ha provocado que este viraje haya sido capitalizado por el partido verde, que se ha desplazado hacia la izquierda en las recientes elecciones, explotando el lugar vacante dejado por Your Party.
Viene al caso destacar que un dilema parecido se le presenta a Mamdani. No hay posibilidad de ser leal a las reivindicaciones populares y al mismo tiempo formar parte del Partido Demócrata, que es uno de los pilares del imperialismo norteamericano. Los primeros 100 días de gobierno del flamante alcalde ya ha puesto al descubierto tempranamente esta contradicción. Apenas ha podido avanzar tímidamente y en forma muy parcial con alguna de sus promesas de su campaña electoral como la apertura de guarderías gratuitas, pero un avance mayor de su programa de gobierno tropieza con el condicionamiento que impone el establishment no solo republicano sino de su propio partido y la frondosa burocracia que maneja resortes claves del municipio y que es parte integrante del aparato del Estado burgués (órgano de dominación de las clases explotadoras sobre los trabajadores).
En lugar de apelar a la movilización popular, Mamdani ha optado por compromisos con estos factores de poder. Ha mantenido en el cargo a la titular del departamento de policía de la administración saliente, que constituye una suerte de poder paralelo incluyendo a las fuerzas especiales de represión que Mamdani se comprometió a desmantelar.
Mamdani, y la DSA que integra, no representan una corriente socialista revolucionaria, sino limitadamente reformista. No quiere plantear el desmantelamiento de las fuerzas represivas que constituyen la esencia del Estado burgués. De la misma forma viene de apoyar la reelección en la primarias demócratas de la gobernadora Kathy Hochul que forma parte de la cúpula conservadora del Partido Demócrata, dándole la espalda al candidato enrolado en el ala izquierda del partido. Si bien los defensores de los derechos palestinos elogiaron a Mamdani por derogar decretos pro israelíes al asumir al cargo, le recriminaron duramente por sus declaraciones apoyando la existencia del estado de Israel.
13. Los desafíos de la izquierda
Los desafíos de la izquierda que se reclama revolucionaria son enormes. El dilema es si la izquierda va a quedar confinada a un trabajo de propaganda general o a ser un grupo de presión en el marco y a la sombra del orden social vigente con una política electoralista/parlamentarista, sindicalista, movimientista, o se convierte en un canal de lucha de los trabajadores que apunte a trasformar a la clase obrera en alternativa de poder.
En este contexto, la defensa de la independencia política es determinante. En Argentina existe una gran presión, amplificada por los medios de comunicación, para que la izquierda se una al peronismo. En nombre de desplazar Milei como sea, se justifica la conformación de un frente amplio sin fronteras a la derecha con excepción del oficialismo libertario y el macrismo oficial. Un frente de esta naturaleza albergaría a los Pichetto, a Larreta y hasta quienes plantean como Guillermo Moreno a la vicepresidente Villarroel que viene coqueteando con los gobernadores peronistas del interior.
Quienes abogan por esta variante llaman a inspirarse en el armado de Lula que para ganarle a Bolsonaro armó una lista con quienes ejecutaron el golpe contra Rousseff y han sido portavoces históricos de los intereses de la clase capitalista brasileña. Se soslaya el hecho de que bajo el gobierno del PT, continúa la reforma laboral de Temer y la reforma previsional de Bolsonaro y de un modo general el gobierno ha servido a los intereses del gran capital y ha anudado compromisos con sus representantes políticos en el marco del Congreso y con las fuerzas políticas que integran su gabinete.
El balance de esta experiencia es lo suficientemente aleccionadora para demostrar que esa variante lejos de ser un paso progresivo conduce a una frustración. La decepción y desencanto que anida el pueblo brasileño con respecto a Lula y el PT es lo que explica que el bolsonarismo haya levantado cabeza nuevamente y que las encuestas indiquen un empate en las intenciones de voto. Se corrobora una vez más que estas coaliciones no son un escudo contra la derecha. Contrariamente, conviven con ella y la apaña y pavimenta el camino para que ésta vuelva a acceder al poder. La lucha contra la derecha solo puede tener un desenlace favorable a partir de una movilización independiente de los trabajadores.
