En su nuevo libro editado en febrero de este año 2026y titulado “Pax menemista. Historia secreta de los indultos a militares y montoneros en el país del odio” Reatorelata el año y medio inicial del gobierno menemista centrado en la decisión de Carlos Menem de indultar a los militares genocidas y a un grupo de montoneros condenados. El más conocido de éstos, Mario Firmenich, estaba por ese entonces encarcelado en la Argentina.
Esta fase inicial de Menem en el poder, que asume de manera anticipada a mediados de 1989, en medio de los saqueos a supermercados y del derrumbe del gobierno alfonsinista, tiene un cierre en el fracaso de la rebelión carapintada de diciembre de 1990. Menem contó para enfrentar ese golpe con el apoyo de todo el arco político, los altos mandos de las FFAA, el imperialismo yanqui y hasta el Almirante Rojas, emblema del gorilismo fusilador del 55, que le hizo llegar su apoyo. Para Reato el fracaso de ese golpe reafirmó la victoria de la política menemista de indultar a los genocidas y de esa manera desarmar definitivamente, a favor de la “democracia”, las asonadas militares. El levantamiento se agotó y fue aplastado en menos de un día. Reato finge ignorar que el costo de esa supuesta victoria de las instituciones democráticas sobre las FFAA fue la imposición por parte de éstas de una política de impunidad luego de haber protagonizado un genocidio.Una nota de Prensa Obrera hace un balance completamente opuesto al día siguiente del aplastamiento de golpe carapintada del 3 de diciembre de 1990 destacando los objetivos del ala “democrática” de las FFAA, y llama a ganar la calle contra los indultos. (Ver)
La “historia secreta” que nos cuenta Reato está apoyada en términos generales en anécdotas de los protagonistas entrevistados por el autor (las fuentes de cada capítulo están resumidas al final). También se mencionan unos reportajes inéditos hechos a Videla por un periodista en la cárcel de Magdalena, las memorias inéditas del Edecán de Menem, discursos y noticas periodísticas dela época.
Las anécdotas y entrevistas tienen el mérito de ilustrar el cinismo y las volteretas de los protagonistas burgueses de esos inicios del gobierno menemista, y de algunos momentos de la campaña previa para las elecciones internas del PJ, en las que Menem sorpresivamente derrotó al candidato del aparato partidario Antonio Cafiero, en 1988.
Este “anecdotario” es elaporte del libro que hay que leer prevenido sobre el propósito político del autor. No es casual que en sus mas de 300 páginas no haya una entrevista o mención a los sectores que se oponían al indulto movilizando en la calle. Sólo una referencia a la tapa de Página 12dirigida, en ese momento (octubre de 1989) por Lanata, o alguna mención perdida a figuras, más que nada radicales, que se manifestaban en contra. En el epílogo del libro se hace referencia a José Pablo Feinman y a Horacio Verbitskipara caracterizar en boca de intelectuales progresistas la política de Néstor Kirchner, que según Reato terminó con la “Pax menemista”. Para el autorla política de Menem se impuso -al respecto destaca que la Corte Suprema avaló los indultos- y funcionó hasta la asunción de Kirchner en 2003. En el libro “El Flaco” Feinman cuenta que para consolidar un gobierno que nació débil Kirchner se propuso ganar el apoyo de los Organismos de DDHH, en particular aliándose con Hebe de Bonafini a quien no había recibido en 12 años como gobernador de Santa Cruz. Esa política implicó una revisión de los indultos menemistas y a eso se refiere Reato cuando dice que en 2003 se terminó la “Pax”.
Cómo ilustra buena parte de su producción previa (“Operación Traviata” sobre el asesinato de Rucci, “Operación Primicia” sobre el asalto al cuartel de Formosa por el denominado Ejército Montonero, “¡Viva la Sangre!”, sobre Córdoba en los 70, “Masacre en el Comedor” sobre la voladura de la Superintendencia de Seguridad Federal)como periodista de investigación uno de sus propósitosha sido instalar, dentro de la teoría de “los dos demonios”, a la guerrilla, y a los montoneros en particular,como actores centrales de la supuesta guerra civil que desembocó en el golpe del 76 y en la desaparición de 30000 compañeros.Señalemos de paso que el número 30000 es olímpicamente ignorado en el libro.
