¿Qué contenido concreto tiene la afirmación “no existe posibilidad de conquistar al pueblo taiwanés a la causa del socialismo si le es negado su derecho a determinar su propio destino”?
La respuesta parecería ser la batería de consignas que -de acuerdo a esta orientación- Pablo Giachello (PG) resume en el siguiente orden: Fuera el imperialismo yanki de Taiwán, abajo el anexionismo y el militarismo chinos, por el derecho a la autodeterminación del pueblo taiwanés, por la federación de repúblicas socialistas del este y el sudeste asiático. Desarrollando esta orientación el texto publicado por Pablo Giachello en “En Defensa del Marxismo” (EDM) sostiene que una invasión de China a Taiwán en respuesta a una escalada militarista del imperialismo yanki o japonés tendría un carácter reaccionario equiparándola a la invasión rusa a Ucrania y a la pretensión de Putin de anexionar el Donbás.
De acuerdo con esta caracterización la consigna que se desprendería en caso de una guerra entre EEUU y sus aliados, que involucre a Taiwán, contra China debería ser igual o similar a la formulada para la guerra imperialista en Ucrania: «Abajo la Guerra», denunciando por igual al imperialismo norteamericano y al gobierno de la República Popular China. Se replantea en consecuencia, y a propósito de Taiwán, el derrotismo revolucionario dentro de China. Una posición concreta sobre la guerra imperialista y sobre el conflicto entre China y Taiwán no debería, sin embargo, abstraerse de los protagonistas concretos ni del curso de la lucha de clases y su impacto en las masas y en la situación internacional de conjunto. Dar por sentado que una eventual respuesta militar defensiva de China -e intervención en Taiwán- es lo mismo que una invasión anexionista, legitima las posiciones independentistas de quienes sostienen que la Isla no pertenece a China y que hay una cuestión nacional irresuelta.
Calificar a China de apetitos imperiales sobre Taiwán sanciona definitivamente un debate no resuelto en el PO en lo que hace a la pertenencia o no de Taiwán a China y más específicamente si está presente o no un legítimo reclamo de soberanía china sobre Taiwán, que podría equiparse a la denuncia de la ocupación británica de las Islas Malvinas. De existir una cuestión nacional irresuelta como tarea pendiente para los revolucionarios lo que correspondería es exigir la independencia de Taiwán por su condición de semicolonia en disputa. El marxismo no es un dogma, pero corresponde detenerse y debatir una posición política que implica un giro con respecto al documento presentado al XXIX Congreso partidario. Allí se denunciaba correctamente que Taiwán “se está convirtiendo en la Israel del Pacifico”, con grandes bases militares sostenidas por el imperialismo yanqui con vistas a una guerra mundial que es parte de los planes de colonización imperialista. La comparación entre Taiwán y Ucrania está presente en ese texto congresal pero en un sentido diferente al que formula PG: si Ucrania oficia como un protectorado de los EEUU y de la OTAN en Europa, Taiwán funge como peón del imperialismo yanki y base de operaciones norteamericana para una guerra de colonización de EEUU contra China que tendría dimensiones mundiales y posiblemente de destrucción atómica .
En el documento internacional al 29 Congreso se denunciaba concretamente la intención de los EEUU de crear una OTAN en el Pacífico para rodear geopolítica y militarmente a China mediante un creciente gasto armamentista, submarinos nucleares, maniobras y acuerdos militares con otros países para involucrarlos en la guerra contra el gigante asiático , despliegues y provocaciones de la séptima flota en el Mar de la China, anulación de la prohibición de rearme y militarismo de Japón, envío de fuertes remesas al gobierno taiwanés para fortalecer sus fuerzas de combate mientras crecen las amenazas sobre China y Corea del Norte. El autogobierno que encabeza el presidente del Partido Democrático Progresista (DPP) cumple esta función de cabecera de playa militar de Trump contra China para una reestructuración imperialista del Este y Sudeste de Asia. La guerra comercial contra China va escalando la amenaza de una guerra militar abierta, que por su naturaleza será una guerra imperialista de rapiña y a la vez un intento de los EEUU para avanzar en la colonización de China donde la burocracia contrarrevolucionaria restauró el capitalismo en sus propios términos, bajo la dirección del Partido Comunista Chino (PCCh). Para llevar adelante esta colonización -no solo de China sino también de Rusia- el capital imperialista promueve la ruptura de la unidad nacional de estos países como hiciera en la década del 90 con la ex Yugoslavia, azuzando la guerra entre las distintas colectividades que la componían. Es el imperialismo yanki el que alienta las tendencias separatistas en Taiwán.