Este cuestión se reproduce en todo el mundo. En nombre de la amenaza fascista y de la ultraderecha se promueven “frentes antifascistas” o “democráticos” en los que la izquierda confluye actuando como apéndice y furgón de cola de los partidos burgueses. Un ejemplo ilustrativo lo tenemos en Francia donde el Frente Popular llegó a un acuerdo con Macron para enfrentar a los candidatos del Frente Nacional de Marine Le Pen. Los candidatos electos afines al presidente francés terminaron consagrando como primer ministro a hombres de la derecha tradicional, con el apoyo de votos de Le Pen, haciendo caso omiso a los compromisos entablados con las fuerzas de izquierda comandadas por Melenchon. Lo que está en discusión es la estrategia de la izquierda: o una política de colaboración de clases (frentes populares) o de lucha de clases.
Esta misma disyuntiva expresa la confluencia de parte de la izquierda latinoamericana en el encuentro “antifascista” realizado en Porto Alegre. Promovido centralmente por el SU, confluyeron los restos de la centroizquierda y el nacionalismo, así como parte de la izquierda autodefinida revolucionaria como el MST argentino y Vientos del Pueblo. El encuentro no criticó la parálisis frente al desembarco yanqui en Venezuela y el bloqueo a Cuba, sirvió básicamente para sumar a la izquierda continental a la campaña electoral de Lula y se propuso repetir la conferencia el año que viene en Buenos Aires, a tiempo para promover un voto al peronismo contra Milei. El hecho de que los integrantes argentinos del FITU en Porto Alegre son los que han confluido el 24 de marzo con el kirchnerismo, oponiéndose a un acto independiente, muestra que no es un brote frentepopulista episódico. La sección local de la LIS se mantiene en el PSOL que ejerce cargos de gobierno.
Los llamados “frentes democráticos” y “contra el fascismo” plantean esperar hasta las elecciones. La salida electoral pasa a ser un recurso para justificar la paralización de las masas y la pasividad. Estos armados políticos cumplen el papel nefasto de sacar a las masas de las calles y de la acción directa. Frenan y ahogan una respuesta de los trabajadores mientras los gobiernos y las patronales no frenan su ofensiva.
Esta parálisis incluso genera peores condiciones para encarar una batalla electoral cuando corresponda. Lo que ha prevalecido, sin embargo, en el campo de la izquierda radical son las tendencias electoraleras y parlamentarias y no como la izquierda se pone a la cabeza de la tarea de organizar a los trabajadores para que irrumpan en la crisis como una factor y fuerza independiente. Una política con eje en el electoralismo actúa como un refuerzo de las ilusiones parlamentaristas en las masas, cae en un estrecho reformismo.
La huelga general en desarrollo en Bolivia, nos indica que es la acción de las masas la que puede modificar el panorama político e imponer el triunfo de las reivindicaciones obreras y abrir el camino para acabar con los regímenes burgueses hambreadores y represivos. Esto no significa no luchar también en el campo político electoral por la independencia política de la clase obrera contra los partidos políticos de la burguesía.
Es esencial demostrar a los ojos de la clase obrera y las masas explotadas que los revolucionarios somos capaces de enfrentar a la burguesía en todos los terrenos. Es la lucha que históricamente viene librando el Partido Obrero por extender el Frente de Izquierda a todos los terrenos de la lucha de clases y que no quede circunscripto a una alianza electoral.
El planteamiento actual del Partido Obrero de la convocatoria del FITU a una asamblea nacional abierta a los luchadores de la clase obrera, la mujer, la juventud tienen como función poner en pie una fuerza para intervenir en la lucha de clases presente, generalizar la movilización popular e impulsar la huelga general dirigida a enfrentar y derrotar, mediante la acción directa a Milei y sus planes anti obreros.
De conjunto, el balance de que arroja el desempeño de la izquierda que se reclama revolucionaria es la tendencia a la adaptación al régimen político, a las instituciones democráticas, el seguidismo a los partidos y coaliciones políticas del progresismo centroizquierdista o de las variantes nacionales y populares y su aversión a hacer un eje en la intervención en la lucha de clases.