Con el fin de colocar a los Montoneros en el centro de la escenaen distintos momentos del libro, en especial en dos capítulos dedicados al tema de la relación de Menem con Mario Montoto, devenido empresario y representante de Firmenich preso, Reato intentará convencernos de que el motor principal de los indultos fue la presión de los Montoneros sobre Carlos Menem. Los ex guerrilleros arrepentidos e integrados a la democracia, habrían sido un apoyo político –yfinanciero medianteel “oro montonero”- de su campaña para ganar las internas del partido justicialista derrotando a Antonio Cafiero como postulante del peronismo a las elecciones presidenciales de 1989.
Reato no pierde la oportunidad de volver con el tema del oro montonero supuestamente depositado en Cuba, que sería el fruto del secuestro de cientos de empresarios (da una cifra incomprobable de 679), entre ellos Jorge Born. Una de las anécdotas, nos cuenta como Galimberti, un ex montonero que en la interna había jugado con Cafiero y no con Menem, termina asociado con Jorge Born, el empresario que puso a los dos primeros ministros de economía de Menem. Galimberti habría sido el canal para la devolución de una parte del rescate pagado por la empresa Bunge & Born a los montoneros para que liberaran a Jorge Born.
No es que Reato ignore la presión a favor de los indultos por parte de las fuerzas armadas yde loscarapintadas con Seineldin a la cabeza. Este había militado activamente por el ascenso de Menem, esperando que si este llegara a la presidencia, daría un lugar al ala “nacionalista/derechista/catolicona al frente de las FFAA. Desilusionado, Seineldin dirigió un tercer levantamiento carapintada que termino aplastado en menos de 24 horas, aunque con más de una docena de muertos y este condenado a “prisión perpetua”. Que no cumpliría, porque en su presidencia posterior Duhalde lo indulto, cuando ya había sido electo Néstor Kirchner (que no anularía este indulto). Tampoco Reato niegael apoyo de la iglesia católica que describe de manera muy cruda; o incluso el visto bueno del imperialismo(mencionado al pasar). Pero coloca la acción del grupo montonero, reducido, derrotado y mendigando el indulto, en el mismo plano y con la misma jerarquía. Reato traduce y compra de esa manera el planteo de Carlos Menem. El libro describe mediante diálogos del autor con el entorno del riojano y los discursos del propio Menemque promovían el indulto,cómo el presidente presentaba el tema en relación al objetivo de pacificar a los argentinos. Los montoneros indultados jugaban el papel imposible de equilibrar una balanza que en el otro platillo tenía a los genocidas.
El subtítulo de este nuevo libro es muy significativo: “historia secreta de los indultos a militares y montoneros en el país del odio”. Con la calificación genérica de “odio”, que sería una constante de la historia argentina, desde unitarios y federales, peronistas y antiperonistas, guerrilleros y militares,Reato pretende ocultar los intereses sociales detrás de los enfrentamientos. La lucha de clases es corrida de la escena y los actores son personajes que odian sin remedio. En este aspecto también el libro se ajusta a esa funcional banalización menemista de la historia.
El libro ignora por completo que la acción genocida se dirigió en primer lugar a lo que el dirigente de la UCR Ricardo Balbín calificó en su momento como “guerrilla fabril”, para referirse a las Comisiones Internas y delegados clasistas y combativos que enfrentaban la política de ajuste y ataque a las conquistas obreras por parte del gobierno de Juan Perón e Isabel Perón primero, y el de Isabelita luego del fallecimiento del general.