El gobierno taiwanés de Lai- Ching- te del DPP sostiene una política “autonómica” para la Isla con el apoyo de los EEUU. En los hechos la “República de China” -nombre oficial de Taiwán- funciona como un enclave del imperialismo norteamericano con su propio ejército y administración política. El DPP ganó las tres últimas elecciones presidenciales tras décadas de gobierno del Kuomintang. La “República de China” (Taiwán) cuenta con el reconocimiento de apenas una decena de países. Mientras EEUU promueve el desmembramiento de Taiwán, la “ambigüedad estratégica “es la cobertura de una política de preparación para la guerra y de colonización de China cada vez más ostensible e incierta por sus resultados. Por eso mismo es de gran importancia para la agitación política contra el gobierno proyanki la consigna “ Fuera Yankis de Taiwán” que formula PG en su contribución, unida a la lucha por una Federación de Repúblicas Socialistas del este y sudeste asiático lo que exige el derrocamiento de la burocracia capitalista de Xi Jinping.
En el citado documento internacional propuesto al Congreso en el 2024 se señalaba – no sin cierta ironía- que la RCIT (Tendencia Comunista Revolucionaria Internacional) “ha descubierto que el pueblo de la isla de Taiwán tiene un problema histórico de autodeterminación nacional”. Esta corriente declaró que en caso de producirse una guerra entre Taiwán y la alianza imperialista del Pacífico contra la República Popular China, la RCIT “iba a estar al lado del pueblo taiwanés”. Un alineamiento reaccionario denunciado por el PO como la ceguera de corrientes que se reclaman marxistas y son “la expresión de una adaptación oportunista a la presión de la propaganda imperialista”. El debate sobre la pertenencia de Taiwán a China debe tomar en cuenta cuestiones que hacen a la continuidad estatal de China en la historia, junto al presente concreto. En 1945, los EEUU y las grandes potencias imperialistas reconocieron –junto a Stalin- la integralidad estatal de China -incluida Taiwán- cuando Japón se rindió a los Aliados. El objetivo era fortalecer al gobierno de Chiang Kai-shek en su lucha por el control del territorio chino frente a Mao Zedong y al Partido Comunista Chino. Stalin apoyaba al Kuomintang y consideraba una revolución comunista en China amenazante para sus intereses diplomáticos y de expansión en Europa del Este. Esta situación cambió de pleno con la Guerra Fría, la Revolución triunfante de Mao en 1949, y la Guerra de Corea de 1950, en la que China apoyó militarmente y en forma definitoria a Corea del Norte frente a las tropas norteamericanas al norte del paralelo 48. Con posterioridad y hasta la restauración capitalista de China solo se registró un efímero movimiento independentista de izquierda en la Isla – las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Taiwán- cuyo objetivo inmediato era la ejecución del dictador militar Chiang Kai-shek. Este complot fue descubierto y su fracaso condujo a la disolución de los complotados. Algunos autores no descartan un apoyo secreto de Mao a los combatientes como parte de su lucha contra el Kuomintang, ocupante de Taiwán.
Hasta los acuerdos de “convivencia pacífica” de Nixon con Mao, los EEUU sostuvieron al gobierno del anticomunista Kuomintang con banca en la ONU. La ocupación de Taiwán por Chiang Kai-shek y el Kuomintang contó con la protección naval armada de la flota norteamericana instalada en el Pacífico. La llamada “ambigüedad estratégica” practicada por EEUU y por Donald Trump, consiste en colocar a Taiwán bajo una suerte de “paraguas” o status indefinido que en los hechos, oficia como un protectorado yanki y gran base norteamericana en la costa de China. El presidente del gobernante DPP, Lai-Ching- te, quien ganó las últimas elecciones con el 40, 2% frente al 32% del Kuomintang, promueve la autodeterminación de Taiwán en el marco de la “ambigüedad estratégica”, que como se señaló es la cobertura táctica del imperialismo yanki para la preparación de la guerra. Lai acusa al Kuomintang –que está en la oposición desde hace dos décadas aunque retiene una mayoría parlamentaria– de obstruir las iniciativas separatistas por ser pro- Pekín. El separatismo del Partido Demócrata Progresista (DPP) está sometido y condicionado a los tiempos e intereses económicos y militares fijados por EEUU. Durante su mandato, Lai anunció planes para aumentar el gasto militar a 3,32% del PIB en 2026 y 5% en 2030.
