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Una política internacionalista frente a la crisis del orden imperialista y a la guerra mundial

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Una política internacionalista frente a la crisis del orden imperialista y a la guerra mundial

Documento internacional del Comité Central del Partido Obrero hacia el XXX Congreso (aprobado 14/3/26)


1. Crisis del orden imperialista. La ofensiva imperialista y fascista de Donald Trump es hoy el centro de la crisis internacional. Primero tuvimos el comienzo del 2026 con la intervención en Venezuela con el secuestro del presidente y la imposición de una subordinación al régimen gobernante mediante su sucesora Delcy Rodríguez, combinado con el despliegue masivo de la armada, bombar- deos, hundimiento y secuestro de barcos civiles y amenazas y un intervencionismo en toda la región son su expresión más violenta, junto a la militarización de las ciudades norteamericanas con las redadas de migrantes que ha llegado a choques que incluyen el fusilamiento público de manifestantes. Acto seguido, el ataque a Irán por parte de Estados Unidos e Israel en el marco de negociaciones, matando al ayatolá Khamenei y gran parte de su gabinete y cientos de civiles, incluido el terrible crimen de guerra contra una escuela de niñas, y la respuesta del régimen iraní contra posiciones imperialistas en toda la región, incluido el inédito cierre del estrecho de Ormuz al 20% de la producción petrolera internacional, son un salto no solo a un conflicto regional, sino en un conflicto global.

Está por cumplirse un mes desde el inicio de las hostilidades contra Irán. Sin embargo, las promesas de Trump de un pronto final de la guerra están lejos de cumplirse. Los artífices de la Operación Furia Épica suponían que asesinar al líder supremo Khamenei, destruir las capacidades militares convencionales de Irán desde el aire e instar a la población a “tomar el control” del gobierno provocaría el rápido colapso de la República Islámica. Pero el régimen iraní, pese a los severos golpes recibidos, no ha caído. Y la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) sigue activa. La respuesta dada por Irán ha sorprendido a los líderes occidentales. Irán ha contraatacado con misiles y drones en ocho países. Y ha provocado una desestabilización general en el conjunto de la región. La prolongación de la guerra ha puesto de relieve grietas y tensiones entre Trump y Netanyahu, quien pretende continuar la guerra hasta tumbar el régimen político mientras el magnate republicano señala que la guerra “está pronta por finalizar”, aunque a ciencia cierta, como lo resaltan los analistas, lo que prima en Washington es un desconcierto y no hay precisión sobre el plan a seguir. Las declaraciones de Trump están plagadas de contradicciones. Se afirma algo que acto seguido es desmentido y se plantean otras alternativas.

El cierre del estrecho de Ormuz se ha convertido en un problema cada vez más irresoluble para Estados Unidos y cualquiera de las salidas en danza que se están barajando tiene consecuencias traumáticas. El estrecho se ha convertido en un enjambre de minas submarinas que hacen casi imposible la circulación. A esto hay que unir la capacidad de Irán de respuestas sorpresivas a partir de lanchas rápidas desde el agua y plataformas de lanzamiento de drones y misiles desde tierra que son móviles y que no ofrecen un blanco fijo. Frente a este atolladero empieza a instalarse la posibilidad de una incursión terrestre yanqui, lo cual corrobora una vez más que la superioridad aérea no alcanza para ganar una guerra. 5.000 infantes de marina y marineros adicionales están siendo enviados a Oriente Próximo, para preparar el terreno en esa dirección.

Pero una escalada de esas características podría terminar convirtiéndose en una pesadilla. El control de la costa por medio de un desembarco de marines y lo que es más importante, mantenerlo en el tiempo, debería enfrentar el hostigamiento permanente de drones, incursiones guerrilleras y arti- llería desde adentro del territorio. Los soldados que sobrevivieran al desembarco se verían entonces inmersos en una guerra indefinida y de final incierto. Las bajas serían considerables, provocando miles de muertes a una escala que la población estadounidense no ha vivido desde Vietnam.

Y tras todo esto se esconde el peligro más aterrador de todos. La administración Trump se ha negado a descartar el uso de armas nucleares contra Irán. Las llamadas armas nucleares ‘tácticas’ —o bombas perforantes como la B61-11, diseñadas para objetivos subterráneos reforzados como las instalaciones nucleares enterradas de Irán— tienen una potencia de decenas o cientos de kilotones, muchas veces superior a la de la bomba que destruyó Hiroshima. Esto desmiente que el peligro de una guerra nuclear esté excluido porque el poder destructivo del armamento moderno, según ese razonamiento, llevaría a una aniquilación de la humanidad. La escalada bélica que se está extendiendo a todos los rincones del planeta habla de que este riesgo está presente y viene creciendo. Por lo pronto, el uso de armas nucleares se ha convertido en una posibilidad real y el tabú nuclear que viene desde 1945 puede ser dejado de lado.

Entre tanto, la guerra terrestre es un hecho en el Líbano. Israel ha decidido ingresar y ocupar la franja sur del territorio del país vecino. Es que Hezbolah se ha sumado al conflicto y viene hostigando militarmente a Israel, sorprendiendo también a los observadores por su capacidad de respuesta. Y sumando nuevo focos de resistencia frente a la agresión sionista e imperialista.

Los precios de la energía están aumentando en todo el mundo y el precio para los consumidores en las gasolineras también ha experimentado ya fuertes subidas. El 20 por ciento del abastecimiento crudo y del gas natural comprimido pasa por el estrecho de Ormuz y, al igual que ocurrió en 2022, tras las subidas luego del inicio de la guerra de Ucrania, los precios de los alimentos también están subiendo debido a la dependencia de la agricultura de la producción masiva de energía. La envergadura de la crisis puede medirse por el hecho de que la crisis del petróleo de la década del 70 se originó en una merma de suministro de apenas la mitad del recorte actual. El precio del petróleo supera los 100 dólares el barril y podría trepar a 200 en caso de prolongarse la guerra. Esto alimenta la tendencia a una reducción del consumo y retracción de la economía. Oriente Medio es un centro de producción de fertilizantes, que pasa por el estrecho de Ormuz. Esta vía marítima también se utiliza para el transporte del 45 % de las exportaciones mundiales de azufre, un ingrediente clave para los fertilizantes fosfatados y producción de cobre y mercurio, otro insumo importante en la producción industrial.

La guerra de Irán constituye un salto en la crisis capitalista mundial. La guerra en curso es una consecuencia derivada del impasse capitalista y, al mismo tiempo, es un factor de su agravamiento. En eso consiste la dialéctica del proceso actual.

La perspectiva de una mayor inflación mundial significa que los esperados descensos de tipos de interés por parte de los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal, queden fuera de la agenda. Este recrudecimiento inflacionario está incidiendo en el aumento de la tasa de interés y eso alimenta las tendencias recesivas. El temor fundado que empieza a extenderse es que el colapso provocado por la guerra sea de tal envergadura que precipite un dislocamiento de la economía mundial y convierta lo que es hoy un crecimiento anémico en una depresión mundial.

La guerra contra Irán está afectando a un sistema financiero mundial que ya mostraba signos de fragilidad. Las fluctuaciones del precio del petróleo provocan importantes pérdidas económicas no solo por el impacto en el consumo sino por sus consecuencias en la especulación financiera. En el mercado actual de petróleo, al igual que el de otras materias primas, operadores, inversores y especuladores negocian con contratos en lugar de con envíos reales de petróleo y nunca ven un barril de petróleo. Se estima que, en un solo día, alrededor del 5 % de los contratos de futuros llegan realmente a la entrega física. Y dado que gran parte de este comercio y especulación se basa en dinero prestado de bancos y fondos de cobertura —un apalancamiento financiero que potencia los rendimientos pero que también puede provocar pérdidas importantes—, una crisis en el mercado petrolero se extiende al sistema financiero en su conjunto. Estas pérdidas no se debieron específicamente a las fluctuaciones de principios de esta semana —esas aún no se han registrado—, sino al cambio en las perspectivas financieras generales derivado de la guerra.

Esta ofensiva es un aspecto de la tendencia a una nueva guerra mundial como resultado de una verdadera crisis del orden imperialista existente. Los 4 años de guerra interimperialista en Ucrania y el genocidio en Gaza como parte de una amplia ofensiva sionista e imperialista para reconfigurar el Medio Oriente son parte de las escaladas hacia la guerra, así como choques y militarización en África, entre India y Pakistán y la militarización para rodear a China desde Taiwán y el mar meridional, como así también la creciente militarización de China.

Esta tendencia a la guerra está asentada en la crisis capitalista, en el agotamiento de los rescates estatales a las empresas privadas afectadas por la caída de la tasa de ganancia y un endeudamiento monstruoso y generalizado. El retroceso de Estados Unidos en su hegemonía está en el centro de esta crisis del sistema imperialista y tiene expresiones en su retroceso geopolítico (Afganistán, Irak), en la caída de su participación en el PBI mundial, en su alto endeudamiento fiscal y privado, en el retroceso del dólar frente al crecimiento de los metales preciosos y en que los bonos de deuda norteamericana se desvalorizan en varias corridas financieras este año en vez de ser un refugio seguro frente a la crisis como había sido su función garantizada en los 50 años anteriores.

La crisis del orden imperialista se completa con un marcado declive de Europa y Japón, así como de un ascenso de China como potencia en el centro de los choques internacionales, con una autonomía importante respecto a las potencias occidentales conquistada en la última década y media y una creciente proyección internacional. Rusia disputa también una gravitación, pero de escala menor y basada sobre todo en su capacidad militar, heredada de la vieja Unión Soviética, lo que hemos caracterizado como un imperialismo territorial o sui generis

El declive de la potencia imperialista norteamericana habla de una crisis de conjunto del orden imperialista, que no ha logrado configurar un orden sustituto en el marco del sistema internacional actual. El oro se valoriza porque ninguna otra moneda tiene la capacidad de cumplir el rol en el comercio y las finanzas que hasta ahora cumplió el dólar. Que Estados Unidos se coloque en términos cada vez más rupturista respecto a los organismos multilaterales en los que ha asentado décadas de dominio como el OMC, la OMS, la ONU, etc., no significa que China ni el variopinto bloque europeo estén en condiciones de relevarlo, por lo menos sin imponerse en una guerra que quiebre las instituciones mundiales actuales e instale otras en su lugar. No estamos por ende frente a una crisis episódica, sino al agotamiento de toda una etapa de dominación imperialista.

La vulnerabilidad de las potencias tradicionales, ejemplificada sobre todo por el fracaso de Ucrania, sostenida y armada por todos ellos, de derrotar la invasión de Putin, ha llevado a un margen de acción mayor para potencias locales y realineamientos, como los golpes nacionalistas apoyados por Rusia en el Sahel que han expulsado la importante presencia imperialista de Francia. Turquía, India, Pakistán, Irán, Arabia Saudita, y también otros países árabes, intervienen a escala regional en conflictos militares y pelean por injerencia en países vecinos. La escalada de guerras civiles y conflictos en Sudán, Congo, Somalia y entre Etiopía y Eritrea evidencia un desembarco creciente de potencias mundiales y países petroleros árabes financiando tropas para capturar recursos estratégicos. La crisis del sistema imperialista no da lugar a un multilateralismo ni una pacificación sino a choques imperialistas muy agravados.

Este aspecto ha mostrado sistemáticamente el ángulo falso de quienes han tratado de fijar posición política en los crecientes conflictos internacionales desde un sentido estrechamente nacional, haciendo abstracción del contenido de los choques internacionales. Quienes han visto en Ucrania o en Taiwán problemas “nacionales”, sin partir de la política del imperialismo en su disputa internacional han terminado brindando apoyos por izquierda a la OTAN o, en el otro extremo, a Rusia o a China.

La tensión no se limita a un choque occidente-oriente, como se ha querido presentar en muchos casos, sino que el fracaso de la hegemonía estadounidense como existía hasta el momento y las tensiones entre Estados Unidos y Europa —si bien esta última se ha cuidado de llevar la sangre al río y ha hecho concesiones a Estados Unidos- con aliados tradicionales. El planteo de Trump de algún tipo de anexión tanto de Groenlandia, como de Canadá, a los Estados Unidos es el ejemplo más extremo de esto. Canadá ha avanzado entonces en acuerdos con China y Europa, mientras avanzó en una ruptura comercial significativa con Estados Unidos y le realizó una severa crítica política pública a Trump. La propia “junta de paz” propuesta por Trump para Gaza, pero a la que potencialmente da alcance mayor, ha invitado a formar parte a Putin, pero no a Macron o Starmer, expresando un organismo que compite con la ONU, y que contiene un conjunto de fuerzas que no coincide con la OTAN. En el mismo sentido, las potencias europeas acaban de negarse a formar parte de la coalición de países que promueve el magnate para reabrir la navegación por el estrecho de Ormuz

Las potencias europeas están en una profunda división interna, entre sus burguesías nacionales y dentro de cada una de ellas sobre cómo proceder. Convive la idea de la reconstrucción de un polo imperialista propio con la subordinación a Estados Unidos (como hemos visto en los asuntos de aranceles y Groenlandia) y las dificultades para generar un bloque con una capacidad de acción en común. En cualquiera de los casos, el conjunto de los gobiernos capitalistas se preparan para la extensión de los frentes militares con un gasto militar inédito y promoviendo cambios políticos y legales que tiendan a permitir la movilización militar de su población civil.

