A fines de diciembre último, la Liga Internacional Socialista (LIS) realizo su tercer congreso internacional. Constituida en el 2019, este reciente Congreso se realizo con la incorporación del Partito Comunista dei Lavoratori (PCT) de Italia (que suma también a la fantasmal Oposición Trotskista Internacional (ITO) que dirige y reconstruye (o diluye) frente a cada maniobra internacional que realiza) y de la poca conocida Liga por la Quinta Internacional (LFI), integradas recientemente.
El Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) de la Argentina actúa como patrocinador y organizador de esta “nueva Internacional”. Se jacta que han participado delegaciones de 38 organizaciones (más algunos observadores), evidenciando un “acelerado crecimiento” de la LIS, en solo cinco años. “Todo esto, -según Alejandro Bodart, MST argentino- mientras otras corrientes del trotskismo lamentablemente estallaron, se dividieron y retrocedieron o en el mejor de los casos se encuentran estancadas” (18/12).
Este exitismo de los organizadores tiene mucho de oportunismo. No solo porque se trata en muchos casos de pequeñas organizaciones, casi sin protagonismo (¿unipersonales?) en la vida política y en la lucha de clases de su país. Si no, también, porque oculta las crisis y rupturas que ha sufrido. Por un lado, la de los compañeros de la SEP (Partido Socialista de los Trabajadores) de Turquía, una de las principales organizaciones fundadoras de la LIS, oponiéndose, fundamentalmente, a la política proimperialista de colocarse en el bando de la OTAN, en la guerra de Ucrania.
Y, recientemente, una fracción importante de los compañeros (especialmente del sector obrero) de Revolución Socialista de Brasil, en oposición a la política de impulsar la formación de “partidos amplios” y, concretamente, del “entrismo” en el PSOL, que es parte integrante del oficialista Frente Amplio (Popular), poniendo incluso ministros en el gobierno burgués de Lula/Alckmin.
Dos puntos nodales del ideario político/programático de la LIS.
Condenados al ‘éxito’ del revisionismo
La LIS informa que el desarrollo de su éxito organizativo se debería al “método de construcción” que vienen utilizando. Este no se basa en el análisis de las trayectorias políticas y programáticas (que considera como “tradiciones”) que vienen desarrollando quienes se integran, sino en los acuerdos que establecen sobre los principales sucesos de la situación política internacional.
Considera que el resto de las organizaciones de izquierda no se han podido aggiornar, que sufren de una “miopía que se manifiesta en la negativa a dejar atrás modelos que aunque pueden haber sido útiles en el pasado han demostrado su fracaso para actuar en el presente”. Proclaman así su carácter revisionista de los postulados revolucionarios (que denominan “tradiciones”).
La “unidad” de las organizaciones de la LIS se ha ido haciendo “empíricamente”, pero no despolitizadamente, sino sobre la base de las “coincidencias” políticas que iban estableciendo. Esto puede ser positivo. Veamos algunas de ellas, desarrolladas en los documentos programáticos aprobados en el congreso la LIS.
OTAN, Ucrania y guerra mundial
Un punto fundamental, que reúne a los integrantes de la LIS, es el alineamiento con el bando de la OTAN en la guerra imperialista que se libra en Ucrania entre esta coalición del imperialismo dirigida por los EEUU y Rusia.
La LIS considera que Rusia es la ‘culpable’ del inicio de la guerra cuando invadió Ucrania el 24 de febrero del 2022, la que tuvo entonces que defenderse. Pero ya Lenin y la Internacional habían sentado ‘doctrina’ de que para caracterizar una guerra, no importa quién tira el primer tiro, sino el análisis de que sectores y clases se enfrentan. La guerra se estaba desarrollando en todo el sur de Ucrania (Donbas, etc.) desde 8 años antes (2014) alentada, en forma abierta por los EEUU y la OTAN, que fueron entrenando y armando hasta los dientes al régimen ucraniano (Zelensky desde el 2019).
Nadie puede negar la ofensiva política/económica/militar que desarrollaron los yanquis y la OTAN sobre los países del Este Europeo, semicolonizando los países que han restaurado el capitalismo, incorporándolos a la OTAN, rediseñando el mapa europeo, incluyendo fuertes guerras y genocidios como la que llevo al desmembramiento de Yugoslavia. Parte de ese proceso era (y es) también sumar a Ucrania al campo de la OTAN y terminar de cerrar un cerco en torno de Rusia, con vistas a avanzar también en una mayor colonización de esta. La invasión de Rusia a Ucrania debe ser vista desde este ángulo de una lucha interimperialista que se viene dando con golpes e invasiones en el centro de Europa. Rusia invade en un intento de defender los intereses de una camarilla oligárquica burguesa dentro de su territorio y del ucraniano. Se trata de una lucha entre la flor y nata imperialista (EEUU y los imperialismos europeos) y el imperialismo de segundo orden del régimen de Putin, sustentado no tanto en los medios financieros del capital monopolista moderno, sino en la fuerza del aparato militar/administrativo y los recursos naturales prodigiosos con que cuenta (petróleo y gas fundamentalmente). La LIS reconoce que los intentos de avanzar durante el proceso de restauración capitalista en una colonización imperialista de la Federación Rusa no pudieron imponerse.
