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Sobre el impacto de la Flotilla Global Sumud

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Sobre el impacto de la Flotilla Global Sumud


La misión 2026 de la Flotilla Global Sumud (GFS) es la última de una larga serie de iniciativas de denuncia del bloqueo y la masacre contra la población civil que Israel y el imperialismo llevan adelante en Palestina. Desde 2008, cuando el Free Gaza Movement logró por primera vez llegar a la costa gazatí, hasta la campaña de 2026, se han sucedido 37 misiones. Sin embargo, ninguna ha conseguido romper el bloqueo israelí de forma duradera.

En los 18 años en que se han realizado las flotillas nunca se logró establecer un corredor marítimo permanente, ni siquiera temporario. Los gazatíes siguen sufriendo en carne propia el bloqueo, el genocidio y la ocupación de Palestina en manos de Israel y parece poco probable que un puñado de activistas con escasos recursos pueda imponerse al imperialismo norteamericano y su protectorado en Medio Oriente. Pero si todo parece indicar que las flotillas no tienen un impacto real, ¿cómo explicar que se hayan realizado 37 expediciones? ¿Cómo explicar que estas no solo se sostengan en el tiempo sino que crezcan en número y en visibilidad, que atraigan a nuevas organizaciones y activistas de cada vez más países en el mundo?

Para responder esa pregunta hay que retroceder algunos años. La Flotilla Global Sumud no surgió de la nada ni constituye una iniciativa excepcional. Es parte de una larga experiencia de lucha contra el bloqueo israelí y, al mismo tiempo, el resultado de un cambio profundo en el movimiento internacional de solidaridad con Palestina. Hacer un balance de la última misión de la GSF, en la que la contradicción aparente entre sus métodos y sus resultados aparece con mayor fuerza, nos permite no solo responder estas preguntas sino sacar conclusiones para adelante. En las páginas que siguen no intentaré reconstruir solo mi participación en la segunda etapa de la misión, sino analizar una campaña que constituyó una batalla política contra el imperialismo y extraer algunas conclusiones sobre las enseñanzas que deja para la lucha por una Palestina libre y por la libertad de todos los pueblos. 

El bloqueo

Israel ha utilizado el bloqueo de Gaza como un instrumento de control y sometimiento de la población palestina desde mucho antes del 7 de octubre de 2023. En 2001, por ejemplo, el estado de Israel cerró el espacio aéreo de Gaza y destruyó el único aeropuerto que existía en la zona. Era una respuesta a la Segunda Intifada y un castigo a la Autoridad Palestina por no controlar los levantamientos. La connivencia de la Autoridad Palestina con el sionismo la llevó a perder las elecciones del 2006 en manos de Hamas. La respuesta israelí fue transformar un bloqueo que hasta entonces había sido intermitente en un régimen permanente de aislamiento y avanzar en la construcción del muro de alta tecnología que rodea la Franja, concluido recién en 2021.

Esta historia muestra que el bloqueo no nació con la guerra iniciada en octubre de 2023, como pretende la narrativa sionista. El 7 de octubre marcó una nueva etapa del conflicto, pero el cerco sobre Gaza llevaba años funcionando como un mecanismo de sometimiento contra una población que se negaba a aceptar la ocupación. Lo que hasta 2006 había sido una política intermitente, a partir del triunfo de Hamas se convirtió en permanente porque el sionismo llegó a la conclusión que para avanzar en sus planes de expansión y control del medio oriente necesitaba aniquilar a una población entera.

Desde 2007 Israel llevó esa política hasta un extremo que difícilmente encuentre precedentes. El Ministerio de Defensa elaboró un informe para calcular la cantidad mínima de calorías que necesitaba la población gazatí para evitar una hambruna masiva. Sobre esa base estableció que debían ingresar diariamente 106 camiones con ayuda humanitaria. Sin embargo, entre 2007 y 2010 permitió el ingreso de un promedio de apenas 67 camiones diarios y prohibió todo aquello que consideró «innecesario»: desde materiales de construcción y libros hasta chocolate o ropa.1 Esta llamada política de «calorías mínimas» buscaba mantener a Gaza permanentemente al borde del colapso.

1-(https://gisha.org/en/red-lines-presentation-released-after-3-5-year-legal-battle-israel-calculated-the-number-of-calories-it-would-allow-gaza-residents-to-consume/)

Tanto la política de «calorías mínimas» como los bombardeos masivos posteriores al 7 de octubre responden a una misma lógica: quebrar la resistencia palestina y asestarles una derrota histórica. No han sido las únicas acciones de Israel en estos tiempos. En 2008 realizó la operación “Plomo Fundido”, una operación militar por aire, mar y tierra en la que asesinaron a más de 1.400 personas, entre ellas a unos 300 niños y niñas. En 2014 lanzó una operación similar llamada “Margen Protector”, donde la cifra de bajas ascendió a más de 2.200 gazatíes. Entre 2018 y 2019 Israel reprimió con armas de fuego las masivas movilizaciones en Gaza conocidas como “La Gran Marcha del Retorno” que exigían el fin del bloqueo. Al menos 189 palestinos fueron asesinados en estas protestas. Esto muestra que las campañas genocidas no comenzaron en 2023 y a quien le asiste verdaderamente el derecho a defensa es a Palestina. 

Las flotillas

Las flotillas surgieron precisamente como uno de los primeros intentos de romper el bloqueo. La primera tuvo lugar en 2008. Dos embarcaciones del Free Gaza Movement partieron en agosto de ese año con ayuda humanitaria y 46 activistas a bordo, logrando llegar a Gaza. El movimiento, fundado en 2006 al calor de la guerra entre Israel y el Líbano, buscaba denunciar el bloqueo impuesto por Israel y Egipto y demostrar que este podía ser desafiado.