2. Las dimensiones del colapso capitalista en ciernes. Es útil, a los fines de ver las dimensiones de la crisis, comparar el escenario actual del capitalismo norteamericano con su situación previa a la crisis financiera de 2008.

Antes de 2008, la deuda pública de Estados Unidos era relativamente moderada (~35 % del PBI en 2007). La ratio deuda/PBI en el presente está en niveles cercanos al 120 % y se proyecta que seguirá subiendo. El déficit fiscal anual ronda cifras elevadas, equivalentes a más del 7 % del PBI. Previo a la crisis de 2008, el déficit fue menor al 3 %. El gasto en intereses de la deuda ya supera partidas importantes como defensa o Medicare y sigue aumentando.

Hoy Estados Unidos ingresa a un nuevo escenario de crisis con una deuda pública mucho más alta y con menos margen para volver a incrementarla sin generar riesgos fiscales y dificultades para responder a sus compromisos financieros

El hecho de que no haya un colapso bancario inminente, como el que en 2008 precipitó la caída del Lehman Brothers, no significa que la vulnerabilidad financiera no sea hoy materia de preocupación. No debemos perder de vista que casi la mitad del crédito circula fuera del sistema bancario oficial, en las instituciones financieras sin regulaciones, ni controles, que conforman la llamada “banca en la sombra”, cuya capacidad de daño, en vista a sus dimensiones, es muy importante.

La deuda corporativa es elevada, y con excepción de las 7 Magníficas (los enormes conglomerados tecnológicos), las empresas tienen dificultades crecientes para pagar los intereses de sus deudas. El apalancamiento en los mercados financieros globales es muy superior al de 2008, lo cual habla de la fragilidad de la situación.

El déficit comercial hoy es más severo que en el 2008. Su aumento ha ido al compás del retroceso de la participación de Estados Unidos en el PBI mundial y el proceso de desindustrialización. El dólar sigue siendo el principal medio de pago y reserva de valor mundial, pero esa ventaja se ha ido erosionando sensiblemente, lo cual socava la capacidad de maniobra e intervención del imperialismo yanqui.

La cooperación internacional (G20, bancos centrales), en el marco de la globalización, fue clave para enfrentar la crisis de 2008. En cambio, ahora, predomina un escenario de guerra económica entre Estados y entre corporaciones, lo cual echa más leña al fuego a las tendencias a la dislocación e incertidumbre de la economía mundial.

En este análisis comparativo, no se puede omitir el mercado de valores, que hoy está 4–5 veces por encima del nivel pre-2008. En la actualidad las cotizaciones accionarias han llegado a sus máximos históricos. El Dow Jones acaba de superar la cifra emblemática de 50.000 puntos. La Relación Precio / Ganancias (P/E) Previo al 2008: osciló entre 16-17. En 2025-26 trepó a 28.

Esto no expresa la “salud” de la economía real. Asistimos a una valorización ficticia que no se compadece con el crecimiento de la producción. Se da la paradoja de que el aumento del valor de las acciones va de la mano con un pobre desempeño económico y hasta balances que arrojan pérdidas. Como telón de fondo, estamos en presencia de una intensificación de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Hay un enorme stock de capitales excedentes que no encuentran una colocación redituable en el campo productivo y que se vuelcan a la esfera especulativa. Esto se agrava a medida que en la economía China se hacen más evidentes los síntomas de sobreproducción capitalista.

Los precios crecen mucho más rápido que las ganancias. Se dan por hecho beneficios futuros extraordinarios. El mercado depende de expectativas, no de rentabilidad realizada. El ejemplo más elocuente de ello es el de la inteligencia artificial, en que los beneficios son irrisorios hasta el momento comparado con los niveles de inversión volcados a la actividad.

Un P/E en las acciones tan alto indica sobrevaluación histórica y fragilidad ante shocks. Lo que se verifica es una inflación de activos originados en una política monetaria expansiva. Estamos en presencia de un crecimiento extremo del capital ficticio tras haber sido rescatado en 2008. A partir del panorama aquí expuesto, se puede palpitar la explosividad de la situación. El potencial destructivo que tendría el estallido de la burbuja bursátil ha llevado a Gita Gopinath, hasta hace muy poco economista en jefe del FMI, a advertir sobre un “riesgo sistémico” que podría provocar “un colapso como ningún otro” en la historia del capitalismo.

La mayoría de los pronósticos sobre la marcha de la economía mundial tiende a encubrir este contenido catastrófico que no es una perspectiva lejana en el tiempo sino que está instalado como amenaza en la coyuntura actual. Esta visión incluso está ausente entre  gran parte de las corrientes enroladas en el campo del marxismo y de la izquierda. Se hacen proyecciones sobre las principales variables económicas (actividad económica, precio, nivel de empleo) como si se trataran de meras oscilaciones propias del ciclo económico, prescindiendo de los frentes de tormenta que acechan la economía y que pueden terminar de detonar en cualquier momento. Las tendencias a la guerra económica, y a la guerra misma, es un indicador del impasse del régimen capitalista que ha llegado a un estadio en que sus contradicciones ya no pueden resolverse por los mecanismos tradicionales sino que es necesario apelar a medios extraeconómicos, empezando por el uso de fuerza. La guerra mundial, tal como lo caracterizó Lenin, es una manifestación del agotamiento y de las tendencias al colapso del régimen capitalista en su etapa final imperialista, que ha tenido una sobrevida larga y generado formas crecientemente descompuestas y barbáricas. La sobreproducción de capitales en la etapa senil del capitalismo supera las escalas conocidas en la historia previa. Para salvarse de su propia tendencia al colapso el régimen capitalista debe generar una destrucción de capitales excedentes de una escala histórica. Y la guerra es, justamente, una de las formas privilegiadas del capitalismo de procesar la sobreproducción que surge de la anarquía de producción por el traslado de las rivalidades de los mercados a los campos de batalla. Es a la vez una forma peligrosa, ya que lleva la relación de las masas con el régimen a condiciones extremas, llevando no pocas veces a enlazar la guerra con la revolución. Un abordaje apropiado de la situación mundial debe partir de este escenario convulsivo, que está llamado a ser atravesado por crisis, bancarrotas y defaults. Esto es un caldo de cultivo de crisis nacionales e internaciones, conflictos bélicos, giros políticos y de la emergencia de rebeliones populares.

El año transcurrido del segundo mandato del magnate muestra que la envergadura de la crisis capitalista excede la capacidad del gobierno de pilotearla. La obsesión del presidente republicano por lograr el control político de la Reserva Federal es una tentativa desesperada por apagar focos de conflicto que pueden convertirse en incendios y terminar de hundir su mandato. Trump pretende tomar el control de la política monetaria y su batalla se ha concentrado en un ataque contra la llamada “independencia de la FED”, estableciendo el control gubernamental

Kevin Warsh, el candidato a titular de la FED nominado por Trump para reemplazar a Jerome Powell, ha respaldado las subidas de aranceles de Trump afirmando que no son inflacionistas, a pesar de las pruebas que indican lo contrario. También sostuvo que una baja pronunciada de los tipos de interés —Trump quiere reducirlos al 1 %— no serán inflacionistas porque la liberación del poder económico estadounidense, sobre todo a través de la inteligencia artificial, impulsará la productividad. Como ya señalamos más arriba, todo esto está interpelado y cuestionado por los efectos de la guerra contra Irán, que disparó el precio del barril de petróleo y consecuentemente del combustible, lo que echa leña al proceso inflacionario y pone en tensión el objetivo de bajar las tasas de interés.

Las disputas en torno al control de la FED expresan una división en la propia clase capitalista norteamericana, incluso en la órbita financiera, entre los círculos de negocios que representa Trump, que están asentados principalmente en operaciones especulativas que dependen de tipos de interés más bajos, y el establishment financiero más tradicional, para quienes hay que mantener las ortodoxias del pasado para preservar la estabilidad del sistema financiero estadounidense. Habrá que ver cómo termina procesándose esa disputa en torno a la nominación de Warsh, que debe ser refrendada por el Congreso.

3. El movimiento de masas. La tendencia a la guerra mundial ha ido desarrollando a la vez una tendencia a una respuesta obrera y popular convulsiva y, en algunos casos, radicalizada, aunque sufriendo duramente la falta de direcciones obreras consolidadas y mucho menos revolucionarias. La acción de la Resistencia Palestina del 7 de octubre de 2023 y la guerra genocida que el sionismo y el imperialismo yanqui desataron como represalia abrió el camino del gran fenómeno de radicalización de masas que ha sido sin duda el movimiento de lucha contra el genocidio al pueblo palestino, que combinó un proceso de concientización y lucha política contra la totalidad de gobiernos colaboracionistas, movilizaciones de masas, huelgas de solidaridad internacional, la extensión de medidas de acción directa de todo tipo, desde el bloqueo de envíos de armas, disrupción de plantas armamentísticas en Europa al desafío de romper el cerco sobre Gaza físicamente con las marchas y flotillas globales. El movimiento por Gaza se ha entrelazado en Italia o España con un fuerte crecimiento de la capacidad huelguista de la clase obrera, que ha tenido expresiones diversas contra reformas regresivas en Francia con el movimiento bloqueemos todo, en Grecia contra la reforma laboral o con las grandes huelgas recientes de Portugal, Bélgica o Bolivia.

La presión de los gobiernos europeos por el rearme ha dado lugar a los primeros movimientos de masas contra su empeño militar en Ucrania, con los reclamos de los estudiantes alemanes que se niegan a ser usados como carne de cañón. Tuvimos en 2024 y 2025 numerosos estallidos populares a lo largo del mundo que se levantaron contra ataques económicos y represivos de los gobiernos capitalistas. Algunos lograron tirar abajo a los gobiernos que enfrentaban, como en Bangladesh, Nepal o Madagascar. Sin embargo, dieron lugar a recambios en los términos del régimen, reflejando los límites políticos y de dirección que enfrentan las rebeliones identificadas con el denominador de Generación Z. La irrupción juvenil de Kenia logró un recule de las reformas económicas regresivas del gobierno de Ruto, con una lucha violentísima que incluyó la toma del parlamento. Hubo combates de masas muy duros también en Nigeria y Mozambique. Los ascensos en Turquía e Irán fueron quebrados a fuerza de represión directa, con un salto en la criminalización de la protesta e incluso la oposición política en la Turquía de Erdogan, y con la masacre de miles en el caso de Irán.

En la reacción de las masas a la ofensiva capitalista, hoy juega un rol central el movimiento dentro del propio Estados Unidos, que ha visto una verdadera pueblada el año pasado en Los Angeles, movimientos de masas para impedir las redadas de ICE en Chicago y Minneapolis, movilizaciones extendidas y masivas que remiten al movimiento Black Lives Matter de 2020 y una comprensión de cientos de miles de que la huelga general es el camino para derrotar a Trump, que ha comenzado a ensayar huelgas locales, piquetes y paros estudiantiles.

No se nos escapa que este movimiento es desigual. En América Latina, la reacción popular no ha tenido el vigor de unos años tras donde asistimos a una ola de rebeliones populares previas a la pandemia. Hubo algunas explosiones, como el levantamiento contra el gasolinazo en Bolivia, pero puntuales. De conjunto, no hubo respuestas populares a una ofensiva capitalista, que contempla severos ataques a los derechos y condiciones de vida de las masas En Brasil, bajo Lula no se revirtieron leyes votadas bajo Temer y Bolsonaro. En Argentina se terminaron imponiendo leyes que lesionan derechos de los trabajadores, como la reciente reforma laboral. Esta circunstancia, no obstante, no nos debe hacer perder de vista los giros que se vienen gestando en particular en Estados Unidos que, por su relevancia, condicionan el escenario global de la lucha de clases.

Esto vuelve a colocar sobre el tapete la organización de una vanguardia revolucionaria y una orientación que pueda volcar esa enorme energía en una pelea efectiva contra los gobiernos de la guerra y el hambre, sus fuerzas políticas y sus formas de influencia en la conciencia de las masas.

4. La guerra comercial. El año de guerra comercial de Estados Unidos contra China (objetivo confeso central de toda la ofensiva de los aranceles de Trump) terminó en un retroceso parcial temporario y de ninguna manera logró sus objetivos económicos. El crecimiento del PBI norteamericano cayó de 2,8 en 2024 a un 1,8 estimado para 2025. La inflación y el déficit comercial se mantuvieron, y el desempleo empezó a crecer. La burbuja histórica de las empresas tecnológicas no está basada en un crecimiento de sus ganancias reales sino en una expectativa a futuro que muchos analistas ponen en duda. La explosión de esta burbuja podría generar una destrucción de capitales a la escala de 1929. Los aranceles impuestos por Trump a muchos países no lo protegen de esto y ni siquiera han mejorado la coyuntura económica inmediata.