Esta supresión de la clase obrera y su reemplazo por la guerrilla es la operación política central del libro. En una de sus páginas, hablando de los años 70 sobre los que el autor escribió otro de sus libros (!Viva la Sangre!),aseveraque “….Córdoba, que había sido, por un lado, la capital de la patria socialista -desde donde las guerrillas pensaban tomar el poder para imponer una revolución comunista- y, por el otro, el laboratorio del terrorismo de estado aplicado luego a todo el país por el gobierno militar” (pág. 30). Pero el Cordobazo no fue ni protagonizado, ni promovido, por “las guerrillas”. Los montoneros no buscaban una revolución comunista sino el retorno de Perón,que vendría, finalmente, para cerrarle el paso a ese gigantesco ascenso obrero con epicentro en Córdoba. La dictadura genocida fue anticipada por la Triple A montada por Perón ya presidente, y tuvo como tarea central cortar ese ascenso, misión que el líder no había podido terminar. Un análisis en profundidad de esta polémica y del significado del Cordobazo se puede ver en este link.
Menem, según Reato, fue un estadista con una gran intuición política, que decidió terminar con ese “odio”. En el comienzo del libro se nos presenta a Menem, que era el gobernador de La Rioja cuando los militares dieron el golpe, encarcelado por la dictadura. Visitado en la cárcel de Magdalena porsu hermano Eduardo, Carlos Menem le asegura, siempre según diálogos transcriptos, que en unos años será presidente y quiénes lo tienen encarcelado estarán entre rejas. Lo que provoca el asombro y hasta la preocupación de su hermano.
En uno de sus capítulos, el libro describe con el tono de anécdota que lo caracteriza, la reunión con el presidente norteamericano Bush, en la que Menen explicita sus “relaciones carnales” y define su política de entrega y subordinación al imperialismo yanqui. Junto a la reapertura de relaciones diplomáticas con el Reino Unido, y los indultos para cerrar la crisis con las FFAA protagonistas del genocidio, son los pilares en los que asienta su gobierno. (Muchos parecidos con el gobierno de Milei que, por otra parte, ha ensalzado la figura política del privatizador proimperialista Menem).
Reato nos cuenta cómo Menem en función del supuesto objetivo de terminar con el “odio entre los Argentinos” toma iniciativas con carga “simbólica”, como por ejemplo, repatriar los restos de Rosas llegando a un acuerdo con el Reino Unido, donde estaba sepultado el “Restaurador de las Leyes”. Un par de capítulos del libro están destinados a las peripecias y anécdotas alrededor de la Comisión formada para llevar adelante la tarea de traer los restos desde el cementerio de Southampton, en el cual estaban sus restos desde su fallecimiento en 1877. A la cabeza de esa Comisión denominada pomposamente “Junta Ejecutiva de Repatriación de los Restos del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas por la Unión Nacional” había sido designado el abogado salteño Mera Figueroa, jefe de campaña de Menem en las elecciones que lo llevaron a la presidencia, futuro ministro del Interior, y ex detenido por la dictadura. Un grupo de exiliados reunidos en París entorno al operativo de repatriación le pide a Mera Figueroafirmar una declaración repudiando los crímenes de la dictadura. El futuro ministro menemista monta en cólera y los acusa de no entender que el propósito de la repatriación es justamente el opuesto: cerrar las heridas. O sea, y esto lo decimos nosotros, no Reato, fungir como cortina de humo para el operativo central que es el indulto a los genocidas.
La repatriación había sido intentada en varias oportunidades y siempre fracasaba por las resistencias internas de sectores que ahora la veían con buenos ojos, o no la rechazaban. Algunos de ellos incluso participaron representados en un palco el día en que los restos fueron recibidos en el Monumento a la Bandera en Rosario. Aunque Reato no saque ninguna conclusión al respecto, o en todo caso la adjudique a la muñeca y a la visión de Menem, esa falta de oposición fue parte de una política de “reconciliación” que compartían “rosistas” y “antirosistas” para dejar impunes los crímenes de la dictadura.