La tendencia a sucumbir frente a las presiones de la burguesía se expresa claramente en la guerra de Ucrania. La mayoría de la izquierda se ha alineado en el campo ucraniano cuando Zelensky es un brazo y un apéndice de la OTAN y de ninguna manera exponente de la liberación nacional del pueblo ucraniano. No se trata de un error o un hecho aislado: estas corrientes adoptan puntos de vista democratizantes. En general son tributarios de la concepción de que es la era de las “revoluciones democráticas” como plantea el morenismo, lo que en muchos casos los llevan al campo proimperialista de lucha contra las tiranías o dictaduras (Venezuela, Siria, Libia). Otro universo de corrientes se ha abanderado detrás de Putin, pero está claro que el Kremlin no es una fuerza emancipadora y antiimperialista sino que defiende su lugar y su tajada en el marco del sistema capitalista.
Pero la guerra trastoca todas las estructuras políticas y sociales y también del propio movimiento obrero. Como ya ocurrió en el pasado, la guerra actúa como una divisoria de aguas en la izquierda y ésta no es la excepción. La guerra actual está provocando una delimitación de campos y una diferenciación interna con la aparición en escena de un campo internacionalista que enarbola la independencia política frente a los dos campos en pugna y opone a la guerra fratricida la unidad de los trabajadores rusos y ucranianos contra la OTAN y el régimen putinista y llama poner fin a la sangría mediante el derrocamiento revolucionario de los gobiernos de ambos bloques. En otras palabras, recogiendo el legado de los grandes revolucionarios del socialismo, transformar la guerra imperialista en guerra civil contra el capital, que hoy pasa a ser una premisa estratégica y decisiva de alcance general cuando se afirman las tendencias a una conflagración mundial.
En este sentido, valoramos el reagrupamiento internacional que hemos gestado a partir del 2022, que sostiene estas banderas internacionalistas y que viene actuando y tomando iniciativas en común: declaraciones, impulso de movilizaciones internacionales y que ha realizado dos Conferencias: en Buenos Aires en 2024 y en Nápoles en 2025 y que ha previsto un nuevo paso en Atenas a fines de julio del corriente año. Estamos, entre quienes han constituido el núcleo más sólido de los promotores de estas iniciativas, ante corrientes que, con excepción del SEP de Turquía, no provienen del trotskismo. Aunque parezca paradójico, hemos logrado coincidencias políticas con estas corrientes sobre una base internacionalista, que no podríamos suscribir con corrientes con las que, supuestamente, tenemos una afinidad ideológica mayor.
Muchas de las organizaciones que se reclaman trotskistas están alineadas en el campo ucraniano, o sea, de la OTAN y el imperialismo y se llega al extremo de recriminar a las potencias imperialistas por no dar la suficiente ayuda a Ucrania y reclaman más armamento y recursos para lograr una victoria y derrotar la invasión rusa. Estas posiciones son el resultado de una larga trayectoria de integración al Estado, liquidacionismo de la organización revolucionaria y adaptación a la opinión de la opinión pública burguesa y pequeño burguesa de gran parte de las corrientes que se reclaman de la Cuarta Internacional.
En las iniciativas que hemos impulsado se ha integrado también el SWP británico, aunque en grado más tentativo. Es una corriente trotskista internacional con múltiples secciones y algunos trabajos importantes. Coincidimos en gran medida sobre el enfoque internacional aunque constatamos diferencias políticas importantes en su tendencia a una participación sin una delimitación política clara a los fenómenos electorales de izquierda reformista, tipo Corbyn, Mamdani o Die Linke.
La confluencia que venimos realizando tiene la forma de un frente único. Todavía resulta prematuro transformar el actual reagrupamiento en una nueva corriente internacional, ni en un llamado a refundar la internacional como tal. Sería un error porque no tendría una política clara: constatamos aproximaciones políticas importantes cuyos acuerdos y divergencias debe ser explorados en una agenda de discusión en el marco de la acción internacional común que venimos desarrollando y que tenemos la intención que siga progresando. Apostamos a que este reagrupamiento internacionalista contra la guerra se expanda y logre incorporar a nuevas corrientes.
