Durante buena parte del siglo XX, la discusión sobre el capitalismo giró en torno a la gran industria, las fábricas, el trabajo asalariado y las corporaciones multinacionales. Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XXI, el ascenso de gigantes tecnológicos como Amazon, Google, Meta, Apple y Microsoft ha abierto una controversia: ¿seguimos viviendo en el capitalismo o estamos entrando en una nueva forma de organización social y económica?
Uno de los conceptos más polémicos surgidos en este debate es el de tecnofeudalismo, popularizado por el economista griego YanisVaroufakis. Según esta perspectiva, el capitalismo ya no sería el sistema dominante. Habría sido reemplazado por un orden en el que las grandes plataformas digitales funcionan como nuevos señores feudales que controlan territorios virtuales y extraen rentas de quienes habitan en ellos.
La tesis ha generado un debate. Mientras algunos autores consideran que permite comprender la concentración de poder sin precedentes alcanzada por las grandes tecnológicas, economistas marxistas sostienen que se trata de una descripción errónea que confunde nuevas formas de monopolio con un cambio real del modo de producción.
El origen de la idea
Aunque el término adquirió notoriedad internacional a partir de la publicación en 2023 del libro “Technofeudalism: What Killed Capitalism” de Varoufakis, sus antecedentes pueden rastrearse en diversas corrientes de pensamiento que desde los años noventa intentan explicar las transformaciones producidas por Internet, las tecnologías digitales y la financiarización.
La idea central es relativamente sencilla: el capitalismo clásico se basaba en mercados donde múltiples empresas competían entre sí para vender mercancías obteniendo ganancias. El tecnofeudalismo, en cambio, se caracterizaría por la existencia de plataformas que no compiten principalmente mediante la producción de bienes, sino mediante el control de infraestructuras digitales imprescindibles para el funcionamiento de la vida económica.
Varoufakis sostiene que el capitalismo fue desplazado gradualmente por un nuevo régimen económico articulado alrededor de lo que denomina «capital nube» (cloud capital).
En una de sus formulaciones más conocidas afirma: “El mercado está siendo sustituido por plataformas digitales privadas.” Y agrega: “El capitalismo está siendo reemplazado por algo peor.1
Según el economista griego, el rasgo distintivo de esta nueva época es que las plataformas digitales ya no actúan simplemente como empresas capitalistas. Funcionan como territorios privados dentro de los cuales millones de usuarios, productores, comerciantes y consumidores deben operar bajo reglas impuestas unilateralmente.
¿Qué significa exactamente «tecnofeudalismo»?
La analogía con el feudalismo medieval se basa en varios elementos. En la Europa feudal, los señores controlaban la tierra. Los campesinos dependían de ella para sobrevivir y debían entregar tributos, trabajo o rentas para poder utilizarla.
Según los defensores de la tesis tecnofeudal, algo semejante ocurre hoy con las plataformas digitales. Amazon controla un enorme espacio comercial digital. Los vendedores que desean acceder a cientos de millones de clientes deben aceptar las condiciones establecidas por la empresa. Apple controla el acceso a su ecosistema digital mediante la App Store. Google domina el acceso a la información a través de su motor de búsqueda. Meta controla redes sociales que concentran miles de millones de usuarios.
En todos estos casos, sostienen los partidarios de la teoría, las empresas obtienen ingresos no solo por vender productos o servicios, sino por cobrar una suerte de peaje a quienes necesitan utilizar sus infraestructuras. Desde esta perspectiva, las plataformas actuarían como señores feudales digitales.El debate no puede comprenderse sin observar la extraordinaria concentración económica registrada en las últimas décadas. A mediados de los años noventa ninguna empresa tecnológica figuraba entre las mayores corporaciones del planeta. Treinta años después, las firmas tecnológicas ocupan sistemáticamente los primeros lugares mundiales por capitalización bursátil. Las llamadas «Big Tech» poseen recursos económicos comparables al producto bruto de muchos países.