Una de cal y una de arena es una constante en las iniciativas del riojano, aunque la de cal es un gesto vacío y la de arena siempre es mucho más pesada y el contenido real de su política.Bajo su gobierno se construye el monumento que recuerda a los caídos en la guerra por las Islas Malvinas, mientras activa negociaciones con Gran Bretaña para poner bajo un paraguas diplomático el reclamo argentino yavanzar con negocios que benefician a la corona. El operativo Rosas, como describe Reato por boca de alguno de sus protagonistas, contó con las facilidades del gobierno de Gran Bretaña que no puso obstáculo alguno.
Como es sabido el monumento fue inocuo y carente de filo incluso como símbolo o reivindicación de la defensa de la soberanía nacional sobre las Islas. Sólo un cenotafio con los nombres que suministró el Ministerio de Defensa. El libro relata entretelones de la búsqueda de financiamiento con donaciones de la Cámara de Comercio, Amelita Fortabat, la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) entre otros integrantes del establishment. Hasta la Asociación de Bancos Privados (ARBA), incluido el Banco de Inglaterra, aprobó la obra expresamente.
Otro de los capítulos, “Nuevos amigos”, describe la visita de Menem al Almirante Rojas en el Hospital Naval. El fusilador de militantes peronistas es saludado por el riojano luego de una reunión de una hora, según cuenta Reato, con un beso en la mejilla. Según Reato este episodio despierta el asombro de los presentes, ya que en las figuras de Menem y Rojas se abrazaban dos símbolos de la antinomia que había dividido a los argentinos de las últimas décadas: el peronismo y el antiperonismo. Nuevamente Reato es incapaz de sacar las conclusiones del caso, cegado por su negativa a analizar los acontecimientos a la luz de la lucha de clases. En el gesto de Menem, y en la aceptación de Rojas que le desea éxito en su tarea de “sacarnos de esta decadencia” se expresa nuevamente el propósito de todo un régimen por ocultar sus crímenes y reconciliar al pueblo argentino con sus verdugos. No hay fisuras en esta tarea que es central para las clases dominantes y sus gobiernos, sólo diferentes enfoques y maniobras políticas dictadas por el contexto para llegar a ese puerto.
Dicho de paso, el libro es un compendio de la predisposición de muchas de las figuras del peronismo protagonistas del gobierno menemista a digerir sapos sin dar un paso al costado. La cuestión de estado pone en fila a todos los patitos.
Concretados los indultos, y con Videla en libertad, Menem llegará incluso a abrazarse en públicotambién con el genocida. Videla jamás aceptó el indulto (aunque se benefició con el mismo) porque no consideraba haber cometido crimen alguno por haber combatido a la “subversión apátrida”. Se consideraba un “preso político por defender una causa justa”, como cuenta Reato transcribiendo algunas declaraciones del dictador para un reportaje inédito que le hicieran en la cárcel de Magdalena.
Dejamos para el final un tema que se aborda en los capítulos iniciales del libro. El rol de la Iglesia Católica frente al golpe y a los indultos. Reato encara la tarea de explicar y relativizar el apoyo de la Iglesia al golpe. Aunque reconoce que el ala dura (los Integristas), promovió el golpe, los conservadores encabezados por Primatesta habrían tenido, según él, una posición más crítica. Sin embargo el propio Videla, entrevistado por Reato le dice “La Iglesia no era adicta a nosotros; teníamos nuestros encontronazos, pero, como institución, se manejaba con prudencia, decía lo que tenía que decir sin crearnos situaciones insostenibles. En ese contexto la relación fue muy buena” (pág. 31). A buen entendedor sobran las palabras.