Alcanzó para que China bloqueara completamente el acceso a las tierras raras, poniendo en peligro la producción de los chips necesarios para toda la tecnología moderna, desde los misiles y drones a los autos eléctricos y celulares, para que Trump y Bessent fueran corriendo a firmar un acuerdo con China. Bessent fue expreso de que este acuerdo no significaba un final del conflicto sino un paréntesis, y que Estados Unidos dedicaría todo su esfuerzo a lograr acceso a esos componentes. Las negociaciones de Trump y Putin por el reparto de Ucrania, incluyen el control de esos minerales presentes ahí para Estados Unidos. Lo mismo está detrás del planteo sobre Groenlandia, que tiene importantes yacimientos, cuya explotación tiene ahora injerencia norteamericana según el último acuerdo firmado. La decisión de la Corte Suprema de dejar sin efecto los aranceles del magnate fue el tiro de gracia a los anuncios de Trump a comienzos del año pasado.

Los límites a la posibilidad de una ofensiva directa contra China sin resolver estos problemas estratégicos estuvieron detrás del pívot de Trump hacia el hemisferio occidental como escenario inmediato de pelea contra el conjunto de sus rivales y de suplir los elementos necesarios para dar esa pelea. Así lo consagró en su documento de Doctrina de Seguridad Nacional y el corolario Trump a la doctrina Monroe. “América para los americanos” no es la renuncia a una pelea fuera del continente de parte de Estados Unidos sino al revés, es la búsqueda de ganar algunos rounds contra sus contrincantes en un terreno donde tiene más facilidad de operación.

5. Guerra, industria y fascismo. La política de Trump para “hacer grande de vuelta a América” es usar la ventaja militar que Estados Unidos sigue teniendo sobre sus rivales para revertir su declive económico y geopolítico. Para hacerlo, necesita poder ampliar su movilización militar. Todas las medidas vinculadas a la guerra económica, como los aranceles, han estado formuladas en clave de seguridad nacional, y las medidas militares, como Venezuela, en la necesidad de recuperar la primacía económica y competir con los rivales.

El último Documento de Seguridad Nacional habla abiertamente de la necesidad de revitalizar el complejo industrial-militar como forma de desarrollar la primacía de Estados Unidos. Hay una relación estrecha entre la ofensiva imperialista de Trump y el cambio de régimen político represivo y de carácter fascista que quiere imponer de manera interna. Mientras el enfoque de fuerzas de ocupación plurinacionales ha fracasado en Irak y Afganistán, hoy bajo el control de fuerzas proiraníes y los talibanes respectivamente y la guerra a través de terceros en Ucrania se desangra, retrocediendo frente a Putin, Estados Unidos no ha podido imponer una conscripción forzosa luego de la derrota de Vietnam, hace 50 años. Incluso, el esfuerzo de financiar la guerra en Ucrania y el costo político de sostener a Israel y su política genocida en la Franja de Gaza se volvieron intolerables para el gobierno yanqui durante la administración de Biden.

La militarización interna tiene los dos argumentos vinculados de combatir a la criminalidad y a la migración ilegal, mediante la movilización de la Guardia Nacional, la milicia fascista con fondos federales ICE, y secundariamente la movilización del ejército (se movilizaron marines a Los Angeles cuando fue la pueblada de junio de 2025) y la represión con las policías locales, incluso en ciudades gobernadas por los demócratas.

Clasificamos esta ofensiva como fascista, aunque Trump está lejos de haber instalado una derrota decisiva a las masas para consolidar un régimen político de otro tipo. Es cierto que la “democracia” imperialista tiene una larga historia de crímenes contra los trabajadores y sectores oprimidos dentro de Estados Unidos, y que no ha sido ajena a la persecución legal, los asesinatos policiales, la infiltración y las listas negras. Sin embargo, es importante identificar el salto en calidad de esta ofensiva, con ejecuciones policiales y campos de concentración para migrantes, pero por sobre todo, con la organización de sectores de la población como fuerzas de choque contra trabajadores y migrantes. El ICE es parte de esta tendencia. Parte de su mano obra fue reclutada entre quienes protagonizaron en su momento el asalto al Capitolio y que fueron luego amnistiados por Trump al volver a la presidencia. Este aparato paralelo a las fuerza de seguridad es un rasgo distintivo de regímenes fascistas o que marchan en esa dirección. Estos elementos dan un adelanto de los métodos que Trump usará para pelear por la continuidad de su gobierno frente a los choques y contratiempos que lo esperan.

El segundo mandato de Trump ha opuesto en forma más marcada las fuertes divisiones y tensiones en la clase capitalista norteamericana.

Trump tiene apoyos influyentes en el mundo empresario y financiero. El magnate republicano conecta sobre todo con sectores ligados a energía fósil (petroleras, gas, carbón), a la industria pesada y manufacturera (acero, automotriz, defensa). Su discurso proteccionista (“América First”, aranceles a China) expresa a fracciones que pierden competitividad frente a Asia. La construcción e inmobiliarias, a su turno, son su base social directa (Trump viene de ahí) y son beneficiados por rebajas impositivas y desregulación urbana y financiera.

Es, en síntesis, el capital menos globalizado, más en declive con respecto a la competencia internacional, y más dependiente del Estado nacional.

No es el “candidato natural” de Wall Street en su conjunto. Wall Street como bloque prefiere previsibilidad, La gran banca internacional, fondos globales y gestores de activos (BlackRock, etc.) desconfían de sus giros imprevistos, de sus marchas y contramarchas, de la escalada en la guerra comercial y las tensiones geopolíticas.

Con las Big Tech y Silicon Valley tiene una relación contradictoria. Gran parte de los pesos pesados de las tecnológicas, con independencia de sus idas y venidas con el propio Trump, se han volcado a planteos de extrema derecha, de ofensiva abierta a las masas. Es un capítulo importante de esto la colaboración de todos ellos (Google, Amazon, Microsoft) con las FDI en la modernización de las técnicas del genocidio combinando drones, IA, reconocimiento facial y procesamiento de datos en la nube. Los sectores vinculados a la IA y las criptomonedas, que enfrentan cuestionamientos y debates respecto a su marco regulatorio legal, apuestan fuertemente al apoyo a Trump y su movimiento MAGA de cara a las próximas elecciones y han reunido fondos para intervenir en ese sentido que desequilibran la capacidad de inversión de republicanos y demócratas de cara a noviembre. Pero es necesario no perder de vista que el proteccionismo y las barreas comerciales que estable el magnate, entran en colisión con el modelo de negocios globalizado de las gigantes tecnológicas, cuya cadena de producción están altamente integradas mundialmente.

El alejamiento de Elon Musk de Trump expresa esa contradicción. Musk dirige empresas hiperdependientes del Estado, pero en clave global. Tesla necesita mercados abiertos, subsidios verdes, cadenas globales y estabilidad regulatoria. SpaceX depende de contratos estatales, pero también de cooperación internacional y reglas claras. X y la IA requieren, a su turno, integración global de datos, talento e infraestructura. El trumpismo promueve, en cambio, aranceles, guerra comercial, ruptura de acuerdos, ataques a subsidios verdes y una política exterior errática. Esto encarece costos, rompe cadenas de producción y genera incertidumbre, algo que conspira contra el modelo de negocios del empresario.

De integrar el gabinete, Musk ha pasado a tomar distancia: está recalculando sus movimientos políticos y empieza a tantear un recambio político. Parte de la burguesía que cerró filas en su momento con el magnate está siguiendo ese mismo camino y empieza a mirar otras opciones. Esto está teniendo una traducción en el campo político en otras fracturas en la base MAGA, como la diputada renunciante Marjorie Taylor Greene, y el influyente comentarista televisivo de derecha, que han combinado el escándalo Epstein con críticas al apoyo a Israel. Estas rupturas en su base política se pueden vincular con los reveses electorales que está teniendo en diversos estados, incluso históricamente adictos a los republicanos. La posibilidad de un desastre electoral lo anunció con mayor claridad el senador republicano Ted Cruz, en una conversación telefónica con Trump, posteriormente filtrada: “Señor Presidente, si para noviembre de 2026 los fondos de pensiones bajan un 30% y los precios suben entre 10% y 20% en los supermercados… llegaremos a las elecciones enfrentando una masacre. Va a perder la Cámara de Representantes, va a perder el Senado y va a pasar los próximos dos años siendo sometido a juicio político cada semana”.

Mientras la estrategia de los gobiernos demócratas de avanzar contra Rusia y China en un bloque con Europa Occidental (lo cual incluyó la explosión del gasoducto Nord Stream para sabotear la integración energética de Alemania y Rusia) llegó a un punto muerto en Ucrania, como Trump no se cansa de recalcar, el destino de la ofensiva de Trump todavía está por verse. Los demócratas le reprochan a Trump su autoritarismo, pero no tienen mucho que contraponer en términos de una estrategia que frene el declive de Estados Unidos como potencia mundial. La articulación de una alternativa de poder a Trump en el campo capitalista todavía debe desenvolverse para poder contraponerle una estrategia propia.

El escándalo alrededor de la red de explotación sexual de mujeres y niñas del agente de inteligencia sionista Jeffrey Epstein, ha tenido características verdaderamente explosivas para Trump. Habían logrado manejar el tema durante la administración Biden, evidentemente por las ramificaciones de las evidencias que ligan no solo a Trump, sino a los Clinton con Epstein. Sin embargo, la explotación del caso contra los demócratas y cierta crisis en la base MAGA entre los elementos pro-sionistas y los abiertamente antisemitas dieron las condiciones para la votación de la publicación de los archivos, aunque de manera escalonada, parcial y manipulada.

Aunque por el momento esto no ha tenido consecuencias legales claras contra Trump, el daño a su campaña de criminalización y demonización de sectores oprimidos de la población como los migrantes y las minorías sexuales, choca acá con la comprobación de que los verdaderos corruptos, perversos y criminales se esconden en las elites capitalistas. Las complejas tramas de entrelazamiento entre el capital financiero, los servicios de inteligencia, los gobernantes, empresarios, el establishment académico y de la cultura se mezclan en los archivos del caso con los terribles crímenes contra mujeres y niñas que muestran la cara más extrema de la opresión y humillación que implica el régimen capitalista que hace de la vida y el cuerpo humano mismo una mercancía disponible para la compra, venta y abuso. El impacto y derivaciones de este caso están teniendo un alcance internacional, incluyendo a las familias reales británicas y noruegas, el gobierno laborista de Starmer en RU y muchos más. La enorme sensibilidad popular frente al reclamo de las víctimas, que denuncian vivir bajo amenaza de las redes de explotadores millonarios, tiene el potencial para poner en marcha a un movimiento de masas de mujeres y en apoyo a las mujeres de características convulsivas.

La ofensiva fascista de Trump tiene un alcance global, no solo por el alcance de la acción de Estados Unidos, si no porque este busca promover y se asocia con variantes ultraderechistas y fascistizantes en Europa y Latinoamérica. El destino de su ofensiva en EEUU, que ya está generando una inédita reacción de masas, va a tener una repercusión internacional muy importante.

6. Una radicalización de masas contra Trump. La ofensiva de Trump enfrenta dificultades políticas severas. Su aprobación es menor al 40 %. Ha perdido casi la totalidad de elecciones locales frente al Partido Demócrata, como en Arizona, Virginia y entre las que destacan elecciones parlamentarias suplementarias en Lousiana y Texas, donde distritos tradicionales republicanos que fueron para Trump en 2024 cambiaron más de 15% de los votos hacia los demócratas, el triunfo demócrata en la alcaldía de Miami y, especialmente, el triunfo de Zohan Mamdani en Nueva York, en lo que constituye una experiencia socialdemócrata muy radicalizada, con relación con el movimiento por Palestina, reivindicaciones elementales de la clase obrera y con un impulso a la organización de un voluntariado militante masivo de 90 mil personas.

El crecimiento de la DSA (y de otros fenómenos a la izquierda de la socialdemocracia tradicional a nivel internacional como Melenchón en Francia el Your Party de Corbyn y Sultana en Reino Unido y la izquierdización de Die Linke en Alemania) es un registro de que decenas de miles buscan una opción por izquierda, incluso algunos en términos muy radicalizados, en la búsqueda de un canal apropiado para enfrentar la ofensiva derechista. Al mismo tiempo se trata de organizaciones diseñadas para llevar todo fenómeno de organización y movilización de base a colectar a una lógica electoralista y al apoyo “crítico” al Partido Demócrata, cuyas filas pasan a engrosar cada representante electo que consigan. Bajo los riesgos de un cambio de régimen fascista, alimentar un carrerismo electoralista en miles de militantes de izquierda es particularmente nocivo y dramático.

La otra organización significativa en las movilizaciones en Estados Unidos es el PSL (Partido por el Socialismo y la Liberación), que ha crecido mucho en el movimiento por Palestina al ser independientes de los demócratas y llevar la denuncia del sostenimiento de Biden a Netanyahu. Han crecido como estructura en todo el país, en particular en la juventud. Levantaron en la crisis de Minnesota la correcta posición de la huelga general. El planteo del PSL no es realmente socialista, sino que contrapone al imperialismo yanqui y sus partidos, el apoyo a toda burguesía o burocracia que choque con ellos, haciendo un campismo seguidista de los gobiernos de Venezuela, Cuba, Irán, Rusia, China, los nacionalismos latinoamericanos y africanos. Aunque esta variante parezca combativa por contraste con el sistema político de Estados Unidos, su horizonte no es de liberación, sino de buscar otras variantes en el mundo capitalista, todas ellas de tipo profundamente explotadoras y opresivas.