Además, concentran enormes cantidades de información sobre: hábitos de consumo; preferencias políticas; desplazamientos geográficos; relaciones sociales; patrones de comportamiento. Nunca antes en la historia económica una cantidad tan reducida de empresas había acumulado semejante volumen de información sobre miles de millones de personas. este fenómeno constituye uno de los rasgos más novedosos del capitalismo contemporáneo.
Principales autores
Uno de los desarrollos teóricos más influyentes proviene del economista francés Cédric Durand. En “Technofeudalism: Critique of the Digital Economy” sostiene que las plataformas generan relaciones de dependencia inéditas. Durand escribe: “Las plataformas organizan relaciones de dependencia asimétricas. “Su argumento es que las empresas tecnológicas ocupan posiciones estratégicas desde las cuales pueden coordinar enormes sectores económicos sin necesidad de poseer directamente todos los medios de producción involucrados”. (2)
Un ejemplo paradigmático es Amazon Marketplace. Millones de comerciantes venden productos a través de esa plataforma, pero Amazon controla las reglas del mercado; los algoritmos de visibilidad; la logística; los datos de ventas; y la publicidad. La plataforma se convierte así en un intermediario indispensable.
Una influencia fundamental en este debate es la socióloga estadounidense Shoshana Zuboff. En su obra “The Age of Surveillance Capitalism” describe la aparición de un nuevo modelo de acumulación basado en la extracción masiva de datos. Su frase más conocida resume esta idea: “La experiencia humana es reclamada como materia prima gratuita.” (3)
Para Zuboff, las actividades cotidianas de los individuos son convertidas en información comercializable. Cada búsqueda en Internet, cada desplazamiento registrado por GPS, cada interacción en redes sociales y cada compra online generan datos que pueden utilizarse para predecir y modificar comportamientos futuros. La autora considera que este mecanismo constituye una forma inédita de poder económico.
Otra interpretación relevante es la desarrollada por Mackenzie Wark en Capital EsEdad.
Wark sostiene que está emergiendo una nueva clase dominante integrada por quienes controlan los flujos de información. Según su planteo: “Lo decisivo ya no es la propiedad de las fábricas sino el control de la información.” La autora habla de una «clase vectorial» capaz de apropiarse de valor mediante el dominio de redes, algoritmos y datos. (4)
La dimensión económica: ¿renta o ganancia?
El núcleo del debate gira alrededor de una cuestión clásica de la economía política: ¿Las grandes tecnológicas obtienen principalmente ganancias o rentas? En la tradición económica, la ganancia surge de la inversión productiva. La renta, en cambio, proviene del control exclusivo de un recurso escaso.
Varoufakis y Durand sostienen que las Big Tech funcionan cada vez más como rentistas. Google obtiene ingresos porque controla el acceso a la información. Apple porque controla un ecosistema cerrado. Amazon porque controla una infraestructura comercial imprescindible. Meta porque controla redes donde se desarrolla una parte significativa de la comunicación social contemporánea.
En el nuevo universotecno feudal, se distinguen dos clases de trabajadores: los proletarios de la nube y los siervos de la nube. Los proletarios son los trabajadores sin propiedad, explotados mediante el uso de algoritmos; pensemos en Uber, Lyft, Grubhub. Según Varoufakis, esto contrasta con «la conversión de miles de millones de nosotros en siervos consentidos de la nube, dispuestos a trabajar gratis para reproducir el capital de la nube en beneficio de sus propietarios». El capital de la nube explota así tanto al proletario de la nube (su empleado o subcontratista) como al siervo de la nube (el consumidor).( 5)
La utilización de la información por parte de la nube no implica que los usuarios sean explotados. Es casi seguro que sufren otros perjuicios —manipulación, dominación, robo de datos—, pero no son explotados. Solo lo son los proletarios de la nube, por parte de los cloudalistas.
