La segunda clase aborda el carácter del golpe y del genocidio y desarma el mito de que bajo la dictadura no hubo resistencia. El terrorismo de Estado, con sus centros clandestinos, sus vuelos de la muerte y sus 30.000 desaparecidos, tuvo un objetivo de clase muy preciso: descabezar a la clase obrera para imponerle una derrota histórica que dejara servido el saqueo económico.
Y sin embargo, aun en las peores condiciones, los trabajadores resistieron. Las huelgas de Luz y Fuerza, de los mecánicos y los ferroviarios, las comisiones internas que siguieron funcionando en la clandestinidad y el paro general de la CGT Brasil en 1979 muestran que la clase obrera nunca dejó de pelear. Esa resistencia obrera, junto a la lucha heroica de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y al desastre de Malvinas en plena crisis económica, fue la que terminó volteando a la dictadura.
Reivindicamos esa resistencia para enfrentar la idea de que el pueblo fue una víctima pasiva. La dictadura no se cayó sola, ni por la buena voluntad de los militares ni por un pacto de transición ordenada. La voltearon la movilización obrera y popular.