Se han desarrollado movilizaciones masivas, del tipo de las «No Kings» (ningún rey) que en general están dentro de un canal bastante institucional y bajo el control del Partido Demócrata. A su vez hay una radicalización de una vanguardia extensa que está enfrentando las redadas masivas contra migrantes y la acción de ICE, poniendo el cuerpo, como lo eran Renée Good y Alex Pretti, asesinados por la Gestapo de Trump mientras intentaban demorar el accionar de este.

Es parte de esa radicalización también la acción de grupos locales pequeños que emulan las consignas y tácticas de las Panteras Negras. El impacto de sus acciones propagandísticas está ligado con el acierto del planteo de la autodefensa obrera y popular frente a los avances represivos.

El problema central del momento es el de la huelga general, o sea una acción obrera directa, en los lugares de trabajo, para golpear de muerte al régimen de Trump. Esto se discute abiertamente en el movimiento de lucha, pero no lo plantea la central obrera pro-demócrata AFL-CIO, ni es la estrategia de los demócratas socialistas. Ha surgido de un sinfín de movimientos sociales que participan en los movimientos contra la patota de ICE y aunque las sucesivas jornadas no adquirieron el carácter completo de una huelga general, fueron jornadas de lucha masivas contra Trump, de carácter nacional, que convocaron huelgas obreras, abandonos de clases estudiantiles, piquetes, ocupaciones y movilizaciones de masas.

Existe una disyuntiva para el movimiento que se ha levantado contra Trump y que se nutre de activistas de luchas previas (migrantes, Black Lives Matter, el movimiento por Palestina, nuevos procesos de sindicalización), entre la estrategia institucionalista de los demócratas y demócrata socialistas, que ya están contando los diputados, senadores y representantes locales que podrían estar colocando en las elecciones de Noviembre y la necesidad de poder avanzar el movimiento a darle una derrota decisiva al intento de Trump.

La perspectiva electoralista al movimiento es pésima consejera para las masas, ya que Trump no se quedará cruzado frente a unas elecciones donde vaya a perder. Ya ha coqueteado con la idea de modificar la legislación electoral, o suspender elecciones, o desconocer sus resultados. Podría desembocar en una versión agravada del asalto al Capitolio ocurrido en enero de 2021. Al mismo tiempo ya ha empezado a militarizar las ciudades opositoras desde un año antes de las elecciones, cosa que podría reforzar ante la perspectiva de quedar en minoría en el Congreso. Un vocero del ala más abiertamente fascista del movimiento MAGA, como Steve Bannon, ya está planteando que hay que movilizar a ICE para rodear los centros de votación en noviembre.

Trump debe ser derrotado en las calles, no alcanza de ninguna manera con usar las urnas para ello. Sin embargo, esto no impide que los trabajadores promuevan entre sus consignas de lucha la oposición a la suspensión o manipulación de las elecciones y que sea lícito preparar canales para la intervención independiente en el terreno electoral de centenares de miles que salen a luchar con una creciente independencia respecto de ambos partidos capitalistas. Los demócratas han mostrado sistemáticamente que prefieren coincidir con Trump en defensa del Estado que favorecer un alza de masas. En este año han coincidido con Trump en objetivos represivos, votando su presupuesto, la extensión de los poderes de ICE y su financiamiento, mientras se arrancan las vestiduras denunciando una monarquía de Trump. El problema estratégico, junto al de la huelga general, es el de un partido obrero independiente y la unidad con los explotados del mundo que enfrentan la ofensiva imperialista de Estados Unidos.

7. Extensión del bloque trumpista en Latinoamérica. El avance de Trump en Latinoamérica se ha apoyado sobre todo en un bloque de gobiernos derechistas y ultraderechistas a quienes ha promovido y apoyado para extender su base en la región. Sin los fondos y las extorsiones públicas de Trump, Milei hubiese perdido las elecciones de medio término, repitiendo su derrota en la provincia de Buenos Aires, y quedando preparada una crisis política mayúscula. Los triunfos derechistas en Honduras (mediante una intervención directa de Trump y un fraude descomunal), Costa Rica, Bolivia y Chile, han reforzado este bloque, que explota el retroceso de la “ola rosa” de centroizquierdistas, progres y nacionalistas en la región. Lula, Sheinbaum y Petro, se atienen a negociar con Trump, plantean su disposición a coordinar acciones con la Casa Blanca y no se candidatean para ninguna versión de las viejas “unidades latinoamericanas” ni “grupos de Puebla”. La capitulación de la dirección venezolana, yendo a un rápido acuerdo con Trump y la descomposición del MAS de Evo Morales en múltiples fracciones enfrentadas, en Bolivia, han mostrado una profunda impotencia de estas corrientes nacionalistas burguesas.

La ausencia de movilizaciones y consecuencias por el ataque a Venezuela han reforzado los preparativos para endurecer el bloqueo a Cuba y preparar un colapso del régimen castrista, que viene languideciendo económicamente hace años simbiotizado con el régimen nacionalista de Venezuela y tiene grandes dificultades para sobrevivir sin él. Un golpe estratégico a Cuba sería no solo un golpe geopolítico sino simbólico, quebrando el régimen surgido de la revolución hace 67 años que ha sobrevivido a las costas de Estados Unidos desafiando su control de la región. El fracaso del plan restauracionista de la burocracia basado en el desarrollo del turismo internacional de lujo ha puesto a Cuba al borde de un colapso. Esta debilidad ha sido explotada por el imperialismo yanqui imponiendo el corte del suministro de combustible a los gobiernos burgueses como el de Sheinbaum o Delcy Rodríguez, que se han sometido obedientemente. Han transformado el prolongado bloqueo criminal a Cuba en una catástrofe humanitaria inminente, en lo que constituye un acto de guerra que pretende una victoria geopolítica y simbólica que haga colapsar al gobierno burocrático de Cuba que no solo es un aliado de Rusia y China, sino que se pretende heredero de la revolución. En este contexto, planteamos como una resolución del 30° Congreso una campaña por la defensa de Cuba contra la agresión en desarrollo. Llamamos a una movilización del continente, incluido Estados Unidos. Hay que reclamar que México y Brasil rechacen el ultimátum de Trump y envíen petróleo a la isla. Organizar la solidaridad y la ayuda humanitaria de los pueblos de América con Cuba.

Trump ha avanzado mucho en la presencia militar en la región, reabriendo bases en Puerto Rico, desplazando a los chinos de Panamá y enviando tropas allí, realizando operaciones conjuntas con fuerzas armadas de Chile, Argentina, Ecuador, Trinidad y Tobago y firmando nuevos acuerdos de cooperación militar y autorizando presencia de soldados norteamericanos en Perú y Paraguay. El Salvador se ha transformado en un centro de detención de deportados sostenido por Estados Unidos, como también funciona en la base de Guantánamo que usurpan en Cuba y según fuentes yanquis están en tratativas para extender a Argentina. Se avanza en la instalación de una base naval yanqui en Tierra del Fuego. El principal contratiempo en este despliegue ha sido la derrota en el plebiscito en Ecuador para rehabilitar la instalación de bases extranjeras, que contrasta con un acompañamiento general al vuelco norteamericano.

Sin embargo, desde el punto de vista de la pelea estratégica contra China y la Unión Europea y su influencia económica, esta presencia política y militar no se traslada de manera directa. China sigue siendo el principal socio económico de la región, no solo para Brasil, que ha compensado con creces los choques comerciales con Estados Unidos en exportaciones crecientes a China y parcialmente a Europa, sino incluso para Argentina, que tiene en China el segundo destino comercial luego de Brasil.

La Unión Europea intenta avanzar en el acuerdo con el Mercosur, y tiene su traba en la división interna entre grupos capitalistas, no en la disposición de los gobiernos de la región, por más enfrentados ideológicamente que se presenten un Lula con un Milei. La extensión del bloque de gobiernos pro yanquis y prosionistas está haciendo un gran despliegue para incidir en las elecciones de Colombia y Brasil, donde el bolsonarismo levanta en las encuestas a pesar de la cárcel de su líder, aunque Lula sigue siendo el favorito. Asistiremos en la próxima etapa a una presión redoblada para transformar esa presencia político-militar en una dominación económica más completa, como adelanta por ejemplo el acuerdo Estados Unidos-Argentina de recursos mineros estratégicos, que tiene una cláusula de que Argentina privilegiará a Estados Unidos por encima de China.

8. Las masas latinoamericanas y el lastre de los “nacionales y populares”. En la etapa han habido luchas importantes en la región, como las movilizaciones en Perú contra el traspaso de mando del gobierno golpista de Boluarte a Jerí, el paro de transportistas y campesinos en Ecuador contra el aumento de combustibles, y la gran huelga Boliviana contra el gasolinazo de Paz de enero de 2026. Las luchas obreras en Argentina han sido importantes, con picos de movilizaciones masivas, huelgas y ocupaciones de universidades, aunque la combinación de la estrategia contraria a las luchas del peronismo y la represión de Milei, ha logrado impedir que estas se transformen en un ascenso sostenido luchas de masas. De conjunto, las direcciones centroizquierdistas han jugado un rol nefasto, tanto por su estrategia de desmovilización, estrangulamiento, entrega y ahogo directo de los movimientos de lucha (como lo vimos recientemente en Bolivia, con la frustración del triunfo de la gran huelga por el gasolinazo por la dirección de la COB), como por la frustración y descrédito que han significado el retroceso político del chavismo, el Kirchnerismo, el indigenismo boliviano, el Frente Amplio chileno, así como las consecuencias negativas de sus gobiernos en las condiciones de vida de las masas para la representación popular de lo que la derecha que avanza posiciones presenta genéricamente como “izquierda” o incluso “socialismo” o “comunismo”. Un ejemplo claro es la conducta frente al ataque a Venezuela e Irán. No han convocado a sus pueblos a movilizarse. Petro insinuó una convocatoria popular en Colombia que luego desactivó para terminar arribando a un acuerdo con Trump que incluye una colaboración con Estados Unidos en la represión del ENP colombiano, un ala disidente de la FARC, enfrentado con su gobierno. Los gobiernos “progresistas” de la región se abstuvieron de condenar a la agresión militar de Estados Unidos a Venezuela e Irán y plantean en cambio negociaciones en el marco de las Naciones Unidad y organismos multilaterales que, como es sabido, es una vía muerta y viene de respaldar el fraudulento “plan de paz” de Trump para Gaza que implica transformar ese territorio en un protectorado del imperialismo. Lula gobierna en coalición con un ala de la derecha que fue la que intervino activamente en el golpe que destituyo a Dilma Rousseff. La política del lulismo vienen siendo el vehículo de un ajuste s0bre las masas y en este marco, prepara el camino para que progrese la derecha e incluso acceda al poder. No debe sorprender que la candidatura de Bolsonaro hijo esté levantando cabeza y este empatando en las encuestas para las próximas elecciones presidenciales con el histórico líder del PT.

Gran parte de la izquierda se subordina a estas corrientes derrotadas del nacionalismo burgués y la centroizquierda. El Encuentro continental antifascista, en Porto Alegre en marzo, está lanzado en común por funcionarios del PT brasileño, el Frente Amplio uruguayo, el PC chileno de Jara, miembros del panperonismo, como Libres del Sur, y representantes de la izquierda seguidista como el SU (Jacobin Latinoamérica), que es representante del Frente Popular francés de Melenchón, y el MST argentino. Este encuentro no está orientado a incentivar la lucha política contra Estados Unidos y su bloque derechista, a organizar una pelea efectiva por Venezuela y Cuba (terreno en el que estas fuerzas han estado ausentes), sino a dar apoyo político-electoral a Lula y las corrientes de la centroizquierda continental. Entre las fuerzas de la izquierda que se integran al nacionalismo se destaca el PSOL, que se encuentra integrado al Frente Popular de Lula. En forma más solapada o mediatizada, tributa a esa política la corriente del MST en Brasil, que aunque en forma crítica, se mantiene dentro del PSOL. En Argentina, la visita del PTS, el MST e IS a CFK en su casa, el día que se conocía que iba a ser encarcelada, fue una expresión de esa tendencia de una parte de la izquierda a ceder ante las presiones del nacionalismo burgués.

Es esta estrategia la que ha bloqueado que el FIT-U de Argentina pelee por proyectarse como un polo de referencia continental para la movilización antiimperialista. Se han opuesto a hacer actos contra el intervencionismo yanqui propios del FIT-U, donde no estén las fuerzas centroizquierdistas tipo CTA (con quienes participamos desde ya en toda acción de frente único), se han opuesto al planteo del paro continental, en el caso de IS planteando explícitamente que la política debe ser reclamarle una acción a los gobiernos progresistas como Lula, Petro y Sheinbaum. Se han opuesto también a que el FIT-U sea convocante de un congreso internacionalista en Latinoamérica contra la intervención yanqui, lo cual en el caso del MST se contrapone de manera directa al encuentro frentepopulista para el que trabajan junto a los funcionarios del gobierno de Lula.