Los usuarios de la nube, no son siervos. La servidumbre feudal implica la extracción forzada de trabajo no remunerado (ya sea en especie, «corvée» o monetizado en una etapa más avanzada) del productor directo. El capital de la nube no realiza ninguna extracción de este tipo. El campesino feudal no tenía movilidad laboral, ni libre acceso al mercado de trabajo, y los señores podían, en principio, extraer la renta por la fuerza. No hay una relación coactiva, compulsiva entre el clouditsa y sus usuarios. En todos los casos existiría una extracción de rentas asociada al monopolio.
El hecho de partir de las empresas en forma segmentada para llegar a conclusiones es, lo menos que puede decirse, extraña al marxismo, cuyo punto de arranque metodológico ha sido abordar la interpretación de una época histórica partiendo del modo de producción imperante. El “modo de producción” nos remite a la estructura social y a las relaciones sociales imperantes. Está a la vista que estas relaciones sociales tienen como actores dominantes el capital y el trabajo asalariado. Cualquiera sea el lugar que se le pretenda otorgar a las grandes tecnológicas, actúan como un factor subordinado al orden social prevaleciente.
Pero ningún rasgo peculiar que lo distinga implica que los capitalistas de la nube constituyan ahora otro tipo de clase. Siguen siendo una clase caracterizada por la propiedad privada de activos productivos escasos. “Esta propiedad de los activos les da derecho legalmente al excedente material y, al hacerlo, les confiere un poder de control sobre las capacidades de trabajo de aquellos que solo tienen eso que vender y, por extensión, sobre el ejercicio mismo de esas capacidades, es decir, la actividad laboral. Sin embargo, este control sobre la actividad laboral sigue pasando por el control sobre el producto neto y no, como en el feudalismo, por la coacción directa.”(6)
La comprensión del fenómeno las rentas de las Big Tech se puede hacer perfectamente con las herramientas clásicas delmarxismo. Marx establece una distinción bien conocida entre el capitalista como propietario y el capitalista como función. En el primer papel, el capitalista percibe unos ingresos por su propiedad sobre un activo productivo. En el segundo, organiza la producción con ayuda de ese activo. Por lo tanto, el capitalista puede, simultáneamente, organizar la producción para obtener un beneficio y obtener una renta no productiva relacionada con la propiedad de esos activos.
“Un ejemplo evidente de esta distinción es Apple. “Apple obtiene más de la mitad de sus ingresos de la venta de teléfonos y ordenadores; solo alrededor de un tercio proviene de su App Store. En su primera función, Apple representa al capitalista como función; en la segunda, al capitalista como propietario. Muchos críticos del tecno feudalismo han señalado que las grandes empresas tecnológicas invierten miles de millones en I+D y en sus propios productos. Amazon, por ejemplo, ha comenzado a producir sus propias películas. Una vez más, se trata del capital como función.(7)
Haciendo un paralelo con la renta de la tierra, los capitalistas pueden llegar a poseer ellos mismos la tierra que utilizan para apropiarse del producto neto, que luego movilizan para explotar a una clase asalariada desposeída, lo cual es la consecuencia lógica de la distinción entre el capital como función y el capital como propiedad. En forma análoga,” los capitalistas de la nube que se benefician de la diferencia entre los precios de mercado y los precios de producción del mercado extraen una renta absoluta y son rentistas absolutos. Aquellos que viven de las diferencias en el grado de utilización del capital entre empresas son rentistas diferenciales. Estas rentas no se excluyen mutuamente, ya que un capitalista puede ser a la vez rentista absoluto y rentista diferencial en su posición de propietario”.
Crítica marxista
Varoufakis sostiene que las plataformas obtienen «rentas de nube» (cloud rents) y que esto las aproxima al feudalismo.
Pero la renta existía en el capitalismo del siglo XIX. Marx dedicó gran parte del Tomo III de El Capital a la renta de la tierra y la existencia de rentas no convierte automáticamente una economía en feudal.
Para Marx, lo decisivo es la relación entre capital y trabajo asalariado. Mientras persista esa relación, continúa existiendo capitalismo.