El deber de todo revolucionario socialista internacionalista es oponerse a la guerra entre estos dos poderes capitalistas que usan a las masas como carne de cañón, disfrazando sus intereses imperialistas con palabras edulcoradas sobre “defensa de la nación”. Desnudar la esencia de los intereses de clase que se defienden y por los cuales se llama a las masas trabajadoras a entregar su vida y su sangre.
La LIS -al igual que la mayoría de las corrientes “morenistas” del trotskismo- termina colocada en la guerra en curso del lado de la OTAN. Para la LIS se trata de la defensa de la “autonomía nacional” de Ucrania que ha sido avasallada por la invasión rusa. El objetivo central: derrotar a Rusia apoyando al ejército ucraniano dirigido por Zelensky y la OTAN. Para ello, han construido una doctrina ecléctica, la existencia de una “doble contradicción” en la guerra ucraniana: la lucha del imperialismo de la OTAN contra Rusia (lucha interimperialista) y la de Ucrania contra Rusia (de autodeterminación nacional). Y han encontrado la síntesis de esta contradicción… participando en el bando de la OTAN/Zelensky para derrotar a Rusia y así defender la autodeterminación nacional de Ucrania. Para ello han inventado que existe en Ucrania una “resistencia independiente”, que libra la guerra contra Rusia. Pero la única fuerza militar que lucha contra Rusia es la comandada por Zelensky y los generales de la OTAN. No estamos frente a una fuerza militar independiente, como la de Mao Tse Tung con su Ejército Rojo peleando contra la invasión japonesa en paralelo con la del Ejercito Blanco nacionalista de Chiang Kai Shek. Es más, una parte de los trabajadores y el pueblo ucraniano están en el Donbas ‘alineados’ con la invasión de Putin. Y esto, desde antes del 2022, enfrentando a las fuerzas armadas fascistoides de los Bandera, Zelensky y la OTAN.
La LIS dice partir del principio general de que los marxistas defendemos las guerras de liberación de los pueblos contra los imperialismos, para adoptar esta posición que los coloca abiertamente en el campo guerrerista del imperialismo de la OTAN.
Tomar el ángulo de la lucha por la independencia de Ucrania respecto al imperialismo ruso es una visión sesgada, “provinciana”, que ignora el terreno de lucha -que se está librando internacionalmente- que está creando los prolegómenos de una tercera guerra mundial de agresión imperialista con un eje central en la derrota y subordinación de China y Rusia.
La LIS se justifica afirmando que no hay intervención física de tropas imperialistas atacando a Rusia. La actual guerra de Ucrania ha tenido como consecuencia directa el cambio de los métodos militares, que hoy en día se desenvuelven centralmente no a través de choques físicos directos entre tropas, sino de guerra electrónica, drones y misiles que se descargan unos contra otros. Ucrania está sostenida por el armamento, la técnica, los satélites, la inteligencia y la participación directa del imperialismo otanista. La LIS llega al ridículo de señalar que no hay soldados físicos de la OTAN para seguir justificando su apoyo activo al ejército otanista. (Lo cual, por otra parte, no es cierto: todos los días surgen informes de “mercenarios” enviados por las oficinas de reclutamiento imperialistas y por la presencia de militares imperialistas en el terreno de batalla para manejar las sofisticadas y complejas armas modernas). Para la LIS, si un robot dirigido electrónicamente por personal militar imperialista interviene y mata a soldados rusos, no es accionar imperialista en la guerra. La guerra en Ucrania está estancada desde hace larguísimos meses, con avances y retrocesos de metros o kilómetros, girando centralmente en torno a los bombardeos de drones y misiles. El propósito imperialista es debilitar y desgastar a las fuerzas rusas, usando la sangre de los soldados ucranianos (cada vez más reclutados con levas forzosas a las que se opone creciente y activamente la población ucraniana).
La LIS se opone a considerar que estemos en evolución hacia una guerra imperialista mundial. Considera que hay una “transformación del imperialismo mundial”. Una “transformación cualitativa y creciente complejidad del mundo imperialista” (“Documento sobre Ucrania del Congreso de la LIS, pág. 4). Y acusa a la izquierda revolucionaria que denuncia la evolución de la ofensiva imperialista hacia una guerra mundial, por “aplicar formas y clichés de análisis tradicionales y, en gran medida, ya obsoletos” (ídem). Plantea la “total impotencia del imperialismo estadounidense ante la situación en Venezuela y Cuba” (ídem): esto a escasos días del bombardeo, invasión y deposición de Maduro, luego de dos meses de hundimiento de naves venezolanas, por los yanquis. La debilidad de un sistema o régimen no significa que se aleja la perspectiva de la guerra. Por el contrario, suele acrecentarla en un intento desesperado de resolver por la fuerza, lo que no puede resolver por los medios clásicos de competencia y poder capitalistas.