La respuesta israelí no tardó en llegar. Por pequeños que pudieran ser los cargamentos transportados por mar, de convertirse en permanentes hubieran desafiado la política de calorías mínimas. En diciembre de ese mismo año, el barco Dignity, que transportaba 3,5 toneladas de medicamentos, fue interceptado por la marina israelí y obligado a regresar a Chipre después de recibir disparos que dañaron gravemente la embarcación.2 Era la primera vez que Israel extendía el bloqueo al Mediterráneo mediante una operación militar contra una misión humanitaria. Con ello el conflicto dejaba de limitarse a las fronteras de Gaza y pasaba a proyectarse sobre aguas internacionales, donde la libertad de acción israelí solo podía sostenerse gracias a la complicidad de las potencias occidentales.

2-(https://en.wikipedia.org/wiki/Free_Gaza_Movement)

Lejos de poner fin a estas iniciativas, las interceptaciones impulsaron nuevas expediciones. Entre 2008 y 2010 se organizaron varias misiones hasta desembocar en la primera gran campaña de la Freedom Flotilla Coalition. En mayo de 2010 una flotilla de seis embarcaciones, encabezada por el Mavi Marmara, zarpó con 581 activistas provenientes de 37 países. El 31 de mayo comandos israelíes abordaron el buque en aguas internacionales y asesinaron a diez de sus integrantes, dejando varios heridos, entre ellos uno de gravedad que fallecería posteriormente.

El ataque al Mavi Marmara generó una crisis en el gobierno israelí y lo obligó a poner fin a su política de “calorías mínimas”. Ante la presión internacional, se vió obligado a flexibilizar parcialmente el ingreso de alimentos a Gaza, aunque mantuvo severas restricciones sobre materiales de construcción y otros insumos estratégicos.3 Fue una primera victoria de las flotillas, aunque a un costo altísimo. De ahí en adelante, las siguientes misiones ya no se desarrollarían de la misma manera. El foco ya no estaría puesto en llegar a como dé lugar a Gaza, sino en la denuncia política y el impacto mediático.

3-(https://www.theguardian.com/world/2010/jun/17/israel-gaza-blockade-partial-easing#:~:text=Tony%20Blair%20said%20the%20Quartet%20%E2%80%93%20the,and%20household%20items%20is%20a%20good%20start.%22)

Las expediciones continuaron en los años siguientes. Algunas fueron bloqueadas antes de zarpar; otras, interceptadas en alta mar. La Flotilla Libertad II fue retenida en los puertos griegos; la Libertad III fue capturada a unas cien millas náuticas de Gaza; la Flotilla de Mujeres terminó con todas sus participantes detenidas y deportadas. En mayo de 2025 el barco Conscience fue atacado con drones frente a Malta antes de iniciar su misión y, un mes después, el velero Madleen, en el que viajaba Greta Thunberg, fue interceptado mientras transportaba alimentos y suministros médicos.4

4-(https://www.france24.com/es/medio-oriente/20250901-de-la-tragedia-del-mavi-marmara-a-global-sumud-las-flotillas-que-han-desafiado-a-israel-para-asistir-a-gaza)

Ninguna de estas expediciones consiguió romper el bloqueo. Sin embargo, tampoco desaparecieron. Lejos de agotarse, las flotillas siguieron convocando a nuevas organizaciones y ampliando su repercusión internacional. Esa persistencia es, precisamente, el síntoma de un movimiento internacional que fue creciendo con el tiempo y que dio un salto luego del 7 de octubre, desembocando también en la conformación de la Global Sumud.

El ascenso del movimiento por Palestina y la Global Sumud

El genocidio iniciado tras el 7 de octubre de 2023 no solo transformó la situación en Gaza. También produjo un cambio profundo en el movimiento internacional de solidaridad con Palestina. Yoav Gallant, el entonces ministro de Defensa de Israel, declaró públicamente: «Estamos imponiendo un asedio total a Gaza. No habrá electricidad, ni comida, ni agua, ni combustible, todo está cerrado».5 La intensificación del bloqueo iría acompañada por el bombardeo constante sobre la población y la infraestructura civil básica. Sin embargo, la ofensiva sionista no logrará hacerse con el control total de Gaza, demostrando nuevamente la enorme capacidad de resistencia del pueblo palestino. No solo no logrará desarmar la resistencia, sino que tendrá el efecto “indeseado” de hacer crecer el movimiento internacional de solidaridad con Palestina. Las movilizaciones masivas en España, Alemania, Grecia, Italia, Irlanda, entre otros países, las tomas de universidades en Estados Unidos y el triunfo de Mamdani en Nueva York, fueron expresiones de ese crecimiento. Aunque en menor medida, también en Argentina vimos un crecimiento de la movilización y el apoyo a la causa palestina.

5-(https://www.un.org/unispal/document/human-rights-watch-report-extermination-and-acts-of-genocide-israel-deliberately-depriving-palestinians-in-gaza-of-water-non-un-document/#:~:text=On%20October%209%2C%20then%2DIsraeli%20Defense%20Minister%20Yoav,the%20call%20for%20electricity%2C%20water%2C%20and%20fuel)

Ese movimiento ascendente pudo ser captado por la primera misión de la GSF y que sin lugar a duda ayudó a difundir. A finales de agosto de 2025 partió desde Barcelona la primera flotilla Global Sumud. Fue la mayor flotilla reunida hasta ese momento, con unas 20 embarcaciones con activistas de 44 países diferentes, que luego sumarían nuevas en Túnez e Italia. Este salto en la convocatoria no puede explicarse simplemente por cuestiones organizativas, sino a la luz del aumento de las movilizaciones en todo el mundo. 