Constatamos que se producen convocatorias que coinciden con nuestro enfoque internacionalista de oposición a la guerra imperialista. Este carácter tuvo la campaña política por un primero de mayo contra la guerra imperialista y el rearme que dio lugar a concentraciones masivas en varias ciudades de España convocado por Movimiento Socialista / Coordinadora de Juventudes Socialistas que es una fusión masiva de escisiones por izquierda del PC, el independentismo vasco y catalán muy combativo y radicalizado. También es un paso en este sentido el acto en Paris contra la guerra imperialista en Irán y la colaboración de la UE convocado por el el NPA-R, el PT francés de la minoría lambertista y Lutte Ouvriere entre otras. Las movilizaciones juveniles en Alemania contra la conscripción son un movimiento de masas contra el rearme europeo que muestra un campo fértil para esta orientación política.
Un desafío especial es extender esta confluencia en América Latina, que ha pegado un retroceso si lo comparamos con el reagrupamiento de fuerza que se había alcanzado cuando tuvo lugar la Conferencia Latinoamericana convocada por el FITU en 2020. El apoyo a la rebelión boliviana y una campaña contra la asfixia yanqui a Cuba con complicidad de los gobiernos latinoamericanos son las herramientas inmediatas para un relanzamiento de nuestro trabajo de relaciones en la vanguardia continental.
Un problema programático/metodológico fundamental es la lucha por construir partidos obreros revolucionarios socialistas y una Internacional revolucionaria. Sin partidos centralizados en la lucha contra el capitalismo y por la revolución socialista que permita llevar a gobiernos de trabajadores, las perspectivas revolucionarias se debilitan. Nos oponemos a la política de “partidos amplios”, no centralizados, de convivencia entre tendencias, que solo sirven (y relativamente) para las campañas electoralistas. Y la participación de los revolucionarios en los sindicatos y movimientos de lucha no puede, en sí misma, sin una lucha política abierta, llevar a la posibilidad de la lucha por el poder.
Como señalamos en el informe internacional cuyo contenido ratificamos “La lucha por una nueva internacional revolucionaria es, en la comprensión del PO, la lucha por la Cuarta Internacional. Lo es por el programa y las tareas que tiene por delante La contraposición entre frente único obrero y frente popular es una de las claves divergentes de la situación internacional. La condena de la burocracia estalinista restauracionista y la explicación científica de la deriva reaccionaria de los ex Estados obreros burocratizados es una condición previa para cualquier opción de izquierda revolucionaria en el mundo hoy y remite a la oposición de trotskismo y estalinismo en la dirección bolchevique luego de la muerte de Lenin. El Programa de Transición es el método por excelencia para diferenciar un trabajo político revolucionario de masas del propagandismo, del electoralismo, el sindicalismo o movimientismo. El centralismo democrático (no su caricatura monolítica estalinista) es la forma de organizar partidos de combate que no sean sectas personalistas ni aparatos electorales o movimientos” .La definición por la Cuarta Internacional no lo colocamos como ultimátum, sino como “la política que queremos discutir con la vanguardia que se destaca en el mundo, y en primer lugar con las organizaciones con las que hemos establecido una colaboración, aunque provengan de diversos movimientos políticos de la izquierda internacional.”
Bajo estas premisas y consideraciones, planteamos la siguiente agenda:
A) Darle continuidad e impulsar el reforzamiento y la extensión del frente único contra la guerra imperialista que venimos desarrollando. En este sentido, la Conferencia de Atenas programada para julio próximo debe ser la oportunidad para hacer una campaña de difusión de sus objetivos, que se conozcan en la vanguardia obrera de Argentina y América Latina y despertar su interés y atraer nuevas fuerzas políticas y luchadores a esta causa. Proponemos como pasos en este sentido mayores campañas comunes en redes sociales, el relanzamiento de la pagina International Debates con un plan de publicaciones claro y una agenda de reuniones online juveniles, dado el entusiasmo que presentó la participación de compañeros de la TIR y KA en el campamento de la UJS.