Las guerras en curso son tomadas por la LIS en forma local y parcial. Pero la lucha contra la guerra imperialista no se inicia el día en que esta estalla en toda su magnitud. La II Internacional venia luchando contra la guerra imperialista, enfrentando cada conflicto con esta óptica, oponiéndose a los gobiernos burgueses e imperialistas, durante años. Deshecho apoyar la lucha de Serbia por su derecho a la independencia y autodeterminación nacional contra el Imperio austriaco porque esta estaba subsumida por el proceso más amplio de la guerra imperialista en desarrollo. Y en la segunda guerra mundial esta se fue preparando durante varios años con las anexiones de Austria, Checoslovaquia, Etiopia, Albania y otras por las potencias fascistas, que fueron denunciadas por Trotsky y los marxistas revolucionarios de la época como pasos hacia la guerra mundial.
La posición “defensista” de Ucrania/OTAN, adoptada por la LIS, se hace al margen de esta tendencia internacional hacia la guerra imperialista a la que se niega abiertamente: “todas las grandes potencias del mundo –EEUU y China, pero también las potencias de Europa Occidental, la UE, Rusia y Japón- quieren, al menos por ahora, evitar una confrontación directa” (ídem pág. 3). Y la guerra de Ucrania: ¿Qué es? Para la LIS se trata de una nueva “guerra fría”: ¿con un millón de víctimas?
La LIS se ha ido transformando en el ala guerrerista más consecuente del frente otanista contra Rusia. Ante el inicio de las negociaciones entre Trump, Putin (y Zelensky) para parar la guerra, la LIS emerge con fuertes campañas para reclamar más y más presupuestos y mortíferas armas para usar en Ucrania y derrotar a Rusia. Los socialistas revolucionarios luchamos por poner fin a la guerra que se está devorando la vida de centenares de miles de trabajadores y soldados ucranianos y rusos. Llamamos para ello a una política derrotista, enfrentando a los regímenes guerreristas de Zelensky y de Putín, para derrocarlos e imponer la paz: confraternización revolucionaria entre ucranianos y rusos contra sus regímenes capitalistas explotadores que llevan al matadero a sus pueblos. Hace unos meses, hubo movilizaciones populares importantes en Ucrania cuando se destaparon los negociados y la corrupción en curso por parte de altos ministros, amigos íntimos del presidente Zelensky (que igualmente está involucrado). La LIS se lanzo a una campaña para continuar y profundizar la guerra, en lugar de explotar la indignación popular para avanzar contra el régimen guerrerista imperialista. Suele justificarse la LIS, con una frase: diciendo que mantienen “su” independencia política respecto a Zelensky y la OTAN.
Los “acuerdos de paz” que vienen debatiendo Trump y Putin, con la intervención relativamente marginalizada de Zelensky y las fuerzas imperialistas europeas, no terminan de cerrarse. Por supuesto que serán “injustos” (la justeza es de lo primero que desaparece en una guerra): se repartirán territorios de Ucrania y no garantizaran la paz. Estos posibles acuerdos serán un preámbulo (como ya sucedió en el pasado) de nuevas guerras, de acuerdo a la marcha de las tendencias guerreristas imperialistas mundiales. Porque no se habrá eliminado la crisis imperialista y las tendencias a la guerra mundial.
La LIS insiste en profundizar la guerra y reclama más armas. Llega a plantear que “Ucrania se volvió tan débil militarmente a partir de 1994, cuando, bajo la presión simultánea y coordinada del imperialismo ruso y occidental, se vio obligada a firmar el llamado ‘Memorando de Budapest’…” por el cual “todo el armamento nuclear existente en el territorio ucraniano fue transferido a Rusia, al igual que todos los portadores de dicho armamento (misiles de largo alcance y aviones de aviación estratégica)” (ídem). ¿Quieren dotar a Zelensky de bombas atómicas?
La LIS termina levantando la tesis de que la política del imperialismo otanista (incluyendo el “acuerdo de paz” que impulsarían Trump y Putin), pretende impedir la derrota de Rusia: “La mayoría de los imperialismos occidentales, evidentemente, están profundamente atemorizados ante cualquier posibilidad de la caída del régimen de Putin”. Porque plantearía “la esperada ola de movimientos de liberación nacional de los pueblos oprimidos de la Federación Rusa, en caso de desintegración y colapso del régimen de ese país” (ídem). Se trataría de una conspiración maquiavélica entre Putin y los imperialistas occidentales, que la LIS quiere romper profundizando la guerra hasta derrotar a Rusia.
La consigna de la “autodeterminación de los pueblos” y de la lucha antiimperialista por la “liberación nacional” es levantada caprichosamente, por la LIS, al margen de la realidad. La LIS, se adapta, a la situación y llega a plantear que la “autodeterminación” debiera ser usada no solo en el caso de Ucrania, sino también en el de Crimea y las regiones del Donbas. Y en el caso de Taiwan….
Autodeterminación a troche y moche…. los planteos concretos de la LIS son funcionales a los planes y accionar ofensivo guerrerista del imperialismo yanqui/otanista.