La campaña se desarrollará al mismo tiempo que la situación en Gaza se transformaba. La denuncia de genocidio contra Israel, su empantanamiento en la Franja y fundamentalmente las movilizaciones obreras en Medio Oriente y el resto del mundo llevó al imperialismo a maniobrar con un alto al fuego. El 29 de septiembre, mientras la flotilla se encontraba navegando rumbo a Gaza, Donald Trump anunció su “plan de paz” para Gaza, que incluía entre otros 20 puntos un cese al fuego y la creación de un protectorado yanqui. Se trataba de una extorsión del magnate norteamericano a la población palestina, a quienes amenazaba con “desatar un infierno” si no aceptaban. Dos días después, comenzaban las intercepciones de las 42 embarcaciones de la flotilla con sus 470 tripulantes. Estos serían secuestrados y trasladados forzosamente a la prisión de Ashdod en Israel, donde permanecerán varios días. El 4 de octubre, luego de recibir violencia física y un trato inhumano, comenzaron las primeras liberaciones. Trump impone un ultimátum a Hamas para que firme el acuerdo. El 8 de octubre, mientras son liberados los últimos activistas, anuncian el alto al fuego que finalmente entrará en vigor el 10.

Previo a las intercepciones, Israel buscó preparar el terreno para estas, lanzando una campaña de criminalización de la flotilla. El ministro de Seguridad Nacional Ben Gvir declaró que trataría a los activistas como terroristas y que planeaba un encarcelamiento prolongado en cárceles de máxima seguridad.6 Por su parte, el Ministerio de Asuntos de la Diáspora elaboró un informe que señalaba a Saif AbuKeshek y otros referentes de la flotilla mantendrían vínculos con Hamas y la Hermandad Musulmana.7 Esta campaña no solo buscaba justificar su posterior accionar sino también ser un elemento disuasorio para los activistas. La campaña no se limitó simplemente a las declaraciones de prensa sino que llegó a bombardear con drones al menos 10 embarcaciones. 

6-(https://www.clarin.com/mundo/flotilla-sumud-global-israel-tratara-terroristas-activistas-navegan-gaza_0_GXFk2C2byg.html)

7-(https://www.gov.il/BlobFolder/reports/global_sumud_flotilla_hamas_muslim_brotherhood_links/en/Research_Reports_global-sumud-flotilla.pdf)

La fuerte reacción internacional ante las detenciones fue una derrota para Ben Gvir.  El mismo Benjamín Netanyahu desacreditó a su ministro al proceder a las liberaciones de manera más o menos rápida. Esta disputa entre las dos facciones de la derecha israelí tendrá un nuevo capítulo más adelante. No se trata de que Netanyahu sea más humanista que Ben Gvir, sino de la presión que ejerce la movilización internacional. Inmediatamente después de los secuestros, se realizaron manifestaciones en Italia, España, Alemania, Francia, Túnez, Grecia y Argentina entre otros. El 3 de octubre la Confederación General Italiana del Trabajo convocó a una huelga general y el 4 un millón de personas se movilizaron en Roma.8 El movimiento obrero italiano ha sido un punto alto de apoyo de la causa palestina y ha obligado a la derechista Giorgia Meloni a adoptar una postura “crítica” con respecto a Netanyahu.

8-(https://prensaobrera.com/internacionales/huelga-general-en-italia-y-un-millon-de-personas-en-roma-por-palestina)

Terminada la misión y luego de haberse alcanzado el alto al fuego, ingresamos a una nueva etapa. Hubo un intercambio de rehenes y se reanudó el ingreso de unos 300 camiones diarios de alimentos y ayuda humanitaria. La población de Gaza volvió a ver la fruta y la verdura al tiempo que se normalizó el suministro de gas licuado. Sin embargo, es apenas un impasse entre el sionismo y la resistencia palestina. Israel seguirá llevando adelante su política genocida, pero ahora con otros métodos, y violando sistemáticamente el alto al fuego. Nunca se llegaría al ingreso de 600 camiones diarios, lo que la ONU estima necesario para la población, sino que además la ayuda humanitaria es utilizada por Israel para desplazar a la población hacia “centros de distribución” o para hacer negocios con organizaciones privadas que venden lo que ingresa. 

El fin de la primera misión de la GSF nos deja dos conclusiones: por un lado, que la solidaridad internacional pueden jugar un importante papel de visibilización y presión política sobre los gobiernos y, por otro, que para terminar con el genocidio hace falta redoblar la movilización internacional.

La campaña 2026

Cuando la segunda misión de la Global Sumud volvió a zarpar en abril de 2026, el escenario internacional era muy distinto al de pocos meses atrás.

El 2026 comenzaba con Donald Trump secuestrando a Nicolás Maduro, en un intento de controlar su “patio trasero”. Este golpe en Venezuela era un tiro por elevación a China y el preludio de la guerra con Irán. El 28 de febrero Estados Unidos lanzó la operación Furia Épica, bombardeando la principal ciudad de la nación persa y asesinando al ayatollah Ali Jamenei. Irán cerrará por primera vez en la historia el estrecho de Ormuz, encontrando una poderosa herramienta para desinflar la furia norteamericana y transformar la operación en una pesadilla para Donald Trump.

Aunque se le ha dado mucha publicidad a la idea de que Israel convenció a Trump de atacar a Irán, no hay que perder de vista que es Israel el que actúa bajo las órdenes e intereses de los norteamericanos. Israel ha actuado como punta de lanza del imperialismo extendiendo la guerra al Líbano y su control sobre la franja de Gaza. Con el establecimiento de la “líneas amarillas” de seguridad, el estado sionista se anexó de facto el 54% del territorio gazatí. Luego extenderá las líneas al 60% y trazará otras en el sur del Líbano. La intensificación de la guerra no se dará solo fronteras afuera sino también hacia adentro, con la aprobación del parlamento israelí de la pena de muerte para los palestinos. Todas estas acciones fueron dictadas por la necesidad de EEUU de extender su dominio en medio oriente.