B) Impulsar la profundización de la campaña por la derrota de la agresión imperialista y sionista contra Irán y la movilización internacional y en nuestro propio país contra el genocidio palestino y el apoyo a su causa. La campaña alrededor de estos dos puntos es un arma para denunciar el alineamiento de Milei con el sionismo y el imperialismo y para desenmascarar al nacionalismo que hoy mantiene un silencio de radio o directamente complicidad con Israel y EEUU. En este terreno hemos participado y participamos en múltiples instancias internacionales, en la red Global Jews for Palestine dando lugar a participación en encuentros en Brasil y Venezuela y en el futuro cercano en Irlanda, en la Global Sumud Flotilla y en encuentros de diversos agrupamientos que sostienen a la resistencia palestina realizados en Irak, España y Brasil. Es importante avanzar en vincular los contactos que hemos abierto en estas instancias a iniciativas junto al PO, de debate público sobre la continuidad de la lucha palestina y cómo se integra con el cuadro general de guerra imperialista, y de la política internacionalista que promovemos.
Continuamos con la denuncia que venimos realizando contra el intento de silenciar las voces que en el mundo y en nuestro país se levantan contra el genocidio sionista. Realizar una campaña especial por el desprocesamiento y absolución de nuestra compañera dirigente y legisladora, Vanina Biasi, que está siendo llevada a juicio, acusada de antisemitismo, por oponerse públicamente a las masacres sionistas en Medio Oriente. Para silenciarlos, el sionismo equipara, falazmente, cualquier crítica al Estado de Israel con el antisemitismo.
C) Promovemos una gran campaña en apoyo a la rebelión boliviana, a la huelga general y su planteo de derrocamiento del gobierno de Paz. Esta campaña plantea una agenda de movilización en Argentina, no solo en solidaridad, sino para enfrentar las medidas de apoyo práctico de Milei con Paz en la represión. Nos plantea un gran trabajo en la comunidad boliviana, y la posibilidad de abrir relaciones desde ahí y en particular desde las provincias cercanas. Votamos que la dirección entrante tome todas las medidas prácticas posibles para apoyar esta rebelión, y colaborar y vincularnos con los sectores de vanguardia que la impulsan.
D) Impulsar la denuncia internacional y la campaña que se está gestando en Argentina contra el bloqueo yanqui a Cuba. Un paso ha sido la constitución de un Comité Independiente Obrero y Estudiantil en contra del bloqueo que viene de realizar una primera acción el 14 de mayo en Congreso. Uno de los reclamos fundamentales es la exigencia de que los llamados gobiernos progresistas de América Latina (México, Brasil y Colombia) envíen petróleo a Cuba y desoigan el ultimátum de Trump de cortar el suministro de combustible a la isla. En esta línea ya se han realizado acciones de movilización en México y Brasil, con las que nos proponemos confluir en una campaña continental independiente por Cuba.
La solidaridad con Cuba no implica un aval al régimen castrista cuyas reformas vienen apuntando a una restauración capitalista. El documento de convocatoria a la concentración en Congreso concentra el eje en la denuncia del bloqueo, pero se pronuncia contra la represión que viene haciendo el pueblo cubano enfrentando esta política de austeridad y ajuste. Seguiremos impulsando, dentro y fuera del FITU, la necesidad de convocar a una Conferencia Latinoamericana de la izquierda y el movimiento obrero combativo para enfrentar los ataques imperialistas y constituir un polo revolucionario continental que plantee una alternativa antiimperialista y socialista, contra los alineamientos derechistas abiertamente proimperialistas y las maniobras (vergonzosamente de conciliación con el imperialismo) del bloque en crisis del nacionalismo burgués y el centroizquierdista frentepopulista. Una campaña en este sentido tiene un gran peso en Argentina, donde los aliados históricos del castrismo y el chavismo no denuncian el avance yanqui, y también para organizar una actividad sistemática con contactos y organizaciones en los países de la región.
E) En el marco de la campaña por la conferencia de Atenas debemos profundizar el debate con las organizaciones que van a participar en ella. Planteamos sacar un material especial a manera de contribución para la Conferencia sobre la actualidad y vigencia de la lucha estratégica por la refundación de la IV Internacional.
F) Esta agenda plantea una mejora en nuestros métodos de trabajo y comunicación. Es necesario, que cada una de las iniciativas que tomemos sean acompañadas por una tarea de propaganda más amplia y ambiciosa que incluya vídeos, placas, divulgación en redes de modo darle otro alcance y penetración a nuestros planteos y posiciones políticas.