El problema de reagrupar a la izquierda revolucionaria internacionalista para ponerse al frente de un combate independiente, desde el punto de vista de la clase obrera a la ofensiva yanqui en el continente es una tarea que tenemos por delante y de las principales de nuestro trabajo internacional de la etapa.

9. El rol de China en la disputa mundial. En el centro de la disputa por la hegemonía mundial está sin duda China. El ascenso económico que ha tenido en el siglo XXI ha sido asombroso. Las instalaciones industriales realizadas con capital occidental en las áreas económicas especiales han generado una competencia enorme para las propias potencias que impulsaron ese desarrollo. Esto se ha pronunciado luego de la ruptura del llamado acople Estados Unidos/China vinculado a la crisis capitalista del 2008. El giro bonapartista de Xi Jin Ping por el control del capital instalado en China para lograr un control local del know-how tecnológico y las cadenas de suministro y distribución, combinados con rasgos de planificación económica han hecho que la reintegración de China a la economía mundial capitalista, con la culminación de su proceso de restauración capitalista no se dé bajo la forma de una colonización occidental, sino con el avance de esta como una verdadera potencia capitalista.

China ha pasado a ser la principal potencia manufacturera y la segunda economía del mundo en términos de PBI y a conquistar un liderazgo del comercio mundial. China se destaca con empresas del top 100 global por capitalización, en tecnología, consumo, y banca. En este último caso, tiene los 4 bancos como mayores activos a nivel global. Al menos una decena de compañías están en este ranking, entre las que figuran Alibaba y Tencent. En la lista de los 3028 millonarios que publica la revista Forbes, 450 son chinos. Al mismo tiempo ha desarrollado una política de expansión económica a nivel mundial con la llamada ruta de la seda, la cual no solo se circunscribe a exportación de productos sino también de capital y engloba no sólo inversiones directas sino préstamos. El desembarco de China se registra en la periferia, en primer lugar, en Asia, en África, donde ha tenido un desarrollo veloz y también en América Latina.

En el PO se ha abierto un debate público sobre la caracterización del Estado y la sociedad de China, que sin dudas vive un proceso sin antecedentes históricos directos, sin embargo los 3 compañeros que escribieron para el N° 62 de la En Defensa del Marxismo (PH, PG, LB) dando inicio a la discusión coinciden en que: 1) se ha concluido el proceso de restauración capitalista en China, ahí predominan las relaciones sociales capitalistas y ya no puede considerarse un Estado obrero burocratizado, 2) China tiene rasgos sociales distintos a la de los países capitalistas tradicionales, con muchos aspectos híbridos propios de una transición del Estado obrero burocratizado a un país capitalista sin que haya una ruptura formal de continuidad en el Estado como tal, aunque sí en su contenido a partir de las mutaciones legales, sociales y económicas y 3) el impetuoso desarrollo chino lo coloca como un rival central en la disputa internacional, en el contexto de lo cual desarrolla algunos rasgos propios de los países imperialistas, aunque tanto PG como PH están de acuerdo que no el conjunto de los rasgos propios de los países imperialistas. Las caracterizaciones de capitalismo de Estado sui generis que plantea PH, la de imperialismo en formación de PG, y la de potencia imperialista plena que defiende LB seguirán siendo discutidas.

Por encima de las diferencias, hay un consenso en que la posibilidad de que China se erija como una potencia hegemónica no será obra de una acumulación “pacífica”. El destino de China será dirimido en el terreno de la lucha de clases nacional e internacional en el marco de la etapa de guerras y revoluciones, que es el signo que caracteriza la actual transición histórica.

10. Nuestra posición política frente a China. Proponemos que sin dar por agotada esa discusión el congreso del PO reivindique una posición común de que China no es un Estado obrero ni hay allí una “transición al socialismo frenada” como dice por ejemplo Michael Roberts, sino que estamos frente a un país donde rigen plenamente las relaciones sociales capitalistas. China no merece ninguna defensa especial de parte de los revolucionarios que la distinga de otros países o potencias capitalistas.

La mejor comprensión del rol internacional de China lo refleja el hecho de que, frente al giro proteccionista de Trump y su guerra comercial, esta aparece como la defensora del libre comercio y los criterios de la OMC, absorbiendo los lugares que Estados Unidos bloquea a sus productos con el dumping de su propia producción barata producida en una industria altamente automatizada y una fuerza de trabajo comparativamente barata. Crease o no, el Partido Comunista Chino es el defensor de los valores del capitalismo liberal frente al nacionalismo guerrerista del gobierno norteamericano.

La promoción que China hace de sus intereses a nivel internacional, es la búsqueda de opresión, explotación política o económica de otros pueblos, y no tiene, en sí misma, nada de liberadora. El BRICS es un proyecto contradictorio y reaccionario. No pretende la paz ni el multilateralismo, sino reforzar a ciertos países capitalistas en los choques internacionales.

De este contexto debe partirse para una comprensión del conflicto en torno a Taiwán La isla ha pasado por diferentes etapas a lo largo de su historia. Estuvo habitada durante milenios por pueblos austronesios no chinos antes del siglo XVII. A partir de 1683 la isla se incorpora al imperio chino, aunque de manera tardía y débil. Durante siglos fue una provincia periférica, poco integrada, considerada incluso un “territorio problemático”.

A partir 1895, Taiwan pasa 50 años bajo dominación japonesa. Se produce una transformación económica, administrativa y cultural profunda. Este período rompe la continuidad histórica con China y forja una experiencia diferenciada.

Tras la derrota japonesa, Taiwán vuelve a control chino (República de China). En 1949, con el triunfo de la Revolución China, el partido burgués Kuomintang huye a Taiwán y establece allí su Estado. Nunca hubo reunificación efectiva desde 1949 aunque los tratados internacionales, aceptados hasta por la propia Casa Blanca reconocieron a Taiwán como parte de China. Desde principios de los 70, a partir del acercamiento entre Nixon y Mao, Estados Unidos mantiene una “ambigüedad estratégica”, pues mientras reconoce la existencia de “una sola China” no se ha privado de transformar a Taiwán en una suerte de protectorado. En la transición histórica abierta con la restauración de los ex Estados obreros, el imperialismo no ha logrado el objetivo de someter a China y Rusia. Taiwán es una punta de lanza en esta ofensiva. En esta disputa, China no emerge como un polo progresivo. Las reacciones defensivas iniciales que el PCCh tuvo en sus primeros años de existencia contra la escalada norteamericana fueron mutando en el tiempo y en la actualidad, a partir de las crisis y choques más recientes, lo que prevalece son apetitos expansionistas comerciales, políticos y militares, en sintonía con la proyección del capitalismo chino como potencia y sus tendencias a la regimentación, censura y represión política reinante contra su propia población y el sometimiento que se viene abriendo paso contra otras naciones. El PCCh no actúa como una fuerza liberadora ni revolucionaria, sino opresiva contra los pueblos. Estamos ante una tentativa de anexión agresiva de los territorios que son incorporados a la órbita de la China continental tal como ocurrió con Hong Kong, desconociendo y pisoteando cualquier derecho a la deliberación y organización independiente de los trabajadores del viejo enclave británico.

No se nos escapa que hay una controversia sobre si Taiwán es parte de China o una nación independiente. Hay quienes consideran a Taiwán parte inalienable de China. Ven la separación como resultado de la guerra civil y de la intervención imperialista de Estados Unidos. Existen quienes, en cambio, resaltan la identidad “taiwanesa” frente a la “china”, especialmente entre los jóvenes. La experiencia histórica separada pesa más que el pasado imperial. La nación no es solo historia, también es conciencia social presente. En función de la caracterización que prevalezca, se pone énfasis en la unidad territorial y el reintegro de Taiwán a China o la independencia.

Cualquier sea la mirada que se tenga, lo que no se puede obviar desde un punto de vista socialista y revolucionario, es que una salida progresiva en una u otra dirección sólo podrá darse desembarazándose de la presión militar china y de la tutela imperialista de Estados Unidos. Partiendo de esta premisa, el destino de Taiwán va a depender del desenlace de esta disputa entre las grandes potencias que está en juego y que está llamado a resolverse en la arena internacional.

No partimos de la “autodeterminación de Taiwán” como lo hace gran parte de la izquierda democratizante, entre ellas el PTS y el MST. Como en Ucrania, pretender que se puede abstraer esta realidad de los choques internacionales, solo puede llevar a posiciones pro-imperialistas. Como explicó Lenin frente al problema de la autonomía de Serbia en juego en las Guerras Balcánicas que estallaron en 1912, en vísperas de una guerra mundial el problema de la autonomía nacional queda completamente absorbido por el carácter del choque general, al que llevan las tendencias a una guerra mundial. No significa esto que rechacemos el derecho a la autodeterminación del pueblo de Taiwán, pero subordinamos ese planteo a denunciar la utilización de Taiwán como un enclave del imperialismo y la política anexionista y militarista de China como parte de su plan de proyección internacional como potencia capitalista, y lo hacemos en nombre de la unidad socialista de los trabajadores de todas las naciones. Resumiendo, rechazamos la fraudulenta autonomía e independentismo proimperialista de Taiwán, por un lado, y la anexión compulsiva de la isla por parte de China, por el otro, y le oponemos la unidad de trabajadores chinos y taiwaneses, en el marco de la unidad socialista de Asia. Por el derecho de los pueblos a decidir su destino. Abajo los gobiernos responsables de la guerra y la penuria de los pueblos.

Finalmente, sobre el problema de adelantar una posición sobre un eventual, probable, choque entre Estados Unidos y China, es aventurero hacerlo de manera especulativa, sin que se desprenda de la situación concreta. Nuestra posición de derrotismo revolucionario en Ucrania se desprende de la forma concreta en que sucedió. Marx al frente de la Primera Internacional, por ejemplo, varió su posición sobre la guerra francoprusiana de 1870 según hubo un primer momento en el que Napoleón III dirigió las fuerzas francesas a un intento de conquistar Prusia, en la que apoyó una lucha defensiva de los alemanes, a que cuando Napoleón III cae prisionero de Bismarck, éste dirige sus tropas a ocupar terreno francés, transformando la acción alemana en una “guerra de conquista” que Marx rechaza. Nuestra propaganda y agitación es en rechazo de una guerra imperialista, desde un punto de vista independiente, de la clase obrera. La precipitación de sectores de la izquierda en fijar posición sobre un acontecimiento del futuro, sin bandos ni elementos claros, responde a una práctica campista en favor de uno u otro sector.

11. El espejismo multipolar. No hay nada en el proyecto BRICS que permita defender un carácter pacifista, multipolar, ni antiimperialista, como lo tratan de pintar sus propagandistas y exégetas. Sus miembros son miembros y sostienen las políticas del conjunto de los organismos rectores del mundo capitalista, la ONU, el Banco Mundial, el FMI y la OMC. Mientras se ha desarrollado un genocidio en Gaza, no han tomado ninguna acción práctica para asistir al pueblo palestino, incluso China y Rusia apoyaron al régimen de Netanyahu y han avalado el “plan de paz” de Trump, absteniéndose de usar su derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

El carácter contradictorio y la imposibilidad de avanzar en un proyecto común de este bloque se destacan en la profunda rivalidad de China e India. Mientras India integra el acuerdo militar Quad para rodear a China junto a Estados Unidos, Japón y Australia, China sostiene a Pakistán, el rival histórico de India con quien estuvieron a punto de entrar en guerra en el conflicto de la región de Cachemira el año pasado.

Aunque el bloque discuta proyectos ambiciosos como el lanzamiento de su propia moneda, ninguno de estos ha pasado a la vía de los hechos. Recientemente, el Mercosur, bajo la batuta del Brasil de Lula, viene de suscribir un acuerdo con la Unión Europea que refuerza la condición colonial de la región, legitimando el saqueo de sus recursos. En paralelo, India acaba de suscribir su acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que tiene la misma orientación.

12. El rearme europeo, la militarización y la austeridad. La decadencia europea es incluso más marcada que la de Estados Unidos. Tomando a Europa como bloque su participación en el PBI mundial ha retrocedido del 26% en el 2000 a un 17% en 2025. Bajo la administración Biden, Estados Unidos logró comprometer a Europa a fondo en la guerra contra Rusia en Ucrania, que a 4 años, luego de haber dado lugar a más de 400 mil muertos y 2 millones de heridos, sigue completamente estancada, con leves y costosos progresos de Rusia en terreno ucraniano. Mientras tanto, la zona de influencia francesa en el Sahel africano fue barrida en una sucesión de golpes nacionalistas entre 2020 y 2023 que contaron con el apoyo de Rusia mediante la actuación del grupo Wagner (e indirectamente, en algunos casos, de los Estados Unidos). Trump ha impuesto a Europa sus acuerdos de aranceles, derechos sobre la seguridad y la explotación de minerales en Groenlandia y pretende excluirlos del reparto de zonas de influencia y control económico en Ucrania.