En este contexto caótico y de choques internos, la existencia de una flotilla que se propone romper el bloqueo, denunciar el genocidio y la complicidad de los gobiernos es una potencial amenaza para los planes del imperialismo en la región. Por eso no es casualidad que se haya intentado impedir su realización por múltiples vías. En Túnez, a principios de marzo la policía arrestó a los organizadores locales bajo la acusación de terrorismo cuando estos se dirigían a una reunión con trabajadores del puerto de Sidi Bou Said.9 Los trabajadores portuarios tienen una obvia importancia para las misiones de la flotilla y Túnez en particular había jugado un importante rol en la misión previa. El gobierno tunecino se colocó así bajo las órdenes del eje Israel-EEUU, como lo hizo Milei unos días más tarde, impidiendo el ingreso de Thiago Ávila a la Argentina por el lanzamiento de la Global Sumud Argentina.

9-(https://chileglobalsumud.cl/blog/la-flotilla-global-sumud-condena-el-arresto-de-miembros-del-comite-directivo-y-o-gsf)

A pesar de todo, el 12 de abril se lanzará desde Barcelona la segunda misión de la flotilla Global Sumud. Esta representó un salto cualitativo respecto de todas las experiencias anteriores. Nunca antes una campaña de solidaridad con Palestina había conseguido coordinar simultáneamente una flotilla de esa magnitud y un convoy terrestre internacional. En total, contando todas sus etapas, la misión contó con más de 80 barcos y más de 700 activistas de 45 países, transportando 11 toneladas de ayuda humanitaria siendo la más grande hasta el momento. Por su parte, el convoy terrestre reunirá a otras 250 personas de 25 países transportando alimentos, medicinas, ambulancias y casas y materiales de construcción.

Luego de un pequeño retraso por condiciones climáticas adversas, 39 embarcaciones zarparon de Barcelona rumbo a Siracusa, en Sicilia. De la delegación argentina participan 11 integrantes, entre ellos Pablo Giachello, dirigente nacional del Partido Obrero. Es un número importante teniendo en cuenta la enorme distancia y las dificultades que eso conlleva. Pero también expresa que un importante sector de los trabajadores en Argentina rechaza el alineamiento de Mieli con Israel, y que mucho menos apoya al genocidio en Gaza, ni avala los vínculos del poder con el sionismo.

El 20 de abril, la flotilla se cruzó con un buque de la empresa MSC. Rápidamente se organizó una acción para intentar bloquear su paso. El enorme buque de la empresa Mediterranean Shipping Company (MSC) estaba sospechado de llevar insumos y materiales críticos para la industria armamentística israelí. La empresa tiene largos vínculos con el sionismo que no solo transporta material sino que comparte sus ganancias con empresas israelíes.10 Las pequeñas embarcaciones de la flotilla se lanzaron contra el enorme buque, que se vio obligado a desviar su rumbo. Pese a no poder bloquear el buque, cualquier desvío significa para la empresa un costo operacional y logístico. Se trató, probablemente, del primer intento de organizar un piquete marítimo contra una empresa vinculada al abastecimiento de maquinaria de guerra israelí. Fue una muestra de que la flotilla puede y debe combinarse con otro tipo de acciones directas y, más importante aún, la adopción de los métodos típicos de la clase obrera para interrumpir materialmente la circulación del capital.

10-(https://bdsmovement.net/news/Uninvestigated-military-steel-shipment-destined-for-genocidal-Israel-advances-through-AbuQir-Egypt-despite-official-denials)

Los debates en la Global Sumud

El 22 de abril, ya con la flotilla entrando a Siracusa, se desarrolló en Bruselas el congreso de parlamentarios de la Global Sumud. El congreso llamó a establecer un corredor marítimo humanitario y pronunció la “Declaración de Bruselas”, basada en el derecho del pueblo palestino a decidir sobre su propia reconstrucción.

El parlamento funcionó como una plataforma de exposición para las fuerzas centroizquierdistas, con una clara preponderancia de las fuerzas europeas. En el mismo se brindaron exposiciones sobre diferentes aspectos de la situación en Gaza y la complicidad de los gobiernos en la venta de armas a Israel. Participaron figuras como Jeremy Corbyn, parlamentario británico, Irene Montero, eurodiputada española, Mustafa Barghouti, secretario general de la Iniciativa Nacional Palestina, entre otros reporteros especiales de la ONU, parlamentarios y organizaciones de DDHH de Francia, Italia, Turquía, Sudáfrica, Malasia y más. 

El congreso es un reflejo del enorme movimiento que se ha generado, principalmente en los países europeos. La movilización por Palestina es un aspecto que no puede ser ignorado por las fuerzas centroizquierdistas. Pero al mismo tiempo, muestra una limitación en tanto se trata de un congreso de parlamentarios y no, por ejemplo, de representantes sindicales y referentes políticos. Es un hecho no menor, ya que la composición del congreso influye sobre las decisiones que este puede tomar. Siendo un congreso de parlamentarios, es la centroizquierda europea la que puede ocupar el lugar preponderante. Y al hacerlo, lo hace con sus propios límites. Se trata de las mismas fuerzas políticas que venían de votar en el parlamento europeo la suspensión del Acuerdo de Asociación de la UE con Israel. Un acuerdo no vinculante, que evitó utilizar el término genocidio y que, por lo tanto, le deja las manos libres a sus gobiernos para seguir enviando armas a Israel. En definitiva, mientras esas fuerzas mantengan su integración a gobiernos que sostienen relaciones políticas, militares o comerciales con Israel, difícilmente puedan llevar la lucha por Palestina hasta sus últimas consecuencias. Los acuerdos y declaraciones firmadas no pueden tapar este hecho.

Pero seguramente lo más interesante que dejó el congreso de la Global Sumud fueron las declaraciones de la Relatora Especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese. Albanese, quien se ha ganado una autoridad y que le ha valido sanciones de parte de Estados Unido e Israel, comenzó su exposición en el congreso haciendo una pregunta incómoda. “Si no sirvieron las 37 flotillas anteriores, ¿por qué esta vez sí serviría?”. Con estas palabras no buscaba poner en duda la necesidad de la solidaridad internacional sino cuestionar la eficacia de las acciones. Es una crítica que merece ser atendida con detenimiento, pues es no solo un balance de las flotillas sino una discusión de los métodos de lucha y los objetivos perseguidos.