La recepción marxista de la teoría del tecnofeudalismo ha sido predominantemente crítica. Aunque diversos autores admiten la existencia de los fenómenos descritos por los abanderados del tecnofeudalismo cuestionan la conclusión de que el capitalismo haya sido superado.
El economista marxista británico Michael Roberts es uno de los críticos más sistemáticos del tecno feudalismo y argumenta que las plataformas digitales siguen siendo empresas capitalistas en sentido estricto. (8)
Su objeción principal es que emplean trabajo asalariado, hacen grandes inversiones en investigación y desarrollo y en infraestructura , como los centros de datos, producen mercancías y servicios; compiten entre sí; buscan maximizar ganancia y dependen de la rentabilidad. “Las empresas tecnológicas siguen operando bajo las leyes del capitalismo.” Para Roberts, “la existencia de monopolios o rentas no implica la aparición de un nuevo modo de producción”. ( 9)
La tesis tecnofeudal pasa por alto elementos centrales ya desarrollados por Karl Marx en El Capital. Marx dedicó extensos análisis a la renta de la tierra, los monopolios y las distintas formas de apropiación del excedente. En el Libro III de El Capital sostiene: “La renta de la tierra es una parte de la plusvalía.” Desde esta perspectiva, las rentas digitales no representarían una ruptura histórica sino una forma específica de apropiación del valor producido por los trabajadores. Los críticos marxistas afirman que Google, Amazon o Meta pueden apropiarse de rentas extraordinarias, pero estas dependen en última instancia del valor generado por millones de trabajadores distribuidos a escala global.
Las objeciones en el campo del marxismo se refieren al papel de la producción. Los partidarios del tecno feudalismo suelen concentrarse en los algoritmos, los datos y las plataformas. Pero detrás de la economía digital existe una inmensa infraestructura material: centros de datos; redes eléctricas; minería de litio; producción de semiconductores; logística global, lo que va unido al empleo de millones de trabajadores asalariados. La llamada nube es la fusión de una enorme masa de capital constante y variable. O sea, son eslabones del capital.
Amazon es uno delos principales empleadores de EEUU y emplea a más de un millón de personas en tareas logísticas, administrativas y tecnológicas. Las cadenas globales de suministro continúan dependiendo de trabajo humano masivo y la explotación laboral sigue siendo el núcleo del sistema.
El ensayista Yevgeny Morozov ha cuestionado también la utilidad del concepto. A su juicio, el término tecnofeudalismo corre el riesgo de oscurecer más de lo que aclara. La concentración monopolista, afirma, es un fenómeno que puede explicarse dentro del capitalismo sin necesidad de postular un nuevo modo de producción. Morozov sostiene que muchas de las características atribuidas al tecnofeudalismo son en realidad manifestaciones extremas de tendencias ya presentes en el capitalismo monopolista del siglo XX. (10)
En síntesis, la ley del valor continúa operando. La acumulación sigue basándose en la explotación del trabajo asalariado, la competencia internacional permanece vigente y las crisis periódicas de sobreproducción no han desaparecido. Desde esta óptica, las plataformas constituyen una forma avanzada de capital monopolista, no una nueva formación social.
La concentración económica observada en las Big Tech sería una prolongación de tendencias ya analizadas por Marx, Lenin y otros teóricos del imperialismo.
Las plataformas digitales han introducido transformaciones, como una concentración sin precedentes de datos; control algorítmico de mercados; nuevas formas de vigilancia; dependencia creciente de infraestructuras digitales y expansión de rentas derivadas de la propiedad intelectual. Pero eso no desmiente su carácter capitalista
¿Planificación o anarquía?
La idea de que las grandes tecnológicas son una suerte de «nuevos soviets» aparece en los desarrollos más recientes de Yanis Varoufakis sobre el tecnofeudalismo, especialmente en su libro Technofeudalism: What Killed Capitalism y en artículos posteriores donde profundiza la analogía entre las plataformas digitales y la planificación central soviética.