Un colapso del ejército y el régimen de Zelensky en Ucrania, que tiene grandes dificultades para sostener el frente, sería un fracaso profundo para las potencias de Europa occidental, que se han juramentado a sostenerlos frente al progresivo abandono de Estados Unidos de este compromiso bélico. Sin embargo, la idea de crear una fuerza militar europea que tuviese capacidad de acción propia, sin Estados Unidos significa reemplazar décadas de entrelazamiento y dependencia tecnológica (satélites, sistemas de defensas antimisiles, cazas F-35) lo cual implica una inversión enorme de tiempo y recursos.

Existe un empuje para tomar este camino, y efectivamente el gasto militar europeo creció enormemente en 2025, pasando el 2% que reclamaba Trump para sostener la OTAN y acercándose a un promedio del 3%.Las potencias europeas, que comandaron enormes imperios coloniales han tomado nota de que deberán dar una pelea si pretenden mantener su lugar de potencias. Estados Unidos bajo Trump las individualiza como rivales económicos que dependen de ellos para su protección militar, lo que aparece como contraindicado a sus propios intereses para remontar su hegemonía mundial.

El gasto militar ha sido a costa de ataques sostenidos contra las masas, en forma de austeridad, reformas laborales y previsionales. La presión para disciplinar a la población trabajadora y los varios llamados a reinstalar la conscripción militar se combinan con escaladas represivas, en particular en contra de quienes se han manifestado para rechazar el genocidio contra el pueblo palestino, sostenido con insumos y armas europeas, que tiene picos de represión y persecución legal en los gobiernos “democráticos” de Alemania y Reino Unido.

Dificulta el ensamblado de este bloque imperialista como polo propio su profunda división interna, que ha tenido su expresión más reciente en el bloqueo impulsado por Macron al acuerdo EU- Mercosur, que los gobiernos de España y Alemania impulsan. Los gobiernos que han estado al frente de sostener las guerras en Ucrania y contra Palestina han sufrido un enorme desgaste político, que en general es explotado por una ultraderecha ascendente, que amenaza con hacerse del gobierno en Reino Unido, Francia y Alemania. Las ultraderechas neofascistas no están restringidas más por supuestos “cordones sanitarios” por las fuerzas del “imperialismo democrático” y estos votan reiteradamente juntos para conformar gobiernos. La ultraderecha, de todos modos, es heterogénea y contradictoria. El “soberanismo” que ha sido una de las premisas que enarbolan las corrientes fascistoides, terminó siendo sacrificado en el altar de la Unión Europea. La burguesía europea, de la cual esta derecha es tributaria, valora por ahora mayoritariamente el sostén y rescate al capital europeo que se articula desde Bruselas. Dentro de la Unión Europea, el “nacionalismo” de Melloni de Italia y Orban de Hungría actúa como una cuña directa de Trump.

La Rusia de Putin ha mantenido andando una economía de guerra, sostenida por el comercio con China y una sociedad profundamente disciplinada a fuerza de una represión monstruosa. Mientras muchos comentaristas occidentales aseguraban que las sanciones promovidas por Estados Unidos, que incluían el secuestro de activos y la exclusión del sistema financiero mundial, iban a llevar a Rusia a un colapso rápido, esto no ha sucedido. Rusia se mantiene en la guerra, aunque con avances lentos, que cuestan miles de vida en el combate automatizado con drones altamente mortíferos que ha ido siendo inaugurado en estos años de guerra ucraniana. Muchos pronostican que los enormes esfuerzos hechos estos 4 años están agotando sus reservas y acumulando un stock de petróleo sin procesar. Sin descartar un desgaste, el régimen de Putin ha mostrado una ventaja que lo ha sostenido en este periodo, en la integración de cierta autarquía de su complejo militar-industrial y una fuerte disciplina social que le ha permitido mantener la movilización de tropas. Trump y los gobernantes europeos se miran en el espejo de Putin a la hora de promover cambios políticos, sociales y económicos en los preparativos para una guerra mundial.

Aunque es el sostenimiento de la guerra en Ucrania y Gaza (y las políticas de austeridad y ataque a las masas que vienen con ello) lo que ha desgastado fuertemente a gobernantes como Macron o Keir Starmer, quienes pretenden enfrentarlos por izquierda tienden a mantener esa adaptación. Gran parte de la llamada “extrema izquierda” europea se alineó con la OTAN en la guerra en Ucrania. El Frente Popular de Melenchón, que incluyó al lambertismo de mayoría y al mandelismo, planteaba en su programa la continuidad de la OTAN y el apoyo a la guerra de Ucrania.

Aunque Corbyn está a la izquierda de Melenchón en estos temas, su ruptura del laborismo para constituir un partido nuevo nació averiada, antes de ponerse en movimiento. La adhesión inicial de 800 mil personas fue completamente malversada en una serie de choques burocráticos para excluir a los partidos de izquierda de participar, ralear de la dirección a Zarah Sultana, el elemento más de izquierda de los diputados en ruptura con el laborismo, e intentar transformar el llamado Your Party en un aparato electoral desvinculado de las luchas que atraviesan el Reino Unido por Palestina, contra la ultraderecha y por las condiciones de vida de la clase obrera. Aunque Sultana y la izquierda reunieron en votaciones de los afiliados una mayoría del apoyo contra Corbyn y sectores de la burocracia sindical y representantes conservadores de la comunidad musulmana, el ímpetu de la conformación del nuevo partido se ha desinflado mucho, perdiendo protagonismo frente a un corrimiento a la izquierda del partido verde ecologista.

Podemos en España luego de romper con el gobierno del PSOE y el sector juvenil de Die Linke que capitaneó su regreso electoral en Berlín se han reposicionado en el tema Palestino como posiciones mucho más izquierdistas, pero sin sacar conclusiones políticas de fondo sobre su adaptación al régimen político. Die Linke incluso se dividió en votaciones de presupuesto militar.

Las fuerzas de la Conferencia de Nápoles en Europa se han destacado por su rechazo al rearme europeo y a las acciones imperialistas de su propia burguesía. Liberación Comunista en Grecia y la TIR en Italia, como fuerza protagónica del sindicato SICOBAS, han peleado por la extensión de acciones obreras contra la guerra y la política de austeridad que este año ganaron las primeras planas. El SWP en Reino Unido ha jugado un rol importante en el movimiento por Palestina y contra la campaña anti-migrante de la ultraderecha.

Las acciones obreras en Grecia y en Italia, junto a las huelgas de España, Francia, Portugal, Bélgica, las movilizaciones de la juventud contra la conscripción forzosa en Alemania, los movimientos de masas por Palestina de Inglaterra a España y Alemania muestran la necesidad y la oportunidad de una plataforma internacionalista en Europa.

13. Genocidio en Palestina y reconfiguración regional. La masacre a ojos del mundo entero de decenas de miles de palestinos ha inaugurado una etapa de guerra abierta de otra escala en el siglo XXI. La cifra de muertos contabilizados por el ministerio de salud de Gaza, 71 mil, aunque contando los afectados por el bloqueo, la falta de alimentos, de atención médica y la destrucción de la infraestructura, así como los cuerpos no recuperados de los escombros, las estimaciones son infinitamente mayores. En ese cuadro, que la resistencia palestina liderada por Hamas siga siendo la que controle la zona internamente y se haya impuesto como parte en la negociación hacia adelante es una proeza heroica, que habla de la profunda convicción de su pueblo de que la única posibilidad de supervivencia es una guerra de liberación contra la ocupación sionista de su tierra sostenida por el imperialismo. El rol de los rehenes en las sucesivas negociaciones, más allá del incumplimiento sistemático de Israel de las treguas, muestra la justeza de la posición del PO de apoyo a las acciones militares de la resistencia incluyendo la toma de rehenes, expresada en la polémica con el PTS a fines de 2023, contra las adaptaciones a la opinión pública influida por el sionismo que llevaban a críticas pacifistas o pseudo-humanitarias a la resistencia actuante.

El problema de la continuidad del genocidio, de la colaboración e integración de los gobiernos y empresas capitalistas del mundo, ha generado un movimiento de masas internacional. La persecución sistemática legal y policial a quienes alzamos la voz contra el genocidio, que tiene un caso insignia en Argentina con Vanina Biasi, es una ola represiva muy profunda, que incluye despidos, listas negras, cárcel y deportaciones para cientos de personas, con particular virulencia en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Esta persecución no ha logrado quebrar este movimiento, que con las huelgas obreras, en particular portuarias, vinculadas a la flotilla Sumud de octubre 2025 pegaron un salto significativo, llevando a las burguesías europeas en particular a forzar algún compromiso que desactivara el impulso a la movilización en sus países, llevando a las sucesivas votaciones en la ONU de un reconocimiento formal e inútil de la Autoridad Palestina como nación, y luego del protectorado colonial propuesto por Trump.

El genocidio en Gaza ha entrado en una nueva fase con el intento de implementación del protectorado imperialista promovido por Trump y votado por la ONU. A este proyecto de negociado inmobiliario obsceno sobre las ruinas de las ciudades palestinas se ha asociado a las burguesías de la región, en particular Egipto y Turquía, de la Autoridad Palestina y un acuerdo parcial de Hamas, aunque resta ver como este se integraría mientras se opone a ser desarmado como milicia, que de hecho mantiene el control militar mayoritario interno de la Franja, y la formación de una fuerza militar internacional de ocupación que se ha anunciado pero no formado, lo cual promete ser el eje de choques futuros.

Israel ha aceptado a regañadientes este plan, que de hecho lo excluye de la explotación directa de Gaza luego de la decisión de asumir el costo político de una masacre a ojos del mundo, con un enorme costo político interno y externo para el sionismo, que ha perdido su influencia sobre sectores importantes del pueblo judío a nivel mundial, entre los cuales ha crecido un movimiento judío antisionista sin precedentes en este siglo. La coalición ultraderechista de Netanyahu debe revalidar electoralmente este año, y ha respondido al nuevo cuadro sosteniendo bombardeos sobre Gaza en violación de la tregua, endureciendo condiciones para los palestinos dentro del terreno controlado directamente por Israel, por ejemplo con la instalación de la pena de muerte y aumentando el nivel de violencia y expropiación de tierras en Cisjordania, preparando su anexión a Israel. Una novedad importante de principio de 2026 son las movilizaciones masivas y huelgas palestinas dentro de Israel contra la violencia de colonos y policías.

Desde el comienzo de esta etapa del conflicto caracterizamos que estábamos frente al exterminio liso y llano y limpieza étnica de una parte de la población palestina y que, al mismo tiempo, el sionismo era el instrumento de una reestructuración regional impulsada por el imperialismo norteamericano para aislar las posiciones vinculadas a China y Rusia e integrar mejor a sus regímenes aliados en la región. Recordemos que las acciones de la resistencia palestina el 7 de octubre de 2023 fueron en gran medida un levantamiento contra el avance de los acuerdos de Abraham, considerados estratégicos por Trump como institucionalización de la relación entre los regímenes árabes pro-occidentales con Israel. El genocidio en Gaza pone de relieve, con más fuerza que nunca, la incompatibilidad ente el estado de Israel y las aspiraciones nacionales del pueblo palestino. Deja al descubierto la ficción de la política de “dos Estados”. El Estado palestino surgido de los acuerdos de Oslo no ha pasado de ser una caricatura de Estado bajo la tutela sionista. En este contexto, reivindicamos la lucha estratégica por una “Palestina libre del río hasta el mar”, o sea, una Palestina única, laica y socialista en el marco de la unidad socialista de Medio Oriente. Esta lucha estratégica plantea la movilización revolucionaria de todas las masas árabes, retomando el camino que quedó trunca con la primavera árabe y la acción internacional de los trabajadores de todo el mundo, empezando por el proletariado de las grandes metrópolis capitalistas

Las acciones de Israel, bombardeando y atacando 6 países vecinos deben ser vistas en esa luz. La nueva guerra yanqui-israelí contra Irán muestra que, como denunciamos de manera sistemática, no hemos estado solo frente a un problema “palestino-israelí”, sino a un ataque regional, que pretendía quebrar el “eje de resistencia” Irán-Hezbollah-Hamas-hutíes de Yemen reconfigurando la región alrededor de un “Gran Israel”, que es un arma directa de occidente a la cabeza de Rusia y China. El objetivo de la guerra contra Irán es parte de esta ofensiva de reconfiguración política regional bajo la hegemonía norteamericana. La escala de la respuesta iraní ha planteado una guerra regional que puede desestabilizar a los regímenes pronorteamericanos de la región, como hemos visto en manifestaciones anti-imperialistas de masas en Irak, Pakistán y Bahrein, así como la reactivación de Hezbollah en el frente militar. El aumento del petróleo por el conflicto es un acicate enorme a la crisis capitalista que golpea a todo el mundo, incluida la propia economía norteamericana. Con independencia de la evolución de este conflicto, no hemos estado frente a un paseo imperial de “cambio de régimen” luego de una demostración de fuerza y la decapitación del gobierno, como era el plan de Trump, sino a un agravamiento de la crisis internacional. Debe remarcarse que China y Rusia, aliados y socios comerciales de Irán, no han tomado ninguna medida directa frente al ataque, al igual que con Venezuela. Su relación con Irán es una pieza más en una negociación internacional con Estados Unidos. Las ilusiones en el BRICS como una especie de campo antiimperialista son desmentidas en cada nuevo ataque norteamericano.