Lai niega que los taiwaneses sean chinos y apela para esto a los pueblos originarios que habitaron la Isla antes de la colonización manchú de la dinastía imperial china en el siglo XVII. Incluso esto es históricamente discutible porque Taiwán fue poblada por migrantes que se desplazaron hace miles de años desde Fujian – región de la actual China- y porque la inmensa mayoría de la población taiwanesa pertenece a la etnia Han. Sin ánimo de cerrar un debate que es de gran importancia señalemos que en 1895 la Dinastía Qing cedió la isla de Taiwán – también conocida como Formosa- después de la derrota de China en la guerra contra el Japón. Rechazando la ocupación japonesa, Taiwán fue el escenario de batallas libradas por fuerzas coaligadas de distintas etnias contra el ejército imperial nipón. La resistencia continuó durante veinte años con métodos de guerra de guerrillas en defensa de la integralidad de China. Distinto sería el rol jugado por Taiwán durante la Segunda Guerra cuando 600.000 taiwaneses pelearon en las filas del ejército nipón del Emperador Hirohito bajo el decreto imperial que establecía el reclutamiento obligatorio. En 1942, Japón introdujo la conscripción en Taiwán, lo que obligó a los taiwaneses a unirse al ejército japonés. Uno de los principales líderes independentistas de Taiwán, el empresario ya fallecido Lee Teng-hui, se unió voluntariamente al ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. En 1943, se inscribió en la Academia Militar de Japón y se convirtió en subteniente del Ejército Imperial Japonés, finalizada la guerra y rendido el Japón, Lee regresó a Taiwán y se unió al Kuomintang (KMT). A fines de los 90 fundó el Partido de la Solidaridad de Taiwán reivindicando la independencia de la Isla y ejerció la presidencia entre 1998 y el 2000. A este elemento derechista y de pasado fascista la burguesía taiwanesa lo exalta como el “ padre de la democracia”.
En Taiwán hay un abanico variopinto de partidos de izquierda que van desde aquellos que impulsan la independencia de la Isla frente a China hasta otros como el Partido Laboral (PL) partidario de la reunificación de Taiwán con la República Popular bajo la forma de “un país, dos sistemas”, en sintonía con el reintegro de Hong Kong al gigante asiático después de un siglo de arriendo. Aunque el PCCh no ha hecho pública esta “salida a lo hongkonesa” para Taiwán –que sí sostiene el PL- su fórmula entronca con las negociaciones abiertas entre Xi Jinping y el opositor Kuomingtan en torno a una “solución pacífica’ para el estrecho de Taiwán. El Partido Laboral no tiene representación parlamentaria pero ha jugado un papel de importancia en la sindicalización y luchas obreras de los trabajadores taiwaneses.»Un país, dos estados” para Taiwán replicaría a una escala superior lo ocurrido con Hong Kong, impulsando más lejos la restauración capitalista que lleva adelante el PCCh con su “socialismo de mercado”.
Una política revolucionaria para Taiwán plantea la lucha por la reunificación socialista con China bajo un gobierno de los trabajadores taiwaneses que asuma la dirección política de la Isla, expropiando al capital. Esto es lo que rechaza la burocracia capitalista y restauracionista del PCCh. El activista hongkonés en el exilio Au-Loon- Yu, quien elaboró la caracterización de la RPCh como un imperialismo emergente, se inscribe entre aquellos que promueven la autodeterminación nacional del pueblo taiwanés caracterizando que tanto Taiwán como Hong Kong tienen una larga historia de “naciones separadas”. Para Au, tomar partido por China en un enfrentamiento militar, aún defensivo frente a EEUU y que involucre a Taiwán, sería “campismo”. El democratismo burgués del activista en el exilio lo ha llevado a consideraciones derechistas. Según Au Loong- Yu no todo legado colonial es un lastre para el desarrollo de China porque la autonomía de Hong Kong -ex colonia de Gran Bretaña- “le permitió a la ciudad preservar el sistema legal británico”, al que considera más favorable y democrático que el vigente en la China “comunista”.
La legislación vigente en Hong Kong es parte inseparable de la superestructura política heredada del colonialismo inglés puesta hoy al servicio del capital financiero bajo el sistema de un país y dos estados. La jurisprudencia china, por su parte, es funcional a la restauración capitalista, al crecimiento de la propiedad privada y enriquecimiento de la gran burguesía, a los privilegios de la camarilla burocrática incluido el derecho burgués a la herencia y al régimen de partido único y persecución de toda oposición de clase o contraria a la estatización de los sindicatos. Este sistema legal se asienta sobre masacres brutales como la Masacre de Tienanmen. No se trata de rescatar el “legado colonial o liberal” de Gran Bretaña exaltándolo frente al autoritarismo del régimen del PCCh, sino de luchar por la expulsión de la burocracia contrarrevolucionaria y por la expropiación de la burguesía china. El programa de lucha por la dictadura proletaria en China debe incluir el control obrero, la democracia soviética y la libertad de acción política para todas las tendencias que se inscriban en la defensa del socialismo y contra todo intento de restauración del capital. La independencia de los sindicatos es otra cuestión nodal para defender el nivel de vida y las condiciones de trabajo de la clase obrera y el campesinado chino. La posición de Au – Loong- Yu es coherente con su caracterización de China como un país imperialista emergente deslizándose al campismo proimperialista.
La presente contribución al debate sobre Taiwán como cabecera de puente del imperialismo yanki es congruente con otro texto publicado en la revista teórica En Defensa del Marxismo donde rechazo la caracterización de China como un país imperialista. Para hacer progresar el marxismo en la República Popular China hay que construir un partido revolucionario trotskista que organice la lucha obrera y campesina contra la restauración capitalista y por la dictadura proletaria y el socialismo.