La “autodeterminación nacional” de Ucrania solo será posible si se acaba con los regímenes proimperialistas, se impone la confraternización entre rusos y ucranianos y se constituyen gobiernos de trabajadores.
Sobre los “partidos anticapitalistas amplios”….
Otro punto nodal de las resoluciones programáticas acordadas en el Congreso de la LIS es sobre el “desafío que plantea para las organizaciones revolucionarias” la “crisis de los progresismos” frente al “ascenso de la ultraderecha y el rechazo que esto genera en amplios sectores de la población” (Resolución sobre Partidos Anticapitalistas Amplios del Congreso de la LIS, pág. 1). “El surgimiento de expresiones anticapitalistas amplias en distintos países” plantea a la LIS la necesidad de impulsar y participar en la creación de “partidos anticapitalistas amplios”. La LIS caracteriza que estos “emergen a la izquierda de la socialdemocracia, la centroizquierda tradicional” y “–en algunos casos- de los partidos comunistas estalinistas” (ídem pág. 2) y que “sostienen un programa reformista radical”.
(¿Vuelve la Liga Internacional Socialista a tomar como referencia la Internacional Socialista, como hizo históricamente Nahuel Moreno en muchas de sus maniobras políticas?)
La LIS afirma que se trata de “una táctica” y que su objetivo estratégico sería la creación de “partidos revolucionarios”. Pero esto último suena a lo que los oportunistas socialdemócratas llamaban el ‘programa máximo’ y los revolucionarios denunciaban que se guardaba para exhibir los ‘días de fiesta’. Se trata, en realidad, de una ‘táctica’ universal y… no es una propuesta “nueva”, sino que los dirigentes del MST la vienen desarrollando desde hace décadas y ahora la extienden a toda la LIS.
El Secretariado Unificado (SU) de la IV Internacional revisionista, la planteo, orgánicamente, ya en la última década del siglo XX (después de la caída del Muro de Berlín) y fue pionero en disolver su partido en Francia (la Liga Comunista Revolucionaria, LCR), para ‘refundarse’ en un nuevo “partido amplio”, el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), renegando ‘de paso’ del objetivo de luchar por la dictadura del proletariado, es decir, el gobierno de los trabajadores. El NPA se constituyo como un “partido de tendencias”, contrario al centralismo democrático, imprescindible en un partido de acción revolucionaria. El SU cedió a las presiones ideológicas/políticas democratizantes imperialistas contra la acción militante y revolucionaria. De 10 mil militantes en sus orígenes termino 20 años después con menos de 2 mil, divididos en varias tendencias, que actuaban autónomamente y se ‘unificaban’ en torno a eventos electorales. Finalmente, la fracción mayoritaria del NPA dirigida por el SU, resolvió disolver este “partido amplio de tendencias” e incorporarse directamente al Frente Popular que dirige Melenchon. Un trabajo liquidacionista de ‘alto nivel’, que llevo a la frustración militante de toda una generación de revolucionarios franceses.
La LIS afirma que se trata de “una táctica y, por lo tanto, debe considerarse su carácter transitorio”, lo que marcaría, dicen, una diferencia respecto al SU (ídem, pág. 3). El NPA vivió como partido de tendencias en Francia durante más de dos décadas. Y la presencia de la organización de la LIS en el PSOL (Partido Socialismo y Libertad) de Brasil se extiende hace 22 años. Se trata de una “transitoriedad” bastante aleatoria. Habiéndose constituido, en el 2004, como una ruptura del Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Lula, frente a la política derechista que este imprimió a su gobierno de frente popular, los militantes del PSOL terminaron tragándose todo tipo de ‘sapos’ (incluyendo candidaturas derechistas, etc.), para que este culmine ahora con la integración lisa y llana, no solo al frente popular, sino al gobierno del frente popular, con dos ministros y diversos funcionarios. El PSOL es un partido de tendencias, no interviene centralizadamente en los movimientos de lucha del pueblo trabajador y solo actúa unido en función de los procesos electorales. Diversos sectores de la izquierda, particularmente los morenistas, participaron en el PSOL, principalmente en función de las campañas electorales, en la búsqueda de obtener réditos con candidaturas. La gran mayoría de ellos (Izquierda Socialista de la UIT-CI, el MAS de la Corriente Socialismo o Barbarie, etc.) ha ido rompiendo con el PSOL. Pero no “Revolución Socialista” de la LIS, que sigue con su ‘entrismo transitorio’. Un mes antes del reciente Congreso de la LIS, una fracción importante de trabajadores afiliados a Revolución Socialista/LIS, rompe con esta por permanecer dentro del PSOL y del Frente Popular de Lula: “el PSOL ya no es un partido combativo, con independencia de clase y una estrategia contra el sistema capitalista. Ahora forma parte de las burocracias del Frente Amplio del gobierno de Lula-Alckmin, bajo la dirección de los ministros Guilherme Boulos y Sonia Guajajara” (Carta Pública de la fracción rupturista, 9/11/2025).