Varoufakis sostiene que empresas como Amazon, Google o Meta han creado espacios económicos que ya no funcionan como mercados capitalistas clásicos. Según él, cuando una persona entra en Amazon abandona el mercado y entra en un «feudo digital» gobernado por algoritmos.
En un artículo llegó a afirmar:»Esto no es otra cosa que una reencarnación capitalista, privada y de alta tecnología del Gosplan soviético». “Si los dirigentes soviéticos hubieran visto cómo funciona hoy Big Tech, se estarían lamentando de no haberlo logrado ellos” (11)
La comparación apunta al organismo de planificación de la URSS, el Gosplan. Según Varoufakis:Amazon asigna compradores y vendedores mediante algoritmos.
La información está centralizada, los precios ya no expresan libre competencia sino estrategias de extracción de rentas. Las plataformas poseen una capacidad de vigilancia y coordinación superior a la que tuvo el Estado soviético.
Por eso afirma que Big Tech constituye una especie de «Gosplan privatizado». Varoufakis considera que la coordinación algorítmica sustituye al mercado. Pero Marx ya observó algo parecido en el siglo XIX. Amazon planifica internamente millones de operaciones. Apple coordina cadenas globales de suministro. Toyota organiza redes productivas gigantescas. Pero esto no elimina el mercado. La competencia no desaparece, sinoque se recrea en mayor escala entre las grandes corporaciones. Lejos de disiparse, la competencia se hace más feroz y se involucran los estados y apela a mecanismos cada vez más sofisticados, violentos y extraeconómicos, incluso, el uso de la fuerza. El escenario actual de guerra comercial y de los conflictos públicos da cuenta de ello.
Ya Engels observaba que dentro de las grandes empresas existe planificación consciente, mientras fuera de ellas reina la competencia. La abolición de la competencia capitalista nos remite a la tesis de Kautsky sobre el “ultraimperialismo”, que planteaba que la concentración y centralización del capital nos llevaba a una una suerte de super monopolio, superando las fronteras nacionales y los choques entre los estados, y en esa medida, despejaba la perspectiva del estallido de una conflagración mundial.
La expansión de la planificación corporativa es una tendencia del capitalismo monopolista, no una prueba de que haya nacido otro sistema. La planificación llega hasta la puerta de la empresa. Fuera de ella impera la anarquía capitalista y la confrontación entre capitalismos y capitalistas rivales.
La idea de que el“espacio tecnológico de la nube” “controla” a los consumidores, aunque puede acentuarse, es un rasgo típico del modo de producción capitalista y en particular en su fase imperialista. El predominio marcado de los monopolios y la concentración de la producción en sus manaos, hace que la oferta se circunscriba sensiblemente al universo de productos que ofrecen. Y que se apoya en su acceso generalizado a los mercados y cadenas de comercialización, en el margen de maniobra con los precios y en una frondosa publicidad. No hay capacidad de elección libre del público, lo que se suele llamar en la jerga económica convencional, “soberanía de los consumidores”, cuya capacidad de compra se ajusta a sus ingresos y poder adquisitivo. Varoufakis advierte contra una manipulación de los consumidores de las BigTech, pero tal soberanía tampoco la tuvo antes. Es necesario no desnaturalizar ni edulcorar al estadio precedente a la aparición en escena de las nuevas tecnológicas.
La analogía de las Big Tech con el Gosplan es desafortunada. Uno es un órgano integrado ysubordinado al poder obrero mientras que el primero es la confirmación del despotismodel capital, es propiedad privada en manos de los sectores más ricos y poderosos de la oligarquía financiera.
La crítica central sostiene que Varoufakis confunde la extrema concentración monopolista con una nueva forma de sociedad. El mecanismo fundamental sigue siendo la extracción de plusvalía mediante trabajo asalariado. Por tanto, las relaciones de producción siguen siendo capitalistas. Las grandes tecnológicas siguen obteniendo ganancias a partir de la explotación del trabajo y que no existe evidencia de una sustitución del capitalismo por otro modo de producción. La renta digital sería una forma particular de apropiación de plusvalía, no un sistema histórico nuevo.