Mas adelante Reato enumera los motivos por los que según él la Iglesia tuvo una posición de “…debilidad frente a violaciones tan graves y sistemáticas de derechos humanos…”. Entre esas razones vuelve a la carga con el tema de la amenaza guerrillera que pretendía tomar el poder para hacer una revolución comunista, cuando es archisabido que esa guerrilla estaba completamente derrotada y desbandada incluso antes del golpe. Nuevamente Reato oculta detrás de la guerrilla el objetivo real de la dictadura (detener el ascenso de las luchas obreras a partir del cordobazo), y justifica la “debilidad” de la posición de la Iglesia en que no queríadificultar la tarea de los genocidas de derrotar a una guerrilla completamente extinguida a esa fecha y especialmente a la amplia vanguardia obrera y popular que resistió los planes gorilas y represivos y protagonizo históricas jornadas de lucha, como las de la Huelga General de junio/julio de 1975.
La frutilla de este postre agrio es cuando Reato resalta el valor del documento emitido por el Episcopado en… 1981, a ¡cinco años! del golpe, en el que los obispos reivindican que se haya enfrentado la violencia terrorista, pero condenan los métodos, le reclaman a la dictadura que reestablezca los derechos humanos y elípticamente se pronuncian por un régimen democrático. Para Reato este monumento a la hipocresía es un gesto de valentía ya que la dictadura gozaba –para el autor del libro- de buena salud y no se veía la perspectiva de su final. Sin embargo, a mediados de 1981 los signos de agotamiento del régimen eran evidentes y la Iglesia no hacia más que preparar el operativo de “recambio democrático” mientras se lavaba la cara.
Es muy ilustrativa la reunión en la Casa Rosada entre el General Bignone, en ese momento al frente del poder ejecutivo con las elecciones de octubre de 1983 ya convocadas, el empresario Franco de muy buenas relaciones con Primatesta y posteriormente integrante del círculo menemista, y el propio Primatesta, jefe del Episcopado. Según nos cuenta Reato, transcribiendo partes de una entrevista con Franco, Primatesta le advierte a Bignone que las elecciones las va a ganar Alfonsín, y que los radicales “Leen, no ejecutan, leen. Emprolijen todo. Papelito que esté suelto, sáquenlo. Limpien todo”. Sobran los comentarios.
Entre las cosas que nos cuenta el libro se destaca el rol en relación a los indultos del mencionado Cardenal Primado de la Argentina, Raúl Primatesta. El jefe del Episcopado en el país, cargo que asumió a meses del golpe genocida y en el que se mantuvo durante toda la dictadura y hasta su fallecimiento, consultado por Menem ya presidente en una reunión secreta en la casa de Francos, le asegura con el mayor cinismo que la Iglesia no se va a oponer, con excepción de un par de Obispos, cuyas protestas no pasarían a mayores. “No se preocupe presidente, dos días van a gritar. Un recuadrito en los diarios no se le niega a nadie”, le habría dicho Primatesta a Menem.
Resumiendo, el libro “La Pax menemista” no aporta mucho que pueda justificar su pretensión deser “La Historia secreta de los indultos a militares y montoneros en el país del odio”. Su función es alimentar la teoría de los “dos demonios”, intentar borrar -dentro de su alcance limitado- a los protagonistas de la clase obrera y de las organizaciones populares que la dictadura genocida se propuso destruir físicamente, ignorar el contenido de clase de la política menemista detrás de los indultos y el alcance general que tuvo para el régimen capitalista.
Reato, siguiendo a Menem,intenta trazar un hilo conductor en la historia argentina cuyo aspecto central sería el enfrentamiento motivado por el odio. Rosistas y anitrosistas, peronistas y gorilas, genocidas y guerrilleros, son enfrentamientos que definen al “país del odio”. En función de este relato Reato tiene que inflar la influencia montonera y minimizar los crímenes de la dictadura genocida, circunscribiendo su objetivo a terminar con la guerrilla. Por eso el libro no menciona la cifra de 30000 desparecidos que por sí sola derrumba la construcción de Reato. Sólo en una página y al pasar habla de “….desaparecer los cuerpos de miles de víctimas, además del robo de bebes nacidos en cautiverio”.
El activismo obrero, estudiantil y popular es ignorado y silenciado en un libro olvidable. ¡Ni olvido, ni perdón! Son 30000, fue genocidio