Se trata entonces de una “táctica” que no es “episódica”, sino estratégica, y que tiene una base oportunista de carácter electoralista. Por ejemplo: la “Resolución sobre Partidos Anticapitalistas Amplios” votada por el congreso de la LIS (pág. 2), nos dice que se caen experiencias de “partidos amplios” pero abre expectativas al respecto de otros: Die Linke de Alemania y el DSA de los EEUU.: “Pero al mismo tiempo, observamos el resurgimiento de organizaciones que parecían en retroceso, como Die Linke en Alemania, que vuelve a captar a amplios sectores juveniles en un contexto de polarización frente a las fuerzas neofacistas. Asímismo, en Estados Unidos existe la posibilidad de una revitalización del DSA a partir de la asunción de Mamdani a la alcaldía de Nueva York y de las movilizaciones contra Trump”. Tira así líneas ‘estratégicas’. Die Linke de Alemania es una corriente frentepopulista, que se integro incluso a gobiernos burgueses y el DSA de los EEUU es una fracción izquierdista del imperialista Partido Demócrata de los Biden. ¿Un repunte electoral de estos plantearía la ‘oportunidad’ de integrarse a los mismos en búsqueda de réditos electorales? Esto en alemán o en cualquier idioma se llama oportunismo electoral.
La resolución sobre los “partidos amplios” de la LIS plantea que la ‘transitoriedad’ de permanecer integrados en ellos está en función de su ‘evolución’: “Debido a la naturaleza de clase de sus direcciones y sus programas reformistas, etas organizaciones tienen ‘fecha de vencimiento’: tras un período de auge, terminan adaptándose al régimen burgués, proceso que suele acelerarse cuando crece la perspectiva de acceso al gobierno” (ídem, pág. 3). Bla, bla, bla, distraccionista: como si la organización de la LIS no continuará en el “partido amplio” en Brasil, a pesar que el PSOL no tiene ninguna plataforma anticapitalista (y menos ‘radical’) y que no solo participa, sino que integra directamente el gobierno de Lula desde hace cuatro años. O como si en Venezuela no hubieran empezado (igual que el SU en Francia) por dividir al PRS (Partido Revolución y Socialismo) y disolverlo, para integrar los restos de su organización (Marea Socialista), al PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) nacionalista burgués de Chavez y Maduro, creado para proscribir a la izquierda y regimentar a la vanguardia obrera. Esta ‘tradición’ liquidacionista ha sido reivindicada en la Resolución aprobada en el reciente Congreso de la LIS. Los chavistas ni siquiera los dejaban estar dentro del PSUV como fracción pública, debían disolverse: actuaron como hizo el ‘pablismo’ liquidacionista de la IV con su entrismo en los PC stalinistas. ‘Romperán’ con el PSUV recién cuando fueron excluidos por la dirección chavista en el reparto de cargos electorales. Lo mismo sucederá, seguramente, con su permanencia dentro del PSOL, que se mantiene mientras consiga alguna candidatura expectable. Es una táctica que se aplica a troche y moche, dentro de oposiciones centroizquierdistas y gobiernos frentepopulistas. Porque su política está asentada, afirman, sobre la perspectiva de crecer organizativamente: “se trata de una táctica en función de fortalecer la construcción de nuestros partidos y la LIS”. Así planteado es una política oportunista que los lleva a adaptarse y buscar caminos que les permitan ‘crecer’, con relativa abstracción de los intereses de clases que representa cada formación y sus orientaciones políticas/programáticas. Ya se verá en otro capítulo, su férrea oposición a la constitución del Frente de Izquierda en la Argentina, para apoyar, en cambio, alianzas oportunistas con sectores burgueses nacionaloides y populistas, que creían les ofrecían candidaturas expectables.
….y el oportunismo electoralista
El Congreso de la LIS voto, por mayoría, una larga resolución de 10 páginas sobre “La izquierda revolucionaria y la intervención electoral”. Este es un terreno privilegiado para la estrategia de la LIS (en este punto se habrían presentando diferentes documentos alternativos durante el debate).
La resolución de la LIS no tiene como objetivo defender el principio de que los revolucionarios debemos utilizar todos los medios de lucha, entre ellos el de participar en elecciones burguesas -para avanzar en la lucha contra el capital e imponer gobiernos de trabajadores- ya consagrado por los planteos de Lenin y la III Internacional. Las 10 páginas reseñan una cantidad de “diferentes tácticas” sobre frentes electorales posibles “que siempre realizamos con una total independencia política de nuestros partidos, en cualquier situación que afrontemos” (Resolución “La izquierda revolucionaria y la intervención electoral”, pág. 3). “Las tácticas electorales pueden ser variadas, pero una política de clase e independiente es un principio inamovible” -lo que habilitaría para integrarse a diferentes frentes y coaliciones frentepopulistas- y pasaría por poder difundir “un programa socialista y anticapitalista que confronte con todos los partidos del sistema” (ídem). La LIS plantea en su resolución los casos “de un frente electoral con otros” donde “el programa es correcto pero tal vez no contiene todos los temas que quisiéramos, la independencia política es la garantía de poder desarrollar otros puntos programáticos o políticos por nuestra propia cuenta” (ídem). Pero en la lucha política electoral las coaliciones frentepopulistas aceptan el apoyo activo de sectores que por ‘su’ cuenta planteen en ‘sus’ materiales, ‘sus’ posiciones. Es más, muchas de las corrientes nacionalistas burguesas (o pequeñoburguesas) y frentepopulistas, se mimetizan autoproclamándose ser partidarias del “socialismo del siglo XXI” del chavismo, el “socialismo nacional” del peronismo, el “socialismo andino” de Evo Morales y otras semejantes, para atraer la atención y el voto de las masas populares.