Frente al conflicto en Irán, no acordamos con quienes se escudan en el carácter represivo del régimen para esgrimir una relativa neutralidad en el conflicto. Esto, incluso cuando se rechaza en un sentido general la guerra, o incluso el ataque de Estados Unidos. Reforzamos que como lo sostuvimos en el caso del conflicto de Malvinas entre la “democrática” Inglaterra de Margaret Thatcher y la sangrienta dictadura argentina, que la posición revolucionaria no es el pacifismo sino el apoyo por el campo militar nacional del país oprimido contra el imperialismo Somos partidarios, sin rodeos, de la victoria de Irán en esta contienda. Un golpe iraní a las posiciones de Estados Unidos y su peón israelí es un reforzamiento de los oprimidos del mundo, en primerísimo lugar de Palestina, Cuba y Venezuela, En este contexto, la consigna central que enarbolamos es la derrota de la agresión sionista–imperialista. La derrota de los agresores incluye todas las acciones que sean necesarias si son beneficiosas para repeler el ataque, incluso superando las limitaciones que probablemente emerjan en el curso del conflicto por parte de propio régimen iraní. Ya hemos constatado en la experiencia de Malvinas la capitulación de la dictadura militar. El principio que inspira nuestra postura -que es estratégico de cualquier conflicto– es la movilización revolucionaria de las masas. Un protagonista principal deben ser las masas árabes de la región, pero eso vale también para el propio Irán donde defendemos la independencia política de los trabajadores. El rechazo a la agresión no significa un aval al régimen político iraní, condenamos desde siempre la política anti obrera, represiva y opresiva del régimen de los ayatolas y nos declaramos solidarios con las protestas populares del pueblo que vienen enfrentando esta política. Pero advertimos al mismo tiempo, que una salida progresiva para Irán jamás va a provenir de la mano del sionismo y el imperialismo. De allí solo puede abrirse paso un desenlace que va a agravar las penurias del pueblo iraní. Estados Unidos e Israel apuntan a un gobierno títere y no se puede descartar en su defecto una balcanización en caso que fracase ese propósito, provocando una lucha fratricida entre clases y etnias, provocando un desangre de la nación persa.

En 2025 la caída del aliado ruso Al-Assad en Siria fue promovida por Israel y Turquía, y el régimen del ex-yihadista Al Golani, fue reconocido entusiastamente por Trump. Todo esto contó con una declaración unitaria de apoyo de la “extrema izquierda” pro-OTAN, la LIT (PSTU), UIT (Izquierda Socialista) y RCIT (Convergencia Socialista). Esta convicción en encontrar “revoluciones democráticas” y “causas nacionales” en las acciones promovidas por el imperialismo occidental no se circunscribe a Ucrania y Taiwán, sino que es una política general, como también vimos en el apoyo en 2024 a que asuma la presidencia de Venezuela la derecha pro-yanqui de González Urrutia y Corina Machado, que incluyó en ese caso también al PTS. El régimen de Golani en Siria no es una revolución democrática sino el centro de limpiezas étnicas contra las minorías alawitas, kurdas.

La subordinación del movimiento kurdo a este nuevo régimen, así como a las operaciones militares de Estados Unidos en la región, no ha impedido una verdadera masacre a la posición que sostienen en Rojava.

En Turquía, Erdogan ha combinado un salto en su intervención regional con el ascenso de Golani en Siria, con un duro golpe a la oposición “democrática”, y también a la izquierda. Las protesta juveniles tendieron a bajar en intensidad, y ha quedado el principal partido de oposición, el CHP, intervenido, el conjunto de la militancia de izquierda bajo control judicial y el PKK, histórico movimiento del pueblo kurdo, acordando una tregua con Erdogan, que ha dado lugar a un proceso de cooptación del Estado turco sobre sus filas, sin lograr mejoras para el autogobierno ni los reclamos de la minoría kurda, ni la libertad de su líder Abdullah Ocalan.

14. Radicalización de masas, integración al régimen de las izquierdas. Por un lado existe una tendencia creciente a escala mundial de sectores de las masas a radicalizarse, a emprender luchas de solidaridad internacional, a usar métodos de huelga y acción directa, como respuesta a la crisis, a las ofensivas contra las masas y a las propias guerras y en particular el genocidio contra el pueblo palestino. Por otro, estamos en un punto muy bajo de la organización consciente de la clase obrera por sus objetivos históricos estratégicos. La necesidad de darle una salida a la explotación capitalista se suele canalizar, en el mejor de los casos, en un reformismo posibilista dentro de los límites del régimen capitalista existente. Esta es la contradicción que una serie de pensadores críticos han mencionado en el sentido de que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Mientras el capitalismo se hace más imposible de vivir, y nos lleva a nuevas catástrofes globales, es toda- vía una vanguardia muy minoritaria la que piensa en términos anticapitalistas, y menor aún la que se propone organizarse como fuerza política de la clase obrera para disputarle el poder a la clase capitalista dominante.

El movimiento por Palestina no tiene una dirección como tal, sino que está compuesto por muchísimas tendencias y sectores globalmente. Han ganado peso en ese movimiento el rechazo al sionismo, al imperialismo, a los sectores del capital que colaboran con el genocidio, incluyendo a la casi totalidad de gobiernos pretendidamente democráticos del capitalismo. Este avance de conciencia en miles de personas, que incluyó una enorme crisis del gobierno demócrata de Biden y del laborismo de Starmer alrededor del problema de Palestina, se expresó aún muy limitadamente en un sentido de organización política revolucionaria.

Ha sido, con todo, un enorme factor de fermento para el surgimiento de nuevos activistas. Las sucesivas conferencias largadas por referentes centroizquierdistas como Melenchón, Corbyn o Varoufakis, para tratar de autoproclamarse “dirección del proceso de movilización por Palestina” han fracasado. Tampoco se ha desarrollado la “Internacional Progresista” que estos mismos habían proyectado junto a Bernie Sanders, Gustavo Petro y otros.

Los nacionalistas y centroizquierdistas latinoamericanos han estado ausentes en su inmensa mayoría del movimiento por Palestina, e incluso de responder al asalto yanqui a Venezuela.

Han sido iniciativas de militancia práctica, como las ocupaciones de facultades, las huelgas y bloqueos, o la flotilla y la marcha desafiando el bloqueo, que han permitido los saltos en el movimiento pro-palestino. Por su naturaleza, los aparatos construidos para intervenir en las elecciones son ajenos a una acción centralizada de lucha, tienen mucho miedo a la persecución legal y mediática que puede surgir de ahí y son muy permeables a la “opinión pública” que es, sobre todo, la opinión de los medios de comunicación, y referentes culturales, sociales, económicos y políticos de la clase dominante.

El tema palestino ha sido un revulsivo en esta centroizquierda, he impactada por las masas, han habido reacomodamientos y corrimientos a la izquierda. Mamdani, Zarah Sultana, el influjo del sector juvenil pro-palestino a Die Linke y la ruptura de Podemos con el PSOE y su posicionamiento más radical sobre este tema son parte de ese giro. Varoufakis fue en su momento un rupturista crítico del gobierno de Syriza, luego de haber transitado parte de las negociaciones entreguistas y humillantes de su país. Hoy es un ideólogo de esta corriente “progresista” que encuentra que los responsables de esta etapa de guerra, crisis, ataques a la clase obrera y ascenso de ultraderechas no a la crisis del capitalismo, sino al ascenso de un nuevo sistema social, el “tecnofeudalismo”. Sostener que se puede generar valor mediante una “renta sobre la nube” y no del trabajo humano, por más mecanizado que esté, es fantasioso y no permite comprender justamente la relación de la crisis capitalista con la caída de la tasa de ganancia, la productividad y la sobreproducción de mercancías y capital. En el fondo, buscar responsables de los males fuera del propio capitalismo permite la idea de que este puede ser regulado o rescatado, mediante la subordinación de sectores improductivos o nocivos. Una voltereta novedosa para rescatar un viejísimo reformismo.

De conjunto, la subordinación de estos sectores al régimen político, a las instituciones democrático-burguesas y su aversión a hacer un eje de la intervención en la lucha de clases como tal ha llevado a recrear una y mil veces la crisis de la integración al Estado.

La DSA en Estados Unidos declara ser una organización independiente del Partido Demócrata, pero de hecho es un canal, amplio y organizativamente laxo, que permite el agrupamiento de infinidad de tendencias, organizaciones e individuos de izquierda, sin comprometer a la organización de conjunto (¡que ya declara haber llegado a los 100 mil afiliados!) a ninguna acción significativa… fuera de las elecciones. La laxitud de su presencia en la lucha de clases desaparece cuando llega la hora de canalizar recursos y voluntarios a disputar primarias del Partido Demócrata y hacer elegir parlamentarios que invariablemente se integran a la disciplina de las bancadas demócratas e incluso protagonizan crisis con la DSA cuando contemporizan con los lobbys sionistas, votan presupuestos militares imperialistas u otras medidas típicas de la bancada demócrata que entran en choque con la base de DSA. Estas crisis permanentes ahora han sido resueltas por el entusiasmo electoralista y carrerista que propició la victoria de Mamdani, que ha hecho que las fracciones críticas, “marxistas” y “comunistas” que ganaron la mayoría de la dirección de DSA defiendan unánimemente la presentación electoral vía los demócratas.

El Frente Popular de Melenchón fue otra muestra de la esterilidad de esta izquierda partidaria de la colaboración de clases. Salieron primeros en la elección parlamentaria de 2024, y Melenchon festejó con una concentración de masas con banderas rojas y cantando la Internacional. Luego, los partidos burgueses de derecha con el que hicieron el frente técnico “democrático” contra el Frente Nacional de Le Pen constituyeron gobierno alrededor de Bayrou con los votos del propio Frente Nacional. Las fuerzas burguesas con las que Melenchón se alió en 2024 han hecho el verdadero “cordón sanitario” contra él, como izquierda del espectro parlamentario, no contra la ultraderecha. De este frente contra la izquierda participó el Partido Socialista, miembro del Frente Popular de 2024 con Melenchón, que dio votos de confianza a los primeros ministros Bayrou, que cayó en 2025, y al nuevo jefe de gobierno Lecornu, los cuales, ambos, lideraron feroces ataques de austeridad y reformas regresivas contra las masas.

La ruptura por izquierda con el laborismo tuvo un carácter a priori más progresivo que estos ya que no fue un movimiento de confluencia con las fuerzas del sistema, si no de crítica y ruptura con ellas, aunque de carácter completamente vago y difuso. El Your Party que apuró a constituir Zarah Sultana, la más izquierdista de los parlamentarios que rompieron con el gobierno laborista contra la política de guerra, austeridad y el sostén al genocidio israelí, fue esterilizado por los límites que le impuso Jeremy Corbyn. El exlíder del laborismo, expulsado en su momento por una purga contra él y la izquierda que había reingresado al laborismo a apoyarlo, dirigió una similar ofensiva macartista para expulsar al SWP y otros grupos de izquierda y aislar a Sultana. Retrasaron la estructuración de una fuerza que pudiese jugar un rol contra la represión al movimiento por Palestina o los pogromos anti inmigrantes de la derecha, o la imposición de fallos anti-trans por la Corte Suprema, manteniendo una organización difusa que sirviese únicamente para presentar candidatos alrededor de la figura de Corbyn en las elecciones de este año. Se apoyó para esto en sectores musulmanes conservadores y burócratas sindicales. Se impone un balance de este proceso, donde pese a los límites del intento de control absoluto de Corbyn la experiencia no dio lugar a que siquiera una fracción considerable de los 800 mil inscriptos online al Your Party se nuclearan alrededor de un planteo de independencia de clase.

El gobierno de Lula en Brasil aparece como la cabecera de una centroizquierda moderada, defensora de la “racionalidad” del statu quo capitalista frente a la ultraderecha en ascenso de Trump y Bolsonaro. Se pretende apoyar para esto en China y Europa, mientras mantiene una actitud de colaboración con Estados Unidos, y ha renunciado a acaudillar a los progresismos latinoamericanos, aunque fuese de manera demagógica, como se ve en la completa inacción frente al asalto a Venezuela y la asfixia de Cuba. Esta política se extiende, con sus matices al conjunto de la centroizquierda e izquierda latinoamericana vinculada a Petro, Sheinbaum, el castrismo, el chavismo, el kirchnerismo, el Frente Amplio uruguayo, los restos del correísmo y el indigenismo boliviano, etc. Es alrededor de esta impotencia que pretenden “enfrentar a la ultraderecha” el SU y la LIS-MST, ambos integrantes del gobierno Lula por la vía del PSOL, en el Encuentro Antifascista de Porto Alegre que habrá en Marzo.