Albanese ensayó una crítica a la flotilla argumentando que esta se quedaba en acciones simbólicas e inefectivas y que habría que pasar a medidas de boicot sobre las cadenas de suministro para quebrar la complicidad de los gobiernos con Israel.  La crítica de Albanese no es la primera y debe entenderse como parte de una disputa al interior de la organización de la GSF. Ya en septiembre de 2025 Greta Thunberg abandonó el comité directivo alegando diferencias con los organizadores. Y previo a la exposición de Francesca Albanese circuló por redes sociales una campaña con similares críticas a la flotilla y el grupo EPYU (unión europea de jóvenes palestinos) anunció que pausaba su participación.

Aunque algunas de las críticas puedan ser correctas, como que no se puede institucionalizar la lucha por Palestina, sería un error contraponer la acción de la GSF con otras acciones de BDS. No solo no se contraponen sino que se complementan. Y lo hacen con independencia de las organizaciones de estos movimientos lo quieran o no en la medida que ambos denuncian el genocidio y la complicidad de los gobiernos. Tampoco se puede pretender que todo el movimiento se subordine a una sola acción, ya sea esta una lucha parlamentaria, una flotilla o una acción de BDS. Pretender reemplazarlas por un único método significa empobrecer el propio movimiento. Las campañas de boicot, las flotillas, la intervención sindical, las movilizaciones de masas e incluso la lucha parlamentaria no se excluyen entre sí; expresan distintos niveles de organización y distintos frentes de una misma pelea política.

Al señalar que la GSF es una campaña “ineficaz” termina negando no solo el impacto que la campaña podía tener, y que finalmente tuvo, sino negando el impacto de todas las campañas anteriores. Se coloca al borde de despreciar la lucha política de miles de activistas en todo el mundo que significa la realización de una campaña como está bajo el epíteto de que es “solo propaganda”. ¿No fue acaso una lucha política contra el gobierno de Milei la presentación de la delegación Argentina de la Global Sumud denunciando su complicidad con el sionismo? ¿No fue una lucha política de los organizadores de Túnez interesar y organizar a los trabajadores portuarios para luchar contra el genocidio? ¿No es la flotilla un factor de agitación entre los portuarios italianos?

Despreciar toda esa energía militante en nombre de una campaña más “eficaz” no solo es encorsetar un movimiento sino que es además intentar meter el genio en la botella. Hay que utilizar todos y cada uno de los métodos a disposición para luchar contra el imperialismo y por la libertad del pueblo palestino, incluida la lucha parlamentaria. Quién pretenda que la liberación de Palestina vendrá al cabo de una asamblea de la ONU o de una votación del parlamento europeo no hará más que golpearse la cabeza contra la pared. Pero abandonar la lucha parlamentaria es abandonar la denuncia del rol que estas instituciones y sus fuerzas políticas cumplen en el sometimiento de los pueblos y allanarles el camino para que prosperen sus maniobras y distracciones, como sacar una declaración preocupados por “la situación en Gaza” mientras continúan embolsando las ganancias por las armas vendidas a Israel.

Preguntarse por la eficacia de una lucha no solo es válido sino necesario. Utilizar los recursos siempre escasos en campañas sin posibilidad de modificar las condiciones imperantes sería contraproducente. Pero no se trata de elegir un método de lucha sobre otro, sino también preguntarse cuál es la fuerza social capaz de llevar la lucha hacia adelante. Y esa fuerza está en la clase obrera. Todas las formas de lucha deben ser evaluadas en función de su capacidad de ampliar la intervención de los trabajadores en la movilización contra el genocidio y la complicidad de los gobiernos con Israel. Es por esto que valen más las huelgas en Italia que las declaraciones en el parlamento europeo.

Se adelantan las intercepciones

Aunque sin saberlo, la flotilla se estaba por enfrentar a uno de los momentos más cruciales de la misión. El 26 de abril, la flota reunida en Italia partió nuevamente rumbo al Mediterráneo. En total fueron 56 barcos y veleros los que se reunieron en el puerto de Augusta, marcando un nuevo récord de convocatoria.

Mucho antes de lo previsto, cuando se encontraban a 600 millas náuticas de Gaza, la flotilla empezó a ser rodeada por drones en la mitad de la noche. Estando en aguas internacionales, a la altura de Creta y en zona de búsqueda y rescate griega, comenzaron a fallar las comunicaciones por radio. Incluso el canal 16, utilizado para solicitar ayuda en emergencias marítimas estaba bloqueado. Fue entonces cuando aparecieron los buques militares. Repentinamente, drones sobrevolaron las embarcaciones a baja altura iluminando las cubiertas con potentes reflectores, mientras buques militares sin identificación visible y lanchas rápidas abordaban a la flotilla.

La situación escaló rápidamente. Las llamadas de auxilio dirigidas a la guardia costera griega no obtuvieron respuesta. Al menos una embarcación sufrió la desactivación remota de su piloto automático y luego comandos israelíes abordaron 22 barcos. Los participantes denunciaron golpes, disparos con proyectiles de goma a corta distancia, destrucción deliberada de motores y equipos de comunicación. La operación dejó un saldo de 181 personas secuestradas, entre ellas médicos, periodistas, abogados, parlamentarios y nuestro compañero Pablo Giachello.

Tras la captura, los detenidos fueron trasladados al buque israelí INS Nahshon, convertido en un centro de detención flotante. Permanecieron allí durante más de treinta horas en condiciones inhumanas: acceso insuficiente a agua y alimentos, ausencia de condiciones básicas de higiene y la inundación deliberada de los espacios donde debían descansar, lo que expuso a muchos al frío y al riesgo de hipotermia. Estos tratos se verán amplificados en las segundas intercepciones, donde el secuestro resultaría mucho más violento.