La resolución de la LIS afirma que ha habido oposiciones a estos planteos genéricos (“del compañero Grisolía de la ex OTI, donde tiende a definir la presentación en listas propias como una norma o ley general” ídem, pág. 4), que desconocemos. Pero la norma resuelta afirma rotundamente que el norte que debiera guiar la intervención electoral de la izquierda revolucionaria debe estar al “servicio de construir y fortalecer nuestros partidos” (ídem). La resolución de la LIS da toda clase de ejemplos de participación en frentes electorales ‘amplios’: desde “la de nuestros camaradas de The Struggle” -que paso décadas dentro de las filas del Partido Popular de Pakistán (PPP) del nacionalista burgués que se proclamaba del “socialismo islámico”-, llegando hasta el Frente de Izquierda en Argentina: “En Argentina, antes de nuestro ingreso al FIT-U, también tuvimos intervenciones electorales propias que nos hizo ocupar un espacio y lograr una diputada en Córdoba, una provincia importante” (ídem). Pero… no dicen la verdad. El MST, fundador de la LIS, se opuso enérgicamente a la formación del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en el 2011. Lo combatió llamando a alinearse primero con “Proyecto Sur” del peronista Pino Solanas en torno a una plataforma de “nacionalismo emancipatorio” y luego con el exintendente de Córdoba, el arribista y saltimbanqui Luis Juez (que paso por el kirchnerismo y todo tipo de coaliciones burguesas hasta ser aliado directo del mileismo), en el “Frente Progresista Cívico Social”. Siempre combatiendo, furiosamente, a la izquierda revolucionaria y al FIT acusándola de ser la “vieja izquierda sectaria y dogmática” que la “nueva izquierda” venía a reemplazar. Esto no es ‘pasado’. La LIS reivindica esta ‘táctica’ que les hizo “ocupar un espacio y lograr una diputada en Córdoba”. A decir verdad, la diputada del MST, Luciana Echeverría, recién asumió, en su carácter de suplente, en el 2015, cuando se murió la titular (Marta Juárez) electa en la lista del Frente Progresista Cívico. Ya antes, en el 2008, el MST (ahora LIS) había marchado tomado del brazo de lo más granado de la reaccionaria oligarquía agropecuaria sojera argentina contra la Resolución 125 que elevaba los impuestos a los estancieros capitalistas. Esto es solo un ‘ejemplo’ del electoralismo frentepopulista y oportunista, que busca obtener bancas “que pueden ser útiles a nuestra construcción y estrategia propia durante un periodo. Cuando evaluamos que dejan de serlo, es cuando debemos cambiar esa táctica y definir otra” (ídem), plantea la resolución electoral de la LIS en una variante de la afirmación de Groucho Marx de que los principios son inamovibles hasta que se los cambia.
La LIS se encarga de aclararlo: “la realidad muestra que, entre el reformismo clásico y sus principales organizaciones, y los partidos obreros anticapitalistas o trotskistas, hay muchas variantes intermedias, a veces más heterogéneas, con programa ubicados a izquierda, pero no tan profundos ni iguales al nuestro. Estos casos no son la norma de nuestra intervención ni nuestra prioridad electoral, y a la vez tenemos que evaluarlos sin rechazar de plano una posible participación táctica en algunos casos (eso sí) siempre con un claro componente crítico e independiente” (ídem, pág. 5).
Que si, pero que no, pero tampoco, pero también: abiertos a cualquier tipo de enjuague electoral que pueda darles un rédito organizativo. En el caso de Brasil se mantienen dentro del PSOL “donde cada vez nuestra visión crítica a la propia dirección de esa fuerza recorría la campaña, sin todavía salir de ahí, al no haber otra alternativa de izquierda, ni tener la fuerza propia para aplicar otra táctica electoral”. Mientras exista una posibilidad de obtener réditos electorales… seguirá estando dentro de un partido que integra un gobierno de frente popular. Pero eso sí… con “independencia política”.
En Argentina, el MST se acerco al FIT cuando este tuvo una repercusión política y desarrollo electoral importante y los frentes burgueses que integraba se caían y disolvían. El oportunismo frentepopulista y electoralista del MST había fracasado. En cambio, una línea de independencia de clase se abrió camino. El FIT acepto la incorporación del MST a sus filas recién en el 2019, cuando había roto con sus acuerdos electorales con los partidos burgueses y sectores de la burocracia sindical y acepto, públicamente, la plataforma fundacional ‘sectaria’ y ‘dogmática’ que planteaba la lucha por un gobierno de los trabajadores.