El SU, que se reclama ser la “Cuarta Internacional” a secas, ha perdido toda coherencia política y organizativa, con rupturas y disidencias imposibles de seguir. La liquidación de su principal sección, la francesa, primero en el proyecto programáticamente vago de la NPA, luego rompiendo el NPA como minoría contra las fracciones de izquierda para disolverse en el frente de Melenchon, han dejado en orfandad a la vieja organización. A esto se suma el carácter profundamente reaccionario de las campañas pro-Otan del mandelismo reclamando “armas para Ucrania” que han sido rechazadas por distintas tendencias internas. En Latinoamérica usan la revista Jacobin Latinoamérica para criticar el ejemplo “sectario” del FIT-U en Argentina y promover una mayor subordinación de la izquierda al kirchnerismo, Lula, Boric y demás.

La Fracción Trotskista del PTS ha recientemente relanzado su corriente internacional, con el nombre de Corriente Revolución Permanente. Sin embargo, el progreso de algunas de sus secciones nacionales no tiene que ver con la lucha de clases, sino de estricta autoconstrucción de aparatos de promoción mediática de referentes y candidatos, en imitación del “partido de Myriam y Nico” de su organización madre. Las tesis aprobadas reconocen tardíamente la existencia de “una tendencia a enfrentamientos y crisis económicas”, que no previeron y que minimizan. La incomprensión de la tendencia capitalista a la catástrofe, confundiendo la crisis del orden imperialista que atravesamos con un ciclo más de dificultades periódicas que el capitalismo procesa convive en la comprensión del PTS con la convicción de colocar el eje de sus organizaciones en la política electoral. Su llamado a constituir un “partido de trabajadores” en Argentina alrededor de fracciones disidentes de la burocracia sindical peronista es antagónico con la perspectiva estratégica de construir partidos de combate revolucionarios de la clase obrera, que solamente pueden abrirse paso a partir de una ruptura política de los explotados con el nacionalismo burgués

Su conferencia ha tenido un debate sobre la naturaleza de las transformaciones en China, que concluye en un planteo que coloca el eje en la autonomía nacional de Taiwán, que no puede ser otra cosa que una campaña de apoyo a los planes militares de Estados Unidos en la región. Replican su posición en el inicio de la guerra en Ucrania que llamaba a organizar la “resistencia ucraniana independiente” en abstracción de que el campo nacional ucraniano estaba orientado a ser una pieza de la OTAN en un choque de alcance mundial. Esto no ha sido balanceado en sus largos documentos, en la que está ausente un balance de su práctica política real.

Tampoco hacen un balance de su política en el problema palestino, que arrancó en un brote de pacifismo y condena de los métodos de la resistencia palestina en 2023 llevó a una crisis entre el PTS, que en Argentina estaba sumergido en un medio de inmensa presión sionista y su sección francesa, que participa activamente en el movimiento palestino en un ambiente de gran presencia de migración de países árabes y sentimiento anti sionista. Con el desarrollo del movimiento internacional la FT/PTS fue tratando de revertir su aislamiento respecto al movimiento por Palestina, sin corregir, ni criticar, sus posiciones de choque con la resistencia.

De igual manera está ausente de los documentos su política en Argentina de coqueteo con el kirchnerismo en momentos críticos como la detención de Cristina Kirchner.

La LIS del MST ha anunciado su fusión en un congreso reciente con el PCL italiano y una Liga por la 5a Internacional que reúne pequeños grupos europeos. La apurada fusión es parte de un método permanente de sumar grupos sin un proceso genuino de integración programática ni organizativa, que lleva a menudo a rupturas enteras o parciales mientras el MST se ocupa de dominar un aparato de manera autoritaria e intentar dividir y captar partes de los grupos a los que se asocia. La reunión en este caso anunció la presencia en la LIS de 40 organizaciones, de la mayoría de las cuales se desconoce la naturaleza de su actividad ni sus posiciones políticas. El SEP de Turquía denunció estos métodos oportunamente cuando fueron separados impidiendo dar un lugar en esa organización a quienes se oponían al alineamiento con el bando de la Otan en la guerra en Ucrania.

Junto al apoyo a Zelensky, une a estos grupos el entrismo alrededor del SU, el PSOL y DSA en EEUU. La sección brasileña de la LIS ha tenido una seguidilla de rupturas denunciando el giro conservador que le ha impuesto el ingreso del PSOL, que integra, a puestos de responsabilidad en el gobierno de Lula. Estamos sin dudas frente a un bloque profundamente oportunista. En el caso del PCL italiano, que siempre fue la fracción conservadora de la CRCI y que se oponía a nuestra comprensión de la naturaleza catastrófica de la crisis capitalista y las tendencias a la guerra, su análisis, como en general de la izquierda “ucranianista” los ha llevado a un campo pro-imperialista, de apoyo “crítico” a la guerra de su propia burguesía italiana y europea. Esta deriva oportunista estuvo precedida por un retroceso político y organizativo extremo. Su conservadurismo los llevó a carecer de protagonismo en la lucha de clases, mientras la TIR y el SICOBAS organizaron miles de trabajadores para la lucha en las mismas ciudades italianas. Sus sucesivos franeleos con el SU y grupos morenistas y su retroceso político han llevado a que sufra una decena de rupturas desde su alejamiento del CRCI.

La LIT (PSTU), la UIT (IS) y el RCIT (CS) están en un proceso de acciones conjuntas y declaraciones comunes que tienen como base tener las posiciones más rabiosamente proimperialistas en cada crisis política, de Ucrania, a Siria, Libia, etc. Son los que reclaman la insuficiencia del despliegue militar de la OTAN y saludan la revolución democrática en Siria. El frente electoral del PSTU con la UIT en Brasil ha dado lugar a una crítica sectaria de parte de una fracción, cuya persecución y expulsión burocrática de la LIT ha dado lugar a un desastre, con una ruptura internacional en 3 fracciones, que se ha replicado en Argentina y la mayoría de sus secciones locales. Pareciera que los grupos escindidos mantienen la política pro-imperialista de la LIT, pero en una versión más “ortodoxa” y sectaria. En general el PSTU ha retrocedido en su influencia, luego de su posición de “cárcel a Lula” e inacción contra el golpe a Dilma Rousseff, luego de lo cual una importante fracción rompió y se integró al PSOL. El PSTU mientras tanto ha convertido a Csp-Conlutas del agrupamiento de algunos sindicatos, agrupaciones y organizaciones sociales en una colateral de su partido, lo cual ha resentido su eficacia para la lucha por la recuperación de los sindicatos en manos de las burocracias sindicales “pelegas”, particularmente de la CUT petista y de la CGT amarilla. La lucha por la recuperación de los sindicatos mayoritarios es y tiene que ser una lucha estratégica en el Brasil de Lula como en todo el mundo.

Recientemente, frente al ataque en Venezuela, le propusimos al FIT-U la realización de actos políticos propios, sin desmedro de los que existieron de frente único, con poca participación de sectores peronistas o centroizquierdistas, así como la convocatoria a una conferencia latinoamericana contra la ofensiva de Trump. Promovimos también la idea de una campaña común por un paro continental contra la ofensiva yanqui. La negativa se relaciona a estas divergencias estratégicas. El ángulo, en particular de IS y el MST fue que nuestra campaña no debía ser por una acción obrera continental, sino porque los gobiernos latinoamericanos convoquen una movilización. Esta orientación es una vía que está muerta antes de comenzar. Los sucesivos episodios de intervencionismo imperialista en la región van a replantear la necesidad de reagrupar y tomar iniciativas de acción de la izquierda, el movimiento obrero y las masas explotadas.

15. La urgente necesidad de una Internacional revolucionaria. La subordinación de la izquierda que se llama revolucionaria a las fuerzas del régimen se refuerza, no se afloja de cara a las guerras y los regímenes represivos. Sin embargo, no se trata de un proceso uniforme. Por el contrario, como hemos ido mostrando, las rupturas y reacomodamientos son el rasgo general porque la propia guerra y los ataques a las masas, y sobre todo, las respuestas de esta, sacuden y corren hacia una política de clases e internacionalista a franjas importantes de la vanguardia y el activismo.

El gran disruptor de todas las estructuras políticas es la guerra, y es esta la que le da una urgencia a la necesidad de una acción internacionalista, como lo evidenció especialmente la extraordinaria acción internacional por Gaza de 2024-2025.

No existe hoy la internacional. Los grupos que se reivindican una continuidad de la Cuarta Internacional juegan un rol liquidacionista del internacionalismo, como ha sido históricamente el SU.

En este sentido, defendemos y valoramos la política de frente único contra la guerra que votamos en el congreso del PO de 2022, que desarrollamos en múltiples declaraciones comunes, reuniones online, jornadas de acción y movilización internacionales y especialmente en las conferencias de Buenos Aires de 2024 y Nápoles 2025, y que apuntamos a que tengan un nuevo paso en una nueva Conferencia en Atenas en el verano boreal de 2026, que será precedida por una reunión online en marzo y nuevas iniciativas comunes.

Las coincidencias políticas que hemos ido pudiendo lograr con las principales organizaciones no se limitan a unos pocos puntos escuetos, sino que hay una base común, políticas de independencia de clase e internacionalismo, que es significativa, que no compartimos con muchas organizaciones que se reivindican formalmente trotskistas, empezando por el propio FIT-U. También hemos registrado contradicciones en las posiciones alrededor de Venezuela e Irán que marcan una heterogeneidad de lo que es un bloque político de frente único, pero está muy lejos de una organización con un programa común.

Más allá de esto, la necesidad del frente único contra la guerra imperialista va a ser más necesario que nunca, y esperamos que, sumando a nuevos sectores, gane en la capacidad de generar movilizaciones y campañas políticas comunes. Nos dirigimos en este sentido a organizaciones que no han arrancado con la misma posición que nosotros, pero que han tendido a adoptar una posición más claramente anti-imperialista en el curso del conflicto.

La nueva conferencia debe ser una oportunidad para organizar una campaña más sostenida y coherente con las organizaciones que participen, con expresión común en cuentas de redes sociales, campañas y publicaciones, que permita identificar con claridad la coordinación que viene funcionando con regularidad desde hace casi tres años.

Valoramos la confluencia con estas organizaciones, y en particular con KA, TIR y SEP tenemos una sintonía política importante. Gran parte de esto se debe a que se trata de organizaciones que no tienen un carácter propagandístico, sino militante, de combate y enraizadas en la actividad de la clase obrera. Su presencia en el último congreso partidario, así como de KA y TIR en nuestro campamento juvenil (el SEP no pudo enviar delegación por razones de persecución legal) son parte de los pasos de debate político franco y aproximación que venimos dando. En el mismo sentido valoramos el lanzamiento el año pasado de la página International Debates, para difundir en múltiples idiomas y países las posiciones de las diversas organizaciones y poder tener un debate político y teórico fructífero que interese no solo a un grupo de dirigentes que discuten la coordinación de iniciativas sino al conjunto de la militancia y potencialmente a sectores más amplios del activismo. Este trabajo aún ha sido encarado de manera muy limitada, pero es un paso importante y nos proponemos profundizarlo.

Hemos constatado aproximaciones políticas importantes, cuyos límites deben ser objeto de exploración en una agenda de discusión y colaboración militante más intensa que podamos organizar en esta etapa, desde el núcleo de organización de la campaña de frente único contra la guerra imperialista.

La lucha por una nueva internacional revolucionaria es, en la comprensión del PO la lucha por la Cuarta Internacional. Lo es por el programa y las tareas que tiene por delante. La contraposición entre frente único obrero y frente popular es una de las claves divergentes de la situación internacional. La condena de la burocracia estalinista restauracionista y la explicación científica de la deriva reaccionaria de los ex estados obreros burocratizados es una condición previa para cualquier opción de izquierda revolucionaria en el mundo hoy y remite a la oposición de trotskismo y estalinismo en la dirección bolchevique luego de la muerte de Lenin. El Programa de Transición es el método por excelencia para diferenciar un trabajo político revolucionario de masas del propagandismo, del electoralismo, el sindicalismo o movimientismo. El centralismo democrático (no su caricatura monolítica estalinista) es la forma de organizar partidos de combate que no sean sectas personalistas, ni aparatos electorales o movimientos. Reconocer esta tradición no es la precondición para abrir un debate con una organización obrera y revolucionaria sobre la necesidad de constituir una nueva internacional. Pero una internacional proletaria que pueda pelear por llevar a las masas a un triunfo a nuestro entender debe asumir estas definiciones programáticas, por las que daremos una lucha política y teórica. Por eso decimos que la definición por la Cuarta Internacional no es un ultimátum, sino la política que queremos discutir con la vanguardia que se destaca en el mundo, y en primer lugar con las organizaciones con las que hemos establecido una colaboración, aunque provengan de diversos movimientos políticos de la izquierda internacional.

Es en el camino del agrupamiento de los internacionalistas de la época contra la guerra, la ofensiva de los gobiernos y en respaldo a la lucha de las masas obreras y alrededor de la profundización de la pelea por un programa revolucionario común, que podemos sentar la base de la refundación de una internacional revolucionaria, que para el PO es la Cuarta Internacional.