El 1 de mayo, el INS Nahshon arribó a la costa sur de Creta para entregar a los detenidos a las autoridades griegas. Sin embargo, durante el desembarco los participantes denunciaron que Saif Abu Keshek y Thiago Ávila, dos referentes de la campaña, permanecieron retenidos a bordo del buque israelí. Ambos fueron trasladados posteriormente a Israel, donde permanecieron encarcelados y fueron torturados durante diez días en la prisión de Shikma, en Ascalón.

La secuencia de acontecimientos revela un grado de colaboración política y operativa que compromete seriamente al gobierno griego. La interferencia de las comunicaciones de emergencia, la ausencia de respuesta de la guardia costera y el hecho de que un buque militar israelí pudiera operar durante horas en aguas internacionales para luego entregar a la mayoría de los detenidos a las propias autoridades helenas mientras retenía ilegalmente a dos de ellos, constituyen elementos de una activa complicidad de Atenas con la operación israelí. Pero la responsabilidad no se agota en Grecia. El secuestro de ciudadanos europeos en un espacio marítimo bajo la influencia estratégica de la OTAN se produjo sin que los gobiernos europeos adoptaran medidas efectivas para impedirlo. Más allá de algunas declaraciones diplomáticas, ninguna potencia europea estuvo dispuesta a enfrentar a Israel por la captura de sus propios ciudadanos en aguas internacionales. Esa pasividad constituye una forma de complicidad política con el Estado de Israel y pone de manifiesto el doble estándar con el que las potencias occidentales utilizan el derecho internacional solo cuando sirve a sus intereses.

El secuestro de Saif y Thiago tenía el objetivo claro de amedrentar a la flotilla para detener su marcha a Gaza. Sin embargo, en pocas horas se realizaron cientos de movilizaciones en ciudades de todo el mundo para exigir la liberación de los detenidos y denunciar la interceptación. Los gobiernos de Brasil y España tuvieron que emitir una declaración conjunta condenando la captura de sus ciudadanos, mientras que los ministros de Relaciones Exteriores de varios países calificaron la operación como una flagrante violación del derecho internacional humanitario.

El crecimiento en la convocatoria de la flotilla obligó al gobierno de Israel a actuar de forma diferente a como lo había hecho hasta el momento. Esto es lo que impulsó al sionismo a extender su zona de acción en el Mediterráneo y, al hacerlo, dejó más expuesta la complicidad de los gobiernos europeos.

Pese al operativo militar, la misión no fue completamente desarticulada. De las 53 embarcaciones que navegaban el día previo a la interceptación, 31 lograron alcanzar zonas seguras. Aunque las fuerzas israelíes no capturaron todas las embarcaciones, sí lo hicieron con un número importante y mantuvieron secuestrados a dos de los máximos referentes como medida extorsiva. Más aún, las embarcaciones que lograron escapar lo hicieron en aguas griegas, donde el gobierno intentó poner todas las trabas burocráticas que pudo. Sin embargo, en Turquía ya se preparan nuevas embarcaciones para sumarse a la misión. Los próximos días serán una lucha por continuar la marcha a Gaza.

Marmaris: la reorganización de la campaña

El golpe de las intercepciones ponía en cuestionamiento la continuidad de la campaña. Sin embargo, centenares de nuevos activistas comenzaron a llegar a Marmaris para continuar la misión. Fue allí donde me incorporé a la segunda etapa de la Global Sumud.

Mi arribo a Marmaris coincidió con el 1° de Mayo. Paradójicamente, en una fecha emblemática para el movimiento obrero internacional, no vi ninguna movilización en la ciudad. El régimen de Recep Tayyip Erdoğan mantiene una férrea política represiva contra toda expresión de protesta. Detrás de la imagen de una tranquila ciudad turística, la presencia policial era permanente: controles en los accesos, identificación de los pasajeros de los ómnibus y un clima de vigilancia constante sobre la población local.

Sin embargo, mientras el gobierno turco intentaba impedir cualquier manifestación, Marmaris se transformaba en un verdadero punto de encuentro del internacionalismo. Delegaciones de más de cincuenta países comenzaron a llegar para dar continuidad a la misión. Me crucé con palestinos de la diáspora, cuya única posibilidad de acercarse a su tierra era a través de esta campaña; militantes provenientes de Pakistán, Marruecos, Túnez y otros países árabes; la numerosa delegación sudafricana, cuya experiencia histórica con el apartheid otorgaba una enorme autoridad política a su solidaridad; activistas estadounidenses que decidían desafiar las amenazas del gobierno de Donald Trump; y organizaciones de izquierda convencidas de que la lucha por Palestina constituye hoy una de las principales trincheras contra el imperialismo y el fascismo del siglo XXI.

Yo me sumé como integrante de Doctors to Gaza, una iniciativa impulsada a pedido de trabajadores de la salud palestinos. La misión tenía un doble objetivo: transportar medicamentos e insumos médicos para contribuir a romper el bloqueo israelí y visibilizar la catástrofe sanitaria provocada por el genocidio. Los hospitales seguían siendo bombardeados sistemáticamente, cientos de profesionales de la salud habían sido asesinados y muchos otros permanecían encarcelados. Nuestra presencia buscaba acompañar material y políticamente a quienes continuaban sosteniendo el sistema sanitario en condiciones extremas.

Los primeros días estuvieron atravesados por el impacto que había significado la interceptación de la primera flotilla. Israel había dado un salto cualitativo al secuestrar embarcaciones a más de seiscientas millas náuticas de la Palestina ocupada, con la complicidad del gobierno griego y la pasividad del resto de la Unión Europea. La noticia de que Thiago y Saif continuaban secuestrados en cárceles israelíes era una preocupación permanente para todos los presentes. 