Pero ahora, el MST/LIS vuelve a sus carriles que nunca termino de abandonar. Propone ampliar el FIT y que “se transforme en algo superior, un partido unificado de la izquierda con libertad de tendencias (…) tendiendo puentes a la participación de intelectuales independientes, referentes sociales, grupos anticapitalistas” (ídem, pág. 6). Pretenden crear un “partido amplio” que sea una federación de tendencias, como lo fue el NPA francés y como es el PSOL brasileño. Partidos constituidos con eje en la intervención electoral, no para la acción militante y menos revolucionaria. Para esto último, haría falta constituir un partido basado en un programa y que funcione con una actividad militante bajo el centralismo democrático para la acción unificada. No se puede disputar la lucha por el poder, sino se construye una herramienta revolucionaria basado en una disciplina surgida del centralismo democrático: un partido. Lenin, llego a la división de la socialdemocracia rusa, por plantear la necesidad de poner en pie un partido revolucionario centralizado y de acción, único posible de dirigir un proceso revolucionario. Planteaba que los intelectuales (profesores) podían integrarse a condición de sumarse incondicionalmente a la disciplina revolucionaria del partido y no como afiliados opinadores, tal como admitía la corriente menchevique.
Desde el punto de vista programático, las diferencias con el MST/LIS son cada vez más profundas. Su posición proOTAN frente a la guerra de Ucrania es producto de su capitulación frente a la fortísima propaganda imperialista democratizante. Y no se trata de un rayo en cielo sereno. La política de la LIS adopta este sesgo democratizante y proimperialista en gran parte de los problemas de la lucha de clases mundial (apoyo a la derecha proimperialista en el proceso venezolano preinvasión yanqui; apoyo a la ofensiva reaccionaria imperialista que culmino con la caída del gobierno sirio y la asunción de una corriente reaccionaria sostenida por el sionismo, la reacción árabe (Erdogan de Turquía, etc.) y el imperialismo, favoreciendo la desarticulación de Siria y el ‘reordenamiento’ imperialista de Medio Oriente; etc.). Es parte de la teoría morenista sobre el periodo de “revolución democrática” que se ha abierto (y que no podemos desarrollar ahora, lo haremos en próximas notas).
En el seno del FIT U hemos participado con el MST/LIS en el plano electoral (y no siempre). ¿Hasta que reciba o perciba una mejor ‘oferta electoral’? (Ya en varias oportunidades ha roto la presentación electoral conjunta del FIT U). Su tendencia es a buscar acuerdos con sectores del kirchnerismo para armar “nuevas alternativas”. Y viene rompiendo las instancias unitarias que impulsa el FIT U: se ha abierto del Plenario del Sindicalismo Combativo que reagrupa a las expresiones combativas y antiburocráticas del sindicalismo obrero y ha constituido el canal de la oposición sindical a las burocracias colaboracionistas con el gobierno de Milei.
Cuando un oportunista te habla de ‘unidad’: cuídate el bolsillo. Rechacemos las “tácticas” que llevan al liquidacionismo político de las organizaciones de izquierda y revolucionarias.
La resolución electoral del congreso de la LIS aplica similares criterios oportunistas para usar el “voto crítico” a formaciones políticas burguesas Así la resolución dice que “Siempre es esencial partir de la realidad para tratar de no equivocarnos”. Sabía y elemental verdad. La LIS plantea a continuación una ley: “Estas posibilidades pueden darse en países donde hay polarización entre fuerzas tradicionales, no tenemos opción propia y tal vez si haya alguna variante más ubicada a izquierda, sin ser directamente anticapitalista. En estos casos es posible si tiene utilidad para nuestra construcción, dar un voto crítico a esa fuerza” (ídem, pág. 6, subrayado en el original). Nuevamente, las resoluciones políticas, el apoyo a candidaturas frentepopulistas y/o burguesas, son adoptadas tomando en cuenta si son ‘útiles’ o no para el crecimiento de la fuerza organizativa de la LIS.
El texto se dedica luego a plantear los sucedáneos para maquillar este tipo de posiciones. Por ejemplo en la segunda vuelta de las elecciones del 2024 en Argentina el MST/LIS “puso el acento en votar contra Milei y no a los dos candidatos al mismo nivel” (ídem, pág. 7), un voto ‘indirecto’ a favor del peronista Massa. La resolución aclara que “los compañeros del PCL de Italia consideraban que había que llamar a votar críticamente a Massa. Creemos que es un debate válido y táctico, no de principios” (ídem).
“Levantamos una línea política siempre relacionada a la estrategia de partido revolucionario, viendo si esa táctica electoral nos hará crecer más o nos va a debilitar en nuestras posibilidades de construirnos, hacernos más conocidos, tener más figuras, más espacios políticos y más militantes. No hay parámetro a tomar en cuenta, que sea más concreto que este” (ídem, pág. 8, subrayado original).