Conclusión
El debate sobre el tecno feudalismo es, en última instancia, una discusión sobre la naturaleza del capitalismo contemporáneo.
Para autores como Varoufakis, Durand o Wark, las plataformas digitales han alterado tan profundamente las relaciones económicas que resulta necesario hablar de una nueva formación social basada en la extracción de rentas y el control de territorios digitales.
Para la crítica marxista, en cambio, el capitalismo no ha sido reemplazado. Las grandes tecnológicas constituyen la expresión más avanzada de tendencias ya identificadas por Marx: concentración del capital, monopolización, subordinación de la ciencia y la tecnología a la acumulación y expansión de nuevas formas de apropiación de plusvalía. No estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo sistema económico o contemplamos simplemente una nueva fase del capitalismo monopolista global.
No estamos ante un sistema postcapitalista o tecnofeudal, sino ante una nueva fase del capitalismo monopolista y financiero. Donde Varoufakis ve una ruptura histórica comparable al paso del feudalismo al capitalismo, los marxistas como Michael Roberts ven una profundización de las tendencias que Marx ya había identificado: concentración del capital, monopolización, centralización y dominio creciente de grandes corporaciones sobre la economía mundial.
La importancia del debate trasciende la academia. De su resolución dependen cuestiones decisivas para comprender el siglo XXI: el papel de la inteligencia artificial, el futuro del trabajo, la regulación de las plataformas, la concentración de riqueza y las perspectivas de transformación social. Pero lo más decisivo es que de la caracterización y respuesta que hagamos seria la política y la estrategia de la izquierda. Si nos atenemos a la tesis de Varoufakis y partidarios del tecno feudalismo y de que “el capitalismo ha muerto” y la emergencia de un nuevo modo de producción , el antagonismo fundamental no es entre el capital y el trabajo, sino entre una oligarquía rentística y el universo social afectado por su irrupción , amplio y variopinto que va desde los trabajadores, pasando por las capas medias hasta la burguesía, al que se le confisca una parte considerable de sus ganancias. Volvemos en el túnel del tiempo a la transición histórica que vivió la humanidad al enfrentar y derribar el poder feudal con la diferencia que, en ese entonces, se abría paso un nuevo modo de producción y una nueva clase social, la burguesía y a otra en plena siglo XXI en que asistimos al agotamiento y putrefacción del sistema capitalista. La oposición entre las Big Tech y un capital supuestamente productivo y competitivo es una impostura. El Tecno feudalismo es un planteo erróneo y grotesco. La lucha estratégica que es el gran desafío histórico de la izquierda que se reclama revolucionaria, es barrer al capitalismo, poner en pie gobiernos de trabajadores y el socialismo.
Notas
YanisVaroufakis,Technofeudalism, What Killed Capitalism 2023Penguin Random House
(2)Cédric Durand,Technofeudalism: Critique of the Digital Economy, 2020 ,Verso Books
(3) Shoshana Zuboff, The Age of Surveillance Capitalism, 2019, PublicAffairs
(4) McKenzie Wark , Capital Is Dead, 2019 Verso Books
(5) YanusVaroufakis, obra citada
(6)Nicholas Vrousalis “Capitalismo y Big Tech. Por una crítica de la hipótesis «tecnofeudal», Sin Permiso, 22/02/2026
(7) Nicholas Vrousalis, obra citada
(8)Michael Roberts Blog, Publicaciones varias
(9)Michael Roberts, obra citada
(10)Evgeny Morozov, Critica del tecnofeudalismo, New LeftReview 133/134, Marzo-Junio 2022 y diversos ensayos posteriores sobre plataformas digitales.
(11) Yanis Varoufakis, UnHerd,4-12-25.