A medida que pasaban los días, la moral fue creciendo. Comenzaron a regresar desde Grecia muchos de los compañeros que habían sido detenidos durante la primera interceptación y cada llegada era recibida entre abrazos y aplausos. Lejos de transmitir desaliento, quienes habían sufrido el secuestro insistían en que debíamos seguir adelante. 

Mientras tanto, el trabajo cotidiano era intenso. Cada jornada combinaba entrenamientos para afrontar una eventual intercepción israelí con talleres sobre los aspectos legales de la misión y la organización interna de la flotilla. Practicábamos protocolos de acción no violenta, definíamos responsabilidades dentro de cada embarcación, distribuíamos tareas, acondicionábamos los barcos y cargábamos medicamentos, alimentos y el resto de la ayuda humanitaria. La preparación debía contemplar cada detalle, desde la logística hasta la respuesta frente a un posible abordaje militar.

La decisión definitiva sobre la continuidad de la misión sería adoptada en la Asamblea General de la Flotilla Global Sumud. Mientras esperábamos la llegada de los últimos compañeros retenidos en Grecia, las discusiones se multiplicaban en cada barco y entre las distintas delegaciones nacionales. 

El punto más alto de ese proceso fue la liberación, el 10 de mayo, de Thiago Ávila y Saif Abukeshek, después de más de diez días de detención ilegal, torturas psicológicas, amenazas de muerte y huelga de hambre. Ambos denunciaron públicamente los abusos sufridos y dejaron en evidencia que las autoridades israelíes no pudieron presentar ninguna prueba que justificara su secuestro. El sionismo fue incapaz de sostener una sola de las acusaciones dichas en campañas de prensa o en sus informes de inteligencia. Su libertad fue vivida como una enorme victoria política, fruto de la presión internacional desplegada durante aquellos días. La noticia recorrió rápidamente Marmaris y elevó la moral de toda la flotilla. Si Israel había pretendido sembrar el miedo, el resultado fue exactamente el contrario: la convicción de continuar era ahora mucho mayor.

Finalmente, el 11 de mayo se reunió la Asamblea General de la Flotilla Global Sumud. Representantes de más de cincuenta países debatimos durante toda la jornada el balance de la campaña, los riesgos existentes y la estrategia para la siguiente etapa. La conclusión fue contundente: el intento de intimidación había fracasado. La flotilla volvía al mar no porque hubiera evitado el golpe, sino porque el movimiento internacional por Palestina había alcanzado un grado de desarrollo que le permitía resistir y reorganizarse. Esa sería la verdadera novedad de la campaña de 2026.

La segunda intercepción

Tres días después de la Asamblea General de Marmaris, la Flotilla Global Sumud volvió al mar. Cincuenta y cuatro embarcaciones, con más de quinientos participantes, emprendimos nuevamente el viaje hacia Gaza.

Durante los días de navegación continuamos los entrenamientos iniciados en Marmaris, repasamos los protocolos de resistencia no violenta y reorganizamos el funcionamiento de cada embarcación. La misión seguía avanzando, pero también sabíamos que Israel se preparaba para impedirla.

La respuesta llegó el 18 de mayo. A unas 250 millas náuticas de Gaza, en aguas internacionales y dentro de la zona de búsqueda y rescate de Chipre, la marina israelí desplegó una nueva operación militar contra la flotilla. Nuevamente los buques, lanchas rápidas y drones rodearon una a una a las pequeñas embarcaciones civiles tripuladas por médicos, periodistas, abogados, trabajadores humanitarios y activistas completamente desarmados.

A diferencia de la primera interceptación, realizada en plena noche, esta vez la operación se desarrolló deliberadamente a la luz del día. Israel parecía decidido no solo a impedir el avance de la flotilla, sino también a enviar un mensaje político. Durante varias horas numerosas embarcaciones consiguieron mantener el rumbo aprovechando la amplitud de la formación. Sin embargo, una tras otra fueron siendo alcanzadas. Una de las últimas en caer fue el Sirius, interceptado cuando se encontraba a menos de ochenta millas náuticas de Gaza.

La violencia utilizada marcó un nuevo salto represivo. Las transmisiones en vivo registraron disparos con armas de fuego contra al menos cuatro embarcaciones civiles mientras comandos militares abordaban violentamente las cubiertas. En total, 428 personas de cuarenta y cinco países fueron secuestradas y trasladadas nuevamente al mismo barco prisión utilizado durante las detenciones de abril.

Esta escalada no puede entenderse únicamente como una decisión militar. La primera interceptación había demostrado que la campaña era capaz de reorganizarse rápidamente, incorporar nuevos participantes y volver al mar. Con la escalada en la violencia de la segunda intercepción, Israel buscaba profundizar su campaña intimidatoria.

Convencido de que una demostración pública de fuerza reforzaría el efecto intimidatorio de la operación, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, difundió personalmente videos donde podían verse a integrantes de la flotilla arrodillados, maniatados, con los ojos vendados o la cabeza contra el piso, obligados a escuchar reiteradamente el himno israelí mientras eran humillados por sus captores. En las imágenes, el propio Ben Gvir recorría el lugar burlándose de los detenidos y celebrando públicamente su cautiverio.

La maniobra produjo exactamente el efecto contrario. Las imágenes circularon rápidamente por todo el mundo y expusieron con una crudeza difícil de ocultar los métodos empleados por Israel contra centenares de civiles desarmados. Lo que pretendía ser una demostración de autoridad terminó convirtiéndose en una poderosa pieza de denuncia internacional.

El costo político fue tal que el propio gobierno israelí debió tomar distancia de la operación propagandística de su ministro. El canciller Gideon Sa’ar cuestionó públicamente la difusión de los videos y Benjamin Netanyahu terminó desautorizando a Ben Gvir al afirmar que esas imágenes «no representaban los valores de Israel». Ninguno de ellos cuestionaba el secuestro ilegal de centenares de personas en aguas internacionales ni el bloqueo contra Gaza. Lo que intentaban contener era el enorme daño político provocado por unas imágenes que habían dejado al descubierto, frente a millones de personas, el verdadero funcionamiento del régimen de ocupación.