La construcción de un partido revolucionario no gira en torno al progreso organizativo a toda costa: esa es la base del oportunismo. Sino a que este se realice sobre la base de un programa y una intervención revolucionaria en la lucha de clases, educando a la vanguardia obrera en la delimitación respecto a sus enemigos de clase, especialmente de aquellos que se mimetizan con posiciones pseudo socialistass para frenar la evolución clasista de los trabajadores.
Del electoralismo al frentepopulismo
El llamado de la LIS al “reagrupamiento de los revolucionarios” se trata de una vulgar demagogia ‘unitaria’, de carácter oportunista. Las diferencias programáticas (alineamientos en el campo guerrerista de la OTAN, integración en partidos que forman parte de gobiernos burgueses frentepopulistas, acercamiento a la pseudo oposición peronista, etc.) deben ser encaradas, discutidas y superadas revolucionariamente. Ponen en tensión los acuerdos sobre los que viene funcionando el FIT U de Argentina. La LIS considera progresivo al kirchnerismo -como a gran parte de las corrientes nacionalistas burguesas- “que hablaban del socialismo siglo XXI (y) sufrieron involuciones y fueron girando a la derecha” y que debido “a un contexto más severo por la crisis económica mundial, no tuvieron margen de maniobra para satisfacer necesidades sociales, ni se propusieron tomar medidas anticapitalistas ni expropiar a sectores de la burguesía o corporaciones multinacionales”. Para la LIS el kirchnerismo y otros, se tratarían entonces de corrientes ‘inconsecuentes’, cuando es necesario delimitarnos de ellas denunciando que no lucharon contra los ‘ajustes’ fondomonetaristas contra el pueblo que llevaron adelante los Menem y De la Rua, que se montaron en la movilización del “argentinazo” en la que no tuvieron ningún protagonismo y que lo hicieron para contener y desviar la movilización de las masas y salvar las conquistas reaccionarias (no anularon las privatizaciones, fueron pagadores seriales de la deuda externa, etc.) y defender el orden burgués.
Ahora, la LIS nos propone avanzar por el camino del frente popular, lanzando una campaña –sostenida abiertamente por el PSOL de Brasil y el MST de Argentina- en favor de una “Conferencia Antifascista y por la soberanía de los pueblos” en Porto Alegre, a fines de marzo. Vuelve, abiertamente, al camino de los frentes de conciliación de clases, de los frentes populares con la bandera de la “unidad” para enfrentar el avance de la ultraderecha. Se trata de una iniciativa del ‘progresismo’ latinoamericano impulsada especialmente por el PT, el partido del gobierno de Lula, y sus aliados. Su objetivo es colocar a las masas detrás del Frente Popular que sostiene a Lula y ser una colateral de apoyo electoral a este, en el próximo proceso electoral en octubre de este año. El gobierno de Lula, con su regimentación de las organizaciones de masas de los trabajadores y explotados ha mantenido a estas inmovilizadas, protegiendo las conquistas reaccionarias impuestas por los gobiernos de Temer y Bolsonaro (reforma laboral y previsional antiobreras, etc.). La LIS participa activamente en el operativo político de sujeción de la vanguardia obrera y la izquierda al frente popular. Hace lo mismo que el SU de la IV, donde varias de las organizaciones de la LIS se mantienen asociadas como simpatizantes. En una nota de su prensa (6/2/26) el MST explica que se acerca al Foro Antifascista de Porto Alegre, invitado por el Movimiento de Izquierda Socialista (MES). “Luego de incorporarse el MES con más fuerza al SU (IV), esta corriente internacional asumió más directamente la organización de la Conferencia junto a otras fuerzas. De nuestra parte, teniendo bastantes diferencias con el SU por lo cual construimos otro espacio internacional con la LIS, a la vez estamos abiertos a debatir, a intercambiar, a buscar puntos de acuerdo para impulsar la movilización…”. La coincidencia de la LIS con el SU es cada vez más creciente (Ucrania, partidos amplios, electoralismo, frentepopulismo, etc.): ¿marchamos hacia una nueva ‘reunificación’ del MST/LIS con el SU mandelista oportunista, liquidacionista histórico de las fuerzas revolucionarias de la izquierda?
Ya el MES de Brasil, socio de la LIS dentro del PSOL, ha pasado de “simpatizante” a la “incorporación plena” en el SU.
No es casual entonces que el el MST se haya opuesto en la mesa del Frente de Izquierda en la Argentina a realizar actos propios del FIT-U contra la ofensiva de Trump en Venezuela y Latinoamérica y a que el FIT-U sea convocante a una Conferencia Continental para reagrupar a sectores obreros, socialistas y antimperialistas en este sentido. Propuesta realizada por nuestro partido. Para la LIS la “unidad” se da con los pseudo ‘democrátas’ del frente popular y se rechaza impulsar la acción independiente y de reagrupamiento de la vanguardia obrera y de izquierda a nivel continental, poniendo en pie una alternativa obrera y socialista frente a la impotencia y debacle de las corrientes nacionalistas burguesas y frentepopulistas centroizquierdistas. El frentepopulismo y el electoralismo oportunista son un camino de desmoralización y derrota de la clase obrera.