La segunda interceptación fue otra derrota política para Ben Gvir. Al mismo tiempo, fue una nueva muestra del impacto que pueden conseguir campañas de este estilo. Amplificando la denuncia de violaciones sistemáticas de derechos humanos, las condiciones de los más de 9.000 detenidos palestinos, el genocidio en Gaza, el avance en la ocupación de tierras. Pero también demostró que la flotilla no es simplemente un grupo de activistas que se hacen detener camino a Gaza, sino que expresa la existencia de un movimiento internacional que busca caminos para detener un genocidio, y que para hacerlo se acerca al internacionalismo, donde la clase obrera como tal puede cumplir un papel muy importante. La flotilla sale fortalecida de esta etapa y tendrá que plantearse nuevos desafíos.

Conclusiones

El impacto de la Flotilla Global Sumud no puede medirse por el establecimiento de un corredor humanitario ni, mucho menos, por el fin del bloqueo o del genocidio en Gaza. Esos son objetivos que exceden las posibilidades de una misión humanitaria, al menos en las condiciones actuales. Pero concluir de ello que la campaña carece de importancia política sería un error. La Global Sumud ha contribuido a deslegitimar el relato sionista, a denunciar internacionalmente el genocidio y a incorporar a miles de nuevos activistas a la causa palestina. 

Talleyrand, consejero de Napoleón Bonaparte, le recordaba a este que “con las bayonetas se puede hacer muchas cosas, menos sentarse sobre ellas”. El régimen israelí así lo entiende y por eso destina grandes recursos a sostener su relato y perseguir a quienes lo pongan en duda. La declaración de antisemitismo de la IHRA es utilizada en este sentido. La enorme persecución contra Vanina Biasi, legisladora y dirigente del Partido Obrero, dirigida por la DAIA y que involucra a todo el estado argentino, es una muestra tanto del lobby sionista como de la importancia que le dan a instalar a Israel como la victima de la historia.

Pero para realizar un balance de la experiencia, la pregunta no debe ser únicamente qué logró materialmente, sino qué fuerzas sociales consiguió poner en movimiento y qué perspectiva política expresa cada una de ellas.

La solidaridad con Palestina es un fenómeno heterogéneo que atraviesa a la propia Global Sumud. Aglutina a ONGs y organizaciones humanitarias que suelen limitarse a un enfoque asistencial sin cuestionar el sistema imperialista; a sectores de las burguesías árabes que instrumentalizan la causa palestina como moneda de cambio en sus negociaciones con las potencias imperialistas; a las propias organizaciones palestinas, con estrategias y perspectivas muchas veces contradictorias, desde la Autoridad Palestina, que colabora con la ocupación, a Hamas, que encabeza el gobierno de Gaza y la resistencia armada, y diversas corrientes nacionalistas, islamistas y religiosas. Cada uno de estos sectores interviene en la campaña con objetivos políticos diferentes y, por lo tanto, extraerá conclusiones distintas.

Otro sector importante está constituido por la centroizquierda y el progresismo internacional. Su denuncia del genocidio suele formularse en nombre de los derechos humanos y del derecho internacional, presentados como garantías universales de la humanidad. Pero esa apelación abstracta termina ocultando el carácter de clase de la opresión. El derecho internacional no constituye un poder situado por encima de los Estados, sino una forma jurídica del orden mundial construido por las principales potencias. No es casual que la ONU haya legitimado la creación del Estado de Israel pero sea incapaz de impedir el genocidio en Gaza. La ONU y el derecho internacional son un complemento a las acciones impuestas por el imperialismo por las armas. Esto incluye a Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad y con sus propios apetitos en Medio Oriente. La confianza en esas instituciones expresa, en última instancia, la negativa de la centroizquierda a cuestionar el orden social que hace posible esa violencia y conducen la lucha a una vía muerta. 

Es recién con la intervención del movimiento obrero donde la solidaridad con Palestina adquiere un contenido cualitativamente distinto. El proletariado no se reconoce en Palestina por razones morales, sino porque encuentra allí condensadas, en su forma más extrema, las distintas manifestaciones de la dominación capitalista.

Para los trabajadores y sus organizaciones la cuestión decisiva es cuánto contribuyó la campaña a desarrollar la movilización internacional, conquistar nuevas referencias políticas, establecer vínculos internacionalistas y ampliar la influencia de las organizaciones revolucionarias sobre sectores cada vez más amplios de la clase trabajadora. Hoy la izquierda revolucionaria ocupa todavía un lugar secundario dentro de la Global Sumud, tanto en su peso organizativo como en su capacidad para orientar políticamente la campaña. Pero en un escenario de ascenso de la movilización internacional y el recrudecimiento de los choques interimperialistas es también el sector que más tiene por ganar.

El crecimiento actual de la solidaridad con Palestina es el reflejo de la crisis estructural del capitalismo. El desafío para la izquierda es impulsar las medidas de acción directa contra el imperialismo y favorecer la intervención independiente del movimiento obrero en ellas. La estructuración de una vanguardia en torno a la causa palestina servirá así para aportar a la construcción de organizaciones y partidos socialistas en todos los países.

La liberación de Palestina no vendrá de un acuerdo entre las potencias imperialistas, ni de un pacto entre las burguesías árabes y el imperialismo, ni será la obra del derecho internacional, ni resumida solamente a una gesta independentista de carácter nacionalista. La única fuerza que puede garantizar  liberar a Palestina, devolverle su tierra y construir una sociedad basada en la igualdad, es el movimiento obrero árabe, organizado en forma independiente, y con el apoyo activo del proletariado mundial. “Palestina libre del río al mar” será causa de la humanidad en la medida que el proletariado tome esta consigna en sus manos, con sus organizaciones y su métodos para imponerlo.